Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
4
Recuerdos
Yoh Asakura
No sabía por qué, pero estaba seguro de que ese 21 de abril iba a ser un día que jamás olvidaría en toda mi vida, y no era porque ese día tocaría mi banda favorita, AeroException. Sabía que algo más sucedería… y ese algo lo descubrí hasta llegada la noche. Ni siquiera mi mamá me aguantaba en esa fecha, porque a cada segundo me recordaba que jamás me volvería a dejar ir a uno de sus conciertos. No sentí el correr de las horas, pues cuando me fijé ya eran las seis de la tarde. Kaoru quería ir conmigo al evento, pero mi querida Keiko no le dio permiso. Tanto mejor… Si hubiera ido, me habría muerto de la vergüenza. Así que, sin más, me subí al auto. Mamá manejaba con un aire tranquilo hasta cierto punto, mientras que yo iba hecho un manojo de nervios en el asiento del copiloto. En todo el camino, casi no hablé con mi madre. Simplemente no podía sentir algo que no fuera paranoia. Por más que repitiera en mi mente que todo iba a salir bien, una parte de mi cerebro estaba dispuesto a refutarlo. Tenía que permanecer tranquilo. No quería que mamá sospechara que algo me tenía inquieto. No aguantaba porque ya fuera la hora de bajarme del auto, para descubrir de una vez por todas qué era lo que el destino me tenía preparado esa noche.
Keiko estacionó a una cuadra del lugar y, antes de quitarle el seguro a la puerta, me dirigió una mirada de desdén. La miré, dolido. Jamás me había visto de esa forma. ¿Qué era lo que le sucedía? ¿Acaso había hecho algo malo? …Varios días después, comprendería el significado de ese gesto. Le había recordado a Mikihisa cuando este era joven. Abrí la puerta y la cerré de golpe sin medir mi fuerza. Keiko puso los ojos en blanco antes de dirigirme unas palabras. Al parecer, ya se había dado cuenta de las consecuencias que trajo haber realizado esa expresión. Ese semblante que jamás en la vida podré olvidar.
—Cuídate, Yoh —pude sentir que el tono de voz que empleó se había vuelto angustiado y, a la vez, reflejaba un poco de culpabilidad—. Si pasa cualquier cosa, me llamas a la casa o al celular, ¿eh?
—Está bien —respondí, quedamente.
—Cuando llegues a casa, te desharás de esa ropa negra y te me vas a quitar el esmalte. Pareces emo, o gótico, o lo que sea.
Quizá pensó que eso me haría gracia. La verdad era que seguía sin comprender cómo pudo herirme con esa mirada tan dura que me dirigió. Siempre he recibido tratos así en la escuela, ya que creían que era un brujo que hacía pactos con el diablo y cosas así.
—Seguro… Te veo luego —me despedí de ella, sin voltear a ver atrás.
De una sola vez, me dirigí hacia la enorme fila de personas que querían entrar al recinto. Todos charlaban muy animados, compartiendo sus expectativas sobre conseguir los autógrafos de una de las mejores bandas de rock de todos los tiempos. Por mi parte, me mantuve callado, a la espera de poder entrar al lugar donde se llevaría a cabo el evento al cual había deseado tanto poder asistir. Estaba tan feliz por haber conseguido un asiento justo frente al escenario. Estando ya en la fila, hubo un momento donde volteé a ver hacia atrás, ya que me daba curiosidad saber qué tanta gente había conseguido entradas para la zona VIP. Me pareció divisar una larga cabellera castaña, meciéndose al compás del viento. El dueño de tan llamativo cabello no supo que lo miré unos segundos, pues se había girado para hablar con otro sujeto. Parpadeé con confusión y volví a mirar hacia la entrada del recinto; al parecer se había armado un alboroto. El tipo de seguridad se estaba peleando con un sujeto calvo que afirmaba que sus entradas no eran falsas. Lo típico en un concierto.
Diez minutos después, estaba buscando mi asiento con emoción. ¿Cómo era posible que hubiera juntado tanto dinero? La verdad era que en ese concierto se fueron mis ahorros de seis meses… y aun así necesité un poco más de dinero, así que Keiko me ayudó, cosa que me sorprendió porque ella detestaba ese tipo de música, a pesar de que el rock de esta banda no se caracterizaba por ser pesado. Aunque tampoco era muy tranquilo que digamos… Lo normal. Sin excederse demasiado. Finalmente, la hora había llegado y comenzó a tocar la banda de apertura. Una totalmente desconocida. No obstante, lo hacían bastante bien. Lástima que casi no les presté atención, porque lo único que pasaba una y otra vez por mi mente era que tenía que ver a AeroException tocar. Cuando ellos salieron a escena casi me dio algo. Tocaron canciones como Empty Euphoria, Ignorance, Lying To You… y otras tantas que mejor no mencionaré para ir directo al grano. El motivo por el cual casi me da un paro cardíaco. La razón por la que sentía toda esa paranoia… Esa sensación de que me habían estado ocultando algo muy importante.
El concierto terminó y era el momento de la firma de autógrafos. Para mí también fue un momento de locura. Cuando se apartó el chico que tenía adelante… ¡Me di cuenta de que estaba parado justo frente a mis ídolos de la música! El primero que me dio su firma fue el baterista de la banda. Luego le siguió el bajista, el de la guitarra eléctrica principal y, por último, los dos vocalistas del grupo. En este momento le agradecía a mi madre por haberme mandado a clases de inglés, de lo contrario, habría hecho el ridículo frente a ellos.
—¡Hola! ¿Cómo te llamas? —me saludó Pierre, el vocalista principal.
—Yoh Asakura —sonreí con emoción.
—Espera… —hizo una pausa, mirándome de pies a cabeza. Sus ojos reflejaban duda y confusión—. ¿No habías pasado ya para que autografiáramos tus cosas?
¿Qué rayos?, pensé completamente extrañado. ¿Me estarían confundiendo con alguien más?
—No… —le respondí y al parecer me creyeron, dado que mi rostro estaba igual de desorientado—. Creo que me estás confundiendo, Pierre.
—Yo también pensé lo mismo —comentó Jake, el bajista de AeroException, quien estaba sentado un poco más lejos que él—. Qué extraño.
—Bueno, ¿podrías repetirme tu nombre de nuevo, por favor? —me pidió Pierre entre risas.
Sonreí con cansancio. Típico.
—Yoh Asakura —pronuncié mi nombre por milésima vez en ese día. No me molestaba que me hicieran hasta deletrear mi nombre. O bueno, a ellos sí se los dejaba pasar—. Y-O-H A-S-A-K-U-R-A.
