Nota: Luego de mucho esfuerzo he logrado acabar el capitulo, mucho más largo de lo que imaginaba y pero era necesario y sé que sentirán que en este capítulo las cosas pasan muy rápido, pero era necesario, ya verán porqué. Como ya dije mi compu se descompuso, etc. Haré lo posible por subir el capitulo siguiente en la semana o en la que sigue, ando muy ocupada, pero haré mi esfuerzo, a todos les contestare por Imbox sus hermosos reviews y los que no tiene cuenta, aquí.
Jessy: No, aun no he abandonado este fic, porque aunque tardo mucho en actualizar no los abando.
Aileen: Me alegra que te haya gustado, ojala y te guste este también.
Marcy Hofferson Shortman: Me alegra que te haya gustado y en cuanto a Heather, bueno eso se irá viendo conforme avance el fic.
Karina: Me alegra que te hay gustado y bueno, aquí se verán parte de los planes de eso dos, espero que te guste
Diane: Hola, jajaja te llamas igual que yo, y si ese no es tu nombre real, bueno no importa, jajaj si son novio, sólo que ella no lo sabe aún y ¡Hasta se van a casar!
Posdata: Perdonen las faltas de ortografía y todo eso, no me da tiempo de corregir nada D:
Capítulo IV: Bola de nieve
Hipo masajeaba sus sienes tratando de calmarse, sentía que pronto le daría una jaqueca, el estrés se estaba acumulando, la mentira, la ansiedad, la enfermedad de su padre, todo en general sólo conseguían ponerlo tenso.
A su lado Chimuelo corría persiguiendo a los otros perros en el parque, contrario a los días anteriores el cielo estaba despejado y había sol, por lo que el doctor aprovecho para llevar a su perro a pasear, después de todo necesitaba relajarse un rato.
Una vez en el parque había dejado que un ansioso Chimuelo jugara con otros caninos, pues al parecer su propia ansiedad y estrés también era pasada a su mejor amigo.
Berk era un lugar lleno de áreas verdes, cosa que a veces atraía a los turistas, sobre todo a los que venían de ciudades grandes, donde los arboles eran carentes, pero sin importar cuánto tratara había algo con lo que Hipo no podía lidiar y eso era el sentimiento de estar atrapado en ese pueblo, pues no había nada interesante que ver y él era más un espíritu libre que disfrutaba de viajar, pero actualmente las exigencias de sus responsabilidades no le dejaban tiempo para nada y eso solo aumentaba el sentido de ahogo que vivía.
Cualquiera quisiera tener su vida, llena de lujos, podía tener lo que quería con sólo chasquear los dedos, una mansión más lujosa, un auto nuevo, la comida más deliciosa importada de los más famosos restaurantes, ropa a montones, pero nada de eso era lo que realmente quería, porque el dinero no podría curar a su padre, ni podría regresar el tiempo y solucionar todo lo que había hecho mal, mucho menos desmentir cada palabra que había salido de su boca en sus momentos de desesperación.
—"No me importaría casarme si es contigo…"—repitió por enésima vez— ¿en qué estaba pensando? —se dijo.
Instintivamente se llevo su mano a su pierna, justo donde estaba la prótesis, los recuerdos de aquel día le recordaron que tenía que pensar antes de hacer las cosas, porque lo admitía, había hecho muchas estupideces, pero esa era por mucho la mayor, hasta ahora…¿A dónde llevaría lo que acababa de hacer? ¿De verdad funcionaria el plan de Heather?
Los lloriqueos de Chimuelo lo trajeron a la realidad, el perro lo miraba con tristeza, como si supiera que pensaba y se obligo a sí mismo a poner buena cara, ya no quería preocupar a nadie, tenía que tomar las rindas de lo que estaba pasando.
—No pasa nada amigo—le acaricio la cabeza—tenemos que regresar, debo de ver a Astrid—aquel nombre salía de su boca con tanta facilidad que aún le sorprendía lo hermoso que sonaba y es que podía repetirlo una y otra vez sin cansarse.
