Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia a addicted-to-romione-bedward. Nosotras solo traducimos.
Beta: Estelaa.
Capítulo 4: El primer juego
Final del capítulo anterior:
― ¿Cómo te fue en la cita de anoche? ―me quedé inmóvil y Edward se volvió hacia Emmett. Edward parecía congelado también, pero recuperó su autocontrol rápido.
― Bien, supongo. Habrá sin duda una segunda ―sonrió, y me miró con el rabillo del ojo. ― Me tengo que ir, tengo que hablar con Anderson esta noche. ¡Hasta luego! ―luego de eso se fue.
― ¿CITA? ―Alice gritó y me miró con curiosidad. Me encogí de hombros y traté de escapar.
― Voy a estudiar para una prueba ―. Pensé en salí corriendo, y avancé hacia la puerta.
― Realmente necesito tu ayuda ―me dijo Rose.
― Está bien ―me rendí, y le pregunté qué era lo que necesitaba.
BPOV
― ¿De verdad tengo que hablar con la chica antes de invitarla a algún lugar? ―gimió Edward. ― Creí que a las chicas les gusta el romance ―murmuró para sí mismo, pasándose una mano por el pelo.
― Está bien, piensa esto: yo no soy una gran fan del romance ―dije en voz baja, mirando a la pantalla donde la pareja se estaba besando con fuerza y cuyas ropas estaban desapareciendo.
― ¿Qué te hubiera gustado?
― Iron Man 2 ―le dije, sin demora. Yo había esperado a que saliera y nunca tuve tiempo de verla.
― ¡Eso es por el actor! ―Edward dijo en voz baja.
― Me gusta Robert, pero me encanta la película, la verdad. Prefiero acción en lugar de estas... cosas blandas.
― También se besan en Iron Man.
― ¡Pero la película no se trata de la vida romántica de los personajes! ―gemí.
― Eres extraña, Swan ―murmuró él, y se movió en su asiento. ― Bueno, ya que ninguno de nosotros ve la película... ―se calló y me miró con una sonrisa arrogante en su lugar.
― Ni siquiera pienses en ello ―le amenacé. ― Será mejor que dejes de hacer eso.
― Vamos, Swan. Nadie nos puede ver.
― ¡Pensé que estábamos tratando de llamarnos por nuestros nombres! ―le susurré, entrecerrando los ojos cuando él se inclinó hacia mí.
― Un beso.
― Jódete.
― Si eso quieres...
― ¡Cullen, me estás poniendo de los nervios!
― Bella, por favor? ―lo intentó de nuevo, cambiando de táctica.
― Cállate, por favor.
Él se movió antes de que pudiera reaccionar. Mi rostro estaba inclinado hacia él, su brazo alrededor de mi cuello y sus labios apretados en los míos. Había pasado más de una semana desde ese beso bajo la lluvia. Se las había arreglado para robar otro uno o dos, pero ambos cerca de la boca, no en ella. Esta vez, él no fue tan casto. Sentí su lengua en mi labio inferior, y la sensación era nueva y excitante. Suspiré, hundiendo mis dedos en su pelo y lo sentí sonreír. Giró su mano en mi pelo y empujó su lengua en mi boca, gimiendo suavemente. El sonido provocó una extraña sensación en mi estómago. Tentativamente, tocó mi lengua con la suya, y el efecto fue instantáneo. Gemí y me mojé los calzones. Me arrastró sobre sus rodillas y apretó sus labios sobre mi boca. Ya sabía por qué lo hacía tan a menudo. ¡Parecía increíble, las sensaciones que sólo un beso podría crear!
Alguien en la pantalla gimió y poco después, oí los sonidos que demostraron que los personajes estaban teniendo relaciones sexuales.
Edward gimió y me aplastó contra su pecho, tratando de encontrar todas mis cavidades. Sentí que mis pulmones quemaban, y yo sabía que tendría que respirar pronto. Tomé aire y me embriagué por su olor, almizclado, jabonoso y varonil. Él se separó en primer lugar, pero no fue muy lejos, sus labios estaban todavía en mi piel. Esta vez, fueron dejando un rastro en mi mandíbula, de un lado al otro.
La luz inundó la habitación y parpadeé, tratando de adaptarme a ella.
― Supongo que se acabó ―dijo Edward, con una voz ronca que no le había oído antes.
― Sí ―estuve de acuerdo, con voz temblorosa.
Salimos del teatro mano en mano, la suya era grande y cálida, la mía solo lo agarraba. ― Voy a tenerlo en cuenta... lo de las películas de acción. ¿te opones al Gore?
― Depende.
― Voy a considerarlo ―se rió entre dientes y me apretó la mano.
