Inspirado en los retos de la comunidad 30vicios.
No soy dueña de Young Justice.
Posibles spoilers.
Kid Flash & Artemis.
Oh, este va dedicado a Pau, por que ella es mi Lantern para mi Archer.
#04. Necesidad.
Cuando despertó, sintió un latido sordo en su cráneo.
Intentó mover la mano izquierda, para tocarla con cuidado, pero a los segundos descubrió que no podía moverla.
'¿En dónde estoy?'
Se preguntó, mientras comenzaba a entrar en pánico.
'¿Es una prueba de mi padre?'
Intentó abrir la boca para gritar, pero algo la cubría al igual que a su nariz, haciéndole un poco difícil el respirar.
'No entres en pánico, Artemis. ¿Puedes mover la mano derecha?'
Lo intentó.
Funcionaba.
'¿Puedes mover los dedos?'
También lo intentó, primero con la derecha, descubriendo que funcionaban y hasta tocaban algo que parecía ser una sábana. Al intentarlo con la mano derecha, se detuvo rápidamente. Algo le oprimía los suavemente. Pensó que era alguna sábana, un trozo de tela, cualquier cosa. Pero se sentía calientito y cómodo. ¡Tal vez había tenido una pesadilla! Sí, esa debía de ser la mano de su madre, Paula, sujetándola. Siempre lo hacía cuando tenía pesadillas. Pero… la mano de su mamá no era tan grande y áspera.
Abrió los ojos, y la luz cegadora la hizo parpadear varias veces.
¿En dónde demonios estaba?
Reconoció baldosas blancas en el techo, un par de lámparas que iluminaban la estancia, una mesita de noche, una puerta y un lo que parecía ser un pequeño sillón. Una motita roja que estaba a su costado la extrañó. Aún no podía ver del todo bien, así que pensó que probablemente era una tela. Hizo una mueca apenas perceptible, y estiró su mano buena hasta la motita color escarlata. Le pasó la mano por encima, maravillándose por la suavidad de la tela. Solo que no parecía tela. Volvió a pasar la mano, y soltó un grito.
¡Era cabello!
Los recuerdos flotaron hacia su mente tan rápido como un huracán. Deseó no haber recordado nada, y seguir ciega durante un poco más, pero eso ya era imposible. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, pudo ver con claridad la figura del adolescente que dormía a su costado. Estaba sentado en una silla, y su cabeza chocaba con lo que parecía ser la rodilla femenina. Artemis se pregunto si realmente podía dormir de ese modo y se fijó en sus manos. Una estaba colgando, como si no tuviese vida, pero la otra… ¡La otra estaba entrelazada con la suya! Eso era lo que había sentido antes. Su mano encajaba perfectamente con la suya, como si hubiesen estado hechas a la medida. Le hubiese gustado estar así un poco más -¿a quién no le gustaba sentirse así?- pero la realidad la golpeó inmediatamente.
Se incorporó de un salto, ignorando el dolor punzante de su herida, y alejó la mano rápidamente, haciendo con esto que el corredor se despertara de un brinco, cayéndose de bruces al suelo.
— ¿Y TÚ QUE SE SUPONE QUE HACES? — le gritó, intentando calmarse, pero el dolor de su cabeza fue tan fuerte que volvió a caer sobre la almohada.
— ¡Mierda, Artemis! ¿Puedes dejar de golpearme? — inquirió el pelirrojo, incorporándose rápidamente. Se fijó en el cuerpo de la rubia, en su rostro y en el respirador artificial que colgaba en el aire por culpa de todo el caos ocasionado. Parpadeó un par de veces y se sentó al borde de la cama, observándola con una expresión muy seria. — De verdad agradecería que dejaras de intentar matarme cada vez que estoy cerca. — Murmuró el muchacho, y soltó un suspiro. Giró el rostro un poco, y la rubia pudo notar que su mejilla tenía cortes irregulares. Recientes, o eso creía. Wally señaló los cortes y soltó una risita nerviosa. — Esto me lo hiciste hace tres días. Me lanzaste el espejo en la cara. — explicó, y después volvió a su rostro serio, mirándola detenidamente.
— ¿Tres días? — preguntó, y se sorprendió por su tono de voz tan triste y apagado. Realmente le costaba mucho hablar, pero necesitaba respuestas. — ¿Por qué me duele tanto la cabeza? — soltó un bufido, colocándose los dedos en la sien derecha, intentando mitigar el dolor.
El corredor hizo una mueca.
