Disclaimer: Nada de esto me pertenece, salvo algunos OC que aparecen por ahí. Lo demás es propiedad de Marvel.


4

Monstruo

Mantente tranquila, obediente y comunícanos cualquier noticia relevante. Sigyn estaba segura de que haber marchado todo el camino desde el palacio hasta el principio del puente que conducía al observatorio rompía con las indicaciones que su madre le hiciera momentos atrás. Sin embargo, estar en sus aposentos sin mover un solo dedo mientras toda su familia se hallaba prisionera era un escenario que en nada le agradaba a la diosa. Giró ligeramente su cabeza hacia atrás para echar un vistazo al par de elfos oscuros que la escoltaron en todo el trayecto. Ninguno de los dos había hecho el menor intento de detenerla, por lo cual suponía que Angerboda no tenía problema alguno con que ella estuviera allí. Se preguntó hasta donde tendría permitido avanzar. La barrera de guerreros jotuns que cubría la entrada al puente le dio una respuesta. Resopló y se cruzó de brazos. Había venido hasta ese punto en busca de la mujer que guardaba captiva a Asgard, después de que sus guardianes le comunicaran que había abandonado la ciudad eterna. Sólo esperaba que la hechicera regresara pronto.

Hubo cierto movimiento entre los jotun y Sigyn se enderezó expectante. Los gigantes se hicieron a un lado, cediéndole el paso a Angerboda. La rubia sonreía maliciosamente e inspeccionaba una ensangrentada daga en su mano. La Diosa de la Fidelidad se aproximó a ella y Angerboda la volteó a ver una vez que estuvieron a dos metros de distancia.

- Pero, Sigyn, no me digas que me esperabas – soltó la hechicera con prepotencia. Acto seguido, volvió su vista a la daga - ¿Sabes lo que es esto, Sigyn?

- No – negó Sigyn nerviosa, viendo el arma.

- Esto es el final de un perfecto plan – indicó Angerboda. Aventó la daga a los pies de Sigyn y esta dio un paso atrás – Es de Loki.

La morena posó sus ojos en el objeto, mientras Angerboda continuaba con su camino, alejándose del puente. Reconoció al instante la empuñadura. De plata, con incrustaciones de piedras verdes y una "L" en cursiva grabada. Sigyn alzó su cabeza y fue hacia Angerboda alarmada.

- La sangre… ¿también es de Loki? – inquirió Sigyn detrás de la hechicera.

- En efecto – asintió Angerboda.

- ¿Qué le hiciste? – preguntó Sigyn preocupada.

- Matarlo no, te lo aseguro – señaló Angerboda – No iba a dejarlo morir tan fácilmente, ¿o si? ¿Qué tipo de retribución recibiríamos si ese maldito monstruo no paga por todo lo que nos hizo sufrir, querida?

- Loki no… - empezó Sigyn. Angerboda giró sobre sus talones encarándola.

- No vas a defenderlo, no después de todo lo que te hizo – aseveró Angerboda amenazante acercándose a ella con lentitud – No después de que arruinó tu vida. Acaso ya olvidaste a Theoric. O a tus amados hijos, Narvi y Váli – Sigyn bajó la cabeza turbada. La simple mención de sus hijos le causaba un doloroso hoyo en el pecho. La hechicera sonrió con astucia – No te preocupes, cariño, él pagara por todo eso y aún más – Sigyn la volvió a ver – Loki va a desear jamás haber existido.

La rubia reanudó su camino, bajo la mirada de Sigyn.

- ¿Qué piensas hacerle? – inquirió Sigyn yendo tras la mujer - ¿Cuál es tu plan? Porque lastimar a Loki no es sencillo. Ni si quiera ver morir a sus hijos lo conmovió.

- Tal vez fuera porque nunca le importaron – aventuró Angerboda - ¿O acaso lo viste gritar y patalear cuando encarcelaron a Fenrir, o desterraron a Jormungand, o murió Hella? Pero, ¿qué me dices de Krista? Casi destruye la cámara del trono cuando Odín le informó que su amada mortal no era digna para ser una Aesir. O cuando murió, ¿no estuvo encerrado en su cuarto por meses? Es fácil hacer sufrir a alguien si sabes exactamente cuáles son sus puntos débiles.

- ¿Y cuál es el punto débil de Loki? – preguntó curiosa Sigyn.

- No, Sigyn, a estas alturas Loki no posee ningún punto débil – aclaró Angerboda – Todo él está hecho pedazos. No tiene familia, ni hogar y, lo más importante, una identidad. Ha pasado los últimos años asiéndose a la nada y tratando desesperadamente de mantenerse en pie de cualquier forma. Por eso sucumbió tan fácilmente a los juegos mentales de Thanos. Por eso fue derrotado por ridículos humanos sin gracia – levantó su mano en el aire - Sin embargo, la situación cambió. Encontró algo a lo que aferrarse, algo que le dio nuevas esperanzas sobre un futuro mejor.

- ¿Qué? – inquirió Sigyn caminando al lado de la hechicera.

- Una patética mortal – respondió Angerboda con burla. Sigyn entreabrió la boca sorprendida - ¿Qué le ocurre a una persona que pende de un acantilado cuando le quitas lo único que impide su caída?

- ¿Mataste a la mortal? – saltó Sigyn incrédula.

- Oh no, hice algo mucho peor – negó Angerboda con sadismo – La envenené en su contra. Esa ridícula niña ahora lo odia con cada fibra de su ser. Ahora lo ve como el monstruo que indudablemente es.


Darcy contemplaba el vaso de té en sus aún temblorosas manos. Estaba caliente. Muy caliente comparado a la mano de Loki cuando la tomó. Levantó su mirada hacia los Vengadores. El grupo de superhéroes, con excepción de Thor y Steve, revisaba junto con Fury las grabaciones de lo ocurrido en Boston en una pantalla de plasma empotrada en una de las paredes de la sala de espera. Loki aparecía en la imagen, recibiendo una paliza de parte de uno de los Gigantes de Hielo.

Sintió la mano de Jane posarse sobre una de las suyas y volteó a ver a la astrofísica. La mujer le acababa de quitar el vaso de té de las manos y Darcy comprendió que lo había hecho porque una vez más había empezado a temblar sin control. Jane dejó el vaso sobre una mesita colocada delante de ellas y la abrazo por los hombros.

- ¿Quién es esa mujer? – preguntó Natasha.

- Algo me dice que es conocida de Loki - opinó Tony Stark. El hombre lucía como siempre. No existía ningún vestigio de ese atribulado semblante de horas atrás.

Las puertas tras las que desapareciera Loki antes se abrieron de par en par. Darcy alzó la cabeza de golpe, viendo a Steve, aún con el pantalón de su uniforme puesto, atravesarlas con expresión derrotada.

- Es imposible razonar con él – expuso Steve - Thor dice que no se separara de Loki un solo minuto hasta que él este en perfectas condiciones. Dice que, sin ánimo a ofender, no confía en S.H.I.E.L.D.

- ¿No confía en S.H.I.E.L.D.? – repitió Fury evidentemente ofendido – Tengo a mis mejores doctores salvando la vida de su hermano. Movilicé a mis agentes por esto.

- ¡Oh, por favor! – exclamó Darcy con la voz quebrada, ganándose la atención de todos - ¡¿Por qué demonios no aceptan que este es un maldito sueño hecho realidad?! – se puso de pie – ¡A ninguno de ustedes les importa Loki! ¡Es más, están contentos de que esto le pasará! ¡Están aquí, yendo de un lado al otro como aves de rapiña, listos para festejar cuando les avisen que no sobrevivió y que está muerto! ¡¿Por qué Thor debería de confiar en ustedes?! ¡TIENEN A SU HERMANO EN UNA CAMA, INDEFENSO Y A SU MERCED! ¡LO ÚNICO QUE NECESITAN HACER ES ENTRAR AHÍ CON UNA PISTOLA Y TERMINAR EL TRABAJO! ¡¿POR QUÉ NO SE QUITAN LAS CARETAS DE HIPÓCRITAS, LLEVAN SU ESTÚPIDA REUNIÓN A OTRA PARTE Y DEJAN QUE LAS PERSONAS QUE SI NOS IMPORTA LO QUE LE PASE A LOKI ESTEMOS TRANQUILAS ESPERANDO NOTICIAS?!

La sala de espera se sumió en un profundo silencio. Darcy notó que Jane se había puesto de pie y tenía una mano sobre su hombro. Nick Fury cruzó sus manos detrás de su espalda y se encaminó al pasillo que llevaba al elevador. Tras compartir una breve mirada entre ellos, Natasha y Clint fueron tras su jefe, quedando en el sitio únicamente Tony, Bruce, Pepper, Steve, Jane y ella. Steve se aproximó a ella y la rodeó entre sus brazos, gesto que la muchacha devolvió sin mucho entusiasmo, recargando su frente en el pecho de su amigo. Estaba cansada, exhausta. Sólo quería dormir, despertar y descubrir que todo había sido una horrible pesadilla.

- Reporte, capitán – solicitó Tony en tono militar, tomando asiento entre Pepper y Bruce al otro lado de la habitación. Steve se separó de Darcy, pasando uno de sus brazos por sus hombros para poder ver a su interlocutor.

- Al fin lograron detener la hemorragia y no tardan en sacarlo del quirófano – informó Steve con seriedad. Darcy sintió como el peso sobre ella se aligeraba un poco – Sin embargo, su estado es muy delicado. Thor no me explicó mucho, pero al parecer, al mismo tiempo que lo hirieron, le suministraron un veneno. Por eso les costó tanto trabajo y tiempo contener la hemorragia. Además de que el mismo veneno anula su magia. Y… - el hombre le dedicó una fugaz mirada a Darcy – Ya no despierta, ni reacciona a ningún estimulo.

Darcy se soltó del agarre de Steve y se sentó de nuevo. Ocultó su rostro en las palmas de sus manos, inhaló y exhaló. Jane se sentó a su lado y la abrazó de lado. No le agradaba en lo más mínimo ver a su mejor amiga en ese estado. No había tenido la oportunidad de ver a Thor, pero se imaginaba que el rubio estaría en igual o peor condición que la joven. Sólo deseaba que el Dios del Engaño saliera bien librado de esto, por el bien de Thor y de Darcy.

Media hora más tarde, uno de los doctores de S.H.I.E.L.D., un hombre de baja estatura, cabello cano, menudo y semblante amable, arribó a la sala de espera para certificar lo dicho por Steve. La herida en sí no era preocupante, sin embargo, el veneno que corría por las venas de Loki causaba un efecto de corrosión en el tejido circundante a la herida, expandiéndola y dificultando cualquier intento de curarla. Al final, sin saber exactamente que más hacer, los doctores decidieron unánimemente cubrir la lesión con placas de metal, en espera de que los múltiples exámenes de sangre arrojaran un posible antídoto para el veneno. Aunado a eso, el Dios del Engaño tenía varias costillas rotas y había entrado en una especie de estado de coma. Darcy quería pensar positivamente. Estaba vivo y eso era lo único que debería importar. Sin embargo, saber que tenía un hoyo en el estomago que cada segundo crecía, le causaba nauseas.