― ¿Me puedes dejar ir? Estamos en el centro comercial. Alguien puede ver ―le susurré, avergonzada. Cualquier estudiante pasando por aquí podía vernos.
― ¿A dónde vamos a ir? ―preguntó él, sorprendido.
― ¡Hablo de mi mano! ―le susurré cuando vi a una chica de las tantas que habían estado con él antes.
Me soltó y negó con la cabeza. ― No me di cuenta...
― Ahh ―. Eso era todo lo yo que tenía que decir por su declaración.
― ¿Vas a venir a mi practica ahora?
― ¿Otra vez? ―gemí.
― Sólo si quieres. El juego es pronto, en noviembre.
― ¿Contra quién estarán jugando?
― UCLA.
― ¿Son buenos?
― Sí, Bella. Pero espero que seamos mejores. Es por eso que estamos prac-
― ¡Edward!
― ¡Mierda! ―maldijo, y volteó hacia la chica que vi antes.
― ¿Confías en mí? ―le pregunté, de repente queriendo salvarlo.
Me miró con pánico. ― Cualquier idea sería de ayuda.
Lo agarre por la muñeca y lo arrastré hasta una cabina de fotos. Pusimos el dinero y le oí reír. Sentí sus manos en mi cuello y me volví a darle una bofetada.
CLIC
Mis manos fueron a su cuello, aferrándose a él. Él gimió y entrecerró sus ojos en mí.
CLIC
― Uno más ―se rió entre dientes, y me puso una mano sobre los ojos. Le di una palmada, sin importarme que la foto fuera tomada.
CLIC
― ¡Jesús! ―Cullen gritó y agarró mi mano. Tomó las fotos y me arrastró hacia fuera, asegurándose de que la muchacha no estaba cerca. ― ¿Por qué la bofetada?
― ¿Por qué me tapaste los ojos?
― Se suponía que debía ser divertido. No deberías haberlo tomado personalmente.
― Lo que sea.
Noviembre llegó más rápido de lo que pensé posible. Estábamos afuera, donde el juego se llevaría a cabo, teniendo en cuenta que había sido un buen día hasta ahora.
Las muchachas tenían camisetas púrpuras de manga corta y nos sentamos cerca del entrenador Shaw. Ahora, gracias a Edward, sabía mucho más sobre el equipo y el baloncesto en general.
― ¿Estás emocionada? ―Rose me preguntó, saltando arriba y abajo, a mi lado.
― Supongo ―. No estaba segura de esto. No había visto un partido antes, sólo las prácticas.
― ¿Eso es lo que yo creo que es? ―le pregunté, señalando a un hombre vestido como un oso en la cancha.
― Es su mascota.
― ¿Cuál es la nuestra?
― Huskies, Bella. ¡Está ahí! ―Señaló a los chicos.
― ¿Los jugadores? ―fruncí el ceño.
― Supongo que no se le puede ver desde allí. Edward está bloqueando la vista. Ya lo verás ―me guiñó un ojo.
― No se ve nada aún, ¿verdad? ―preguntó Alice, que venía a sentarse a mi lado.
― No. Todavía están hablando ―dijo Rose. ― ¡Ahí está! ¡Dios mío! ¡Está tan grande, mira Alice! ―gritó ella, sonriendo ampliamente. ¿Quién estaba grande? Sentí que me estaba perdiendo una broma.
― ¡Spot! ―oí gritar a Cullen. Volví la cabeza para ver lo que estaba mal, pero una cosa blanca y grande saltó encima de mí.
― Ahora ya sabes quién es la mascota ―Rose rió.
Me estaba volviendo loca. Tenía un perro grande encima de mí. ¿Por qué no lo sacaban?
― Spot. Vamos ―siseó Cullen.
― Ve, perrito ―dije en voz baja, petrificada, esperando que se moviera lejos de mí y dejara de lamer mi rostro. ¿Por qué estuve de acuerdo con estar en la primera fila?
― ¡Spot! ―Cullen le agarró el cuello y lo arrastró lejos. ― ¿Por qué tienes que atacar a la gente?
El perro ladró, moviendo su cola.
― ¿Un perro real? ¿Se les permite? ―le pregunté, después de que me sintiera mejor.
― Sí. ¿No es lindo? ―Alice dijo con aire soñador.
― No...
― Si lo es. ¡Míralo! ―señaló a Spot. Tenía sus patas en el pecho de Edward, tratando de lamerle la cara.
― Gracias a Dios los otros no trajeron un oso ―murmuré, haciéndolas reír.
Jasper corrió hacia nosotras y le susurró algo al oído de Alice.
― ¡Claro! ―dijo, dando palmadas.
― ¡Edward! ¡Aquí! ―gritó Jasper por encima del hombro.
Él trajo al perro a nosotros y saltó sobre mí.
