Capítulo 4: El "secreto" de Shuri

Pasaron algunos meses para que Giselle aceptara de buena manera su "nuevo hogar" debido a las constantes exploraciones que realizaba por cuenta propia. Si bien era cierto que cambiar de una región cercana al polo norte era drástico; podrá imaginarse el estar cerca de una nación cercana al ecuador.

Poco a poco fue interactuando con la población de Wakanda quien le costaba un poco asimilar el que el soberano de Wakanda "adoptara" a una pequeña con un matiz diferente en su piel. Sin embargo buscaba los límites del territorio de la tribu del "mono blanco" en donde se encontraban las zonas escarpadas y con un clima frío para sentir la noción de lo que fue su hogar.

Cabe resaltar que la joven mestiza era trasladada en periodos establecidos, para ello le acompañaban Ayo y Okoye quienes se dedicaban a entrenarla al estilo de las guerreras wakandianas. La menor aprovechaba al máximo el entrenamiento como a su vez asimilaba los impactos de los golpes. En el fondo, agradecía que aquellas mujeres le trataran con rudeza y no con delicadeza. Producto de aquellas singulares sesiones, la joven parecía un dálmata humano; principalmente por tener el ojo izquierdo morado.

-¡Sólo te falta ladrar! – Escuchó la voz divertida de Okoye.

Giselle debía aguantarse cuando sintió que una tempestad de hielo se aproximaba en aquella singular zona. Las dos guerreras observaban a su alrededor que la menor estaba provocando aquel misterioso fenómeno atmosférico mientras de sus brazaletes invocaba dos espadas legendarias: Laevatein y Star Saber.

-¡No me hagan enojar! – Expresó la niña quien se lanzaba con furia a atacar a ambas guerreras mientras las finas capas de nieve aumentaban en el sendero de forma considerable.

-¡Giselle, debes controlar tu energía! – Mencionó con rudeza Ayo quien bloqueba el ataque con dificultad.

Okoye por su parte se enfocaba en someter a la menor ganando la posición de la retaguardia.

-¡Soy la hija de Loki Laufeyson, y deben respetarme! – Espetó con furia aquella niña del cabello rojizo.

Sus ojos esmeraldas proyectaban una mirada amenazante digna de un demonio, sus manos lograban sostener ambas espadas.

-Creo que T'Chala olvidó mencionar éste detalle. – Respondió irónicamente Okoye.

-¿Qué tenía armas? – Mencionó Ayo quien se dedicó a derribar a Giselle mientras rápidamente su compañera procedía a inhabilitarla.

Ambas espadas terminaron en el suelo, resguardándose por instinto en los brazaletes de la niña mientras ella terminaba exahusta, lo que originó que el clima se normalizara, si es que en verdad puede llamársele de esa manera.

-¿Hice algo malo? – Preguntó la menor al verse sometida por las dos mujeres.

Ambas mujeres se vieron entre sí.

-¿En verdad no recuerdas lo que pasó? – Preguntó Okoye mientras observaba sus ojos con detenimiento.

La menor se había asustado.

-Dejaste fluir el poder de tu padre. – Respondió Ayo mientras la llevaba en sus brazos. – Pero no te asustes.

Ella asintió mientras sintió como Okoye le llevaba consigo; su vista empezaba a ser borrosa, parecía que viese a la nieve danzar solo para ella, dejando que el frío le adormeciera.

Aquel trío de mujeres había iniciado el descenso.

Cuando el cuento de la bella durmiente es real… pero a la inversa

Mientras Giselle descansaba, Ayo se había reunido con T'Chala mientras Okoye se dedicó a entrenar a las guerreras. T'Chala por su parte permanecía observando a su leal guerrera con ojos expectantes escuchando el relato de lo que había sucedido.

-Entonces, finalmente desarrolló su poder. – Mencionó de forma serena analizando la situación.

-La niña corre un riesgo inminente, nosotros no dominamos la magia, pero la ira hace que proyecte su peligrosidad. – Respondió la guerrera – Necesitamos que Thor o alguno de los dioses nos ayude en ese sentido.

-Stark está ocupado y el abuelo de Giselle se encuentra aislado de nuestro planeta, Rogers por su parte permanece en calidad de fugitivo, aunque no descarto la idea en que él y Tony hagan una alianza.

-Si me permites – apareció Shuri quien portaba un conjunto deportivo en color blanco al estilo occidental - me gustaría ayudar en la formación de Giselle: Es cierto que ustedes le están dando clases de combate, historia, lo que es protocolario pero no le han permitido desarrollar su lado tecnológico.

El tono de su voz jovial y entusiasta venía a mermar la seriedad que Ayo y T'Chala le daban el asunto.

-¿Qué quieres demostrar Shuri? – Preguntó directamente el soberano.

-Es una híbrida (o al menos que se demuestre lo contrario) de un Asgardiano y una cibertroniano – humana; dos especies, un conocimiento combinado.

-¿Y lo referente a la magia? – Dijo con intención Ayo.

-Induciéndole a razonar de forma científica podrá hacer control de su poder… o al menos que Thor haga espacio en su agenda. – Respondió sin perder el buen humor aquella mujer. – Por cierto, ¿cuándo les dirás al resto que la hija de Laufeyson está con vida?