Tal y como lo había declarado con anterioridad, Thor no se movió del lado de su hermano, ni siquiera cuando lo trasladaron a una de las habitaciones del ala médica.

- Su nombre es Angerboda – informó Thor recargado en el dintel de la puerta del cuarto en el que se hallaba Loki. Su vista iba de sus compañeros al interior de la habitación, su rostro contorsionado por la preocupación y la ira.

Darcy, sentada en una de las sillas cercanas al cuarto, trataba de reunir el valor necesario y la entereza para no vomitar con el fin de entrar a ver al hombre convaleciente y debía admitir que la imagen de Thor manchado con la sangre de su hermano no la ayudaba en nada. Tony y Steve, que eran los únicos que se quedaron tras oír el veredicto de los doctores (Bruce necesitaba descansar después de convertirse en Hulk, Jane había ido a su casa en busca de ropa nueva para Thor y Pepper requería arreglar algunas situaciones administrativas), miraban al Dios del Trueno sin prestar atención al tétrico atuendo.

- Entonces, la conocen – aseveró Steve cruzándose de brazos.

- Es parte de la corte de Asgard – expuso Thor – Una hechicera remarcable, sin duda alguna, mas no es del agrado de nadie.

- Y si no es del agrado de nadie, ¿por qué sigue en Asgard? – inquirió Tony.

- Porque es muy poderosa – indicó Thor exhausto – Ha auxiliado a Asgard en incontables ocasiones y mi padre piensa que es de más conveniencia tenerla como aliada que como enemiga.

- ¿Ella y Loki… hay alguna razón por la que ella querría matarlo? – cuestionó Steve. El Dios del Trueno sonrió con ironía y Darcy alzó su cabeza expectante – Estuvimos revisando los videos. Los gigantes de hielo no pusieron mucha resistencia y tampoco nos atacaron directamente. Pareciera como si sólo fueran una distracción. Ninguno de nosotros resultó herido, únicamente Loki. Y no sólo eso. La paliza que le dio no es normal. Todos aquí nos hemos enfrentado a Loki por lo menos una vez y estamos de acuerdo en que no es un enemigo sencillo de vencer. Ni siquiera la sacudida que le dio Hulk hace tres años lo dejó tan mal parado. Todo apunta a ser una trampa, una trampa diseñada para Loki.

- Estoy seguro de que esa mujer utilizó una extraña magia en contra de nosotros – opinó Thor – Cuando traté de ayudar a mi hermano, con una sola mirada me congeló. Era como si no fuera capaz de moverme, como si mis piernas y brazos no existieran – suspiró – En cuanto a si hay razones para una venganza… si, las hay. Loki y Angerboda… ellos mantuvieron una relación por varias décadas – Darcy entreabrió la boca sorprendida y Tony sonrió burlón, ganándose una mirada aprehensiva de parte de Steve - No fue algo oficial, mas todos lo sabían en palacio o, si no estaban enterados, lo supieron cuando terminó. Angerboda… no lo aceptó de la mejor manera.

- Uh, así que estamos hablando de una mujer despechada – soltó Tony divertido – Esas son las peores – juntó sus manos y en tono un poco más serio habló – En fin. Si me permites, grandote, le sacaré muestras de sangre a Cuernitos. Yo tampoco confió en S.H.I.E.L.D.

- Por supuesto – accedió Thor, haciéndole una seña con la mano para que entrara a la habitación. Tony se introdujo al cuarto, justo al mismo tiempo que Jane llegaba al punto con una bolsa de plástica en la mano.

- Ropa nueva – indicó Jane deteniéndose ante Thor y ofreciéndole la bolsa. El rubio cogió la bolsa con una ligera sonrisa en los labios.

- Muchas gracias, Jane – agradeció Thor, acariciando la mejilla de la astrofísica.

Transcurrió casi una hora para que la muchacha consiguiera levantarse de su silla y entrara a la habitación. Debía admitir que la imagen de Loki herido y desangrándose era más impactante que la del Dios del Engaño recostado en una cama, enfundado en ropas blancas de hospital, cubierto por sabanas grises hasta el pecho y luciendo dormido. Thor estaba sentado en una silla de gran tamaño al lado izquierdo de la cama y sujetaba la mano de su hermano con firmeza. El Dios del Trueno la volteó a ver y le dedicó una pequeña sonrisa. Se puso de pie y salió del cuarto, dejando a Darcy sola con un inconsciente Loki. La castaña se acercó al pie de la cama y se recargó en el barandal sin apartar su vista del hombre frente a ella. Era extraño ver a Loki en su forma jotun, no obstante, era incapaz de ver al monstruo del que tanto hablaba el Dios del Caos. Ella sólo veía a Loki, a su amigo, al hombre que indudablemente amaba. Thor regresó a la habitación cargando un sillón de pequeño tamaño, que Darcy reconoció como uno de los tantos de la sala de espera, lo colocó al otro lado de la cama y le hizo un gesto a la joven para que tomara asiento. Darcy intentó sonreír, mas no lo consiguió, y se sentó en el sillón. Thor posó sus manos en sus hombros y los apretó con delicadeza.

- Estará bien – aseguró Thor sin ningún tipo de duda – Loki es un guerrero. Jamás se dejaría vencer por tan poco.

Darcy asintió, curvando sus labios en lo más cercano a una sonrisa que pudo. Thor abandonó su lugar detrás de ella y volvió a su silla, mientras la mujer asía la fría mano de Loki.


Separó sus parpados con pesadez. Pestañeó un par de veces, sus ojos adecuándose a la intensa luz del día. Permaneció inmóvil por un momento, observando el cielo azul arriba de él. ¿Dónde estaba? Se incorporó lentamente, sentándose. Examinó sus alrededores con la mirada. Estaba en medio de un amplio y verde pastizal, con algunos árboles y arbustos esparcidos. A lo lejos se veía una pequeña loma y el sol se hallaba en el punto más alto del firmamento. El lugar le resultaba familiar. Como si ya hubiera estado antes ahí. ¿Cómo llegó a ahí? No recordaba absolutamente nada, hecho que le provocó nerviosismo. Cerró sus ojos e intentó concentrarse, mas su mente estaba en blanco; totalmente vacía.

Percibió un peso en su mano izquierda y abrió sus ojos de golpe, girando su cabeza en dicha dirección. Sus ojos se entornaron y su boca se entreabrió. Una hermosa mujer estaba a su lado, tomándolo de la mano. Su cabello era dorado y brillaba por efecto de los rayos del sol. Sus ojos grises, dulces, amorosos. Su piel blanca, suave. Krista.

- Hola, Loki – saludó la mujer con esa sonrisa de lado que tanto lo enloquecía.

Loki no respondió. Su mente no era capaz de reaccionar y mucho menos de hilar un pensamiento coherente. Krista, su amada Krista, estaba ahí, a su lado, viva.

Sacudió su cabeza y apartó su mano de la de la mujer. No, Krista estaba muerta y enterrada. La mujer junto a él no era nada más que un engaño. A no ser que… Los recuerdos regresaron a su cabeza de golpe, aturdiéndolo. El ataque a Boston. Los Gigantes de Hielo. Angerboda.

Se llevó una mano al estomago justamente en el punto en que el arma blandida por la hechicera lo atravesó. Lo demás eran flashazos, diminutos momentos de lucidez, voces haciendo eco en sus oídos, rostros borrosos, dolor, mucho dolor.

- ¿Estoy muerto? – preguntó Loki asustado con la mirada al frente.

- No, aún no – contestó Krista.

No, aún no. Por supuesto. Angerboda no se desharía de él tan simplemente. No. La hechicera lo quería ver sufrir y él no le daría el gusto. Se puso de pie en un movimiento y empezó a caminar sin dirección. Repitió en su cabeza cada momento de su batalla con la mujer. Cada movimiento. Sin lugar a dudas utilizó magia para debilitarlo. No existía forma en el universo de que Angerboda se convirtiera en tan poderosa contrincante en los cinco años que llevaba sin verla. Rememoró cuando lo hirió con la daga. El dolor tampoco fue normal, lo cual implicaba que no sólo lo hirió, sino que introdujo una sustancia a su cuerpo, hecho que explicaría su actual situación. Había un gran número de venenos que atacaban tanto al cuerpo, como a la mente y la hechicera sabía a la perfección que su mente era lo más importante para él.

- ¿A dónde vamos? – inquirió Krista detrás de él con curiosidad.

- "Vamos" me suena a multitud – formuló Loki con frialdad. Krista rodó los ojos y apresuró el paso con la finalidad de caminar a su lado.

- ¿A dónde vas? – reformuló su pregunta la mujer.

- Considerando que no eres nada más que el producto del veneno que Angerboda me suministró, no pienso darte ningún tipo de información – apuntó Loki.

- Buscas la salida – estableció Krista. Loki frunció el seño. Maravilloso, Angerboda disfrutaba de acceso a sus pensamientos – El veneno está diseñado para jugar con tu mente, con lo consciente y lo inconsciente. A menos de que encuentres el antídoto, estarás a merced de esa bruja lo que te reste de vida. Despierto o dormido. Realmente no importa.

Bruja. Sólo Krista se refería de esa manera a Angerboda. Marcharon durante un tiempo en silencio, Loki revisando cada punto con precisión. Todas las ilusiones mentales constaban de un punto de entrada y uno de salida. Una vez fuera de ahí, estando consciente en el mundo real, le sería más fácil trabajar en un antídoto.

- ¿Por qué quieres volver? – preguntó Krista cruzando sus brazos detrás de su espalda.

- No creerás que moriré sin dar pelea, ¿o si? – indicó Loki.

- ¿Y por qué pelear? – inquirió Krista con la vista en el suelo – Ya no te queda nada por lo que pelear, ¿o sí? Por eso te dejaste caer al abismo.

Loki se detuvo en seco, volteando a ver amenazadoramente a su acompañante. Krista ladeó su cabeza hacia él, sonriendo.

- Sólo piénsalo – habló Krista - ¿Por qué luchar? ¿Para qué volver? ¿Acaso hay una buena razón para desgastarse? Angerboda no te la hará fácil. Si logras despertar, lo poco que te quede de vida será un infierno – alargó su mano y la entrelazó con la de Loki. El Dios del Engaño bajó su mirada al suelo – En cambio, si permaneces aquí conmigo, estarás tranquilo, feliz y gozaremos estos días juntos. ¿Para qué despertar? Allá no habrá nadie esperándote. Estarás solo, sin nadie que tome tu mano cuando el dolor sea insoportable. Sin nadie que te tranquilice cuando esa bruja comience a jugar con tu cabeza. Sin nadie que te ame como yo te amo.

Loki alzó su cabeza y posó sus ojos en los de la mujer, dudoso. Esto era un engaño, una pantomima creada por esa despreciable hechicera, sin embargo, sus palabras eran verdad. Si despertaba, ¿quién estaría a su lado? Thor probablemente.

