Capítulo 3: La debilidad de ser un humano.
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El silbido del viento marañero redujo la tensión que aprisionaba sus pulmones, cómo la suave caricia que se le da a un niño para calmarlo. Necesitaba el control de sus pensamientos, de su temperamento, y por sobre todo sus sentimientos
Kagome no acreditaba los más mínimos deslices de su agitada cabeza, en especial aquellos que podrían ser alucinaciones ambiguas. ¿Quién, en su sano juicio, soñaría besar a Sesshomaru?
Probablemente ella, la única. Nadie podría desear semejante cosa, teniendo en cuenta lo frívolo y temerario que podría ser el demonio. Sin embargo, una pequeña parte de su interior saltaba como una pequeña niña, incapaz de expresar más alegría e ilusión en aquel momento.
Kagome deslizó las finas sábanas regañándose a sí misma. Era un completo caos total, no tenía duda. Su mente soñaba con las cosas más incomprensibles e inalcanzables, pero era eso; un sueño, una fantasía y no era ningún riesgo. Las preocupaciones estaban de más, claro estaba, pero aún tenía dudas.
—¿Ya despertaste?
Una delicada voz a su derecha la hizo saltar a su lugar, la confusión nuevamente bailó en sus ojos.
—¡Oh, perdón! En verdad le juro que no fue intención asustarla…
Entonces, Kagome reconoció qué era lo que la había tomado por sorpresa. Frente ella, sentada en una silla se hallaba el ser más bello que había visto: Una muchacha de larga cabellera verde y ojos del mismo color, de delicadas y bien trazadas facciones; parecida a una muñeca de su época. Estaba vestida elegantemente con kimono rojo, retocada con un leve maquillaje.
Es una youkai, se dijo, porque su belleza era incomparable con un humano.
—¿Estás bien? —nuevamente la desconocida le preguntó. La azabache sólo asintió, para luego enmarcar una forzada sonrisa. —Disculpa, ¿quién eres? ¿Sabes en dónde estoy?
La dama a su derecha se irguió, cómo una persona apunto de dar una larga conferencia importante.
Kagome sintió curiosidad y miedo, todo junto a la vez, pero había algo en los ojos de aquel ser que la tranquilizaban. Era como un remedio a su tensión, sentía que la conocía de algún modo.
—Soy Heyla —habló por fin.—Y estás en los territorios del Sur.
—¿Del sur? —Kagome sintió un nudo en su garganta.
—Sí, del sur —Heyla la observó detenidamente. —Nuestro señor te trajo.
Kagome ahogó un gemido de angustia. Estaba lejos, muy lejos, de dónde estaba Inuyasha. Sin embargo, había algo que aprisionaba en su pecho, un suave apretón y sin saber por qué una imagen apareció en su mente:
Había delicados fardos de hojas, colocados detenidamente sobre una gran mesa de plata, esparcidos; trazando un círculo delicado en el centro. "Uno se escoge, otro se rompe. Así es el juego, ¿lo sabes verdad?" Una voz zumbó a su oído.
"Lo sé, Yue-san."
Abrió desmesuradamente los ojos—.¿Tu señor es Yue, verdad? —inquirió asustada.
Heyla sonrío con aprobación—.Por supuesto que lo es.
Y si darse cuenta, Kagome empezó a caminar hacia una de las ventanas, corriendo las cortinas. Allí, abajo, en el jardín yacía una mesa de plata; la misma que vio hace unos momentos.
Eran ilusiones, se dijo, simples coincidencias. Tal vez interferencias en su mente, por la mordida quizá, pero eso no era suficiente para convencer a sí misma. Ella lo sabía, sentía que ya lo había visto de alguna forma.
—Kagome-san —llamó la youkai en su detrás.
—¿Qué sucede?
—Yue me mandó a llamarte, por eso estoy aquí. De hecho… —la muchacha dejó escapar una risilla burlona —, lo hizo hace media ahora y si estás en éste mundo, sabrás que es tarde.
Un ligero rubor cubrió las mejillas de la azabache —.¿Tanto he dormido? —bajó la cabeza.
—Bueno, ya casi es la hora del almuerzo, supongo que sí —Heyla avanzó hacia su armario.—Deberías apurarte —Saco el primer kimono que encontró—.Estoy segura que no quieres andar en esas fachas.
Kagome, por primera vez dirigió su mirada hacia abajo. Tenía su uniforme hecho trizas, gimió horrorizada.
Heyla rio por lo bajo y salió, seguida de cerrar la puerta.
