Luke Skywalker contempló la impresionante vista que revelaba el transpariacero del enorme ventanal. Su mandíbula se descolgó sin que pudiera evitarlo. Sí, ya hacía cuatro años que había dejado atrás Tatooine y el resto de su sencilla vida, y aunque pudiera parecer poco tiempo, en esos cuatro años había recorrido la galaxia de punta a punta, visitando cientos de planetas en sus misiones con la Alianza Rebelde. Sin embargo, nada podía prepararte para semejante visión. Coruscant aparecía ante él de forma sobrecogedora. Sí, Coruscant, ése era su nombre y punto. Lo de llamarlo Centro Imperial estaba fuera de toda opción. Desde luego que podían ejecutarlo simplemente por eso, pero teniendo tantos cargos sobre su cabeza- rebelde más buscado, responsable de la destrucción de la Estrella de la Muerte, aspirante a jedi…- lo de ser condenado a muerte por negarse a admitir el nombre imperial de la capital de la Antigua República era un verdadero chiste.

El joven jedi paseó su mirada por aquel sobrecogedor paisaje. Un planeta entero, y no de los pequeños, convertido en una ciudad sin fin. Una urbe gigantesca que tejía su red como una telaraña de permacreto, transpariacero y duracero gris, con miríadas de luces iluminando los rascacielos y un incesante tráfico de incontables vehículos circulando a miles de niveles, tan denso que podía apreciarse cuando aún estaban a varios cientos de kilómetros sobre el planeta. El sol hacía relucir la artificial superficie como si fuera una piel metálica. No había ni rastro de naturaleza. Ni un río, ni un bosque. Ni siquiera un desierto como su árido planeta natal. Todo había sido destruido para fabricar aquel coloso imponente, aquel planeta artificial que se había construido primero para ser el símbolo de la democracia en la República y que había crecido monstruoso para representar el maligno poder del Imperio.

Una puerta se abrió a su espalda, y el joven jedi tuvo que parpadear para volver a la realidad.

- Señor, nos aproximamos al Centro Imperial. Lord Vader le ordena que acuda de inmediato a su hangar personal.

Luke miró al joven suboficial, que bajó la mirada en señal de respeto. Eso le sorprendió. Lo último que hubiera esperado era un trato tan cortés.

- Gracias. Ahora mismo voy.- contestó.

Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso en su dirección, el suboficial inclinó levemente la cabeza y salió, cerrando la puerta. Luke parpadeó de nuevo. ¿Se suponía que no iba a ser escoltado hasta el hangar? Miró a su alrededor, paseando la vista por la elegante habitación en la que había permanecido desde que abandonara la habitación del centro médico. Era muy extraño. Vader no lo estaba tratando en absoluto como un prisionero y esa circunstancia le causaba una mezcla de inquietud e irrefrenable curiosidad. Se acercó a la puerta de la estancia y antes de posar la mano en el pomo, un pensamiento cruzó su mente. Vale, sí, era una locura, pero… ¿Podría… escapar? El pomo giró y la puerta se abrió, revelando el austero pasillo, tan oscuro como solitario. Parpadeó perplejo. Miró hacia la derecha e izquierda. No había ni un alma y la Fuerza le decía lo mismo que sus ojos. Sentía que los motores del Ejecutor habían disminuido su potencia, situándose en modo orbital. Pero nada más. No había nadie en muchos metros a la redonda. Caminó un paso adelante, observando con cuidado e incredulidad. Si al menos tuviera su espada de luz…

-"Supongo que no estarás intentando trazar un inútil plan de fuga…"-

Luke Skywalker pegó un bote de puro sobresalto. La voz de su padre llegaba tan nítida que resonaba en su cabeza. Pero evidentemente, no había nadie allí.

- ¿Cómo demonios…?

-"Tienes dos minutos estándar para presentarte en el hangar".- la gélida voz de Vader volvió a tronar en su mente. El muchacho se giró de nuevo.

- ¿Cómo haces eso?- casi gritó al solitario pasillo.

-"Un minuto y cuarenta y cinco segundos"- advirtió de nuevo la severa voz.-"Y no necesitas gritar para que pueda oírte."

Luke tragó saliva ante la advertencia.

- Está bien, está bien.- meneó la cabeza y después cerró la boca… ¿Podría hacer él lo mismo? En lugar de hablar, intentó pensar en las palabras que iba a decir. Pero la amenazadora voz de su padre resonó de nuevo en su consciencia.

-"Un minuto y veinte segundos…"

-"¡Ya voy!".

Luke Skywalker echó a correr a toda velocidad por el pasillo.

