Capítulo 4:

No era normal aquella desesperación. ¿Por qué no parar de dar vueltas un segundo y sentarse tranquilo? Aguardaba, algo desesperado. Caminaba intranquilo de un lado del departamento, hacia el otro. Refunfuñaba para adentros y afueras. Su estómago se encontraba contraído de nervios. Su mente no paraba de maquinar un solo segundo. ¿Cómo estará?, ¿se habrá arreglado?, ¿Estará llorando?, ¿Lo estará abrazando ahora?, ¿Por qué estoy más nervioso yo que ella? Estas y tantas otras preguntas cuyas respuestas parecían indiferentes a su llamado.

-Tranquilízate, Harry- se decía- a lo mejor se arreglaron y… ¿Por qué no llama?- tomó el teléfono para verificar que tuviera tono- Bien, anda. De todos modos, ¿por qué tan desesperado, Harry?- preguntaba para sus adentros.

-No lo sé- respondía en voz alta como un loco- a lo mejor me preocupa si sufre o no por culpa de él. Cuando lo conocí no parecía de los que hieren a las personas pero, si un solo llamado causa eso en ella…

-Pero ella quedó que hablarían si estaba mal, ¿por qué no te acuestas y esperas a que suene el teléfono, o a dormirte?

-Porque… no puedo, es demasiada intriga.

-¿Tomaste café?

-No… solo un poco- confesó en voz alta- pero descafeinado- bostezó.

-Ahí está. Vete a dormir, pareces un idiota.

-Pero…

-El teléfono anda, vete a dormir. ¿Qué más da?

-¿Y si toca la puerta y no la escucho?

-No tienes sueño tan pesado.

-Podría tenerlo hoy- se discutía.

-Bien, duerme en el sofá. Es cómodo, lo has probado otras veces. Ahí oirás cualquier ruido del pasillo del quinto piso, ahora, ¿puedes acostarte? Me pones nervioso- se quejaba internamente.

-¡Bien!- se sentó en el sofá y más tarde se acostó. Cerró los ojos y…- nada- se dijo- ¿contento?

-Bien, prende la tele, siempre te duermes con el canal de cocina.

-Lo último que me falta es que tú me digas lo que…

-Calla. Vamos, prende la tele.

-Bien- refunfuñó y prendió la tele.

Dicho y hecho. No hubo mejor somnífero que el de la voz del conductor de turno, que cocinaba, hasta lo que la conciencia de Harry captó, un soufflé de queso.

Imágenes de lo vivido aquel día con la pelirroja, arremetieron su mente. Y no fue eso solo. Su inconsciente parecía querer torturarlo con la pelirroja, ya que esa noche, al igual que durante el día, después de mucho tiempo, imágenes de lo vivido con ella, en sus años adolescentes, cubrieron sus nebulosos sueños.

-Ven Ginny- reía en susurro. Ambos corrían por el corredor tomados de la mano.

-Shh… van a oírnos- reía divertida- Shh…

-Nunca nos oyen…- el morocho se detuvo de sopetón, en medio del pasillo que transitaban torpe y apuradamente, generando así, que su novia chocara con su cuerpo, hecho que aprovechó para abrazarla por la cintura y besarla sorpresivamente- Te amo- sonrió.

-Y yo a ti… Vamos, ¡apúrate!- continuaba riendo por la adrenalina que le generaba estar corriendo a hurtadillas por los pasillos, buscando un lugar donde pasar la noche.

-¿Qué crees que haría el director si nos encontrara?- sonrió a la par que continuaba dirigiéndola a donde sea que surgiera la situación.

-¿Expulsarnos?

-¿Por correr? ¿De noche?, no lo creo.

-Y por todo lo demás. ¡Ven!- fue ella ahora quien tironeó su brazo doblando la esquina de un pasillo y cambiando de rumbo.

-¿A dónde?

-No lo sé- le sonrió.

-Aguarda… estoy cansado.

-Vamos no seas llorón…- él sin querer, tropezó con su pie delantero sin soltar la mano de la pelirroja, por lo que esta también cayo aún riendo, pero ya en un tono menos sutil. Terminaron enrollándose uno en el otro y girando sobre si. Cuando cesaron las vueltas, Ginny quedó encima de él, sonriéndole más divertida que antes.

-Eres hermosa- le dijo como tantas otras veces.

