¡Hola! Antes que nada una gran disculpa a todos por esta súbita desaparición. Estuve muy ocupada y aparte tuve un horrible bloqueo del cual por suerte ya he comenzado a salir.

Gracias a todos los que han dejado review y a los que no pero que aun así leen la historia también ^^ En especial a: Ah, that gentleman! Saandraah, Guardian 19, Natasha. Potter. Namikaze (que Nick tan genial! ;)), y Karyemina. Les agradezco a todos sus palabras y apoyo y de nuevo, me disculpo por el atraso.

Ahora sí, la historia.

Disclaimer: Sherlock Holmes y sus personajes, tanto el clásico como lo referente a la adaptación moderna, no me pertenecen. Son propiedad de Sir Arthur Conan Doyle, Steve Moffat y Mark Gatiss respectivamente.

Capítulo 4

La noche había llegado, pero John no supo más de Sherlock hasta la mañana siguiente.

El doctor había permanecido en la sala, ya que no pudo pegar un ojo en todas esas horas, dando vueltas a la actual situación en la que se encontraban. Había que tomar medidas acordes a las circunstancias. Sherlock se hallaba oficialmente bajo tratamiento y como era de esperarse, el detective no daría cuenta de ello, enfrascado como siempre en sus enigmas y sus rabietas. Pero John había decidido hacerse responsable de ello y por lo tanto le haría tomar las medicinas, así fuera necesario someterlo para lograrlo.

Ahora, la visita de Gruner era un asunto para preocuparse y por ende el ex militar no se quedaría de brazos cruzados. Sabía que Sherlock seguiría empecinado con la idea de continuar en el caso así tuviese que ir por todo Londres con un lazarillo. John sabía, por mucho que su amigo se empeñara en ocultarlo, que aquella tozudez se debía ya no solo a su afán de descifrar enigmas, sino que era una manera de sobrellevar el dolor que indudablemente debía sentir ante la pérdida de su vista. Él lo sabía a la perfección pues se había visto en la misma situación cuando le habían disparado en Afganistán; conocía las etapas del duelo y no solo por su preparación como médico, sino por haberlas vivido en carne propia.

Recordaba el disparo recibido en Afganistán, ¿cómo olvidarlo si aquella herida aún le atosigaba cuando había mal clima? recordaba la negación que había experimentado al despertar en aquel hospital ya que él no podía haber quedado lisiado por aquel disparo; la ira que le había embargado; el buscar una forma de solucionar su problema de modo que no le retiraran del servicio militar, que era lo que más amaba; a eso le siguió la depresión que lo llevó a las terapias y…

Bueno, la aceptación era la última etapa y ahí había que admitir que la línea se había truncado, pues si bien esta llegó fue por razones muy distintas a las esperadas, es decir, algo había aparecido en su vida dándole un nuevo enfoque, haciéndole ver que aquello solo estaba en su mente y que él seguía siendo John Hamish Watson, el médico militar que si bien ya no podía estar del todo en el ejército aún era útil para la guerra; aquella que se llevaba a cabo en la actualidad, pero en un campo diferente al de Afganistán; la guerra que se daba en las calles de Londres, en el bajo mundo del crimen.

John era un guerrero y Sherlock era quien le había dado una nueva misión a su vida; bien, pues él quería devolverle aquel favor.

Conocía a su amigo mejor de lo que imaginaba. Sabía que pese al frío exterior y su insistencia en hallarse "desligado de los sentimientos" en el fondo era tan humano como él, incluso más, y que por ende no era ajeno al dolor que el perder uno de sus dones más importantes le provocaba. Que se refugiara en el trabajo como siempre solía hacer ante todo lo que tuviera que ver con lo personal solo era una mascarada para ocultar sus sentimientos, para no demostrar al mundo que se encontraba asustado, además de que seguramente su asperger no le permitía manejar aquello con facilidad.

Sherlock A pesar de sus extraordinarias habilidades, de poder desenvolverse casi como si viera, de aun conservar su lucidez, su inteligencia y todas aquellas dotes que siempre le habían asombrado; no dejaba de hallarse en una muy precaria situación de salud. Estaba ciego y eso le daba desventaja lo quisiera o no; y aunque lo que menos quería John era minimizarle ante esta nueva condición, no podía evitar preocuparse de que algo pudiera sucederle. Para él se hallaba indefenso y por lo tanto deseaba protegerle.

Y era por eso que no debía continuar con aquel caso, debía dejárselo a Lestrade, que él y Scotland Yard por una vez se hicieran cargo de esas cosas.

