Más...


II

La selección y compañeras de cuarto

Todo fue normal, hasta que un semi gigante, llamado Hagrid, nos guió hasta unos barcos. Hagrid a través de nuestros años en Hogwarts fue un gran amigo y apoyo, pero ya habrá tiempo de hablar de él y de la ayudita que les dio a James y Lily.

-

-

Estábamos asustados, el frió nos azotaba la cara con rudeza. Estábamos en las afuera del gran comedor y las puertas de entrada estaban abiertas. Todos intentábamos entrar para refugiarnos del frió.

Una mujer, de unos 40 y algo de edad, salió de una gran puerta que estaba al lado izquierdo de donde nos encontrábamos los nuevos alumnos. Se acercó a la puerta del comedor y se arregló los anteojos de media luna, su potente postura demostraba autoridad y severidad, en el momento en que se puso frente a todos, con su postura autoritaria, y sin palabra alguna, todos nos quedamos en silencio absoluto.

--Buenas noches –saludó con cortesía, pero su voz era demasiado ruda para ser cortes.

Algunos contestaron "buenas noches", pero la gran mayoría, y me incluyo en ella, no fue capaz de pronunciar ni una sola palabra. Los nervios eran mucho más fuertes que la educación.

--Bueno, cuando entren al comedor se hará la selección. Yo los llamare por sus nombres, ¿Entendido? –explicó la profesora Mc Gonagall.- Aun, hasta el día de hoy, no he podido dejar de llamarla profesora, a pesar de que ella fue quien me dio la confianza para llamarla por su nombre de pila cuando entré a la Orden, aun así, y a pesar de los años que han pasado, no soy capaz de acostumbrarme. Sirius se enojó mucho cuando se entero que todos (James, Lily, Peter, Remus, Alice, Frank) podíamos tutearla, nunca se me va a olvidar la cara de Sirius… en fin, volviendo al tema-. James temblaba, ya que quería quedar en Gryffindor y con Sirius, pues ya tenían planeadas unas cuantas travesuras. Remus y yo les mirábamos con reproche, pero, aun así, queríamos participar de ellas.

--Formen una fila, por favor –indicó la profesora Mc Gonagall.

Todos le hicimos caso de inmediato, no sólo por el respeto, sino, también, por la ansiedad de terminar con todo pronto.

Las puertas del comedor se abrieron mostrando cuatro mesas largas, y abarrotadas de jóvenes con capas que representaban su casa. Caminamos entre la mesa de Slytherin y Gryffindor hasta detenerlos, lamentablemente con la impresión de todo chocamos entre nosotros, haciendo que los dos primeros cayeran siguiéndolos varios más.

Las primeras en caer fueron dos niñas: una pelirroja y una rubia, que a simple vista parecía veela. -Esa fue la primera vez que vi a Lilian y a Mari-. Todo el salón estalló en carcajadas por el ridículo que estábamos haciendo los novatos. Las más avergonzadas eran la chica veela y la pelirroja. La voz suave del director resonó en el gran salón amplificada.

--Por favor, no seis groseros –dijo la voz omnipotente de Dumblendore. Por esos años, Albus aun conservaba un poco de color en sus cabellos

--Minerva, comience con la selección –pidió Dumblendore dirigiéndose a la profesora esta vez sin amplificar su voz, esta obedeció y comenzó a llamar por orden alfabético a los alumnos.

--Anastasia Arce.

La Profesora Mc' Gonagall le puso el sombrero seleccionador y este, apenas tocó la cabeza se la chica, gritó Ravenclaw. Así pasaron hasta que llegaron a Sirius. El pobre aun más nervioso. Nos había comentado que su familia lo iba matar si quedaba en otra casa que no fuera Slytherin, pero que el rogaba ser de Gryffindor. El sombrero ni tocaba la cabeza de Sirius cuando gritó a todo pulmón: Gryffindor. Desde la fila James, Remus y yo le sonreímos. Así siguieron pasando los de primero, hasta que llegaron a la pelirroja, que momento atrás, había caído.

--Lilian Evans –llamó la profesora Minerva.