La muchacha agarró el fino Kimono y se vistió, disfrutando del suave tacto que tenía. El color era de un jade leve, con el diseño de una espada partiendo por la mitad al sol. Obviamente, Kagome supo enseguida que era una señal, aunque no lo pareciera, sus pensamientos revoloteaban con frenesí en su cabeza, causándole una sentimiento alarmado. Ya le preguntaría a Yue.
Sin más, salió a las afueras, encontrándose nuevamente con Heyla.
—Sígame por aquí, Kagome-San —murmuró divertida. La youkai la condujo por varios pasillos, doblando de lado en lado, incapaz de siquiera memorizar con detalle.
La decoración era muy refinada, desde adornos singulares como espadas cortando al sol, y candelabros encendidos. El piso estaba intercalado en alfombras rojas, con distintos gravados de oro para su ojo humano y algunas palabras como "Gloria a los Espada en luz terrenal".
Aquellas palabras se deslizaron suavemente por sus labios, susrrando por lo bajo. Heyla, quién se mantenía al margen volteó la cabeza para mirarla. Su rostro se contrajo en una mueca asustada y a la vez alarmada. Kagome se sorprendió por su gesto.
—¿Qué pasa, Heyl...?
—¿Recuerdas algo? —la grácil voz de la doncella la sobresaltó.
Kagome parpadeó confusa.—¿De qué hablas, Heyla?
Quiero decir, si te sonó familiar esas palabras... —lnterrogó.
La azabache se tensó, pero sacudió la cabeza en señal de negación. Las palabras le habían sonado huecas, casi sin ningún sentido. Aparentemente, la youkai suspiró de alivio al escuchar su respuesta. Luego, antes de qué Kagome preguntara el por qué de su atención, la fémina la empujó suavemente por una puerta, dándole de entender de que ya habían llegado.
Kagome, nerviosa, regresó la mirada hacia la fémina, pero ésta había desaparecido en un cerrar de ojos. Resignada, avanzó hacia delante, topándose con un gran comedor.
Yue se encontraba sentado en tatami, con una pequeña mesilla baja y larga, casi a la altura del suelo en dónde contenía diferentes variedades de comida japonesa.
—Buenos días —saludó calmado, con un gesto de sus manos le indicó que se acercara, le señaló un mullido cojín escarlata en su derecha. Kagome se sentó agradecida.
—Por favor desayuna, Kagome —le pasó unos palillos —.En verdad necesitas las fuerzas debido a tu estado.
La muchacha se tensó al instante, perdiendo las ganas de comer—.¿Estado? —preguntó asustada, entonces fue en que se dio cuenta. Aquella mirada azul plata poseía un atisbo de preocupación y seriedad, cargada con culpa, algo que indicaba en silencio que su situación era grave.
Yue, quién le había mirado con culpa y seriedad desvió la mirada hacia su plato.
—He hecho lo que pude para remover el veneno —aseguró estancado—.Sin embargo, realmente no sirvió de nada. Cómo verás, lo que tú posees no tiene cura, Kagome. Al ser humana no soportarás el ciclo, ni también como sacerdotisa.
Kagome dejó caer los palillos, incapaz de articular palabra. Las palabras de Yue fueron serias, sin ningún ápice de burla u algo parecido. No podía creerlo, más aún si justo en esos momentos su cuerpo rebozaba de vida y alegría, de calidez y esperanza.
—Pero yo estoy bien —contradijo—No tengo ningún dolor, nada de que preocuparse…
—Supongo que son las medicinas, después de todo, te contienen el dolor por un rato. No puedo mentirte, no durará, el veneno mata en tres días, Kagome, tres —Yue sacudió la cabeza—. Sé que no es fácil asimilarlo, pero si miras fijamente tus brazos sabrás de lo que hablo.
La mirada chocolate se deslizo por los bordes del Kimono, sus brazos estaban bien, no había prueba de fuera cierto. Se acercó aún más, tratando de mentirse a sí misma de que eso no era real.
Tocó en dónde las venas sobresalían en su muñeca izquierda, con cuidado observó un hilillo morado que la recorría. Impactada, levantó las manga más arriba, notando el recorrido del colorido morado hasta llegar a su hombro. Yue la miró con preocupación, levantándose del cojín.
Entonces, sin saber por qué, Kagome dejó escapar un grito de terror.