—Disculpa a este tonto —me pidió Brad con diversión, el otro vocalista y segundo guitarrista del grupo—. El cansancio no lo deja escuchar bien…
—¡Hey! —reclamó, una vez que terminó de autografiar mis cosas y se las pasó a Brad—. Por lo menos yo tengo un autógrafo decente… ¿Qué demonios es eso? Parece un garabato hecho por un niño de dos años —se burló, señalando la firma de su compañero.
—No hay problema, estoy acostumbrado —comenté, viendo con diversión su pequeña pelea—. Gracias por firmar mis cosas, espero que vengan de nuevo a Japón en su próxima gira —agradecí, tomando mi camiseta autografiada y los álbumes con una sola mano.
—No te vayas todavía —me habló Pierre con una sonrisa en la comisura de los labios. Giré sobre mí mismo para voltearlos a ver. La confusión estaba reflejada en mi rostro—. Estás de suerte, tendrás que quedarte un par de minutos más.
Tenía que ser una broma. Había sido uno de los quince seleccionados que tendrían la suerte de convivir un poco más con ellos. Me salí de la fila, súper emocionado. Me sorprendió que no me haya puesto a brincar como loco ahí mismo. Caminé unos cuantos pasos más… hasta que lo vi. Aquello fue suficiente para regresarme a la realidad. Un chico de mi misma edad estaba parado en una esquina del cuarto, apoyado de espaldas contra la pared. Las cosas que le habían autografiado estaban a un lado suyo. Parecía estar asesinando con la mirada a su pobre celular. Tenía la tez bronceada, era bastante alto y su cabello era color castaño oscuro. Era… idéntico a mí. ¡Era igualito a mí! La única diferencia estaba en que su cabello era mucho más largo que el mío.
No podía dejar de verlo. ¿Ese era el extraño presentimiento que tenía? Los nervios que había sentido durante todo el santo día… ¿Tendrían que ver con ese chico? Di un paso hacia atrás, temeroso. ¿Qué demonios estaba pasando ahí? ¡Es que era simplemente imposible! Venir a un concierto de rock y encontrarme a un muchacho terriblemente parecido a mí. Entonces aquel joven alzó la mirada, algo molesto porque seguro sintió que lo veía descaradamente, y mis ojos se encontraron con los suyos. Me dirigió una mirada de horror. Incluso esos orbes marrones eran iguales a los míos. Eso quería decir que él tampoco estaba enterado de nada. Fue ahí cuando una nube de pensamientos se me vino encima. Cavilaciones, suposiciones… Todas iban a parar a la misma respuesta. No creía que por casualidades de la vida nos hayamos encontrado en el mismo lugar; era el destino. Él no sabía de mi existencia, al igual que yo. Coincidencia no era que tuviéramos el mismo físico: el mismo color del cabello, tono de piel, color de ojos… Entonces recordé cuando Keiko me habló por primera vez de mi padre. Lo único que sabía era que ambos se habían separado cuando yo tenía un año y unos cuantos meses de edad.
—Disculpa —pronuncié esa palabra con algo de temor—. No es mi intención ser entrometido, pero… noté que mirabas furioso a tu teléfono. ¿Acaso no funciona?
—¡Ah! —exclamó, desconcertado. Sonrió con algo de nerviosismo. Tantas miradas de asombro me hacían sentir realmente incómodo, al igual que a ese chico que se parecía demasiado a mí—. Algo así. Necesitaba hacer una llamada, pero no responde cuando presiono las teclas… ¡Odio este maldito vejestorio! ¡En mal momento se le ocurre fallar!
—Puedo prestarte el mío si quieres —le propuse, mirándolo con diversión.
El muchacho sonrió, más confiado.
—Por favor —me pidió, un poco avergonzado.
Se lo puse en la palma de la mano, percibiendo por el rabillo del ojo que todas las miradas se habían puesto en nosotros. Mi posible doppelgänger bufó con molestia, mirando de reojo a una pareja que no hacía el más mínimo intento por disimular que nos estaban mirando. Reí bajito al ver que rodó los ojos con exasperación. Creo que hasta habíamos captado la atención de los chicos de AeroException, pues se veían igual de confundidos que nosotros. El chico sonrió divertido al inspeccionar mi celular. Era más reciente que el suyo. Murmuró que estaba genial… Aunque yo no veía nada genial en esa cosa. Ya tenía sus años y la cámara era pésima. No se podía tomar una foto sin que esta saliera borrosa y si quería marcar el número tres, tenía que apretarlo con una gran fuerza… Algún día compraría otro teléfono.
—¿Quién es la que está en la foto? ¿Tu hermana? —me preguntó, perplejo.
Era la imagen de una mujer que lucía un bonito vestido de verano. Estaba sentada en la playa, posando como una modelo. Solía molestarla con esa foto, recordándole que ese día más de un hombre se le quedó viendo, cosa que muy en el fondo me molestaba un poco.
—No, es mi mamá —respondí entre risas al ver la expresión de su rostro.
—¡Vaya! ¡Se ve muy joven! …Es muy linda, por cierto.
—Gracias, pero espero que no me pidas su número o algo, porque no te lo daré… Me extraña que te sorprenda que tenga una foto de mi mamá. ¿Acaso tú no tienes fotos con tu madre? —inquirí, sonriendo de lado.
Él torció el gesto. En ese instante, me arrepentí de habérselo preguntado.
—No… Mis padres se separaron cuando era pequeño. Sólo vivo con mi papá.
No podía haber un momento más incómodo que ese. De eso estaba seguro.
—¿Tus padres se separaron?
—Sí —bufó, molesto—. No había cumplido ni los dos años. Estoy seguro de que fue por alguna tontería. Ya sabes hasta qué extremos pueden llegar en un pleito. Aunque, debo admitir que me habría gustado conocerla —suspiró melancólicamente—. Al menos, tú tienes la suerte de vivir con tus dos padres.
—Los míos también se separaron cuando tenía un año y unos meses —solté de repente.
El muchacho me volteó a ver con incredulidad. Eso sí que era insólito. Los dos vivíamos sólo con uno de nuestros padres: él con su papá y yo con mi mamá; y nuestro parecido era asombroso. Algo andaba muy mal ahí.
—Qué extraño —admitió para sí mismo.
Nos quedamos callados durante un momento, cada quien estaba tratando de analizar lo que estaba ocurriendo.
—Lo sé.
Al parecer, mi doble dudaba en llamar a su padre o no. ¿Estaría pensando preguntarle sobre lo que estaba pasando?
—¿Vienes desde lejos para ver a AeroException? —me preguntó, curioso.
Entendía por qué le interesaba el tema. Muchos habían viajado desde distintas partes del país únicamente para venir a este concierto.
—No. Vivo aquí en Tokio desde hace un año. ¿Y tú?
—Me mudé hace unas dos semanas —admitió—. Creo que fue la mejor decisión que mi padre ha tomado.
—Tokio es genial, y vaya que es enorme. Si quieres, puedo darte un recorrido por la ciudad un día de estos.