Sherlock debía mantenerse al margen y preocuparse solo por tratar su salud.

Escuchó que la puerta del cuarto se abría y levantó la cabeza, pues comenzaba a dormitar. Se encontró con Sherlock en el umbral, sosteniéndose ligeramente del quicio del mismo y comenzando a avanzar hacia la cocina. John se levantó de inmediato y se adelantó hasta donde él estaba, divido entre ayudarle a andar o dejarle seguir.

-Buenos días. ¿Por fin se te pasó la rabieta?- Le dijo al fin, después de verlo tropezar contra un perchero, conteniéndose con todas sus fuerzas para no correr a auxiliarle, decidiendo que si quería ayudarlo, anímicamente hablando, el dejarlo desenvolverse por su cuenta en el apartamento era una buena opción.

Sherlock no dijo nada, ni siquiera hizo algún gesto que hiciera alusión de haberle escuchado, solo siguió su camino, sosteniéndose ligeramente de las paredes y muebles que le quedaban más cerca, renuente aun a aceptar ayuda. John lo vio dirigirse a la cocina y suspiró. No, por lo visto la rabieta seguía ahí, o mejor dicho, las etapas del duelo, pues el médico estaba seguro de aquello y era lo más lógico. Sherlock había perdido algo muy preciado y valioso y aun se hallaba en el camino de aceptarlo.

Solo le quedaba estar ahí para cuando llegara a esa fase.

Se escucharon pasos en la escalera; la puerta se abrió y Lestrade entró. Apenas iba a abrir la boca cuando Sherlock se asomó de la cocina.

-¿Qué me traes?- Inquirió sin más como todas las otras veces que Lestrade llegaba a Baker Street para encargarle un caso, solo que ahora, Sherlock esperaba que le trajera noticias de la investigación de Kitty Winter. Esperaba incólume, con la mano apoyada en el marco de la puerta.

-¡¿Qué haces ahí?!- Exclamó el inspector, horrorizado al verlo solo sin alguien que lo respaldara. Se giró para ver a John.- ¡¿Cómo es que lo dejas así, solo?!- Le espetó al tiempo que se encaminaba, extendiendo los brazos hacia donde se hallaba Sherlock, dispuesto a sujetarlo como si le viera tambaleante y a punto de caer a pesar de que el este se hallaba firmemente de pie. John iba a protestar, pero solo negó con la cabeza; ya hablaría aparte con Lestrade sobre cómo tratar al detectivedurante esos momentos.

-¿Qué es lo que tienes?- Insistió Sherlock, rechazando la ayuda de Lestrade con la mano. El inspector bajó las suyas y suspiró derrotado, inclinando la cabeza, levantándola después para volver a mirar a su amigo.

-No pienso hablarte sobre el caso.- Le respondió sin más.

Sherlock hizo un gesto de disgusto.

-Gracias- Musitó John a Lestrade desde su lugar. Sherlock, cuyo oído aun antes de su ceguera ya era agudo, alcanzó a escucharle y dirigió su vacía mirada hacia donde había percibido el sonido de la voz de su amigo, en su rostro había una expresión de molestia. John lo notó, sin embargo se cruzó de brazos y se mantuvo firme; Sherlock no podría ver aquella resolución en su semblante, pero seguro podría percibir la decisión en su amigo de no ceder ante su idea de apartarlo del trabajo.

-¡Bah! Olvídalo.- Replicó Sherlock, dando un manotazo al aire con gesto despectivo.- Después de todo, es un caso sencillo y aun así nunca tendrán la evidencia necesaria para encontrar y encerrar a esos tipos, así esta bailara enfrente de ustedes con un gran letrero de neón encima.- Dijo, comenzando a avanzar con rumbo a la sala.

-Pues no.- Afirmó Lestrade, que pese a molestarse por aquel comentario sobre la competencia de su departamento, hizo ademán de querer sostener a Sherlock de la espalda para guiarlo, pero John le hizo un gesto negativo con la mano y la cabeza, lo cual le contuvo; aun así, le acompañó de cerca para sostenerlo si tropezaba. – A pesar de lo que pudiese pensarse, las cosas no son tan sencillas. Siesos sujetos estuvieron ahí, no dejaron evidencia alguna, ni rastro; nadie les vio siquiera en los alrededores del apartamento de Winter.-

-O eso te dijeron por que no supieron a quién preguntar.- Añadió Sherlock con sorna, sentado en su sillón, sonriendo de lado de modo burlón.- Ya sabes cómo es Sally, siempre la política del "menor esfuerzo" y también el dejarse llevar por la obviedad de las apariencias, igual que Anderson…¿Acaso te dijo que Winter fue asesinada por alguno de sus clientes?- Inquirió con aire sarcástico; entrelazando los largos dedos de sus manos y descansando su espalda en el respaldo.

