LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-4-

EL ROCE DE LA PIEL

Cerré los ojos y dejé escapar el aliento despacio, estando acostada sobre mi cama. Mi corazón latía de prisa a pesar de forzarme a tranquilizarme. Minutos antes había subido con calma a mi alcoba, evitando a Neji, cuya voz escuché en la sala. Todavía podía sentir los labios de Sasuke sobre los míos, podía sentir también sus manos deslizándose bajo mi uniforme y separándome las piernas, pegándose a mí y haciéndome jadear en sus labios.

Creo que me ruboricé de sólo recordarlo.

Hace apenas media hora estaba encerrada con él en los baños del Nou, Sasuke había comenzado a desnudarme, dejando mis pechos casi expuestos a él, al bajar el cierre de mi uniforme y deslizar las prendas por mis hombros.

«Cielo santo» Habíamos estado a muy poco de hacerlo. Mordí mi labio y reviví aquél momento. Yo quería, realmente quería ser una con él. Afortunada o desafortunadamente alguien había golpeado la puerta, interrumpiéndonos y rompiendo la burbuja de placer en la que nos encapsulamos.

Apreté fuerte mis ojos… tal vez había sido lo mejor. No quería que mi primera vez con él fuese en un lugar cualquiera, donde alguna persona pudiese oírnos. Sonreí al sentir que me mentía, pues seguro si nadie hubiese llegado, en estos momentos sabría lo que era tener a Sasuke dentro de mí. Pero, también, había disfrutado ver su rostro frustrado, verlo jadear y deslizar su cabello hacia atrás al pasar su mano por él, en muestra clara de su inconformidad, había sido gratificante, a pesar que yo me encontraba tan ansiosa como él. Sasuke me deseaba. Y eso me hacía sentir bien, aunque sólo quisiera quitarse las ganas de tener mi cuerpo, como seguro era.

Iba a hacerlo con él… y yo lo había propuesto. Sonreí por varios segundos. Mi sonrisa aminoró cuando escuché que el auto de mamá entraba a la cochera. Sasuke se iría temprano, papá se lo autorizó.

Tragué ligeramente al borrar mi sonrisa… ¿cumpliría con su palabra? Me molestaba saber que tenía a alguien, aunque no fuese una novia como tal. Yo le había pedido que se olvidara de ella mientras estuviésemos juntos y él dijo que sí.

«Tal vez lo hizo por el calor del momento. Por las ganas que tenía»

Resoplé inconforme. Ya no pudimos hablar mucho, apenas saliendo del Nou, Ino me había marcado y se había mantenido en la línea casi hasta llegar a casa; Sasuke se veía serio y no pude adivinar lo que pasaba por su mente. Hablar con él aquí en casa podría levantar sospechas que no necesitaba.

Me puse de pie y me dirigí por mis útiles, haría mi tarea.

Sentada frente a mi escritorio y con mi portátil y un par de libros abiertos, quise concentrarme. Pero no pude. Todo en mí giraba en torno a Sasuke. Tenía que mentalizarme completamente: no era más que un affaire. Yo nunca sería su novia. Sasuke tenía a alguien a quien terminaría volviendo y yo lo necesitaba para olvidar a Gaara. Era todo.

O.O.O.O.O.O.O.O.O

—¡Oye,Teme! — escuché gritar a Naruto al apenas llegar a mi casa — ¿Qué demonios haces?

Volteé a verlo. Mi torso y parte de mi cara estaban salpicados de pequeñas gotas de pintura.

—Increíble, has superado tu propia estupidez— respondí dejando la brocha sobre el receptáculo donde tenía la pintura. Sequé mi sudor y me dirigí a la cocina.

Vi a Naruto rodar los ojos.

—Sé que estás pintando la casa, no soy estúpido— me debatió —, a lo que me refiero es, ¿por qué? Creí que ahorrabas cada centavo para cuando tu madre viniera a vivir aquí.

—No la traeré si esto parece un muladar— solté al tiempo de arrojarle una lata de cerveza a las manos. Naruto la tomó y soltó una carcajada.

—Muladar mi departamento, joder— me dijo y no pude estar más de acuerdo con su afirmación—. Esto no hacía falta— me añadió y luego de un suspiro cansado, di el primer trago a mi cerveza —. No me digas que de chofer te va tan bien como para permitirte hacer esto.

—Algo así— respondí sin querer profundizar en el tema.

Naruto me observó de arriba abajo y luego de resoplar, se quitó la camiseta para quedar con el torso desnudo al igual que yo.

—Pues te ayudo— me dijo para luego comenzar a buscar un contenedor y verter pintura—. Por cierto, los chicos tienen planes para el fin de semana, ¿vienes?

Recargado en la encimera de la cocina, lo vi comenzar a pintar y medité su invitación.

—Joder— solté cuando mi móvil vibró sobre la barra, llamando también la atención de Naruto.

—¿Quién es, eh?

Era Mei. En su mensaje me pedía que nos viéramos el fin de semana.

—Nadie— le respondí a Naruto mientras me dirigía a la sala a continuar con lo que hacía, al tiempo de guardar el móvil en mi bolsillo.

—¿Nadie? ¿No será Hinata? — gruñí sin contestarle. Seguí pintando. No me gustaba nada que Naruto supiese lo que me traía con ella, por alguna razón.

Mi rostro se endureció y el idiota se burló.

—Qué cara. ¿Me dirás que esa niña que está dando dolores de pelotas? — volvió a burlarse y luego maldijo cuando le cayó pintura en el ojo.

No le di importancia, pero, a decir verdad, sí lo hacía; aunque él no tenía por qué saberlo. Desde ese día en el Nou apenas habíamos estado juntos. Hinata tenía una rutina vigilada, mi día de trabajo comenzaba llevándola al instituto y mientras yo me ocupaba en diversas disposiciones de Hiashi Hyuuga o incluso Neji, ella estudiaba; eso consumía más de la mitad de mi horario. Apenas teníamos tiempo de vernos antes de llevarla a sus cursos por las tardes, y aunque ya habíamos tenido la oportunidad de volver a tener encuentros casi íntimos, eso se sentía como nada.

En algún momento Naruto cambió la conversación de nuevo, por el motivo que lo llevó ahí desde el principio.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Vamos este fin?

Volteé a verlo y asentí.

—Vamos.

Él sonrió y antes de seguir pintando, hice tronar mi cuello. Necesitaba distraerme, últimamente la idea de meterme entre los muslos de Hinata era todo lo que rondaba por mi cabeza y hasta yo entendía que eso no iba bien.

El móvil en el bolsillo de mi pantalón vibró, esta vez con más insistencia.

—Hola— respondí seco al dirigirme a mi habitación.

—¿Qué ocurre? ¿Desde cuándo dejas en visto mis mensajes? — la voz de Mei sonó divertida.

Apreté el puente de mi nariz al sentarme pesadamente en la cama. Cerré los ojos antes de contestar.

—Estaba ocupado.

—¿Qué clase de ocupación? — me preguntó y sentí su tono juguetón.

—¿Qué ocurre? — pregunté a cambio.

La escuché suspirar —Te pedí vernos.

Sonreí.

—¿Qué sucede? Dijiste que no tenías prisa en dejarme— me recordó.

—Tengo planes.

