El Potterverso es de Jotaká.

Este fic pertenece al Intercambio de Regalos 2014 del foro "La Sala de los Menesteres".


«LIRIOS PARA UN DRAGÓN»

Por Victoire Black.


X. Scorpius.

Lily repetía las palabras de Malfoy una y otra vez en su mente, mientras por la ventana veía a padre e hijo discutir haciendo aspavientos. Esa parte del callejón estaba vacía a esa hora de la tarde, así que supuso que sería por eso que no les importaría estar haciendo el ridículo de semejante manera.

En parte, se sentía culpable de que Scorpius Malfoy se hubiera enterado del asunto de esa forma. Ni siquiera había pensado con anterioridad en el hijo de Draco, y lo conocía únicamente por ser el guardián del equipo de Quidditch de Slytherin durante el único año en el cual ella jugó en Gryffindor. No sabía cómo podía reaccionar, ni en qué podría quedar todo el asunto.

Por la ventana, vio a Scorpius hacerle un gesto obsceno a su padre, y a éste girar sobre sí mismo hasta desaparecer. Maldijo en voz baja. ¿La había dejado ahí, sin despedirse ni terminar de aclarar ningún asunto? ¡Habían hablado —o más bien discutido— por menos de un minuto! El paquete que había traído seguía sobre la mesa. ¿Qué haría con él? ¿Se lo devolvería mediante lechuza?

Una de las sillas de su mesa se movió, y Scorpius Malfoy se sentó en ella. Lily quedó mirando fijamente el mantel, sin saber qué decirle. ¿Quién sabe cómo podría reaccionar con ella? Probablemente la culparía de querer destruir a su familia, de sacarle dinero a su padre, o Merlín sabe qué otras cosas.

—Lo lamento por ti, Potter.

Lily se sobresaltó al oír las palabras, e inmediatamente se puso a la defensiva.

—¿Qué es lo que lamentas? —espetó.

—Que hayas tenido que caer en esta familia de mierda...


XI. Otra carta.

«Malfoy:

Te agradezco que esta tarde te hayas ido sin siquiera terminar de hablar. Comprobé que eres más idiota aún de lo que creía. Sinceramente, temí mucho por cómo podría llegar a ser mi hijo con un padre así, hasta que hablé con Scorpius y me di cuenta que hasta las personas criadas en ambientes de mierda pueden ser decentes.

Te adjunto el paquete que no llegaste a mostrarme: no lo abrí, no te preocupes. Tampoco me interesa, así que no lo vuelvas a enviar. Espero que te lo puedas meter en donde ya sabes. Sería muy feliz de saberlo así.

Tampoco llegué a comentarte que estoy entrando en la semana número treinta y nueve. En cualquier momento puedo entrar en trabajo de parto. No te conviene aparecer por mi casa en cuanto nazca el niño, porque seguro que papá te puede matar. No es que me importe demasiado, claro: solo te lo advierto.

Lily P.

P.D.: Le diré a quien yo quiera con quién tuve un hijo. Es mejor que ya lo vayas contando si no quieres tomar a tus amigos desprevenidos».

Al terminar de leer la carta, aquella mujer alta y morena se quedó sin aire. La lechuza que la había traído seguía posada en el alfeizar de la ventana, al lado de un paquete pobremente envuelto. Lo abrió sin dudarlo.

Un par de peluches, ropa de bebé, una bolsa llena de dinero…

Astoria Malfoy comenzó a llorar. ¿Cuándo había ocurrido todo eso? ¿Cómo ella no se había dado cuenta? ¿Había forma de sentirse aún más herida y traicionada que leyendo esa carta? ¿Quién era la tal Lily? ¿Se habría Draco enamorado de ella? ¿La habría cambiado por una mujer más joven y hermosa?

Supuso que se lo debería preguntar a él. Así que agitó la varita para para atraer una silla hacia al lado de la ventana, y se instaló allí a esperar.


XII. Pidiendo explicaciones.

La noche había caído hacía ya bastantes horas cuando Draco Malfoy llegó a su casa. Se había quedado hasta tarde en el Ministerio por un problema con una de sus propiedades, y luego había tenido que pasar por ésta para asegurarse que estuviera todo en orden.

La sala estaba a oscuras, pero se reflejaba claramente una figura sentada frente a una de las ventanas.

—¿Astoria? —preguntó él con sorpresa, revisando la hora en su reloj—. Te envié una nota diciendo que iba a volver un poco tarde, ¿no te llegó?

Con un leve movimiento de varita por parte de la mujer, la luz se encendió.

—Llegó esto, en realidad.

A Draco se le cayó el alma a los pies. En la mano de Astoria, había un peluche beige… El mismo que él había comprado la tarde anterior para regalarle a Lily.

—Creo que necesito una explicación —espetó. Más allá de su intento de parecer fría y calma, la voz se le quebró en la última palabra, por más que Draco no se hubiera dado cuenta. Sabía que estaba metido en un aprieto enorme, del que no podría salir con un par de excusas baratas. O del que directamente no iba a poder salir.