— Una conmoción cerebral es importante, Arty. — soltó un suspiro, pasándose una mano por el cabello, nervioso. — Nosotros realmente creímos que no lo lograrías. Decías el nombre de alguien entre sueños, te despertabas a media noche gritando cosas que no tenían sentido, y no despertabas en todo el día. — Artemis pudo ver que tensó la mandíbula. Estuvo a punto de preguntarle si le pasaba algo, pero él se dio cuenta de que lo observaba y relajó los músculos. — Después de lo que pasó con tu cabello… bueno… — Artemis soltó una maldición y lo empujó con un golpe.
— Necesito un espejo. — pidió.
— ¿De verdad? No querrás lanzármelo de nuevo, ¿cierto? — preguntó, y se encogió de hombros. Avanzó hasta el cuarto de baño y regresó con el espejo que colgaba en una de las paredes. — Megan ya te lo dijo. Tú… no cambiaste mucho. Solo el cabello. Te ves igual de her… te ves normal. Al menos así no me das miedo. — habló muy rápido, mientras se lo tendía. Cuando Artemis lo tomó, Wally retrocedió unos pasos, moviéndose de un lado a otro. No quería ser blanco de otro ataque de ansiedad por parte de la arquera.
Ella, no se preocupó por él.
Observó su rostro con detenimiento. Tenía un par de cortes en la barbilla, sus dos ojos estaban casi cerrados por la hinchazón y parecían ligeramente morados. Le habían metido un pedazo de algodón en la fosa nasal para evitar que se le hundiera, y tenía los labios agrietados y resecos. Su mandíbula estaba hinchada y había un par de marcas en la línea de su clavícula. En cambio el cabello…
Desde días atrás se negó a tocarlo.
Estaba chamuscado en las puntas, y lo habían cortado irregularmente. Si antes era increíblemente largo, esto era ser calva. A duras penas le llegaba a los hombros, y estaba maltratado. Muchos mechones estaban disparejos, y era imposible peinarlo. Se pasó una mano por el cabello, y soltó un suspiro largo. Intentó hacerse una colita de caballo como acostumbraba, pero le fue imposible. Soltó un grito, exasperada, lanzando el espejo al otro lado de la habitación.
Wally corrió con su hipervelocidad y lo atrapó antes que se hiciera añicos en el suelo. Le dedicó una mirada severa. Ella se negaba a aceptar el cambio tan radical que había sufrido. Aunque él no podía entenderlo, nunca creyó que Artemis fuese ese tipo de chica. Era tan ruda y te lanzaba miradas que podían matarte, que no se detuvo a contemplar la posibilidad de que ella realmente amara su cabello. Cuando se lo cortó, pensó que ella estaría bien, que solo era cabello. Al parecer se había equivocado, porque ella tuvo un shock momentáneo después de enterarse. Se quedó muy quieta, con los ojos bien abiertos y sin poder decir nada. Segundos después, comenzó a maldecir a todos, lanzando lo primero que encontraba, y queriendo levantarse de la cama.
Solo cuando Black Canary entró para calmarla, se detuvo.
Aunque ya no lanzaba espejos ni retratos, Wally podía ver en sus ojos un ligero brillo de tormento. ¿Realmente le importaba tanto su cabello? Estuvo a punto de decirle algo, pero se calló casi inmediatamente. Probablemente ella aún tenía dolores de cabeza y no quería escucharlo durante un buen rato. Alzó los hombros, soltó el aire de sus pulmones, y fue a sentarse a una silla.
— Pudo haber sido peor. — murmuró ella después de unos minutos de silencio. Se tocó las puntas de su cabello, e hizo una mueca. — Sobreviviré. — afirmó, y regresó su vista a las baldosas del techo, como si fuese lo más interesante del mundo.
— No muchas personas sobreviven a una conmoción cerebral y viven para contarlo. Es una suerte que estés en una condición física tan… buena. — comentó el pelirrojo, llevándose una mano al cabello. Parecía nervioso.
Artemis se encogió de hombros simplemente.
— He sobrevivido a cosas peores. — respondió simplemente. Eso, comparado con las pruebas de su padre, dejaban mucho que desear. Todavía recordaba su pelea con caimanes en una parte del Río Nilo, cerca de Sudán. Había terminado con demasiadas lesiones que tardaron mucho tiempo en sanar. Explosiones en una fábrica y un corte de cabello no deberían de ser ningún problema. Sin embargo… se sentía extraña. Era como no tener su arco o sus flechas.