—¿Y? Cancélalos. No es la primera vez que lo harías— sugirió.

Negué en silencio y recordé las veces que lo había hecho por encerrarme con ella en algún motel. Una parte de mi quería hacerlo.

—Lo siento— la escuché resoplar molesta.

—¿Qué ocurre? Has estado extraño.

—Estaré ocupado— respondí dejándome caer en la cama —. Sabes a lo que me refiero.

Se hicieron unos segundos de silencio. Mei meditaba mis palabras y yo todavía no estaba seguro de lo que le decía.

—¿Ya sales con alguien? — su voz sonó grave.

—Nada serio— dije y ella se burló.

—Nada serio— repitió —. No lo parece… pero, tú y yo acordamos algo. Está bien.

Mei cortó esa llamada y quedé con una sensación de inconformidad. Todavía podía llamarla y pedirle que olvidara esa conversación, pero…

—Hinata— solté frustrado al llevar mis dos manos a la cabeza —. Joder.

Acababa de cumplir con la estúpida condición que me puso. Seríamos sólo ella y yo, el tiempo que durase. Sonreí.

«Vamos a jugar tu juego, Hinata»

Necesitaba sacarme a esa niña de la cabeza, meterme en su cuerpo y quitarme estas ganas que me quemaban. Cuando acepté dejar a Mei, ese día en los baños del Nou, lo hice sin pensar; sólo quería tenerla a ella, a Hinata. Ahora, y aunque lo hice bajo protesta, acepté dejarla para, sólo tal vez, no sentirme tan cabrón. No podía olvidar que Hinata era menor de edad y que, aunque no la estaba coaccionando, ella seguía en clara desventaja ante mí… dejar a Mei de lado solo aliviaría un poco mi conciencia.

Ahora Hinata tendría que hacer que esto valiera la pena. Sonreí al recordar la tarde de ayer. Yo había pasado a recogerla al terminar su taller de pintura, poco antes de iniciar mi turno en el bar, ella había inventado que el tal Kiba iría por ella y pude volver a probar de su cuerpo antes de devolverla a su casa. Hinata montada sobre mí y gimiendo, era algo que no quería olvidar.

—Oye, idiota, ¿vendrás a ayudarme o me dejarás todo a mí? — Naruto abrió la puerta para quejarse.

—Ya voy— le dije mientras se retiraba.

Cuando le sugerí irnos a un motel, sin importarme perder mi noche de trabajo, y ella se negó, no supe si ese pudor fue sincero o sólo pretendía enloquecerme todavía más. En ocasiones actuaba como toda una mujer, y otras tantas se le escapaba su esencia ingenua y temerosa que quería ocultar. Y que me pudriera en el infierno, pero eso sólo me calentaba más.

Me levanté ya sin ningunas ganas de seguir pintando. Me coloqué una camisa y tomé mi balón de basquetbol, se lo arrojé a Naruto segundos después.

—Juguemos un rato— le dije, tomando dirección a la puerta. Necesitaba cansarme y distraerme con urgencia.

O.O.O.O.O.O.O.O

Era sábado por la mañana y mi desilusión no podía ser mayor, el día de ayer no había podido ver a Sasuke, el chofer de papá enfermó y él requirió el apoyo de Sasuke; Neji me acompañó a mí y hoy todavía papá disponía de ese chico que parecía volverse el centro de mi interés.

Suspiré sonoramente mientras Ino y Sakura discutían del otro lado del computador, en esa video llamada.

—Entonces, ¿qué dicen? ¿Vamos? — volvió a preguntar Ino. Mañana, domingo, era cumpleaños de Shikamaru.

—No lo sé, ni siquiera nos invitó— dije sin demasiado interés. Todavía esperaba que Sasuke me hablara y me pidiera vernos.

Vi a Ino rodar los ojos.

—Es una fiesta sorpresa, ¿cómo nos iba a invitar?

—Sabes lo que quiero decir.

—Además, creí que la novia de Shikamaru y tú no se llevaban muy bien— intervino Sakura dándole un pequeño golpe, al estar ambas sentadas frente al mismo computador.

—¿Y qué? ¿Quién dijo que iba por ella? Él es mi amigo y quiero estar ahí— le escuché decir y fingió ofenderse.

Reí. Algo me decía que Ino, debajo de toda esa negación, sí sentía algo por Shikamaru.

Sakura pareció meditarlo.

—¿Qué dices, Hina? — me preguntó.

—Tendría que decirle a papá.

—Uy, ¿desde cuándo pides permiso? — se burló Sakura.

—Desde que la fiesta no es a media noche— aclaré. Era imposible irme de fuga a media tarde. Reímos.

Dos golpes en mi puerta hicieron que dejara de ver la portátil mientras Ino volvía a preguntar si iríamos o no.

—Hinata, papá ha llegado, comerá con nosotros— la voz de Neji se hizo escuchar al mismo tiempo que su presencia seria aparecía en el marco de la puerta.

—¿No saldrá ya?

Lo vi negar —Ha terminado por hoy— me dijo y tuve que morder mi labio para no preguntar por Sasuke —. Tu chofer se ha ido hace ya un rato— me añadió como adivinándome el pensamiento y no pude evitar sentir cierta incomodidad rondando mi estómago.

—Bien, bajaré ahora— le dije y lo vi girarse y marchar.

—¿Qué ocurre? — preguntó Sakura.

—Debo irme— les dije después de un suspiro frustrado —. E Ino, cuenta conmigo para mañana— solté antes de cerrar mi portátil y bajar.

O.O.O.O.O.O.O.O

El domingo, ya con la complacencia de mi padre, tenía todo planeado para pasar la tarde y noche con mis amigas. Neji me llevaría a ese bar del centro y yo me las arreglaría para regresar.

Me vi una vez más al espejo mientras esperaba que mi hermano me avisara que nos iríamos al fin. Esperaba que mis tacones no me dieran problemas, eran ligeramente altos, pero eran los que mejor le sentaban a ese vestido rojo de tirantes, estilo Rockabilly, que se ceñía a mi busto y cintura, un cinturón de la misma tela terminaba en forma de un coqueto moño a mi costado izquierdo. La falda con volantes era lo mejor, justo encima de mis rodillas. Dejé mi pelo suelto disimulando el bonito escote en la espalda. Estaba lista.

Dos golpes sonaron en la puerta y escuché a Neji del otro lado. No se molestó en abrir la puerta.

—¡Ya voy! — le dije buscando el bolso de mano en el que solo llevaría algo de efectivo. Guardé mi móvil en un discreto bolsillo del vestido al salir.

Neji frunció el ceño y me vio de arriba abajo, al tiempo que lo adelantaba.

—¿Irás vestida así?

Asentí —Eso parece— dije y sonreí. Su gesto siguió fruncido y luego suspiró. Dentro de poco sería mayor de edad, pero a mi hermano le costaba acostumbrarse a tal idea —. Démonos prisa, ¿quieres? — pedí al comenzar a bajar las escaleras — Sakura e Ino ya van de camino.

• • •

—¡Hinata! — la voz de Neji me detuvo cuando ya me apresuraba a entrar al bar.

—¿Si? — respondí volteando a verlo.

