—¡Espera!

Si hubiera tenido las manos sueltas, gracias a sus reflejos, hubiera podido mantenerse en pie. Pero como no era así, cayó estrepitosamente al suelo de costado. Un fogozano de dolor nació en su hombro derecho y se extendió por todo su cuerpo. Había caído de lleno en él y sería un milagro si no estaba torcido o algo parecido.

Abrió la boca, intentando conseguir el mayor aire posible para mitigar el daño, mientras sentía como sus ojos se aguaban.

—¡Ah!— exclamó la otra chica, cuando la tiraron a su lado al igual que ella. Por poco y cae encima. Menos mal que esta vez si estuvo pendiente, pues pudo apartarse en el último momento, aunque con ello consiguió que los pinchazos en su hombro volvieran a aparecer.

Segundos después, cerraron la puerta de un fuerte portazo.

—¿Estás bien?— se apresuró a decir, cuando el silencio reinó en el lugar.

La oyó gemir, una mezcla entre hipo y sollozo, y en el momento en el que Marinette se incorporaba ahogando un siseo, se encontró con que ella estaba haciendo lo mismo. Se fijó en su rostro húmedo y rojizo y en las manchas negras de debajo de sus ojos provenientes del maquillaje corrido.

—Sí— musitó la chica, aunque sus pupilas estaban clavadas en el suelo.

La heroína suspiró, un nudo formándose en la boca de su estómago y tuvo que tragar para intentar aflojar el que se le había formado en la garganta. Miró a su alrededor, en aquel despacho donde las habían metido.

—¿Q-qué ha-harán con no-nosotras?— la sorprendió oírla.

En un principio, la peli-azul no respondió. Tiempo después, el aire fue expulsado por la nariz con fuerzas en el momento que apoyaba la espalda en la pared. Por el dolor, cerró los ojos y se mordió el labio inferior. No, no. No podía decaer ahora...

—No lo se...

Y no se le pasó desapercibido el estremecimiento que recorrió todo su cuerpo.

·

«En el momento que se abrió la puerta, todo fue un caos para Marinette.

Con el cuerpo temblando como si estuviera hecho de pura gelatina, el jefe la obligó a caminar delante de ella con el frío del arma apuntando en la parte media de su espalda. Tuvo que morderse con fuerzas el labio inferior, hasta el punto de casi hacerse sangre, para que las lágrimas no salieran de sus ojos.

Debía ser fuerte, se repetía una y otra vez, como si fuera su mantra.

Pero todo se desmoronó cuando escuchó una voz.

¡Marinette, no!

Al igual que si hubiera sido accionada por un interruptor, los ojos de la muchacha buscaron como loca al dueño de esas palabras y su corazón casi se le sale por la boca cuando descubrió el rostro desfigurado por el horror de su querida madre, que se encontraba abrazando a su padre, igual de conmocionado que ella.

Mamá, papá...—susurró sin llegar a emitir ningún sonido.

Un profundo agujero había aparecido en su pecho que amenazaba con consumirla. En realidad había sido cuando todo empezó, pero había puesto todo su empeño en ignorarlo y seguir adelante, dispuesta a enfrentarse a lo que fuera necesario. Pero ahora con la imagen de sus desolados padres...

Deseó que su madre la abrazara y le dijera que todo estaba bien, deseó que su padre le diera uno de sus característicos besos en la frente... Deseo estar en su familia...

Y fue en ese momento en el que descubrió la fina linea en la que se encontraba en esos instantes. Cualquier paso en falso o mínimo movimiento... podía ser fatal...

Tuvo que apartar la mirada, incapaz de aguantarlo más, porque sabía que podría desmoronarse de un momento a otro... Pero no estuvo segura si hizo lo correcto, ya que lo que vino a continuación no hizo más que destrozar su pobre corazón un poco más.

Y es que la visión de Chat Noir, en primera linea de batalla, mirándola con los ojos desorbitados y el pánico y la angustia desbordándose en su mirada rompió todas sus defensas.

Oh, gatito...fue lo único coherente que pasó por su mente.

De verdad, quiso sonreír y decirle que todo estaba bien, que al final saldría de esta... pero en esos momentos ni ella misma llegaba a creérselo, ni se veía con la fuerza necesaria para hacerlo. Sin embargo, sus pupilas se anclaron, una en la otra, y para Marinette fue como si de pronto hubiera encontrado un salvavidas en medio de un bravo y fiero océano. Un lugar al que aferrarse después de llevar tanto tiempo chapoteando, sintiendo ya los brazos empezarse a entumecer...

