No planeaba continuar ya que he tenido problemas pero voy a intentar seguir con esto. De cualquier forma siento haberlo dejado así nada más.

Todo lo relacionado con Harry Potter (personajes, lugares, etc) son propiedad de J.K. Rowling no míos.

50% basado en los libros


Harry Potter y la piedra Filosofal

O

Draco Malfoy y el pasillo del tercer piso

Capítulo 4: Duelo de magos y la chica entrometida

Harry era un chico pacífico. Le agradaba la tranquilidad y no era del tipo que gusta pelearse con los demás, sin embargo estaba Draco Malfoy, más insoportable y cruel que su primo. Ese chico realmente lo sacaba de sus casillas, lo molestaba en los pasillos, en las clases de Pociones —que gracias al cielo eran las únicas que compartían con los Slytherins— en el gran comedor cuando caminaba junto a su mesa… En ocasiones como esa realmente le gustaría saltar sobre el rubio y arrancarle la cabeza con ambas manos. No obstante evitaba exaltarse demasiado, pero ese maldito rubio lo traía de cabeza. Sonaba raro pero Harry quería morderlo.

—¡Imposible! —exclamó Harry al darse cuenta de sus pensamientos.

—Te aseguro que es cierto, —replicó Ron complacido por la reacción de su amigo— no pudo sentarse en dos días.

Harry estuvo a punto de decirle que no había estado escuchando y que repitiera la historia, pero se encontraron con una bola de chicos de primero observando el tablón de anuncios de la sala común. Ponía que las lecciones de vuelo comenzarían el jueves y ellos las tomarían con —¡oh no!— Slytherin.

—Lo que me faltaba —dijo más para sí mismo que para Ron— hacer el ridículo frente a Malfoy.

Ron le dijo algo que no escuchó bien, Malfoy siempre hablaba de volar y contaba historias bastante imposibles pero no era el único, todos los que venían de una familia de magos hablaban de las maravillas de volar, ¡incluso Ron tenía una historia que contar!

Los únicos que parecían nerviosos ante la idea de volar eran él, Longbottom y Granger. Los demás estaban emocionados.


Aunque jamás lo admitiría en voz alta, se sentía bastante emocionado ante la idea de volar. No es que no supiera hacerlo o no lo hiciera, pero era la única forma de volar en la escuela, era la única forma de fanfarronear, la única de impresionar a Potter. Pero…

—¿Por qué querría yo impresionarlo? —se preguntó en voz baja.

—¿A quién? —preguntó la única voz que, Draco sabía, no lo convencería cualquier respuesta.

—A Snape, —respondió— mi padre dice que debo impresionarlo.

—No es necesario, ¿no es amigo de tu padre?

—No, es amigo de mi madre —respondió pensativo— nunca he sabido por qué no se lleva igual de bien con Padre…

Nott lo observó un momento, se preguntó si Malfoy estaba diciendo la verdad, decidió que sí. Eso significaba que Draco no sabía, pero, ¿qué tanto no sabía?

—¿Vienes a desayunar? —preguntó al rubio— o piensas esperar a tus guardaespaldas.

— Voy, antes de que baje Parkinson.

En ese momento bajaron Crabbe y Goyle así que los cuatro subieron a desayunar. En cuanto llegaron al Gran Comedor pasaron al lado de la mesa de Gryffindor, Draco vio algo que Longbottom tenía en sus manos y se lo quitó, no sabía por qué, simplemente su instinto lo obligó a hacerlo. Nott siguió caminando hasta su mesa cuando Potter y el Weasley se pusieron de pie, todo indicaba pelea pero la profesora McGonagall llegó a tiempo. Antes de irse, vio que los ojos de Potter brillaron, nunca lo supo pero los suyos también brillaron.

—¿Qué traes con Potter? —preguntó Nott con expresión suspicaz.

—Nada, ¿por? —respondió Draco haciéndose el desentendido.

—Siempre estás metiéndote con él.

—No es verdad, en todo caso me gusta molestarlos a todos.

Theo se limitó a encogerse de hombros y sonreír, Draco se traía algo con Potter y punto, nada lo haría cambiar de opinión.

A las tres y media de la tarde, todos los Slytherins estaban en el campo esperando a los otros. Draco estaba impacientándose a cada segundo que pasaba, hasta que al fin vio aparecer una alborotada cabellera negra. Todo estaba listo para impresionar a Potter…


—No ha estado mal —pensó Harry más tarde, mientras reflexionaba sobre lo sucedido en el día— le gané a Malfoy.

