Al las tres y media de la madrugada de aquella noche Rick Castle daba por terminado su día laboral. Se despidió de sus chicos, con una mueca de cansancio absoluto, pero aún así, con una sonrisa en la cara. Mañana interrogarían al conserje, por lo que debía descansar para estar lo más cuerdo posible durante el interrogatorio .Pulsó el botón de la planta a la que quería ir, la puerta estaba a punto de cerrarse, cuando un cuerpo se interpuso entre dicho espacio.
—Mierda —Musitó cuando descubrió de quien se trataba.
—¡Oh, vamos! Podrías disimular un poco el odio que sientes hacia mí —Exclamó Kate tras entrar al ascensor—Aunque sé que, en el fondo, no me odias tanto como dices.
—¿No existe ninguna forma para librarme de ti? —Rogó el detective.
Kate lo pensó durante unos segundos.
—De hecho sí que la hay —Dijo ganando la atención de Rick. —Se trata de una especie de...pacto, no, en realidad, se trata de una apuesta.
Rick pulsó el botón para parar el ascensor.
—A ver, sorpréndeme. ¿Que quieres apostar?
—Quiero que apostemos sobre quien es capaz de resolver el caso antes. —Respondió, haciendo que el detective terminase riendo a grandes carcajadas.
—¿En serio? —Preguntó aún recuperando la respiración.— Kate, llevo años siendo detective, mientras que tú solo has escrito un par de best sellers, ¿crees que puedes competir contra mí? ¿O contra Lanie? ¿Contra Ryan? Pensaba que escribías novelas policíacas, no de ficción.
—Dices eso porque tienes miedo de que te gane.—Dijo la joven, manteniendo su cara de póquer. Aunque por dentro la sangre hervía en sus venas.
—Y, en caso de que ganes, ¿cuál sería tu premio? ¿Cúal sería el mío si gano yo?
—No sé —Dijo con ligero desdén Kate— ¿Qué te gustaría como premio?
—Quiero que dejes de seguirme —No se lo pensó dos veces antes de decirlo.
—¿Y…? —Preguntó Kate.
—Y nada más, es lo único que quiero.
—Bien, si gano yo, quiero que me dejes seguirte en tus casos. A ti, a Lanie, a Ryan...pienso basar mi próxima novela en un grupo de policías y necesito, eh...documentarme. —Rick se quedó quieto, confíaba en sí mismo y en sus amigos para ganar aquella estúpida apuesta. Pero había algo a lo qie no paraba de darle vueltas. El "Y si…?", ¿y si Kate ganase? ¿Y si tuviese que aguantarla todos los días?
—Vale —Respondió firmemente.
—Eh, quieto ahí, vaquero —Dijo cuando Rick se disponía a darle al botón para que el ascensor volviera a ponerse en marcha.—No he terminado.
—¿No te parace suficiente premio? —Dijo con los ojos muy abiertos.
Kate negó con la cabeza.
—Además —Dijo sonriendo, mientras Rick tragaba saliva, ligeramente nervioso por conocer su respuesta.— Quiero una cita.
Rick casi se atraganta al oírlo.
—De verdad, —Dijo tosiendo— De todas las bromas y chistes que has solatado esta noche, éste ha sido el peor.
—No era una broma —Dijo Kate, totalmente en serio.—Repito, ¿tienes miedo de que te gane?
—N-no —Dijo dubitativo.—Está bien, pienso ganarte esa maldita apuesta.
—Tenemos que sellarla de algún modo —Dijo Kate.
—¡Vamos, ni que fuésemos unos críos! —Exclamó Rick.
—¿Quieres que deje de seguirte?¿O no? —Preguntó Kate , alzando una ceja.
—Está bien, como quieras —Rick escupió en su mano y se la tendió a Kate, sabía que una chica tan remilgada como ella jamás haría un Pacto de saliva.
Pero contra todo pronóstico y rompiendo sus esquemas, Kate escupió en su mano y apretó la de Rick
—Joder, que turbio —Dijo éste tras limpiarse la mano en su chaqueta.—Pues ya está, ya la hemos sellado
—Pues muy bien.—Dijo Kate pulsando el botón para que el ascensor siguiese con su recorrido.