Creía en él. Creía en ese ligón y divertito gatito, tanto como para haber puesto la vida en sus manos miles de veces, y sabía que de alguna manera u otra haría lo posible para ayudar a todos los civiles que estuvieran en peligro.

De pronto, él se movió, parecía estar dispuesto a correr hacia ella, y el pánico inundó por un momento el cuerpo de la chica. No, no podía hacerlo. Ahora mismo no, no debía dejarse llevar por sus sentimientos.

Rogando a todos los cielos que lo entendiese, Marinette lo observó más intensamente. Habían sido miles de veces en las que se había comunicado con tan solo una mirada. Y aunque en ese momento había sido ella su álter ego, imploró que siguiese funcionando. Que Chat Noir siguiera confiando en ella de esa manera siendo la joven colegiala Marinette.

Y aunque costó un poco, finalmente... lo consiguió.

Advirtió como el cuerpo del chico se relajaba mínimamente, aceptando su muda petición, pero entonces su mirada pasó de afligida a determinada, incluso podría decir que con un punto de agresividad.

A Marinette le sorprendió el cosquilleo que pudo percibir por el encima del miedo y el desasosiego de la situación.

Alguien tiró de ella y cuando se quiso dar cuenta, un brazo había rodeado su cuello segundos después de que su espalda chocara contra lo que parecía ser un muro.

¡No lo repetiremos dos veces, os lo aviso! ¡Os hemos dado nuestras condiciones, si en dos horas no lo tenéis, pasarán cosas muy malas!

Marinette había cerrado los ojos inconscientemente, pero cuando descubrió que lo había hecho, rápidamente los abrió, ignorando la presión en su garganta que el hombre ejercía. Le costaba un poco respirar, pero el aire todavía podía salir y entrar de sus pulmones.

¡Tranquilo, señor! ¡Tranquilícese!— pidió el jefe de policía, alzando los brazos ante el silencio conmocionado de su alrededor— Estamos haciendo lo máximo posible para hacerlo en el menor tiempo posible. Lo único que pedimos es que no le haga nada a los rehenes. Todo está en marcha, pronto lo tendremos.

A su lado, Chat Noir tuvo que usar toda su fuerza de voluntad, y aún así casi perdió el juicio, cuando vio el rostro desfigurado de la joven. Sus manos se apretaron en puño, clavándose las uñas afiladas en las palmas, pero no echó cuenta al dolor. Toda su atención estaba puesta en Marinette y en su deseo por ahorcar al maldito que le estaba haciendo esto.

¿Cómo podía ayudarla? ¿Qué podía hacer?

Tenía las manos atadas (aunque no literalmente como ella -Joder...-) y ahora mismo se sentía adentrándose en un agujero muy profundo el cual no tenía ninguna salida.

Dos horas— repitió el jefe con voz monocorde— Un minuto de atraso y empezaréis a sacar los cuerpos en cajas. Y esta— pasó el pulgar de la mano que sostenía la pistola por la mejilla de la peli-azul y a Marinette le escapó un sollozo— será la primera.

Y lanzándole una mirada a su compañero con la otra chiquilla, Marinette tan solo tuvo tiempo de ver por un segundo a Chat Noir que había adelantado una pierna inconscientemente con la furia bullendo en sus ojos verdes, antes de que tiraran de ella de vuelta al interior del edificio.»

·

Marinette apenas tuvo tiempo de respirar, que el nudo que llevaba sintiendo en el pecho explotó, trayendo consigo las lágrimas.

Inclinó la cabeza hacia su pecho, odiando más que nunca el hecho de tener sus manos atadas pues no podía quitarse el rastro de lágrimas en su rostro. Después de todo este tiempo permaneciendo fuerte y estoica, finalmente había sucumbido a sus sentimientos y la coraza que la había estado protegiendo de las situaciones había sufrido una fisura.

Una fisura que comenzó con la imagen de sus padres y que fue imparable cuando sus ojos se conectaron los de Chat Noir.

