¡Capitulo sin beta! Disculpen los errores ortográficos.
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—Fue agradable –dijo Sam después de más de una hora de silencio. — ¿No crees?
—Fue genial, Sammy. No agradable, ¡Genial! ¡Increíble! –Dean aprobó con entusiasmo, haciendo sonreír a Sam.
—Yyyyy, ¿No fue una mala idea forzarte a venir a Lawrence, entonces? –continuó.
—No una mala idea.
—Realmente fue bien.
—Sí lo hizo.
—Yyyyy, ¿Quién es el mejor hermano de todos? –Sam preguntó. Cuando Dean se volvió para mirarlo, sostuvo un dedo delante de él, luego se señaló, con una amplia sonrisa en su cara. Dean rodo los ojos exageradamente y entonces rió entre dientes.
—Tienes razón, amigo. ¡Eres el mejor hermano que he tenido! –replicó.
— ¡Soy tu único hermano, idiota!
—Hey, quién sabe, tal vez tengamos otro hermano en algún sitio –sugirió Dean.
De repente el cayó el silencio, imaginando la reacción de su madre al descubrir que su marido la había engañado.
—Naaaaah –concluyeron. —No estaría vivo.
—Mamá lo contaría en pedazos y lo habría hecho comida para perro.
—Seeeeeh…
Durante la mayor parte del viaje, se mantuvieron en silencio o hablando de su infancia. Pero Dean tenía una pregunta en el fondo de su mente y no sabía cómo romper la brecha para ese tema. Después de girar y girar en su cabeza, finalmente decidió utilizar el enfoque directo.
— ¿Sammy?
— ¿Hmm?
—Cuando le dijiste a papá que eras bi, ¿Cómo reacciono exactamente?
Sam respiró hondo y se giró para lanzarle una mirada a Dean. Su mandíbula se apretó un poco.
—Hubieron muchos gritos, como te puedes imaginar. Mamá estaba totalmente bien con eso. Pero papá, él gritó, diciendo que sólo era una fase, que tenía que elegir y esas cosas. Me estaba quedando una semana con ellos en ese momento, ¡Y pensé que era una gran idea para el primer día!
Rió y sacudió la cabeza, con los ojos fijos en sus manos apoyadas sobre sus rodillas.
—Después de unas errr—duras palabras de papá, me pregunto si estaba viendo a una chica o un tipo. Le dije que estaba saliendo con Gabriel. Se calmó un poco.
Dean frunció el ceño. Eso no tenía sentido.
— ¿Por qué iba ponerse histérico entonces si iba a estar bien si era ese tipo Gabriel?
—Gabe fue quien me ayudó cuando me drogaba. En realidad, me ayudó mucho y ellos sabían de él. Tal vez lo vieron como un ángel salvando a su hijo, no lo sé –se encogió de hombros. —De todos modos, paró de gritar, hizo más preguntas y se quedó en su habitación –se rió. — ¡Eran las tres de la tarde! Y no salió antes de la mañana siguiente.
Se lamió los labios antes de continuar.
—Creo que mamá le hizo entrar en razón porque al día siguiente, estaba bien con la idea de mí siendo bisexual. Pero de repente, Gabriel siendo mayor que yo era un gran asunto –miró de nuevo a Dean. —No lo sé, tal vez necesitaba algo de que quejarse. Sabes que no se está haciendo más joven y siempre le gusto quejarse de esto o aquello. Así que mejor quejarse de la edad de mi novio antes que criticar a su propio hijo –frunció el ceño. —Tal vez.
Dean asintió, escuchando y recordando cuidadosamente todo lo que Sam le dijo.
— ¿Por qué? –preguntó Sam. — ¡¿Estás planeando salir también?!
Dean se burló.
—Pfff, ¿Yo? –rió y subió el volumen lo suficientemente alto como para hablar más fuerte que AC/DC sería inútil.
Llegaron a Chicago tarde en la noche. Se detuvieron en un restaurante pero no permanecieron mucho tiempo. Ambos estaban un poco cansados después de los últimos dos días. No es que hicieran mucho, pero era un poco agotador emocionalmente, especialmente para Dean. En el viaje de regreso, Sam se abrió un poco más. A pesar de no vincularse con esos momentos de chicas, Dean estaba contento de que Sam estaba dispuesto a tratar de ser su mejor amigo de nuevo, como cuando eran niños. Después de todo, y según Sam, había extrañado a su hermano mayor, pero sabiendo que no sería capaz de lidiar con otro de los actos de desaparición de Dean, prefirió mantener su distancia emocional por ahora antes de estar demasiado involucrado. Dean sólo podía entenderlo, aunque todavía le dolía oírlo tan directamente de Sam. Se había reído mientras decía que estaba fuertemente convencido de que Dean tenía que recuperar su confianza. Y Dean sabía que no era una broma, sino sólo una indispensable verdad. Sam concluyó que hasta ahora, Dean en realidad lo hizo genial y estaba más abierto que nunca. Pero el tiempo era clave y Sam se aseguró que llegarían allí. Dean sólo deseaba que tuviera razón.
Una vez terminaron sus comidas, regresaron al departamento de Dean donde compartieron un último 'buenas noches' antes de dormirse, Sam en la habitación de Dean y Dean en el sofá.
Extrañamente, Dean se despertó primero, lo cual era una sorpresa, ya que Sam era generalmente el madrugador. Notó que la luz entraba por las ventanas de la cocina y se dio cuenta de que era casi mediodía. Se levantó y preparó café. Después de unos minutos, comenzó a necesitar su vejiga llena, pero no quería despertar a su hermano. Caminó hasta la puerta de su habitación y tocó dos veces.
— ¡Sí! –escuchó a su hermano contestar.
Cuando Dean abrió la puerta, encontró a Sam duchado y completamente vestido, sentado en su cama recién hecha, con una computadora en sus rodillas y el móvil pegado entre su hombro y oreja.
—Hey, ¿Te importa si uso el baño rápido? –preguntó Dean.
Sam lo miró rápidamente y luego se concentró en su laptop. Hizo señas hacia el baño y frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido –dijo. — ¿Por qué invertiría tanto sabiendo que enfrentarían cargos? –hizo clic furiosamente en su computadora y entonces suspiró. —Mira en Agosto del 2013 y en Septiembre del 2013. ¿Ve eso?
Dean sólo vaciló un segundo antes de apresurarse al baño para aliviarse. Entonces decidió que, como su hermano estaba ocupado con el trabajo, podía ducharse y vestirse.
Treinta minutos después, se sentía mucho mejor. Todo rasurado y un conjunto de ropa limpia, ¡Estaba listo para enfrentar una nueva semana!
Dejó a Sam lidiar con lo que sea que estaba pasando en su trabajo y empezó a limpiar el pequeño desastre que hicieron hasta ahora. Una vez que sus tazas estaban impecables, su sofá parecía un sofá de nuevo y la pequeña mesa que tenía estaba ahora sin polvo, llamó de nuevo a la puerta de su habitación.
— ¿Sammy? –preguntó, sin querer molestar demasiado a su hermano.
— ¿Sí?
Entró en la habitación y vio a su hermano en la misma posición que antes pero ahora su móvil estaba apagado y tumbado en el edredón.
—Trabajo, ¿Huh? –Dean dijo.
Sam volvió a suspirar y Dean empezó a preguntarse cuándo su hermano tomó ese hábito.