Darth Vader reprimió una sonrisa tras su máscara al ver aparecer a Luke sin resuello en el hangar. El chico intentó recuperar su compostura al detenerse frente a él. El Señor Oscuro sólo inclinó apenas la cabeza, señalando la rampa de acceso a su lanzadera personal. Luke obedeció sin replicar y subió por ella, seguido de Vader y el resto de oficiales. La tripulación ocupó sus puestos mientras que Vader y Luke tomaron asiento en la zona de pasaje. Los motores se encendieron y la lanzadera se movió grácil, saliendo con facilidad del hangar para zambullirse en la densa atmósfera de Coruscant. El joven jedi miró con curiosidad la nave. Era diferente del resto de lanzaderas imperiales. Parecía mucho más ágil y veloz, como demostraba el potente sonido de los motores. En general, las lanzaderas eran consideradas las naves menos "atractivas", no sólo en diseño, sino también en potencia y fiabilidad. Luke conocía al detalle todas las virtudes y defectos de todas las naves, no sólo de la flota rebelde, sino también del Imperio. Odiaba admitir que algo del Imperio le gustase, pero así era. Las naves imperiales eran realmente magníficas en comparación con las rebeldes. Algo nada extraordinario, teniendo en cuenta que los fondos de la Alianza Rebelde eran una limosna comparados con los del todopoderoso Imperio.

El Señor Oscuro observaba a Luke, quien permanecía ajeno a su escrutinio y absorto en examinar su nave y en descubrir sus características técnicas. Otra vez la misma desquiciante sensación. ¿Por qué diablos ése chico se le parecía tanto? Otra vez, se corrigió. ¿Por qué diablos ése chico se parecía tanto a Anakin? Aunque, bueno, tenía que admitir que la pasión por el pilotaje y por cualquier tipo de transporte o navío era algo de su viejo yo que seguía existiendo en él. Se enfureció momentáneamente al pensar en Anakin, como siempre le ocurría, pero su furia se redujo al seguir examinando a su hijo. Necesitaba encontrar algo que no le recordara a… Anakin. Ciertamente, su estatura no la había heredado. No es que el chico fuera especialmente alto, aunque tampoco era bajo. Su complexión tampoco era la suya. Anakin había sido más fuerte a su edad… O, bueno, lo hubiera sido, si hubiera seguido siendo Anakin. Con veinticuatro años, que eran los que tenía Luke, Anakin ya se había convertido en Vader y había perdido su fantástica forma física, quedando reducido a un cuerpo mutilado y surcado de cicatrices. La furia volvió a apoderarse de él con mayor intensidad, lo suficiente para que Luke la sintiera. El joven jedi apartó su atención de la nave con un leve sobresalto. Miró a su padre, quien le devolvió la mirada. Estaba a punto de preguntarle si ocurría algo, pero Vader fue más rápido.

- Esta lanzadera es un modelo especial Y-T1500 modificado. No hay otra igual en toda la galaxia. Está equipada con seis motores de hiperpropulsión, lo que le permite surcar el hiperespacio a la misma velocidad con la que lo haría un destructor estelar de la clase Victoria.

Luke olvidó al instante su pregunta y el ávido interés volvió.

- ¿Tiene dispositivo de camuflaje?

Vader le miró. Luke pareció entre orgulloso y algo tímido al continuar.

- Me he fijado que posee unos escudos especiales en el fuselaje. Supuse que eran una especie de dispositivos de ocultación, aunque nunca había visto unos así.

- En efecto.- corroboró Vader. – Parece que se te da bien todo lo relacionado con las naves.

- Me encantan.- admitió Luke con una sonrisa entusiasta.

- Cuando lleguemos a Coruscant podrás ver mi colección personal.

Luke le miró boquiabierto.

- ¿Tienes… una colección de naves?

La furia previa de Vader pareció desaparecer por completo, sustituida por la diversión al ver la cara del chico.

- Cincuenta.

Luke tuvo que tragar aire para poder contestar.

- ¿Cin… cuenta? Vaya, es… increíble.

- A mí también me gustan las naves.- añadió Vader.

Esa afirmación hizo que Luke guardara silencio. El tener algo en común con Darth Vader era algo que no se digería con facilidad. Aunque bueno, siendo su padre, era de suponer que tuvieran bastantes cosas en común. A su mente acudió aquella instantánea imagen en la que veía a su padre con sus mismos ojos. Se estremeció. ¿Podría él parecerse físicamente a Vader? Trató de apartar el pensamiento. Él no era ni sería nunca como Vader. Jamás. Puede que compartieran el poder de la Fuerza y el gusto por el pilotaje, pero las semejanzas terminaban ahí. Punto.