Él le dio un vistazo a la fachada del lugar. No era un bar de mala muerte, pero no sería nunca el tipo de lugar en el que mi hermano pusiera un pie.

Lo vi resoplar —Recuerda lo que padre dijo: no llames mucho la atención— me dijo y reí, molestándolo.

—Descuida, dudo que alguien aquí sepa quién soy o de donde provengo— aseguré y él negó, alzó su mano a modo de despedida y lo vi partir.

Varias personas entraron antes que yo. Era la primera vez que estaba en ese lugar y todavía debía encontrar a las chicas.

Cruzando la puerta de madera añeja, como la que se encontraba en la pequeña y única ventana de la fachada, me encontré con una barra curva, frente la cual se reunía una pequeña cantidad de personas. Todavía no eran las siete y la escases de luz hacía parecer más noche. Frente a la barra había varias mesas disponibles, seguí adelante sin encontrar a las chicas, las cuales sabía que ya estaban ahí.

Luego de varios metros, dejando atrás la barra, el espacio se hacía más grande. Había una especie de solario cubierto por un enorme domo, las paredes de ese sector eran bañadas por enredaderas y pequeñas salas lounge estaban dispersas por todo lo ancho; muchas más personas se encontraban ahí. Noté que hasta el fondo había otro salón techado donde tocaba una banda. El aroma a cigarro me golpeó al pasar cerca de un grupo de chicos a los que preferí no voltear a ver.

El sonido de la música era alto a pesar de estar lejos de la banda.

—¡Hey, Hina! — Sakura llegó a mi lado, aventándome al detenerse con mi cuerpo — Que bueno que llegaste.

Sonreí.

—¿Y Shikamaru? — pregunté.

Ino apareció detrás de Sakura —Por allá— me respondió indicándome con el rostro a un grupo de personas que estaban cerca del salón donde la banda tocaba. Vi a mi amiga rubia sonreír fascinada, envuelta en un coqueto vestido color beige que se pegaba a cada una de sus curvas.

—¿Y por qué tan contenta? — cuestioné sabiendo que su sonrisa iba más allá del gusto de estar ahí.

Ino solo sonrió.

—Al parecer Shikamaru y su novia pelearon— me respondió Sakura y esa información me sorprendió, pero ahora encajaba la alegría de Ino.

—¿Seguirás diciendo que no te gusta? — le pregunté con una sonrisa.

La vi encogerse de hombros y luego extender su sonrisa.

—Ven, te presentaré a los chicos— me dijo y tomándonos a Sakura y a mí de las manos, nos llevó con ellos.

El grupo de chicos que bebían, charlaban y reían fuertemente nos notó al apenas llegar a su lado. En menos de diez minutos comencé a familiarizarme con ellos, fueron bastante amables.

—Entonces, ¿vienen aquí seguido? — preguntó Lee, el amigo de Kiba y ahora descubría, también de Shikamaru, el mismo que se notó interesado en Sakura.

—Algo así— respondió Ino volteando a ver a la banda que continuaba tocando. El lugar se llenaba cada vez más.

—Iré por cervezas y algo para comer— escuché decir a Chouji, mientras se alejaba con un tazón de botana.

Shikamaru negó y yo no pude evitar reír. Ino se acercó al chico de chongo a mi lado y luego sentí un tirón en la mano.

—Hinata, acompáñame a ver a la banda. Bailemos un poco— me dijo Sakura y apenas pude equilibrarme cuando ya me llevaba entre un enorme grupo de gente.

—¿Las acompaño? — gritó Lee.

—¿Eh? ¡No!

—Sakura— me quejé. Ella solo rio y terminé haciendo lo mismo. Lee era agradable, pero solía ser un tanto insistente y no podía culpar a Sakura por asustarse.

Nos detuvimos casi en frente del escenario mientras las personas saltaban, aplaudían y coreaban ese cover espectacular de wherever you will go de The Calling. El sonido que retumbaba en nosotras como en todo el lugar, nos envolvió de inmediato, pronto fuimos dos personas más cantando y saltando.

Lee nos encontró luego de varios minutos y se unió a nosotras junto con Chouji. La cover band tocó éxito tras éxito y no me costó mucho entender la popularidad del lugar como de la banda en sí. Teníamos cerca de treinta minutos ahí y la gente comenzó a apretarse cada vez más, yo ya estaba sudando.

—¡Saldré un rato de aquí! — le grité a Sakura para que me escuchara.

Ella me asintió con efusividad y pensé en volver junto a Ino, que, al igual que Shikamaru, fueron los únicos que no entraron a ver a la banda.

—Santo cielo— murmuré cuando, estando a punto de salir del pequeño mundo de gente, las personas se apretaron más. Salí trastabillando y la cerveza que Lee me había dado se me cayó. Suspiré y dejé que el ambiente fresco me calmara un poco antes de inclinarme a recoger el envase ya casi vacío.

—Hola, preciosa— respingué cuando sentí un brazo rodearme la espalda, al apenas incorporarme —, ¿ebria tan temprano?

—¡Kiba! — saludé con demasiada efusividad, tal vez por la energía que me sobraba luego de todo el ambiente del interior. Lo abracé, estirándome un poco para lograrlo — No sabía que vendrías.

Él se encogió de hombros —¿Qué te digo? Luego de Nou, este lugar parece ser el siguiente en popularidad— se burló. Traer al tema el Nou era recordar a Sasuke y mi alegría descendió un par de grados. Ya era domingo y no lo había visto el fin de semana —. ¿Y qué haces por aquí?

Señalé a Ino y Shikamaru con el rostro —Es el cumpleaños de un amigo de Ino.

Kiba saludó con el rostro a Shikamaru, supuse entonces que también lo conocía.

—Ya veo, vayamos por unos tragos a la barra, ¿quieres? — me invitó.

Asentí y fui con él cuando me tomó de la mano.

Antes de entrar al área de la barra, escuché una carcajada sonora que me resultó familiar, volteé, pero no encontré de donde procedía entre tanta gente.

—Luces genial, ¿vestido nuevo? — me preguntó Kiba al tiempo que me hacía girar para verme, al todavía tenerme sostenida de la mano.

Reí por lo tonto que eso pareció.

—Algo así, una baratija— mentí para seguir avanzando.

Nos sentamos en unos de los pocos espacios que quedaban libres. En ese lugar la música era más baja y distinta a la que tocaba la banda en la parte trasera, el ambiente más relajado. Kiba pidió dos cervezas y bromeó sobre mi edad antes de darme la mía. Conversamos unos minutos y comencé a sentir que alguien nos observaba; esa sensación me hizo voltear un par de veces, pero todos los presentes se mantenían en sus propios asuntos. Nadie nos veía.

Segundos después sentí mi móvil vibrar. Lo extraje y encontré un mensaje. Al abrirlo mi corazón casi se detuvo.

'Hermosas piernas'

Con esa frase venía adjunta una fotografía mía, de apenas instantes atrás, justo cuando me incliné a recoger mi cerveza. El ángulo era tal que el vestido apenas podía cubrirme el trasero. Ignoré la pena que eso me provocó ante una tonta emoción que me recorrió entera. Kiba hablaba mientras yo ladeaba mi cuerpo y buscaba con la mirada a Sasuke. Él había mandado ese mensaje.

