Nexus

Estaba durmiendo placenteramente y nada más parecía importarle en estos momentos. Lo que hacía que se sintiera algo culpable por mucho que tratara de ignorar dicho sentimiento mientras se ocultaba en su cama como si tratara de huir de sus responsabilidades, o del Mundo. Ya era una mujer adulta y, por mucho que tuviera que ir a trabajar, si quería quedarse cinco minutos más en la cama, aunque estos llegasen a ser quince o media hora, estaba en su derecho de hacerlo. Era su elección la de ir el sábado a adelantar un poco de trabajo después de todo.

Además, como dijo Draco, tampoco es que se vayan a dar cuenta de que no he ido a trabajar ya que parece ser que yo soy la única que se toma en serio el Comité de… un momento,… ¡¿como dijo Draco?

Hermione abrió los ojos de golpe y, para su desesperación y mortificación, se encontró con unos ojos grises, con brillos acerados, fijos en los suyos propios, y que podía ver su reflejo en los de Draco, mostrando una creciente vergüenza por lo que había hecho, estaba haciendo aún. Pero era una adulta y trataría el tema como tal.

—¡¿¡Qué te crees que estás haciendo, Malfoy!— le gritó Hermione quitándose de encima de Draco pues, en algún momento durante su pequeña, e inocente, siesta, acabó durmiendo sobre su pecho como si fuera,… la cama más apetecible del Mundo—. ¡Apártate de mí!

Pero Draco no hizo ningún movimiento, aparte del que hicieron sus labios formando una sonrisa muy satisfecha de si mismo.

—Tranquila, Granger. ¿Ves? No he movido ni un dedo— le dijo indicando como seguía teniendo la cabeza apoyada sobre sus manos—. Has sido tú quien decidió tomarme como su cama privada, Granger, o almohada— Hermione se encontraba ruborizada a su pesar—. Pero no me verás quejarme por ello ya que, gracias a ti, he podido comprobar lo suaves y dúctiles que son tus pechos.

—¿Qué? Yo no…

—Y la manera en que te movías sobre mí restregándolos contra mi pecho. Realmente sabes como poner a un tío a tono, Granger.

Hermione retrocedió hasta la pared que había frente a Draco y sentía como su respiración se le aceleraba a un ritmo incontrolable. Se estaba hiperventilando y no podía hacer nada para impedirlo porque, cada vez que lo intentaba, no podía evitar pensar en el motivo que originaba esta situación y acababa de regreso a ella sobre Draco y sus cuerpos tocándose de una manera nada inocente.

Y, además, para rematar su imposible situación, le estaban entrando unas ganas horribles de ir al baño. Algo que faltaba en este lugar, como cualquier otra cosa, con la excepción de un compañero de cuarto no deseado— Hermione se mordió la lengua a su elección de palabras—, y de lo que no se había parado a pensar por culpa de mantener absurdas conversaciones con Draco.

—¿Se puede saber qué es lo que haces, Granger?— le preguntó con cierta incredulidad, y obvia confusión, al ver como Hermione se puso a dar saltitos de un pie al otro—. Si el suelo está demasiado frío para ti ven aquí— dijo Draco mientras palmeaba su regazo sonriéndole maliciosamente.

—No es por el suelo, si no porque tengo ganas de…— pero Hermione se controló a tiempo antes de decirle lo que le pasaba realmente. Lo último que necesitaba era darle más munición a Draco para que pudiera meterse con ella y burlarse a gusto. ¿Pero quieres dejar de usar ese tipo de palabras con doble, maldito, sentido, Granger?

—¿De…?— quiso saber Draco, curioso como es él clavando su glacial mirada en Hermione que, a pesar de parecer fría, a ella no hacía más que calentarla.

Pero Hermione se mordió el labio negándose a darle una respuesta aunque, si esto seguía así, no habría necesidad de ello porque no iba a poder aguantar durante mucho más tiempo antes de que se le escapase.

¿Por qué a mí? Ya podía haberle entrado ganas primero a Malfoy para no quedar como una…

¡Ay, qué se me escapa!

El rostro de Draco pasó de la confusión a una obvia comprensión acerca de lo que estaba alterando de aquella manera a Hermione y la manera en que su sonrisa crecía a cada segundo era un claro indicador de ello. Eso hasta que se le borró de golpe al comprender, mejor y más seriamente, la situación en la que habían entrado.

—Serás idiota. ¡¿Cómo vas a pretender orinar aquí, Granger? Es un sitio cerrado, y sin mucho espacio, ¿y quieres convertirlo en una letrina?