― Spot ―se quejó Edward, luego se encogió de hombros y siguió caminando. ― Cuida de él ―. Volvieron con su entrenador, lo que nos dejaba con el animal.
Alice lo sacó de encima de mi y lo abrazó. ― Aww, ¿no estás tan grande y lindo? ―él respondió poniendole una pata en la mejilla.
El partido comenzó diez minutos más tarde y apenas me centré en él, consciente de que el perro estaba a mi izquierda.
El comentarista me despertó de mi aturdimiento por gritos de que alguien tenía la pelota.
― Es bueno que esté al aire libre. No lo había visto en un juego de exterior ―dijo Rose, pensativa.
― ¡Mira! Emmett va a anotar! ―Alice saltó y empezó a aplaudir.
"Cullen driblea. Cullen está cerca. Cullen se la pasa a... ehh, Cullen y el capitaaán... ¡ANOTACIÓN!"
Todo el mundo empezó a gritar y me quedé petrificada. Tal vez yo sabía por qué no me gustaban antes estas cosas. El perro se quedó en su lugar ladrando alto, golpeándome con su cola.
El comentarista gimió cuando el otro equipo anotó y luego volvió a anotar. No estaba prestando atención. Después de veinte minutos, muy lentos, hubo una pausa. Y entonces empezaron a jugar de nuevo.
― ¿Estás con nosotras? ―Rose me preguntó, con sus ojos brillantes, sin apartar la mirada de la gente en frente de nosotros.
― Supongo... ―estábamos ganando, pero yo no entendía mucho.
― ¡Mira! ―siseó Rose. ― ¡Alice! ¡Mira! Te acuerdas de él? ―. Oh, ella estaba hablando a Alice. Claro, si ella sabía más... Yo realmente debía tratar de escuchar más a Edward cuando hablara de esto.
― ¡Sí! ¿Crees que todavía los odia?
― Jasper le dio un puñetazo. Seguramente no se olvidó de eso!
― ¿Qué? ―pregunté con curiosidad. Rose puso en marcha una historia de cómo un hombre llamado Damian había comenzado una pelea con Emmett, Jasper y Edward año pasado.
― ¡Solo queda un minuto más y los Huskies son líderes con tres puntos!
Vi a Jacob Black robar el balón a su adversario y tratar de llegar al aro, pero alguien más, Damian, como creo que Rose lo había llamado, le quitó el balón, empujándolo lejos.
― ¡Las cosas se están intensificando! Grey tiene la pelota. Está perseguido por los hermanos Cullen de cerca desde detrás. Regates.. Black.. Gray... Ataca Cullen, Cullen... lanza el balón. ¡Capitán Cullen lo recibe! Anderson trata de ayudarlo, pero él no da para arriba como lo conocemos. Dispara Cullen y la bola vaaaaaaa... ¡encestó! ―. Un ruido estridente sonó en alguna parte y todo el mundo empezó a gritar. ― El juego ha terminado. ¡Los Huskies ganan!
Tres cosas ocurrieron a la vez.
Los cielos se abrieron y comenzó a llover.
El perro saltó de mi regazo, donde se había sentado en silencio durante la última parte del juego.
Damian le dio un puñetazo a Edward que se tambaleó y cayó de espaldas.
La colección de porristas de mi derecha se volvió loca como todos los demás. Vi saltar a Spot hacia Damian.
― ¡NO! ―oí gritar a Edward, pero el perro ya estaba sobre ese otro jugador. Edward se paró y se fue para salvar al perro. Los otros jugadores se apresuraron en la misma dirección y no pude ver nada, nada más.
― ¿Crees que está bien? ―Alice susurró.
― Todos sabemos que ama a Edward. Nunca pensé que tenía las agallas para morder ―Rose rió.
Estaban hablando del perro. Yo estaba preocupada por Edward. ¿No me digas, ahora? Mi yo interior se burlaba. Algo había ido creciendo en mí, realmente me gustaba.
― ¡Vamos a ver lo que pasó! ―Alice propuso, cuando vio a una enfermera corriendo en medio de la locura.
― Aléjate de mí! ―podía oír a Cullen desde una milla de distancia.
Nos acercamos.
― ¡Él es quien necesita ayuda! ―protestó Edward cuando nos acercamos al círculo que se había creado allí.
Estaba arrodillado cerca de Spot y acariciando su piel, con la sangre goteando de su nariz. Damian le había tirado un puntapié. Pero ¿por qué hirió el perro?
Me agaché antes de darme cuenta de lo que hice. ― ¿Está bien? ―le susurré.
Cullen llevó su mirada a la mía y se encogió de hombros. ― Espero que sí. Vamos, Spot. Muévete, por favor ―murmuró él y le acarició la cabeza. ― ¿Spot? Por favor, muchacho.