- Es su responsabilidad estar ahí, no es porque realmente le interese tu bienestar – declaró Krista colocando su mano libre sobre su hombro derecho – Posiblemente te cuide unos días, vigile tu sueño un par de noches, mas al final se cansará y te abandonará. ¿No ha sido así siempre? Cuando más lo has necesitado, ¿dónde estuvo? Las incontables veces que permitió que te culparan sin merecerlo. Las múltiples veces que consintió que sus amigos te humillaran – subió su mano y la apoyó en su cuello. Loki cerró los ojos ante el contacto - ¿Ya olvidaste todas las veces que le suplicaste que hablará con Odín a nuestro favor, que nos apoyará para que me concediera la inmortalidad? ¿Y él que hizo? No hizo nada – la furia y la frustración se posesionaron del pecho del hombre – Se quedó de pie, contemplando durante siglos como te hacías pedazos hasta no quedar nada – la mujer tomó su cara entre sus manos y este abrió una vez más sus ojos – ¿Para qué quieres volver a ese infierno que es tu vida? ¿Para seguir sufriendo? No hay nada allá que valga la pena. No te queda nada, Loki. Ni hogar, ni familia, ni amigos. Quédate conmigo, mi amor.

Loki alejó su vista de Krista, percibiendo un escozor en sus ojos. Tenía razón. ¿Para qué desgastarse? ¿Para qué luchar? ¿Para demostrar un punto? ¿Para restregarle su victoria a Angerboda? ¿Y después qué? ¿Volver a su apática vida? ¿Viviendo en un planeta que aborrecía, rodeado de una especie inferior? ¿Soportar los patéticos intentos de Thor de arreglar las cosas? ¿Conformarse con ridículos juegos con Tony Stark o inofensivas bromas dirigidas al resto de los Vengadores? ¿Sufrir las malditas pesadillas que lo atormentaban cada noche? ¿La incertidumbre con la que vivía cada día? ¿Y para qué?

Devolvió su vista a la de su difunta esposa. Esa sonrisa de lado, esos amorosos ojos. Recargó su frente en la de Krista, sonriendo levemente. ¿Para qué pelear, si tenía todo lo que había deseado por siglos frente a él?


Observaba ansioso el techo de su habitación, revolviéndose entre sus cobijas. Lagrimas silenciosas recorrían sus mejillas y respiraba con dificultad a causa de sus sollozos. Otra pesadilla. Cogió una de sus almohadas y la abrazo con fuerza, imaginando que el inanimado objeto era su hermano.

Ese día se cumplía exactamente dos semanas desde el incidente. Él y sus amigos habían planeado una excursión fuera del castillo para adentrarse al bosque que lo rodeaba y donde los mayores solían ir a cazar. Ninguno contaba con la edad de realizar semejante aventura, tan sólo eran niños de 10 años, pero, como siempre, Thor no escuchó las palabras de advertencia de nadie y consiguió convencer a sus amigos de seguirlo. Dirigió a Sif, Fandral, Balder y Tyr por los límites del castillo en busca de una forma de eludir a los guardias que cuidaban la entrada. Pasaron casi una hora tratando de salir sin ser inadvertidos, mas desistieron al decimo intento de ser descubiertos. Volvieron al interior del castillo desilusionados. Decidieron ir a las cocinas en busca de algo para comer y fue camino a dicho sitio donde la gran idea surgió en la cabeza de Thor. En uno de los jardines interiores del palacio, vislumbró a Loki y a su madre en su paseo diario. El pequeño chico de siete años intercambiaba su mirada de un libro en sus manos a Frigga, seguramente acribillando a la reina con preguntas sobre magia. Thor sonrió con astucia. A su corta edad, su hermano ya se había forjado una reputación de problemático. Le jugaba bromas a los guardias, a los miembros de la corte, a él y a sus amigos y siempre salía airoso de la mayoría. Era un experto para huir y esconderse. Sin duda alguna él los ayudaría a salir del castillo.

Esa noche, una vez que su madre los hubiera arropado a cada uno en sus respectivos cuartos, Thor se escabulló a los aposentos de su hermano. Requirió de mucha persuasión, pues Loki se sentía traicionado por no haber sido considerado para la excursión la primera vez. Sinceramente, habían sido Balder y Tyr quienes se negaron a aceptar la presencia de Loki a pesar de la insistencia de Thor; para nadie era un misterio que estos dos despreciaban al más pequeño de los hijos de Odín y el sentimiento era mutuo. Finalmente, el niño aceptó ayudarlos y al día siguiente se pusieron en marcha de nuevo. Tras recorrer un intrincado número de pasillos, el grupo emergió a la parte trasera del castillo, donde la protección era notablemente menor. En un ligero momento de distracción de parte de los guardias, atravesaron una de las puertas y se vieron fuera de los límites del castillo. Se encaminaron al bosque y se internaron en él. Empezaron a discutir sobre a donde ir primero, optando por las cataratas. Una vez allí, Thor instó a todos a escalar el risco, pronto convirtiéndose eso en una competencia por ver quién llegaba primero. Thor y Tyr arribaron a la cima casi al mismo tiempo y desde ahí apremiaron a sus amigos a apresurarse.

Sif y Loki eran los últimos, estando el segundo muy rezagado a la primera. Las burlas de Tyr y Balder en contra de Loki eran audibles y Fandral pronto se les unió. Thor alzó sus gritos en apoyo a su hermano, diciéndole que no los escuchara. Mas, si había algo que Loki detestaba, era que se burlaran de él y su incapacidad de mantener el ritmo de su hermano y sus amigos. El pequeño niño aumentó su velocidad furioso y entonces ocurrió.

La escena se repetía una y otra vez en la cabeza de Thor. Loki falló en apoyar su pie en una roca firme y resbaló. El agarre de sus manos se soltó y cayó al suelo con un grito ahogado. Por un momento todos se quedaron estáticos. Fue Sif la primera en reaccionar, descendiendo con cuidado el risco. Tyr y Balder se echaron a reír y Thor y Fandral comenzaron a bajar la pendiente. La angustiada voz de Sif taladraba los oídos de Thor cada noche. "¡Está sangrando! ¡No despierta!". Thor saltó los últimos dos metros y cayó al suelo trastabillando. Volteó a ver a su hermano y todo color abandonó su rostro. Loki estaba tirado en el suelo, su pierna y brazos izquierdos en un raro ángulo y debajo de su cabeza había un gran charco de sangre. Se hincó ante él e hizo el ademán de tocarlo, mas Sif lo detuvo. Fandral anunció que iría por ayuda y Thor comenzó a gritarle al pequeño niño para que despertara.

Los guardias de palacio no demoraron en llegar al sitio y trasladaron a Loki al castillo con extremo cuidado. El regaño del Padre de Todo había sido enérgico y podían apostar a que todo Asgard escuchó sus estridentes gritos. Sin embargo, la reprimenda grupal fue poco en comparación a la que Thor recibió en individual. "¡Es tu hermano menor! ¡Tiene siete años! ¡Como el mayor deberías de ser el más responsable! ¡Mira dónde has puesto a tu hermano con tu imprudencia!".

Tras horas de incertidumbre, Eir y su grupo de sanadores abandonó la habitación de Loki informando sobre la salud del chico. La caída había sido de una considerable altura, dañando varios de los órganos internos y causándole fracturas en su brazo y pierna izquierdas. Pero lo más preocupante era el golpe en su cabeza. El golpe fue de tal dimensión que, sin importar el esfuerzo de Eir, la diosa no otorgaba muchas esperanzas de que el joven príncipe reaccionara otra vez.

Desde ese fatídico momento, Frigga no se había despegado de su hijo menor y Thor no tenía otra opción que aguardar cada día afuera de la habitación de su hermano en espera a que le permitieran entrar a verlo o que la situación cambiara. El único capaz de moverlo del punto era Odín cada noche para que se retirara a su cuarto a descansar, lo cual el rubio no había podido hacer durante esos días. Cada noche despertaba aterrado, a veces por haber rememorado la caída de su hermano, otras porque soñaba con que Loki moría.

Cerró sus ojos y se acurrucó contra la almohada. No transcurrió mucho tiempo antes de que un ruido lo hiciera sobresaltarse. Se incorporó, sentándose en su cama. Se oían voces provenientes del pasillo, así como pasos apresurados, yendo y viniendo de un lado al otro. Apartó sus cobijas y se levantó de la cama. Se aproximó a la puerta con lentitud, temeroso. El inusual movimiento únicamente podía significar cambios en el estado de Loki y, considerando el diagnóstico de esa mañana de Eir, lo más probable es que el cambio no fuera positivo. Entreabrió la puerta de su recámara y asomó un ojo. La puerta de la habitación de su hermano estaba a metros de distancia, mas era incapaz de escuchar claramente a los sanadores y guardias reunidos en el pasillo. Tampoco veía sus rostros, siendo la luz muy opaca. Cerró la puerta y se recargó en ella, las lágrimas una vez más escapando de sus ojos. Loki tenía que estar bien. No podía…

Alguien empujó la puerta de madera y Thor por poco cae al suelo por el golpe. Alzó su cabeza aturdido, encontrándose con el inexpresivo rostro de su padre. El pánico recorrió su pequeño cuerpo, listo para oír lo peor. Odín sonrió levemente en son tranquilizador y posó una de sus manos en su hombro.

- Alguien desea verte – manifestó Odín. Thor ladeó la cabeza confundido – Dos semanas inconsciente y lo primero que solicita es la presencia de su hermano.

A Thor le costó un tiempo comprender las palabras del rey de Asgard y, cuando al fin lo hizo, salió en estampida en dirección a la recámara de Loki. Empujó a cuanta persona se puso en su camino y, al alcanzar la cama de su hermano, su llanto se intensificó. Loki estaba ahí, con mirada soñolienta, sonriéndole. Frigga acariciaba el cabello de su hijo y también le dedicó una dulce sonrisa, sus ojos igualmente vidriosos. Thor subió a la cama, gateó hacia su hermano, se acostó a su lado y lo abrazó con delicadeza. Loki apoyó su cabeza en la del rubio.

- Perdón – masculló Thor entre sollozos.

- ¿Por qué? – susurró Loki con voz ronca – Yo fui el genio… que se cayó.

Thor soltó una pequeña risa.

- No volverá a pasar – aseguró el chico. Loki bufó divertido y Thor se levantó fingiendo ofensa - ¿Qué? ¿Acaso no confías en mi palabra? – Loki negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

- Son un imán para los problemas ustedes dos – intervino Frigga contenta.

- Bueno, entonces confía en esto – habló Thor posando su mano en el cuello de su hermano – Yo te cuidaré y no permitiré que nada malo te ocurra. Es una promesa.

- Eso… suena un poco más creíble – asintió Loki cerrando sus ojos exhausto.