—Puedes decir eso. Me tomé el día libre, ¡Pero obviamente esas palabras son desconocidas en su vocabulario! –sacudió la cabeza y miró desde su pantalla a Dean. — ¿Quieres comer algo?
—Sí, ¡Muero de hambre! –declaró. —Pero si estás ocupado, puedo conseguir algo de la tienda y hacer algunos sándwiches o algo.
Sam vaciló, claramente dividido entre su trabajo y su hermano.
—Nah, vamos a comer en algún lugar y puedes mostrarme alrededor, lugares de interés y otras cosas.
— ¿De verdad? –preguntó Dean, incapaz de contener su alegría.
—De verdad –Sam confirmó. —Primera vez en Chicago, ¡Vamos a hacer que cuente!
— ¡Increíble!
No perdieron más tiempo. Sam cerró su laptop en un rápido y un poco molesto movimiento, entonces siguió a Dean. Se pusieron sus chaquetas y menos de un minuto después estaban sentados en el Impala, listos para vagar por la ciudad.
Pasaron toda la tarde conduciendo alrededor, visitando monumentos famosos y edificios como la Torre de la Tribuna, el Teatro de Chicago y el Monumento de Victoria para deleité de Sam. Para miseria de Dean, encontraron un pequeño restaurante que servía frutas y verduras orgánicas. ¡Malditos sean esos smartphones! Pensó Dean. Se negaba a admitirlo en voz alta, pero su berenjena a la parmesana estaba deliciosa.
Cuando llegaron al apartamento de Dean alrededor de las siete, Sam tuvo poco tiempo para preparar su maleta. Afortunadamente, sólo le llevó un par de minutos reunir todo y lanzarlo en su mochila.
Dean condujo al aeropuerto y aparcó al final del estacionamiento, asegurándose una vez más que nadie le haría daño a su Baby. Fueron al mostrador donde Sam recibió su pase de abordaje. Al final, antes de que Sam se dirigiera a la puerta de abordaje, Dean apretujó a su hermano en un abrazo de oso. Durante todo ese tiempo, no hablaron mucho. Sin embargo, cuando Dean finalmente lo soltó, Sam mantuvo una mano en su hombro.
—Dean –comenzó con una débil sonrisa en los labios. — ¿Cómo te sientes acerca de un viaje a San José? ¿Para conocer a Gabe y todo eso? –preguntó, acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja.
Dean sintió que un peso caía de sus hombros.
—Eso sería— ¡Sí! ¡Eso sería increíble! –respondió. — ¡No puedo esperar!
Con una amplia sonrisa, Sam asintió.
—No desaparezcas, Dean –dijo finalmente después de abrazarse una última vez y tuvo que tomar su avión.
Dean salió del aeropuerto sintiéndose más ligero de lo que había estado en años. A pesar de algunos contratiempos a lo largo de la carretera, ¡Este fin de semana fue genial! ¡No podía esperar para contarle a Benny y seguro que Cas se alegraría de oírlo también!
Nunca paró de sonreír, condujo de regreso a su apartamento y cayó en su sofá, luego vio un programa en la televisión. Realmente fue un gran fin de semana.
El miércoles llegó demasiado rápido y demasiado lento. Dean logró permanecer ocupado todo el martes y llamó a Benny para contarle su fin de semana. A pesar de estar contento por Dean, su viejo amigo parecía un poco raro, pero cuando lo preguntó, dijo que sólo estaba cansado. Dean sabía que no debía presionar, Benny vendría a él si fuera necesario. Bueno, esperaba que lo hiciera.
Cuando se sentó frente a Castiel, esperó ansiosamente a que el no-doctor le preguntara por su fin de semana. Castiel debió de percibirlo mientras le daba una sonrisa cómplice cuando finalmente le preguntó.
— ¡Fue increíble! –le dijo Dean, con una enorme sonrisa en los labios. —Tengo que decirte, Doc, estaba un poco… –vaciló.
— ¿Asustado? –sugirió Castiel. —Todavía no un doctor –agregó.
— ¡No asustado! –Dean rechazó antes de derrumbarse. —Vale, asustado de mierda –suspiró, secándose las manos en sus jeans. —Viendo a mi hermano, luego a mis padres… después de todos estos años. ¡Estaba bastante seguro que Sammy me golpearía! –se rió. — ¡Mi papá también! Pero no. Fueron fríos al principio, lo cual es lógico supongo, entonces fue realmente agradable. Como cuando era un niño, ¿Sabes?
Castiel asintió, con una mirada comprensiva en los ojos.
—No esperaba que te encontraras con tus padres todavía –admitió. —Realmente es un gran paso en la dirección correcta –entonces alentó a Dean a hablar más.
—Sí, supongo –se rió entre dientes. —Y mi papá estaba… ha cambiado –confesó.
— ¿Para mejor? –preguntó Castiel.
—Sí, eso creo. Es menos, errr… no sé. Pero ahora está bien.
— ¿Qué hay de tu madre?
Dean bajó la vista hacia sus manos sobre sus muslos. Sabía que estaba sonriendo pero no podía retenerse. Estaba feliz.
—Ella está bien –dijo. — ¡Está incluso mejor! ¡Ella es increíble!
— ¿Les dijiste a tus padres de tu experiencia? –preguntó Castiel.
—Tenía que hacerlo –explicó Dean. — ¡De lo contrario me arrojarían a los lobos!
— ¿Les dijiste todo? –insistió.
Dean frunció el ceño un poco, no completamente seguro de lo que Castiel quería decir. Tal vez de Lisa y Ben. ¿O de sus acciones?
—No –respondió. —no todo.
Castiel asintió y escribió unas cuantas palabras en su libreta. Luego hizo varias preguntas sobre el tiempo con sus padres, con su hermano, cuáles eran sus planes. Las respuestas de Dean debieron ser satisfactorias porque vio una pequeña sonrisa en la comisura de los labios de Castiel. Aparentemente hizo lo correcto. Bueno, gracias a Sammy empujándolo, lo hizo.
Hablaron un poco más y finalmente terminaron su sesión con Dean hablando de algunos de sus recuerdos de la infancia, como solía dar una vuelta en su bicicleta con Sam en el manubrio, esa vez que se estrellaron tan fuerte que Dean pensó que Sam se había roto el brazo. O cuando Sam trajo a Casa un perro callejero cubierto de pulgas y descubrieron que su papá tenía una severa alergia.
—Esos son buenos recuerdos, Dean –comentó Castiel cuando la hora estaba casi terminada.
—Sí, lo son –dijo Dean, sonriendo. —Con Sammy, estábamos planeando reunirnos de nuevo alrededor de Navidad. Esta vez con su novio. Parecer un tipo difícil.
—Estoy seguro de que lo pasarás muy bien –le animó Castiel.
La llamada llegó el lunes en la mañana. Era poco después de las diez. Dean bebía su tercera taza de café mientras pensaba en una actividad que realmente debería hacer. Tal vez conseguir una subscripción en un gimnasio o algo así. Se estaba poniendo seriamente aburrido como los días pasaban y ya había visto todas las repeticiones de sus programas de televisión favoritos. Tan pronto como su teléfono sonó, salto para responder.
— ¡Hey Benny! ¿Qué pasa? –preguntó. — ¿Todo bien?
—Mejor que nunca, hermano –respondió la grave voz de su amigo. —Tengo buenas noticias en realidad.