-Aún no deben saberlo… a duras penas pueden con los sobrevivientes, no podemos enviarle toda la responsabilidad. – Mencionó con aire respetuoso aquel hombre. – Si Thor no viene, asumiré el riesgo en enseñarle a controlar su don.

-Espero que sepas lo que haces Shuri. – Finalizó Ayo la conversación.

Giselle se había despertado, recordando que estaba entrenando con Ayo y Okoye. Se incorporó asi misma para tomar un baño que le permitiera refrescarse. Shuri le había conseguido ropa occidental como a su vez le asignaba dos veces por semana un atuendo propio de Wakanda, y hoy era ese día.

Tomó l singular tela de vivos marrones y naranjas adaptándolas a su cuerpo cual si fuese una especie de Saree hindú. Realizó los amarres correspondientes para después colocarse las sandalias y sus brazaletes. Se acomodó el cabello con una media cola de cabello y mantener su rostro despejado.

Ignoraba la conversación sostenida y como toda niña, ansiosa por descubrir nuevas cosas, se había dirigido hacia un lugar que, por el momento le era denegado el acceso: El laboratorio de Shuri. Si bien, no le habían permitido acercarse a esa zona por cuestiones de seguridad. Su intuición le indicaba que ocultaban algo.

Observaba los movimientos de la hermana del soberano, memorizando sonidos, tomando los objetos donde la joven dejaba sus huellas dactilares, sin contar que ella no poseía un brazalete de wakanda para poder acceder a los sitios. Con fundamento en su inteligencia y destreza, pudo ingresar a la zona prohibida.

Notó que empezaba a disminuir la temperatura, como si hubiese entrado a una especie de congelador, distinguía unos paneles holográficos que revelaban un cuerpo humano y cuyos datos se encontraban en lenguaje de Wakanda.

Sus ojos esmeraldas se posaron en la información, podía comprenderlo a pesar de estar escrito en un idioma diferente, o quizás tendría similitud con el idioma materno… tal vez.

-Yaad Can – susurró al estar leyendo con voz delicada… - Esa palabra significa…

Giselle interrumpió sus pensamientos mientras notó que había un botón llamativo en color rojo.

-Me pregunto qué pasará si acciono este botón.

La curiosidad había sido muy fuerte y con la diestra, la pequeña había ejercido presión y… como si se tratara de una especie de presentación de magia; una especie de vapor surgió del suelo abriéndose un compartimento de donde emergía una especie de un dispositivo de criogenia o al menos eso fue lo que creyó. El tamaño de aquella pieza se revelaba que correspondía a un adulto.

Giselle se había acercado con temor y observó que en el interior había un hombre que aparentaba unos 25 a 30 años, probablemente, poseía el cabello entre negro y castaño oscuro, sus facciones eran similares a las de ella, estaba durmiendo.

-Primus… - Dijo la niña al ver aquella figura durmiente – Es muy atractivo, pero ¿por qué lo tienen encerrado? - asomó su rostro contra aquel cristal. – Alguna vez escuché el cuento de la bella durmiente, pero éste parece ser la versión masculina.

Suspiró profundamente.

-¿También duermes de la misma manera como duermen Mi madre y Savage?

Sus ojos observaban a aquel sujeto como si hubiese encontrado un tesoro… probablemente para ella había sido una impresión grata el encontrarle; era como si fuese un ángel sin alas.

-Quiero ayudarte a despertar – Mencionó cuando estaba a punto de abrir aquel mecanismo sintiendo que una mano femenina le había detenido.

-Creo que has descubierto mi secreto pequeña espía. – Pronunció la voz de aquella mujer con una singularidad gracia.

Giselle se asustó pero aquella joven le devolvió una sonrisa amigable.

-También espiaba lo que hacía mi padre. – Respondió en un tono que inspirara confianza.

-Señorita Shuri – mencionó la niña. - ¿Por qué está durmiendo?

Escúchese que en la voz de la pequeña demostraba preocupación genuina. Era evidente que al verle indicaba curiosidad por conocer al hombre durmiente.

Cómo si se tratara de su hermana menor, Shuri se acercó y le explicó de forma accesible:

-Alguien jugó con su mente y le quitó parte de su humanidad transformando su cerebro en una máquina para matar sin tener conciencia.

-¡¿Quisieron convertirlo en un transformer?!

Shuri empezó a reír.

-No del todo Giselle, ustedes son más sofisticados pero no se vale arrebatarle a alguien una identidad y sus recuerdos.

-¿Se llama Yaad Can?

-Es un nombre código para protegerle. – Mencionó con orgullo aquella mujer de raza negra. – O se lo asigné porque así lo identificaron los niños cuando recién llegó.

Giselle quedó observándole.

-Puedo enseñarte cómo funciona la tecnología y de paso podrás visitar a Yaad Can, ¿te agrada la idea?

-Trato hecho. – Mencionó la niña. – Por favor no digas que estuve aquí porque si no, Ayo no me dejará ver a Rhinox.

-Prometido.

Y así fue como dos cómplices empezaron a tener secretos entre sí.