'Acércate a los baños'

El siguiente mensaje llegó a los segundos, haciéndome ver mi móvil otra vez. Me levanté sin pensarlo.

—Kiba— ¿Qué le diría? Me quedé en silencio dos segundos en los que él me veía —, me pareció ver a una amiga por aquí, ¿te importaría si voy?

Me sentí tan falsa y mentirosa, cruel hasta cierto punto, pero había algo en mí que me pedía acercarme a Sasuke.

Él se encogió de hombros.

—Anda, no te preocupes, yo volveré con los chicos— me dijo y sonreí. Di las gracias y me apresuré al fondo, unos metros delante de la barra estaba el pasillo que dirigía a los baños.

Al apenas girar me encontré con la presencia alta de Sasuke y su aspecto de chico malo y rudo. Estaba recargando la espalda y uno de sus pies en la pared, mientras se fumaba un cigarrillo.

Me estremecí completa, disimulé mi sonrisa, o eso intenté, al morderme el labio. Él volteó a verme de medio lado y sonrió. Me quedé inmóvil en ese pasillo vacío y él caminó a mí, parecía un depredador con sus pasos lentos y seguros, su espalda ancha; él era más fornido que Kiba, aunque claro, también era varios años mayor. Unos vaqueros negros y una camisa pegada a su perfecto pecho del mismo color, resaltaban más su piel blanca. El cabello negro le caía por el rostro enmarcando su mirada.

—¿Qué haces aquí? — logré preguntar cuando lo tuve enfrente.

Él apoyó una de sus manos en la pared tras de mí, se inclinó.

—Vine a ver a unos amigos, ¿qué haces tú aquí?

Me encogí de hombros —Es uno de los pocos lugares donde no me piden carné— comenté y lo vi sonreír. Sasuke llevó su otra mano a mi rostro y me besó los labios, casi gemí en medio de ese beso y no entendí cómo era posible que me gustara tanto. Él sabía a licor y tabaco, aun así, lo dejé profundizar el beso.

Cuando nos separamos, él me observó a los ojos unos segundos, pareció debatirse algo internamente y luego me tomó de la mano.

—Ven— me dijo y me arrastró al fondo del pasillo.

—¿Qué? — pregunté al seguirlo. Intuía que pretendía encerrarnos en algún lugar y aunque estar a solas con él era lo único que quería, no sabía si me gustaría un lugar como esos.

Volteé atrás a ver si alguien nos veía cuando él golpeó con el hombro una puerta y la abrió.

—Entra— su voz ronca y baja me erizó la piel. O tal vez fue el saber a qué entraría.

Entré y di un último vistazo atrás, varias personas pasaban al final del pasillo, directo al fondo, seguro buscando ver a la banda.

—¿Aquí? — pregunté y se me escapó un tono decepcionante al saber que era la bodega donde se guardaban cajas de distintos licores. Aun así, retrocedí cuando él me hizo hacerlo al pegarse a mí y avanzar.

—¿Sabes, Hinata?

Alcé mi vista a él.

—Comienzo a pensar que juegas conmigo— me dijo y eso me sorprendió.

—¿Ju-jugar?

Él asintió y lo vi ver mis labios, mordí el inferior por reflejo y él llevó su mano a mi quijada, posteriormente, con el pulgar evitó que lo siguiera haciendo.

—Creo que estás jugando solo a calentarme y esa, es una mala idea.

Sonreí por lo que pensaba. Él frunció el ceño, creo que comenzaba a molestarse.

—Creo que no te has dado cuenta que quedamos igual— dije y me arrepentí por exponerme así, pero no quería que pensara que jugaba con él.

—No soy yo quien se ha negado a acostarse contigo— me dijo pegándose más a mí, inclinando su rostro para hablarme al oído. Mi piel, además de querer erizarse, se calentó por lo directo de su frase.

Los tacones altos me mantenían casi a su altura.

—Sólo me negué a ir a un motel— le aclaré. Dar exhibiciones casi públicas como las que algunas veces dábamos ya era malo, si alguien me captaba saliendo, entrando o permaneciendo en un motel, la carrera política de mi padre sería todo menos perfecta como lo había estado siendo.

Él me vio a los ojos mientras su brazo me rodeaba la cintura. No supe qué pensó, pero ya no parecía molesto.

—No quiero que…

—Ya— me interrumpió y volvió a besarme los labios, esta vez su beso fue mucho más hambriento. Tuve que echar mi cabeza atrás para poder seguir su ritmo. Inconscientemente -quise creer- empujé mi cuerpo contra él, apretándonos.

La mano que Sasuke mantenía en mi cintura bajó a mis piernas y subió por uno de mis muslos. Levanté la pierna, sujetándome a su cadera mientras él tocaba mi piel. Sasuke mordió mi labio inferior y eso llevó una descarga eléctrica directo al centro de mi intimidad.

Él me pegó más a él y pude sentirlo endurecido. Eso me estremeció. Sasuke llevó su otra mano en medio de nuestros cuerpos y, mientras me veía a los ojos, jadeante, lo sentí deslizar uno de sus dedos por la fina línea de mi sexo. Temblé, estoy segura. Los ojos negros de él parecieron más profundos al tiempo de bajar a ver mis labios, los mismos que tuve que abrir para dejar escapar un gemido silencioso. Mis labios se secaron y busqué los de él.

Sasuke jugaba conmigo. Un único dedo recorría con calma esa parte de mi sexo y no le noté intención de avanzar. Sonreí y bajé mi pierna de su cadera, me apoyé en el suelo y empujé mi cadera a él, provocándolo. Si me ruboricé, no fui consiente.

Mis labios seguían esperando los de él que sonrió. Cuando cedió a pegar sus labios a los míos, no lo besé, me mantuve sólo rozando sus labios y viéndolos; estaban ligeramente separados esperando el contacto, al mismo tiempo que yo tocaba su erección sobre sus pantalones.

Me sentí osada cuando sus ojos negros volvieron a los míos. Se quedó quieto y eso me animó a recorrer esa dura longitud por fin con mis manos. Antes sólo podía imaginarla, Sasuke y yo solíamos besarnos y él besar mi cuerpo, lo más lejos que habíamos llegado fue a sentarme sobre él y dejarlo casi desnudarme aquel día que pasó por mi después de mi taller, cuando me pidió ir a un motel. Ahora yo estaba tocándolo y él parecía muy interesado en que no me detuviera.

—Te he dejado pensarlo este tiempo—soltó de pronto al llevar una mano a mi cadera, y la otra a mi cuello, haciéndome mirarlo —, creo que en estos momentos sabes ya lo que quieres— me dijo hablándome sobre los labios. Lo sentí entonces llevar sus manos a su pantalón, desabrocharlo y bajar el cierre del mismo.

Mordí mi labio y me animé a ver para abajo. Él no hizo intento alguno de bajarlo… era una invitación.

Lo vi a los ojos, yo estaba jadeando cuando me atreví a meter mi mano bajo su ropa.

Sasuke me rodeó la cintura con un brazo y me pegó a él. Cuando toqué su piel dura y caliente, él gimió y yo vibré. Su piel era sumamente suave y lo sentí húmedo. Sasuke me besó, un beso entrecortado y volvía a mí buscando más. Yo comencé a acariciar su miembro, deslizando mi mano cerrada hacia abajo. Me atreví a llevar mi lengua a sus labios y él la abarcó, volviendo el beso casi necesitado.