—¡No es culpa mía! Ni que hubiera sabido que iba a ser secuestrada; y además que ya hace bastante tiempo desde que… bueno, desde que fui al baño antes de irme a dormir, en mi cama, en mi casa. Ya veremos que chulo te vas a mostrar cuando te entren ganas, no sólo de orinar si no de… de hacer lo otro también.

No la perfecta conversación para mantener con una antigua compañera de Hogwarts aunque, claro está, entre ellos no es que hubiera mucho para mantener una conversación que se diga muy normal.

—Háztelo encima— el rostro serio con el que le habló Draco, sin mostrar ningún tipo de emoción, dejaba claro su posición sobre este asunto.

A su pesar, sus pies dejaron de moverse y se quedó allí mirando para Draco como si no estuviera sintiendo esa creciente necesidad fisiológica. A Hermione casi se le desencajó la mandíbula de la impresión. No podía ser cierto lo que pensaba que había podido escuchar pero, viendo el rostro determinado e inmisericordioso de Draco, sabía que había oído bien. ¡El muy desgraciado pretendía que se lo hiciera encima!

—¡Tú has perdido la cabeza, Malfoy, si piensas realmente que voy a mearme encima!— le gritó escandalizada por dicha sugerencia. Y lo que más la irritaba era la tranquilidad con que estaba actuando Draco.

Sin mediar palabra, Draco se quitó el vendaje que le practicó Hermione y agachó la cabeza para que ella pudiera ver la zona golpeada que se encontraba cubierta de sangre seca. En estos momentos, llevada por la situación, a Hermione le habría gustado que el golpe que se dio Draco lo hubiera dejado inconsciente, o en coma, el tiempo suficiente para poder buscar una solución a su actual problema. Tal vez incluso podría haberle echado la culpa a él una vez se hubiera despertado. Antes de que Hermione pudiera preguntarle qué era lo que pretendía, Draco realizó un hechizo con el que limpió su cabello de sangre y que repitió con el trozo de tela que tenía en la mano.

—Granger, ven aquí— le pidió, aunque, si estuviera de otro humor, pudiera haber sonado a una orden. A pesar de ello, Hermione se acercó hasta Draco, aunque lo hizo caminando de manera bastante forzada procurando aguantarse las ganas de orinar.

—Te lo advierto, Malfoy.

Pero Draco ni se molestó en rodar los ojos ante semejante advertencia por parte de Hermione, que nadie podría habérsela tomado en serio con semejante postura, si no que centró su atención en la pernera de donde ella había arrancado el trozo de tela que usó como vendaje para su herida. Colocándolo alrededor de la pierna, en su lugar correcto, volvió a realizar un hechizo sin necesidad de varita.

Reparo.

Y el pantalón del pijama de Hermione volvía a encontrarse en perfecto estado. Ahora solamente quedaba el problema fisiológico que amenazaba con romper aguas en cualquier momento.

—¿Cómo es que eres capaz de hacer magia sin varita?

Draco ignoró la pregunta de Hermione y prefirió continuar con la cuestión más importante.

—Procura no mojar el suelo, Granger— fue el turno de Draco para darle una advertencia a Hermione—. Ya comprobaste como no puedo realizar magia sobre la piedra de esta celda.

—Y yo ya te dije que no pienso hacérmelo encima— le siseó furiosa de que siguiera con esas intenciones.

—¿Qué harás entonces, Granger?

La pregunta del millón de galeones. Y Hermione, la sabelotodo, no podía encontrar una respuesta que fuera satisfactoria para poder mantener su imagen. Olvídate de su imagen, no encontraba ninguna respuesta y listo. Vale que ya no eran los críos que eran en Hogwarts pero eso no quería decir que Draco no fuera a utilizar semejante conocimiento para volver su vida del revés. Sabía que no tenía otra salida y fue esa misma revelación la que le indicó el paso correcto a tomar.

—Hacérmelo encima— le respondió Hermione y, aunque se trataba de la respuesta que le había dado el propio Draco, fue su tono que exageraba dulzura el que le decía que había algo que no iba bien. Que Hermione, de algún modo, había encontrado la manera de mantener su dignidad a salvo por mucho que fuera a mearse encima.

Encima.

¡No se atreverá!

Draco solamente tuvo tiempo de separar la espalda de la pared para volver a tenerla apoyada cuando las manos de Hermione le presionaron al colocarlas sobre su pecho. Todo esto, mientras Hermione se había sentado sobre el regazo de Draco con sus piernas aprisionándole por sus costados realizando la necesaria presión para mantenerlo bien sujeto. Tanto a Draco como a sus ganas de orinar.

