Notas del autor: Chan Chaaaaan! El cuarto capítulo! Un poquitín más largo porque el otro fue demasiado chiquitín dx

Disclaimer: Emmett ni Rose me pertenecen. El resto sí dx

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Me sostenía en sus brazos. Mis labios recorrían suavemente su pecho, dejando unas marcas rosáceas que se iban borrando con los segundos al correr. Me abrazaba fuerte, no me dejaría caer por nada del mundo, ni aunque le marcaran la espalda con los fuegos del averno. Sus dientes centelleaban sobre mi cabeza. La levanté y le miré a los ojos. Suspiré. Había llegado conocer el alma de un niño, del niño que me haría feliz, hasta que el mundo acabara y más. No conocía su nombre ni su nacionalidad. Tampoco su situación económica ni su renombre. ¿Pero que importaba eso ahora? Le tengo a mi lado, y eso es lo que hace funcionar mi cabeza en este momento. Vuelo sobre las nubes, exultante, feliz, y creo que por primera vez dejo atrás los fantasmas del pasado que aún pululan a mi alrededor en las tétricas noches de invierno…

* Flashback *

- Rosalie, tu apellido te obliga a casarte con él. ¿Por qué reniegas tu destino? Será así y lo sabes. – Exasperado exclama mi padre, al oír mi justa negación contra mi unión con ese imbécil bueno para nada.

No respondo. Mi silencio pesa sobre la cargada habitación. Me mira con cara hostil y acusadora. Sostengo sus ojos, orgullosa. No voy a bajar la cabeza ante un disputa estúpida como lo es esta, que se extiende en nuestro vasto mundo imaginario de horror.

Mi madre llora tras mi padre. Su corazón se rompe en mil fragmentos al vernos separar aún más nuestros ya pobres lazos. Porque sabe que no les reconstruiremos. Porque ya todo se perdió, y sólo la utópica iluminación que espero que suceda sobre su mente cerrada y poco espaciosa, podría salvaguardar el abismo que se extiende entre nosotros, entre nuestros dos carcomidos cuerpos.

Me volteo, en una muestra del poco respeto y aprecio que siento hacia él. Camino con paso lento y altanero, tal como la reina que llevo dentro de mi, hacia la amplia puerta que me llama a gritos desesperados. Las lágrimas amenazan con salir, la exasperación también. Mas mi frente de hierro no deja que pase y sostiene sus grilletes con una fuerza inaudita. Una sonrisa cansina se forma en mi rostro. Y mis labios parecen descoloridos. Los ojos marchitos y las pestañas alicaídas. El cansancio de esta guerra eterna hace mella en mi maldita hermosura, que me diferencia del resto, elevándome a un ataúd, del que sobresale mi nombre y su placa. Un paso más me sacará de este putrefacto salón… Sólo uno basta…

- Rosalie, detente en este mismo instante. – Ha sacado voz y gritado mi nombre. Sus ojos marrones agujerean mi espalda y la hacen trizas. Acusadora y dolorosamente. Mis pies descansan sobre las baldosas, listos para correr. La aceleración de mi pecho se ha detenido.

El silencio se hace nuevamente y corre entre el tiempo infinito. Posible sería rebanarlo con un machete. Se encuentra tirante el espacio entre nuestras dos almas perdidas.

- No. – Mi sonrisa se refleja en su semblante odioso. Autosuficiencia. Y es que nadie puede darse cuenta de lo que en realidad murmura, pianissimo.

* Fin Flashback *

Que terroríficos momentos aquellos. Creo que estarán ocultos en algún oscuro lugar de mi subconciencia durante el resto de mi vida. Me acompañarán hasta la tumba. ¿Y qué me importa ahora? Nada. Porque soy feliz al lado de mi desconocido enamorado. El sabor de su boca sobre la mía lucha persistente en mi cuerpo. Me recorren sensaciones nuevas, diferentes a lo que alguna vez sentí, diferente a lo que alguna vez viví… Un suspiro sale de mi boca y me refugio en la inconciencia del sueño.

*Flashback*

- ¿A dónde vas? – Me toman por el brazo y me sacuden fuertemente. Iba rauda por el pasillo que conducía a mi habitación, hasta que una mano, de forma violenta y un algo brusca, como si poseyera un odio sin precedentes, me detiene de un tirón.