No era la primera vez que tocaba a un hombre de esa manera, pero no terminaba por acostumbrarme a esas reacciones. Sasuke era… tan hombre, tanto que me sentía muy bien al poder despertar esas reacciones en él; mis pezones se endurecieron y quise sentir sus manos ahí.

Una de mis manos acariciaba su longitud, un dedo de la otra formaba círculos sobre su glande. Cuando nuestros labios se separaron, fui yo la que jadeó. Sasuke amenazó con volver a besarme, pero se detuvo y sonrió, provocándome descaradamente.

—Joder— maldijo sobre mis labios. Lo vi a los ojos y luego bajé mi mirada a su miembro erecto e impresionante. Llevó una de sus manos a mi cuello y lo apretó suavemente, haciéndome volver a verlo; la intensidad en su mirada era peligrosa —. Aclaremos algo, Hinata — me dijo y sentí que se obligó a hacerlo —, las cosas no tienen por qué complicarse. No hablamos de amor, sólo será sexo; así todo sabe y suele ser mejor, ¿de acuerdo?

Asentí perdiendo el aliento, era lo que yo también esperaba. Todo mi cuerpo se mantenía en alerta por él y apenas podía creerlo.

—Bien, vayamos a mi casa, entonces— me dijo y me hizo soltarlo.

—¿A tu casa?

Él sonrió de medio lado —¿O prefieres en la tuya?

Negué, ¿lo haríamos ahora?

—Bien, te veo afuera, una cuadra adelante esta mi coche.

—Les diré a mis amigas y…

Él volvió a tomar mi rostro al terminar de ajustarse los pantalones —No. A escondidas todo sabe mejor.

Sonreí —Terminarás de corromperme— reconocí en voz alta.

—Es lo único que espero— me dijo y luego de besar fugazmente mis labios, salió de ahí.

Salí segundos después y vi a Sasuke distraer a uno de los empleados del lugar, dándome oportunidad de seguir avanzando sin tener problemas. Creo que estaba temblando al sentirme observada por él. Salí del pasillo y observé a Ino reír con Shikamaru, Sakura ni Kiba se veían por el lugar, así que salí de ahí. Sasuke me siguió instantes después.

• • •

El sonido de la ciudad era extrañamente más suave a como lo recordaba, aunque tenía sentido considerando el volumen tan alto en el bar. Avancé en la ya iluminada calle, luego de haber caído la noche; sentí la mirada de un par de sujetos sobre mí y sólo entonces me pregunté si tendría rastros de haber estado con Sasuke… alisé mi vestido solo para estar segura.

Metros más adelante sentí el brazo de Sasuke rodearme la espalda. Me abrazó.

—Dios, acabas de darme un susto de muerte— reconocí en voz alta.

Lo vi sonreír y por la forma en que lo hizo, seguro pensó alguna vulgaridad —Sustos no es lo que quiero darte— me dijo y no pude seguir viéndolo, mis mejillas se calentaron y no pude evitar sonreír.

Avanzamos varios metros y finalmente estuvimos frente a su coche. Volver a subir a él me recordó aquella noche cuando me llevó a casa por primera vez. Me abrió la puerta en el primer gesto de caballerosidad de ese tipo.

Cuando subió al auto su aroma volvió a llenarme los sentidos. Estaba nerviosa y no sabía qué decir, el único punto en común que teníamos era la relación laboral que mantenía con mi familia y no me pareció apropiado mencionarlo; aunque quise saltarme esa sensación, al sentirme demasiado ansiosa al saber a dónde íbamos y qué haríamos una vez ahí. Mis manos sudaban.

—¿Te estás arrepintiendo? — soltó de pronto rompiendo el silencio.

Respingué —¿Eh? ¡No!

Él me vio de medio lado al seguir conduciendo al noreste de la ciudad. Antes de volver su atención al frente, sintonizó la radio, hecho que agradecí internamente.

—Bien, aunque podrías hacerlo antes de conocer los suburbios— su tono sonó tosco.

Fruncí el ceño —¿Eso debería importarme?

Él sonrió de forma irónica —¿Me dirás que no lo hace?

—¿Estás prejuzgándome?

—¿No sueles hacer lo mismo?

Exhalé cansadamente —Fue sólo una vez y ya pedí disculpas, ¿es que no lo olvidas?

No dijo nada, sólo siguió conduciendo. El rock de la radio llenó el auto y la incomodidad quiso volver a surgir mientras avanzábamos.

—¿Puedo preguntarte algo?

—¿Qué?

Me vio de reojo y yo jugué con mis dedos, en un acto casi inconsciente —Esa noche, la vez que me llevaste a casa por primera vez— le recordé y lo vi asentir, esperando que continuara —, ¿por qué dejaste que ese taxista se quedará allí, así como así? Es un sujeto peligroso, ¡quiso violarme!

Lo vi sonreír.

—Ese tipo no dañaría ni a una mosca.

—¿Qué? Eso no fue lo que me pareció.

—Sólo se estaba divirtiendo contigo, dándote una lección. Tiene hijas de tu edad, no te tocaría.

—¿Entonces por qué me defendiste? — pregunté sin terminar de creerle.

—Estabas llorando— respondió con simpleza.

Recordé aquello y luego de unos segundos, exhalé desanimada, seguro aquella noche hice el ridículo enfrente de él. Luego sonreí… si el tipo solo me tomaba el pelo, él pudo aclararlo y dejarme con ese taxista, pero no lo hizo. Sasuke había decidido llevarme con él… él no había sido el cretino que quiso parecer, o al menos, no del todo.

Con el paso de los minutos dejamos atrás los altos edificios, los enormes parques y las calles amplias e iluminadas, para entrar a una de las distintas zonas de los suburbios. Era la primera vez que estaba ahí, todas las luces de los postes funcionaban, aunque algunas parpadeaban, las casas eran todas de un mismo estilo, pequeñas y con pequeñas cocheras, algunas contaban con segundos pisos y con jardines que parecían cuidados. Noté a Sasuke verme de reojo así que dejé de prestar atención, no sé por qué sentí que le incomodaba traerme aquí.

Disminuyó la velocidad y giró el volante para adentrarse a la cochera de la casa marcada con el 1042. La luz exterior estaba encendida, la casa estaba perfectamente pintada de un color beige.

Cuando apagó el motor, yo abrí la puerta del auto, él no me imitó. Volteé a verlo extrañada, ¿se había arrepentido?

—¿Ocurre algo? No estarán tus padres, ¿o sí? — pregunté algo que hasta ahora pensaba.

Lo vi sonreír y negar —No, vivo solo. Vamos— me animó y bajamos al mismo tiempo.

Sasuke encajó las llaves en la puerta y yo sólo pude tener ojos para ver la forma cómo los músculos de su espalda se marcaban con esa camisa, en lo fuerte de sus brazos y en lo bien que le sentaba el pantalón. Al pensar en esta última prenda, a mi volvió el recuerdo fresco de lo que guardaba bajo ellos… sonreí con pena y esa extraña emoción que me provocaba hasta un cosquilleo en el estómago.

Me abrazó y me hizo entrar con él.

