San Miguel de Tucumán, Tucumá, Argentina. Jueves 6 de Junio del 2019.

En la guerra y en el amor todo se vale.

Capítulo 4: Lúcido y arrepentido.

By Sioa Shun Uchiha-san.

El sonido del despertador lo hizo sentir que su cabeza estaba a punto de explotar, estiró su brazo para tomar su celular y así apagar ese sonido del infierno cuando una notificación de whatsapp llamó su atención y entró a leerla.

"Buenas noches, Osito, descansa bien. Todavía estamos aquí encerrados, estoy aburrido y tengo hambre, me muero de sueño, mañana pasaré por ti para venir al trabajo, no seas gruñón y esperame, no te vayas en tren. Te amo" Era un mensaje de Zen de la noche anterior frunció apenas el ceño y sintió sus mejillas arder ante las últimas dos palabras, por una vez no iba a quejarse de que quisiera ir a recogerlo, Kirishima tenía esa manía de querer estar juntos todo lo que le fuera humanamente posible por lo general aquello llegaba a fastidiarlo pero en ese momento en que la resaca le estaba impidiendo siquiera levantarse de la cama agradeció el gesto.

Se quedó tendido un rato más con sus ojos cerrados, sintiendo el desagradable sabor del alcohol y el tabaco en su boca ¿Quién lo mandaba a él a embriagarse una noche de martes? ¡Maldito fuera Masamune y su mala influencia! No había llegado tan tarde la noche anterior, apenas a media noche, pero se había excedido con la cerveza y ahora se arrepentía profundamente de ello.

Ahora que lo pensaba ¡Mierda! ¡Había hablado de más! ¡Ahora Masamune no iba a dejarlo vivir ni olvidar el arrebato de celos que había tenido frente a él! ¡Carajo!

Gruñendo totalmente fastidiado se levantó y arrastró sus pies hasta la ducha, necesitaba un baño y cepillarse los dientes con urgencia, su estómago estaba revuelto y más le valía desayunar si no quería sentir que iba a devolver hasta su primera ingesta de leche a mitad de su día laboral.

Entró a la ducha, disfrutando del agua caliente cuando los recuerdos de su conversación con su mejor amigo y la ebria determinación de la noche anterior golpearon su mente provocando un desmedido rubor en sus mejillas.

-No volveré a beber así.- Se prometió, sabiendo desde el interior de su mente que era un juramento vacío.

¿Cómo había llegado a pensar en todo eso? ¿Por qué había decidido hacerle caso a las estúpidas palabras de su amigo? ¡Sabía que Masamune era el menos indicado para dar consejo romántico!

¿Demostrarle Zen que lo amaba? ¿Había pensado seriamente en convertirse en una especie de acosador? ¿Había perdido la maldita cabeza? Pues claramente si, su cordura se había extraviado en algún punto entre la cuarta y la octava cerveza de la noche anterior, pero ahora con las venas de la sien palpitando en una dolorosa migraña post-borrachera la había encontrado y se arrepentía profundamente de sus pensamientos.

Bueno, quizás no tanto.

Al menos en la soledad de su baño y la privacidad de su mente podía admitir que quizás Takano tenía razón, él amaba a Kirishima Zen por muy irritante que pudiera ser a veces y Hiyo era la niña de sus ojos, el descarado de su amante solía declarar abiertamente que lo amaba y la niña había dicho en una oportunidad que ella era feliz con él, Sorata y su padre, que no quería ni necesitaba una madre ¿Era tan descabellado empezar a pensar que tal vez si era digno de quedarse con ellos? ¿Era una locura tan grave querer quedarse a su lado y reclamar a los Kirishima como suyos? ¿Cómo su familia?

Tal vez aún había algo de alcohol en su sistema, por eso pensaba de esa forma, pero era verdad que él no quería rendirse tan pronto, no quería dejar a las personas que lo hacía sentir feliz, verdaderamente feliz.

Cansado salió de la ducha tras terminar de bañarse y se dispuso a vestirse y preparar un rápido desayuno mientras su mente parecía no querer abandonar aquellos complicados temas, se movía por su vacío apartamento casi como un autómata.

Ahora con la cabeza un poco más fría podía decir que había estado exagerando, Shinka-san no había hecho en realidad nada comprometedor ni había intentado nada con Kirishima, sus celos eran infundados, debía tranquilizarse antes de hacer un enorme circo de sí mismo.

Sin embargo, pese a que estaba más tranquilo aún algo de todo eso le molestaba. ¿Realmente tenía que esperar a que una mujer quisiera seducir a su novio para demostrarle al hombre que lo quería? Él no era una persona precisamente demostrativa, pero la noche anterior entre su embriaguez había pensado en algo que por mucho que su mente ahora sobria se negara a admitir era cierto. ¿Si se había esforzado tanto por Takano en el pasado, por qué no podía hacer lo mismo por Kirishima?

-Ah, estoy dando vueltas como un perro que persigue su cola, nada de esto tiene sentido.- Se quejó mientras se sentaba a tomar casi a regañadientes su café, ingiriendo junto a él una píldora con la esperanza de que su resaca menguara un poco y luego comió lo poco que pudo sin sentir que su estómago estuviera por rechazar el alimento. Sería un largo día sintiéndose tan mal.

Además estaba ese otro vergonzoso asunto, no podía creer que había en parte discutido su vida sexual con Masamune pero eso había hecho que un pequeño asuntito saliera a la luz. Había pasado tres años en una relació siendo pasivo. Su orgullo estaba levemente herido a decir verdad, no se había realmente percatado de ese detalle, su intimidad con Zen era siempre dirigida por el editor, las cosas eran así, había llegado a acostumbrarse, no era que no disfrutara del sexo con su pareja pero ahora que lo pensaba no era justo y a decir verdad podía decir que era hasta casi humillante.

Él siempre se dejaba llevar, el castaño era quien iniciaba el contacto y de una manera o de otra siempre terminaba totalmente sumiso ante los deseos de ambos y que él quedara abajo, por decirlo de alguna manera, era lo que para ellos ya se sentía como lo natural.

Aún con esas, la duda se había ya plantado en su mente y no podría desterrarla con facilidad. ¿Cómo se vería Zen bajo él? ¿Sería tan soez como siempre o mostraría una faceta más tímida? ¿Sería ruidoso? Dios, ahora que lo pensaba dudaba mucho que el editor tuviera experiencia con otros hombres además de él, eso quería decir que probablemente el castaño fuera virgen.