—Oh, eso sería genial —me sonrió un poco. Le devolví el gesto—. Puedo cualquier día del próximo mes, menos el 12 de mayo. Tengo un compromiso ese día.
—¿Compromiso?
—Así es. Mi papá ya hizo planes por mi cumpleaños y se pone como loco si las cosas no salen como las ha planeado —me confesó, sintiendo un poco de pena. Me sorprendí demasiado cuando me dijo eso—. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—¿Tu cumpleaños es el 12 de mayo? —inquirí, tratando de mantener la cordura en ese momento.
—Sí, eso dije —respondió, mirándome con confusión—. ¿Por qué…?
—Yo también cumplo años ese día —lo interrumpí, logrando que pusiera cara de espanto al escuchar aquello.
—¡¿Qué demonios…?!
—…Podría jurar que hasta somos hermanos —traté de bromear, pero la verdad ni a mí me hacía gracia la situación.
Éramos idénticos y cumplíamos años el mismo día. Todo era demasiado chocante.
—Podría ser —susurró, a la vez que pensaba en esa posibilidad. Estábamos asustados. ¿Por qué nos habrían mentido? De pronto, pareció recordar algo—. Jamás he visto fotos de mi madre, así que no podría decirte si tu mamá se parece a la mía, pero… ¿Y tú? ¿Conoces a tu papá? Creo que tengo una foto del mío en este celular de porquería.
Lo había visto en más de una ocasión. Fue un día en que Keiko estaba buscando unos papeles dentro de unas cajas. Agarré una fotografía que había puesto a un lado de ella, sin que se diera cuenta. Era una foto del día de su boda.
—¡Mierda!
El chico maldecía en voz alta a su teléfono, mientras intentaba buscar aquella imagen. Si descubría que éramos hermanos, mi vida iría a cambiar por completo. Me enseñó una foto que hizo que mi corazón diera un vuelco. Un hombre de alta estatura, de largos cabellos castaños, moreno y de ojos color café le sonreía a la cámara, a la vez que mi doppelgänger lo abrazaba por la nuca. Mi doble se parecía mucho a él… Igual yo.
—Se parece mucho al mío, pero no puedo asegurarte que sea él o no —solté, mirando detenidamente la foto. Odiaba con toda mi alma estar pasando por esto, no quería hacerme ilusiones. Siempre había querido tener un hermano mayor con quien pasar el tiempo; y no quería emocionarme, por si resultaba que ese chico y yo no teníamos parentesco alguno—. ¿Ya has escuchado que supuestamente hay siete personas iguales a ti en todo el mundo?
—Sí, los doppelgängers… ¿Crees que sea nuestro caso?
—No lo sé.
—Pues vaya situación en la que estamos metidos. Odio no tener ni puta idea de qué está pasando.
Ya habían transcurrido unos diez minutos desde que empezamos a charlar y la gente seguía viéndonos. Me sentía incómodo con tanto par de ojos mirándonos fijamente.
—No soporto a esta gente —murmuró, observando con odio a todo aquel que se atrevía a vernos. Lo miré de reojo con una gotita de sudor en la sien—. ¿Qué acaso no tienen nada mejor que hacer?
—A mí tampoco me gusta atraer las miradas de todos —admití con un poco de vergüenza—. Creo que no hay de otra… Eh…
—Hao —se presentó con una sonrisa divertida, gesto que le devolví.
—…Hao. Aunque nuestro grupo favorito también nos está viendo… ¿Sabes? Cuando estaban firmando mis cosas, me preguntaron si ya había pasado por ahí. Ahora lo entiendo todo, debieron notar nuestro parecido cuando pasaste antes que yo.
—Bueno, creo que, si hubiera estado en el lugar de ellos, también habría pensado lo mismo… Este… —hizo un gesto incómodo con la cara.
—Yoh —me eché a reír, completamente divertido.
Era increíble que lleváramos un buen rato hablando y ni siquiera sabíamos el nombre del otro.
—…Yoh. Es muy extraño lo que está pasando, y por primera vez en mi vida no sé qué demonios hacer.
—Yo tampoco —no se me ocurrió nada más para decirle.
Comenzaba a frustrarme ese silencio incómodo. En verdad detestaba no saber nada. Podría preguntarle a mi madre si en verdad tenía un hermano, pero… tenía miedo. Me entró un pánico muy grande al instante en que lo pensé, porque lo más probable era que mi mamá quisiera huir de la ciudad inmediatamente. No era tonto como para deducir que no quería ver de nuevo a mi padre y, antes que verlo, preferiría obligarnos a regresar a Izumo de nuevo. Estaba casi seguro que, muy en el fondo, ella lo seguía amando… Sin embargo, no lo demostraba. Cada vez que pensaba en él, se enojaba consigo misma y buscaba cambiar el tema de alguna u otra forma.
—Oye, ¿y si le preguntas a tu papá? —le sugerí a Hao, encogiéndome de hombros—. No quiero preguntarle a mi madre porque no es que tenga tan buen carácter. Estaría súper enojada y… tengo miedo del castigo que me llegue a dar.
Tuve que mentirle. No era capaz de decirle que mi miedo era que, si de verdad éramos hermanos, nos separaran nuevamente.
—Pues hace un rato estaba pensando en hacer eso, pero no creo que sea lo mejor. Miki quedó en malos términos con mi madre. Al parecer, tuvieron una tonta pelea. Es todo lo que sé. Nunca le gustó que le preguntara sobre ella.
—A mi madre tampoco —comenté, mirándolo de reojo.
Hao cambió su semblante, se mostró algo molesto.
—Qué mierda, en serio.
Brad, Pierre y los demás del grupo nos seguían viendo; al igual que todos los demás. Sólo me limité a mirar el piso. Como si no hubiera otra cosa más interesante en la Tierra. Aún no lograba asimilar toda esta información, y fue mientras pensaba en todo este lío que viví un 21 de abril, cuando se me vino una gran idea a la mente. No sabía si era lo mejor, pero era la única solución que le veía a nuestro extraño problema.
—Quizá sí podamos averiguar por nuestra cuenta —hablé, finalmente.
Le expliqué mi pequeño plan a Hao, quien prestó atención de inicio a fin. Era un poco descabellado, ya que podrían descubrirnos. No obstante, no quería esperar treinta años más para saber la verdad.
Necesitábamos respuestas, y las necesitábamos ya.
•❈•
Juré que nunca más volvería a poner un pie en ese lugar. Sin embargo, el destino me odiaba y me hacía volver una vez más. La única manera que encontraba para poder solventar mi problema era visitar, de nuevo, a la psicóloga de la escuela. Cuando recién ingresé a la institución, no hablaba con nadie por mis problemas de confianza… Por todo lo que había pasado en Izumo, durante mi complicada infancia. Mis compañeros se veían muy amables, pero aun así no era capaz de entablar amistad con ellos.