—Seguro tu baño es más grande que toda mi casa— dijo, pero cuando lo empujé con mi hombro, logrando que me soltara, lo vi sonreír.

Avancé varios pasos, el lugar era modesto, pequeño, pero ordenado. Todo parecía estar en su lugar, salvo un par de cubetas de pintura que estaban a los pies de una pared a medio pintar.

—Vayamos a mi habitación— me dijo, su voz sonó ronca. Lo sentí pegarse a mi cuerpo, su aliento en mi oreja y sus manos aferrándose a mi cintura me provocaron ese escalofrío de ansiedad que me erizó la piel.

Lo dejé guiarme mientras me besaba la oreja y me acariciaba el vientre, antes de quedar de pie frente a su cama, sus manos grandes apretaron mis pechos. Gemí y tuve la necesidad de pegarme a él, volví a sentir su miembro hincharse y a él tensarse.

—Aunque me gustaría decirte lo contrario, todavía puedes decir no— me susurró y contrario a esa libertad que me ofrecía, apretó mis pezones, haciéndome gemir.

—Cielos… no me harás rogar, ¿o sí? — pregunté, mi pecho subía y bajaba lentamente.

Estuve segura que quiso sonreír, pero su sonrisa no se alcanzó a dibujar cuando bajó sus labios a besar mi cuello. Sus manos masajearon sin pudor mis dos senos, al mismo tiempo que me hacía sentir la potencia de su erección en mi trasero. Mi piel se erizó y separé mis labios, dejando libres gemidos; estaba en la habitación de Sasuke, a punto de entregarme y nadie siquiera lo imaginaba. Me giré entre sus brazos y besé sus labios. Yo gemí y él volvió ese beso pasional en un instante, me froté contra él y respondió mordiendo mis labios. Nos separamos, yo esta ruborizada, estaba segura y él, él respiraba por sus labios y su mirada era incluso más negra.

Jugó a tocar mis labios y apartarse milimétricamente, haciéndome separar mis labios para besarlo, pero sin dejarme hacerlo. Sus manos grandes fueron a mi cintura y subieron. Su tacto me quemaba y me hacía ansiar más de su piel; las mías fueron a su cadera y se metieron bajo su camisa. Sasuke estaba ardiendo, incluso más que yo y eso me enorgulleció.

Mis pezones se pusieron duros, y lo hicieron todavía más cuando lo sentí llevar una de sus manos a deslizar el cierre de mi vestido. Lo hizo con calma, viéndome a los ojos, mientras yo sólo podía ver sus labios y desear besarlo para no arrepentirme… bueno, si pudiese hacerlo.

Llevé mis manos a su abdomen y sentí sus músculos duros y marcados, seguí subiendo y deseé poder verlo, besarlo y más. Era increíble, con Gaara había aprendido a ver y desear el cuerpo de un hombre… y Sasuke era lo que no podía dejar de ver. Y desear.

Él me apartó las manos de su cuerpo, y lo complací al dejar caer despacio mis brazos… los tirantes de mi vestido resbalaron por mis hombros y pronto el vestido completo resbaló hasta mis pies. Mi corazón se aceleró y sentí que él dejó de respirar. Cuando alcé mis ojos a los suyos, Sasuke alzó una de sus manos a mi rostro y comenzó a comer mis labios; me pegó con tanta fuerza a su cuerpo que gemí. Separó sus labios para abarcar los míos por completo y siguió besándome.

Sus manos gruesas y calientes fueron a mi trasero, lo apretaron y nos arrancó un gemido cuando me atrajo a él, haciendo que mi pelvis se apretara en su erección. Nos mantuvo así unos instantes, antes de soltarme despacio y subir sus manos por mis caderas, para terminar en mi espalda, arrastrando mi cabello.

Cuando lo sentí desabrochar mi sostén me tensé sin pretenderlo. Dejó de besar mis labios para besar despacio mi cuello, infundiéndome confianza. Pasé mis brazos bajo los de él y me abracé a sus hombros.

Él jadeó y yo apreté mis ojos, bastaba que me apartara un poco de él para que mi sostén cayera junto a mi vestido. Besé sobre su corazón acelerado y acaricié su espalda; lo sentí sonreír y acariciarme, subió una de sus manos por mi cuello y me hizo verlo para besarme los labios. Mientras retrocedíamos a la cama, mi sostén cayó.

Las manos de Sasuke descendieron por mi cuerpo y encajó dos de sus dedos por los costados de mis bragas, jaló hacia abajo y yo casi dejé de respirar. Él estaba ardiendo. Cuando Sasuke logró que cayeran por mi cuerpo, estuve completamente desnuda ante él, me apreté a su cuerpo y sentí injusto que yo fuese la única sin ropa. Lo medité un poco antes de volver a meter mis manos bajo su ropa, Sasuke recorría su nariz en mi mejilla, no supe qué pensaba, pero fue tierno. No había burla ni dobles sentidos… estaba tan expuesta a él y él me tocaba y acariciaba con total delicadeza.

Lo vi a los ojos y le alcé la camisa. Verlo alzar sus brazos y descubrir su abdomen marcado fue la cosa más sensual que jamás veré, estaba segura. Cuando se pegó a mí para besarme otra vez, su pecho desnudo y caliente se presionó contra mis senos.

Quise desabrochar su pantalón, pero me detuvo las manos.

—No tan rápido, princesa— se burló y lo vi a los ojos. Pasión pura reverberaba en ellos —. Subamos a la cama— me invitó y asentí.

Me deslicé hacia atrás una vez en ella y él se acercó cual predador. Mis codos se apoyaron en el colchón y él me observó completa en mi desnudez. La luz encendida no ocultaba nada a sus ojos y él no tuvo reparo en ver sin pena mi cuerpo. Un muslo de Sasuke, envuelto en su grueso pantalón, estaba entre mis piernas desnudas, cuando él volvió sus ojos a mí, apenas tuve tiempo de pasar saliva antes de que me volviera a besar. Me besó con tal hambre que me hizo quedar completamente de espaldas al colchón, con él sobre mí; buscó mis manos y las alzó sobre mi cabeza, inmovilizándome.

Gemí en medio de su beso cuando me sujetó con una sola de sus manos y la otra la deslizó despacio en medio de mis senos, tomó uno y lo acarició antes de apretarlo con fuerza. Se apartó permitiéndome gemir.

—Joder— lo escuché murmurar y luego llevó sus labios a ese seno que apretaba. Lamió y chupó de él.

Sentí su erección tan dura en una de mis piernas y gemí más sonoramente cuando bajó su mano y acarició osadamente los pliegues de mi sexo, al tiempo que pasaba a chupar mi otro seno.

—Voy a hacer algo que quise hacer desde que te conocí— lo escuché susurrar sobre mi pecho y no supe si me lo dijo a mí, o se lo reconoció él mismo.

Lo vi deslizarse dejando pequeños besos en mi abdomen. Antes de sentir la lengua de Sasuke encajándose entre mi sexo, pude ver su rostro hundirse entre mis muslos y su espalda ancha curvarse; luego, todo fue electricidad recorriendo mi cuerpo. Dejé caer mi cabeza en el colchón más suave en el que había estado y hasta mi espalda se curvó.