Se sentó un poco más recto, su mente inmediatamente imaginando algo acerca de conseguir ese maldito papel de Cas, pero no se atrevía a tener sus esperanzas demasiado altas.
—Está bien, dispara.
—Acabamos de salir de una reunión con el Capitán Singer. Tuvimos una llamada con Castiel Novak.
—Vale…
—El Cap recibió su firma para restablecerte el viernes pasado. Necesitaba algunas aclaraciones sobre… –Benny respiró hondo. —Acerca de Lisa y Ben –finalmente admitió. — ¡Pero parece que estás todo bien!
—Así que… ¿Qué? ¿Puedo volver a la comisaria? ¿Mañana? –preguntó Dean, sin creer realmente lo que estaba oyendo, e intentando lo mejor que podía para cerrar la luz en su corazón.
Benny soltó una carcajada.
—No tan rápido, hermano, pero sí. Puedes regresar. El Cap está presionando para que todas tus cosas y escritorio estén listos para la semana que viene. Al parecer, ya había pedido algunas cosas el día que tu asignación terminó.
Dean asintió. Eso era mucho para aceptar. Realmente necesitaba agradecer a su jefe. El Capitán Singer era realmente el mejor.
—El Cap dijo que tenías que mostrar tu horrible taza—sus palabas no las mías—el próximo lunes, quiere revisar algunas cosas contigo antes de que empieces oficialmente –Benny explicó. — ¿Feliz ahora?
— ¡Sí! Eso es… ¡Es increíble! ¡Gracias Benny! ¡Eres un verdadero portador de buenas noticias!
Escuchó que su amigo se reía. Dean no podía estar más contento en este momento.
—Bueno, ya es hora de que empieces a trabajar de nuevo, juro que si recibo otra foto de una cerveza de tu parte, ¡Voy a empujarla por tu garganta!
—Hey, ¡Te encanta la cerveza! –Dean protestó. — ¡Todas las etiquetas era un poco geniales también!
—Sí, es cierto, hermano. ¡Pero no diez cada maldito día! ¡De verdad necesitas un pasatiempo!
Dean soltó una carcajada. Benny tenía razón.
—Bueno, tus problemas pronto desaparecerán. ¡Empezando el próximo lunes! –bromeó.
Benny dejó salir una exhalación brusca, pero Dean sintió que algo estaba mal.
—Hey, Benny. ¿Estás bien? –preguntó, un poco más serio.
—Sí, estoy bien –se quedó en silencio unos segundos antes de soltar un gran suspiro. —Andrea está… No sé, hombre. Ella no está feliz. No sé por qué. Ha estado cortante desde hace unas semanas y no me dice por qué.
—Oh… eso apesta, viejo. ¿Tal vez necesita un cambio de ritmo? ¿Cuándo fue la última vez que tuvieron una buena escapada, sólo ustedes dos? –juró que podía escucharle hacer una mueca. —Sí, eso es lo que pensé. Tienes que estar más presente para ella.
—Sí, lo sé. Le preguntare, tal vez un buen fin de semana en el bosque, en una bonita cabaña.
— ¡Buena idea! ¡Se te ocurrirá algo! –Dean le animó.
Ellos intercambiaron un par de bromas y entonces colgaron después de que Dean prometiera estar en la oficina del Capitán Singer el próximo lunes, a las nueve en punto.
Se dejó caer en el sofá. Eso fue todo. Finalmente. Estaba uniéndose nuevamente a la fuerza. Como un peón, policía de tránsito o algo como eso, pero simplemente no le importaba. ¡Estaba de vuelta y esa fue la mejor noticia de la semana! Bueno, era sólo lunes pero estaba seguro que nada podía ser mejor.
Dean pasó todo el martes dando vueltas en su diminuto apartamento. Había limpiado, llamado a Benny, llamado a Sam, llamó a sus padres que estaban un poco sorprendidos, ya que no esperaban que les diera noticias tan pronto pero todavía contentos de saber acerca de su reintegración a la fuerza. Dudó en llamar a Castiel pero supuso que ya sabía. Benny también le confirmó que ya no necesitaba ir a verlo mientras el documento estaba firmado. Ese fue el fin de su cita semanal a la cual Dean estaba un poco triste y aliviado.
Pero todas sus actividades no impidieron que sus pensamientos se acercaran a la persona en la que no quería pensar. Lisa. Quería verla, para finalmente aclarar todo diciéndole la verdad. En realidad, lo necesitaba más de lo que quería. Supuso que eso era lo que la gente llamaba "esperar clausura". Aunque sabía que verla nuevamente rompería su corazón. Realmente le importaba mucho y amaba su hijo como si fuera suyo. Era su familia, si lo quería como parte de la suya o no. Además, una pequeña parte de su maltrecho ego buscaba el perdón y tal vez si supieran que no era parte de la mafia, entonces tal vez… tal vez…
No se atrevía a esperar o incluso a ir más lejos en su discurso interno. Por eso decidió reunirse con ellos al día siguiente.
Se despertó temprano, se duchó y se puso su ropa de la suerte. Una vieja camiseta de AC/DC con unos mismos viejos jeans y su chaqueta de cuero marrón. No se detuvo demasiado a pensar si estaba haciendo lo correcto o simplemente se estaba liberando. Evitó específicamente pensar en su reacción.
Después de una hora de viaje, llegó a su casa. Nada había cambiado en los casi dos meses que había desaparecido. Caminó hasta el frente y tocó, el sonido de su latido casi ensordecedor en sus oídos. Sus palmas estaban sudorosas como nunca antes. De repente, sintió la necesidad de girar sobre sus talones y huir. Esta fue una mala idea. ¡Una terrible idea! Se obligó a rectificar. ¡Podía hacerlo! Después de ver a sus padres luego de cinco años, ¿Qué tan difícil podía ser?
Muy difícil.
La puerta se abrió y Lisa se paró frente a él. Maldita sea, es hermosa, pensó cuando puso los ojos en ella. Todavía llevaba el cabello negro y largo, y sus habituales pantalones de yoga con una camiseta blanca.
— ¡Dean! –sonrió, lo cual hizo que todos sus pensamientos se detuvieran. Ciertamente no esperaba alegría de su parte después de este tiempo. — ¡Adelante! –dijo, sonriendo mientras lo conducía.
—Huh, claro –murmuró.
Cerró la puerta detrás de él y luego caminó hacia la cocina donde se quedó de pie un poco incómodo, sin saber que decir.
—Hey Lis. ¿Cómo has estado? –finalmente se las arregló para preguntar.
—Bien. ¡En realidad genial! –dijo. —Después de lo que pasó con la organización, nunca había sido tan pacífico.
—Sí, me imagino…
—Desde la semana pasada, permito a Ben jugar afuera con sus amigos. Cerca de la piscina.
— ¡No puede ser! –Dean exclamó. — ¿Lo haces? –Bueno, eso era una sorpresa. El parque estaba al lado del bien conocido punto de encuentro de la organización de Crowley. Había estado desierto durante mucho tiempo por temor a las balas perdidas. Nunca eres demasiado cuidadoso cuando la mafia es tu vecino.
—Sí. Está realmente tranquilo. No sé por cuánto tiempo, pero es hora de que todos nos divirtamos, tengo una barbacoa el próximo domingo con amigos de la clase de yoga.