-Será porque tú me miras. Nunca me había divertido tanto con nadie. Eres…- lo besó lenta y dulcemente, atrapando sus labios en los suyos. Cuando dio por terminado el beso, se separó medio centímetro para susurrarle y aún sentir su respiración- eres lo mejor que me pasó en la vida. Siempre lo serás- Se quedó mirándola. Fue él quien, ahora, sonreía con una naturalidad que solo ella lograba.

-¿Cómo se puede ser tan feliz todo el tiempo?, sólo a tu lado- corrió un mechón de su pelo y lo ubicó detrás de su pequeña oreja. Se perdió unos segundos en sus ojos.

-No sé como haces pero… me cautivas. Yo que creía que los chicos de tu edad eran lo menos dulce que podía existir, y… tú tenías que resaltar y dar la nota.

-Sólo lo hago por ti. No diría lo que tu no me inspiras a decir… es que te veo y…- acercó su rostro para besarla, al contrario que la mayoría de las veces, apaciguadamente. Con pasión, pero lentamente. Disfrutando cada roce- Cada día me enamoro más de ti, Gin… ¿Qué haré cuando pase a depender directamente de tu presencia?, yo… no sé que haría si…

-Pues no lo pienses, porque aquí estoy y soy sólo para ti…- lo besó también. Escucharon pasos atolondrados por el pasillo. Ginny miró por el corredor y luego le sonrió a Harry- Hora de irnos, ¿amor?- se levantó y le ofreció la mano.

-Rápido que aún hay cosas que hacer- sonrió con sugerencia. Tomó su mano y comenzaron a correr nuevamente en dirección a las aulas.

El recuerdo se disipó como humo en su memoria tras oír cómo, en la vida real, tocaban la puerta. Abrió los ojos algo cansado y confundido por el repentino recuerdo. Si en siete años no había tenido nada referido al tema de su pasado con ella, a excepción de las charlas con la pelirroja, ¿por qué de repente comenzaba a soñarla? Cuando cayó en cuenta de la hora, y de quién obviamente tocaba la puerta, apresuró a poner sus ideas en orden, y su cuerpo en funcionamiento para dirigirse a la entrada. Abrió la puerta. Ella se le quedó mirando unos segundos y luego, sin decir nada, lo abrazó. Harry respondió igual. Cerró la puerta y se quedaron unos segundos así, de pie, uno frente al otro, abrazados como dos buenos amigos. Ella intentaba recuperar el aire que, al parecer, había desperdiciado llorando.

-Calma- acariciaba su pelo- ¿Fue tan terrible?- ella no respondió, solo lo abrazó más fuerte y escondió en su cuello, su rostro- Tranquila. ¿Quieres tomar algo?- ella negó con la cabeza- ¿Se enojó mucho?

-No- dijo simplemente- No se enojó. Lo entendió.

-Y, ¿por qué lloras, linda?

-Es que, lo entendió perfectamente… ni una súplica, ni un "piénsalo", nada. Simplemente dijo, "si eso quieres, démonos un tiempo". Es como si ya no le importara.

-No digas eso.

-Si… hablamos sobre lo de esta tarde y… nada, solo objetó un par de cosas…-jadeó y respiró hondo, como una niña que se ahoga en sus sollozos- Cuando dije que necesitaba pensar algunas cosas, aclarar ciertas ideas sin ser persuadida por él, simplemente dijo "bueno, si lo necesitas". Pensé que discutiría un rato, o intentaría persuadirme de lo contrario, pero… nada- se separó tan sólo un poco y lo miró- ¿Se habrá olvidado de mí, Harry?

-¿Cómo piensas eso?

-Es que…

-No lo creo, cielo. En verdad te comprendió, ¿no lo ves? Se dio cuenta que no podrías decidir acerca de su futuro juntos, si no te daba un espacio. Es genial, Gin.

-Pero, ¿así sin más?

-Y, ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que te aprisionara? Agradece que tienes un novio que te entiende, corazón.

-No lo sé. Simplemente no se siente bien- lo miró como cayendo en la cuenta de algo- ¿Y si tiene otra, Harry?... Yo…

-¿Cómo vas a pensar eso?

-Podría ser. Es la única explicación razonable que…

-Quizás él también está confundido. O quizás confía ciegamente en ti como para no perturbarse por el hecho de que tú te tomes un tiempo para pensar las cosas. Ginny no rompieron, simplemente tienen que pensar algunas cosas. Ninguno estará con otra persona en ese tiempo.