Al notar ese detalle, Keiko prácticamente me obligó a visitar a la psicóloga, quien me ayudó a dejar de ser frío con los demás y abrirme hacia ellos. Maya era una mujer muy bonita, de cabello castaño claro y ojos negros. Solía vestir completamente de blanco o combinaba sus prendas con algún otro color, y siempre llevaba puesta una pequeña cinta negra en su cabeza. Creo que, aunque ella no fuera psicóloga, siempre ayudaría a los demás en lo que pudiera por su naturaleza agradable. Tenía un esposo llamado Ados y un hijo un par de años menor que yo de nombre Melos, cuya salud era un poco inestable. Ella me tenía bastante confianza; incluso me había confesado que, de participar en el torneo, entraría con su familia y formarían el "Equipo Enseioth". Como decía anteriormente, ella me caía muy bien, pero me daba vergüenza que mis amigos me vieran saliendo de su despacho. Quizá también sentía algo de pánico; si bien no quería que mi madre supiera nada, tampoco les conté a los chicos sobre mi encuentro con Hao en el concierto. Seguramente estaba siendo demasiado paranoico, mas no quería arriesgarme a que mi mamá se enterara porque a alguno de mis amigos se le había escapado.
Le conté absolutamente todo lo que había sucedido ese día y ella me escuchó atentamente, sin interrumpirme en ningún momento.
—¿Cree que exista alguna forma de saber si Hao es mi hermano sin que tenga que preguntarle a mi madre? ¿O él a su padre? —quise saber, sintiéndome muy nervioso por la respuesta que ella me daría.
—Tranquilo, Yoh. Creo que hay una forma —me sonrió cálidamente, lo cual me calmó bastante—. Me imagino que ya has escuchado sobre las pruebas de ADN. Bastará con que se hagan una prueba de sangre, o también podría ser a través de muestras de cabello. Mi hermano es dueño de un laboratorio, así que podría conseguir que les haga la prueba gratis. Normalmente demoran dos semanas en dar los resultados, aunque creo que podría hacer que se los entregue en una semana.
—¿De verdad haría eso por nosotros? —inquirí, muy sorprendido. Aquello me había conmovido mucho—. Muchas gracias.
Cuando terminó el día, me apresuré para llegar a la pensión y contarle a Hao todo lo que había hablado con la psicóloga. Habíamos decidido que nos estaríamos comunicando por videollamada, por lo que pude percibir su reacción. Lucía muy nervioso… ¿Cómo no estarlo? Por fin sabríamos si nuestros padres nos habían estado ocultando la verdad durante más de trece años. Llegó el día en que fuimos a la clínica que nos recomendó Maya y su hermano resultó ser muy amable; parecía ser algo de familia. Nos explicó el procedimiento, aunque la verdad no le puse mucha atención. Estaba muy nervioso, hasta me sentía un poco mareado por lo mismo. Nos hicieron las pruebas de sangre y la muestra del cabello. Tuvimos que esperar una semana para obtener los resultados… La semana más horrible de todas. No entendía cómo Keiko no se percataba de mi estado de ánimo, pues me la pasaba llorando todo el tiempo. Me sentía fatal, tenía demasiado miedo. De verdad quería que Hao fuera mi hermano. En estos días me había encariñado demasiado de él. Cada vez que veía a Hao a través de la cámara web –a escondidas de nuestros padres–, podía verlo muy aterrado. Supuse que él también estaba pasando por lo mismo.
Después de tanto sufrimiento, llegó el ansiado día. Menos mal que Keiko había decidido salir con Kaoru a la ciudad más cercana, o se habrían enterado que incluso vomité debido a los nervios. Temblaba demasiado y me había puesto muy helado… Era increíble, jamás me había sentido así. Era un manojo de ansiedad andante y eso aumentó cuando llegué al parque, donde quedé de verme con Hao. Él estaba igualmente pálido y sonrió nerviosamente cuando me vio. Por más que intentara ocultar sus emociones, él también sentía lo mismo. Entramos al consultorio, donde estuvimos esperando a que llegara el doctor. Cuando entró al cuarto, sentí que empalidecí aún más si eso era posible. No supe qué cara habíamos puesto, ya que, al vernos, inmediatamente intentó relajarnos.
—Aquí tengo sus resultados, chicos —nos enseñó un sobre de gran tamaño—. Sin embargo, antes de entregárselos… Independientemente de cual sea el porcentaje de parentesco final, no dejen que esto afecte negativamente sus vidas, ¿sí?
—…pero qué más da, si ya usted sabe el resultado —susurró Hao, mirando de reojo el sobre blanco.
Dicho esto, Maya y su hermano salieron de la habitación, dejándonos solos. Hao tomó el sobre y estaba dispuesto a abrirlo, pero lo detuve rápidamente.
—¡Espera! —traté de que no me temblara mucho la voz, aunque aquello parecía imposible. Le tomé de las manos y noté cómo estas temblaban debajo de las mías—. Antes que lo abras… Aunque no seamos hermanos, seguiremos siendo amigos, ¿verdad?
—Por supuesto que sí —me dijo, fingiendo una sonrisa.
No sabía si creerle o no. Respiró hondo, antes de romper el sobre por una esquina. A toda velocidad, sacó una carta que había dentro y la extendió. Me acerqué más a él para leer el contenido. Tenía mucha información sobre cómo interpretar y entender los resultados de la prueba. Es decir, indicaciones que no me interesaban mucho en ese momento, pero que igual tuve que leer porque no quedaba de otra. Ahí estaba, lo que tanto esperaba ver.
Índice de parentesco: 99.99%
Era obvio que me eché a llorar ahí mismo. Me sentía completamente feliz. Hao me abrazó, mientras lloraba silenciosamente a mi lado. Me sonrió y no dudé en corresponderle. Siempre me sentí solo… y me parecía extraño que, aunque en Izumo tuviera un par de amigos durante mi infancia, ese sentimiento nunca desaparecía. Ni siquiera cuando conocí a los chicos al llegar a Tokio.
Ahora todo tiene sentido…, pensé al tiempo en que veía el papel que Hao aún sostenía firmemente en sus manos.
Lo que me había hecho falta todo este tiempo… Era él. Mi hermano gemelo.
•❈•
Hao Asakura
No importaba cuántas veces viera el resultado de la prueba de ADN, yo seguía sin poder creerlo. Todo esto que estaba pasando era muy repentino. El doctor que nos recomendó la psicóloga de la escuela a la que asistía mi hermano –institución a la que yo también quería asistir– nos había entregado a cada uno los resultados de la prueba, para que ambos la tuviéramos… Simplemente no podía dejar de verla. Estaba muy feliz, claro. Recordé que, cuando era pequeño, siempre pensaba en lo mucho que quería tener un hermano, pues crecí pensando que era hijo único.
