Te Pido Perdón
By Princesa Jesibel
Capítulo IV
Lágrimas
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La ambulancia iba a alta velocidad, debía llegar rápido al hospital.
—¡Doctor, esta perdiendo mucha sangre! — exclamó preocupado el enfermero.
—Creo que ha perdido al feto — sentenció el médico con tensión.
Cuando llegaron al hospital, fue llevada directamente a urgencias mientras los padres de Serena y su hermano Sammy llegaron a la guardia.
—VOY A MATAR A ESE DESGRACIADO SI ALGO MALO LE PASA A MI BEBITA!—gritó furioso Kenji mientras golpeaba la pared.
—Ella es fuerte papá, estará pronto junto a nosotros—sollozó Ikuko. Sammy se quedó pensativo.
—Hermana por favor, yo sé que tú puedes.
Las horas pasaban y nada se sabía de Serena, cosa que tenía a Kenji nervioso y además furioso quien solo tenia una cosa en mente: casi matar a Darien.
Sammy llamó a Rei para decirle lo que había ocurrido y también para que avisara a los demás.
Poco tiempo después, todas las chicas se encontraban ya esperando noticias de Serena.
—Están tardando mucho— caminaba de un lado para el otro la chica de pelo negro.
—Rei, cálmate— trataba de calmarla Amy.
—Si no salen como sea entro y averiguo como está mi gatita— dijo Haruka muy estresada. Michiru se acercó a ella.
—Tranquila, Haruka.
—¿Cómo lo hago? ¡No sé siquiera como está mi gatita!—desesperó la Sailor del viento.
La puerta de urgencias se abrió, al instante apareció un médico. Su cara se veía amable.
—¿Familiares de la señorita Serena Tsukino?
—Somos nosotros…yo soy su padre—contestó al instante.
—Logramos estabilizarla pero perdió mucha sangre y necesita por lo menos dos donantes—informó con una papeleta en las manos.
—Aquí estamos todos para hacer las pruebas de compatibilidad—dijo Amy inmediatamente.
—Bien, por suerte logramos salvar al bebé. Es muy fuerte ya que en estas condiciones hubiera muerto—comentó el doctor.
—¿Como qué lograron salvar al bebé? ¿De que bebé habla?—preguntó el padre de Serena.
—La joven tiene un embarazo de quince semanas y estuvo a punto de perderlo aunque debo decirles que aún no esta a salvo. Necesita la sangre—. Concluyó el doctor.
Haruka se exasperó tanto que comenzó a gritarle. Las chicas estaban atónitas con la noticia del embarazo.
—¡Y qué demonios espera para hacernos las pruebas!—bramó desafiante Haruka. El hombre se paralizó de miedo.
—Vengan… por aquí—indicó con voz temblorosa. Mina se acercó a Haruka y le reclamó haber casi traumatizado al pobre doctor, pero Haruka aclaró que la vida de su gatita estaba antes que nada.
Luego de realizar los análisis y comprobar que solo Lita y Michiru eran compatibles, les extrajeron la sangre para correspondiente para poder ayudarle a Serena.
Mientras tanto, un chico de cabello negro dormía no precisamente muy plácidamente. Estaba teniendo una frustrante y aterradora pesadilla:
Iba caminando por los pasillos del hospital, esos que tantas veces recorrió pero ahora sentía que era diferente, ya que estaba vacío, algo raro y truculento había en el ambiente. En ése instante, escucha llorar a la princesa del fuego
—¡Darien!—gimió ella, las lágrimas no dejaban de salir por sus oscuros ojos.
—¡Reí! ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?—preguntó preocupado.
—Es Serena…—sollozó—. ¡Lo siento!
—¿Por qué, por qué lo dices? ¡Rei! ¡Dímelo!—suplicó él una y otra vez. Rei logró calmar su propio llanto, y una vez que logró hablar dijo:
—Serena no resistió, Darien… ella y el bebé no lo lograron.
—¿QUÉ?—rugió él. Su garganta parecía desgarrarse de angustia —¡No, no puede ser, no es cierto! ¿Bebé…bebé?
—Si Darién—Rei nuevamente tomó aire para poder hablar— Serena esperaba un hijo tuyo… la pequeña dama ya no existe y todo por tu culpa…¡Tú las mataste!
Rei le señaló acusadoramente con un dedo. Él parecía desvanecerse dentro de sí mismo. Luego del reconocimiento, la realidad cayó sobre él como un balde de agua helada.
—¡NO!—gritó desesperado—. ¡No, no, no!
Luego, la voz de una niña−−−
—¡TU ME MATASTE PAPÁ! POR TU CULPA JAMÁS NACERE YA QUE MI MAMI MURIÓ POR TI!
Rini Estaba frente a él. Sus ojos color rubí denotaban resentimiento, dolor y decepción. Sobre todo decepción.
—Perdóname, Rini… —sollozó él. Se dejó caer de rodillas en el suelo, y aunque agachó la cabeza, continuaba escuchando los reclamos de la llorosa niña.
—¡TE ODIO! ¡TE ODIO!
Se despertó ahogando su propio grito.
¿Que había sido ese horrible sueño? ¿Acaso era una premonición? Debía averiguar lo antes posible cualquier cosa que estuviera sucediendo.
Mientras tanto, una niña de unos once años cabello rosado y ojos color rubí aterrizaba en el parque. Muy decidida, dijo para sí misma:
—Debo apurarme, mi mamá me necesita.