-¿Y si se da cuenta que no me ama, que prefiere estar sin mí?

-Jamás podría pensar eso.

-Si, ¿Por qué no? Además, si piensa que yo no lo amo, intentará sentir lo mismo él, es lo lógico, ¿no?

-¿Por qué no te olvidas de eso e intentas concentrarte en el verdadero motivo por el cual requerías un tiempo? Recuerda que tienes cosas que pensar, una familia que elegir o descartar. Además, dijiste que aprovecharías a analizar si su ausencia se extrañaba o no. Tú también debes aclarar lo que sientes o no por él.

-Si, pero esto…- sacudió su cabeza- me descolocó. Hasta le pedí que no se comunicara conmigo durante estos días, ya sabes, para hacer un proceso completo. No objetó nada, solo asintió. No lo sé, quizás ni necesite pensarlo porque ya todo acabó.

-No pienses así. Ven- la llevó a su propio cuarto y la recostó en la cama doble, tapándola con la manta fraternalmente- ¿Por qué no intentas dormir?, tienes los ojos rojos. Mañana será un nuevo día.

-Esperemos que uno mejor.

-Nos encargaremos de que así sea- le sonrió- Ahora duerme…- besó su frente.

-No quiero molestarte, puedo ir a la madriguera…

-No me molestas. Descansa, yo necesito un poco de lo mismo.

-¿Y dónde dormirás tú?

-En el sofá, ya me amigué con él, no te preocupes- volvió a sonreírle y se levantó dirigiéndose a la puerta. Le apagó la luz.

-Gracias, Harry.

-De nada, descansa- cerró la puerta. Apagó todas las luces y se acostó en el sofá, ya mucho más tranquilo.


Amanecía un nuevo día en aquel departamento. El alba se mostraba en todo su esplendor a través del ventanal de la sala de estar. Un rayo de luz, pequeño y escurridizo, alcanzó la vista de un Harry dormido, a patas sueltas, en el sofá. Abrió los ojos, encandilándose por el brillo que atravesaba sus pupilas. Cerró los párpados como para acostumbrarse a la nueva luz. Se desperezó a conciencia y, levantándose con ardua labor, se dirigió al baño, casi de memoria, ya que sus ojos no terminaban de abrirse. Al entrar, y más tarde cerrar la puerta, escuchó un ruido a su lado que llamó su atención.

-¡Lo siento!- dijo avergonzado volteando a darle la espalda a una Ginny desnuda en la bañera, cubierta solo por espuma.

-No, emmm… yo lo siento más. No debí osar a asearme sin…

-No te preocupes, mi casa es tuya también. Emm… te dejaré terminar, prepararé algo para desayunar, ¿quieres?

-Emm… gracias, y disculpa.

-Sin cuidado. Termina tranquila, lamento interrumpir.

-Gracias- dijo con rubor en sus mejillas, hecho que el morocho no pudo comprobar.

Harry, ya tranquilo, se dirigió a la cocina y comenzó a mirar la heladera, por dentro y por fuera, esperando que alguna idea sobre qué cocinar, surgiera de la nada.

-¡Harry!- lo llamó desde dentro del baño.

-¿Qué?- respondió desde la cocina.

-Ven un segundo, ¿puedo pedirte algo?

-Seguro- dijo mientras se acercaba a la puerta, pero sin animarse a atravesarla. Todo lo tímido que en su momento no había sido con ella, parecía serlo ahora, ya más grande y, con otros conceptos distintos, acerca de la intimidad personal y la de amigos.

-Mi bolsa está por ahí, la dejé hoy por la mañana, en la entrada, ¿serías tan amable de alcanzármela?

-Seguro, aguarda- fue por la misma y, cuando la tomó, volvió al baño- ¿Seguro que puedo pasar?

-Si, si, descuida- él entró, encontrándola igual que antes, pero ahora, previamente advertido al respecto.

-Ten- estiró el brazo con la bolsa en la mano. Ella estiró también el brazo, procurando que la espuma continuara tapando sus zonas personales. De la bolsa, tomó un anotador que estaba marcado en cierta página, y sacó una pluma (de esas que no necesitaban tinta) de uno de los bolsillos, y comenzó a hacer algunas anotaciones- Bien, el desayuno ya está, cuando quieras…

-Gracias- sonrió- No me demoraré más de cinco minutos.

-Lo que quieras- dijo y se fue.