Contemplaba a su hermano con expectación, su mano firme sobre la del Dios del Engaño. Esperaba que en cualquier momento abriera los ojos, que se moviera, que abriera su boca con algún mordaz comentario o una burla a la preocupación y angustia en su rostro. No obstante, las horas transcurrían y Loki se mantenía inmóvil e inconsciente. Llevó su mano libre a su cara y talló sus ojos. No recordaba haber visto tan aterrado a su hermano como durante el camino al cuartel de S.H.I.E.L.D. No era la primera vez que el hombre terminaba gravemente herido y era reconocido por su entereza, una que ni los más fuertes e imponentes guerreros de Asgard ostentaban. Verlo así, con la vista desenfocada, tratando de hablar y gritar, aferrándose a él con desesperación fue mucho más terrorífico que verlo herido.

Suspiró, devolviendo su mirada a su hermano. Había prometido protegerlo cuando eran niños y de todas las promesas que había olvidado y roto con el pasar de los siglos, esa era la que más le pesaba. Se echó para atrás el cabello y comenzó a tararear la canción que su madre solía cantarles cuando eran niños y estaban enfermos. Qué sencilla sería su vida si volvieran a esa época. Sin nada más que hacer que estudiar y jugar. Siendo hermanos, amigos.

- Bonita canción – opinó Darcy atrás de él. Thor volvió su cabeza hacia la puerta. La joven se encontraba en la puerta de la habitación con un pequeño ramo de flores en una de sus manos, un empaque de plástico transparente, a través del cual se podía observar un suculento y gigantesco emparedado, en la otra y una mochila en su hombro. Hacía más de una hora que Steve se la había llevado prácticamente a la fuerza para que comiera – Traje flores – volteó a ver el ramo – No sé si a Loki le gusten, pero S.H.I.E.L.D. se gana el premio a la decoración más deprimente del mundo, así que… - dio unos pasos hacia él y le ofreció el empaque de plástico – Sustento, grandote.

- Mi más sincero agradecimiento – sonrió Thor, abriendo inmediatamente el envase.

Darcy soltó el ramo de tulipanes rojos encima de la cama, a los pies de Loki, y posó su mochila en el borde de la cama. La abrió y sacó de su interior un florero de cristal que había "tomado prestado" de la recepción de S.H.I.E.L.D. Fue hacia el baño personal con el que contaba el cuarto y lo llenó de agua hasta la mitad. Emergió del baño, topándose con la imagen de Thor metiendo a su boca el último pedazo de su emparedado. Darcy parpadeó incrédula, negó con la cabeza y se dirigió a la mesita de noche a la izquierda de la cama. Colocó el florero arriba de ella y después introdujo el ramo en su interior.

- Mejor, ¿no? – dijo Darcy después de arreglar un poco las flores.

- Sin duda – asintió Thor – Las cámaras de sanación en Asgard son tan suntuosas como cualquier otro sitio. Jamás he comprendido porque los humanos adornan tan escasamente sus centros de salud y con colores neutros. Es… lúgubre.

- ¿Tú crees? – preguntó Darcy en tono sarcástico, dándole una palmadita en la espalda - ¿Y qué dice? – Thor la miró confundido – La canción, ¿de qué habla?

- Es una canción que mi madre nos cantaba cuando nos enfermábamos o terminábamos gravemente heridos – explicó Thor – Habla sobre las bellezas de los Nueve Reinos.

- ¿Me la enseñas? – pidió Darcy, regresando a su sillón al otro lado de la cama. La sonrisa de Thor aumentó.

- Por supuesto, aunque es asgardiano – indicó Thor.

- Sé un poco de asgardiano – declaró Darcy – Y estoy segura de que todas esas palabras son groserías - Thor emitió una sonora carcajada - ¿Qué quieres que te diga? A tu hermano le encanta maldecir cuando se enoja.

- No lo dudo – aceptó Thor con su conocida jovialidad.


Oprimió con furia a Gungnir en su mano. Realmente no podía creerlo. Ahí estaba esa patética y estúpida mortal, sentada a un lado del inconsciente Loki, tomándolo de la mano y cantándole. ¡Cantándole! ¡Después de cómo la había tratado las últimas semanas! ¡Después de que la humilló y la ofendió! ¡¿Acaso carecía de amor propio y dignidad?! ¡En el nombre de Yggdrassil, ¿qué demonios debía de hacer Loki para que lo odiara?! ¿Golpearla? ¿Insultarla directamente? ¿Matarla? ¡¿Qué?!

Resopló molesta. Tenía que deshacerse de ella y debía hacerlo antes de que arruinara todo su plan.


Sigyn inclinó su cabeza confundida, sin poder dar crédito a lo que el hombre sentado frente a ella acababa de decirle.

- ¿Qué? – pronunció la diosa incrédula.

Loki suspiró por la nariz. Su expresión era indescifrable, mas existía cierta emoción en sus ojos que no pasó desapercibida para la mujer: dolor.

- Te estoy ofreciendo tu libertad, Sigyn – reiteró Loki – Nuestra unión no debió ser tan prolongada. Hablaré con el Padre de Todo hoy mismo y anularemos el matrimonio.

El Dios del Engaño se puso de pie y se encaminó a la puerta de su recámara, bajo la mirada perturbada de su aún esposa.

- ¿Por qué? – inquirió. Loki se detuvo, su mano derecha sobre la superficie de la puerta.

- Porque mereces ser feliz… - respondió Loki - y conmigo nunca lo serás.

La Diosa de la Fidelidad recorría los pasillos de la biblioteca en busca de libros. Cargaba entre sus brazos tres voluminosos tomos y trataba desesperadamente de recordar la ubicación de un cuarto libro. Giró su cabeza hacia los elfos oscuros que vigilaban la entrada de la estancia. Llevaba un buen tiempo caminando entre los estantes y sus dos captores empezaban a verla con suspicacia. Suspiró derrotada y emprendió su camino a la salida. Uno de los elfos obstaculizó su marcha y le hizo una tosca seña con el fin de que le mostrara los libros. Rodó los ojos y, fingiéndose ofendida, se los entregó. Cruzó sus brazos sobre su pecho y aguardó impaciente a que ambos elfos concluyeran con su escrutinio. Al fin, los dos asintieron al unísono y le devolvieron los libros, señalándole la puerta. Abandonó la biblioteca y caminó por los desérticos pasillos del castillo a paso veloz, sin prestar atención a los dos guardias que se habían convertido en su sombra. Minutos más tarde, se halló frente a su habitación, entró en ella y le cerró la puerta en las narices a los insufribles elfos. Agradecía que por lo menos Angerboda le permitiera un poco de privacidad.

Fue hacia su amplia cama y soltó los libros en ella. Se sentó y cogió uno de ellos entre sus manos, acariciando la portada, sobre la cual rezaba "Cuentos y leyendas de Asgard". La coloración de la cubierta cambió de un café a un gris blanquecino y las palabras se transfiguraron. "Magia ancestral de los Nueve Reinos y más allá". Sonrió con nostalgia. Recordaba la vez que Loki le enseñó ese hechizo de camuflaje. Apenas eran unos adolescentes.

Loki. A pesar de que su historia no fuera una de las mejores, no podía estar de acuerdo con las acciones de Angerboda. Lo admitía: Loki daba mucho que desear como marido, pero, visto en retrospectiva, no era capaz de reprocharle nada. La salvó de un matrimonio que probablemente habría terminado peor que el suyo. Sin importar el poco tiempo que pudo disfrutarlos, le dio dos hermosos hijos, Narvi y Vali. Y le otorgó su libertad al darse cuenta de que era indescriptiblemente infeliz. Por más que lo intentaba, no podía odiarlo y le costaba reconocer a ese monstruo que Thor había traído consigo hacía tres años como el mismo hombre con quien creció y estuvo casada por un tiempo.

Suspiró una vez más y abrió el libro en el índice. No sabía si podría ayudar a Loki, sin embargo a toda costa debía de encontrar la manera de contactar a Thor y ponerlo al tanto de la situación. El futuro rey de Asgard era vulnerable a la magia de la hechicera, mas sus poderosos amigos midgardianos no lo eran. Probablemente ellos fueran capaces de derrotarla. Y Sigyn estaba segura de algo: una vez que vencieran a Angerboda, Loki, los reyes, su familia y Asgard en general estarían a salvo.


Loki contemplaba el firmamento ligeramente fascinado. El sol permanecía en lo más alto y no se había movido de dicho punto desde la primera vez que abrió sus ojos. Suponía que era parte de la ilusión de Angerboda, desproveerlo de cualquier instrumento que pudiera facilitarle la contabilización del tiempo. No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba allí y, sinceramente, no le interesaba en lo absoluto saberlo. Bajó su vista y la posó en el desnudo cuerpo de Krista que descansaba arriba de él, apenas cubierto por su abrigo. Acarició su mejilla con su mano derecha, apartando unos mechones de cabello. Minutos, horas, días, realmente no importaba, mientras pudiera disfrutar de la compañía de su amada esposa. Besó la frente de la mujer y cerró sus ojos contento.

Y al tiempo que se permitía quedarse dormido, sintió al aire acariciando su oído, susurrándole palabras incomprensibles, en un dulce tono que poco a poco lo colmaba de paz.


- …lo grabé… bueno… he estado grabando todos los capítulos desde hace un mes – platicaba Darcy mientras arreglaba el nuevo ramo de tulipanes que le compró a Loki en su camino de su departamento al cuartel de S.H.I.E.L.D. Se encontraba sola en la habitación, pues Thor estaba en la cafetería comiendo – Para verlos cuando salgas de aquí. Por supuesto que primero tendremos que platicar, pero… - clavó su vista en Loki, percibiendo como la punzada en su pecho aumentaba.

Apartó sus manos del arreglo floral, suspiró y se sentó al borde de la cama sin quitar sus ojos del hombre. Había pasado la noche del sábado y todo el domingo a lado del Dios del Engaño. La idea de irse y dejarlo no le agradaba en lo absoluto. Sabía que Thor estaría ahí, cuidándolo cada minuto, sin embargo, para ella eso no era suficiente. Consideró la idea de avisar en su trabajo que se ausentaría ese día, mas la desechó al instante. No sabía cuántos días pasarían hasta que Loki se restableciera y si faltaba a su trabajo más de una semana seguramente la despedirían. Prefería guardar los permisos para cuando el asgardiano despertará… o por si no lo hacía. Sacudió su cabeza, alejando esos pensamientos de su mente. Loki estaría bien. Él estaría bien.

La puerta se abrió y entró Thor en el cuarto. Darcy se puso de pie, le dedicó una sonrisa a Loki y apretó su mano.

- Voy a trabajar, regreso más tarde – se despidió Darcy. Arregló la mochila en su hombro y giró sobre sí misma, clavando sus ojos en Thor – Avísame cualquier cosa, ¿ok?

Thor movió su cabeza afirmativamente y la muchacha encaminó sus pasos a la puerta. Le echó una última mirada a Loki antes de salir y se retiró.