******O******
Llego a su casa y lo primero que hizo fue darse un baño, quitándose el sudor de la caminata, para luego cambiarse de ropa, pronto tendría que regresar al hospital porque aunque todos le habían dicho que descansara y se tomara unos días él simplemente no pudo, aún tenía pacientes que atender, independientemente de los problemas personales que tuviera, por algo había estudiado esa carrera, pero ahora que lo pensaba hace mucho se había perdido de su objetivo inicial.
¿Por qué había decidido estudiar medicina? Esa era la pregunta que le pasaba por su cabeza desde hace al menos un año, tal vez más, como si todo el interés que tenia por ciertas cosas se hubieran difuminado, no era sólo con la medicina era con todo, porque una vez que la rutina comenzó a dominar su vida se sintió abrumado, le echaba la culpa a todos y se había vuelto algo amargado, aunque no dijera abiertamente, sus padres se habían dado cuenta y habían tratado desesperadamente sacarle un sonrisa sincera o algo sin lograrlo, poco a poco él se fue cerrado al mundo y a las personas, sin darse cuenta de que lastimaba a los demás, principalmente a sus padres.
Y de pronto Estoico comenzó a "presionar" para que tuviera una novia, para que saliera más, para que viviera su vida, pero Hipo simplemente se encerró en sí mismo, no tenía ganas de hacer otra cosa más que estar en el hospital e ir a su casa, en su tiempo libre jugaba con Chimuelo en el parque y paseaba con su auto.
—No deberías ser así con él, después de todo se siente culpable—había dicho Bocón, ante lo que Hipo había fruncido el ceño y evadido el tema.
Y aunque él sabía bien la razón de eso quería negarlo, evadirlo, no quería si quiera pensar en eso, después de todo era bueno en evadir temas, trabajos, responsabilidades, etc. Pero ahora evadir cualquier cosa se le hacía imposible, la bola de nieve se había formado y la avalancha que había creado estaba a punto de aplastarlo.
Suspiro repasando el plan de Heather, que era seguir fingiendo que Astrid era su novia, cuando la chica despertara convencerla para seguirle el juego, ya fuera ofreciéndole dinero o cualquier cosa, lo que fuera, en algún punto "terminarían" y en caso de que fuera antes de que su padre…bueno eso, se casaría con Heather o cualquier cosa, en caso de que su padre aún estuviera presente en su "boda" con Astrid después firmarían el divorcio y listo, asunto arreglado, en cualquier opción vería a su padre feliz y no iría a la cárcel, porque él nunca admitiría que atropello a la chica o en caso de que ella despertara y lo reconociera simplemente diría que está confundida por el golpe, acusarla de amnesia.
Aunque lo último se le hacía algo ruin y cruel. Le comenzaba a asustar aquello, pues él no era de las personas que utilizaran esa frase de "El fin justifica los medios". Pero en este caso era así.
Comió algo de lo que su madre había preparado, se lavo los dientes y salió de su casa, a toda prisa, tomo su bici y se dirigió al hospital, dejo estacionada su bici en su lugar especial y camino hasta llegar a la recepción, en donde saludo a todos de la misma forma que siempre, para registrarse y luego ir a su consultorio, mientras su perro se recostaba en su lugar especial.
Abrió la puerta de su consultorio, acomodo sus cosas, y se sentó en su cómoda silla, echa especialmente por él, al igual que muchas cosas ahí, se trono los dedos y se estiro, para luego sacar papeles del cajón de su escritorio, comenzó a analizar casos cuando se dio cuenta que había un folder en su escritorio, entrecerrando los ojos pudo reconocerlo a la perfección, en donde decía "Astrid Hofferson".
Abrió con cuidado el folder y saco las radiografías, para luego colocarlas a contraluz analizándolas una y otra vez como lo hacía desde que las había obtenido y es que el no participo en la operación de la chica ni en ninguna de sus lesiones, por el reglamento que impide que al ser familiar del doctor este lleve su caso.
Él era traumatólogo uno de los mejores y uno de los únicos 3 que residía en Berk, por eso fue una fortuna encontrar a otro que pudiera tratar a Astrid, pero al final Hipo término dando opiniones al respecto y participando en el caso.