Mientras él se cambiaba, adentro, en el cuarto en el que la pelirroja había pasado la noche, ella terminaba de asearse tranquilamente. Al parecer se había despertado temprano, ya que la cama estaba hecha, el cuarto, como si no lo hubieran usado, y aquella bolsa, al parecer la había traído de su casa.

La pelirroja salió del baño secando su pelo con la toalla y sonriendo de oreja a oreja. Le sorprendió ver que, el cuarto de baño también estaba impecable ahora.

-Bueno, parece que dormir te sirvió, ¿no?

-Eso parece- Se quedaron mirando unos segundos. Lo único que se escuchaba era el ruido que causaba su pelo, al ser secado por fricción. Ella miraba al suelo, y luego a su rostro- Estemm…- volvió a mirarlo. Le sonrió y, al no encontrar las palabras, solo se acercó, se puso en puntas de pie y besó su mejilla- Gracias por todo, de verdad- él sonrió también.

-Sabes que estoy para todo.

-Justamente, gracias por eso- se miraron unos segundos más.

-El desayuno…- señaló la cocina.

-Si, vamos.

Una vez ya sentados, desayunando, hablaban de cualquier otra cosa que no fueran los sucesos del día anterior.

-Oh, me olvidaba- dijo la pelirroja, luego de tragar un pedazo de tostada- Me he levantado temprano y, verte dormir en el sofá por mí me partió el corazón, por eso, lo primero que hice fue, salir y conseguir donde vivir, aunque sea alquilar algo…

-Sabes que no hay problema de…

-Si, pero no me parecería oportuno. Tú mismo lo dijiste. Además, preferiría discriminar ciertas cosas. Adoro que me ayudes, pero no puedo depender de la gente, no me siento cómoda.

-De acuerdo Gin, como desees.

-Y, por eso mismo, conseguí donde quedarme, aunque sea estos tres días antes de partir a Hogwarts, porque sigue en pie, ¿no?

-Por supuesto.

-Cuando volví, pasé a buscar mi bolso. Pensaba mudar parte de mis cosas ya, pero no estaría listo sino hasta después del mediodía, por eso volví y…- se sonrojó- me tomé el atrevimiento de utilizar tu ducha.

-Descuida, te invité a quedarte con todo lo que eso conlleva.

-Es que no quiero que pienses que me abuso- El sonrió.

-No, no pensaría eso.

-¿Qué tal si, mientras esperamos el mediodía, no hacemos algo?

-Oh, es que… quedé en visitar a Herms hoy, y, me invitó precisamente a almorzar.

-Oh- se entristeció- Bueno, supongo que iré al cine entonces.

-O puedes venir conmigo.

-¿A lo de Herms?- lo miró extrañada- no lo creo. No me gusta caer de sorpresa y…

-Pero no eres cualquiera, vamos, será más divertido todavía.

-No estoy segura. Creo que hay una película que de verdad quiero ir a ver, se llama…

-No importa, otro día vamos, hoy…

-No, en serio.

-Pero…- ella lo miró con reproche- De acuerdo, Gin, como tú quieras.


Harry volvía a casa, ya casi de noche, y luego de visitar a su castaña amiga. Subía las escaleras sumido en sus pensamientos sobre una conversación que había tenido con Hermione sobre sus preocupaciones de lo que pudiera estar sucediendo con Draco y su acompañante, las cuales, ahora eran también, preocupaciones de Harry. Estaba por abrir la puerta de su departamento cuando le taparon los ojos por la espalda.

-¿Qué…?

-Soy yo, pero tengo una sorpresa. Ven, voy a mostrarte el que será mi hogar estos días.

-Gin, acabo de llegar no tengo ganas de…

-Tranquilo- lo soltó y él volteó a verla- ven- tomó su mano y, cruzó el pasillo a lo ancho, abriendo la puerta del departamento que enfrentaba al del morocho- ¿Qué tal?

-¿Alquilaste el departamento frente al mío?

-¡Que perspicaz!, ¿no es genial?- sonreía.

-Pues… ¡si!, ¿Por qué no?

-Y no solo eso, como al fin de cuentas no fui al cine, me quedé cocinando y, ¿quieres cenar conmigo?

-Pues…- ella lo miraba suplicante- Bien, ¿Qué hay?

-Solo cosas sencillas, me aburre un poco cocinar.

-¡Oh!