— No lo dudo. — El corredor recordó que días atrás había limpiado todos los vidrios rotos que ella le había lanzado, descubriendo que el retrato de las tres mujeres que estaba en la mesita de noche –y que Artemis le había lanzado- tenía una leyenda al reverso. Buscó a tientas en los bolsillos de su chaqueta, sacando la fotografía que estaba doblada con mucha paciencia y cuidado. — Yo… creo que te gustaría conservar esto. — le dijo cuando le tendió la fotografía. Artemis la observó durante unos instantes, y negó con la cabeza.
— ¿De dónde la sacaste? — preguntó, preocupada. ¿El bocón se había metido a su cuarto? Esa fotografía estaba celosamente guardada en un rincón de su armario, con un montón de cosas viejas y sin utilidad alguna. No le preocupaba eso, le preocupaba que hubiese tocado cosas que no le correspondían. Como aquél poster de Alicia en el país de las Maravillas, los tickets de un concierto al que fue con su hermana, algunos recuerdos de viajes con su familia, y sobre todo, esa foto.
— Megan. Ella estaba buscando ropa limpia en tu habitación y se encontró con esto. Le pusimos un marco pero al parecer te gusta lanzarle cosas a la gente… — Wally le acercó la fotografía un poco más, incitándola a tomarla. La rubia soltó un bufido y la tomó, desdoblándola con cuidado. Efectivamente, era la foto que no quería volver a ver. Jade estaba abrazándola, junto con su madre. Esa fotografía fue antes de que todo el caos de su madre en la prisión comenzara. Se veían felices. Más su madre. Podía verlo en el reflejo de su rostro, como si quisiera guardar ese momento para siempre.
Artemis soltó un suspiro, y le regresó la fotografía.
— Llévatela. No la quiero. — murmuró, y cerró los ojos. — Y lárgate. No necesito que me hagas favores. — ahora su tono era más serio, y para que él no replicara, se giró sobre su propio cuerpo, intentando dormir.
El pelirrojo soltó el aire de sus pulmones, se alzó de hombros. No pelearía con ella, porque no los llevaría a ningún lugar. En lugar de eso, volvió a guardar la foto en su chaqueta, giró sobre sus talones y salió de la habitación, cerrando la puerta tras sí.
— No te estoy haciendo favores. Me preocupo por ti. —murmuró a regañadientes, asegurándose que ella ya no podía oírlo. Lanzó una patada al suelo, soltando un gruñido de exasperación. ¿Por qué demonios tenía que ser tan perra todo el tiempo? ¡Estaba a punto de morir, de nuevo! La idea de eso le aterraba. No pudo salvarla en el entrenamiento, y ella tuvo que salvar su trasero en la última misión. Lo último que él quería es deberle algo. Quería pagarle con cuidados y atenciones, sin quejarse, pero si ella lo hacía imposible, comenzaba a replantearse la idea de dejarla y que se valiera por ella misma. ¿Se odiaban, cierto? Eso no cambiaría por una estúpida misión.
Estúpido Batman.
Wally se giró, y casi se cae del susto. Robin estaba ahí, con una sonrisa de oreja a oreja, observándolo con sorna.
— ¡Dude! ¿Cuántas veces te he dicho que dejes de hacer eso? — se quejó. Su amigo simplemente alzó una ceja, sin decir nada. — ¿Desde hace cuanto tiempo estás aquí? — le preguntó, preocupado por haber dicho algo que no debía.
— Lo suficiente. — respondió el pelinegro, y tecleó algo en su teléfono celular. — Entonces… ¿Cómo lo lleva? —preguntó, intentando disimular una sonrisa fugaz que apareció en su rostro. Robin caminó, esperando que su amigo le siguiera. No quería quedarse ahí afuera. Conociendo las habilidades de Artemis, y sabiendo que su amigo gritaba cuando hablaba, era mejor llevar ese tipo de conversaciones a otro sitio.
— Odia todo. Intentó lanzarme otro espejo. — Se encogió de hombros, caminando por el largo pasillo que los conduciría hacia la sala de estar. Realmente no sabía si ella estaba del todo bien. Aún no quería comer nada, dormía muy poco y aseguraba que estaba en forma. Pero el trauma en su cabeza era mucho peor de lo que habían imaginado. Ella seguía despertándose con dolores de cabeza, con esos dolores punzantes en la base del cráneo. Se mareaba con gran facilidad y muchas veces le costaba moverse por culpa del dolor.