-Sí, ¿Pero, como sabes que…?- Respondió Greg con una mezcla de frustración e inseguridad, la misma que presentaba siempre que creía tener algo en un caso y resultaba que no llegaba ni a ver la mitad de la realidad de aquel problema. John por su parte, al escuchar aquel interrogatorio cayó en la cuenta y comenzó a hacerle gestos y muecas a Lestrade para que guardara silencio, pero era tarde, el inspector ya se hallaba en el juego de Holmes.

-Pues porque siendo que Kitty Winter se dedicaba actualmente a la prostitución, es lógico que los prejuicios de Anderson le den una idea preconcebida que influya en su reporte. Lo dicho entonces.- Continuó el detective con aire de aburrimiento.- está de más preguntarte por lo que hayas encontrado en el apartamento de Winter o en su cadáver, lo que han recopilado lo habría conseguido cualquier fanático de "C.S.I" con un juego de química para niños. ¿John, podrías llamar a la Señora Hudson? Quizá aún tenga algunas de esas galletas que horneó ayer.-

-Habían huellas de un hombre en aquel lugar;la cama estaba deshecha y mostraba señales de actividad sexual, la señorita Winter se encontraba desnuda, es lógico pensar que uno de sus clientes pudiera ser el responsable.- Replicó Lestrade con frustración. John por su parte abría los ojos a todo lo que daba mientras un gesto de derrota se formaba en su rostro, aun así, decidió seguir haciendo señas a su amigo para que se detuviera.- Le habían robado su cartera y revolvieron sus cajones; Anderson dice que el sujeto pudo haber usado un condón y por lo tanto no hay rastros de… ¡Demonios, Sherlock!- Exclamó el inspector al darse cuenta por fin de las intenciones del detective. John bajaba la cabeza y los brazos con extrema frustración, dejando por fin sus gesticulaciones de lado.

-¿Y las huellas digitales?- Preguntó Sherlock con una sonrisa triunfal en los labios.

-No… de hecho no se hallaron ningunas que no fueran las de Winter.-Replicó a su vez el inspector, molesto consigo mismo por no haberse detenido antes.

-Es extraño, ¿no lo crees? Kitty Winter conocía perfectamente a Adalbert Gruner, por lo que debía suponer que este se enteraría de su traición tarde o temprano y que obviamente buscaría callarla o castigarla según el caso; es obvio que Kitty estaría pensando en huir, ¿no te parece? Sin embargo, según tu equipo, tranquilamente retomó sus actividades, llevó un cliente a su casa y este, después de usarla la mata y la roba; un sujeto como ese pareciera ser un simple adicto que pretende hacerse de dinero extra matando a la chica con la que ha estado; la degüella (porque dices que así la hallaron), le roba la cartera, revuelve sus cajones, pero ¿tiene la precaución de llevarse el condón que ha usado (suponiendo que un sujeto tan descuidado como ese se cuide durante el coito) y también se molesta en limpiar sus huellas o usar guantes?-

Lestrade no respondió, solo emitió un leve gruñido mientras desviaba la mirada con frustración.

Sherlock sonreía mientras pasaba su pierna derecha sobre la izquierda. El silencio se hizo por unos segundos.

-Debes darme acceso a la escena del crimen.- Soltó por fin el detective.

-¡¿Estás loco?!- Exclamó Lestrade mirándole.-Solo vine a ver como estabas, no a consultarte sobre el caso… ¡no estás en este caso!-

-Entonces nunca lo resolverás.- Respondió Sherlock con tranquilidad.- Buena suerte con tu caso.- Añadió con una sonrisa.

Lestrade se pasó la mano por el rostro, exasperado. Debía admitirlo, se hallaba perdido sin él, pues Adalbert Gruner, suponiendo que fuera él el responsable de la muerte de Kitty como sospechaban, ya tenía fama de salirse con la suya en situaciones como esta; no en balde tenía en su haber las sospechas de dos asesinatos más en semejantes circunstancias de los cuales jamás se le pudo hacer responsable. Sin la ayuda de Sherlock era muy probable que Gruner volviera a salir impune, pero… ¿cómo permitir que el detective consultor se inmiscuyera, cuando lo que este requería era el descanso?