Sasuke detuvo mis caderas al agarrar firmemente mis muslos sin dejarme apartarme. El corazón me latía en la garganta al mismo tiempo que sentía su lengua húmeda lamer desde mi entrada hacia arriba, rodeando mi clítoris; mordí un par de mis dedos para callarme cuando lo sentí besar mi intimidad como si fuesen mis labios, abarcando casi todo de mí. Sudé y temblé. Sentí que me volvería loca respirando con agitación, mi otra mano fue al rebelde cabello de Sasuke y jalé de él, pegándola más a mí. Jadeó y su aliento me provocó más humedad.

Él lamió de mí, lo sentí incluso beber lo que mi cuerpo le daba y seguía sujetándome fuerte, chupando; presionó su lengua con mi clítoris y yo sentí mi rostro comenzar a arder, me faltaba el aire, cuando el atrevido chico se entretuvo succionando con fuerza de ese punto tan sensible, mis ojos se cerraron solos y mi boca no contuvo mis gemidos. Toda yo era ese punto que él chupaba y estaba temblando, mis piernas perdieron fuerza; él pareció notarme y pegó más su rostro a mí. Luego, todo acabó. Me perdí completa, temblé bajo él al tiempo que perdía la fuerza entera; mis manos que se aferraron a la cama, la soltaron y, más allá del adormecimiento en mi cabeza, al comenzar a bajar, pude ser consciente de él, que seguía lamiendo, pero con sumo cuidado.

• • •

«Maldita sea» pensé jodido mientras me negaba a apartarme de ella. Lamí más del néctar que Hinata emanó, dulce y cítrico al mismo tiempo.

Ella temblaba suavemente y sus preciosos gemidos habían aminorado, la sentí intentar cerrar sus muslos, pero no lo permití. Todavía segundos antes la había sentido correrse deliciosamente, su interior se contrajo con tanta fuerza que pude sentir palpitar su clítoris. Si esa niña me apretaba de esa forma estando dentro de ella, me iba a volver su esclavo y no iba a arrepentirme por ello.

La había evitado. Evité buscarla apenas la vi aparecer en ese bar horas antes, me había hecho sonreír como estúpido cuando la vi salir con problemas de en medio de toda esa gente, cuando la vi recoger con dificultad lo que se le había caído, no me contuve y tomé esa foto. Minutos después estaba buscándola. Me atraía, demasiado.

Que Hinata viniera a mí y me dejara hacer con ella lo que deseaba, alivió un poco la molestia que tenía al sentirme rechazado por ella días atrás. Estaba metiéndome en un puto problema y no estaba importándome.

No quería verme desesperado por tenerla, pero seguía buscándola. No estaba pensando, no podía tener la cabeza fría con el verga caliente. Y Hinata tenía esa capacidad de calentarme sin que se diera cuenta. La despreciaba y me atraía.

Volví mi vista a ella, sus pechos y rostro estaban ruborizados, jadeaba. Hacía minutos, cuando la vi tendida en mi cama y desnuda, con sus piernas ligeramente separadas para mí, creí que no existía algo más hermoso que ella. La mezcla perfecta de pecado, pasión y ternura. Ahora sabía que estaba equivocado… Hinata aterrizando de un orgasmo, jadeante y sudada, no tenía comparación.

No tenía derecho a tocarla y eso me endureció más… ella lo deseaba.

Me incorporé y desabroché mi pantalón, bajé el cierre después. Los bonitos ojos violáceos se abrieron despacio y la noté perder el aliento. Mantuve un pie en el suelo y la rodilla del otro en el colchón.

—Ven— le dije sacando mi miembro. Estaba húmedo y su tensión era tal que casi pegó contra mi abdomen.

Hinata asintió y se sentó. Segundos después, toda su atención la tuvo mi miembro, llevó sus manos a él y lo acarició despacio. Fruncí mi ceño, no parecía demasiado apenada, incluso alzó su vista a mí y volvió a acariciarme.

¿Alguna vez antes habría hecho ya esto con otro?

Mi sangre quiso arder de una forma distinta.

—Cómetelo— solté ronco dejando de pensar.

Ella jadeó sobre mi piel sensible y frotándolo, llevó su boca a él. Cerré los ojos y gruñí. «Maldición»

La sentí meter mi cuerpo a su boca y acariciarme con su lengua, no pude abrir los ojos hasta instantes después. Hinata no era experta, pero el calor de sus labios y la humedad de su lengua estaban rebalsando mi placer.

Empujé mi pelvis contra ella y la sentí tener una arcada. Lo soportó. Yo acaricié su pelo y ella volteó a verme, sus ojos lucían más grandes y brillosos, asintió y sonreí. Volví a embestir su boca y poco a poco se relajó. Los senos de Hinata rozaban con mis muslos y a pesar de mi pantalón, pude sentir su calor y firmeza.

Sujeté con más firmeza su cabello, y acompañé mis movimientos con los de su cabeza. Pronto me encontré gimiendo en voz alta y sentí sus pezones endurecerse. Embestí contra ella una y otra vez, varias, muchas veces. Hinata apretó sus dedos en mi cadera y se animó a tomar el ritmo. Mi miembro estaba sumamente hinchado y ya estaba al borde luego de hacerla correrse. Sentí su lengua envolverme y su succión más fuerte al salir.

Iba a terminar.

Jadeaba y la veía casi hacer desaparecer mi miembro entre su boca. Me pareció hermosa. El corazón golpeaba tan fuerte y mi cuerpo se calentó en extremo.

Hinata gimió y esa vibración me arrancó un gemido y me obligó a tensar la mandíbula si no quería seguir haciéndolo.

—Joder…— jadeé —, Hinata, voy a…

Ella siguió succionando, haciéndome jadear… ella no se apartó, ¿querría que…?

Seguí sintiéndola y no tuve tiempo, ni quise pensarlo mucho. «Mierda» «Lo siento, preciosa»

Un calor latente recorrió mi cuerpo, cerrándose justo en la base de mi miembro. Hinata succionó más y entonces vinieron esas contracciones que expulsaron mi semen directo a su garganta. La sentí tensarse y relajarse, sujetó mi miembro y se inclinó, permitiéndome seguir derramándome. Vino otra y otra contracción que hacía palpitar mi miembro, mientras me vaciaba. Mi fuerza se fue y mis últimos rastros quedaron en los labios cuando se apartó; apenas pude mantener mis ojos abiertos para verla lamerme. Volví a subirme sobre ella y antes de besarle los labios limpié mis rastros. Bajé mis pantalones y sentí su cuerpo desnudo bajo de mí.

—Joder, Hinata— le dije deslizando una de mis manos a sus senos —, podrías llevarme a la muerte solo por estar así contigo— reconocí segundos después, mientras me estiraba buscando en el buró cercano un condón.

Le besé los labios y ella cooperó arqueándose contra mí y abriéndome sus piernas, mientras volvía a endurecerme, necesitaba hacerlo, no quería decepcionarla. Pasé por alto que era la primera vez que algo así estaba preocupándome, más, teniendo en cuenta que Hinata debía ser virgen.

Quería complacerla todavía más.