No había día en que no le llamara a Yoh. Siempre teníamos cuidado de no ser descubiertos por alguien… Hasta que nuestra hermana lo hizo una vez. Me hacía gracia cuando lo recordaba, porque Yoh salió disparado detrás de ella, amenazándola para que no le dijera nada a Keiko. Kaoru no se cansaba de decir que ese día le tuvo mucho miedo a Yoh, porque nunca lo había visto tan molesto. Luego de eso, ella se unía a nuestras pláticas de vez en cuando. Me caía muy bien, era muy divertida y solía hacer muchas travesuras. Era un "diablillo", como solía decirle mi gemelo. Entre los tres ideamos un plan, el cual pondríamos en marcha a partir de ese día. Aun así, no podía creer lo que estaba a punto de pasar… ¡Íbamos a hacer que papá y mamá se reencontraran! Aunque yo diría que el término adecuado sería re enamorar. Miki no solía hablar de mi madre cuando yo quería conversar sobre ella, es más… Siempre intentaba cambiarme de tema. Nunca me había puesto a pensar en lo doloroso que debió ser la ruptura entre ellos dos y, desde mi encuentro con Yoh, era una de las cosas que no podía sacar de mi cabeza. Si volvieran a surgir esos sentimientos ocultos en sus corazones, una vez que se vean a los ojos, tal vez volveríamos a ser una familia normal.
A pesar de ello, había un problema… y era que casi a diario me molestaba con Mikihisa. No soportaba tenerlo frente a mí, sin poder reclamarle ni nada. Estaba completamente seguro de que tenía derecho a hacerlo. Aunque, si lo pensaba bien, era un poquito cruel, pero… ¡Estaba seguro que cualquiera se hubiera molestado! Es decir… Ocultarme que tenía un hermano gemelo durante casi catorce años de mi vida, era algo muy fuerte. No obstante, antes de reclamarle, quería estar seguro de que él no me llevaría de nuevo a Hiratsuka o a otra ciudad, al ver que quería que nuestra familia estuviera junta de nuevo. Además, quería comprobar algo. Sabía que, si me quedaba callado, el muy cobarde de Mikihisa JAMÁS me diría la verdad. Quería asegurarme que el plan funcionara a la perfección, así que encendí la computadora para comunicarme con Yoh.
Yoh Asakura acaba de iniciar sesión…
¿Yoh Asakura? Estaría frito si mi padre veía su nick. Todo se echaría a perder… Además, recibiría la peor de las regañadas de mi vida.
Yoh Asakura dice: ¡Hola!
H40 4&4qvR4 dice: ¡Cambia tu nick! Si llega a verlo Mikihisa, ya podemos darnos por muertos.
Yoh Asakura dice: Tienes razón, me lo voy a cambiar, pero tú también deberías hacerlo. No entiendo ni papa lo que dice ahí.
…
Dark Angel dice: ¡Listo! No se me ocurrió nada mejor.
Master of Chaos dice: Creo que tendremos que borrar esta conversación.
Dark Angel dice: Jaja, ¿y el nick anterior?
Master of Chaos dice: No iba a gastar mis neuronas en sobrenombres. Además, no creo que Keiko logre descifrarlo. Ni siquiera papá. Una vez me castigó por andar haciendo "chat por papelitos" con un amigo de Yokohama y, para que no nos entendieran, escribíamos así. Igualmente tenemos que tener cuidado de no ser descubiertos… Vayamos al grano. ¿De veras crees que esto funcionará?
Dark Angel dice: ¡Pues claro! En las películas siempre funciona.
Master of Chaos dice: Oye… estamos hablando de la realidad.
Esperaba que nuestro objetivo se cumpliera. Me moría de ganas de vivir junto con Yoh, Kaoru y nuestros padres. Hoy sería el día en que averiguaríamos si aún había "chispa" ahí dentro. Nuestro plan era algo… extraño, por así decirlo. Primero iría con Mikihisa a comprar mi nuevo celular –hasta que por fin lo hizo–, para darles tiempo a Keiko, Yoh y a Kaos de que llegaran al parque donde todo ocurriría. Mi otra hermana no resistió la tentación de ver aquella escenita en vivo, por lo que también quiso ir.
Eran las tres de la tarde y ya me encontraba en el grandísimo local, viendo cada uno de los teléfonos móviles que ahí vendían. La mayoría de los modelos que tenían eran muy geniales. Lástima que sólo podía tener uno. Al final, escogí uno de pantalla táctil, ya que siempre me llamaron la atención ese tipo de celulares. Mikihisa se encontraba charlando con el tipo de la compañía para saber más detalles acerca de ese modelo, entretanto yo tenía que comprobar que este se encontrara en perfectas condiciones. Algo nervioso, y porque sabía que la hora se acercaba cada vez más, le marqué a Yoh.
—Diez minutos —le avisé entre susurros, ya que más o menos eso me iría a tardar.
—Ok. Te veo luego.
—Nos vemos.
—¿Todo bien, Hao? ¿Con quién hablabas? —preguntó papá con desconfianza.
¡DEMONIOS!, pensé, mientras tragaba con nerviosismo.
—T-todo está bien, pa —sonreí, completamente alterado.
Mikihisa alzó una ceja, ligeramente sorprendido.
—¿Por qué estás tan nervioso? ¿Qué has hecho?
—Por favor, ya empiezas —rodé los ojos, fingiendo sentir molestia porque me estaba acusando de entrada—. Le llamé a Nichrom para comprobar que este teléfono funcione.
Suspiré con alivio al ver que se volteaba para pedir el contrato. Me había salvado por un pelo. Bueno, ahora únicamente tienes que calmarte. No hay nada que temer…, me decía a mí mismo, mientras veía mi hermoso celular nuevo con una sonrisa en los labios. Definitivamente, iba a ser un día genial. Cuando llegamos al parque, no podía dejar de pensar que la suerte me sonreía nuevamente. ¡El parque era enorme! Tendríamos lugar de sobra para escondernos, así no iban a poder encontrarnos fácilmente. Sentí que el celular vibraba en mi bolsillo. Ese debía ser Yoh. Seguro quería saber si ya me encontraba en ese sitio, pero algo me dejó sin aliento antes de contestar. Vi a una hermosa mujer de tez clara, largo cabello castaño oscuro y ojos del mismo color. Estaba sentada en una banca a tan sólo unos metros de nosotros. ¡Por fin conocería a mi madre!
—¿Keiko? —la llamó un atónito Mikihisa.
La mujer se volteó, y pronto imitó su expresión. Sonreí para mis adentros. Este era un plan a prueba de errores. O se volvían a amar como antes… o se amaban como antes. ¡Ja! Quién lo diría.
—Mikihisa… —susurró la mujer, al instante en que su blanco vestido se mecía un poco al compás del viento.