—Wouah, bien por ti Lis –dijo Dean, muy feliz de ver que todavía tenía su vida junta, incluso después de que él se fue. Una vez más ignoró el pinchazo en su corazón. Un tipo diferente esta vez.
Ella asintió pero su sonrisa cayó un poco.
—Honestamente no esperaba verte de nuevo –admitió.
Dean soltó una sonrisa triste. Se suponía que no mostraría su rostro de nuevo.
—Entonces… ¿Qué es? –preguntó. — ¿Pandilla rival? ¿Policía? ¿O lograste escapar?
Le dio una sonrisa débil.
—Policía –confesó.
Ella hizo un 'hmmm' y asintió.
—Tiene sentido. ¿Te infiltraste en la organización o los policías te reclutaron? –preguntó.
—Infiltrado.
Asintió de nuevo.
—Eso pensaba –entonces sonrió de nuevo. —Supongo que debo agradecerte a ti y tus amigos por limpiar este desastre, entonces.
—Huh, seguro… –frunció el ceño. — ¿No estás enojada? –preguntó.
Se encogió de hombros.
— ¿Por qué?
— ¿Porque mentí? –vaciló.
Lisa soltó una larga risa y luego se acercó a Dean y le puso una mano en el hombro, con los ojos amables y una sonrisa en los labios.
—Sabía desde el principio que no era un tipo de los de Crowley. Sólo no estaba segura si era un rival o un policía. Honestamente, Dean, esperaba que fueras un policía –su sonrisa creció. — ¿Te quedarás para el almuerzo? Ben estará encantado de verte.
— ¿Sí? Si te parece bien. ¿Sabe Ben? –preguntó de pronto.
Ella asintió.
—Le dije. Tuvo tiempo para adaptarse.
Dean guardó silencio, con los ojos bajos. Un torbellino de pensamientos en su mente, no sabía qué decir.
—Se preocupa por ti, Dean –dijo ella con una voz suave, dejando su hombro. —No le importaba que fueras un policía o un criminal o lo que sea. Realmente disfrutaba pasar tiempo contigo.
Asintió, pero no logró hablar.
—Él entiende –continuó con el mismo tono. —Comprenderá que no puedes quedarte con nosotros.
—Es un buen chico –dijo Dean con una sonrisa. — ¡Es un gran chico!
—Lo es –aprobó con una sonrisa antes de dar la vuelta y abrir la alacena para tomar dos tazas. Las colocó frente a ellos y encendió la cafetera.
—Siéntate –le dijo a Dean. —Tenemos que hablar.
Dio un paso adelante y se sentó en la silla alta frente a él, donde solía sentarse durante todos esos años. Era familiar y extraño al mismo tiempo. Este ya no era su lugar, solo era un invitado. Tal vez siempre lo fue.
Lisa sirvió café en ambas tazas y colocó una delante de Dean.
—Extra fuerte para ti –dijo con una sonrisa.
—Gracias Lis.
Se quitó la chaqueta y se sentó un poco más cómodo. Esto iba a tomar algún tiempo ahora que su cerebro lentamente comenzaba a funcionar de nuevo.
— ¿Cuándo lo sospechaste? –preguntó después de que ella tomara su asiento habitual a su lado.
Ella pensó, sus ojos entrecerrándose ligeramente, tratando de recordar el momento exacto.
—Cuando Crowley vino con sus matones, preguntando dónde habías estado –dijo. —Me rodeaste los hombros con tu brazo y le dijiste que habías estado ocupado toda la noche. Crowley no te creyó enseguida –admitió. —Regresó después de que te fuiste y volvió a preguntar. Le dije que pasaste la noche conmigo –explicó. —Lo cual fue mitad verdad cuando apareciste en mi puerta al amanecer- así que técnicamente, era de noche.
—Mentiste –Dean se dio cuenta. —Y me salvaste el trasero.
Ella rió entre dientes.
— ¡Tu trasero vale la pena salvar Dean!
Sonrió.
—Ni siquiera estuvimos juntos en ese entonces –recordaba esa noche muy bien. Demasiado bien realmente y no quería más recordatorios.
—Hmm. De inmediato supuse que eras un policía o un miembro de una pandilla rival. De cualquier manera sería mejor para Ben y para mí tenerte alrededor –explicó.
— ¿Es por eso que saliste conmigo? –preguntó, frunciendo el ceño.
—No –Lisa admitió. —Realmente me gustabas. Eras simpático y encantador, eso es seguro. Pero fuiste amable con Ben y… bueno… ¿Mencione tu trasero? –rió. —Tenernos bajo la protección de una pandilla rival o la policía era una ventaja que debía tener en cuenta –se detuvo y miró a Dean con sus intensos ojos oscuros. —Realmente me gustabas, Dean –repitió. —Nunca mentí.
— ¿Gustaba, huh? –dijo Dean con una sonrisa triste.
—Te gustaba también –imitó con énfasis en el verbo. —Pero nunca fue amor. No así.
—Se sentía así –murmuró Dean antes de agarrar su taza y tomar un sorbo.
Lisa no hizo comentarios ni un gesto reconfortante, lo cual en realidad era lo que Dean necesitaba. La simpatía no estaba en cuestión ahora, sus sentimientos eran demasiado como un tumulto.
— ¿Qué estabas haciendo aquella noche? –preguntó finalmente. —Si recuerdo bien, ¿Crowley estaba buscando un tope? ¿Alguien que mató su número cuatro?
Dean asintió.
—Fue una noche jodida. Crowley quería que interrogara a un tipo que era sospechoso de ser un topo. Sólo me fui por cinco minutos y cuando regrese, su número cuatro había sido asesinado. Al parecer, trabajaban juntos o algo así. Así que tuve que dispararle porque tengo la peor sincronización. Y no había manera de que Crowley me hubiera creído. Llamé a mi contacto y le conté todo sobre eso. Él vino, me ayudó a escenificar todo como si los Hellers hubieran matado a los dos. Mientras tanto llamé a Crowley y le dije que el número cuatro pedía que condujera el resto del interrogatorio. Por un milagro, me creyó. No lo sé en realidad, fue un gran desastre. Me fui con Benny y me emborraché. No podía mostrar mi cara ahí de nuevo. Cuando me desperté tenía como treinta llamadas perdidas de Crowley.
— ¡Entonces realmente fui tu coartada! –ella exclamó. —Deberías habérmelo dicho desde el principio.
—No quería involucrarte, ni a Ben. Ten quería a salvo, Lis.
—Tú nos involucraste en el momento en que apareciste en mi puerta –le corrigió.
Bajó la mirada. Ella tenía razón. Los puso en peligro tantas veces y aún así le dio la bienvenida.
— ¿Te arrepientes? ¿De nosotros? –finalmente preguntó, porque necesitaba oírlo de ella, aunque terminara con el corazón roto.
—No –respondió con honestidad. —Nunca- lo que tuvimos fue bueno. Siempre estuviste ahí para Ben. Eres buena persona. Dean. Así que no. No me arrepiento de nada.
Dean levantó la mirada y vio que se quedaba sin habla.
—Pero ya ha acabado –terminó.
—Se acabó –confirmó. —Todavía espero verte de vez en cuando.
Dean no pudo reprimir un suspiro con una sonrisa triste.
—Me estás dando el discurso de 'vamos a ser amigos'.
— ¿Es tan malo? –preguntó, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. — ¿Tenerte en nuestras vidas?