Lily caminó a paso seguro hasta llegar al banquito donde estaba el sombrero, la profesora Minerva le colocó el sombrero y este luego de unos segundos gritó: Gryffindor. Pasaron unos cuantos pequeños más, hasta que fue el turno de Lupin. El chico estaba tan cohibido que no lograba respirar con normalidad. Se apresuró al banquito y con los ojos cerrados esperó a que le seleccionaran, cuando el sombrero gritó que pertenecía a los leones de tres sacadas llegó hasta su mesa… Se sentó junto a Sirius con una sonrisa nerviosa y este le correspondió. Los minutos pasaron al igual que los chicos seleccionados, hasta que llegaron a la P primero paso una niña de cabello negro y luego un niño rechonchito, este era Peter Pettigrew, un chico que a simple vista parecía amigable. Cuando fue mi turno no pude evitar temblar. No quería quedar en otra casa, ya bastante difícil era estar ahí… me concentré cuando la profesora puso el sombrero en mi cabeza, sentí que había pasado una eternidad cuando, al fin, el sombrero gritó que pertenecía a la casa de los valientes. Después de mí fue el turno de James. James estaba aun más ansioso que yo. Me buscó con la mirada y sus ojos me mostraron el terror que lo embargaba. El Sombrero seleccionador ni siquiera rozó a James cuando ya había dicho Gryffindor.

En la larga fila del inicio, sólo quedaban dos niños, la rubia veela y un niño moreno. La niña fue la ultima en ser llamada.

--Mari Westing –llamó la profesora Minerva.

Mari pasó como si el mundo le perteneciera. -Westing era alta para tener once años y a pesar de que su cara era el de una niña aun, su cuerpo mostraba curvas más propias de la adolescencia-. Cuando llegó al banquito se sentó elegantemente y la profesora Minerva le puso el sombrero, este gritó Gryffindor. Mari se levantó lentamente y se sentó al lado de Lilian Evans.

Después de la selección, y con un hambre voraz, el directo se levantó y el silencio volvió a reinar en el comedor.

--Queridos alumnos es un agrado tenerlos de nuevo aquí. Quiero darles la bienvenida a los de primero y os recordar, a los antiguos alumnos, que está, terminantemente prohibido, ir al bosque… -hizo una pasusa para mirar las cuatro mesa, luego, continuó. --El toque de queda es desde las nueve de la noche para los que no sean prefectos o premios anuales. Bueno, disfruten de la cena –terminó Dumblendore, al mover sus manos la cena apareció en los paltos de todos, cuando vimos que todo era real nos tiramos como pirañas a comer. Charlamos y nos conocimos un poco más.

Luego de comer como nuca, los prefectos nos llevaron a nuestras salas comunes para descansar, ya que mañana sería un día pesado. Cuando llegamos el prefecto dio la clave a la dama gorda y entramos por un hueco que se abrió a través del cuadro al moverse, entramos y dimos con un lugar acogedor y muy cálido.

--La habitación de los chicos es esa escalera –explicó el prefecto mostrando las escaleras que se encontraban frente a él, por el lado izquierdo --y estas escaleras dan a la habitación de las chicas –terminó mostrando las escaleras del lado derecho.

James me miró con pesar y me dijo:

--Vas a tener que compartir la habitación con más chicas, quizás te hagas amigas.

Yo le devolví la mirada un poco asustada por lo que me había dicho, ya que nunca había tenido más amigos que James y ahora Sirius, Remus y el gordito simpático.

--¿Quieres desacerté de mi? –pregunté entre dientes.

--No sería mala idea –respondió con una sonrisa.

--Ja-ja-ja, mira como me rió –mascullé con sarcasmo.

--Sabes que no es cierto, que eres mi hermanita –dijo con tono meloso mientras tomaba una de mis mejillas, sabiendo que eso me exasperaba.

--Imbécil –dije entre dientes mientras me cruzaba de brazos. Remus y Sirius sonrieron

--Que tal si conoceos nuestra habitación. -propuso Remus con ansias.

--Si, vayan que yo tengo que ir a ver la mía y conocer a mis compañeras. –dije mientras caminaba hacia las escaleras de las chicas

--Suerte –me deseó James cuando ya me perdía en las escaleras.