Ante semejante revelación se ahogó con el café y comenzó a toser ruidosamente, escupiendo el negro líquido y manchando su camisa en el proceso.

-¡MIERDA! ¡CARAJO! ¡ZEN, ESTO ES TU CULPA!- Intentando recomponerse sintiendo que hasta sus orejas ardían negó con su cabeza, no podía ser que él hubiera estado pensado en semejantes cosas y molestó fue a cambiarse, no podía presentarse en la oficina vistiendo ropa manchada.

Estaba terminando de arreglar su ropa y peinarse, tratando de mejorar su aspecto en lo posible aunque su ceño fruncido y sus ojeras no le ayudaran demasiado cuando su celular comenzó a sonar ruidosamente sobre la cama donde lo había dejado esa mañana, malhumorado tomó el aparato y atendió sin siquiera mirar la pantalla.

-¿Qué quiere?

-¡Uy! ¡Pero qué genio tenemos hoy! ¿Dónde estás osito? ¿En serio te fuiste ya a tomar el tren? ¿Tengo que ir a buscarte a la estación?

-No me vengas con tus pendejadas ahora, Zen, es temprano, estoy en mi apartamento.- Contestó masajeando el puente de su nariz con dos dedos en un intento por mitigar su mal estar general.

-¿En serio? ¡Estoy abajo? ¿Estas bien? Es raro que estes demorado ¿necesitas que suba? ¿Te sentís mal?

-¿De qué estás hablando?- Cuestionó un tanto perdido mientras apoyaba el teléfono en su hombro, ladeando su cabeza para sostenerlo ahí contra su oreja mientras terminaba de anudarse la corbata. -Ahora bajo, esperame, no vengas, idiota.

-Takafumi son las ocho menos cuarto de la mañana, llevo aquí más de cinco minutos.- Explicó el editor sorprendido ante el despiste de su pareja. -Oh, no me digas que te emborrachaste ¿Te está tratando mal la resaca?

-¡Pudrete!- Contestó cortando la llamada para luego comprobar en su celular que el mayor tenía razón, era tarde. -¡Carajo!- Apresurado terminó de acomodarse, tomó sus llaves, el celular el portafolios y salió casi desesperado al ascensor para ir al encuentro de su pareja.

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-Me corto.- Comentó el castaño con un leve puchero antes de comenzar a reírse.

En el asiento de atrás, Shinka se reía divertida al haber escuchado la conversación y negó suavemente con su cabeza. -No sé si pensar que es admirable que pueda tratar y bromear así con alguien tan serio como Yokozawa-san o pensar que usted es solo un suicida que está viendo hasta dónde puede llegar antes de que lo maten.

El castaño comenzó a reírse más fuerte mientras guardaba su celular y miraba en dirección a la entrada del edificio. -Takafumi no es tan malo como parece, en realidad es un tierno.

La mujer lo miró como si una segunda cabeza hubiera crecido en el hombro del que era su jefe y torció el gesto. -Tierno no es un adjetivo que yo usaría para calificar a Yokozawa-san, siempre parece estar enojado, entiendo que esa sea su forma de ser pero de ahí a ser tierno..

-¡Oh, creeme, es un tierno! Si lo vieras con delantal haciendo la cena mientras le pregunta a Hiyo sobre si necesita ayuda con sus deberes entenderías porqué digo que es adorable.

-Empiezo a darle la razón respecto a que Marukawa es un manicomio, y de los locos usted va al primero, con todo respeto se lo digo.- Contestó divertida entre leves risitas y al ver por la ventana pudo notar al agente de ventas trotando en dirección al vehículo para poco después subirse en el asiento del acompañante. -Buenos días, Yokozawa-san.

El agente de ventas se colocó el cinturón de seguridad mirando con el ceño fruncido a la mujer sentada en la parte trasera pero luego relajó solo un poco su expresión, tenía que calmarse, no podía estar siempre tal alterado por la sola presencia de ella. -Buenos días, Shinka-san, disculpe la demora tuve algunos inconvenientes esta mañana. - Explicó escuetamente girándose a ver al castaño que lo miraba pucheroso. -¿Y vos qué?

-¿La saludas a ella y a mi que me parta un rayo?- Cuestionó con un infantil tono de reproche.

-En serio ¿Qué edad tienes? - Preguntó molesto y rodando los ojos. -Arranca que llegaremos tarde.

-Ah, pero van conmigo y como yo soy el superior de ambos no habrá problema, saludame como corresponde Takaumi, es una orden.- Decretó con la diversión tiñendo su voz.

-¡Sólo usas la carta de ser el superior cuando te conviene! -Protestó masajeando sus palpitantes sienes con sus manos, se le partía la cabeza, en serio no estaba para esas pendejadas. -Buenos días, Kirishima, ahora arrancá el maldito auto.

-Buenos días, Takafumi.- Contestó divertido arrancando el motor para dirigirse a la editorial. -Creí que dijiste que no ibas a emborracharte anoche, claramente tienes resaca.- Comentó con un dejo de preocupación que los otros ocupantes del vehículo pudieron escuchar claramente.

-Es culpa de Masamune, tampoco bebimos demasiado.- Mintió mientras desviaba su mirada a la ventanilla. -Solo tengo algo de dolor de cabeza.

-¿Seguro? Quizás deberías haberte quedado a descansar.

-Solo es una leve migraña, no voy a faltar al trabajo por eso, no digas tonterías.- Alegó más relajadamente.

-¿Qué pasó qué te demoraste hoy?- Preguntó curioso el castaño, no eran normales los retrasos en el menor.

-Nada, solo me desperté un poco más tarde y tuve un accidente con el café asique tuve que volver a cambiarme.- Explicó con sus mejillas sonrojadas, no quería pensar en cuál había sido la causa de ese accidente y en qué estaba pensado para que ocurriera.

Shinka sonrió mientras los observaba, claramente los dos hombres habían olvidado que ella estaba ahí, se trataban con tanta intimidad que no pudo evitar sonrojarse un poco y si sumaba eso a las palabras que su jefe había dicho sobre el agente de ventas comenzaba a hacerse una idea de que ellos dos eran más que simples amigos. Mirándolos bien se veían bien juntos, serían una bonita pareja, Yokozawa parecía hasta menos gruñón junto al castaño.

Y así fue el resto del camino a Marukawa, los hombre sostenían una charla amena mientras ella se dejaba llevar por sus fantasías personales que mucho tenían que ver con esos dos haciendo cosas más interesantes que solo hablar.