Las lesiones había sido un tanto graves y la chica iba a necesitar rehabilitación, pero al menos era mejor que perder alguna extremidad, como lo había hecho él cuando adolescente. La joven se iba recuperar bien si seguía el tratamiento al pie de la letra, pero el verdadero problema radicaba en el daño cerebral que pudiera tener y las secuelas que esto pudiera dejar y aunque todos se mantenían positivos, no quería confiarse.
Al paso de las lentas horas y del ir y venir de los diferentes pacientes que atendía comenzó a aburrirse por primera vez de esa rutina, sintiendo la necesidad de un descanso.
Se estiro un poco y luego salió de su consultorio para ir al cuarto en donde se encontraba Astrid, no había señal de haber alguien cerca así que entro para encontrarse con la misma visión de siempre, a la chica con un montón de tubos y heridas, dormida.
Sonrió inconscientemente para darse cuenta de que ya era de noche, pudo ver por la ventana que el cielo estaba levemente despejado y filtraba un poco de la luz que proyectaba la luna dándole a la joven un aspecto aún más bello, se pregunto su cabello sería tan suave y sedoso como se veía, o sus labios tendrían el dulce sabor que prometía.
Frunció el ceño, no debería estar pensando eso, tal vez el estrés y todo eso comenzaban a confundirlo y a hacerlo pensar cosas que no eran y que no sentía.
Convencer a su madre de que Astrid era su novia había sido demasiado fácil, sin contar con el hecho de que su madre detestaba a Heather por ello su madre estaba más que feliz, porque no era precisamente Heather, aunque si sus planes fracasaban tendría que aguantarla.
Con un suspiro cansado se dirigió a la puerta, volvió a echar un último vistazo a la chica, aún tenía que contactar a su familia, pero era algo que no quería, porque en cuanto lo hiciera lo más probable fuera que mentiras se vinieran abajo, junto con sus planes.
******O******
Heather miraba fijamente a la chica entubada, su mirada denotaba rencor, estaba enfurecida, pero no lo demostraba, después de todo sabía bien como actuar, observo los tubos que mantenían con vida a la rubia y sintió la necesidad de cortarlos, pero no lo hizo, en esos momentos sus celos podían más con ella.
Inhalo y exilo tratando de controlarse, pronto sus planes saldrían a la perfección y tendría todo lo que siempre había querido, lo demás era inútil, simples daños colaterales, cosas sin relevante importancia.
—Finalmente nos conocemos—le murmuro al oído.
El sonido de la puerta al abrirse la sobresalto, haciendo que inmediatamente se alejara de la chica y fingiera que solo la estaba viendo.
—¿Heather?—la dulce voz de Hipo le hizo sonreír—¿Qué haces aquí?
—Hola Hipo—trato de sonar lo más natural posible—Buenos días para ti también—soltó una risita—sólo quería conocer a la nueva dueña de tus quincenas—el chico rodo los ojos.
—Bueno, creo que debo presentarlas Astrid—señalo a la joven que yacía inconsciente en la cama—ella es Heather y bueno, Heather ella es Astrid— bromeo colocando su brazo en el hombro de la modelo.
Ambos se quedaron mirando fijamente a la rubia que "dormía" plácidamente a sus expensas, aquella chica que había puesto el mundo de Hipo de cabeza en solo unas horas rompiendo con la extenuante rutina diaria y condenándolo a una mentira que probablemente destruiría toda su vida como la conocía.
—¿Estás seguro de esto?—él doctor asintió sin verla a la cara.
—No tengo otra opción, ya te lo dije—estaba segura que ni él se creía esas palabras, pero no era nadie para contradecirlo.
—Tu padre llega esta noche—el joven asintió, parecía estar preparado para eso.
—Lo sé, ya memorice el plan y si no improvisare—susurro, a lo que la morena asintió, parecía convencido de lo que iba a hacer.
—Eso espero—dijo apartándose y tomando su bolsa—debo irme, pero espero que las cosas salgan bien, te deseo suerte y si algo sale mal búscame—le dio un suave beso en la mejilla y salió a toda prisa.
Hipo se quedo mirando la puerta, aún cuando la chica ya se había ido y se atrevió a suspirar sonoramente, estaba cansado y Heather solo le había recordado la mayor de sus preocupaciones; que su padre llegaría esa noche.