— Se pondrá bien. Black Canary dice que el cabello es lo de menos. Una de sus heridas se infectó y necesitan volver a cuidarla. Batman asegura que no podrá salir por algún tiempo… — al ver el rostro de su amigo, Robin le colocó una mano en el hombro. — K.F, todo saldrá bien. No es algo para preocuparse. — le recordó, y Wally simplemente asintió.
Ninguno de los dos sabía que las cosas estaban por empeorar.
[…]
Soltó un suspiro.
Los rayos de luz iluminaban la habitación, apenas un poco, colándose por la ventana, tocando apenas a la figura femenina que luchaba por regresar al mundo de los sueños. Su mano se movió rápidamente hacia un costado, buscando el borde de la sábana. Soltó una maldición por lo bajo y abrió los ojos lentamente. La peculiar habitación la asustó durante unos minutos. Ahí estaba uno de los armarios en donde ahora guardaba su ropa, una mesita de noche, una puerta que conducía a un baño, y un sillón pegado a la blanca pared. Artemis soltó un bufido.
Aún estaba encerrada en esa habitación.
Las cosas se habían puesto difíciles desde su regreso.
Megan se encargó de contarle todo lo que había pasado desde que se desmayó. Según las palabras de la joven marciana, el bocón la había llevado hasta el equipo, hablando atropelladamente de algo relacionado con tentáculos, un científico loco y agua. Ella también se encargó de decirle que había estado en la Cueva por demasiado tiempo. No se le permitía el acceso a su madre y ella solo podía contactarla por teléfono. Lejos de eso, podía decir con orgullo que sus heridas casi sanaban. La gran herida que le cruzaba la espalda comenzaba a cicatrizar, y según Black Canary, no tardaría mucho en poder moverse sin que le doliera todo el cuerpo. El golpe en su cabeza era la parte difícil. Cuando se levantaba se mareaba al instante, obligándola a permanecer en cama la mayor parte del tiempo. No podía moverse mucho, pues sus articulaciones seguían produciéndole dolor, y no la dejaban salir a entrenar. ¡Llevaba mucho tiempo sin tocar su arco! Lo que daría por usarlo de nuevo…
Pero no había tiempo para esas cosas. Primero necesitaba salir de la habitación, darle un tiro a Batman y gritarle por mantenerla secuestrada por tanto tiempo. Tal vez eso no, pero daba lo mismo.
Quitó esos pensamientos de su mente, y se incorporó con cuidado.
El reloj de pared anunciaba que era casi mediodía. Si sus cuentas no fallaban, ese día el equipo lo tendría libre. Aqualad volvería a su ciudad natal, y los demás estarían en sus respectivas casas. Menos ella, por supuesto. Bostezó durante un rato, y se movió hasta el borde de la cama. Aún le dolía la cabeza, pero podía levantarse. Soltó un gruñido cuando bajó los pies de la cama. Detestaba hacer las cosas de esa forma. Ser tan lenta. Sus movimientos eran toscos y tardaba eternidades haciendo algo. Como pudo, se incorporó completamente, y tras unos segundos de un mareo ligero, sonrió. No le gustaba marearse cada cinco minutos, pero podía vivir con ello.
Se pasó las manos por la cadera y se dio cuenta de que estaba en su camisón para dormir. Su cinturón con sus municiones y varios objetos estaba en la mesita de noche, deseando ser utilizado. Movió la cabeza, preparándose para sentir los dolores, pero se maravilló cuando descubrió que no estaban. Caminó hasta el cuarto de baño, deteniéndose frente al mueble del lavabo. El espejo colgaba en la pared, y sobre su reflejo aparecía ella, con el cabello hecho un desastre. Abrió el grifo y un pequeño chorro de agua traslúcida goteó en el lavabo. Se enjuagó la boca rápidamente y se detuvo, haciendo un completo inventario de todas sus heridas visibles. Sus ojos aún se veían hinchados, pero en menor cuantía que el primer día. La hinchazón de la barbilla había bajado notablemente, y sus labios ya no se veían como el mismo desierto. Se preocupó por el pedazo de algodón en su nariz. Lo sacó con cuidado, y aspiró lentamente. No había obstrucción alguna y parecía que no tenía la nariz rota. Decidió no volverlo a meter y lo tiró al cubo de basura. Movió ambos brazos, para percibir dolor. El derecho parecía muy golpeado, pero el izquierdo funcionaba correctamente.