Después notó que yo la seguía mirando y sus ojos se abrieron a la desmesura. Me había reconocido. En ese momento me preguntaba qué estaría pensando. Podía usar mi Reishi, pero no quería enojarme o sentirme triste por lo que fuera que estuviera cavilando en su interior. Me abstuve de leerle la mente.
—Oh, él es mi hijo —soltó, precipitadamente—. Hao, ella es Keiko… Una amiga.
—Es un placer —le acerqué mi mano para que la tomara.
Los ojos de Keiko brillaron de una manera extraña; y eso me hizo sentir mal. Siempre me ponía incómodo cuando veía a una mujer llorando… y ahora mi madre casi lo estaba haciendo. Sentí que se me formaba un nudo en la garganta, al pensar que debía mantenerme callado. Tenía que irme de ahí lo antes posible para encontrarme con Yoh y Kaoru.
—El gusto es mío, Hao —me estrechó la mano con una sonrisa forzada.
Le devolví la sonrisa, pero no pude evitar sentir una punzada de enojo por haberse alejado de mí y de mi padre cuando más la necesitábamos.
—Ya vuelvo, pa. Iré a comprar un helado —solté la primera excusa que se me vino a la mente—. ¿Quieres uno?
—No, gracias —musitó sin quitarle la vista a mi mamá. Perfecto…—. No te alejes mucho.
—Claro. Voy a estar cerca de aquí…
Esperando que ustedes dos, par de tortolitos, arreglen esto de una buena vez.
Me alejé con paso apresurado de ese lugar. Me sentía mal. Tuve la dicha de ver a mi madre tan siquiera unos segundos. No obstante, no podía abrir la boca o lo echaría todo a perder. Sabrían que ya nos conocíamos y… se nos armaría una grande. Parecía extraño que, por primera vez en mi vida, estuviera debatiendo si era bueno o malo lo que estaba haciendo. Siempre me dejaba llevar por mis instintos, por aquello que yo creía que era lo correcto. Bueno, supuse que esto que hacíamos estaba bien. Los haríamos recapacitar y todo volvería a la normalidad; viviríamos aquí en Tokio, como la familia que siempre debimos ser, e iría a la misma escuela que Yoh y Kaoru. Al mismo tiempo, sentía que esto nos podría acarrear aún más problemas. Después de todo, les estábamos mintiendo a nuestros padres. Pensándolo bien, ellos también nos habían ocultado muchas cosas. No éramos los únicos que engañábamos a alguien. ¡Así que merecían que nosotros también les estuviéramos ocultando una que otra cosa!
Entonces divisé a Yoh a lo lejos. Se encontraba sentado en una banca, comiéndose un enorme helado. A su lado, estaban unas bolsas de compras y una melena negra descansaba cerca de sus piernas. Me acerqué a paso decidido con una gran sonrisa. Un pequeño conejo de color amarillo y ojos oscurecidos, cuyas orejas y cola tenían las puntas de color negro, se posó encima de mi cabeza. Estaba feliz de que por fin hubiera llegado.
—Buenas tardes, joven y señorita Asakura —los saludé con una sonrisa, fingiendo un tono formal.
—Buenas tardes, joven Maki —bromeó Yoh.
—Eh, cállate. Creo que pronto yo también seré un Asakura —insinué, esperando que esos dos, que estaban un poco alejados de nosotros, estuvieran arreglando las cosas.
—¿Lograste ver algo? —inquirió a toda prisa mi hermana con ojitos brillantes.
Una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro. Ya me lo esperaba.
—No saben… ¡Hubieran visto sus caras! No podían creer que, de pura casualidad, los dos estuvieran ahí. Por cierto, tuve que fingir que le llamé a Nichrom. Por poco y esto se echó a perder, Yoh —le lancé una mirada colérica. De todas las excusas que pude haber imaginado… ¿Tenía que decir que me había comunicado con un amigo de la infancia?—. Lo peor del caso es que él se fue a vivir a Canadá hace un par de años y no nos hemos comunicado desde entonces. ¿Qué crees que hará Mikihisa cuando se entere de esta farsa? Nos… ¡Me ahorcará!
—¿Nichrom? ¿No es tu amigo de ojos verdes y de cabello trenzado?
—Sí, es él. Espera… ¿Cómo sabes quién es? ¿Lo has visto? ¿Anda rondando cerca de aquí? ¡Maldición, estoy muerto!
—Oye, Hao, cálmate. Le harás un favor al mundo si te tranquilizas un poco.
—Lo siento… Es que… Supongo que estoy un poco ansioso.
Se podría decir que 'ansioso' era la palabra que más me describía en ese momento. Aunque también pude haber utilizado paranoico, miedoso… En fin, había una gran variedad de vocablos aceptables para dicha situación. No obstante, no tenía la culpa de sentirme así. Tenía mucho miedo de que nos descubrieran, de que nuestro plan no llegara a funcionar. Ayer me pasé en vela toda la noche, pensando en lo que haría si quedábamos al descubierto. ¿Nos matarían? ¿Tendrían compasión de nosotros por haber pasado trece años de nuestras vidas completamente solos y sin saber que teníamos un hermano gemelo? ¿O simplemente les daría igual y seguirían con su relación de tortolitos? Sea cual fuese su reacción, tendría que poder manejar la situación. Hacerles ver que ni Yoh ni yo queríamos que cometieran, por segunda vez, la estupidez de separarnos.
—¿Qué se supone que estás comiendo? —le pregunté con curiosidad a Kaos.
—Horumon-yaki —contestó, relamiéndose los labios.
—Iugh —musité con asco.
—…Eso no me lo esperaba. Yoh también lo detesta —confesó mi hermana, sorprendida al ver mi reacción.
—Nadie en su sano juicio comería entrañas de cerdo o vaca asadas. ¡Qué asco! —soltó Yoh, viendo con aversión el recipiente que sostenía en sus manos—. Oye, pero no me esperaba que a ti tampoco te gustara. ¿Hay alguna razón?
—Bueno, además de su horrible sabor, me recuerda a Osaka —confesé por lo bajo, apartando la mirada de mis hermanos y viendo hacia cualquier otro lugar—. Detesto Osaka. Tenía seis años cuando me mudé de ese lugar… No me malentiendan, la ciudad es muy bonita, pero pasé por muchas cosas cuando vivía ahí con Miki. Si no se los había dicho antes, es porque me incomoda hablar del tema.
—Te refieres… ¿A los maltratos de los demás niños por ser un shaman? —supuso Yoh.
Abrí los ojos como platos al escuchar esas palabras.
—¿Ustedes también…? —dejé la frase en el aire. No necesitaba que me lo confirmaran, con sólo ver ese brillo de tristeza en sus ojos supe la respuesta. No quería que se sintieran mal, así que cambié el tema con rapidez—. Veamos si ya se reconciliaron.