Una pequeña parte de ella se preguntaba una y otra vez por qué tenía que ser ella la que estuviera aquí encerrada, por qué no podía estar fuera, junto a ellos, siendo LadyBug al lado de su gatito. Quiso esconderse en algún lugar. Su mente chilló por acurrucarse en una esquina, dejar el tiempo pasar y por un momento ser una muchachita asustada que nunca había visto el mal del mundo hasta que la vida le echó una mala jugada.

Pero entonces, un par de ojos verdes aparecieron en su mente y la respiración de su muchacha se cortó mientras que un sentimiento extraño y a la vez reconfortante se extendió por su pecho.

Recordó su mirada llena de angustia, de dolor y de frustración. Como quiso ir a ella nada más la vio para salvarla, como le juró con ella que la salvaría de lo que fuera...

Y un fuerte deseo la consumió.

Deseó tenerlo a su lado y que la abrazara, que él la rodeara con sus brazos y pudiera esconder así la cara en su pecho. Porque a él le confiaba su vida y sabía que con él a su lado todo iría bien.

Gatito... susurró su corazón y alzando las rodillas, apretó su rostro contra ellas, en un patético intento de hacer que nada era real.

·

·

Pasó como si de una estrella fugaz en llama se tratase, y eso fue lo único que consiguió atraer su atención. No había apartado la mirada de la puerta desde el momento en el que la vio desaparecer dentro del edificio y su estómago no dejaba de revolverse por la cantidad de malos sentimientos y deseos que estaba conteniéndose.

Si no fuera por Roger, el cual lo había cogido del brazo y aferrado con fuerzas, no hubiera tenido la lucidez suficiente para saber que era una malisima idea hacer lo que estaba consumiéndolo en esos momentos.

"No lo hagas o podría ser peor", le había dicho tenso.

Y se detuvo, hizo caso a sus palabras porque el solo pensamiento de hacer algún mal (o incrementar lo ocurrido en este caso) a Marinette, lo hacía sentirse como un monstruo. Justo lo que eran esos hombres.

Los que pagarían lo que estaban haciendo.

—¿Qué...?

Algo no andaba bien, porque al ver eso, algo dentro de él (lo poco que todavía no estaba consumido por la situación) se había removido, como si eso... fuera... importante.

¿O es que se estaba volviendo loco?

Sus piernas se movieron solas y cuando se quiso dar cuenta, gracias a su bastón se alejó del lugar por los aires. No quería hacerlo, su propia mente se horrorizaba ante la idea de alejarse del lugar... de ella..., pero no podía quedarse más tiempo quieto. Su cuerpo le obligaba a moverse y hacer algo o sino explotaría de un momento a otro.

Y aunque parecía una nimiedad, tenía que aferrarse a algo o sino se volvería loco mientras esperaba.

Saltó hasta el tejado del edificio más cercano y desde las alturas observó las vistas.

Distinguió a todos los policías rodeando el edificio, a la cinta que separaba a los civiles de la zona y a las personas que no dejaban de murmurar entre ellos, llorar o rezar para que todo terminara bien y rápido.

Por un momento pensó en buscar una forma de entrar allí sin que nadie se diera cuenta. Él era un felino, podía meterse en los lugares sin hacer ruido ni mostrar su presencia, y cogerlos así por las espaldas... pero el problema era que no sabía que hacer cuando lo hiciera.

Eran cinco hombres, todos armados y sin ningún remordimiento junto a una veintena de rehenes.

En esa ecuación no podía salir nada bien, y si lo pillaban, todo sería aún peor.

—¡Mierda, mierda, mierda!— gruñó llevándose una mano al rostro.

¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía salvarlos a todos?

¿Cómo podía llegar... a ella?

—¿Chat Noir?

Su cuerpo se tensó por la sorpresa, pues no se esperaba a nadie a su lado allí en las alturas, y cogió el bastón, preparándose para cualquier ataque.

Y entonces lo vio. De pronto, apareció frente a sus ojos y el joven pegó un bote hacia atrás por la impresión.

—¡Chat Noir, tienes que ayudarme!

Se trataba de un bichito rojo... con motas negras.


Bueno, bueno, a Marinette cada vez le cuesta más mantenerse fuerte y nuestro gatito va a volverse loco sin no hace algo ya. ¿Cómo creéis que ayudará esta nueva incorporación? Por cierto, sabéis quién es, ¿no?

¿Por fin podrá Chat entrar a rescatarla?

¡Lo veremos en el siguiente capítulo!