—Ya lo has pensado, Granger, pero, te lo advierto, ¡ni se te ocurra hacerlo!

A pesar de que el tono de Draco era bastante amenazante, bueno, la verdad es que estando retenida en el interior de un cubo de piedra, sin saber la localización exacta del mismo, tras haber sido secuestrada sin saber por quién, ni por qué, las amenazas de Draco no le resultaban demasiado preocupantes. Incluso, fíjate que tipo de sentido del humor ha llegado a tener Hermione, le hacían gracia.

—Pero debo hacerlo, Malfoy. Verás, resulta que mis pantalones son demasiado finos y no podrán retener muy bien la orina por lo que necesito más material para ello— su intención, aparte de burlarse de Draco usando un tono condescendiente como si le estuviera hablando a un Draco que no comprendiera la situación, que puede tener una franja de edad muy amplia y no solamente menor de seis años, fue la de probar su punto pero, el moverse de tal manera que su cuerpo, si, esa parte en concreta de su cuerpo, se frotase contra el bajo vientre de Draco, no dio como resultado lo que esperaba probar si no aumentar la incomodidad de la situación—. Además de que ya no voy a poder moverme ya que, te lo puedo asegurar, ¿si mis piernas pierden la presión que están ejerciendo contra tu cuerpo?— su respuesta fue una maliciosa sonrisa con la que le aseguraba que no tenía salida.

—Tengo otra solución, Granger.

El tono de voz de Draco, de gran ansiedad, y la velocidad con la que hablaba, indicaban su gran nivel de nerviosismo.

—¿No tendría que mearme encima?— le preguntó a sabiendas de cual sería su respuesta. Y la cara de circunstancias de Draco, junto a su mirada huidiza, dejaba claro que había acertado—. Pues si yo me mojo, Malfoy, ¡tú lo harás conmigo!

Fue un movimiento fruto de la desesperación pero, cuando la mano de Draco agarró la pierna de Hermione, para tratar de quitársela de encima, haciendo que esta perdiera aquella presión que estaba ejerciendo contra su costado, fue el aviso que recibió su vejiga para que se diera aquello que ninguno de los dos quería que pasara.

Sus rostros no podían mostrar reacciones más opuestas. La de Hermione mostraba, en esta primera instancia, una absoluta, y placentera relajación con sus ojos cerradas y un suspiro de gran calma, mientras que Draco estaba a punto de que sus ojos se le cayeran de las cuencas si llegaba a abrirlos un poquito más. El disgusto que reflejaba su rostro pronto encontró el camino a los ojos de Hermione cuando esta los abrió al percatarse de lo sucedido.

Se había meado encima de Draco Malfoy.

Para desgracia de este, cuanto más pensaba en ello, más hilarante lo encontraba Hermione y no tardó mucho en ponerse a reír de tal manera que no habría sido ninguna sorpresa, para ambos, el que se lo hubiera vuelto a hacer encima una vez más.

—No tiene gracia, Granger.

—Si la tiene, Malfoy. Y lo sabes— logró replicarle entre risas ignorando la situación, y la humedad, de este impensable momento.

—Esto no me lo esperaba de ti, Granger. ¿Quién hubiera podido imaginar que la perfecta sabelotodo Gryffindor le gustaba esto de orinarse sobre los demás?

—¡No me gusta!— le espetó de golpe Hermione cortando sus risas de raíz y devolviéndole a la realidad de su acción, o a la versión personal de Draco—. Sabes que no había otra solución, Malfoy. Así que preferiría que no fueras diciendo… ¡¿Qué estás haciendo? ¡Quita la mano de ahí!— mientras Hermione daba su discurso, Draco llevó su mano hasta la zona en donde sus cuerpos entraban en aquel húmedo contacto. Por supuesto que Hermione trató de levantarse pero, usando su mano libre, Draco se lo impidió—. ¡Malfoy!

—Granger, deja de gritar, además de comportarte como una histérica, y de moverte si no quieres empeorar una situación de lo más sencilla. Fregotego— Draco pudo, finalmente cuando Hermione se estuvo quieta, usar el hechizo con el que limpió de orina a ambos—. Listo. ¿Mejor, Granger, o habrías preferido seguir toda húmeda?

Antes de que pudiera ofrecerle una respuesta, la mano de Draco, al abandonar aquella delicada zona, se rozó, sin poder estar segura de si a propósito o por accidente, contra su sexo que apenas se encontraba protegido por tan fina tela de aquel pijama. Su cuerpo se tensó al instante pero se mordió la lengua al comprobar como Draco no parecía haberse dado de cuenta de ese contacto y no iba a ser ella quien fuera a pregonarlo a los cuatro vientos. Una manera de hablar estando atrapados en este lugar, por supuesto.