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La joven sacerdotisa no sabía si respiraba o no, pues al momento en que gritó un dolor punzante le recorrió las venas. Mil cuchillas se le clavaban por todo el brazo izquierdo. Gritaba de angustia y dolor, se ahogaba en sus lágrimas que se escurrían por sus mejillas. Pataleaba, vociferaba y sollozaba, en estado de histeria. Yue, quién había saltado para abrazarla, trataba de mantenerla quieta.
La dura mirada se había alzado en sus facciones de éste, mientras contenía a la morena. De por sí susurraba su nombre, preguntándole que qué le pasaba, fue ahí en dónde la azabache entre revoltijos deletreó dolor entre gritos.
Visiblemente alterado, gritó el nombre de unos de sus sirvientes, que era precisamente unos de sus médicos. Aquel hombre, apareció en un abrir y cerrar de ojos, trayendo entre manos una botella con un líquido amarillento.
Lo abrió, y se acercó hasta la morena y su seños. Ésta quién lloraba y trataba de tirarse al suelo, fue contenida en un fuerte amarre de brazos. En angustia, miró de reojo a Yue, quién se limitaba a susurrar su nombre.
Sus pálidas manos, apresaron los brazos de Yue, incitando una fuerza para tratar de desviar su atención al abrasador dolor. El albino, la apresó más aún, sin ninguna incomodidad que se estuviera descargando en sus brazos.
—Kagome, escúchame, si tomas eso ya no dolerá —le habló pausadamente, con una insistencia en su voz. El youkai suavizó el agarre, rogando en silencio que lo tomara. La desesperación había roto la máscara de seriedad en ése entonces.
La agonizante muchacha contuvo sus gritos aumentando la fuerza en el agarre y entre abrió los labios con determinación, mientras temblaba en sus brazos.
Aquel hombrecillo depositó el brebaje en sus labios, y la muchacha sintió un sabor espeso y amargo. Con sólo unos minutos de digerirlo, el dolor menguante se fue haciendo leve, bajando cada vez en segundos. Su adolorido cuerpo había perdido la fuerza para sostenerse.
Su mirada chocolate se nubló con el negro, y esta vez, antes de desfallecer por completo se alegró de desmayarse. Y por consiguiente, había perdido la conciencia antes de escuchar un "es necesario" de aquel hombrecillo verde, parecido a un ogro.
Los parpados se le tornaron pesados cuando intentó abrir los ojos, en especial cuando estaban hinchados de tanto llorar, de abrirlos y cerrarlos imaginando que lo que le pasaba sólo era una pesadilla y despertaría totalmente sana.
Sin embargo, para su disgusto y terror, aquello había sido real, tanto como el dolor punzante que sentía en la cabeza ahora mismo.
Las lágrimas nuevamente se deslizaron por sus mejillas, como torrentes de agua cristalina que desembocaba al abismo. Iba a morir, su vida era un hilo que pronto se rompería. Había experimento un intenso dolor, y con eso, bastaba con creer que eso era posible. El veneno recorrería hasta llegar a su corazón, como el de una araña, y lamentablemente, el veneno había estado recorriendo por todo su cuerpo. Lo sentía en su sangre, y aunque no doliera como la primera vez, seguía doliendo.
Había perdido su vida, la ilusión y la esperanza de regresar. Moriría como un perro, con la idiotez en su conciencia por hacer cosas sin pensar, porque precisamente ella era la culpable. Era distraída, descuidada e ingenua.
¿Y qué podía hacer? Sonrió entre lágrimas, era patética y encima tendría una muerte dolorosa. Descorrió las sábanas y salió a la ventaba descalza.
Era de noche, con la luna iluminando débilmente sus aposentos. Se acercó hacia las cortinas, en donde yacía un balcón. Iba a morir, Yue había hecho todo lo posible, y ella lo creía. Era un rey con todo a la mano y sólo ella sabía interpretar la preocupación que le dedicó en su mirada. Se abrazó a sí misma, abriendo las cortinas para admirar la luna. Al menos, debía atesorar los momentos hermosos.
Al abrir las cortinas totalmente, se encontró con una mirada expectante, aquellos pares de ojos azul plata la miraban detenidamente. El cabello platino de éste se mecía con el viento, estaba recostado en el filo del balcón, con las piernas hacia afuera, como si quisiera saltar hacia abajo.
—Yue —susurró en un hilo de voz la azabache.
El expectante le dedicó una mirada intensa, para luego detener su vista en la luna.
—¿Te vas suicidar o algo así? —preguntó indiferente.
La muchacha, quién se había quedado pasmada soltó una triste sonrisa —No sería capaz, suicidarse es de cobardes —contestó más para sí misma.