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No podía concentrarse, estaba hundido en estadísticas e informes y para rematar acababa de llegarle desde el departamento Emerald una propuesta para hacer un evento con una de sus autoras más vendidas, tenía que leer la propuesta porque más tarde tendría reunión con la comisión directiva, Takano, el editor a cargo del la mangaka y la propia autora.

Estaba molesto, no podía dejar de darle vueltas al asunto de "demostrar" sus sentimientos a Kirishima y en el deseo creciente que sentía por querer dominar al editor por primera vez. Tiempo atrás Zen le había soltado esa burrada de que aún le faltaba mucho para dominarlo y ciertamente ahora esas palabras le molestaban aún más que en aquel entonces.

El problema con todo eso era ¿Él realmente estaba dispuesto a seducir a su pareja sin morir en el intento? Era complicado, él no era del tipo apasionado ni mucho menos seductor ¿Cómo mierda podía llevar a cabo aquella hazaña sin morir de vergüenza?

-Yokozawa-san, éstos papeles necesitan su firma.- Dijo Henmi, acercandose indolente al escritorio para dejarle más trabajo sobre éste, ignorando absolutamente el mal humor que parecía tener su jefe ese día. Todo aquel que trabajara en el departamento de ventas había tenido que aprender a vivir con el carácter podrido de su jefe de buenas o malas maneras, aunque bueno Henmi podía decir sin temor a equivocarse que desde que Yokozawa se hiciera amigo de Kirishima su carácter se había dulcificado bastante.

-Ahora los veo, Henmi-san.- Contestó casi en un gruñido tomando aquella documentación. Ahora no era el momento para estar distraído, tenía que enfocarse en sus funciones.

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Ya en su tercer día se sentía más cómoda con el trabajo, iba entendiendo mejor las cosas y podía trabajar sin Yamada preguntandole cada diez minutos si iba bien, empezaba a encontrarle el gusto a eso de los storyboards, no era lo mismo ni por asoma a un manuscrito de literatura pero tenía su propio arte y belleza, además, jamás habría imaginado que iba a tener la oportunidad de estar laborando codo a codo con Ijuuin Kyo-sensei, su mangaka favorito desde adolescente.

Alzó sus ojos esmeralda para ver a su jefe discutir con el autor por unos dibujos y recuadros que el hombre se negaba a cambiar, estaban hablando a los gritos y parecía que iban a matarse pero eso la hizo sonreír.

Todos los artistas tienen su carácter, aquel mangaka no era la excepción, claramente él quería defender su trabajo de una corrección que no creía necesaria pero si se fijaba bien Kirishima también mostraba sus argumentos con genialidad. Lo admiraba, ese hombre era entregado a su trabajo y claramente era muy bueno en lo que hacía por algo había llegado a donde estaba como jefe de la revista Japun de shounen manga.

Ambos eran hombres apuestos, ciertamente, podría ponerse a shipearlos si no fuera porque había visto la forma en que su jefe se trataba con el jefe de ventas, serían una pareja increíble esos dos, apostaba a que Zen tenía que ser de esos novios cargosos y juguetones que están jodiendo todo el tiempo.

Suspiró resignada, ella y su imaginación ¿No podía parar de volver gays en su cabeza a todos los hombres atractivos que conocía? Tenía que recordarse que no los hombres eran putos para su desgracia.

-¡Basta! ¡Es suficiente!- Gritó Kirishima, ya superado por los caprichos de su autor. -Tomemos un descanso para almorzar.- Pidió tras ver la hora, nuevamente pasaban de la una de la tarde. -A las dos los quiero a todos aquí para continuar y piensa en lo que te he dicho, Ijuuin-sensei, esa escena es aburrida y difícil de leer tienes que cambiarla. - Dijo dejando los papeles sobre la mesa, escuchando el suspiro generalizado mientras él salía de sala y tomaba su celular para llamar a su pareja.

Apenas sonó tres veces antes de que la voz profesional del agente de ventas atendiera. -Yokozawa Takafumi habla.

-Takafumi ¿Dónde estás? Se escucha mucho ruido de fondo estoy en mi descanso ¿Almorzamos juntos?

-Acabo de salir de libros Marimo.- Contestó el agente de ventas con un resoplido fijando su vista entonces el el reloj de su muñeca. -Y tengo reunión a las dos y media, estoy volviendo a la editorial.

-Aún así podemos almorzar juntos ¿Nos encontramos en la cafetería Los amigos aquí a la vuelta?- Propuso alegremente mientras se encaminaba a su oficina divertido al escuchar los leves gruñidos de queja de su pareja del otro lado de la línea.

-Bien, llegaré en diez minutos cuánto mucho, ordena por mi.

-Claro, conozco tus gustos.- Contestó divertido, soltando una carcajada ante la queja del otro hombre y el tono intermitente que vino después, le había cortado. Tras tomar su abrigo junto a su billetera salió de la editorial a la cafetería para tener un almuerzo tranquilo con su oso, después de dos días en los que apenas habían tenido tiempo de hablar comenzaba a extrañarlo.

Mientras tanto Shinka estaba recogiendo su maletín para salir de la reunión cuando sintió que alguien se paraba a su lado y sonrió suavemente. -¿Puedo ayudarlo con algo, Ijuuin-sensei?

-Si, de hecho si, me preguntaba si te gustaría almorzar conmigo, Shinka-san. - Preguntó el hombre con una leve sonrisa cruzando sus brazos sobre su pecho, se veía un poco menos desalineado, al menos se había afeitado la barba de varios días que tenía cuando le conoció pero se veía agotado.

-Ah, claro, eso me gustaría, no conozco a nadie aquí así que de todos modos pensaba almorzar sola.- Contestó con simplicidad, retirándose del lugar junto al autor ante la mirada atónita de los ayudantes, Yamada y Shizuku quien parecía observarla con profundo odio igual que el día anterior.

-Bien, hay una cafetería cerca de aquí donde podriamos comer tranquilos.- Continuó el mangaka llamando al ascensor una vez que estuvieron frente a él.

-No sé si deba salir del edificio en horas de trabajo.

-Es el descanso para almorzar y estas conmigo, nadie te dirá nada.- Alegó con una sonrisa ladina el escritor cediendo el paso a la joven una vez que las puertas se abrieron.

-De acuerdo, confiaré en usted está vez.

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-Ah, estoy agotada.- Murmuró la mujer tras sentarse en el cómodo asiento de ese cubículo en esa cafetería concurrida.

-Lamento que tu primera semana de trabajo haya tenido que ser tan dura por mi causa Shinka-san.- Comentó amablemente el autor con una sonrisa encantadora en sus labios.