Y realmente no había estado del todo mal, —aunque claro, para Neville fue otra cosa, ya que terminó en el suelo con una muñeca rota— ahora era miembro del equipo de quidditch y no había sido humillado por Malfoy. Le había demostrado a ese insoportable rubio que Harry Potter no era cualquier tonto, Harry Potter era de cuidado, sí señor. "Tu padre habría estado orgulloso", su padre…

— ¿Comiendo la ultima cena? —dijo una voz demasiado conocida ya.

Se volvió y se encontró con los grises ojos de Malfoy, esos jodidos ojos que parecían mirar a través de él, esos ojos que hacían que su rostro se encendiera de forma automática. Le respondió algo y Malfoy lo retó, Ron aceptó por él y todo quedó arreglado, esa noche tendrían un duelo de magos. En parte la idea lo emocionaba, ya que podría enfrentarse al rubio directamente y quizá vencerlo, y con eso le borraría la sonrisa del rostro, esa sonrisa que lo volvía loco. Por otro lado, estaba el hecho de que no sabía magia, al menos no la suficiente como para provocar una derrota; no sabía si Malfoy sabría hechizos que él no, Ron creía que no pero, ¿y si su padre le había enseñado? Y si Malfoy sabía magia oscura y conseguía acabar con él, y si…

—Disculpen— dijo de pronto una voz sacándolo de sus pensamientos

Era Hermione Granger

—No pude evitar escuchar lo que decían, y no creo que deban hacerlo, le quitaran puntos a Gryffindor por vuestra culpa. Me parece algo bastante egoísta.

—Y la verdad no es asunto tuyo

—¡Claro que lo es!, soy de Gryffindor ¿recuerdan?

—Mira —comenzó Harry— tendremos cuidado de no ser atrapados ¿vale?, lo que tengo… tenemos con Malfoy es cosa nuestra.

—Adiós —finalizó Ron, logrando que la chica se cabreara más aún.


Le había enojado bastante que la profesora le dijese que estaba montando mal su escoba, para colmo Potter había hecho un vuelo espectacular dejando a todos sorprendidos —incluyéndolo— y al parecer, se había librado del castigo.

Pero él ya tenía un plan, le diría a Filch que había escuchado a unos alumnos planear pasear en la noche y el los atraparía, podía confiar en que el celador le haría caso, ese hombre adoraba capturar pillos.

Encontró a Filch en un pasillo y le dijo todo lo que supuestamente había escuchado, el hombre se lo creyó todo. Se fue muy feliz a la sala común pensando en lo magnífico de haberse librado de Potter, sí, ya nunca volvería a verlo y ya nunca volvería a sentirse perturbado y atraído por su presencia. Se detuvo a medio pasillo, ¿atraído? No, por supuesto que no. Miró a su alrededor y se dio cuenta de dónde estaba, era el pasillo del tercer piso.


Harry caminaba bastante molesto, no sólo tenía que lidiar con una posible derrota, sino también con la molesta presencia de Neville y la chica entrometida esa. Ron parecía incluso más molesto que él, ya sabía que Hermione no le caía nada bien, pero a Harry lo que le molestaba era que no lo dejara en paz. Llegaron a su destino y su irritación aumentó cuando la chica le hizo ver que se trataba de una trampa. Maldito Malfoy cobarde.

Cuando escucharon la voz de Filch trataron de escabullirse silenciosamente, no obstante la torpeza de Neville pudo con todo y armó un escándalo. Corrieron hasta que llegaron a un extraño lugar dónde Peeves discutía con alguien, alguien con el cabello rubio platinado.


No sabía qué lo había llevado a salir de su cama esa noche, se dijo a sí mismo que sólo lo hacía porque ya no aguantaba la curiosidad de ver lo que había en ese pasillo, y debía aprovechar que Filch estaba distraído buscando a Potter, tragó saliva, Potter. Se preguntaba si no había ido demasiado lejos con su broma, él no estaba preocupado por Potter por supuesto, sin embargo había algo en el que se retorcía al preguntarse qué había sido de él.

En esas estaba cuando tropezó con Peeves, había escuchado que el tipo podía ser muy desagradable. Pero Draco también era muy travieso y pensó en un plan rápidamente y agradeció mentalmente no haber llevado a Crabbe y Goyle con él.