Me apoyé en mis rodillas y tuve la visión perfecta de Hinata desnuda, con sus muslos abiertos dejándome entrada, mientras esperaba por mí. La vi morderse uno de sus labios y deseé obligarla no dañarse así, mientras abría el envoltorio metálico del condón. Mi miembro ya estaba erecto, lo acaricié prometiéndole que pronto estaría dentro de ella y Hinata me miró, sin poder esperar más. Sonreí.

Cuando estaba a punto de comenzar a deslizar el condón sobre mi miembro, golpearon mi puerta.

—¡Joder! — solté molesto.

—¿Quién crees que pueda ser? — ella quiso sentarse, pero no lo permití.

—No tengo idea, pero que se jodan— le dije y me apoyé en ella, volviendo a acostarla, mientras intentaba hacerla ignorar la puerta.

—Pero…

—No importa, Hinata, quien quiera que sea que se largue y si no, que escuche como te hago el amor— le dije. Amor… imbécil. Lo dejé pasar al buscar sus labios.

Ella sonrió y volvió a frotarse contra mí.

—Abre y que se vaya… también quiero hacerlo, pero no con esa persona ahí— había súplica en su voz. Hinata tenía las mismas ganas que yo por continuar y eso sólo me calentó más.

Negué, yo ya no podía esperar.

—¡Sasuke, sé que estás ahí, tu coche está aquí!

—Joder— solté frustrado y cerré los ojos —… Mei.

Me levanté reacomodándome el pantalón y salí de la habitación cerrando después de hacerlo.

• • •

«¿Mei?»

Mi corazón casi se detiene.

«No, pero Mei es alguien de quién él no ha querido separarse en bastante tiempo» recordé la frase de Naruto.

—Afuera está esa chica— me dije en voz baja. Una sensación de vacío me molestó en el pecho, pensé en esperar a Sasuke, pero no supe cómo lo vería sabiendo que acababa de ver a la mujer a la que se estaba llevando a la cama… tal vez esa misma cama.

«Santo cielo» no reconocí esa opresión en mi pecho.

Sintiéndome ofendida, tontamente, me levanté despacio. Habíamos acordado algo y él, claramente, no estaba cumpliendo. Tardé menos en vestirme que cuando lo hice en mi casa pues temí que entrara y me echara de ahí para estar con ella. Abrí la puerta temiendo encontrármelos en el interior, por suerte no era así. La luz de la sala estaba apagada y con la cochera iluminada, lo que pasaba ahí era perfectamente visible a través de las delgadas cortinas.

Sentí que mis ojos quisieron llenarse de lágrimas al ver a Sasuke apoyado en la lateral del capó de su auto, con el torso desnudo, mientras envolvía en sus brazos a esa mujer. La reconocí enseguida a pesar de que tenía su rostro oculto en el pecho de Sasuke.

Era la misma del bar. La pelirroja exuberante y varios años mayor que él.

Llevé mis manos a ocultar mi rostro y negué. ¡Qué estúpida era! Obviamente Sasuke no había terminado con ella y tampoco lo haría, ¿por qué iba a hacerlo? ¿por mí? Aquella mujer, era una mujer… yo sólo… «bonita, pero bastante sosa»

Reí incrédula y con los ojos queriendo picar… ni siquiera tenía virginidad que compensara mi inexperiencia sexual. ¿Qué podría atraerle a Sasuke de mí?

Él la hizo verlo y le dijo algo, ella asintió y yo sentí que mi estómago se revolvió cuando él volvió a abrazarla. Había visto suficiente.

Abrí la puerta y vi a Sasuke voltear.

—¿Hinata? — soltó a la pelirroja que me observó y él se acercó a mí — ¿Qué haces? ¿A dónde vas? Vuelve adentro.

No me detuve, salí a la calle y caminé por la dirección por donde habíamos llegado.

—No, creo que he estado demasiado tiempo aquí— dije mientras buscaba a lo lejos una calle transitada.

—¿De qué hablas? No hemos terminado— me detuvo al sujetarme con fuerza de la mano.

Volteé a ver a la mujer que nos veía —Y no lo haremos ya. Termina tú solo… o hazlo con ella, ¿qué más da? Quiero irme.

Juro que vi rabia bañar los ojos que antes habían sido serenos.

—Entonces yo te llevo— me dijo molesto, soltándome.

Sentí que se me apretó el pecho… él no insistiría.

Se giró seguro para terminar de vestirse e ir por su coche, esperó que lo siguiera, pero no lo hice. Ahí volvió a surgir el lado estúpido e insensato que había en mí. Seguí avanzando tan firme y rápidamente como mis tacones me lo permitieron.

—¡Hinata! — lo escuché llamarme y lo ignoré. Soltó una palabrota y luego escuché la voz de la mujer, pero no quise escucharlos más, me concentré en el sonido de mis tacones.

Oí el auto de Sasuke derrapar al tomar mi dirección.

—Sube al auto.

Lo vi de medio lado y lo ignoré, avancé en la acera.

—Hinata— me advirtió al seguirme por la calle.

—¡Oye, tú! — alcé la voz al ver a un chico sentado en su coche, mientras platicaba con otros dos más sentados frente a él.

—¿Qué demonios haces?

—¿Cuánto me cobras por llevarme al sur? — los chicos me vieron de arriba abajo, luego, el que estaba sentado en el auto se puso de pie, observó a Sasuke bajar enfurecido de su coche.

—Tres de los grandes— me dijo.

—Bien— los traía.

—Hinata— Sasuke me apretó con fuerza innecesaria el brazo cuando pretendí cruzarlo para subir al coche.

—¿Qué?

—Piensa bien lo que estás haciendo— lo vi de arriba abajo.

—Sólo salgo de los suburbios— dije y lo vi cerrar los ojos. Me soltó y lo empujé para pasarlo de largo. Vi a la pelirroja llegar a su lado cuando nos íbamos y, tal vez mi estado vulnerable, luego de haber estado tan íntimamente con él, me hizo arder los ojos.

No quería llorar, Sasuke era para olvidar a Gaara. Él mismo lo dijo, no era amor, era sexo. Yo ya lo estaba arruinando.

Negué en silencio. Él también lo había arruinado.

No pude creer cómo sentir lo mismo dos veces podía doler igual. Conocí a la chica por la que Gaara me cambió… y me sentí igual de pequeña e insignificante, pues ahora, ahora conocí a la mujer que tenía a Sasuke a sus pies.

«O casi» esa parte que no me dejaba desmoronarme me habló. Sasuke pudo y quiso estar conmigo, me pidió que me quedara delante de ella.

Dios, ¿y si sí lo estaba arruinando?

Continuará…


¡Hola!

Este capítulo me andaba costando, porque como le dije a una amiga, tengo la idea del que sigue, pero en este me quedé seca xD

En fin, salió.

Gracias por apoyar esta historia c:

Comentarios:

Csabillonp, Erimibe34, Guest1, Clau, Guest2, Nana, Aty, Ivedeath, Sandy (x2), alicereptar, Sol, Lizeth de Uchiha, Guest3, XukiUchiha, Yukki-Onna, Wolf-enzeru, Andi Soul, Dhanibel Reyes, sabiJefte, Lyn chan, Guest4, gissellgn, dagorfly.

¡Gracias por leer!

Espero les guste, en el siguiente leemos a Sasuke y nos enteramos de su relación con Mei.

Besos.