La joven sonrió y negó con su cabeza. -No se preocupe, estoy muy feliz de trabajar con usted, no pensé que se me diera una oportunidad así cuando entre a trabajar aquí.- Explicó con más ánimos. -Es mi mangaka favorito, vale la pena estarme dejando la vida en esto si usted continúa publicando.

-Me halagas Shinka-san.- Contestó mientras tomaba el menú para ordenar algo. -¿Cómo fue que terminaste trabajando en Marukawa? Escuché que vienes de otra editorial.

-Si, así es, vengo de la editorial "Originals" era editora de literatura.- Contestó con una sonrisa dulce. -Todo esto está siendo una especie de interesante aventura para mi, nunca había trabajado en manga.

-Pero "Originals" está en Sapporo ¿No es así?

-Si, me mudé desde allá el viernes pasado, el sabado recien pude tomar posesión del departamento que había alquilado, así que pasé la primera noche en un hotel el fin de semana mudandome y bueno, usted sabe cómo viene siendo mi vida hasta hoy desde el lunes. - Resopló agotada.

-Ahora entiendo porque se ve tan cansada, ha sido una semana muy difícil.

-Si mucho, pero me voy adaptando, mis gatos estan felices en su nueva casa aunque todavía me odian por haberlos dejado por cuatro días en una guardería.

El mangaka no pudo evitar reír ante sus palabras y negó suavemente con su cabeza. -¿Por eso se retiró ayer a media tarde?

-Exacto, tenía que ir a buscarlos, no tengo hijos pero mis mascotas son tan exigentes como sí lo fueran.- Contestó divertida, reparando en la mesera que los saludaba para luego preguntar si ya iban a ordenar y tras decir ambos su pedido la vieron retirarse.

-Ya veo, no podía tener mascotas, morirían de hambre en algún descuido.- Admitió el autor encogiéndose de hombros. -Shinka-san yo quería invitarla para agradecerle haberme levantado el ánimo y recordarme porqué hago esto.

-Ijuuin-sensei no tiene que…

-Kyo.

-¿Disculpe?- Preguntó ante la interrupción del hombre, mirándolo entre curiosa y sorprendida.

-Llameme Kyo por favor, no tiene que ser tan formal conmigo fuera del trabajo.- Contestó relajadamente mientras la miraba a los ojos.

Ella se removió un poco incómoda en su lugar pero luego asintió con su cabeza. -Bien, como prefieras entonces, Kyo, entonces puede decirme Reika.- Autorizó relajándose un poco. -Pero como le decía no tiene que agradecerme, no solo es mi trabajo, sino que como fan realmente me entristeceria que usted dejará de publicar y era en serio eso de que mi mejor amiga me llamaría en ataque de histeria desde Sapporo si el manga se retrasara. - Bromeó alegremente.

-De todos modos quería agradecerte Reika, no estoy pasando un buen momento como bien notaste pero tenes razón en que mi yo de veinte años me daría una buena patada en la cara si dejara todo ahora.

-Entonces agradescase a usted mismo, por no permitirse renunciar aunque las cosas sean duras y por cierto espero que lo que sea que esté ocurriendo en su vida privada se solucione pronto, no hay mal que dure cien años.

-Ni culo que lo resista.- Contestó el autor divertido al ver a la joven frente a él comenzar a reírse totalmente distendida, no quería ponerla incómoda, ya antes había cometido el error de ser demasiado invasivo con la gente, no era precisamente bueno para relaciones interpersonales pero esa mujer llamaba poderosamente su atención, esperaba al menos poder tenerla como amiga.

Su brote de depresión se debía que tras tres años de intentar cortejar a Misaki Takahashi, un joven atractivo que lo había rescatado de su peor momento hacía seis años atrás, finalmente se había dado por vencido.

Misaki sostenía una relación con el afamado novelista y escritor estrella de Marukawa Usami Akihiko y aunque al principio había decidido conquistar al chico a como diera lugar sin prestarle atención a ese escritor sobrevalorado tras cientos de rechazos de parte del chico finalmente se encontró a sí mismo agotado, triste, con el corazón roto, sintiendo que la realidad lo abofeteaba con una fuerza inusitada al gritarle que nunca podría tener a Misaki, que finalmente debía aceptar que moriría solo, que a nadie le importaba él ni su trabajo y el espiral de ideas trágicas se había llevado lo mejor de él, dejándolo abatido y desesperado, sin inspiración ni motivación.

En el medio de todo eso esa mujer había aparecido, obligandolo a recordarse porque amaba tanto su trabajo, de dónde sacaba su inspiración, y al pensar en sus fans no pudo evitar llegar a la idea de que Misaki también se sentiría muy decepcionado si él dejara de publicar o si retrasaba la llegada del nuevo tomo de The kan. Estaba agradecido con ella, sentía que podían llegar a llevarse bien, en esos momentos sin tener en quien apoyarse la idea de tener una amiga lo animaba.

-Por cierto, me dijiste que me contarías cómo fue que mi manga llego a tus manos, es un buen momento ¿No te parece?

-Creí haberle dicho, Kyo-san, que esa clase de historias se disfrutan mejor con una cerveza.- Bromeó pero luego se encogió de hombros. -Pero bueno, ya que estamos, no veo porque no contarle. - Contestó con calma mientras sonreía al recordar el pasado, su mirada esmeralda entonces se llenó de una nostalgia sobrecogedora que dejó al mangaka expectante. -Mi padre falleció cuando tenía dieciséis años, estaba pasando por momentos muy duros, las cosas en mi casa no eran sencillas y yo era una adolescente, mi mejor amiga ya no sabía cómo animarme.- Explicó con tranquilidad. -Ella siempre estaba ahí, a pesar de ser muy mala para animar a la gente quería darme consuelo, habían pasado unos meses desde que mi padre falleciera y pasé el peor cumpleaños que alguien puede tener, mis diecisiete siguen siendo al día de la fecha el peor cumpleaños que he tenido y entonces Aki-chan vino a buscarme después de clases, íbamos al mismo instituto pero cursabamos en salones diferentes y me regaló el primer tomo de The Kan, que acababa de salir, las dos éramos muy fans del anime y el manga, seguimos siéndolo aunque seamos adultas. - Continuó su historia con una sonrisa en sus labios. -Ese día me tiró el manga a la cara mientras gritaba "Ésta es la mejor mierda que leí en mucho tiempo, asique toma, si no te alegras por esto te podes ir ya sabes a donde, no voy a ser tu pañuelo de lágrimas para siempre, leelo, reite y volve a ser la de siempre Rei-chan o me voy a enojar contigo."