******O******
Movió un poco su pierna tratando de disipar el entumecimiento que lo recorría desde la punta de su dedo hasta el final de su pierna, la que aún conservaba, había estado en la misma posición por bastante tiempo, no tenía la más mínima intención de moverse.
Miles de situaciones se planteaban y replanteaban en su mente, era el momento en que tenía que convencer a todos, incluso a sí mismo si era necesario, había llegado el momento de contactar a la familia de la chica, y no sólo eso, de recibir a su padre y darle una amplia explicación de lo que supone estaba pasando.
Se tallo la cara con exasperación y se revolvió el cabello, le dio un vistazo rápido a la chica y suspiro, algo en ella lo hacía relajarse y sentirse mejor, aunque fuese la causante de todo el desastre que ahora vivía, aunque no podía culparla del todo.
Se acerco a pasos lentos y la admiro como lo hacía desde que la había visto por primera vez, con su mano derecha trato de alcanzar su mejilla para acariciarla, pero justo antes de que lo hiciera unos pasos apresurados se escucharon fuera de la puerta que se abrió de golpe.
—¡Astrid!—un grito a viva voz se escucho por casi todo el hospital—¿quién eres tú?...
******O******
—¿Por qué no me lo dijiste imbécil?—una rubia gritaba histérica tratando de matar a su hermano, mientras el personal trataba de detenerla.
—¡Perdón, no pensé que se tratara de la misma Astrid!—el pobre chico se escondía tras una camilla inútilmente.
—¿Y de quién entonces grandísimo animal?—Hipo bostezo con aburrimiento, mientras que Patán y Patapez observaban la escena divertidos.
Y es que la rubia "loca" había irrumpido en el hospital como si se tratase de su propia casa gritando el nombre de Astrid y entrando en cada habitación hasta dar con la chica, Hipo quién había sido atrapado con "las manos en la masa" pensó que la chica se trataba de algún familiar de su falsa prometida y mientras era amenazado par decir ¿quién diablos era? Un chico invadió la habitación, siendo inmediatamente atacado por la extraña.
Y el hospital se convirtió en un caos total, mientras los gemelos seguían peleando, ya que al parecer la causa del problema era que Brutacio, sí lo oyen bien, conocía a Astrid, pero en el accidente no la había reconocido por la sangre y todo eso, además de lo tonto que podía llegar a ser, mientras que su hermana gemela Brutilda la "mejor amiga" de Astrid estaba muerta de la preocupación-aunque apenas unas horas antes se había dado cuenta- porque su amiga llevaba días desaparecida.
Cuando el pobre Brutacio quedo medio-muerto el Traumatólogo decidió que era el momento para intervenir, aunque Patán no parecía de acuerdo, junto con Patapez trataron de calmar a la rubia enfurecida.
—Aún no término con él—decía mientras era sujetada por Patán.
—Rayos que tienes fuerza, para ser una mujer—la chica decidió que era buena idea redirigir su enojo.
—Claro, ¿quieres que te lo demuestre?—un puño se estrello en la cara de su primo mandándolo al suelo.
Dispuesta a atacar nuevamente se giro hacia Hipo que inmediatamente coloco las manos en el frente mostrando rendición, a lo que la rubia sólo susurro un "cobarde".
—Muy bien, quiero saber lo que está pasando con mi amiga—y el momento había llegado.
—Yo te explicaré todo, pero por favor cálmate—fue la respuesta de Hipo tratando de bajar los humos de la joven.
—¿Eres el doctor que la atiende?—Patán se levando del piso limpiándose un poco de sangre de la boca producto del golpe.
—No, el doctor que la atiende soy yo y ese de ahí es su novio—murmuro.
—¿Novio?—Hipo comenzó a sudar frio—Astrid no tiene novio, si lo tuviera yo lo sabría, soy su mejor amiga—dijo con orgullo.
—En realidad, mira déjame explicártelo—la chica lo miro con desconfianza, pero pareció aceptar—pero no aquí, vamos a un lugar más…privado—ella asintió.
******O******
Se encontraban en un café cercano al hospital, el lugar estaba casi vacío debido a la hora, se encontraba a dos cuadras abajo del hospital y era un lugar mediano, en donde servían un café regular, pero el mejor para hablar esos momentos.