-Sherlock, ya habíamos hablado de esto, debes enfocarte en tu tratamiento.- Interrumpió John con serenidad.-Además, Gruner…-

-Y yo te dije lo que pretendo hacer.- Le interrumpió el detective a su vez, con molestia.

-¿Qué?-Intervino Lestrade.- Qué hay con Gruner.-

-Nada.- Respondió Sherlock con rapidez, adelantándose a John.- ¿Vas a darme acceso a la escena, sí o sí?-

-¿Pero qué esperas lograr con ello?-Insistió Lestrade, tratando de disuadirlo.- No encontrarás nada, ahora que no puedes…-El inspector guardó silencio, aunque lo que quería decir había quedado muy claro sin necesidad de que pronunciara las palabras. La sensación de culpabilidad le invadió de pronto y miró a su amigo, dispuesto a disculparse por su estúpido comentario.

-Eso no es ningún problema.-Respondió Sherlock, quien continuaba con la misma expresión serena y fría de siempre y sus largos dedos entrelazados entre sí, como si nada hubiera pasado.- John hará la investigación por mí.-

-¡¿Qué?! ¡¿Yo?!- Exclamó John. Movió la cabeza de un lado a otro en un dejo de exasperación, para luego mirar a Sherlock.- ¿Y qué te hace pensar que yo lo haré? Soy uno de los que pretende alejarte del caso, ¿lo recuerdas?-

-Simple, porque si tú no lo haces entonces estaré obligado a pedirle a alguien más que lo haga, quizá Molly; tal vez ella no posee el mismo entrenamiento que has llevado tú al acompañarme en mis casos, pero sé que se esforzará, ella no se negará a nada de lo que yo le pida, y menos ahora.- Dijo, esbozando una sonrisita.- Además, tú eres mi asistente, ¿O ya lo olvidaste?-

-Que yo… y… ¡Demonios!- soltó John molesto. Odiaba cuando Sherlock tenía razón, sobre todo tratándose de la pobre Molly, que si bien nunca había podido resistirse a las peticiones del detective, menos lo haría ahora que se hallaba en ese estado, aquel que por lo visto, su amigo no tendría reparo alguno en usar para manipularla… como si alguna vez lo hubiese tenido.

Bufó, bajó la cabeza y luego volvió a erguirla, bien John era partidario de evitar que Sherlock continuara con todo aquello, también debía admitir que le era imposible negarle algo, además, siendo sinceros, esa era la única oportunidad por ahora para atrapar a Gruner, enviarlo a prisión y así mantener a Violet Merville y al mismo Sherlock a salvo de aquel truhán. Miró a Lestrade; ya solo faltaba su consentimiento. Este rodó los ojos, con las manos en los bolsillos de su abrigo. Se hallaba en el mismo predicamento de John; necesitaba de Sherlock y además, también le era difícil negarle algo.

-De acuerdo, vamos.- Dijo con un suspiro de derrota. Los tressalieron del apartamento.

Abordaron el auto de Lestrade y se encaminaron hacia el barrio donde se hallaba el apartamento de Kitty. Greg conducía mientras Sherlock y John se habían instalado en el asiento trasero. El detective iba muy callado y pensativo; John solo le observaba de reojo, para luego mirar el camino, sintiéndose algo ansioso por el papel que Sherlock le había pedido desempeñar en esa ocasión.

Ser sus ojos… ¡Sus ojos! Sherlock le estaba pidiendo que observara la escena del crimen en su lugar, que aplicara lo que había aprendido a su lado y le brindara los datos que su maravilloso cerebro necesitaba para lograr deducciones y resolver enigmas, pero… ¿Acaso su vista sería tan buena como la de Sherlock? Y no se refería a una vista perfecta en la manera oftálmica, sino en aquel maravilloso don que el consultor siempre había tenido y que consideraba tanto su bendición como su maldición, aquella visión que le permitía ver cosas que otros no, así las tuvieran enfrente. Donde todos veían un cadáver, Sherlock veía toda una historia de vida y muerte basada en ínfimos detalles que a los demás les pasaban por alto; donde algunos miraban una mancha de sangre, resultado de un ataque, Sherlock podía ver toda una trayectoria, un cuándo y un cómo, mientras que para todos en una habitación podía hallarse solo un conjunto de personas u objetos, para Sherlock cada uno de esos seres contaba por completo su vida con detalles y los lazos que le unían en ese u otro momento de su existencia con lo que les rodeaba. Era aquella visión para las minucias lo que hacía la vista de Sherlock de un valor incalculable, algo irremplazable que ahora se le pedía, supliera con sus escasos conocimientos y lo poco que había aprendido a lado de su amigo.