—Además, como traté de decirte antes de que te aliviases— le encantó ver como Hermione se ruborizaba pero, para su sorpresa, seguía sentada sobre su regazo como si se hubiera puesto bastante cómoda y le gustase el lugar en donde se encontraba—, había otra manera para superar esta situación. Una en la que yo no estaría implicado directamente.

—Y volvemos a la cuestión de que solamente yo tendría que terminar mojada.

—Entonces, cuando tenga ganas yo mismo, ¿serás un conjunto de comprensión y amabilidad, y tomarás mi puesto como lugar en donde poder sentarse para desahogarse?— la cara de pánico de Hermione era suficiente respuesta para Draco—. Lo sabía.

Antes de que Hermione pudiera replicarle, Draco, para sorpresa de la muchacha, alzó la mano derecha y le agarró su pecho izquierdo logrando, ahora si, que se levantase y alejase del antiguo alumno de Slytherin.

—¡¿Cómo te atreves a…?— pero Hermione se quedó en silencio, perdió las palabras que pretendía decir, cuando vio su top colgando en la mano de Draco. Al instante se cubrió con sus propias manos para, su sorpresa, encontrar que no había nada que cubrir ya que aún tenía su top puesto. La confusión de Hermione era más que evidente por la cara que se le quedó—. ¿Pero qué…?

—Vamos, Granger, no dejes mal al profesor Flitwick al no reconocer un hechizo Geminio cuando lo ves tan de cerca.

—Claro que puedo reconocer un Geminio pero no creo que fuera necesario el haberme agarrado mi… mi seno de esa manera, Malfoy.

—¿Estás disgustada, Granger?— le preguntó enarcando una ceja—. La verdad es que deberías mostrar un poco más de compasión conmigo que he sido yo quien ha estado a punto de herirse en la mano con esos pezones erectos que parecen a punto de atravesar la tela de tu ropa. Pero bueno, si resulta que estás tan molesta por mi pequeña, e inocente, acción, entonces, te quedarás sin regalo.

Antes de que Hermione pudiera replicarle acerca del asunto de sus pezones, réplica que tenía perdida al tenerlos, tal y como dijo Draco, totalmente erectos, o preguntar de qué regalo estaba hablándole, vio como la copia del top que tenía Draco en su mano se transformó en un par de altas botas de un agradable color plateado pero, sobre todo, forradas de piel en su interior y que se veían de lo más cálidas y acogedoras. Tanto que Hermione empezó a ser mucho más consciente del frío subiendo desde sus pies descalzos sobre la helada piedra.

—¿Para mí?— preguntó con amabilidad y dulce voz que dejaba clara su intención de mostrarse en el polo opuesto de su previo sentimiento de desagrado hacia Draco. Por supuesto que ambos eran conscientes de lo forzado de su situación.

—Tal vez no, Granger. No puedo olvidar tu falta de modales en tan poco tiempo aunque, en otra mano, tampoco puedo dejar que te pongas enferma. Realizar magia sin varita resulta demasiado agotador y mucho más con los hechizos elaborados que requeriría el tratar a una enferma.

—Entonces— Hermione dio un tentativo paso hacia Draco señalando el par de botas que parecían emitir un aura de calidez desde la distancia—, ¿puedo ponérmelas?

—Seguro, Granger. Lo último que quisiera ver es tu rostro al estar resfriada con los ojos llorosos, la nariz roja y goteando— Draco tuvo un escalofrío de disgusto—. Algo que es mejor tratar de evitar. Hay que dejar algo de misterio para el futuro, ¿no lo crees así, Granger?

Si iba a tener que seguir mordiéndose la lengua de esta manera, Hermione estaba segura que pronto acabará por cortársela de un mordisco. Pero todo sea por las botas. Por la salud, se recordó amonestadamente.

—La verdad es que no me gustaría enfermar en este lugar porque temo que sería muy difícil el superar una enfermedad por simple fuerza de voluntad… o arriesgarme a tus hechizos para ello.

Hermione regresó junto a Draco pero, antes de que pudiera colocarse a un lado de él, este se sentó en una postura más cómoda y separó las piernas lo suficiente para dar a entender que ella debería ponerse entre ellas. Tras lo sucedido apenas unos minutos antes, no era el lugar donde le gustaría estar pero, para su desgracia, Draco era quien tenía la carta ganadora en esta partida o, para ser más exactos, el par de botas ganadoras.