—¡Oh! Un alumno fuera de la cama —comenzó el fantasma falso— debo denunciarte, si, debo hacerlo, los pequeñajos como tú no deberían estar fuera de la cama.

—No, no debería estar fuera —respondió Draco con cautela— pero hoy he sentido unas particulares ganas de hacer una broma. Una broma a Filch.

—Una broma a Filch —a Peeves le brillaron los ojos— eso te metería en problemas, debería acusarte…

—Quizá sí, pero ¿acaso no quisieras gastarle una broma al viejo Filch?

—Bueno, eso puede ser discutible…

—Puedes llamarlo y decirle que hay alumnos fuera de la cama, y decirle que no le mostrarás dónde si te lo pide por favor.

—Yo no le veo la gracia.

—Pues que él te lo pedirá por favor y tú no le dirás porque te lo pidió por favor. Ya verás.


— ¡Malfoy! —su voz sonó más aliviada de lo que hubiera querido— ¿qué haces aquí? La cita no era aquí.

—Er, me perdí —respondió el rubio con desgana.

—Eso nadie te lo cree— le habló Hermione malhumorada.

—No es asunto tuyo Granger.

—Pero que tenemos aquí —intervino Peeves— más niños fuera de la cama, debo denunciarlos.

—Mejor quítate de en medio— le dijo Ron empujándolo

—¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —Gritó Peeves—. ¡ALUMNOS

FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!

Todos menos Malfoy pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta cerrada.

—¡Estamos listos! —gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la

puerta—. ¡Esto es el final!

Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.

—Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!

Malfoy llegó corriendo tras ellos y entró antes de que Ron le cerrara la puerta en la cara.

—Maldito Malfoy…—comenzó a decir el pelirrojo.

—Silencio—susurró Harry

Del otro lado de la puerta se escucharon los pasos de Filch que justo llegaba al lugar. Harry notó que Draco cruzaba los dedos y susurraba algo como "dilo, dilo" pero dejó de prestarle atención ya que su respiración cerca de su nuca lo distraía.

—¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch—. Rápido, dímelo.

—Di «por favor».

—No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.

—No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita. —Harry sintió a Malfoy relajarse y volver a tensarse inmediatamente a su lado.

—Muy bien... por favor.

—¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.

—Creyó que estaba cerrada —dijo Harry tratando de quitarse a Malfoy de encima, el cual parecía tener muchas ganas se trepar por él o simplemente subírsele encima — ¿qué pasa Malfoy?

—Pro…prohibido —tartamudeo el rubio muerto de miedo.

Harry se dio la vuelta y vio lo que pasaba, Neville y Hermione tenían a Ron fuertemente agarrado mientras veían con horror lo que estaba al frente. Eso era demasiado, el perro que tenían delante llegaba hasta el techo y tenía tres cabezas, el animal parecía sorprendido pero se estaba recuperando rápidamente. Harry abrió la puerta, todos salieron menos Draco que seguía mirando el perro, lo jaló y lo sacó justo cuando se oyó un fuerte ladrido mientras los demás cerraban la puerta.

—¿En qué estabas pensando? —le dijo enojado— pudo haberte matado.

—Estamos en el tercer piso, el pasillo prohibido —dijo Hermione.

—Y ya vimos por qué está prohibido —añadió Ron aun pálido.

—¿Qué era eso? —Preguntó Neville— ¿por qué lo tendrían aquí?

—¿Acaso no es obvio? —Habló por fin Malfoy— ustedes no tienen cerebro.

—Claro que si— respondió Hermione— yo también lo noté.

—No me importa. Potter, nadie quiere luchar contigo en estos momentos, me voy a la cama —dijo y se fue en busca de su sala común

Cuando llegaron a la torre de Gryffindor Ron detuvo a Hermione antes de que se fuera a la cama.

—¿De qué hablabas con Malfoy?

—¿Es que no tenéis ojos en la cara? —dijo enfadada—. ¿No visteis lo que había debajo de él?

—¿El suelo? —sugirió Harry— No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.

—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

Se puso de pie, mirándolos indignada.

—Espero que estéis satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado. Ahora, si no os importa, me voy a la cama.

Ron la contempló boquiabierto.

—No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no?

Pero Hermione le había dado a Harry algo más para pensar, mientras se metía en la cama. El perro vigilaba algo... ¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar... excepto tal vez Hogwarts.

Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el paquetito arrugado de la cámara setecientos trece…

Y Malfoy también sospechaba…


Gracias por leer.