Podía vivir con las cicatrices y los golpes, siempre y cuando la cabeza dejara de dolerle tanto. Salió del servicio y comenzó a dar vueltas por la habitación. Si caía, lo haría sobre la cama. Sentía los tobillos rígidos y un fugaz mareo transitorio la golpeó durante unos instantes. Pero se sentía bien, mucho mejor que en la fábrica o en los primeros días de su regreso.
Pensó en Megan y sus extrañas conversaciones. Un día antes, después de que Wally se fuera de su habitación, Megan había entrado, muy contenta, anunciando que intentaría un peinado en ella. Mientras su amiga hacía una trenza –o eso parecía- le contaba todo lo que sucedía en la Cueva. Desde sus conversaciones con Conner, hasta los silencios incómodos entre Kid Flash y Aqualad.
'En realidad se molestó bastante' afirmó su amiga, pensando un segundo. 'Dijo que mataría a Hemlock y a sus grandulones. Por suerte la Liga se encargó de Hemlock, y lo llevaron a prisión. Pero Wally insistía en que debía de cuidarte'.
'Honestamente, Megan, me da igual lo que haga el idiota.' Respondió ella, cortante.
'¡Casi se muere cuando Aqualad… bueno, él tuvo que darte respiración boca a boca. Wally quería… no, en realidad él… lo amenazó de muerte. Le dijo que si volvía a tocarte estaría en serios problemas. Nunca lo había visto así desde el incidente en el entrenamiento… 'Aunque la heroína hubiese querido continuar, no le fue posible. Artemis la había echado de la habitación con el pretexto de que, se sentía cansada y quería dormir.
Así eran las cosas la mayoría del tiempo.
Decidió que no sería así.
Avanzó con cautela hasta el armario, y lo abrió de par en par. Se quitó su ropa de dormir, metiéndose una blusa sencilla por la cabeza, acompañándola con unos pantalones y sus zapatos. Se acomodó su cinturón, y estiró las piernas. Era hora de que regresara a su vida. Se hizo sonar los dedos y salió de la habitación, sin preocuparse por el hecho de que la regañarían, la atraparían y la regresarían a la cama.
No lo permitiría.
[…]
Wally caminó por el pasillo con las manos en los bolsillos. A pesar de tener el día libre, le gustaba quedarse en la Cueva. Su madre no podría regañarlo ni lo pondría a lavar los trastes. Megan estaría comprando algunas cosas con Conner, su mejor amigo había salido con Bats, y Aqualad estaría con los peces.
Aqualad.
Cerró los puños con fuerza. Era su amigo. O lo había sido. Cuando sucedió el accidente en la misión, él insistió en que debía de llevar a Artemis a un lugar seguro. El líder del equipo negó su propuesta, y cuando parecía que Artemis perdía el conocimiento y signos vitales, su compañero se encargó de darle respiración boca a boca. ¡Si él hubiese tenido la valentía suficiente para golpearlo! En lugar de eso, se quedó ahí, observando cómo se había acercado hacia ella para tocarla. La idea lo asqueaba. Se quejó por lo bajo y caminó hasta la sala de entrenamiento. Buscaría algún saco de box para entretenerse durante toda la tarde.
Le sorprendió que se escucharan ruidos desde dentro.
Sonrió. Pensando que sería Robin, corrió para intentar tomarlo por sorpresa.
— Dude, deja de volverte ninja. Comienzo a preocuparme. — pero la sonrisa desapareció de su rostro cuando no vio a su amigo. En cambio vio la espalda de una mujer, con su cabello cepillando sus hombros cuando se giró para verlo.
— ¿Artemis? ¿Qué estás haciendo aquí? — le preguntó, avanzando hasta ella. No estaba quieta. En realidad, tenía un arco de repuesto en su mano, una flecha en la otra…. ¡y un muñeco de paja que decía 'West' en el centro!
[…]
La rubia lo miró durante unos instantes. No le respondió, pasó de largo sobre él y siguió lanzando flechas a diestra y siniestra. Una de esas flechas dio en el centro del muñeco, y a los pocos segundos explotó. Wally aún no salía de su conmoción. Ella estaba de pie, entrenando como si nada hubiese pasado. Aún no podía creerlo.
— Artemis, ¿qué demonios haces fuera de tu habitación? — preguntó, tambaleándose sobre sus piernas. ¿Es que ella era una especie de demonio o algo por el estilo? ¡Estaba de pie, moviendo los brazos y sin desmayarse! ¡¿Qué clase de brujería era esa? Carraspeó ligeramente y movió una mano, con desesperación.