Sacudió la cabeza.
—No, me gustaría eso –confirmó. —Además, ¡Ben todavía no es tan bueno en el póquer!
— ¡Sobre eso! –intervino ella con una sonrisa. —Mejor no, ¿Vale?
Dean se encogió de hombros con una sonrisa astuta.
—Dejare que Ben decida.
Ella rió y tomó un sorbo de café.
— ¿Qué sigue para ti?
— ¡Unirme a la fuerza otra vez! Me enteré de las noticias ayer. ¡Seré oficialmente un policía!
—Felicitaciones, supongo.
—Gracias.
Ellos intercambiaron una larga mirada. Dean cayó primero y frunció el ceño hacia su taza.
—Si bebo una gota más, ¡Empezare a escuchar colores y ver en cuatro dimensiones! Tengo que acostumbrarme al café malo ahora. Al parecer el de la comisaria es una mierda.
—Oh, tu vida es tan difícil… –se burló ella.
— ¡El café es importante! –insistió. —Además, he oído que sólo tiene donas, ¡No pay! ¡Inconcebible!
Ella rió y asintió seriamente.
—Indignante –estuvo de acuerdo.
Continuaron su conversación durante casi dos horas. Charlaron sobre nada y todo. Dean se enteró de que casi consiguió suficiente dinero para inscribirse en una escuela de enfermería el próximo septiembre. Fue capaz de apoyar tanto a Ben como a ella misma durante los dos años. Cuando le preguntó porque nunca le dijo a Dean, ella sólo admitió que nunca pensó que sería capaz de vivir sin preocuparse de Crowley. Divulgó la existencia de su hermano y sus padres, dando algunos detalles sobre ellos pero todavía contando la historia entera de su encuentro después de cinco años.
Unos minutos después de mediodía, Ben regresó a casa a almorzar. Su primera reacción al ver a Dean fue abrazarlo con fuerza. Dean sintió que sus ojos picaban un poco pero trató de hacer lo mejor para no demostrarlo. Lisa apartó la mirada y él le agradeció silenciosamente por eso. Cuando recuperó la compostura, trató de echar un mejor vistazo a Ben.
—Hey, ¿Te has convertido en un pulpo de algún tipo mientras yo estaba fuera? –bromeó.
—Volverás, ¿Verdad? –preguntó Ben inmediatamente. — ¿No te iras de nuevo?
Dean respiró hondo.
—Amigo –empezó pero Ben lo interrumpió.
—Ahora que Crowley se ha ido, ¡Puedes quedarte! –insistió. — ¡No hay razón para que te vayas!
Dean sacudió la cabeza.
—Hay está, lo siento.
Ben apartó a Dean y se volvió para mirar a Lisa.
— ¡Mamá! –el llamó. Pero Lisa le dedicó una sonrisa triste.
—Ben, ahora las cosas son diferentes –Dean explicó. —Y es lo mejor para ti y tu mamá. Y…
— ¡No! –Ben interrumpió de nuevo. — ¡No nos importa si eres un Heller o lo que sea! Es… ¡Es mejor cuando estás por aquí! ¡Mamá, dile!
—Ben, hemos hablado de esto –dijo ella con voz suave. —Dean se está mudando, pero no significa que no vaya a vernos de nuevo.
— ¡Cierto! –Dean aprobó.
— ¡Bueno esto apesta! –Ben escupió y giró sobre sus talones para correr escaleras arriba, azotando la puerta de su habitación.
—Eso fue bien –comentó Dean con una mueca. —Será mejor que hable con él.
—Vendrá, pero sería bueno que tuvieras una buena charla con él –aprobó Lisa. —So te escucha, entenderá.
Dean asintió, luego vaciló.
—Lo siento Lis.
Ella sonrió y negó.
—Ambos sabíamos que estaba destinado a suceder. Las cosas son diferentes ahora. Y sin Crowley sobre nuestras cabeza, podemos realmente elegir nuestra vida.
Se quedó allí unos segundos, mirándola, contemplando su dulce sonrisa, sus expresivos ojos. Su corazón dolía a pesar de saber que este momento tenía que suceder. Bajó la mirada. Sabía exactamente lo que estaba perdiendo y realmente no quería afrontarlo.
—Voy a ir –anunció y se dirigió hacia las escaleras. Oyó que Lisa servía más café en su taza.
Dean llamó a la puerta del dormitorio de Ben.
—Voy a entrar –dijo y abrió ligeramente. Cuando ninguna protesta vino, entró en la habitación para ver al niño acurrucado en su cama. —Hey, Ben. ¿Podemos hablar por un minuto?
— ¿Te vas? –preguntó el chico.
—Sí, lo siento.
—Entonces no hay nada de qué hablar –decidió.
Dean se rió entre dientes. Realmente no pudo evitarlo. Ese pequeño que actuaba como un adulto duro, con su cara redonda y ojos inocentes.
—Muy bien, amigo, muévete –dijo y se sentó al lado de Ben. —Primero, no soy un Heller. Soy un policía. Estuve encubierto desde que me uní a la organización de Crowley –explicó mientras Ben volteaba ligeramente la mirada hacía él, intrigado. —En segundo lugar, lo que tu madre y yo tuvimos fue genial, pero tenemos que seguir adelante, ¡Pero eso no significa que dejé de preocuparme por ella y por su mocoso! –añadió con una sonrisa burlona.
—Deeeeaaaaan –Ben suspiró mientras rodaba los ojos, haciendo que el corazón de Dean se apretara un poco más. Echaría de menos sus pequeñas burlas y bromas internas. — ¡Sucedió una vez!
— ¡Sí y mi camiseta todavía lo recuerda! –Dean bromeó.
—Eres patético.
—Hey, ¡Eso es injusto! ¡Soy el chico más genial!
Ben rodó los ojos de nuevo, con énfasis.
—Hey, Ben –Dean empezó, más serio. —Todavía estoy aquí para ti, puedes llamarme en cualquier momento y yo vendré directo. ¿Escuchaste? Estoy a sólo una llamada telefónica.
Ben evitó su mirada y jugó con su manta por unos segundos.
— ¿No es por algo que hice? –preguntó finalmente con una voz tan baja que Dean casi la perdió.
— ¡Por supuesto que no! –Dean exclamó. —Ben, es solo… así es como es. Volveré a ser policía y tu mamá podrá vivir su vida sin tener que preocuparse por Crowley. Y tú, puedes crecer sin los matones de Crowley andando por ahí. Es lo mejor, de verdad.
El chico emitió un hum, luego volvió a mirar a Dean.
—Te echaré de menos, Dean.
Dean sintió que sus ojos picaban.
—Yo también te extrañare, amigo –hizo todo lo posible para que sus emociones no salieran. Tenía que ser fuerte. ¡Maldición! Realmente amaba a ese niño. —Recuerda, sólo a una llamada, ¿Vale?
Ben asintió, pero su rostro solo mostraba tristeza, que era demasiado para Dean. Se aseguró de que Ben estuviera bien, entonces dejó al niño con sus pensamientos. Volvió a bajar las escaleras e intercambió algunas palabras con Lisa que preparaba el almuerzo. Le dio su número de teléfono y le dijo que se lo pasara a Ben una vez que se sintiera mejor. Se abrazaron y Dean se fue después de que Lisa le asegurara que iba a empacar sus cosas y llamar cuando estuvieran listas. Se negó a quedarse para el almuerzo. Ambos sabían dónde dibujar la línea y esas horas habían sido bastantes emocionales.