― Él va a estar bien. ¡Mueve el culo y deja que la enfermera te mire! ―Emmett agarró el brazo de Edward y tiró de él. Trató de protestar, pero se rindió.
El perro dio un gemido bajo y volví mis ojos hacia él. Abrió los ojos azules y miró alrededor.
― ¡Hey, perrito! ―le susurré y le toqué la cabeza. Estaba perdonado por saltar sobre mí.
De repente, estaba furiosa con ese chico Damián. Quería hacerle daño. ¿Qué había hecho mal el perro? ¿Qué había hecho mal Edward? Busqué alrededor a ese sujeto y lo encontré fácilmente. Estaba sonriendo y riendo sobre algo con su equipo.
― ¿Que te hizo el perro? ―grité, avanzando hacia él. Ni idea de dónde venía ese valor.
― ¡Bueno, bueno, bueno! Me atacó, así como yo lo veo ―él sonrió y ladeó la cabeza.
― ¡Porque tú golpeaste a Edward! ―grité, apretando mis puños. ― Él estaba defendiendo a su amo.
Movió la mano abriéndola y cerrándola como un pic. Estaba burlánose de mi y yo vi todo rojo. Di un salto hacia él y le di un puñetazo en la mejilla, lo más cerca que pude alcanzar.
― ¿Qué diablos? ―jadeó, sorprendido.
― ¡Tenemos una fierecilla aquí! ―dijo uno de sus amigos con desprecio y me agarró del brazo.
¡Mierda! ¿En qué me he metido?!
― No vuelvas a tocar al perro de nuevo.
― ¿O qué... ¿Me golpeas otra vez, perra?
Mi rodilla se reunió con su entrepierna y entonces mi puño se conectó con su boca. Mi muñeca se rompió y él siseó de dolor por el rodillazo que le di, saltando alrededor.
― ¡Eso es más que suficiente, niña! ―el chico que había hablado antes me sonrió. ― Vamos a darle una lección.
¡No! ¡Mierda! ¿Debo gritar?
― Ehh yo ya hice lo que quería... me gustaría irme ahora ―solté, y trate de huir. Qué brillante, Bella.
― ¿Dónde crees que vas, perra? ¿No ves que fue a nuestro capitán al que le has hecho daño?
― ¡Ustedes atacaron a nuestro capitán primero! ―le grité y me congelé cuando él agarró mis dos manos.
― ¿A quién le importa Cullen? ¿Eres tu una de su club de fans? Tu no pareces su tipo, muñeca.
― ¡Quítale tus sucias manos de encima, ahora! ―oí gruñir a Cullen, y de repente me sentí segura. ― Ahora, Jason ―insistió con los dientes apretados. Sus , ojos estaban fijos en los míos. Él estaba muy enojado, probablemente conmigo por mi estupidez.
― ¿Has vuelto para otra ronda? ―Damián había revivido.
― Vámonos, Bella ―repitió Edward.
Antes que nada pudiese pasar, ambos entrenadores vinieron y los separaron. ― ¡Ya basta, muchachos! Cullen, lleva a la chica con la enfermera ―murmuró el entrenador Shaw y se despidió de nosotros.
Edward me tomó la mano y me arrastró lejos, en el camino opuesto del gabinete médico. Nos detuvimos en un lugar oscuro del estadio.
― ¿Qué demonios estabas pensando, Swan? ―explotó.
― No pensé. ¿Estás contento?
― Eso es obvio, y no, no estoy nada contento. Ese tipo es... peligroso. Jesús, no me asustes más. Cuando miré a mi alrededor y no estabas allí... y Rose no sabía dónde estabas... ¡Dios! ―gimió y me abrazó, sorprendiéndome. Su mano me acarició la cabeza y hundió su nariz en mi pelo mojado. Mis ropas estaban humedeciéndose por la lluvia, pero no me importó. Me sentí muy segura allí, en sus brazos. Retrocedió lentamente un poco, me miró y luego suspiró. ― Déjame ver tu mano ―susurró.
Puse mi mano derecha entre las suyas y me mordí el labio.
― No está rota. Solo se necesita limpiarla y que la venden. Vamos a la enfermería ―me dijo preocupado luego de examinarme.
― No... Yo puedo hacerlo por mí misma.
― ¿Me dejarías hacerlo? Estoy estudiando para ser médico, después de todo.
― Claro ―estuve de acuerdo, y nos dirigimos a su habitación. ― Lo siento. Lo digo en serio. Tu deberías estar feliz y celebrando la victoria.
Él soltó un bufido. ― ¿Celebrar qué? ¿Que te hayan hecho daño? O casi... ¡Jesús!