— Cazando duendes, de seguro. — le escuchó decir, antes de que soltara otra flecha. El sonido del proyectil al avanzar a lo largo de la estancia fue lo único que pudo escuchar durante ese instante. Su voz sonaba normal, tan normal que daba miedo. Por primera vez se detuvo a observarla correctamente. Su cabello le caía con gracia sobre los hombros, y se dio cuenta de que así no lo asustaba. Se veía como una chica.
Una chica muy bonita, a decir verdad.
Cuando ella se volvió hacia él, con ese rostro entre suplicante y tierno…
No.
No debía de pensar en ella de esa forma. Era repugnante. La odiaba con cada partícula de su ser. Era molesta, altanera, grosera… pero no podía negar que los últimos días tenía ese hábito de verla dormir. A veces se escabullía dentro de su habitación, sentándose en la silla de madera, observándola mientras ella soñaba. Se veía en paz, como si nada la perturbara. Cuando ella tenía pesadillas, la veía inquietarse, y le daban ganas de meterse con ella en la cama, para cuidarla por las noches. Podría vivir viéndola de esa forma. Le gustaría acostumbrarse a ver el brillo del sol en cada rincón de su piel morena…
No.
Movió la cabeza a ambos lados, y volvió a carraspear.
— Artemis, ¿qué demonios haces fuera de tu habitación? — preguntó de nuevo, acercándose unos pasos a la joven arquera. No quería estar dentro de su perímetro de ataque, pero tampoco quería estar lejos si ella se mareaba y caía. Alzó ambas cejas, esperando una respuesta. Mientras ella no le apuntara con el arco, las cosas estarían bien.
— Entreno. — fue su respuesta. Parecía que le gustaba burlarse de él. Hacerlo sentir inferior con sus comentarios sarcásticos. Wally soltó un suspiro y se acercó a ella, nuevamente. Podía correr a hipervelocidad si las cosas se ponían feas, pero parecía que eso no sucedería. Ella había bajado el arco, y solo lo miraba con atención. La cabeza aún le dolía y le costaba mantenerse en pie, pero no se mostraría débil. No ante él.
— No me digas. ¿Quieres decirme porque no sigues las órdenes de Black Canary? — le espetó, cruzándose de brazos. Quería una explicación, y más le valía que fuese buena. No le costaba nada cargarla en brazos, llevarla hasta su habitación y dejarla ahí. Pero necesitaba una explicación antes. Si era algo tan banal como romperse una uña o el calor, no le pediría permiso. Simplemente la cargaría y correría hasta la habitación.
— Estuve enterrada en desechos tóxicos, una abominación me golpeó, hubo muchas explosiones, casi muero ahogada y estuve sin despertar por una semana. Necesito estirar las piernas. — respondió ella, cortante. No le agradaba la idea de que el bocón estuviese en la Cueva. ¡Se supone que estaba sola! Lo ignoró después, alzando el arco y tensándolo. La primera flecha fue a parar a otros muñecos de paja, que ya tenían flechas pasadas. El arco no era de lo mejor, pero funcionaba. Aún creía que su arco estaba perdido, y aceptó la idea de que lo estaría para siempre. Ese arco le había dado la victoria en sus peleas, y fue gracias al mismo que entró al equipo.
Escuchó los pasos de Wally detrás de ella, e hizo una mueca.
— Necesitas regresar a tu habitación. — le dijo él, extendiendo su mano para sujetar la muñeca femenina. No quería hacerle daño, pero necesitaba llevarla. Artemis se soltó del agarre con brusquedad. El corredor sabía que se estaba metiendo en algo que no le importaba, pero necesitaba llevarla a un lugar seguro. — Porfavor, Artemis… — le pidió, intentando sujetarla de nuevo.
La rubia retrocedió, haciendo una mueca. ¿Él quería corazones rotos y sonrisas quebradas? ¡Pues bien, así lo haría! No le importaba si terminaba haciéndole un daño psicológico, si no volvía a hablarle o si quería suicidarse. Le daba lo mismo.
— No necesito que hagas nada por mí, West. Estoy acostumbrada a cuidarme por mi cuenta. No necesito a un intento de héroe cuidándome las espaldas. — ahora se giró totalmente hacia él, y lo amenazó con su dedo índice. — En realidad, no serías así de atento si yo fuese un hombre. Ya déjalo. No estoy interesada. Vuelve tras Megan como perro faldero y déjame en paz. — le gritó, alzando su arco. No dudaría en meterle un tiro entre los ojos si no la dejaba en paz. Se calló, y esperó a que se fuera, o a que decidiera morir en ese momento.