Ijuuin la miraba sorprendido pero con una sonrisa divertida en sus labios. -Su amiga tiene algunos problemas de personalidad ¿Cierto?

-Si, es voluble como ella sola, supongo que es el temperamento del artista, ella también es dibujante.- Explicó con una gran sonrisa, con sus ojos brillando de manera particular al hablar de aquella mujer. -Al final de cuentas Aki-chan tenía razón, leí su manga y logró hacerme reír como hacía mucho tiempo no hacía, me levanto mucho el ánimo y estaba feliz porque sabía que Aki me lo había dado con sus mejores intenciones para alegrarme, antes de darme cuenta me volví una fan de usted, tengo todos los tomos y sus dos art-books, es un poco vergonzoso tener que decir todo esto teniendo en cuenta que ahora estamos trabajando juntos. Pero gracias, yo también tengo que agradecerle, gracias a su historia al menos el duelo se volvió menos doloroso por momentos en aquella época.

-No tienes idea de lo que significa para mi saber que mi trabajo fue tan importante para alguien que me lee.- Dijo un poco sobrecogido por la historia.

-A esto me refería cuando hable con usted, tiene muchos fans, para muchos puede ser sólo entretenimiento y tiene razón al pensar que si usted deja de dibujar quizás encuentren otra cosa para leer, pero también hay muchos otros como yo a los que su historia los ha ayudado a sobrellevar tiempos duros y su manga es algo más que simple entretenimiento y también hay otros enfermitos mentales como mi amiga que de tenerlo a usted enfrente se desmayaría de la emoción mientras grita que lo ama sin importarle si su esposo esta al lado de ella o no.- Comentó entre risas alegres.

El autor comenzó a reírse a carcajadas mientras les servían su comida y se disponían a almorzar. -Sin quererlo me ha dado ánimos, quizás le haga caso a Kirishima-san y modifique esa escena que tanto le fastidia.

-Me alegra, no olvide mencionarle al jefe que va a hacerle caso bajo mi concejo, quizás consiga sumar un par de puntos.- Bromeó correspondiendo a sus risas mientras se disponían a almorzar.

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Hacía un rato que Kirishima había visto entrar a su nueva editora acompañada de su problemático autor a la confitería, y agradecía que ninguno de los dos hubiera reparado en su presencia.

Era curioso ver a Ijuuin Kyo hablar tan tranquilamente con alguien al parecer por voluntad propia, sus ojos estaban atentos al par, no podía escuchar su conversación desde tan lejos pero sí que podía notar la forma en que reían mientras conversaban y no pudo evitar sonreír.

Le alegraba que estuvieran llevándose bien, Shinka-san había resultado ser buena en su trabajo y bien predispuesta a aprender, había llegado como caída del cielo a solucionar el asunto de su deprimido mangaka y su falta de inspiración para trabajar, además Ijuuin era alguien muy solitario, después de años de trabajar junto a él le alegraba ver que al menos el hombre no era tan reacio a socializar como parecía.

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Yokozawa entró en la cafetería, tras haber trotado un poco para llegar hasta ahí, se le había hecho un poco tarde y había demorado un poco más de lo que había pensado.

Miró a su alrededor mientras ingresaba, buscando a su novio para ir a sentarse con él y no demoró mucho en encontrarlo, Kirishima siempre resaltaba a donde quiera que él estuviera sin embargo algo llamó su atención.

Zen parecía distraído, miraba a un punto inconcreto mientras sonreía con su rostro apoyado sobre una de sus manos con su plato de comida frente a él sin tocarlo. Eso lo hizo girar su cabeza, buscando qué era lo que tenía al editor tan abstraído y su corazón se encogió al mismo tiempo que sentía su estómago cerrarse al ver que a unas cuantas mesas de distancia estaba Shinka Reika conversando con Ijuuin Kyo.

¿Kirishima estaba mirada a esa mujer? Tragó saliva con dificultad y volvió a poner su mirada sobre su pareja mientras se acercaba a él confirmando con horror que si, el castaño estaba mirándola con esa estúpida sonrisa tranquila y distraída en sus labios.

Molestó dejó caer su maletín sobre la mesa con excesiva fuerza, sacando al castaño del trance mientras se sentaba frente a él. -Lo siento, me demoré un poco.- Saludó de mala manera, carraspeando un poco para tranquilizarse.

-No importa, llegaste qué es lo importante.- Alegó el castaño volviendo toda su atención a su oso gruñón, arqueando una ceja. -¿Ocurrió algo que estás tan molesto?

-No,nada de eso, estoy bien.- Dijo mientras se acomodaba para disponerse a almorzar, relajándose un poco, estaba imaginando cosas, debía convencerse de que Kirishima NO estaba mirando a esa mujer. -Gracias por pedir por mi.

-No hay de qué, Takafumi, ya te extrañaba después de dos días sin casi verte ¿Te quedaras esta noche en mi casa?

-Si, tengo una reunión con Masamune, y una mangaka sobre un evento de firmas ahora a las dos y media pero cuando termine, si no tengo más trabajo, iré a tu casa a ver a Hiyo.

-¿Y te quedaras?- Consultó con una sonrisa ladina.

-Como molestas, si, si, me quedaré.- Contestó desviando la mirada con un leve sonrojo en sus mejillas ¿Y si Zen si estaba mirando a esa mujer? ¿Y si le interesaba?

-Bien, entonces te veré esta noche cuando salga del trabajo, hoy no volveré tan tarde, casi terminamos si tenemos suerte mañana estará listo para llevarlo a la imprenta el storyboard, por cierto Hiyo está preocupara por ti, me mandó a decirte que espera verte pronto.

-Oh, le llevaré un regalo entonces.- Contestó con una leve sonrisa, le alegraba saber que Hiyo preguntaba por él cuando pasaba un par de días sin ir a casa de los Kirishima.

Zen por su parte lo miraba mientras almorzaban juntos, al parecer se había preocupado de más al pensar que su novio estaba más irritado de lo normal, ahora se veía más relajado, como siempre y eso lo dejaba tranquilo. -Es buena idea, además dijo que quiere practicar una receta contigo de lo que aprendió en economía doméstica.

-Luego le escribiré para saber si necesita que lleve algo a casa.

El almuerzo había pasado tranquilamente entre charlas triviales y comentarios del trabajo pero la mente del jefe de ventas no estaba realmente ocupada en eso sino en su preocupación. No podía creer que estuviera planteandose seriamente seguir el consejo de Masamune, pero tras atrapar a su novio mirando embobado a esa mujer empezaba a pensar que quizás tenía razón.