- Yo en tu lugar, no apostaría porque las semejanzas terminen ahí.- dijo Vader.

Luke le miró atónito.

- ¿Me… has leído la mente?

Vader hizo una mueca.

- "Leer" no es la palabra adecuada. Tus pensamientos son como rugidos de banthas en el desierto. De hecho, lo difícil es no escucharlos. Y eso es lo primero que debes aprender a controlar.

- ¿Cómo?

El Señor Oscuro pareció evaluar a su hijo un instante.

- Debes crear una barrera utilizando la Fuerza. Blindar tu mente. Concentra la Fuerza en ella hasta que sientas que nada puede entrar ni salir de tu cerebro.

Luke se dispuso a hacerlo. Respiró despacio y enseguida la Fuerza fluyó a su través. Sabía que debía relajarse al máximo, pues de lo contrario nunca pondría orden en aquel tempestuoso río. Poco a poco, el intenso flujo dejó de atravesarle caóticamente y comenzó a concentrarse en su cabeza, inundándola. Vader observaba a su hijo. No pudo evitar sentirse orgulloso. El chico lo estaba haciendo bastante bien para ser la primera vez que lo intentaba. No era nada fácil dominar aquel potencial, pero Luke lo estaba logrando poco a poco. De pronto, los pensamientos del chico parecieron disolverse en el vacío del espacio. Vader sonrió tras su máscara. El sudor perló la frente del joven jedi ante el esfuerzo que estaba haciendo. Finalmente, tras unos pocos segundos, el efecto desapareció.

- Es… agotador.- jadeó Luke.

- Es normal que lo sea la primera vez, y más cuando hay que controlar un potencial tan grande como el tuyo.- dijo Vader.- Con la práctica mejorarás hasta que podrás bloquear tu mente sin ningún esfuerzo y de forma indefinida.

Luke lo volvió a hacer. Esta vez lo consiguió durante varios minutos.

- Creo… que… ya sé cómo… podría…. durar algo… más.- el chico estaba sin aliento.

- Es suficiente, Luke.- Vader se sintió complacido al ver el interés de su hijo.- No es necesario que termines asfixiándote hoy. Todo a su tiempo.

- Es que no quiero que me leas la mente.- replicó Luke, disponiéndose a intentarlo por tercera vez.

Vader reprimió una mueca burlona.

- Tendrás que entrenar mucho para que eso no ocurra. Además, aunque bloquees tus pensamientos, podría destruir esa débil barrera si quisiera.

- ¿En serio?

El chico le miró, primero sorprendido y luego un tanto desafiante. Invocó de nuevo su poder y esta vez la barrera luminosa pareció más estable y clara. Vader sonrió y aceptó con gusto el desafío. El oscuro poder asaltó la mente de Luke, chocando con la brillante barrera. Vader volvió a sentirse orgulloso. Ese chico mejoraba muy rápido. Pero aún no lo suficiente. La oscuridad rompió la luz y penetró en la mente del joven jedi. Luke apenas pudo contener un grito de dolor al sentirla, como si una negra daga se hubiera clavado en su mente. Vader se retiró como un resorte. Por un momento, sintió el dolor de su hijo como si fuera suyo y se maldijo por habérselo causado. Pero de nuevo la furia borró ese débil sentimiento. No debía sentir absolutamente nada por ese chico. Nada. Era su instrumento para acabar con el Emperador y para eso serviría. Lo recordaría las veces que fuera necesario. Ese chico era el producto del débil e inútil Anakin Skywalker. No podía albergar ningún sentimiento más que odio por él. Cumpliría su tarea, y una vez cumplida, si se interponía en sus planes, lo eliminaría como había eliminado a Anakin.

Luke recuperó poco a poco el aliento, a medida que el dolor desaparecía. Por un instante, se sintió furioso consigo mismo por no haber podido impedir el ataque de Vader. Pero la furia se disolvió poco a poco. Desde luego, había recibido su primera lección a manos de su padre y, por increíble que pudiera parecer, le había gustado.

- Gracias.- dijo simplemente.- Ha sido muy interesante. Pero te aseguro que la próxima vez no te resultará tan fácil.- dijo con una sonrisa entre divertida e inocente.

Vader sintió que una daga se clavaba con más fuerza en su corazón que la que había clavado él en Luke. El chico tenía en ese momento la misma expresión que… No, ¡NO! Borró a duras penas la bellísima imagen que se había empezado a materializar en su mente.

- Eso espero. De lo contrario, no merecería la pena el esfuerzo de entrenarte.- dijo Vader venenoso.

Luke estuvo a punto de replicarle, pero algo le dijo que no era una buena idea. Padre e hijo permanecieron en silencio el resto del viaje.