Wally la miró, sin entender lo que acababa de decirle.
— Eso dolió. — admitió él, sin quitarle los ojos de encima. Al parecer la ira de Artemis había regresado. No le creyó la mitad de lo que dijo, pero no podía dejar de pensar en otra cosa. Ella no estaba interesada. ¿Eso era cierto? ¿Realmente era un rechazo? Auch. Trató de no pensar en eso y enfocarse en la rubia que tenía frente a él. Hizo uso de su velocidad, y le tomó las muñecas. Artemis lo miró durante unos segundos, antes de forcejear para intentar librarse.
— Que te duela todo lo que quieras. — masculló, y volvió a intentar huir. El corredor no se lo permitió. — Quiero que dejes de darme órdenes. No eres nadie para hacerlo. Puedo cuidarme sola y no te necesito. No necesito a un idiota que me haga sentir como una estúpida princesa que necesita ser rescatada. — le soltó, antes de girarse para golpearle debajo de las costillas con su codo. Wally soltó una maldición y la dejó ir. Artemis, aprovechando su oportunidad, dio un brinco y le alcanzó a dar una patada para derrumbarlo. — No soy una pieza de porcelana que puede romperse en cualquier momento. — añadió, y antes de que ella pudiese volver a golpearlo, él desapareció ante sus ojos. Vio una estela roja y amarilla desaparecer, y su cabello se movió frenéticamente. En menos de cinco segundos, él la estaba sujetando por detrás, bloqueando cualquier maniobra para escapar.
— Muy bien. ¿Estás segura que no eres una princesa en apuros? — Ella se quejó, pero asintió. En otro tiempo, otro lugar y otra situación él nunca haría ese tipo de cosas. Le quitó el arco, quedándose con él. El suelo de la sala de entrenamientos se pintó de un blanco muy brillante, anunciando la pelea que tendrían. La soltó, y retrocedió unos pasos. — Si ganas, te dejaré de molestar. Si pierdes, tendrás que vivir con mi presencia. — le apostó, sonriendo ligeramente. Ella aumentó la distancia entre ambos, retrocediendo con cautela. Eso significaba que aceptaba. ¿Qué era una pelea, de todas formas? Le ganaría. Podía vivir sin el parásito, sin que la molestara. Eso sería vida. Asintió de cualquier manera, y él le lanzó el arco.
Una vez que Artemis lo atrapó, una sonrisa apareció en su rostro.
— Esta es una apuesta muy buena. — murmuró, y cuando la voz robótica comenzó la cuenta regresiva, ella ya tenía una flecha en la mano, dispuesta a utilizarla en cualquier momento. Se escuchó un '¡comiencen'! y la arquera comenzó a correr hasta el final de la sala. No podía tirarle flechas estando cerca, y se negaba a un combate cuerpo a cuerpo. No en sus condiciones. Él se quedó en su lugar, sonriente. Artemis rodó los ojos, tensó el arco y lanzó el primer proyectil. Éste fue directo hacia Wally. Un segundo antes de impactar contra él, se dividió en tres flechas más pequeñas. El corredor no tuvo problemas en esquivarlas. Simplemente corrió, desapareciendo ante los ojos de la rubia. Ella también corrió, con el arco preparado. Podía ver las estelas amarillas y rojas por toda la estancia, sin detenerse. Soltó un par de flechas más, y solo una logró pasar cerca de la pierna del pelirrojo.
Resignada, llevó su mano hacia su espalda para tomar una flecha nueva.
Soltó un grito, asustada. ¡Sus flechas! La estela amarilla apareció frente ella, con una sonrisa. Movió las flechas frente a sus ojos, y volvió a correr. ¡Ese estúpido! De un movimiento, Artemis se quitó el carcaj y lanzó el arco lejos. — ¡Pelea como un hombre, Kid-idiot! —le gritó. Un suave pero intenso mareo casi la obliga a caer. Para cuando se dio cuenta, el chico más rápido del mundo estaba frente a ella, muy sonriente. La heroína no tardó en soltarle un golpe directo a la mandíbula. Él retrocedió, pero no se dejó derrumbar. La chica comenzó a soltarle golpes al azar, intentando golpearle. Wally lograba esquivarlos con gran facilidad, y se preguntó por qué demonios había peleado con ella. En uno de sus golpes logró atrapar su mano, y la colocó tras la espalda femenina, obligándola a girarse, sin poder hacer nada. Ella trató de soltarse, pero le fue inútil. De nuevo, la superaba en fuerza y agilidad. Como en la fábrica, estaba a su merced. Sin armas. Sin colita de caballo. A punto de perder la apuesta.