—Bien, escucho explicaciones, supuesto novio de Astrid—Hipo suspiro ante la chica que estaba cruzada de brazos.
—Era un secreto—dijo con muy convencido.
La chica entrecerró los ojos, pero no pareció protestar, pasaron unos tortuosos minutos en los que Hipo sintió que iba a ser descubierto, pero al cabo la chica salto llevándose las manos a la boca en sorpresa y de paso sobresaltándolo.
—Ahora entiendo todo, es por eso que a veces desaparecía, era para verte—lo señalo acusadoramente—ahora sé a dónde iba a parar todo ese dinero, era para ti—Hipo frunció el ceño.
—Sí, exacto—fingió—todo eso es cierto, íbamos a vernos a… ¿escondidas?—dudo—¿Ella desaparecía?—nuevamente fue ignorado.
—¡Ella me debe muchas explicaciones!—exclamo enojada mientras salía corriendo al hospital dejando a Hipo solo con la cuenta y muchas dudas.
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Y la bola se había hecho más grande y más grande, era obvio que no la podría parar, así que con un suspiro cansado se resigno a lo que vendría después, la mentira ya estaba dicha, solo faltaba que Astrid la aceptará, pero eso sería cuando despertará y para eso aún no había seña de que fuera a pasar pronto.
Miro su reflejo en uno de los grandes comercios cerca de la terminal de camiones, iba a recoger a su padre, pues en Berk no había aeropuerto y ya que no era un lugar muy poblado o turístico solo contaba con una no muy grande terminal de camiones que iban hacia cualquier parte mejor que ese.
El insomnio le estaba cruzado factura y grandes ojeras se extendían bajo sus ojos, se veía ligeramente pálido y desaliñado, pero estaba seguro de que no se veía ni la mitad de mal que se sentía, Chimuelo a su lado protesto al ver que su amo se había detenido a mirar un escaparate, a lo que Hipo siguió con su camino.
Una vez en la terminal metió sus manos en los bolsillos, mientras esperaba, no paso mucho antes de que una figure conocida salió por la puerta una maleta de rueditas.
—¡Hijo!—saludo su padre con una sonrisa, pero Hipo no pudo regresarle el saludo, estaba cansado física y mentalmente.
—Hola papá—saludo sin ánimos.
Un silencio incomodo se extendió por el ambiente, mientras Hipo batallaba mentalmente en la forma de decirle las cosas.
—¿Dónde está tu auto?—la pregunta lo saco de su enajenamiento.
—Vine caminando—respondió con evidente nerviosismo—quería hacer ejercicio, ya sabes…las largas jornada, necesitaba estirar mis músculos un poco—una risa nerviosa apareció de pronto.
—¿Te pasa algo?—vale, ya lo había notado, era momento de hablar—¿esto es por lo que hablamos antes de irme?
—¡No!—no se apresuro a decir—bueno sí, bueno no realmente, es que veras…—busco las palabras correctas sin encontrarlas.
Entonces su madre llego corriendo a abrazar a su padre y todo ese peso que sentía antes se fue de sus hombros con su madre era más fácil hablar y mientras presenciaba incomodo las muestras de amor que sus progenitores se daban, se le ocurrió que lo mejor sería regresar al hospital, era una forma de evadir las cosas, al menos hasta el día siguiente.
—Tu hijo tiene una noticia que darte—y ahí estaba la señal.
—Me voy a casar—soltó todo el aire que tenia retenido.
—¿Qué?—fue lo único que pronuncio su padre.
Hipo se mordió el labio y se removió incomodo en su lugar, estaba nervioso, soltar una noticia de tal magnitud no era fácil, sin contar que no era verdad y eso sólo provocaba que la bola de nieve se convirtiera en una avalancha.
—La tenía bien escondida ¿verdad?—chillo Valka con emoción.
—Pero, hijo eso es maravilloso ¿es Heather?—un sonrojo cubrió sus mejillas mientras su madre fulminaba con la mirada a su padre.
—No, en realidad se llama Astrid Hofferson—bajo la mirada.
—Espera un segundo…¿Hofferson?—¡Oh dioses! Su padre la conocía, sentía que el mundo se le vino abajo y pudo sentir como todo el color se le fue de la cara.