Agradeció que Shinka y el mangaka se hubieran retirado antes que ellos y mientras él regresaba a la editorial acompañado de su novio tomó su decisión.

No, no iba a dejar que nadie le quitará a su amante y no pensaba permitir que Zen pusiera su atención en nadie más, esto era la guerra, al menos así se sentía y no iba a renunciar sin pelear.

El problema era ¿Cómo lo hacía? ¿Qué iba a hacer? Kirishima siempre era el de las cosas vergonzosas e innecesarias ¿Qué podía hacer por él para que entendiera que lo quería, para ganarse su atención?

El editor llevaba un rato hablándole mientras estaban dentro del ascensor que los devolvería a sus respectivos puestos de trabajo pero no estaba escuchándolo en lo más mínimo, solo veía sus labios moverse.

Labios, beso… Kirishima siempre estaba molestando para robarle besos en la oficina, quizás podría empezar por eso. Miró de reojo el panel del aparato estaban a punto de llegar a su piso asique sin pensarlo realmente, no queriendo darse la chance a sí mismo de arrepentirse, avanzó dos pasos y tomó al editor por la barbilla, haciendo que se inclinara un poco, desgraciadamente el castaño era más algo que él asique tuvo que alzar un poco el rostro para poder robarle un beso.

Pero no, un simple besito no iba a ser suficiente para alguien como su novio asique apagando a su conciencia se concentró en volver ese nexo una acalorada lucha entre sus lenguas, negándose a dejarse vencer esta vez, invadiendo cada resquicio de la boca contraría, acariciando suavemente en el paladar y cuando el timbrado del aparato le advirtió que las puertas estaban por abrirse se apartó, con sus mejillas ardiendo observando la mirada sorprendida que el mayor le devolvía, sonrojado y aun jadeando por algo de aire. -Te veré esta noche en casa.- Y tras esas palabras soltadas con toda la compostura que en realidad no tenía salió huyendo del ascensor rumbo a su oficina.

Las puertas volvieron a cerrarse y el editor en jefe de Japun estaba parado, apoyado contra una de las metalizadas paredes mientras intentaba hilar un pensamiento coherente ¡Por Dios santo! ¿Qué mierda había sido eso? ¿Quién era ese hombre y que había hecho con su Takafumi?

No podía creerlo, no se lo había esperado, Yokozawa jamás iniciaba ese tipo de contactos en la oficina y ese no había sido un besito ¡Por Dios que se había quedado con todo el aire de sus pulmones! Además ese había sido ¿Un beso de despedida? ¿Desde cuando Yokozawa daba besos de despedida? No ue se quejara, estaba encantado, tan encantado que si no dejaba de recrearse en el sabor de la lengua de su pareja iba a necesitar hacer una parada en el baño antes de volver al trabajo.

Cuando las puertas se abrieron en el piso que le correspondía bajó un poco aletargado, intentando recomponerse para continuar con sus funciones ahora con una exagerada sonrisa en sus labios. Takafumi le había dado un beso de despedida y buenos deseos, se le podía caer la editorial encima que él no iba a cambiar esa cara de idiota en lo que quedara de día.

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Había tenido casi un colapso, no podía creer que había conseguido el valor de prácticamente acosar a su novio en el ascensor de la editorial ¡Ese era su lugar de trabajo! ¿Con qué calidad moral iba a reprocharle a ahora a Kirishima cada vez que intentara algo así en la oficina?

Presentarse a la junta con semblante serio había sido todo un desafío, todo había salido bien a final de cuentas pero cuando esta terminó y se disponía a regresar a su oficina escuchó el llamado de takano.

-Espera, Takafumi.- Lo interceptó parándose a su lado con el ceño fruncido. -Oye ¿Te sientes bien?- Consultó más serio, algo que dejó sorprendido al agente de ventas, quien parpadeo un par de veces por la pregunta.

-Si, Masamune ¿Por qué?

-Anoche bebiste de más.- Le recordó estirando una mano para apoyarla en su frente. -No, no tienes fiebre.- Comentó pensativo. -Estuviste algo distraído en la junta y llegaste todo rojo, pensé que quizás estabas trabajando enfermo, no sería la primera vez que lo harías.

Y Con esas palabras el rostro del agente de ventas volvió a mutar a una notoria tonalidad rojiza que pobló tanto sus mejillas como sus orejas. -Estoy bien, Masamune, no te preocupes.

-Oh ¿Seguro estas bien?- Inquirió ahora curioso, mirando a su amigo con los ojos entrecerrados. -¿Estas nervioso?

-¡Ya callate, Masamune! ¡Encargate de tus asuntos!- Regañó dispuesto a dar media vuelta y continuar con su camino pero se vio impedido por la mano del morocho que lo había tomado del brazo y lo arrastraba dentro de uno de los salones de juntas que estaba vacío.

-¿Qué pasó? - Inquierió en cuanto lo soltó.

-¿Qué crees que haces? No pasa absolutamente nada, déjame en paz, ya tengo que irme en realidad, ve a molestar a Onodera.

-A él puedo molestarlo después, ahora ¿Por qué el sonrojo y los nervios? Anoche estabas todo enojado y deprimido por el asunto con Kirishima y hoy estás distraído y sonrojado ¿Qué pasó? ¿Ahora sí te tocó anoche?

-¡Pudrete!

-No seas tan apático y cuéntame ¿Solucionaron las cosas? No me digas que tuvieron un rápidito en la oficina antes de la junta.- Bromeó quedándose boquiabierto ante el gesto de su amigo, parpadeando un par de veces. -¡Oh, Dios! ¡Takafumi, no te tenía como el tipo de persona que…!

-¡NO ASUMAS ESAS COSAS, MASAMUNE! - Protestó antes de que el otro pudiera completar la idea, frotando su rostro con una mano. -Nada de eso, solo estoy arrepintiéndome de escucharte cuando sé que no eres más que un imbécil.

-¿Escucharme? ¡Ah! ¡¿Así que si vas a mover el culo en lugar de esperar a que una zorra se lo lleve?!

-¿No te hartas de ser un idiota?- Contestó rodando los ojos. -Escucha, tengo que irme, Hiyori está esperándome en cas así que no fastidies ahora.

-Oh, claro, claro, adelante ¿Quién soy yo para apartar a una buena madre de sus deberes de esposa?