― ¡Ahí estás! ―Emmett gritó cuando llegamos a nuestro piso. El equipo estaba acampado delante de la puerta de Edward. ― Boop ¿Qué te ha pasado?
― Váyanse ―dijo a los chicos del equipo. ― Celebren solos. Emmett... necesito tu ayuda.
― Claro. Cualquier cosa ―dijo rápidamente, todavía mirándome preocupado.
― Estoy bie-
― ¡No digas eso, Swan!
― ¡Bien, tengo mucho dolor! ¡Me voy a morir! ¿Feliz, Cullen?
― Inmensamente. ¿Puedes ser mi mano derecha, Emmett?
― ¿Estamos jugando al doctor? ¡Genial! ¡Yo empiezo!
― ¡No estamos jugando! Esto es serio. Ella está herida ―Edward hizo un gesto con su mano. ― Siéntate ahí.
Emmett le ayudó con todo lo que necesitaba. Pronto, mi muñeca estaba envuelta y yo estaba sentada tranquilamente en el sofá mientras hablaban en voz baja cerca de la puerta. Emmett me siguió dirigiendo miradas divertidas y me quedé ruborizada todo el rato.
― ¡Miren lo que traigo! ―dijo Alice al entrar en la habitación. Se detuvo y nos miró a todos nosotros. ― ¿Hay una reunión?
― No. ¿Por qué estás aquí? ―Edward frunció el ceño, pero se agachó para abrazar a Spot.
― El entrenador me dijo que te lo trajera a ti.
― Spot es sagrado.
― Estoy segura de que lo es. No ha estado por aquí antes ―ella estuvo de acuerdo. ― ¿Qué te ha pasado? ―preguntó, mirando a mi mano.
― ¡No vas a creer lo que me estaban diciendo! ―Emmett gritó, pero se detuvo abruptamente cuando Edward le clavó un codo en las costillas.
― ¿Le has dado un puñetazo? ―me preguntó Alice soltando una risita.
― No, en realidad... se puso en medio de los osos... ―Edward escogió sus palabras.
― ¿Se peleó con Damián?
― ¡Con todos! ―Edward gimió y me miró exasperado.
― Yo quería saber por qué lo golpeó ―murmuré.
― ¡Porque es un idiota! ―siseó, y besó la parte superior de la cabeza de Spot. ― Ve, siéntete como en casa ―susurró y lo dejó ir. Él vino directamente a mí y saltó sobre el sofá, poniendo su cabeza en mi regazo.
Después de que sus hermanos se fueran, Cullen se sentó junto a mí y me abrazó de nuevo. ¿Qué le pasaba? ¡Nunca lo había visto actuar así! Deja de quejarte. Se siente muy bien. Me encantó estar en sus brazos, rodeado de su olor.
― ¿Swan? ¿Estás durmiendo? ―susurró, después de unos minutos.
― Uhmm ―gruñí, y enterré mi nariz aún más en su pecho.
― ¿Cómo está tu mano? ¿Todavía duele?
― Un poco.
Él inclinó la cabeza y apretó sus labios contra los míos. ― ¿Qué tal una película? ―susurró contra mis labios.
― No me siento con humor para salir ―admití, avergonzada. Ahora, yo estaba actuando como una de esas chicas que siempre se le colgaban.
― Aquí. Yo no quiero salir, tampoco.
No le respondí, pero se movía en torno a la habitación, entonces oí el sonido de gente hablando. El sofá se hundió a mi costado, y Edward me apretó a su lado.
― Esto es mil veces mejor que el teatro ―se rió entre dientes Cullen y se inclinó para otro beso. Yo no lo rechacé. Me volví hacia él y se llevó mi pierna por encima de las suyas, a horcajadas sobre él. Me quejé cuando puse mi mano herida en su hombro. ― Cuidado ―murmuró, y empezó a mordisquear mi cuello. ― ¿quieres ver la película?
― No sé ni lo que pusiste ―me eché a reír.
― Lo primero que agarré. No lo vi ―. Él sonrió y me tomó la piel entre los dientes.
― ¡No dejes marcas! No quiero tener que explicarle a Alice.
― ¡Ooops!
― ¡Edward! ―gemí y empujé su cabeza hacia otro lado. ― ¿Dónde? ―le pregunté, tocando mi cuello.
Se llevó los dedos a mi vena yugular. ― Me gustaría decir que lo siento, pero no lo hago.
Puse los ojos en blanco y me alejé de él. Él no me dejó ir muy lejos, girándome para que mi espalda estuviera contra su pecho.
― Parece que debería elegir películas con los ojos cerrados más a menudo ―murmuró.
― ¡Me gusta! ―sonreí cuando vi a Al Pacino en la pantalla.
― Lo dije en el buen sentido. Ésta es una de mis favoritas.