Se sentaron. Ginny, primero, abrió un vino que al parecer había comprado a propósito y sirvió en dos copas parte de su contenido. Luego de brindar por el futuro, nada concreto, comenzaron a hablar de lo que Harry había estado haciendo con Hermione y aquellas preocupaciones que ella le había transmitido inevitablemente.

-No tiene porqué pasar nada.

-No, pero podría. Definitivamente podría, ¿no, Gin?

-Si pero, si tú eres fiel, ¿por qué dejaría de serlo él? O, ¿por qué dudar de él cuando antes no daba motivos?

-No lo sé, pero…

-No pienses en ello, harás un mundo de algo que no tienes idea- tomó su mano encima de la mesa. Él le sonrió y luego retiró su mano para tomar la copa y beber un prolongado sorbo.

Ella lo miró unos segundos y luego tildó su mirada en alguna zona del ambiente. Harry no entendió al principio e intentó seguir su mirada, pero nada, más que la pared, se encontraba allí. Luego volvió a mirarla.

-¿En que piensas?- ella sacudió su cabeza pero no respondió- ¿Qué?

-Nada- sonrió- Es que, no sé porqué, hoy estaba acordándome de nuestro tiempo de noviazgo, y de la primera vez que tú y yo… estuvimos juntos. No sé porqué vino a mi mente pero…- sonrió.

-Si…- sonrió con nostalgia recordando así, todas aquellas sensaciones que sintió entonces- Y, ¿qué con eso?

-Nada- suspiró- Fue especial ¿no?

-Claro que si.

-Nunca volví a sentir ciertas cosas. Nicco me mataría si supiera eso.

-¿Por qué?, sabe que fui tu primer amor. Todos saben que ese es el más complicado de olvidar.

-Igual. La verdad es que se merece tanto que soy incapaz de igualarme.

-Si piensas eso, probablemente no deberías salir con él.

-¿Por qué?

-Porque lo que tú sientes y piensas de ti misma, lo transmites inconscientemente al otro y, si eso transmites, quiéralo o no, él terminará menospreciándote. Es decir, si tú no te aceptas y quieres, ¿por qué lo haría él?- ella asintió dándole la razón y quedó en silencio. Bebió un sorbo de vino, mirando por la ventana. Suspiró.

-Pero, ¿tú no extrañas nada de eso?- dijo aún sin mirarlo y con curiosidad.

-¿Extrañar? ¿Cómo?

-Añorar- lo miró- sentir que, a veces algo de ese amor, provenga de quien provenga, sería una buena cura a todos los males del corazón. Porque si hay algo que recuerdo como si lo tuviera grabado en la piel, es esa sensación de que, no importaba el día que había tenido, cuando finalizaba contigo, era el mejor de todos. Y vivir así todos los días durante un año, ¡wow!- sonrió, provocando lo mismo en él al sentirse identificado con esa sensación- No recuerdo tanta felicidad junta, ni tan duradera- ella lo miró con una sonrisa que infundía melancolía pero ninguna insinuación.

-Si, claro que lo extraño. Es solo que, la vida me acostumbró a no esperar demasiadas cosas de los demás, a no ilusionarme, a no sentir esperanza muy seguido- sonrió con sorna.

-Pues es triste- le dijo sin más- De hecho, me da algo de lástima por ti. Cuando la esperanza invade el corazón, no hay felicidad más grande.

-¿Para qué quiero yo una felicidad tan banal?, si cuando la realidad vuelve esa esperanza se esfuma en un abrir y cerrar de ojos.

-Pero nadie te quita lo bailado. Esa sensación de plenitud, el creer que todo será espectacular al lado de una persona que de hecho te ama. Esa sensación no te la quita nadie, Harry- ella suspiró, mirando hacia el vacío. Él se limitó a observarla y sonreír.

-Puede ser. De todos modos, esa sensación la viví una sola vez, y acabó tan rápido que, ni tiempo tuve, de acostumbrarme a ser feliz. Quizás ese tipo de felicidad no esté preparado para mí.

-¡Que incoherencia!, se supone que con Ronney sientes eso.

-Pero no- interrumpió secamente lo que dio a entender a la pelirroja que ese tema no le gustaba- Con él siento otras cosas, pero no esperanza. Por más que lo quiera y sienta que es para mí, el mundo y la situación me hacen, verlo cada día más lejos de cualquier cosa relacionado con mi futuro- suspiró dando por zanjado el tema.