—Pues vale.
—Genial.
—Maravilloso.
"Pues puede ser que tenga ganas de besarte" Pensó Kate.
—Disculpad, —Dijo un detective cuando el ascensor se paró y abrió sus puertas— ¿Le pasa algo al ascensor ? Es que…
—No —Respondieron Kate y Rick al unisono.
Salieron a la calle, y el frío neoyorquino les azotó por completo.
—Hasta mañana, detective —Dijo Kate antes de que Rick se fuese.
—Adiós, señorita Beckett.
No lo sabían pero al girarse y tomar caminos diferentes, cada uno en la dirección opuesta, directos a sus coches, estaban sonriendo. Sin razón aparente.
Kate abrió la puerta de su loft, encontrándose con todas las luces apagadas. Pensó que su madre y su hermano ya se habían ido a dormir, hasta que vio un destello azul moverse a través del salón. Estaban jugando al Laser Tag. Al parecer, la madre de Kate se dio cuenta de que esta ya había vuelto, pues encendió las luces.
—Game over, chiquillo —Dijo refiriéndose a Noah, su hijo—¡La hija prodiga ha vuelto! ¿Qué haces aquí? Aquel detective tan guapo me dijo que ibas a pasarte la noche en Chirona .
—Ya ves, —Dijo Kate, encogiéndose de hombros.— Me dejó salir a cambio de una felación.
—¡Joder, Kate! —Se quejó su hermano— Podrías ahorrarte esos detalles.
—Oh, pequeño Noah —Dijo su madre acariciando la cabeza de su hijo— Que más hubiese querido Katie, todos sabemos que es mentira.
Kate rio mientras se aproximaba a la nevera para coger el bote de nata y echarse un poco directamente en la boca.
—Kate, ¿cuántas veces te he dicho que no hagas eso? —Reprochó Johanna de brazos cruzados.
—Mi casa, mis normas —Dijo Kate con un falso tono autoritario.—Mientras vivas bajo mi techo, la nata se tomará como yo diga, ¿entendido, jovencita?
—Bueno, eso de jovencita es discutible —Dijo Noah ganándose un manotazo por parte de su madre.
—Anda, venid aquí —Dijo su madre abrazando a sus dos hijos.
Mientras tanto, en un apartamento de Nueva York…
Rick entró a su casa arrastrando los pies, estaba muerto de sueño. Comenzó a desnudarse ; primero se quitó los zapatos, luego los pantalones y finalmente la camisa. Ni si quiera se molestó en recoger la ropa del suelo.
"Ya lo haré mañana" pensó. Se acercó a la nevera y cogió una cerveza bien fría, después de aquel día tan largo se lo merecía. Se tumbó en la cama y encendió un cigarro. Sí, aquel detective, tan estricto y tan correcto, fumaba. No estaba orgulloso de ello, la verdad, pero si cada día corría el riesgo de morir ¿que importaba?
Miró a su mesilla de noche, la foto de la joven pelirroja aún estaba ahí. Lauren Bardott, su ex novia. Esa joven que seguramente estaría ocupada con algún caso mientras se atiborraba de café para mantenerse despierta a pesar de que los párpados de sus ojos azules le pedían lo contrario. Sonrió ante ese pensamiento.
Llevaba tiempo queriendo deshacerse de aquella foto. Días, de hecho, meses. Pero no podía, le partía el alma en mil pedazos tener que dejar de ver su sonrisa. Pero hoy, algo había cambiado en él. No se sentía tan preparado y recuperado como para apartar la foto definitivamente, pero esa noche no se torturó más. Puso la foto boca abajo, la sonrisa de la joven había desaparecido, y ya no había tanto dolor para Richard. Pues una pequeña porción de su alma ya era libre.
N/A : No tenéis ni idea de lo realmente feliz que me hace ver que os gusta la historia, de verdad. Es una alegría indescriptible. Posiblemente parezca una exagerada pero así soy yo y así me siento. Gracias a los que os tomáis el tiempo de comentar, gracias de corazón.