― La mía también ―respondí vacilante. ¿Acaso éramos similares en todos los sentidos?
Nos quedamos tranquilos y observamos "Scent of a Woman". Sentí sus manos en mis piernas y subiendo. ¿Qué estaba haciendo?
― Ehh, ¿Cullen?
― ¿Eh?
― Ya basta.
― No ―. Lo sentí sonreír en mi cuello.
― ¿Por favor? ―lo intenté de nuevo, mi corazón latiendo a mil por hora.
― ¿Miedo?
― Aterrorizada ―no quise decirlo en voz alta, pero lo hice.
― ¿Por qué, Swan? Quiero tener un poco de diversión.
Tiré de su regazo cuando me tocaba... ahí. ― ¡Porque yo no lo he hecho antes! ¿Vale? ―grité, pasando del blanco al rojo.
Parecía tonto de momento ― ¿Qué? Tú... espera un jodido momento. ¿Quieres decir...? ¡Jesús! ―gimió y se movió en el sofá. Su mano fue a su cabello. ― Ven aquí, Swan. Tenemos que hablar ―. Me ofreció su mano.
― Yo no lo creo.
― Vamos. Te juro que no haré nada.
Me acerqué a él cautelosamente y me senté en el lado opuesto del sofá. ―¿Qué?
― Yo no lo sabía. De verdad. Tú me crees, ¿verdad? ―tanteó y se volteó hacia mí. La película estaba olvidada.
― ¡No lo sé! ¿Por qué debería creerte? ¿Qué estás tratando de demostrar con esto? Es culpa mía también, porque nunca especifiqué que aceptaba una cita solo para mostrarte cómo hacerlo... y luego tú estarías fuera con otra chica ―murmuré.
― Tal vez yo quería todo esto contigo. Sólo tú ―dijo, su mirada verde penetrando la mía marrón.
― Nunca había aceptado tus coqueteos, así ahora soy algo nuevo, y sé que eso te gusta. Te aburrirás pronto e irás con otra chica.
― ¡No, no es así! Swan, me gustas mucho ―murmuró, mordiéndose el labio, y mirándome intensamente.
― No lo creo, Cullen. Te gusta la idea de mí tal como he dicho. Es porque soy algo nuevo. Dale un poco de tiempo, y...
― ¿Cuánto tiempo más? ¡Tú eres la primera chica con la que he estado tanto tiempo! Y siempre he estado contigo o con nuestros amigos cada segundo. Tú sabrías si hubiera visto a otra chica, cosa que no hice. ¿No lo puedes ver? he cambiado! ―gritó.
No podía creer lo que me estaba diciendo. ¿Era realmente cierto lo que dijo Alice? ¿Estaba cambiando tanto sólo para mí?
― ¿Por qué yo? ―susurré, confundida.
― ¿Por qué no tú? ―él respondió. ― Tú eres la única chica con quien puedo mantener una conversación. No importa que sea en tonos más altos que cualquier conversación normal... pero las otras chicas... bueno, lo único que quieren es... yo. Mi cuerpo, supongo ―susurró Edward, frunciendo el ceño. Sus ojos se abrieron, y, a continuación, me miró estrechándolos. ― No me quieres. ¿Estás tú jugando conmigo?
― ¿Estás drogado? ―grité en voz alta. ― ¡Tú eres mi puto primer beso!
Él se quedó boquiabierto mirándome. Luché contra las lágrimas que querían derramar mis ojos, pero no fui capaz y empezaron a caer.
― ¡Puta mierda! Yo... mira, Bella... no sé por qué dije eso, pero no llores. ¡No tengo ni idea de qué hacer! ―dijo entrando en pánico y pasando ambas manos por el pelo.
― Porque así eres tú ―me ahogaba con los sollozos.
― Yo no... Yo no debería haberlo hecho. Lo siento ―susurró, y envolvió sus brazos alrededor de mí, aplastándome contra su pecho, envolviéndome en su cálida piel y su olor glorioso.
― ¿Por qué haces esto? ―le pregunté cuando logré parar un poco mis lágrimas.
― Me arrepiento de lo que dije.
― No esto ―murmuré. ― Quiero decir... ¿por qué tratas a las chicas así? ¿Por qué las lastimas?
― Yo no quiero hacerles daño. Tiene que ver con mi pasado... Tal vez ―admitió.
No lo entendía. Pensaba que había tenido una infancia feliz con su familia.
― Yo soy... ¡Jesús... argh! No he hablado de esto con nadie ―suspiró y se apartó. ― No digas una palabra ―me dijo con voz tensa.
― Nunca ―le prometí. Era algo malo. Lo pude ver.
― Sólo Esme y Carlisle lo saben... Fui adoptado por ellos a los nueve años.