El albino, quién seguía mirando hacia el horizonte le habló de nuevo¿ —.¿Tan rápido has perdido las esperanzas?
La pregunta heló a la azabache. Ella, quien siempre era entusiasta por más que no había ni una piza de posibilidad siempre poseía esperanza. Era fuerte en ese aspecto, porque Ella era capaz de llenar toda la esperanza a los demás, pues le sobraba. Siempre hay alguna posibilidad, se decía.
¿Tanto había decaído? ¿Tanto le había afectado? Pero la resignación estaba allí, sabía que ésta vez no debía hacerse ilusiones. Sus labio se curvaron dolidos
—Sabes que no hay ninguna posibilidad de qu…
—La hay —le interrumpió duramente.
—Pero yo soy una humana.
—Lo eres, aun así, nadie dijo que no podrías resistir si te convirtieras en una youkai —Yue dirigió su mirada ante la fémina. Ésta se quedó sin habla —. Aunque eso signifique renunciar a tu humanidad, considera que es la única solución.
—No, eso es imposible, yo no podría —Kagome paró al ver la sonrisa irónica de Yue.
—En la vida se hacen sacrificios, Kagome —habló —.La decisión es tuya, pero escoger la muerte sería delos más estúpido —Se paró enseguida, dispuesto a saltar —. Piénsalo bien, hablaremos mañana.
—¡Espera! —gritó Kagome deteniéndole. Yue la miró —Te quiero agradecer por todo esto, Yue, no es tu deber ayudarme. Yo… —bajó la mirada—, yo no pienso desperdiciar cualquier oportunidad, en especial lo que tú me estás ofreciendo.
El albino la miró aún con más intensidad, Kagome prosiguió —.Si ser una youkai me da la posibilidad de vivir, entonces que así sea —sentenció con firmeza. Su mirada café se encontró con la de él, y su imaginación le hizo una terrible jugaba. Estaba segura de haber visto mal, porque antes de que él saltara había detallado un brillo en esos ojo azul plata y pequeña sonrisa en sus labios.
Raro, en su totalidad, pero se sorprendió a sí misma riendo. Mañana sería duro, un giro total, porque ella había descifrado lo que él le quiso decir con una de sus profundas miradas.
"Prepárate, entonces."
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Notas de autora:
*Se arrodilla* Perdón, perdón, perdón T.T
En verdad, disculpen por la demora, les juro que no fue mi intención. Culpen a las tareas y a la inspiración(?
Okay, me hago responsable de todos los tomates e.e No sean duras xD
Bueno, dejando de lado mis errores, también les pido disculpa si notaron un error de dedo o coherencia. Cabe decir, que lo escribí en medio de la madrugada, (sí, por eso tengo unas ojeras como Itachi) pero bueno, ese es mi motivo si lo hice muy mal u.u
Como se habrán dado cuenta, aquí se presenció una medida desesperada, en especial para que nuestra querida Kagome se convierta en una youkai de forma crucial. Ya saben que ser un demonio no es tomarse a la ligera, recuerden que ella debe estudiar y con eso, uff, será el susto de medio mundo xDD
Si me dicen, que por qué Yue es así, si él es serio, frío y demases... No, no quiero a alguien igual a Sesshomaru. Además, creo que aquí hay una gran diferencia, Sesshomaru es el frío, serio e indiferente, Yue, en cambio, es el reservado, calmado y sereno. Recuerden que su reino interáctua con humanos, así que es muy obvio que se le haya pegado un poco, ésa es la diferencia entre esto dos.
Ojo, no digo que Yue es un Fye u algo, sólo que es un poco más expresivo que Sesshomaru por hablarse con humanos y eso. Así que, se los hago presente, para que luego no me reclamen si hay algo con su personalidad :)
Y bueno, si dicen que es un Crossover, no lo es. Ya saben que no estoy uniendo dos realidades, digamos que su imagen la tomé prestada porque tiene un aura de youkai.
Sin más, sólo me queda agradecerles por cada review, y también que sigan tomando atención en los detalles. Les aseguro que los símbolos u representaciones son cruciales para el fic. Y, oh, les aclaro también que escribiré por arcos, ósea los lazos que se crearán con Kagome y cada personaje. Primero me estoy centrando en Yue, luego vendrá otro y por último el tercero, para que no se pierdan LOL
Les envío un beso y espero que sigan comentando y/o aclarando sus deducciones.
Atte: Ana Belikov.