Les hice una seña para que nos acercáramos a unos arbustos y así tener una mejor vista, claro estaba. Sabía que los tres nos moríamos de ganas de ver nuestro plan en acción. Mikihisa y Keiko estaban sentados en la banca, conversando sobre quién sabe qué cosas. A lo mejor sobre cómo le había ido a cada uno cuidando de un hijo o dos, respectivamente. O tal vez, acerca de cómo se habían sentido cuando se dio aquella ruptura por la estúpida pelea que tuvieron. Fuera lo que fuera, los dos parecían tratarse de una manera muy educada. Demasiado educada… Estuve a punto de soltar una maldición cuando ocurrió. Una sonrisita se formó en mis labios cuando vi que los dos se estaban sonriendo. Esa no era una sonrisa normal. Era de esas que pone la gente cuando está con su media naranja. Kaoru e Yoh chocaron los cinco, entretanto la última chillaba de la emoción.
—Nuestro plan funcionó —canturreaba Kaoru, mientras que Yami veía la escena con sus ojitos brillando de emoción.
Luego de ese acto de espionaje, nos dedicamos a perder el tiempo por un rato. Probé mi celular nuevo, Yoh y yo compramos un poco de mochi, ya que nos entró antojo, e intercambié algunas canciones con Kaoru. La enana tenía buenos gustos para la música. A ella también le gustaban un par de canciones de AeroException, el mejor grupo de todos. No me sorprendí al encontrar canciones de artistas que estaban de moda, pues a la mayoría de los adolescentes les gustaba ese tipo de música. Lo que sí me sorprendió un poco era que tenía canciones de temática oscura, o de Halloween; no sabía que le gustara tanto. Estaba casi seguro de que esa obsesión no tenía relación alguna con el hecho de haber nacido en el día de las brujas –entiéndase el sarcasmo–. Pasó un buen rato hasta que decidí que ya había dejado esperando a mi papá mucho tiempo. Llegué hasta donde se encontraba, una vez que Yoh y Kaoru se hubiesen ido con Keiko, quien los presentó ante Miki. Este estaba con la mirada perdida en el camino que había tomado mi mamá para marcharse. Sin embargo, sonrió radiante en cuanto me vio. Le devolví la sonrisa, sin vacilar.
—¿Listo para irnos? —tomó una de las bolsas de las compras que hicimos.
¿Les mencioné que pasamos por una tienda de ropa? Pues, yo quería que se comprara algo de ropa decente para otra idea que se había formado en mi mentecilla siniestra, y no tenía nada que ver con una cena elegante acompañado de mi adorada madre… Por supuesto que no.
—Claro.
•❈•
Pasaron los días y la tan ansiada cena llegó. Menos mal que no sospecharon que nosotros estábamos detrás de esos encuentros casuales. Aunque me hubiera gustado pasar la noche en compañía de mis dos hermanos, y no yo solito. Tuve que pasar el rato escuchando música, viendo la televisión, jugando con la consola… comiéndome el helado que Miki guardaba en el refri. Era aburrido tener tantas cosas al alcance de mi mano y no tener con quien compartirlas. Mikihisa no contaba, por más que él jugara, ocasionalmente, conmigo. Empezaba a pensar que, de cierta manera, él no tenía la culpa de todo lo ocurrido en estos años. Suponía que era algo normal, pues ni él ni Keiko estarían preparados para verse las caras si hubiéramos querido conocer a nuestra familia. Sin embargo, y como siempre, tenía que pasar algo que cambiara por completo mi modo de pensar.
Justo ese mismo día, me topé con algo que me hizo cambiar de opinión: una foto. Una foto de mis dos padres posando junto a mi hermano y yo, cuando apenas éramos unos bebés. Kaoru no aparecía, debido a que ella aún no había nacido. Oculté la foto rápidamente al escuchar que alguien bajaba por la escalinata que daba con los dormitorios superiores. Mikihisa descendía con una elegancia nada propia de él. No obstante, cualquier cosa que él hiciera en ese instante, provocaba que lo detestara con toda mi alma.
—¡Aquí estás! —exclamó con profundo alivio.
Traía una revista en la mano, detalle que pasó desapercibido para mí. Noté que estaba algo sudado… ¿Tanto le había costado encontrarme? Ahora sentía asco de mí mismo al pensar que me alegraba su sufrimiento.
Pues claro que estoy aquí, capitán obvio…
—¿Te sucede algo? —quiso saber mientras tornaba el gesto, angustiándose. Mi manó se cerró hasta convertirse en un puño, ya que comenzó a invadirme una serie de temblores incontrolables. No quería que Mikihisa se diera cuenta, pero no pude evitarlo. Como era de esperarse… aquello fue algo que no logré del todo. De pronto, pareció notar la fotografía que tenía en una de mis manos—. Oh…
—¿"Oh"? ¿Eso es todo lo que puedes decir? —farfullé, sintiendo que la ira viajaba por mis venas. Papá abrió la boca, pero la cerró al ver que yo no estaba dispuesto a permitirle que me interrumpiera. A pesar de sentir un nudo en la garganta, me las arreglé para continuar hablando—. Me mentiste… ¿Por qué diablos no me dijiste que tenía un gemelo, papá? ¿Acaso tenías miedo de que intentara reunir a medio mundo para ser la familia feliz que debimos haber sido siempre?
—¿Cuándo te…? —detestaba que me respondiera una pregunta con otra, así que decidí interrumpirle sin más preámbulos.
—En el concierto. Yoh también estaba ahí —declaré sin mostrar emoción alguna.
Hubo un intervalo de tiempo en el que ninguno de los dos dijo nada. Luego, sin previo aviso, una risa fría resonó por toda la habitación. En ese momento, no noté que quien se había reído de esa forma había sido yo. Me estaba burlando descaradamente del semblante de mi padre.
—¿Por cuánto tiempo creíste que este secreto tuyo permanecería oculto? ¿Hasta que tuviera cuarenta años?
—Hao, déjame explicarte…
—No tienes nada que explicarme —repliqué, fríamente—. Lo que hiciste estuvo mal. ¡No tiene perdón! ¡¿No lo entiendes?!
Me tomó de los hombros y yo me limité a forcejear para que me soltara. Ya estaba harto de sus peroratas… de su sarta de mentiras. No soportaba que me hubieran engañado durante casi toda mi vida.
—Suéltame —le exigí, al tiempo en que el Espíritu del Fuego aparecía a mi lado. Al igual que mi padre, lucía espantado por mi actitud. También estaba aterrado por la manera en que me estaba tomando todo—. ¿Cómo pudieron? ¡¿CÓMO PUDIERON VERNOS LA CARA DE ESTÚPIDOS TODOS ESTOS AÑOS?!