-¡Morite, Masamune!- Chilló saliendo de la sala con un gran portazo ignorando las sonoras carcajadas del enfermito de su amigo.

De mal humor fue a su oficina, junto sus cosas y se despidió de sus subordinados, eran apenas las cuatro de la tarde, muy temprano pero había terminado con lo necesario asique podía irse, nadie iba a detenerlo tampoco.

Le escribió a Hiyori para preguntarle si tenía que llevar algo a casa y tras recibir una corta lista de compras se encaminó a un mercado para buscar lo que ella le pedía y de paso comprar un paquete de dulces para la chica a modo de disculpa por desaparecer por dos días.

Sonrió complacido cuando apenas cruzar el genkan sintió a Sorata frotandose en sus piernas mientras ronroneaba el cántico alegre de Hiyori que desde la cocina la daba la bienvenida.

Si, se sentía en casa.

No demoró en llegar donde la preadolescente entregadole las compras y su presente.

-Se ve bien, Onii-chan, ahora preparo la merienda para que los comamos juntos.- Alegó alegremente mientras dejaba que el mayor se deshiciera del traje y el portafolios en la habitación de su padre.

Yokozawa entonces reparó en en la cantidad de ropa suya que descansaba en el armario de Kirishima, tenía incluso ropa casual y de entrecasa mezclada entre las que le pertenecían al mayor y con tranquilidad se colocó una remera blanca de mangas cortas y un pantalón holgado antes de regresar al living donde Hiyo ya había dispuesto dos tazas de té junto a los dulces.

Miró con sorpresa la taza de la niña y arqueó una ceja. -¿Té?

-Si, ya estoy muy grande para seguir tomando chocolatada ¿No crees, Onii-chan?

Sonrió ante sus palabras y acarició suavemente su cabeza mientras asentía. -Si es lo que tu crees entonces esta bien, Hiyo. - Dijo sentándose a su lado. -¿Cuál es la receta que quieres intentar esta noche? Tu padre dijo que no volvería tan tarde hoy asique tal vez podamos cenar los tres.

-¿En serio? ¡Que bueno! Bueno quiero hacer esto, ahora te lo enseño. - Girándose buscó en su mochila su cuaderno y comenzó a explicarle la receta al mayor con gran alegría.

Y así pasó su tarde, entre alegres charlas con la chica antes de que entre ambos se dedicaran a preparar la cena.

Pese a que Kirishima le había dicho que no llegaría tan tarde pasadas las nueve de la noche tuvo que pedirle a Hiyori que cenara y fuera a dormir ya que al día siguiente tenía escuela y él se quedó en el living, sentado en el sofá esperando por su pareja.

Tenía la mirada perdida en el televisor frente a él sin prestarle atención al programa que éste emitía, estaba más entretenido pensando en cuál sería su siguiente movimiento para atraer la atención de su pareja.

Tenía un par de ideas, pero la verdad fuera dicha, no creía poder llevarlas a cabo realmente, pasaban de las once de la noche cuando escuchó ruido en el pasillo y las voces de su pareja la nueva vecina despidiéndose mutuamente.

Con renovada determinación fue a la cocina y se dispuso a calentar la cena para el editor.

-Ya estoy en casa…- Se escuchó el murmullo junto al ruido de la puerta al cerrarse y pocos después los pasos de editor dirigiéndose a la sala.

-Estoy en la cocina.- Anuncio haciéndose notar sin alzar demasiado la voz, Hiyo ya dormía y no quería despertarla.

-Mmmm huele bien ¿Qué hay para cenar?- Preguntó Kirishima, alegre pero agotado entrando en la estancia.

-Hiyo y yo hicimos katsudon para cenar, ve a lavarte las manos que enseguida lo sirvo, ella ya esta dormida.

-¿Oh? ¿Me esperabas para cenar?- Canturreo mientras abrazaba las caderas de su amante, apegándose a su espalda.

-¿Y qué si así lo hice? Ve a lavarte las manos Zen y déjame que estoy calentando la comida, puedes ocacionar un accidente, idiota.- Reprochó en tono bajo, girando apenas la mirada para encontrarse con los ojos juguetones del editor y su sonrisa ladina.

-Así sí da gusto llegar a casa, deberías solo mudarte de una vez, Takafumi.

-Deja de balbucear tonterías.- Pidió, respirando profundo antes de girarse y tomar al mayor del cuello de la camisa atrayéndolo a él para besar sus labios menos apasionadamente que la última vez, haciendo del beso una caricia mutua, lánguida y dulce, y tras separarse con las mejillas aun ardiendo lo miró a los ojos. -Bienvenido a casa, ahora andá a lavarte las manos.- Ordenó soltandolo para volver a lo que hacía.

Kirishima se quedó estático, parpadeando un par de veces antes de hacer lo que le fue pedido, dirigiéndose al baño con una sonrisa genuina en sus labios, solo sabría Dios que mosca le había picado a su osito gruñon, pero no se quejaba, para nada.

Cenaron juntos entre amena conversación y luego se encargaron entre ambos de dejar la cocina presentable antes de irse a dormir.

-Sabes, Takafumi, estas muy adorable hoy.- Comentó mientras se subía la cama, abrazando las caderas de su amante para atraerlo contra él.

-¿Adorable? Estás chiflado, Zen, soy un hombre ¿Cuántas veces tengo que recordártelo?

-Los hombres también pueden ser adorables, pero estas muy… - Dudo de qué adjetivo usar y solo negó con su cabeza, tirando del cuerpo del menor para dejarlo recostado en la cama y colocarse sobre él. -Tus besos me dejaron deseando más ¿Sabias?

-Ey, Zen, tenemos trabajo mañana y vos estás agotado, no me vengas con estas cosas ahora. - Alegó frunciendo el ceño.

-Vos fuiste el que empezó ¿Querías provocarme, Takafumi? - Consultó mientras se inclinaba sobre él rozando sus bocas sin llegar a besalo.

-No te fuerces a pesar si simplemente no tienes neuronas para hacerlo, estas diciendo estupideces.- Se defendió con el ceño fruncido.

-Hazte responsable de esto.- Exigió ignorando el insulto, tomando la mano del agente de ventas para ponerla sobre su semi erección, haciendole notar su estado.

Yokozawa tragó saliva y fijó su mirada en los ojos ámbar de su pareja antes de por su propia cuenta comenzar a acariciar el leve bulto sobre la tela, chasqueando su lengua ante la mirada arrogante y victoriosa del mayor.

Ese imbécil. Le iba a enseñar.