Se sentó detrás del volante y encendió el Impala, con el corazón pesado y una silenciosa lagrima corriendo por su mejilla. Los amaba tanto, aunque había sabido por un tiempo que sus sentimientos por Lisa no eran del tipo que ella se merecía ni de la clase que pudiera darle.
Volvió a su apartamento y comenzó a beber, vaciando toda la cerveza que había almacenado antes. Sus emociones estaban por todas partes y no tenía de cómo tratar con ellos. Cuando empezó a resentir hacía Lisa por no quererlo de vuelta, se dio cuenta de que tenía que aclarar su cabeza. Tomó su teléfono y empezó a marcar el número de Benny, terminando la llamada justo después de que conectara. Justo recordaba que su mejor amigo tenía algunas dificultades con su esposa, así que realmente no era el momento de ayudar el corazón roto de Dean. Además, hablar con Lisa acerca de esa famosa noche dirigía otros sentimientos que deseaba enterrar profundamente. Luego pensó en llamar a Sam. Pero entonces, por qué molestarlo cuando sentía que realmente no merecía su perdón todavía. Entonces, ¿Tal vez Bobby? Lo había ayudado de vez en cuando. Pero ya escuchaba la gruñona voz diciendo "¿Qué quieres que yo haga, idiota?"
Se sentía como una botella de champagne, listo para explotar, sus pensamientos dando vueltas desde Lisa, hacia Ben, luego hacia Benny, regresando a Lisa. Cuanto más trataba de dejar de pensar en ellos, más estúpido se sintió por no poder manejarlo. De repente, se dio cuenta de que había alguien a quien se le pagaba por escucharlo.
Dejó su cerveza medio vacía sobre la mesa y agarró su chaqueta antes de bajar corriendo las escaleras. Se apresuró a su coche y encendió el motor. Con un largo chirrido de neumáticos, se dirigió a la oficina de Castiel Novak. Ese era un tipo que lo escuchaba y no lo juzgaba. Sí, ¡Eso era!
Después de aparcar el auto frente al edificio, se dio cuenta de que ya estaba oscuro. ¿Cuánto tiempo pasó en autocompasión y auto-odio? Se preguntó. Miró la fachada y logró determinar qué ventana daba a la oficina de Castiel. Era la que estaba frente a la salida de emergencia del segundo piso. La luz seguía encendida, así que a pesar de la hora avanzada, Castiel seguía trabajando. Dean vaciló. Todavía podía estar con un paciente, o un cliente, o lo que sea como les llamaba. Decidió esperar. Como ya eran pasadas las ocho, apostaba que Castiel daría el día por terminado. Entonces Dean saltaría y… ¿Y qué? ¿Soltarle sus emociones a la cara? Bufó. Sí, eso funcionaria…
Encendió el estéreo, tarareando a Led Zeppelin. Después de media hora, realmente empezó a dudar de su plan. Tamborileó los dedos en la puerta, la ventana abajo, entonces decidió esperar unos minutos más.
Eran casi las nueve cuando una señorita salió del edificio, la primera persona que lo hizo en realidad. Inmediatamente, Dean reconoció a la secretaria. Saltó fuera de su auto y se acercó a ella. Tan pronto como entró en su línea de visión, sus ojos le lanzaron dagas, hasta que ella lo recordó, sonrió, levantando una ceja.
—Sr. Winchester –comenzó a decir. —que sorpresa, ¿Olvidaste algo?
— ¡Hola! Errr… ¿Señorita? –Dean respondió. —No, no, nada, sólo… ya sabes… estaba por el vecindario…
Maldición, eso es estúpido, pensó. ¡Contrólate!
Ella espero con un 'huh' no c0omprometido.
—Sí. Errr… ¿Cas sigue trabajando? –se las arregló para preguntar, con la esperanza de que no pareciera amenazante ni extraño de algún modo.
Levantó ambas cejas y lo miró, juzgándolo en silencio. Bueno, demasiado para parecer normal.
— ¿Cas… tiel Novak? –preguntó finalmente. —Todavía sigue trabajando. Siempre trabajando demasiado. ¿Por qué?
Dean podía sentir una amenaza detrás de esa sola pregunta.
—Sólo quiero hablar con él, ya sabes… sobre cosas y eso.
—Si se trata de la factura, se ha enviado y el acuerdo se firmó por tu departamento. No aceptamos ninguna solicitud de descuento –explicó un poco más fríamente de lo que Dean había esperado.
—No, no, eso no es. Es…
—Se da cuenta de que ha completado su tiempo con el Sr. Novak. Tendrá que reservar más tiempo y firmas un nuevo contrato –dijo.
—No, sí. Lo sé –Dean admitió. —Pero… todavía está aquí, ¿Verdad?
Ella soltó un suspiro.
—Por supuesto, lo está. Se marchara dentro de una hora más o menos.
— ¡Vale! Vale… gracias… –Dean susurro. Una hora. Podía esperar. Podía hacer eso. Mejor esperar el no loquero que pasearse sin rumbo en su pequeño apartamento. Miró hacia arriba. La ventana todavía estaba alumbrada. Empezó a caminar a su auto, pero se sentía incómodo. Cuando se volvió a mirar a la secretaria, no se había movido ni un solo paso, con los ojos clavados en él.
—Espero que no necesite amenazarte –empezó. —, por si algo le ocurre.
Sacudió la cabeza.
—De verdad, ¿Crees que me veo como si le haría daño? –¿Estaban realmente teniendo esta conversación? Por la mirada que le dio, en realidad no confiaba en él. Sorprendentemente, el vello de la nuca se le erizó, de la misma manera que cuando tenía que encontrarse con personas peligrosas en la organización de Crowley o con algunos rivales o asociados. Asintió. —Es sólo una charla –le aseguró. —Dos minutos, ¡A lo mucho!
—Lo que sea… –ella agitó su mano y siguió su camino alegremente. Bueno, ahora él estaba advertido.
Se sentó en el asiento delantero de su auto y espero. ¿Cas realmente trabajaba así de mucho? Posiblemente sólo comenzó tarde el día.
Escuchó de nuevo el mismo álbum de Led Zeppelin y lentamente empezó a pensar que hacía demasiado lío de algo muy pequeño. Verdad, se encontró con Lisa y Ben. Verdad, oficialmente rompieron. Verdad, eso dolía como el carajo. Verdad, recordaba esa jodida noche. Verdad, eso dolía todavía peor, pero como un dolor sordo que nunca se iba y te recordaba su presencia cada día de lluvia. Verdad, sus pensamientos seguían ando vueltas. Suspiro. Era un desastre.
Después de un largo rato, la luz finalmente se apagó. Al instante, Dean salió del Impala, le puso seguro y se paró en la acera, junto a la cerca que separaba la calle del otro estacionamiento con un montón de sombríos autos. Sólo tomó un par de minutos antes de que Castiel saliera del edificio con un abrigo mal ajustado y caminara hacia Dean, un profundo ceño fruncido en su frente.
—Hey, Cas –Dean saludó tímidamente.
—Hola Dean –Castiel respondió. — ¿Todo está bien?