—¿L-la conoces?—pregunto temeroso.
—Su apellido me suena conocido—Henry tembló levemente, sintiéndose descubierto—pero eso no importa—Estoico comenzó a reír como normalmente lo hacía y le dio una palmada en la espalda—¿Por qué no nos habías dicho antes?
Las palabras cobraron vidas por si solas y salieron de su boca antes de ser pensadas—Porque no soy el único que tenía secretos.
******O******
Comenzó a abrir los ojos la luz de la mañana se filtraba por las cortinas de su consultorio, se había quedado dormido sobre su escritorio, escucho su cuello tronar al moverlo y gimió levemente cuando una punzada le recorrió la espalda, no era la primera vez que dormía así, pues como doctor había días demasiado pesados en el hospital, sobre todo cuando hizo su especialidad y el año de internado.
La noche anterior después de lo que había pasado prácticamente había huido, lanzando torpes disculpas y una excusa poco creíble y había casi corrido hasta el hospital en donde se encerró en su consultorio junto con Chimuelo quién lo miraba con reproche, finalmente se quedo ahí pensando en una buena forma de disculparse hasta que se quedo dormido.
La puerta de su consultorio se abrió dejando entrar a Bócon que no precia precisamente feliz, a lo que Hipo se sintió intimidado como si fuera un niño en espera de un regaño y es que eso era lo que realmente esperaba.
—Bocón, buenos días—hablo con voz ronca por el sueño mientras una humeante taza de café se posaba sobre su escritorio.
—¿Y bien?—lo vio cruzarse de brazos en busca de una explicación.
Apresuradamente se tomo el café sin impórtale quemarse la lengua y lo paso como si fuera agua sintiendo como este le daba un subidón de energía, cosa que realmente necesita.
—Bueno veras, ella se llama Astrid Hofferson y estamos saliendo desde hace…algún tiempo, pero ella quería mantenerlo en secreto, y yo insistía en que debíamos decirlo, pero ella no quería y hace poco le pedí que se casara conmigo y teníamos pensado decir toda la verdad, pero luego el accidente…—trato de explicar.
—Aja y supongamos que yo nací ayer—Hipo trago saliva sonoramente—¿en qué momentos la veías?
—¿Recuerdas cuando decía que iba a ver a Heather?—Bocón asintió—Pues en realidad iba a ver Astrid y la noche del accidente yo en realidad salí porque ella me dio que tenía problemas y quería verme y cuando llegue, bueno estaba…—no pudo continuar, porque ciertamente ser un mentiroso no estaba en él y ya no podía hablar más, a lo que Bocón pareció convencido, pero aún no del todo—escucha, no he dormido bien y aún no le he dicho a mi padre que ella está en el hospital ni lo del accidente, por favor no me preguntes más—rogo.
Bocón fue y coloco su mano sobre su hombro en señal de apoyo, cosa que Henry agradeció infinitamente, se levanto de su asiento.
—¿A dónde vas?—Hipo sonrió.
—A Ver a Astrid—dijo para luego salir por la puerta.
Con el ceño fruncido y el enojo a flor de piel se dirigió al cuarto de la chica, o más bien de la culpable de toda su desgracia, aquella que lo había convertido en un mentiroso y es que la falta de sueño, el estrés y el hecho de sostener la mentiría estaban causando en Hipo una reacción no muy buena.
Entro a la habitación como alma que lleva el diablo, se sentó en el pequeño sillón que estaba cerca de la cama de la chica, gimió con frustración y se revolvió el cabello.
—Esto se me salió de las manos—murmuro— ¡Todo esto es tu culpa!—señalo a la chica sin mirarla—¿A quién se le ocurre correr en medio de una carretera vacía a media noche?—dijo lo que pensaba sin más tapujos.
Iba a seguirse desquitando con la chica inconsciente, pero antes de que pudiera hacerlo levanto la vista y se topo con dos ojos azules y preciosos viéndolo fijamente, el aire se fue de nueva cuenta de sus pulmones, retrocedió unos pasos para volver a jalar aire de la sorpresa y ante esa mirada azul supo que la avalancha lo había alcanzado.