—Hao, por favor…
—Por favor, nada —repliqué, mirándolo con ira—. Me has mentido todo este tiempo. Tú, mi propio padre… ¿Ahora esperas que vuelva a confiar en ti, como si nada hubiera pasado? No te atrevas a volver a quejarte del abuelo en mi presencia, porque él pudo haberse ido a Egipto por trabajo y dejarte con mi tía aquí en Japón; pero no te ocultó una mierda, como tú y Keiko lo hicieron con nosotros.
Instantáneamente sentí que algo caliente resbalaba por mi rostro. No podía creerlo, estaba llorando. No quería que Mikihisa me viera tan vulnerable. Sin dudarlo, se acercó más y yo retrocedí, sin querer que estuviera tan cerca de mí.
—Te odio, papá —le susurré sin atreverme a mirarlo, para luego salir corriendo de mi casa.
—¡Hao, regresa!
No hice caso al llamado de Mikihisa. Sólo seguí corriendo sin un rumbo fijo… Cualquier lugar al que me condujeran mis piernas estaría bien. Quería estar solo, para así poder meditar las cosas. Sentí que cada persona que pasaba frente a mí se me quedaba viendo fijamente. No me di cuenta de mi aspecto en ese momento, y no era algo que me importara mucho, pero sí estaba seguro de cómo lucía: pálido y con profundas ojeras por debajo de los ojos, los cuales estaban llenos de lágrimas. Encontré una banca cerca y no dudé en sentarme. Mi espíritu acompañante flotaba en su forma miniatura, haciéndome compañía. Me miraba con preocupación. Le sonreí forzadamente, aunque aquello era más una mueca que una sonrisa.
—No te preocupes por mí. Estoy bien —le mentí, entretanto lo acariciaba distraídamente.
No sabía por qué me habían dado un espíritu acompañante tan genial. No fueron mis padres, de eso estaba seguro. Ni siquiera mis abuelos. Según lo que el Espíritu del Fuego me había dicho hacía años, los Grandes Espíritus habían tomado esta decisión. ¿Por qué yo? ¿Por qué Yoh? Él también tenía a Amidamaru. Mi hermano se había ganado su respeto al haber defendido su tumba de unos matones que merodeaban la ciudad, cuando Yoh era apenas un niño. Además de él, mi hermano poseía a otro espíritu acompañante, el Espíritu de la Tierra. Algo extraño pasaba ahí. ¿Por qué ambos teníamos a dos de los espíritus más fuertes de todo el universo?
Sin previo aviso, volteé a ver y noté que Yoh venía caminando hacia donde me encontraba. Me hice a un lado, dejándole un buen espacio para que pudiera sentarse.
—Hola…
—Hola —le devolví el saludo, alicaído.
—Keiko ya lo sabe… —soltó de pronto.
Lo miré con sorpresa. Aquello era algo que no me esperaba. Lo contemplé firmemente sin poder evitarlo, y reparé en que tenía un rastro visible de lágrimas en sus mejillas. Había estado llorando.
—También Mikihisa —suspiré con derrota.
Nuestros padres ya sabían de nuestro encuentro en el concierto.
—No pudiste controlarte un poco más, ¿verdad? —bromeó Yoh.
—No, y al parecer, tú tampoco pudiste hacerlo —le sonreí burlonamente.
—Mamá me sacó de quicio…
—Lo sé. También el hombre ese.
Mi hermano rio al oírme decir eso. Fue entonces cuando recordé algo. Saqué la fotografía de mi bolsillo trasero y se la mostré. Yoh frunció el ceño durante un momento, pero torció el gesto rápidamente. Le conté con detalle lo que me había sucedido en el día. Tal y como me lo imaginaba, él me entendía a la perfección. Aquello me alegraba de sobremanera. Era como el hermano que nunca tuve… Irónicamente, sí lo era.
Había pasado casi una hora, y fue cuando decidimos regresar para enfrentarnos a nuestros padres. Tampoco queríamos preocuparlos. Simplemente queríamos algo de tiempo para reflexionar, pues ahora las cosas iban a cambiar. Estaba seguro de ello. Me puse pálido al notar que, en la entrada del mismo parque, nos estaban esperando Mikihisa, Keiko y Kaoru. Los primeros estaban muy serios y la última tenía una cara de "¿Cómo demonios me metí en este embrollo?".
—Creo que nos deben una buena explicación… —empezó Keiko, a la vez que se cruzaba de brazos.
—Sí, al igual que ustedes —declaré, lo suficientemente alto para ser escuchado.
Suspiré. Esta sería una larga noche.
—Nos tenían muy preocupados —reclamó ella.
—Lo sabemos —respondimos al unísono.
—¡Pudieron haberlos secuestrado!
—Lo sabe… ¿Qué?
No quería ofender a mi madre, pero… ¿Cómo demonios se le ocurría pensar algo así en este momento?
—¿Un secuestro? Sabemos defendernos —respondí, sin dejarme intimidar.
—¿Por qué no nos lo dijeron antes? Todo esto… Jamás imaginé que los dos irían a ese mismo evento —admitió un pensativo Mikihisa.
—Sabía que había una razón por la que no quería que fueras, Yoh —murmuró Keiko, provocando que mi gemelo torciera el gesto.
—Oigan, no empiecen con los reclamos, porque si siguen así, nosotros tampoco nos quedaremos callados —objeté, al notar que nuestros padres empezaban a molestarse un poco.
Después de esa regañada que duró una hora y media, finalmente regresamos a casa. No hubo heridos, por suerte. Después de esto, nuestros padres se veían cada vez más a menudo… Hasta que Mikihisa decidió proponerle a Keiko que renovaran sus votos matrimoniales. No se animaba a hacerlo, por lo que tuvimos que amenazarlo entre los tres. Otro de nuestros planes que salió perfecto.
Estos encuentros se convirtieron en recuerdos para nosotros. A veces dolorosos, tristes… o hasta felices, pero el punto era que todo ese lío se arregló y nuestro deseo se llegó a cumplir. Aunque, por el momento, no viviéramos con nuestros padres, los llamábamos/visitábamos muy a menudo. Ahora nada, ni siquiera el hecho de que los hayan transformado en vampiros, podrá lograr que nuestra familia vuelva a separarse.
•❈•
¡Hola! ^^
Aquí les traigo un nuevo capi editado. Espero que les haya gustado, tanto como a mí. Traté de incluir recuerdos emotivos, pero no sé si logré emitir ese sentimiento en ustedes… ¿Les conmovieron los recuerdos de los gemelos? Espero que sí n.n
Muchas gracias por leer, me hacen feliz cuando veo que aún hay gente que me lee, luego de tanto tiempo xD Ya saben, si tienen algún comentario, crítica constructiva, entre otros, no duden en dejarme un lindo review. Se los agradecería mucho.
¡Nos vemos! ^^