¡No! Dean quería gritar. ¿Pero por dónde empezar? De repente se sintió desorientado acerca de qué decir. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero y miró sus pies, tratando de encontrar las palabras. ¡Su idea de venir era la más estúpida que había tenido! ¡Y tenía bastantes! Dónde empezar. ¿Dónde empezar?
Di algo. ¡Lo que sea!
—Vi a Lisa y Ben –soltó, evitando la mirada de Castiel.
El tiempo se detuvo. Dean no se atrevió a alzar la vista y Castiel permaneció en silencio. Parecía que todo el mundo se detuvo, esperando la reacción de Castiel ante la estupidez de Dean. Finalmente, Castiel dejó escapar un suspiro.
—Ya veo… –paro, aparentemente buscando sus palabras. —Hay un restaurante al final del camino. ¿Te gustaría acompañarme? –preguntó.
Dean asintió y al fin alzó la vista. La expresión de Castiel era todo negocio, aparte del pequeño ceño fruncido que Dean leyó como preocupación.
—Me gustaría –respondió, sabiendo que Castiel estaba extendiéndole una mano amiga.
Castiel dio media vuelta y Dean lo siguió. Caminaron por la calle, cruzando la concurrida carretera y llegaron al restaurante que parecía ser una especie de cadena que ofrecía autoservicio. Sin embargo, había algunos asientos disponibles y gracias a que era tarde, la mayoría de ellos estaban vacíos.
Estaban siendo conducidos por una joven camarera, claramente sobrecargada pero todavía intentaba ser alegre. Justo ahora, a Dean no le importaba su actitud, sólo necesitaba hablar con Castiel. Su energía le dio un ligero nerviosismo. Antes de que pudiera decir algo, Castiel ordenó dos cafés, negros. Luego ella dejó los menús delante de ellos.
En cuanto regresó al mostrador, Castiel se volvió hacia Dean y asintió solemnemente.
—Por favor –dijo. —cuéntame todo.
Con toda la atención de Castiel, su grave mirada completamente enfocada en él, rompió la brecha. Empezó a explicar cómo necesitaba verla, decirle la verdad sobre él y su trabajo, hablar con Ben. Se detuvo para preguntarle a Castiel qué información tenía sobre ellos.
—Sé lo suficiente –dijo Castiel. —Continua, por favor.
Dean le explicó lo que Lisa le dijo, cómo Ben reacciono, mientras Castiel escuchaba atentamente.
— ¿Cuánto tiempo estuviste con Lisa? –preguntó.
—Casi tres años. Más o menos, dos y una gran mitas. ¿Creía que tenías los detalles?
Castiel asintió.
—Tengo cierta información. Ellos no incluyeron detalles específicos de tu vida sentimental.
— ¿Así que mi vida sexual está en los registros oficiales? Eso es encantador… –Dean gruñó.
Castiel se abstuvo de rodar los ojos.
—Al contrario, lo informes eran en su mayoría vagos en ese tema, lo cual es sorprendente, ya que normalmente todo es detallado. Tal vez algunas partes han sido redactadas antes de que se me entregaran. Pero dudo mucho que fuera el caso. Tu archivo es muy detallado, excepto por esa parte.
Dean apenas ocultó su sonrisa detrás de su mano. Sin duda era el trabajo de Benny. Tendría que agradecer a su amigo más tarde. ¡Hablando de agradecer!
—Hey, no te he agradecido todavía. Por la carta. Así que… gracias.
Castiel le sonrió y asintió una vez.
—De nada, Dean.
— ¿Qué te hizo cambiar de opinión? –pregunto Dean.
—Tú –viendo la desconcertada cara de Dean, Castiel continuó. —Llamase a tu hermano, te encontraste con él, entonces el mismo fin de semana fuiste a ver a tus padres. Cuando viniste por primera vez a mi oficina, lo único que importaba en tu vida era tu trabajo. Te tomó un tiempo, pero finalmente estás en el camino correcto donde tu familia, las mismas personas que fueron toda tu vida antes de la asignación, también es importante.
Dean negó, incrédulo.
—Así que, ¿Qué? ¿Querías que fuera el mismo tipo que era antes del trabajo?
—No, por supuesto que no. Quería que volvieras a conectar con las personas que una vez significaron el mundo para ti. También compartir tu experiencia con ellos, abrirte y pensar en el futuro –Castiel le explicó con voz suave. —Para ser honesto, Dean, te volviste a conectar y avanzaste mucho más rápido de lo que yo pensé.
Dean resopló y rodó los ojos.
—Avanzar, huh. He escuchado mucho eso últimamente.
Antes de que Castiel pudiera responder, la camarera estaba de vuelta, con sus tazas de café en mano. Las puso sobre la mesa de plástico y luego tomó un bloc de notas para tomar su orden.
— ¿Listos para ordenar? –preguntó con una enorme sonrisa.
—Una hamburguesa con queso y papas fritas, por favor –contestó Castiel, lo cual le sorprendió a Dean, ya que ni siquiera habían mirado el menú.
—Lo mismo con tocino –dijo Dean.
La camarera tomó sus órdenes y sonrió de nuevo.
— ¡Ya viene!
Castiel miró a Dean, sus ojos increíblemente azules con la luz de neon sobre sus cabezas.
— ¿Qué? –preguntó Dean, un poco a la defensiva.
—Los términos de tu relación con Lisa cambiaron en el momento en que la organización de Crowley fue arrestada –Castiel aclaró.
— ¡¿Los términos?! –Dean se burló. — ¡No firmamos un acuerdo ni nada!
—Entiendes lo que quiero decir –dijo Castiel con brusquedad. —Era libre, sin necesidad de vigilancia ni nada que Crowley te pidiera.
—Lo sé…
—Tú, como un oficial de policía oficial, ya no un más un gánster. Tus actividades han cambiado. Cambiaran. Incluso supongo que toda tu persona se verá afectada por esto.
—Amigo, lo sé…
—Ben y Lisa merecen saber en qué pie están parados contigo y con cualquier persona importante en sus vidas. Esta es una oportunidad para que ellos vivan sus vidas y tú vivas la tuya.
— ¡Viejo! ¡Dije que lo sé! –Dean repitió un poco más alto y molesto de lo que quería.
—Me disculpo, Dean. Pero no entiendo por qué buscabas mi consejo si ya entendías eso.
Sí, ¿Por qué incluso llegó hasta aquí? Se preguntó. Dejó escapar un largo suspiro.
—No estoy seguro –admitió. —Tal vez sólo necesitaba hablar.
Castiel guardó silencio, observando a Dean que no podía lidiar con esta intensidad más que unos segundos. Tomó el azúcar y empezó a servir en su café, luego con la crema.
—Muy bien –dijo Castiel. —Entonces, tal vez deberíamos hablar de ti en vez de Lisa y Ben.
— ¿Qué hay de mí? –Dean se preguntó, un poco atento.
—Tus sentimientos por ellos –Castiel aclaró a lo que Dean se burló. —Es una parte importante del proceso de sanación, Dean –regañó, pero mantuvo su voz tranquila.
— ¡Sí, una suposición educada! –Dean contestó, sintiéndose ligeramente irritado, lo cual era una tontería, lo sabía.
Castiel lo miró un poco, frunciendo el ceño más profundo.
—Los amabas –finalmente dijo.
— ¡Por supuesto que lo hacía! –Dean volvió a despreciar la suposición de Castiel. — ¡Dame otra cosa, Sherlock!