Las horas transcurrieron insoportablemente lento y cuando finalmente fue su hora de almuerzo, Darcy optó por visitar el laboratorio de Tony en lugar de volver al cuartel de S.H.I.E.L.D. Perdería mucho tiempo en el trayecto y sólo pasaría poco tiempo con Loki. Bajó por el ascensor hasta el piso donde se ubicaba el área de trabajo del billonario y emergió del aparato dándole una mordida a un panque que había comprado esa mañana. Al igual que la organización gubernamental, Stark estaba buscando un antídoto para el veneno que afectaba al Dios del Engaño y Darcy no había escuchado sobre los avances hasta ahora. Se detuvo ante la entrada, siendo recibida por la amable voz de JARVIS. La puerta corrediza se desplazó a la izquierda y Darcy se introdujo en la estancia. No recordaba haber estado antes ahí. El laboratorio sin lugar a dudas era el más grande del edificio, por lo menos dos veces más amplio que el de Jane, y tenía todas sus mesas repletas de aparatos, máquinas y objetos que Darcy desconocía en su mayoría.

- ¡Darcy! – la saludó Tony al fondo del área, su vista pegada a una pantalla que flotaba frente a él sobre una mesa - ¿A qué debo esta agradable visita?

- Sólo pasaba a saludar – habló Darcy acercándose al superhéroe – Y ver cómo vas con el antídoto.

- Y el interés tiene cuerpo y se llama "Darcy Lewis" – le recriminó burlón Tony.

- Oye, no es como si tú no hubieras hecho lo mismo – apuntó Darcy sentándose en uno de los bancos de la mesa y en un tono rasposo habló – "Darcy, ¿cómo te sientes? ¿cómo despertaste hoy? ¿Loki ya creo el antídoto?"

- ¡Mi voz no suena así! - saltó Tony con una mano en su pecho escandalizado. La muchacha rodó los ojos negando con la cabeza divertida. Stark la volteó a ver con cierto tono de frustración en sus ojos – Aún no encuentro nada, pero es cuestión de tiempo. Tú novio saldrá vivo de todo esto y pronto podremos reírnos y bromear sobre el asunto.

- No es mi novio – corrigió Darcy dándole otro mordisco a su panquecillo.

- Sí, claro, como tú digas – aceptó Tony con sarcasmo - ¿Y qué tal estuvo la cena?

- ¿Cuál cena? – preguntó Darcy perdida.

- Oh vamos, no te servirá hacerte la inocente – expresó Tony – Loki me preguntó por un lujoso restaurante donde llevarte a cenar y, tomando en cuenta que no puedo preguntarle a él los detalles y además nunca me los contaría, te pregunto a ti. ¿Ya cerraron el trato, verdad?

Darcy lo observó por un momento, su mente en blanco. Cena. En un lujoso restaurante.

- Hey – saludó Darcy sin mucho ánimo poniéndose de pie - ¿Qué haces por aquí?

- Vine por ti – expuso Loki – Tengo planes para esta noche.

Planes. Loki la iba a llevar a cenar. A un lindo y lujoso restaurante. Bajó su cabeza, sufriendo un malestar general. Si hubiera esperado un poco más… si no hubiera sido tan directa… probablemente… posiblemente… Habrían ido a cenar. Habrían platicado de manera más extensa. Le habría podido decir cómo se sentía. Habrían pasado la noche juntos.

Si le importaba a Loki. Por supuesto que le importaba. De no ser así, no habría planeado una cena. Y no le habría llamado más de treinta veces al celular durante la noche. Y no habría ido a buscarla a la mañana siguiente. ¿Por qué no abrió la maldita puerta? Si lo hubiera hecho, tal vez, sólo tal vez, no estaría en una estúpida cama de hospital.

Sintió un peso sobre su mano y alzó su cabeza de golpe. Tony la miraba con la palabra culpa escrita en todas las facciones de su rostro, ofreciéndole un pañuelo. Darcy cogió el pañuelo, notando que sus mejillas estaban húmedas. Se despidió con un simple "Hasta luego" y casi corrió a la puerta. El billonario suspiró, apoyando su codo sobre la mesa y su barbilla sobre la palma de su mano.

- ¿Cuándo aprenderé a cerrar mi bocota? – cuestionó al vacio Tony. Dummy, que cargaba la caja de pañuelos desechables, movió su brazo electrónico de arriba a abajo ofreciéndole un pañuelo.


- Creo que hay un lago pasando esa pendiente – señaló Krista arreglando su cabello. Loki, de pie a su lado y colocándose su abrigo, levantó su vista hacia el punto mencionado.

- ¿Dónde estamos? – inquirió Loki volteándola a ver – Me resulta conocido este lugar - la mujer se encogió de hombros, poniéndose de pie - ¿En verdad no lo sabes?

- ¿Importa? – preguntó Krista aproximándose a él – Es un lugar hermoso. Disfrutémoslo.

- Brillante idea – aceptó Loki posando su mano en la nuca de su acompañante y besándola de lleno en los labios - ¿Vamos al lago? – propuso en cuanto se separaron. Krista dudó por un momento, mas asintió.

Loki la tomó de la mano y ambos emprendieron el camino. Con cada paso que daban parecía que su destino se alejaba más y el hecho causó desconfianza en el Dios del Engaño.

De repente, comenzó a percibir una disminución en la temperatura. Gruesas nubes grises cubrían el hasta ahora claro cielo. Y el viento le hablaba de nuevo al oído con una voz tan familiar, tan conocida, pero a la vez tan extraña, gritándole, exigiéndole que corriera, que soltara a Krista y corriera a la pequeña montaña.

Su acompañante se detuvo, causando que él también parara. El aire se sumió en un abrumador silencio y Loki se giró para encarar a Krista. Se sorprendió al ver el terror en la expresión de la mujer.

- ¿Qué sucede? – inquirió Loki aproximándose a la rubia. Esta soltó su mano y dio varios pasos hacia atrás, negando con la cabeza - ¿Qué ocurre? – preguntó Loki angustiado con la actitud de su esposa.

- Monstruo – masculló Krista aterrada.

Loki frunció el seño y giró su cabeza hacia atrás en busca de la criatura que causaba tal temor en la mujer. Sin embargo, eran los únicos en el amplio pastizal. Devolvió su atención a Krista y dio un paso hacia ella, provocando que ella se alejara aún más sin dejar de repetir la palabra monstruo. Alargó una mano hacia ella y entonces lo comprendió. Su mano era azul. Tocó su cara, sintiendo lo rugoso de su piel y las marcas en ella. Por alguna razón, su apariencia había cambiado a su repulsiva forma jotun.

Trató de cambiar, mas no lo consiguió. Alzó sus manos en un gesto tranquilizador y se aproximó a Krista.

- Puedo explicarlo, no tienes por qué temer, sigo siendo yo – dijo con calma, a pesar de que el mismo empezaba a sentir el miedo crepitar en su interior.

- ¿E-e-eres un jotun? – cuestionó Krista asustada.

- Si, pero… - comenzó Loki.

- ¿Me estás diciendo que estuve casada con un… con un… mons… - habló Krista perturbada. Loki desapareció la distancia entre ellos y la tomó de los brazos.

- ¡No! ¡Soy yo! ¡Soy Loki! – exclamó Loki contundente.

- ¡NO ME TOQUES, ASQUEROSO MONSTRUO! – gritó Krista tratando desesperadamente de soltarse de su agarre.

- ¡Soy el mismo hombre que amas, Krista! – aseguro Loki desesperado y aumentando la fuerza en su agarre - ¡Esto no cambia nada!

- ¡Eres una mentira! – soltó Krista parando en sus intentos de liberarse - ¡Todo lo que conocí de ti fue una mentira!

- ¡No es verdad! – refutó Loki.

- ¡No eres de Asgard, no eres hijo de Odín, no eres nada! – indicó Krista - ¡No eres nada más que una aberración! Y pensar que te escogí a ti, ¡a ti! ¡un despreciable jotun!, en lugar de Thor.

- No digas eso – le advirtió Loki acercando peligrosamente su rostro al de ella, la ira rápidamente inundando su cuerpo – No te atrevas a…

- ¿A qué? – lo cortó desafiante - ¿A confirmarte lo que siempre supiste?

- Te lo advierto – siseó Loki sujetándola tan fuerte que estaba seguro de que le causaría moretones.

- ¿Qué? ¿No quieres oír sobre como Thor me cortejaba? – aguijoneó Krista - ¿Sobre las múltiples veces que nos revolcamos en tu habitación mientras tu practicabas tu inútil y ridícula magia? ¿Sobre como él es más hombre que tú?

- Cállate – le advirtió Loki.

- ¿Sabes por qué nunca nos apoyó? Por qué me deseaba para él – señaló Krista con veneno - ¿Sabes por qué nunca acepté esa estúpida manzana que robaste? ¿Por qué me sentí aliviada cuando el Padre de Todo se negó a convertirme en una Aesir? Porque la eternidad a tu lado habría sido un suplicio.

- ¡CÁLLATE! – exigió Loki tirándola al suelo.

- ¿Qué? ¿Acaso el Dios de las Mentiras no es capaz de soportar un poco de verdad? – se burló Krista - ¿En verdad creíste que alguna vez te amé? ¿A ti? ¿Al debilucho escondido detrás de la sombra de su hermano? ¿Al que hacía tontos trucos de magia en lugar de luchar como un hombre? ¿Al desequilibrado mental que se despertaba un día feliz y al siguiente deprimido? ¿Al monstruo? – Se puso de pie, ante la mirada asesina de Loki – Seamos sinceros, Loki. ¿Quién podría amar a alguien como tú? No eres nadie. No tienes nada que ofrecer. Por eso estás solo. Por eso no habrá nadie esperándote cuando despiertes. Por eso te vas a pudrir en este lugar hasta que te mueras

El hombre la cogió del cuello con ambas manos y apretó con fuerza. Krista posó sus manos sobre los brazos de Loki en un intento desesperado de que la soltara. Pataleó, lo arañó, le suplicó, mas el Dios del Caos no la liberó hasta que su cuerpo estuvo inerte. La rubia cayó al suelo con un golpe sordo, sus ojos en blanco y la boca entreabierta.

Loki la contempló por un largo rato, su mente aún no comprendiendo lo que acababa de suceder. Cuando al fin reaccionó, se dejó caer de rodillas, negando con la cabeza trastornado. La había matado. Había matado a Krista. A su esposa. A la única mujer que amó y amaría en su vida. No. Alargó una temblorosa mano al cuerpo sin vida de la mujer sin atreverse a tocarla. No.

"No es verdad" le susurró esa desconocida y dulce voz al oído "Concéntrate, Loki. Esto no es real."

No es real. No es real. No es real.

Se puso de pie de un brinco y dio varios pasos hacia tras, apartándose del falso cuerpo de Krista. En cuestión de segundos, la mujer desapareció, el cielo recuperó su claridad y su forma jotun se disolvió dando paso a su conocido tono de piel pálido. Permaneció en el punto pasmado. El veneno está diseñado para jugar con tu mente, con lo consciente y lo inconsciente. A menos de que encuentres el antídoto, estarás a merced de esa bruja lo que te reste de vida. Despierto o dormido. Realmente no importa.

Era un reverendo imbécil. Cerró sus manos en puño furioso. ¡Había permitido que Angerboda jugara con él! ¡Con el recuerdo de Krista! ¡¿Cómo se dejó engañar de esa manera?! ¡¿Cómo cayó tan fácilmente?! Volteó a ver el cielo, al inamovible sol en lo más alto de él, gruñó y empezó a caminar sin ninguna dirección. Había perdido tiempo valioso disfrutando de una ridícula ilusión. Patético.