Apoyando su mano disponible sobre el pecho desnudo del castaño empujó hasta hacerlo caer en la cama y sobre él, apoyando su peso en sus rodillas y apoyando luego la mano que usó para empujarlo en la cama junto a su rostro. -No vamos a llegar al final, trabajamos mañana.- Declaró para después besar sus labios, acallando cualquier cosa que él editor tuviera pensado decir.

El beso pronto se volvió apasionado, sus lenguas luchaban fuera de sus bocas, acariciándose, reconociéndose mientras el menor acariciaba la semi erección de su pareja sobre el pantalón, masturbandolo lentamente, complacido de escuchar la respiración del castaño acelerarse.

Cuando el beso se cortó deslizó su boca por el cuello del más alto, lamiendo despacio, probando su piel mientras sus dedos se colaban bajo la ropa para dejar expuesta la virilidad erguida de su novio.

-Takafumi~

Cerró sus ojos al escuchar ese jadeó y continuó bajando, deslizando su lengua por la clavícula derecha para luego llegar a su pectoral dejando un suave beso sobre el pezón a su alcance, complacido de oír los leves suspiro que su amante estaba dejando escuchar y lentamente fue acomodándose entre sus piernas bajando con besos por el plano vientre hasta sentir la erección rozando su barbilla.

Alzó su mirada al rostro de su pareja, encontrándose con ese bello par de ojos que lo observaban expectantes y deseosos y pese a que estaba costandole su sangre y vida le mantuvo la mirada mientras abría su boca y sacaba su lengua para acariciar en círculos el enrojecido glande.

-Taka-ngh~

Lentamente fue dandole abrigo desde su boca, haciendo vació con sus mejillas mientras usaba su lengua para empujar la punta contra su paladar, descendiendo su cabeza para dejar entrar centimetro a centimetro cuanto podía del sexo de su amante.

La mano derecha del editor comenzó a pasearse por los cabellos de su pareja, apretando su mandíbula mientras veía con ojos entrecerrados los ojos azules que estaban decididos a enfrentarlo ¡Dios! ¡Eso era lo más erótico que había visto en demasiado tiempo! ¡Takafumi se la estaba chupando mientras lo miraba a los ojos! ¡Si estaba soñando mataría a quien lo despertara!

-Seguí… - Pidió mientras empujaba un poco su cabeza, marcándole un ritmo más acelerado y el agente de ventas no dudó en obedecer.

Bajaba y subía su cabeza por la extensión tan rápido como le era posible, tomándose unos segundos para respirar al sacarlo de su boca y recorrer las hinchadas venas del tronco con la lengua sin perder contacto visual, usando su mano derecha para comenzar a acariciar los tensos testículos.

Sabía que Zen iba a correrse pronto, la forma en que palpitaba contra su lengua se lo estaba dejando claro pero por si llegaba a tener dudas las forma en que él tiraba de su cabello y comenzaba a arquear su espalda eran una nueva confirmación.

-¡Taka-fumi… voy a…! - Advirtió apretando los párpados al sentir que su novio no se detenía al contrario ponía más empeño, succionandolo sin embargo ya no pudo tolerarlo más cuando en una de las bajadas el agente de ventas acunó su virilidad en su garganta. -¡Caraj-!- Gimoteó llevando su mano derecha a su boca para morderla en un intento de ahogar la exclamación apretando quizás con excesiva fuerza los cabellos viendo tras sus párpados cerrados las chispas de luz mientras su cuerpo sucumbía a los espasmos de un espectacular orgasmo, dejándose caer en la cama en cuanto su cuerpo se liberó de tensión.

No era que le gustara particularmente el sabor del semen, pero sabía lo mucho que a su pervertido novio le gustaba verlo tragar. Le costó un poco no ahogarse en cuanto el editor se liberó y conteniendo la simiente aún en su boca se apoyó sobre en sus manos mientras se incorporaba, esperando atento a que el castaño se recuperara un poco. En cuanto Kirishima abrió sus ojos y volvió a verlo a la cara, tragó marcando deliberadamente el movimiento de su garganta, haciendo evidente lo que hacía y luego sacó su lengua para lamer discretamente su labio inferior.

Bueno, podía sentirse orgulloso, la mirada y la expresión de Zen en ese momento era impagable e inclinándose volvió a besarlo antes de que el castaño hablara y arruinara el momento.

El beso fue aumentando de cadencia y antes de darse cuenta estaba de nuevo con la espalda contra el colchón y con el mayor sobre él intentando succionar su alma fuera de su cuerpo con sus manos reccorriendolo sin ningún permiso.

-Zen, te dije que no ibamos…- Intentó protestar al sentir los labios ajenos invadiendo indiscriminadamente su cuello.

-No puedes hacerme eso y esperar que me quede tranquilo, Takafumi.- La voz del editor enronquecida por el deseo era algo que ni bajo tortura admitiría lo mucho que lo calentaba, sin embargo los movimientos del mayor se estaban volviendo más lánguidos y aletargados.

-Estás a punto de quedarte dormido.- Contestó usando solo la suficiente fuerza como para quitarse al mayor de encima y devolverlo a su lugar en la cama sin ser demasiado brusco.

Agotado y frustrado el castaño se quedó tirado, cubriendo sus ojos con su antebrazo derecho. -Mierda…- Murmuró con la voz pastosa, claramente luchando contra el sueño que después de su orgamos se había hecho totalmente irrefrenable. -Cuando termine el ciclo Takafumi… no podrás ocultarte de mi ni en el inf-infierno.- Alegó arrastrando las letras.

Honestamente se le hizo divertido ver al hombre luchando contra su necesidad básica de descanso y no pudo evitar cierto orgullo al pensar que parte de ese agotamiento era responsabilidad suya. Después de todo los conejos de Takano sobre el acoso no eran tan inútiles. -Solo duerme, Zen.- Pidió acercándose a darle un ultimo y casto beso en los labios, evitando quejarse al sentir que el hombre lo abrazaba y se dejó arrastrar a los dominios de morfeo junto a su pareja.

Al parecer no sería tan complicado seducir a su novio y mantener su atención.

.-.-.-.-Continuará. -

Notas de Sioa: ¡Okeii! ¡¿Qué les pareció?! Debería cambiarle la calificación a esta cosa por culpa de ese casi lemon por cierto ¿Qué les pareció?

Bueno ¿Qué creen de este intento de Yokozawa de seducción? Pueden tirar ideas de lo que quieran ver xDDD

Por ahora me despido las veré pronto, no olviden comentar :D

Sioa Shun Uchiha-san