― ¿Y Emmett y Ali-? ―pregunté de pronto, pero Edward no me dejó terminar.
― Ellos saben que soy adoptado, pero no saben el fondo, no saben la historia ―. Él me lanzó una mirada asesina por interrumpirle. ― ¿Puedo ponerme aquí? ―hizo un gesto hacia mi regazo.
No entendí lo que quería hasta que él puso su cabeza allí y me miró. ― ¿Está bien?
Asentí con la cabeza y mi mano fue a su cabello suave como un imán. ― ¿Qué te ha pasado? ―fue entonces cuando me di cuenta de que había sido herido de alguna manera. Siempre estaba ahí, en la superficie... pero ahora era visible en su rostro.
― Como he dicho, me adoptaron a los nueve. Hasta entonces... Yo vivía con cierta... ehh ¿gente? ―murmuró, frunciendo el ceño. ― Ellos no se pueden llamar padres. Hasta que fui a la escuela y escuché a otros niños hablando de sus casas, pensaba que era normal... que los padres beban hasta caer debajo de la mesa o que el niño se ocupara de los quehaceres de la casa... o que sea- ―tragó saliva y enterró su cara en mi estómago y murmuró algo ininteligible.
― ¿Qué? ―susurré, preocupado.
― Golpeado si no cumplía con lo que le mandaban ―masculló.
― ¡Mierda! ―grité, sorprendida, hacia a él. ― Lo siento. Es que... No me puedo imaginar...
― Sé cómo te sientes. Pero yo no sabía que existía una vida diferente. Así que imagina el asombro que sentí cuando me enteré de que los otros niños hablaban acerca de sus padres viniendo a casa del trabajo, cocinando, jugando con ellos, hablando con ellos, viendo televisión juntos y otra mierda. Le pregunté a esta gente por qué no lo hacía y ellos... estaban demasiado borrachos para responder. Mi ehh... padre, como supongo que debo llamarle... me golpeó. Me prohibió hablar de eso y me dijo que no dijera nada de lo que pasaba en casa ―suspiró y me miró.
― Sigue, solo si puedes.
― ¿Por qué no voy a poder? ―suspiró. ― Más tarde, después de que Carlisle me adoptó... Me dijo que estaban ahogados por una gran deuda y sus vidas nunca más me importaron ni una mierda volando... Pero, ¿qué hice mal? ―preguntó, retóricamente.
― Estabas en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
― Probablemente. Me tomó unos cuantos meses adaptarme. Imagina, viniendo de eso a una familia cariñosa con dos gemelos extraños. Alice era hiperactiva, todavía lo es, no dejaba de parlotear e incluso una vez me vistió con ropa de niña. Le dejé... porque pensé-
― ¿Que ella podría hacerte daño si no lo hacías?.
― Sí. Y estaba Emmett, también. Me llevó años darme cuenta de que ese era su tono habitual o que cuando me golpeaba, era por diversión. Me salen moretones fácilmente y tenía un montón de magulladuras. Esme estaba enojada con Emmett cada vez que tenía un moretón nuevo ―se rió entre dientes.
― ¿Por qué no les dijiste eso? ―le pregunté.
― No necesito la compasión de Alice. Ella sospecha que algo malo me sucedió antes de llegar a ellos, pero nunca dijo nada. Y Emmett, bueno... él me anima a hacer lo que no quiero hacer.
― ¿Cómo qué?
― Ir y encontrarlos, tal vez golpearles por lo que me hicieron o... algo.
― ¡No! Eso no diría Emmett ―exclamé.
― Bueno, esta es mi historia magnífica. Así que... volviendo a tu pregunta original. Decidí que sólo hay una vida y hay que vivirla. No me importa nada.
― ¿Pero eres consciente de que lastimas a esas chicas?
― A veces ―se encogió de hombros. ― En serio, no se lo digas a nadie, por favor ―volvió su mirada hacia mí y me suplicó.
― No lo voy a hacer. Te lo prometo.
Nos quedamos dormidos en el sofá. No me recuerdo darme la vuelta y descansar en el sofá, pero así fue como me desperté. Estaba aplastada en la parte trasera del sofá y Edward envuelto entorno a mí. Estaba sudando porque él estaba demasiado caliente y me tenía presa con su cuerpo encima. Eché un vistazo a su cara, que estaba recostada en mi hombro. Se veía tan inocente y vulnerable... y todavía no podía creer lo que me había dicho. ¿Por qué confiar en mí para decirme algo que él ni siquiera había dicho a sus hermanos?
Tal vez realmente le gustas.
No quería ni soñar con eso. Yo sabía que él iba a volver a las andadas.
Traté de moverme, pero me apretó más y acomodó su cabeza en mi pecho.