Una fuerte ráfaga de aire lo golpeó, haciéndolo perder el equilibrio y por poco caer al suelo. Gruñó de nuevo y prosiguió con su camino. Sin embargo, ni bien dio dos pasos, otra ráfaga lo golpeó esta vez tirándolo. Loki se levantó, maldiciendo. Intentó continuar, mas pronto se vio envuelto en un remolino de viento.

"¡Vas en la dirección equivocada!" zumbó en sus oídos la voz. Loki podía jurar que en alguna otra parte había escuchado esa chillona y demandante voz antes.

El remolino lo soltó y se alejó de él, dejándolo un tanto mareado y desubicado. El Dios del Engaño lo siguió con la vista hasta que se disolvió en lo alto de la cumbre. Según la ilusión de Krista, existía un lago al pasar la pequeña pendiente. Entreabrió su boca, su mente conectando los puntos con gran rapidez: La rubia dudó cuando le propuso que se dirigieran al lago. Por más que caminaron, nunca pudieron acercarse ni un poco. La ilusión terminó en el justo momento en que él optó por encaminar sus pasos a dicho punto…

La salida debía estar ahí. La forma de escapar de esa estúpida prisión creada por Angerboda estaba ahí. Comenzó a caminar, siguiendo la misma dirección que el remolino. Sólo esperaba que no se tratara de otro engaño de esa maldita hechicera.


Aguardaba impaciente a recibir noticias. Los días transcurrían sin que ningún emisario volviera a Asgard con nuevas del frente de batalla. Lo último que supo de su marido y los fieles guerreros que lideraba era que habían acorralado a Laufey y sus gigantes en Jotunheim. Era cuestión de tiempo para que la guerra concluyera, arrojando un vencedor. Sólo rezaba a todos los dioses porque Odín regresará a la ciudad con vida.

Bajó su vista del libro que intentaba leer desde hace unas noches y fijó sus ojos en su pequeño hijo de tres años. Thor dormía apaciblemente, sus brazos fuertemente rodeando sus piernas. Acarició su cabello con su mano izquierdo. El pobre niño extrañaba a su padre y le era imposible dormir en su habitación una noche completa. Sufría de pesadillas que lo hacían buscar un refugio al lado de su madre y siempre que entraba a la recámara esperaba ansioso encontrar a su padre allí también. La desilusión y la inquietud en su rostro eran sin duda lo más difícil de afrontar en esos momentos de incertidumbre. ¿Cómo decirle a tu hijo que todo estará bien si tú misma no estás segura de ello?

Cerró el libro y lo dejó sobre la mesita de noche a su derecha. Aproximó su rostro a la vela que los iluminaba con la intención de apagarla, mas se detuvo al escuchar un golpe contra la puerta. Hizo a un lado los brazos de Thor con cuidado de no despertarlo, lo arropó bien con la cobija, acarició su cabello una vez más y le dio un dulce beso en la frente. Se acercó a la puerta y la abrió, encontrando a uno de sus guardias personales afuera.

- El rey y los guerreros asgardianos han vuelto – anunció el hombre en armadura – El rey ha solicitado su presencia en la cámara de sanación.

Tras ordenar al guardia que cuidara la habitación y vigilara al joven príncipe, se desplazó, prácticamente corriendo, a la cámara de sanación. El sitio estaba atestado de guerreros convalecientes, unos con heridas de más importancia que otros, y sanadores que iban de una cama a otra. Uno de los guardias la condujo a una de las habitaciones privadas, donde estaba el rey de Asgard. El imponente hombre estaba sentado en una cama, mientras dos sanadores atendían sus heridas y lavaban su cuerpo. Frigga obvio por completo la destrozada armadura tirada en el suelo, el polvo y la sangre que cubrían a su esposo y el parche en su ojo izquierdo y se lanzó contra él en un fuerte abrazo. Después de meses de guerra, de no verlo, de pensar los peores escenarios, al fin estaba ahí, en Asgard, a su lado. Odín la rodeó con un brazo por la cintura aproximándola más a él. La mujer alzó su cabeza fijando sus ojos en los del rey, una esplendida sonrisa en sus labios.

Un ligero llanto, indudablemente de un bebe, la sorprendió. Giró su cabeza hacia atrás, en busca del causante, hallándolo al otro lado de la habitación siendo revisado por Eir en persona. Devolvió su vista inquisitiva al Padre de Todo y este le hizo una seña a los sanadores para que se retiraran un momento.

- Lo descubrí abandonado en el templo – explicó Odín – Abandonado para morir.

Frigga intercaló su mirada entre sus esposo y el inquieto bebe.

- ¿E-es un jotun? – preguntó Frigga nerviosa, a lo que Odín asintió con la cabeza - ¿Por qué lo trajiste?

- Es inocente, no tiene por qué pagar por los errores de sus padres – expuso Odín agotado – Ya muchas seres inocentes han pagado con sus vidas.

- Lo comprendo – apoyó Frigga - ¿Qué haremos con él?

Odín la soltó, enderezándose.

- Se quedará con nosotros – indicó Odín. La reina dio un paso atrás tomada por sorpresa – Lo criaremos como nuestro hijo.

- ¿Por qué presiento que me ocultas algo, Odín? – cuestionó Frigga – Puedo comprender que quisieras salvar una vida inocente y pura, pero tomarla bajo tu tutela y más tratándose de un jotun. ¿Cuál es la verdadera razón de tan precipitada decisión?

- Si me disculpan – llamó su atención Eir y ambos volvieron su cabeza hacia ella – El bebe se halla en perfectas condiciones, salvo un leve nivel de deshidratación. Mandaré a que le traigan agua y comida.

- Te agradezco, Eir – habló Odín. La Diosa de la Salud inclinó su cabeza y salió del cuarto dejando a ambos reyes solos con el bebe, quien no paraba de llorar acostado en la mesa donde lo acababan de revisar. Odín suspiró masajeando el arco de su nariz – Es el hijo de Laufey.

- ¿Qué? – pronunció Frigga incrédula.

- El mismo lo desamparó en el templo hace unos días, apenas siendo un recién nacido – explicó Odín – Mis hombres lo vieron y los jotuns capturados cerca del recinto lo confirmaron – se puso de pie y empezó a caminar por el cuarto – Es un plan excepcional: lo criaremos como si fuera nuestro hijo, un príncipe de Asgard. Le enseñaremos a respetarnos y sernos fieles. Lo educaremos bajo nuestra cultura y cuando alcance la edad apropiada lo colocaremos en el trono de Jotunheim. La paz con los jotuns será una realidad, será una situación permanente. Ya no tendremos que preocuparnos por una nueva guerra.

- Eso es una insensatez – opinó Frigga indignada - ¡Es un bebé! ¡Es un ser vivo! ¡No un objeto que puedas usar a tu conveniencia!

- Le estaríamos dando una vida, Frigga, un hogar, una familia, todo lo que Laufey le negó – señaló Odín exhausto – Y a cambio el nos dará un tratado de paz con Jotunheim.

- Pues yo no estoy de acuerdo – dijo Frigga determinante, cruzando sus brazos sobre su pecho – No voy a criar a un jotun al lado de mi hijo sólo para que goces de tu anhelada paz. Me niego a fingir ser la madre de alguien únicamente por fines políticos, así que busca otra opción para esa criatura.

El Padre de Todo suspiró una vez más derrotado, le dedicó una última mirada a su esposa y se marchó. Frigga cerró los ojos, negando con la cabeza. ¿Criar a un jotun? ¿Ella? ¿Junto a su querido Thor? ¿Cómo si fueran hermanos? ¡¿Acaso Odín había enloquecido durante la guerra?! Era la única explicación para tal disparate. Se dio la media vuelta y caminó hacia la puerta. Posó su mano sobre la superficie de madera y la iba a empujar cuando su atribulada cabeza captó cierto detalle que había ignorado durante su discusión con su marido. El bebe seguía llorando.

Ladeó su cabeza en su dirección. El diminuto infante gritaba, manoteaba y pataleaba con fuerza y su instinto maternal simplemente no podía soportar la escena. Se acercó a la mesa donde estaba y lo observó. En nada se parecía a un jotun. Su piel era blanca, lechosa; sus ojos verdes y el poco cabello que lucía en su cabecita era negro, probablemente el único rasgo jotun en toda su fisonomía. Estaba envuelto en una delgada cobija, de la cual ya se había deshecho de la mayor parte con sus frenéticos movimientos. Empezó a hacer sonidos para que el bebe se calmara, al tiempo que lo tapaba de nuevo con la cobija y lo cargaba. Lo acurrucó y lo meció con delicadeza entre sus brazos, logrando que poco a poco, el infante se tranquilizara. Cuando finalmente paró de llorar, Frigga se descubrió inmersa en esos brillantes y dulces ojos verdes, que la contemplaban con curiosidad. Se sentó en la cama donde instantes atrás estuviera sentado su esposo, sin dejar de mecer al bebe. Empezó a tararear la canción que cada noche le cantaba a Thor antes de dormir y lentamente los entornados ojos del niño se cerraron. Lo meció por un momento más, sonriendo con contento. Se puso de pie y, estando segura de que no despertaría, se aproximó a la mesa para depositarlo ahí. Mañana a primera hora buscaría donde acomodar a tan hermoso bebe. Con esa apariencia asgardiana nadie sospecharía su verdadero origen. Posó al bebe en la mesa y dirigió sus pasos a la puerta.

Un nuevo llanto retumbó en la habitación y Frigga regresó presurosa al lado del lloroso niño, cuyos gemidos eran aún más potentes que antes.

- No, no, no – dijo Frigga en tono tranquilizador, cargando una vez más al bebe – No, no llores. Aquí estoy, aquí estoy – acarició su mejilla – Aquí estoy, hermoso.

Tardó más tiempo esta vez en calmarlo y, una vez que consiguió dormirlo de nuevo, lo envolvió en otra cobija más abrigadora y se lo llevó de la sala de curación sin mirar atrás, ni prestar atención a las extrañas miradas que recibía de parte de sus súbditos. Recorrió los pasillos del castillo con su vista fija en el pequeño bebe y cantando en voz baja. ¿A quién quería engañar? Nadie aceptaría a un bebe jotun como su hijo y, aunque pudiera aparentar ser uno, tarde o temprano lo descubrirían e indudablemente le harían daño, incluso podrían matarlo. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en dicha posibilidad. Negó con la cabeza, acariciando la mejilla del dormido infante. No, no permitiría que lo lastimaran. Lo cuidaría, lo protegería y lo criaría como su hijo, tal y como Odín quería. Ese hermoso y dulce bebe merecía una vida, un hogar, una familia y amor, mucho amor. Ella le daría todo eso. Ya después vería como hacer cambiar de parecer a su obstinado marido en cuanto a los planes políticos. Bajó su cabeza y presionó sus labios contra la frente del bebe, sonriéndole. El pequeño se movió entre sus cobijas, apoyando su cabecita en su pecho. Frigga suspiró encantada.