Y el simple hecho de pensarlo le daba dolor de estómago.

El auto dio vuelta en un recodo. Sherlock, al sentirlo y notar que no seguían el rumbo que él conocía, salió de su ensimismamiento y se incorporó un poco.

-Lestrade.-

-Nos están siguiendo.- Replicó el inspector acelerando un poco más.

John se giró para mirar. Tras ellos, un auto blanco les seguía muy de cerca. Al principio procuraban la mayor discreción posible, pero al ver que el inspector aceleraba, estos hicieron lo mismo tratando de ponerse a la par con ellos.

John pudo ver a los hombres en el auto, uno de ellos era aquel que había golpeado a Sherlock en aquel callejón.

-¡Ese desgraciado!- Masculló con ira.

El auto blanco aceleró aún más hasta colocarse a la par del auto de Lestrade; este al darse cuenta aceleró más, tratando de evadirlos, pero estos incrementaron la velocidad hasta darles alcance. Pronto se colocaron nuevamente a la par. Uno de los sujetos, ubicado en el asiento trasero, sacó una pistola y apuntando a Sherlock accionó el gatillo.

-¡Cuidado!- Gritó John, lanzándose sobre su amigo y derribándolo sobre el asiento, protegiéndolo con su cuerpo. Lestrade aceleró aún más para quitarse de la mira de aquellos asesinos.

-¡¿Están bien?!-Exclamó asustado, tratando de percibirlos a ambos por el retrovisor. Pero no hubo tiempo para respuestas. El auto blanco les había dado alcance de nuevo, comenzando a golpear el auto del inspector, intentando sacarlos del camino.

-¡Demonios!- Exclamó Lestrade tras la primera sacudida, aferrándose al volante y haciendo gala de toda su habilidad para mantener el vehículo en control. John, aún cubría el cuerpo de Sherlock para protegerlo de cualquier golpe que aquellos violentos movimientos pudieran propinarle.

El auto blanco continuó con sus embestidas al auto del inspector, el cual procuraba mantenerse lo más alejado posible de sus agresores. Sin embargo les sacó del camino, haciendo que el auto de Greg se estrellara contra una casona abandonada de aquel viejo y sucio barrio bajo.

Lestrade, sobreponiéndose rápido a las sacudidas, salió del auto con el arma en la mano. El conductor del auto blanco, al verlo ileso y armado, se desvió (pues iba directo a rematarlos) y emprendió la retirada entre los tiros que el detective inspector les propinaba; estos lograron huir a tiempo, sin recibir ninguno de los disparos; Greg al verlos lejos, regresó al auto para ver a sus amigos.

-¡¿Se encuentran bien?! ¡Sherlock! ¡John!-

-¡Sherlock!-Exclamó John, incorporándose un poco de encima de su amigo, buscando ver su rostro, tratando de levantarlo para revisarlo.-¡Sherlock!-

-Estoy bien… estoy bien…- Murmuró el detective, incorporándose lentamente. John le ayudó a levantarse un poco más para hacer un rápido chequeo con la mirada, palpando con sus manos los brazos, hombros y pecho de su amigo en busca de alguna herida de bala.

-Estás ileso…-Dijo alegremente John, casi sin aliento.

Sherlock asintió con el cabeza, algo aturdido por las sacudidas. No preguntó por el estado de ambos, pues, deducía que se hallaban bien dado sus reacciones, no propias de gente herida o agonizante. De repente, sintió que de golpe era envuelto con fuerza entre los brazos de John. El médico se hallaba tan aliviado y feliz de verlo a salvo que no pudo evitar abrazarlo con todas sus fuerzas.

-Ok, ok… será mejor que salgamos de aquí.- Objetó Lestrade cerca de la portezuela trasera del auto.- Se cancela la expedición al apartamento de Winter.-

John asintió. Su rostro se mostraba firme y decidido. No más condescendencias para Sherlock. Había dejado que otros motivos guiaran sus decisiones, dejando que su amigo se saliera con la suya, como siempre, y esta vez casi le cuesta la vida. No quería ni imaginar lo terrible que sería eso, lo horrible que sería todo si eso llegaba a ocurrir. Estaba decidido; desde ahora sería totalmente responsable con respecto a Sherlock, pues no solo debía protegerlo de Gruner, sino también de sí mismo. No estaba dispuesto a perderlo y haría lo que fuera necesario para lograrlo.