— ¿Sabes, Arty? — comenzó él, mientras la sujetaba con más fuerza. — Me gustaría que fueras como Megan Fox. Ella arregla autos y se puede valer por sí misma, pero no es una witch disfrazada de bitch. — la soltó un poco cuando no escuchó ninguna respuesta. Tal vez había dejado de respirar, o se estaba desmayando. Sorprendentemente, ella se giró justo a tiempo para confrontarlo y tirarlo al suelo de una patada en la ingle. Wally chilló de dolor, mientras ella se sentaba a horcajadas sobre él para impedirle el escape.
— Escucho esto…. — ella hizo un gesto con la mano, juntando los dedos y abriéndolos rápidamente. — Y quiero escuchar esto. — cerró los dedos de repente, y por si las dudas, le atinó un golpe en la mejilla.
— ¿Quieres escuchar a Pacman? —Después de un «auch» Wally tomó ventaja de su distracción y habló, al mismo tiempo que rodaba sobre su propio cuerpo para quedar sobre ella. Le ganaría. Volvió a sujetarle las muñecas, impidiendo cualquier acción para derrotarle. — Siempre creí que eras inteligente. Mira que tener una mini-bazuca en tu bolsillo… — comenzó él, y sonrió con sorna. Artemis hizo una mueca. Se refería a la ballesta, que estaba guardada celosamente en una de las bolsas de su pantalón. — ¿Para qué la usarías? ¿Para dispararle a un adolescente si se pone fresco? — preguntó, y soltó una risa. Parecía que bromeaba.
Ella sonrió, pero en realidad trataba de soltarse de su agarre, porque estaría muerta en cualquier momento. No quería perder ante él, y mucho menos quería terminar pidiéndole una disculpa por golpearle tantas veces. Forcejeó contra él, intentando librarse. No duró mucho. Sus energías se acabaron y comenzó a dolerle la cabeza. Pensó en aceptar la derrota. Humillarse. No lo permitiría. No de esa forma. Necesitaba una distracción. Algo que funcionara rápido. Que le asegurara el tiempo suficiente para escapar. Pero no era sencillo, no con él sobre ella, con esos ojos intentando traspasar su alma. Pudo contar las pecas de su rostro, y lo patéticas que se veían.
Él también luchaba contra muchos problemas. Verla así, tan insegura, como un conejito que acaba de salir de la madriguera, era algo que podría pagar por ver. Su pecho subía y bajaba rápidamente, mientras se movía de un lado a otro, queriendo librarse. Su cabello corto se veía alborotado y descuidado. Unos mechones rebeldes cubrían su rostro, y el pelirrojo libró una de sus manos para acomodarlos tras su oreja. Estaba a punto de retirarse, de concederle la victoria, cuando un susurró por parte de ella lo hizo estremecerse.
— Ponte fresco y lo verás. — dijo ella después de mucho tiempo. Wally parpadeó varias veces, sin creer lo que había salido de su boca. ¿Seguía bromeando? No. No parecía que bromeaba. Incluso si lo hacía… se ganaría su odio. Lo golpearía y lo dejaría hinchado por una semana. Pero la oferta era tentadora. Ya lo había rechazado de cualquier forma. ¿Qué podía perder? Con toda la contrariedad del mundo, el corredor se acercó al oído de la rubia, pensando las palabras que diría antes de hacer algo. Dudó unos segundos, pero después se relajo y tomó un poco de aire.
— Será un placer. — respondió, alejándose gradualmente. Con toda la pericia del mundo, se acercó a ella, esperando un golpe que nunca llegó.
Luego, la besó.
SOY. TAN. MALA.
Este capítulo va dedicado a Pau.
Ya sabes que yo quiero morsas asesinas.
No volveré a actualizar hasta dentro de mucho (tengo muchos pendientes y tareas, mugre escuela). Pero les prometo que la próxima actualización será totalmente Spitfire ;/; mucho mucho mucho. Este me tomó menos tiempo del que creí, pero siento que quedó feo. Lamento todo. Si encuentran un dedazo, ¡son las dos de la mañana! Buscamos personajes para NEW DIVIDE (foro de Young Justice) ¿Algún interesado?
- Mony.