La reina caminaba a lo largo y ancho de su celda con una mano sobre su estomago. El estar recluida comenzaba a inquietarla y las más recientes noticias de parte de Sygin no había hecho más que acrecentar su nerviosismo y preocupación. Angerboda lideró un ataque contra Midgard, durante el cual Loki resultó gravemente herido. El menor de sus hijos se hallaba en un estado delicado, inmerso en una trampa mental creada por esa despreciable hechicera y no daba señales de despertar pronto. Mientras tanto, un veneno corroía su interior, haciéndolo perder grandes cantidades de sangre y destruyendo sus órganos internos con lentitud.

- Necesitas serenarte – habló Odín. El rey se encontraba sentado en el suelo, con su espalda apoyada en las rejas de la celda.

- Mi hijo está debatiéndose entre la vida y la muerte, no puedes pedirme que me calme – indicó Frigga sin mirarlo.

- ¿Tan poco confías en tu hijo? – inquirió Odín con seriedad. Frigga se detuvo, encarándolo.

- Ya son cinco días, Odín – puntualizó Frigga – Un hombre con el poder de Loki habría escapado de esa ilusión en cuestión de horas. ¿Y qué si no puede? ¿Si algo lo retiene? ¿Si necesita ayuda desde el exterior? Ninguno de los amigos de Thor conoce de magia. No hay absolutamente nadie que pueda auxiliarlo.

- Entonces habrá que confiar en sus habilidades y en su fortaleza – señaló Odín.

Frigga negó con la cabeza derrotada y exhausta. Se sentó en el suelo cabizbaja, rogando, implorando a cada deidad del universo que su amado hijo emergiera victorioso de todo esto. Que regresará a su lado y lo pudiera estrechar entre sus brazos. Recargó su nuca en las duras barras de su prisión, ladeando su cabeza a su derecha con el fin de observar a lady Sif y los Tres Guerreros planificar su nuevo intento de escape. Hasta ahora todos habían terminado infructuosamente. En verdad, esperaba que esta vez funcionara.


Se obligaba a continuar caminando. Se obligaba a no prestar atención a los cientos de cuerpos esparcidos a su alrededor. A los charcos de sangre que pisaba. A los gritos desconsolados y desesperados que taladraban sus oídos. A la tormenta que caía sobre él y lo empapaba de pies a cabeza. Debía alcanzar la montaña, debía escapar de ahí.

Apresuró sus pasos con el objeto de atravesar ese tétrico paraje velozmente, mas lo único que consiguió fue tropezarse. Cayó al suelo, manchando su ropa, manos y cara de una combinación de tierra, agua y sangre. Gruñó frustrado, echándose para atrás el largo cabello. Se levantó e iba a proseguir con su marcha cuando se percató de la presencia de alguien más por el rabillo de su ojo. Giró su cabeza hacia la derecha. No podía precisar exactamente de quien se trataba, pero a juzgar por la pequeña estatura y lo delgado de su cuerpo, lo más seguro es que fuera una mujer. Estaba sentada en el suelo, con su cabeza agachada.

Dudó por un instante entre acercarse a ella o alejarse e incluso aguardó a escuchar el consejo de la etérea voz en vano. A penas puso un pie en esa parte del trayecto, la voz se acalló, dejándolo a su suerte y Loki no podía evitar sentirse abandonado. Suspiró y se dirigió a la mujer. Su cabello era negro, largo y suelto. Su piel blanca, levemente bronceada por el sol. Usaba un largo vestido blanco, que escurría sangre. La rodeó para poder verla de frente y toda fuerza lo abandonó al reconocerla. Sygin.

La mujer levantó su cabeza, clavando sus vacíos ojos en los de él. Su rostro estaba manchado del rojo líquido, al igual que sus manos.

- Loki – pronunció en voz áspera. Movió su cabeza, inspeccionando sus alrededores – Es impresionante el número de seres a los que has privado de la vida.

El Dios del Engaño, se dio la media vuelta, prediciendo hacia donde llevaría esa conversación. Lo menos que necesitaba era que le provocaran un sentimiento de culpa y remordimiento. Sus ojos se abrieron como platos y el aire escapó de sus pulmones de golpe. Contempló con horror el suelo. Dos pequeños bultos, cubiertos por sabanas manchadas de rojo yacían allí. Dio un paso hacia atrás, chocando contra algo duro. Se giró rápidamente topándose con Sygin, quien lo veía con odio.

- Ni siquiera tuviste piedad de tus hijos, de tu propia sangre – le reprochó la mujer con desprecio.

- Su muerte no fue mi culpa y lo sabes – aclaró Loki turbado.

- ¿En verdad? – preguntó Sygin dando un paso hacia él - ¿Y Theoric? ¿Y Balder? ¿Y los jotun que masacraste? ¿Y los humanos que pisoteaste como insectos? ¿Eso tampoco fue tu culpa? – ambos estaban a un palmo de distancia y el Dios del Engaño tenía toda su atención fija en su antigua esposa – Eres un maldito monstruo, Loki. Un monstruo sin alma, sin corazón – un ruido a su izquierda - Eres un experto en destruir todo lo que tocas – a su derecha - Lastimar, humillar, matar, es para lo único que sirves – giró su cabeza a todos lados. Los cuerpos comenzaban a moverse, a alzarse – Tú destino es perecer sólo, abandonado, sin nadie – dio un paso hacia atrás, sus ojos moviéndose con rapidez de un cuerpo a otro, de un muerto a otro. Todos hablaban. Todos susurraban. Un nombre. Una palabra. "Loki" - ¿Sabes por qué? – el hombre devolvió su vista a la Diosa de la Fidelidad. Su semblante estaba transfigurado por la ira, el odio y sangre escurría gota a gota de las puntas de sus dedos. Loki quería correr, huir, desaparecer, no obstante, parecía estar pegado al suelo por una misteriosa fuerza – Porque cada persona que te ha amado te has encargado de destruirla. Porque eres incapaz de amar. Porque no mereces ser amado. Mereces el odio, el desprecio, el repudio. Eso es lo que mereces. Y eso es todo lo que tendrás por lo que te resta de existencia.

Una mano sujetó su brazo izquierdo y Loki giró su cabeza, encontrándose con el cuerpo ensangrentado y podrido de Balder. Empujó el reanimado cadáver y emprendió la huida con toda la rapidez que sus exhaustas piernas le proporcionaban. Uno a uno los muertos intentaron frenar y obstruir su camino, mas sorteo a la mayoría haciendo uso de toda su destreza. Cayó al suelo de rodillas unas cuantas veces, ya fuera por lo resbaladizo del suelo o por que alguno de los cadáveres lograba asirlo. No supo cuanto corrió, pero no paró hasta hallarse fuera de ese paraje y a considerable distancia de él.

Apoyó sus manos en sus rodillas, temblando de arriba abajo sin control. Se precipitó al suelo exhausto y completamente alterado. Se llevó sus manos a la cabeza y empezó a jalarse el cabello, respirando con dificultad. Lagrimas recorrían silenciosamente sus mejillas y miraba ansioso los bordes del tramo del que acababa de escapar en espera de que los muertos lo siguieran hasta allá.

El viento acarició su rostro y la suave voz retumbó en sus oídos una vez más. Probablemente fuera su actual estado de nerviosismo, pero era incapaz de entender una sola palabra. Un dulce aroma alcanzó su nariz. Loki cerró los ojos, inhalando profundamente. Flores. Frutas. Cítricos. Inhaló y exhaló, concentrándose en la voz. Poco a poco, su ritmo cardiaco disminuyó y su respiración se serenó. La fragancia le evocaba paz, seguridad. Le era conocida, sin embargo, al igual que la voz, no podía determinar de dónde.

Irguió su cabeza, pasando una mano por su desaliñado cabello. Se vio gratamente sorprendido al percatarse de que con su carrera de hace unos minutos había avanzado más que en todos los días anteriores juntos. La pequeña pendiente estaba a, según sus estimaciones, un poco más de un kilómetro de distancia. Sus labios se curvaron en una media sonrisa triunfal. Se puso de pie y reanudó su trayecto.

Recorrió un largo tramo por lo que parecieron horas, sin notar realmente algún cambio en la distancia. El viaje empezaba a causar estragos en él. Llevaba días caminando, sus piernas se encontraban agotadas y con su más reciente carrera, a duras penas y podía moverse. El inamovible sol lo tenía aturdido y lo único que lo mantenía de pie caminando era el maldito deseo de despertar y vengarse de Angerboda. Esa mujer aprendería a no jugar con su mente.

Un rayo cruzó el firmamento, seguido por un potente trueno que lo hizo saltar varios centímetros en el aire espantado. Uno tras otro, decenas de rayos iluminaron el ahora oscuro cielo y el ruido explosivo de los truenos irrumpió en el ambiente. El Dios del Engaño tapó sus oídos, suponiendo el significado detrás de la inesperada tormenta eléctrica. Se presionó para continuar, mas fue interrumpido por un rayo que cayó peligrosamente cerca de él. Consideró por un momento el quedarse inmóvil en ese punto y aguardar la siguiente ilusión preparada por su captora, pero la idea de enfrentar a Thor, que sin duda era el causante del fenómeno meteorológico, no le agradaba en lo más mínimo. Destapó sus oídos, bufó molesto y dio un par de pasos más.

Una carga eléctrica recorrió todo su cuerpo y el fuerte trueno retumbó en su cabeza. Se desplomó al suelo, su mirada oscureciéndose. Respiró con dificultad, percibiendo un fuerte dolor en su abdomen. Giró sobre sí mismo para quedar acostado bocarriba. Percibió una nueva presencia cerca de él y ladeó su cabeza para poder vislumbrarla mejor. Un resoplido de exasperación escapó de sus labios al posar sus ojos en la imponente figura de Thor. ¿Acaso Angerboda no podía ser menos predecible? Se sentó con dificultad y volvió su cabeza hacia el Dios del Trueno. El semblante de Thor era duro, cruel, impregnado de desilusión y odio.

- Sorpréndeme, Thor – pidió Loki con sorna, poniéndose de pie – Dime cuánto me odias. Vamos, me muero por oírlo.

Su respuesta fue inesperada. No bien había logrado erguirse, Mjolnir lo golpeó de llenó en el pecho lanzándolo varios metros por el aire. Loki cayó aturdido, sin aire y adolorido. Bueno, al parecer, Thor no venía con ánimos de platicar. Intentó alzarse de nuevo, mas otro rayo lo sacudió enteramente, postrándolo en la tierra. Soltó una bocanada de aire pasmado. Escuchó los fuerte pasos de Thor aproximarse a él, no obstante, permaneció paralizado, su cuerpo sufriendo de un agudo dolor general y falta de energía. El Dios del Trueno se detuvo a unos pasos de él a su izquierda. Ambos se vieron a los ojos, Loki aguardando algún reproche u otra agresión. Sin embargo, ninguna de las dos opciones ocurrió. El rubio se agachó y colocó a Mjolnir sobre el pecho del Dios del Engaño y Loki podría jurar que oyó un crujido proveniente de sus costillas al instante. Thor se enderezó, le dedicó una postrimera mirada de decepción y se marchó.