—Estás triste porque no volverás a verlos –continuó Castiel.
—Sí, ¡Un dulce para ti!
—Lo cual no es verdad, Dean –dijo Castiel. —Por lo que entendí, Lisa y Ben necesitan algo de tiempo. Ellos quieren verte. Has sido una figura paterna importante para Ben. Dudo que Lisa quisiera córtate. Además has sido novio y protector para ella. Parece una dama inteligente. Tal vez ahora necesita un tiempo para ella y su hijo, luego tu amistad.
Dean apretó los dientes.
—Además, has sabido desde el principio que tu relación con Lisa estaba condenada a parar en el momento en que Crowley estuviera tras las rejas o que otra banda asumiera el control. La amabas pero no en el 'vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos' amor. Más del tipo protector. Además de la mutua atracción física, por supuesto.
No, en realidad, esa era la idea más estúpida con la que le habían venido a Dean. ¡No quería ni necesitaba escuchar eso!
—Pero ya lo sabías –Castiel concluyó. —Simplemente no estabas dispuesto a enfrentarlo.
—Maldito hijo de perra –Dean lanzó entre dientes. —Crees que me conoces, ¿No? –sabía que recurría a la agresión cuando se sentía inseguro o amenazado. Simplemente no podía evitarlo. Era su mecanismo de defensa. Castiel no se inmutó ni se lo tomó personalmente.
—Soy bueno leyendo entre líneas –dijo Castiel. Dejó pasar esa pequeña frase entre ellos, luego tomó su taza de café y bebió, dándole tiempo a Dean para procesar toda la información.
Sin embargo, Dean permaneció en silencio. Pensó que hablar de ello lo ayudaría, pero se sentía aún más conflictivo que antes pero por diferentes razones. Odiaba estos sentimientos, odiaba no saber en qué pie se paraba, odiaba no saber a quién odiar porque normalmente terminaba siendo él mismo el blanco.
Castiel debió sentir que Dean no estaba preparado para hablar. Bajó la taza y lo miró unos segundos, haciendo que Dean se sintiera incómodo bajo ese escrutinio.
— ¿Cuándo empiezas? –preguntó Castiel.
— ¿Qué?
— ¿Cuándo empiezas como oficial de policía? –aclaró Castiel.
—No sé –Dean se encogió de hombros, pero sin embargo aliviado por el cambio de tema. —Me reuniré con el Capitán Singer el próximo lunes. Ahora es una cuestión de burocracia. Tal vez la próxima semana, tal vez la siguiente.
Castiel asintió.
—Por favor, dale al Capitán Singer mis saludos.
—Sí, seguro…
— ¿Estás emocionado de unirte a la fuerza de nuevo? –Castiel preguntó.
Vale, definitivamente cambió de tema a propósito, pensó Dean. Y tenía que admitir que se alegraba por eso.
—Síp. No puedo esperar. Ni siquiera me importa si me ponen como policía de tránsito o dando multas o lo que sea. Me alegro de no tener que ocultarme más.
Castiel hizo un hm y bebió otro trago de café.
— ¿El Sr. Lafitte volverá a trabajar contigo?
Bueno, mierda. Justo cuando se estaba poniendo como de nuevo, ese maldito loquero volvía a joderla con él. Trató de mantener su rostro y expresión bajo control, realmente no queriendo que Castiel investigara allí. ¡No había nada que investigar!
—No sé –trató de responder con la mayor calma posible. —Probablemente no –tomó su taza en mano y tragó el café. Demasiado dulce, demasiada leche, sabía terrible. Pero en realidad no estaba interesado en seguir esa discusión con el no-doctor. —Bueno, espero que las hamburguesas sean mejores que el café –dijo Dean, poniendo la taza en la mesa.
—De acuerdo con Meg, son terribles –respondió Castiel, bajando la voz para que otros clientes y camareros no lo escucharan.
—Bueno, ¡Eso es genial! –Dean suspiró. —Meg, ¿Esa es tu secretaria? –supuso.
—Sí. Lo intentó aquí durante su hora del almuerzo, pero claramente lo odio –suspiró. —Ella me presiona para mudar la oficina a la ciudad 'donde está la verdadera comida' –dijo, citando con los dedos, haciendo que Dean se riera entre dientes y esperando que no estuvieran tan mal.
Las hamburguesas estaban terribles. Atroces en realidad. La carne poco hecha en el medio, sobrecosido en el borde, el tocino ni siquiera era crujiente. Al menos las papas fritas eran decentes.
—Viejo, la próxima vez, ¡Yo elijo donde comemos! –declaró Dean.
—Encantado –respondió Castiel mientras miraba sospechosamente su hamburguesa.
Comenzaron a comer su comida y acordaron que de verdad, era demasiado caro y realmente mala.
—La carne está apenas caliente –se quejó Dean después de deslizar una papa en su boca. — ¡Espero que tengan pay!
Castiel inclinó lentamente la cabeza a su derecha y miró al mostrador.
—No apostaría mi dinero en eso…
— ¡Tal vez realmente deberías mover tu oficia! –Dean lamentó.
—Lo consideraré cuando tenga suficiente estabilidad financiera –respondió Castiel, volviendo a centrarse en su hamburguesa a medio comer.
— ¿Es así? –preguntó Dean. — ¿Problemas en el paraíso?
Castiel le lanzó una mirad apoco impresionada, luego trató de salvar un poco de queso que goteaba de su plato con una papa.
Se quejaron de la comida un poco más y hablaron sobre la mejor manera de cocinar una hamburguesa. Parecía que tenían el mismo gusto y divagaron sobre los diferentes tipos de comidas. Dean admitió que le gustaban los tacos de vez en cuando, mientras Castiel compartía su amor por el queso, especialmente los olorosos, mientras Dean hacia una mueca.
—Por desgracia, tengo prohibido para siempre llevarlos para el almuerzo, a menos que quiera enfrentarme a Meg –Castiel le informó. —Incluso observa lo que como y me obliga a comer ensalada al menos dos veces por semana.
—Huh. Eso es duro –comentó Dean.
—Ella tiene buenas intenciones.
Terminaron su cena con discusiones amigables sobre nada y todo. Como no tenían ningún pay, Dean decidió terminar con otra taza de café, igual que Castiel. Finalmente, regresaron a la oficina de Castiel, donde Dean se detuvo cuando llegaron al Impala.
— ¿Cómo te sientes, Dean? –preguntó Castiel en tono serio, con los ojos fijos en los de Dean.
Dean vaciló.
—Todavía no estoy seguro –respondió con honestidad. —Tengo mucho que procesar, podría tomarme un tiempo, pero en definitivamente estaré bien.
Castiel asintió, con una pequeña sonrisa dibujada en las comisuras de sus labios.
—Si necesitas hablar, sabes dónde encontrarme.
Dean asintió, realmente apreciando la oferta.
—Gracias Cas.
Después de un momento fugaz, Dean aparto la mirada de Castiel y se metió en el Impala, encendió el motor y se alejó, haciendo todo lo posible por no mirar a Castiel que todavía lo observaba desde la acera.
Llegó a su apartamento, dándose cuenta de lo tarde que era, pero como no tenía donde estar por la mañana, preparó más café y pasó la noche viendo repeticiones de viejos programas de televisión. Esa era su manera de procesar sus sentimientos. Sólo, sale tiempo, se aseguró a sí mismo. Lo lograras.