Desvivía por ver la cara del desgraciado; Sí, era hombre. Su voz lo delató en el intento; que me retuvo en mi poco educada pero efectiva huída. Me quedo de una pieza cuando entiendo, por fin, la extraña situación. Era él. Había escuchado la conversación y ahora yo pagaría las consecuencias de mi rebelde y poco acatadora actitud. Royce

- Yo – trago saliva, tratando de que no lo escuche. Las sombras se apoderan de él y en sus ojos, rojos por la ira, se refleja el desesperado auxilio de los infelices que viven su eterno castigo. – Voy hacia mi habitación – casi en un susurro.

- ¡Habla más fuerte, maldita perra, que no te escucho! – Grita. Y lo sigue haciendo, insultándome, hundiéndome cada vez más, con el miedo y el horror apoderándose de mis entrañas. Me tironea hacia la cárcel que, con tanto esmero y preocupación, construyeron mis padres cuando nací. Me tira en la confortable cama y le pone el pestillo a la puerta. Retumbó dentro de mi cabeza, aquel "click", como la campanada que dio paso a mi muerte.

Camina como un depredador hacia su presa. Es horroroso. Mis ojos ya no resisten, y levantan las compuertas que detenían el flujo de aquel mar salado que se acumuló en las pozas lagrímeas. Sonríe la bestia, como si la ternura que nunca obtuvo a lo largo de su vida hubiera aparecido en su negro corazón como por arte de magia. Mas sólo una ilusión. Triste.

Su mano vuela hacia mi cara. Un chillido resuena por todo el palacio. Ha salido de mi boca, por entre el espacio que mis asustadizos labios olvidaron cerrar. Lo pagaré caro. Su mirada psicopática se detiene en el broche de mi vestido. Entiendo lo que va a hacer. Y no me gusta para nada.

Esta vez, son ambos brazos los que me toman, y me fuerzan a quedar acostada, de espalda, sólo con el corsé y el falso. Entre suspiros resignados, gritos furiosos, llantos apenados, y risas jubilosas, se cierra mi alma. Para no sentir nada de lo que pasa por mi piel, de lo que tocan sus mugrientos dedos. Para no ver nada de lo que en su perversidad hace con mi débil cuerpo de niña cansada. Para no ser nadie, ni nada… Para que la virgen y sus estrellas se apiaden de mí, y me hagan encontrar una que otra llamarada al final del corredor, que aún es oscuro e inaccesible para mí.

*Fin Flashback*

Me estremezco entre sus fuertes brazos y comienzo a llorar. La pesadilla sigue viva en mi cabeza, y no quiere escapar. Mis hombros se convulsionan y océanos completos salen despedidos de vuelta a casa. Que horror, que horror…

- La princesa lloraba como una magdalena, mientras su mendigo no lograba entender porque lo hacía. ¿Será su culpa, tal vez? Su corazón se rompía y escondía al ver que aquella posibilidad fuera cercana. La abrazaba con fuerza contra si, tratando de ser uno solo, tratando de que sus lágrimas sólo fueran de felicidad, al estar a su lado. Junto al hombre que más la quería en todo el cosmos. Junto al desdichado que observaba la desgracia del cielo caída sobre uno de sus más preciosos ángeles. – Suspira y se lleva una mano a los ojos. En un vano intento de borrar la gota que escurrió el segundo antes por su mejilla. Hablaba para si en ese momento, - Pobre desdichada… Pobre Eva caída en desgracia… -

Rose se esconde en la clavícula de su amante. Los recuerdos se agolpan en su amante, y le duelen. Si pudiera sollozar, lo haría. Sin embargo, el dolor es tan grande, que no sería agua… Sería sangre. Desde su corazón que se raja al atraer a los fantasmas del pasado, al cuento de terror que narra consigo…

Y él. Sentado en un ex cajón de tomates sin saber que hacer. Toca su pelo desde las raíces hasta las desflecadas puntas. Una y otra vez. La mano en su espalda, dándole pequeños golpecitos de apoyo sobre sus vértebras. Hasta que suspira y levanta la cabeza. Lo ojos llenos de miedo se posan en los suyos. Y comprende, una vez más, que no hay nada que temer, siempre y cuando estén así por el resto de los satíricos días que quedan sobre este pedazo de tierra…

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¿Les gustó? Me costó sacarlo del horno. No saben cuanta música cebolla tuve que escuchar dx

Gracias a las chicas de CC que me siguen apoyando, aunque me hallan enviado mi historia a la morgue. Va para ustedes, cariños ;D El próximo capítulo es del galán dx

Así que espero sus reviews con ansias (:

Adiós n.n