Loki posó sus manos sobre el martillo y trató de apartarlo de él, sin obtenerlo. Interesante. Ni siquiera en su propia mente era digno de empuñar a Mjolnir. Resopló frustrado, girando la cabeza hacia la derecha. Entreabrió su boca incrédulo. ¡Estaba al pie de la montaña! ¡Había alcanzado la loma! ¡Y tenía un maldito martillo sobre él que le impedía moverse! Maldita sea. Bufó furioso y volvió su vista al frente, encontrándose con una conocida persona de pie junto a él. Frigga, reina de Asgard. Su madre.

La mujer lo observaba con una mezcla de sentimientos. Dolor, desprecio, aversión,… decepción. Loki quiso moverse, mas el peso de Mjolnir sobre su pecho pronto le recordó que eso no era una opción. Evitó suspirar una vez más. No le quedaba nada más que darle la cara a la ilusión de Frigga y concluir con esto lo más rápido posible.

- Madre… - comenzó Loki con serenidad.

- No soy tu madre – corrigió Frigga con frialdad.

- Me alegra que estemos de acuerdo en eso – apuntó Loki con sarcasmo. La reina negó con la cabeza, sus ojos vidriosos. El Dios del Engaño apartó su mirada de ella, incapaz de ver su triste semblante y recordándose a sí mismo que se trataba de una mentira, una invención de Angerboda.

- Recuerdo el día que llegaste a Asgard – habló Frigga. Loki frunció el ceño – Lucías tan inocente, tan indefenso, que no pude decirle que no a Odín cuando me propuso criarte como nuestro hijo. Ahora me doy cuenta del terrible error que cometimos. Debimos dejarte morir cuando tuvimos la oportunidad.

- Oh que pena – se burló Loki, percibiendo una opresión en su pecho que nada tenía que ver con el mítico martillo.

- Me cuesta creer que el dulce niño que yo crié se convirtiera en este… monstruo – continuó Frigga, su rostro surcado de lagrimas – Supongo que era lógico. Siendo un jotun, era de esperarse que en algún momento mostraras tu verdadera naturaleza. Me das tanta lástima, porque sin importar cuanto lo intentes, nunca vas a cambiar, nunca serás mejor que esta versión de ti. Naciste como un monstruo y morirás como uno.

- ¿Eso es todo? – inquirió Loki volviéndola a ver con indiferencia – Me impresiona tu falta de creatividad. Podrías reprocharme por las múltiples veces que trate de matar a Thor o por la muerte de Balder. ¿O qué me dices de cuando deje entrar a Laufey a la cámara de Odín? Por poco mueres en esa ocasión. Lo del monstruo ha alcanzado el rango de repetitivo, así que, si quieres en verdad causarme algún tipo de reacción, te aconsejaría que usaras todo tu ingenio.

La imitación de Frigga lo observó por un segundo antes de desaparecer. Loki bufó exasperado, percatándose de que Mjolnir seguía arriba de él obstruyendo cualquier movimiento que deseará realizar. Por supuesto que Angerboda no se lo dejaría tan fácil.

Suspiró, cerrando sus ojos exhausto. En vista de que era imposible que se moviera en un futuro cercano, aprovecharía el momento para descansar y recuperar fuerzas. Sin embargo, le fue imposible hacerlo. El eco de las palabras de Frigga se repetía sin cansancio en su cabeza. Naciste como un monstruo y morirás como uno.


Una semana. Hoy se cumplía una semana desde el ataque gestado por Angerboda en Boston. Una semana desde que Loki estaba postrado en esa cama del ala médica de S.H.I.E.L.D. Y su estado no daba indicios de mejorar pronto. Es más, empeoraba.

Darcy suspiró cansada, con su cabeza recargada en el borde de la cama y su mano entrelazada con la del hombre. Cerró sus ojos, percibiéndose severamente agotada. Entre el trabajo y cuidar a Loki era poco el tiempo que gozaba de descanso. Iba de la oficina al cuartel de S.H.I.E.L.D. y viceversa, haciendo pequeñas paradas en su casa cada mañana para bañarse y cambiarse de ropa. Tanto Jane, como Steve estaban en desacuerdo con esta práctica, mas era poco lo que podían hacer para persuadirla de lo contario. Oyó un rechinido del otro lado de la cama y entreabrió sus ojos para ver a Thor levantándose de su silla. El Dios del Trueno era un caso aún más preocupante. Sin importar las súplicas de Jane y las palabras de Fury asegurando que Loki estaba más protegido que el mismo presidente de los Estados Unidos, el hombre había sido fiel a su palabra y sólo se movía del lado de su hermano con el objeto de conseguir alimento para él y Darcy.

- Iré a la cafetería por sustento – anunció Thor – ¿Deseas algo en especial?

- Un pedazo de pastel – pidió Darcy sin moverse de su posición – Con mucha, mucha, mucha crema batida… Y helado… de chocolate. Todo de chocolate.

Thor asintió con expresión meditabunda y abandonó la habitación. Darcy se enderezó, sintiéndose ligeramente culpable con Thor. El pobre tardaría un poco en conseguir su pedido, sin embargo, la muchacha necesitaba un poco de privacidad. Miró a Loki por un largo rato.

- No sé si me escuches – habló Darcy – Dicen que los pacientes en coma oyen todo, pero tú no estás técnicamente en coma así que… - suspiró otra vez – Sé que últimamente no hemos estado muy bien y… ok… sé que hay mucho de lo que tenemos que hablar y… aclarar… pero… - mordió su labio inferior insegura – Te amo, Loki. Te amo. Como una idiota y… y no te puedes morir, ok. No puedes morirte antes de que te lo diga. Sé que debí de decírtelo antes, pero es difícil tener una relación contigo. Eres… eres tan difícil – bajó su mirada sintiendo las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos – Y no sé qué sientas tú por mí… es decir… no soy tan tonta de creer que tú también me amas porque… porque… no creo que seas el tipo de persona que se enamora así como así… de una mortal… pero sé que me quieres… sé que de alguna forma me quieres… y que soy importante para ti y… y… - Demonios. Ya estaba llorando de nuevo. Alzó su cabeza, clavando sus ojos en el rostro de Loki – Sólo despierta… ¿ok?... Sólo… sólo despierta. Lo demás no importa. Sólo… quiero a mi amigo de vuelta… Te extraño.

Dudó por un momento, mas se puso de pie. Se sentó en la orilla de la cama y se agachó hasta unir sus labios con los de Loki en un beso inseguro y dulce. Al alejarse, acarició la mejilla del hombre.

- Despierta, Loki – suplicó Darcy – Despierta.


"Despierta"

Loki abrió los ojos adormilado. La delicada voz en su oído repetía la misma palabra. "Despierta". El aire una vez más estaba impregnado de ese cándido aroma a flores y cítricos y podía sentir una sedante caricia en su mejilla izquierda. Llevó su mano a dicho punto. La sensación desapareció de inmediato, causando un agujero en su estomago. Suspiró por la nariz, incorporándose. Mjolnir había desaparecido junto con los rayos y truenos. Lamió sus labios, sintiéndolos inusualmente secos. Un delicioso y familiar sabor excitó sus papilas gustativas. Trató de especificar su origen, no obstante la tarea resultó infructuosa.

Se puso de pie y echó un vistazo a la pequeña pendiente delante de él. Rogando por qué no hubiera más obstáculos en su camino, empezó a subir la ladera. Para su sorpresa, arribó al punto más alto en cuestión de minutos. El paisaje era impresionante. Se trataba de un pequeño valle, de terreno plano, cubierto por el pasto más verde que hubiera visto en su vida. Al centro, dominaba el espacio un lago impresionante de azules y claras aguas. Habían contados árboles esparcidos a lo largo del sitio. Contempló el paisaje por un largo tiempo. Le resultaba conocido, familiar, como si ya hubiera estado ahí en incontables ocasiones. No obstante, era incapaz de traer a su mente algún recuerdo relacionado con él. Negó con la cabeza olvidando el tema y encaminando sus pasos al lago. Estaba ahí. Había llegado al punto donde posiblemente estaría la salida. Lo demás sinceramente no importaba.

Se detuvo a la orilla del lago y su mirada pronto se perdió en el azul de la superficie. Era… era extraño. El efecto del sol sobre el agua provocaba un brillo inusual. Un brillo cálido. Abrigador. Hermoso. Hincó una rodilla en el suelo, acercando su cara al agua. La voz retumbó de nuevo en sus oídos, esta vez sin que pudiera comprenderla. La fragancia inundó su nariz. El aire acarició su rostro, sus manos, cada espacio descubierto de su piel. Y el lago brillaba, con ese azul que le robaba el aliento. Le sonreía. Todo era tan familiar. Tan conocido. Tan acogedor. Tan seguro. ¿De dónde? ¿Por qué? Cerró sus ojos, concentrándose en descifrarlo.

Un ruido lo sacó de sus cavilaciones, desapareciendo de golpe todo. La voz, el aroma, las caricias, el brillo. Levantó su mirada. Sus ojos se abrieron como platos y todo color desapreció de su rostro. Una mujer estaba al otro lado del lago, sentada en la orilla con su pies sumergidos en el agua y moviéndolos juguetonamente. Cabello achocolatado, ondulado, que caía sobre su espalda libre. Llevaba puesto un fino vestido blanco sin mangas, que dejaba al descubierto sus blancos hombros. Sus azules ojos estaban inmersos en el lago y sus facciones contorsionadas en una mueca de absoluta alegría y diversión.

Krista…

Sygin…

Thor…

Frigga…

La joven levantó su cabeza, fijando sus ojos en los de él. Una impactante sonrisa de felicidad adornó su rostro y Loki percibió como si Mjolnir se posará en su estomago de nuevo. Darcy. Ahora era el turno de Darcy para torturarlo.

Un verdadero, incomprensible y abrumador pavor se posesionó de su cuerpo.


Y aquí está el nuevo y esperado capítulo (en verdad, jamás había recibido tantos mensajes de "¡Actualiza!"). Espero que compense la tardanza y me gustaría disculparme por ello. He entrado a una nueva escuela y eso me ha quitado gran parte del tiempo que utilizaba para escribir. También tengo que admitir que este capítulo no es uno de mis favoritos y realmente fue difícil sacarlo. Realmente difícil. Por suerte los siguientes cuatro capítulos son mis favoritos y ansío escribirlos, así que posiblemente me tarde menos que con que este.

Quiero agradecer a kukavendetta, a susan-black7, a Corazón De Piedra Verde, a Himmelstrasse, a faaa, a mokona . mabel, a danielabv, a Yiyukimo-ak, a anakaren . romosoto, a RemyStrawberry, a FlowerChain, a flipo12, a CuteLittleZombie, a anette, a tammy, a Caolinet Black y a la persona que me aparece sólo como Guest por sus comentarios; este capítulo es para ustedes.

Adiós ;)