― Aléjate ―jadeé. Estaba sudando mucho. Era domingo, y necesita salir a correr un poco. Después de los acontecimientos de ayer necesitaba mis carreras más que nunca.
Su teléfono comenzó a sonar, y su mano golpeó mi estómago. Se despertó de golpe y me miró con los ojos abiertos.
― ¡Ahh! ―gritó, y cayó al suelo.
Yo no podía dejar de reír. Realmente no estaba acostumbrado a despertar junto a alguien.
― ¡Callate, Swan! ―refunfuñó y contestó su teléfono. ― ¿QUÉ?... Ehh... ―me miró y cubrió el teléfono con la mano. ― Alice le pregunta por ti. ¿Debo decirle... que estás aquí?
― He dormido en el sofá. Sola ―le susurré, y me puso en una posición sentada.
― Por supuesto ―asintió con la cabeza, y descubrió el teléfono. ― ¡SÍ! Te he oído. Ella está aquí... ¡No, Alice! Acabo de ver... ¡lo juro! Ella está en el sofá... Acaba de despertar por mi teléfono igual que yo ―gruñó y apoyó la cabeza en el sofá, mirándome. ― Está bien. Ven y ve por ti misma ―colgó el teléfono y se fue a su cama, agitando las sábanas.
― ¿Y si ella lo malinterpreta?
― Ella no va a hacerlo ―aseguró Cullen. ― ¿A dónde vas? ―preguntó, cuando me levanté y fui a la puerta.
― A abrirle a Alice y luego me voy para cambiarme de ropa y salir a correr.
― ¡Yo también voy! ―gritó, pero terminó con un quejido porque trató de venir a mí y se enredó en la sábana de la cama, cayendo en el suelo con un fuerte golpe. ― Mierda.
― Ven si puedes moverte ―me reí, y abrí la puerta, encontrando a Alice que parecía petrificada delante de la puerta. ― ¡Hey, Ali!
― ¿Qué fue eso? ―ella se quedó sin aliento y se asomó dentro.
― Tu hermano es divertido por la mañana ―sonreí. ― Te lo prometo, no pasó nada. Sólo se quedó dormido.
― Te creo ―dijo con sinceridad. Me sentí mal por mentir.
― ¡Te voy a mostrar algo gracioso, Swan! ¡Espera! ―gritó detrás de mí. ― ¡No! ¡No hagas eso! Condenado perro... ¡Nooo!
Me di la vuelta para ver qué pasaba y vi al perro levantando la pierna de atrás y orinar en una pata de la mesa. Mis ojos se abrieron y me eché a reír de nuevo.
― ¿Piensas que es divertido?
Me volví hacia Edward, que había desenredado la sábana y avanzaba hacia mí.
― ¡No!... No es divertido... ¡pienso que es muy divertido! ―pasé junto a Alice, que nos miraba confundida, y corrí a mi habitación. Tanya estaba cerrando la puerta. ― ¡Déjala abierta! ―grité. Pero ya era demasiado tarde, Cullen me había alcanzado.
― Me las voy a cobrar ―gemí. Me retorcí cuando él trató de hacerme cosquillas.
― ¿Por qué no te unes a mí en la limpieza de la orina?
― Es tu habitación y tu perro.
― No es mío. Es el perro del Equipo ―susurró en mi oído. Era consciente de la cara boquiabierta de Tanya por nosotros.
― Tengo que salir a correr.
― Tu no corres. Tu caminas.
― Lo hago cada fin de semana. Luego me encuentro con Nathan para el proyecto en el Club de la Tierra ―seguí balbuceando, mientras sus dedos se clavaron en mi abdomen. ― Ya es tarde ―él apretó y yo gemí, tratando de liberarme.
― ¿Qué estás haciendo? ―oí que Rose siseó enfadada.
― No es tu problema. ¡Vamos, Swan! No tomará mucho tiempo ―suplicó.
― Tu perro. Su orina. Tu habitación. Tu problema ―jadeé retorciéndome.
― Te pregunté amablemente; no me hiciste caso. Ahora tengo que recurrir a medidas drásticas.
De pronto estaba en el aire, por encima de su hombro, mientras corría de vuelta a su habitación. Vi a Rose, observándonos desconcertada. Tanya había dejado caer sus llaves y nos miraba desde atrás, enojada.
― ¡Imbécil inmaduro! ―gemí y golpeé la parte trasera de su cabeza.
Alice estaba en la habitación cuando entramos. Ella ya estaba limpiando la mancha de orina de Spot, Dios la bendiga.
― ¿Ven? No hay necesidad de preocuparse acerca de su pis. Ahora me voy, tengo mejores cosas que hacer.
¡Una segunda cita! Edward es afortunado, ¿no es cierto?