Me sentía más nerviosa que en la selección. Cuando llegué al umbral de la habitación tomé aire y me decidí a tomar el pomo para abrir la puerta. En la habitación me encontré a Lilian, ordenando todos sus libros en una repisa que se encontraba al lado de su cama; a Mari, la chica veela, tirada sobre una de las camas, sin zapatos; y a una morena que no recordaba haber visto en la selección. Me sentí completamente aislada a las tres chicas, era como una invasora, alguien que no debía estar ahí.

Cuando repararon en mí las tres, para mi sorpresa, me sonrieron como nunca me sonrieron antes. Sus sonrisas eran amables y cordiales, de esas que te invitaban a pasar, en ese momento dejé de sentirme una invasora.

Lily fue la primera en romper el silencio.

--Pasa -me invitó mientras se acercaba a mi y cerraba la puerta –mi nombre es Liliana Evans –se presentó mientras estiraba su mano para saludarme, yo la acepte con una sonrisa y me presente.

--Hola, me llamo Maylin Perazzy.

--Hola, Maylin, ellas son –dijo Lily apuntando a la chica veela --Mari Westing y Alice Daniels.

La chica veela me saludó con la mano y una amable sonrisa, mientras que la morena se acercó y me besó en la mejilla, sorprendiéndome completamente. Luego de presentarnos adecuadamente, miré en rededor, observando el lugar de que, desde ese momento, sería mi casa. Mientras me dedicaba a eso me di cuenta que la única cama que quedaba era la que estaba junto a la ventana.

--La cama que esta junto a la ventana ¿es la mía?? –pregunté emocionada

--Si, claro –contestó Lily.

En ese momento no vi las caras de confusión que pusieron las tres por mi pregunta, pero ahora, gracias, al pensadero de Lily puedo verlas.

--Y ¿Por qué preguntas, May? Te puedo decir May ¿cierto? –preguntó Mari con simpatía.

Me giré con una sonrisa de oreja a oreja, ni siquiera me molestó que me dijera May. Cosa que sólo a James permitía.

--¡Es que amo las ventanas y los balcones! –contesté emociona

La cara de las tres chicas era un verdadero poema e incluso divertidas al oír mi respuesta. Cuando vi la interrogante en sus rostros tuve que explicarles la razón de mi felicidad.

--Me gusta sentir el aire en mi rostro cuando quiero estar sola. Me sirve para relajarme.

--¡Wooo! genial nunca pensé qué te podía producir estar al aire libre en altura –comentó Mari impresionada

--Si, es genial, pero mejor aun es volar en una escoba –dije más emocionada aun que me tomaran atención.

--¿Has volado en escoba ya? –preguntó Lily

--Si, ¿Por qué? ¿Tú, no?

--No, nunca. Antes de la carta de aceptación de Hogwarts ni se me pasaba por la cabeza que existiera todo esto. –contestó y los ojos le brillaron emocionados.

--Entonces eres de familia muggle

--Si -afirmó con temor Lily.

--¡Genial! Me puedes contar ¿Cómo hacen eso de los peluquilas? –pregunté con ilusión, pues siempre que íbamos al cine con mi madre quedaba encantada con las peluquilas.

--¿Las películas? O ¿Las pelucas? –me preguntó y como yo no sabía cual de las dos era decide explicarle por lo que sabía.

--Esas que muestran muchas imágenes de peleas, de personas besuqueándose y cosas así. Son como las fotografías, pero duran más los movimientos

--¡Ah! Las películas, claro cuando quieras –contestó con voz cantarina.

--Y por lo que veo tú, eres de familia de puros –dijo Mari

--Si, ¿y tú? –pregunté

--Mi mamá es veela y mi padre un muggle soy mestiza –contestó con voz distraída.

--Lo supuse

--¿Por qué? –preguntó Alice que se había mantenido en silencio hasta ese momento.

--Por su contextura y su forma soberbia, pero eres muy distinta a veelas que conozco. Tú eres simpática –dije dirigiéndome a Mari

--Si, lo sé, mis primas son unas huecas pesadas, pero yo no ¿Creo? -dijo con humor y una sonrisa. Lily, Alice y yo, también, reímos.

-

Me sentía muy bien junto a ellas y era genial que, al ser tan distintas, nos lleváramos tan bien. Después de eso seguimos hablando hasta que el sueño nos venció.

Continuará...