—Lo que me hace preguntarme si no es que tienes frío vestido o, mejor dicho, desvestido como estás, Malfoy— y no era que se estuviera fijando en el medio desnudo Draco que se le ofrecía delante de ella. O que sus ojos estuvieran memorizando cada uno de aquellos músculos bien trabajados que contradecían la delgadez del cuerpo del Slytherin.

Draco movió una mano pidiéndole, con dicho gesto, uno de sus pies a lo que Hermione no se negó y casi no pudo reprimir un suspiro gozoso, uno que también podría haberse descrito como orgásmico, cuando sintió la calidez del interior de la bota, aquella piel rozando la suya, deslizándose por su pierna, ¿o fue por el contacto de la mano de Draco recorriendo su pierna? Era la primera vez que veía unas botas forradas de piel tan altas, hasta su muslo, y Hermione daba gracias por llevar pijama y no camisón porque no habría soportado esta misma acción por parte de Draco vestida de esa manera. Claro que, para su defensa, decir que ella no era de las que prestan mucha atención al vestuario o a la moda. En eso seguía siendo igual a como era en sus años en Hogwarts.

—Me embarga tu preocupación, Granger. Pero no debes molestarte en pensar en ello ya que estoy más que acostumbrado a ambientes fríos como este.

—¿Porque los dormitorios de Slytherin se encontraban en las mazmorras?

—Si, por eso también— le respondió de manera que dejó a Hermione con más dudas de las esperadas ante una respuesta sencilla como se merecía su pregunta.

El rostro de Hermione pasó de la frustración por no tener la respuesta que se suponía correcta a su pregunta, y que la haría pensar aún más en Draco, a una de inmensa alegría una vez sus pies estaban cubiertos por aquellas botas. Para diversión de Draco, Hermione se paseó por el cubo de fría piedra disfrutando el poder hacerlo sin sentir como se le clavaban agujas de hielo en las plantas de sus pies mientras daba cada paso.

—¿Alguien parece mucho más contenta en estos momentos, Granger?

—Mucho, Malfoy. La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan bien.

La amable, y sincera, sonrisa de Hermione parecía fuera de lugar dado el lugar en el que se encontraban pero, fino como era Malfoy para comprender a la gente, supo que no se refería, por lo menos, solamente al par de botas si no a su vida en general. Lo que, sumado a su repetida negación acerca de estar con Ron, dejaba claro que su vida había cambiado algo más de lo esperado con el paso de los años fuera de Hogwarts.

—Granger, acércate— le dijo Draco, sonando una vez más como una orden que como una petición por su parte pero Hermione, aún jubilosa por su par de cálidas nuevas botas, decidió dejar pasar aquel tono de voz por su parte y se acercó a él.

Como Draco se encontraba algo reclinado de espaldas, Hermione no se percató de lo cerca que se había colocado, al detenerse, nuevamente, en el mismo lugar entre las piernas del, antiguo pero siempre, Slytherin, hasta que este se irguió y casi llegó a rozar su cuerpo con su propio rostro si no hubiera retrocedido a tiempo. Lo que si no pudo evitar fue que las manos de Draco agarraran, por la cintura, su pantalón del pijama y tirara de él hacia abajo para quitárselo.

Lo único que pudo hacer Hermione como respuesta fue el gritar por la sorpresa de semejante acción antes de agacharse, doblándose al tiempo que cruzaba sus piernas, mientras se cubría con ambas manos para evitar mostrar… nada. Cuando los ojos de Hermione superaron el susto por la acción de Draco se percató de que seguía llevando puesto el pantalón del pijama. Al alzar la vista hacia Draco se encontró con que este tenía en sus manos una copia del pantalón y en su rostro una sonrisa cargada de humor y suficiencia.

—La verdad es que puedo decirlo sin temor a equivocarme: Nunca me cansaré de esto, Granger— le dijo a través de su amplia sonrisa mientras disfrutaba del rubor que empezaba a cubrir las mejillas de Hermione.

Antes de que pudiera echarle en cara lo que el consideraba divertido, y que la tenía a ella como objeto de su diversión, Draco lanzó el pantalón, que le había copiado con un silencioso Geminio, para que, en su lugar, tocara el suelo una enorme cama que ocupaba una buena porción del espacio del cubo. Tamaño King Size circular cubierta por sedosas sábanas más almohadas y almohadones por todos lados de un color tan Slytherin que Hermione no pudo evitar un bufido contrariado por la elección tomada por Draco, obviamente para molestarla y tener un poco de diversión a su costa, a pesar de la fuerte impresión que le hacía el ver la cama. ¡Una cama!, se trató de hacer recordar. Una cama y ellos eran dos por mucho que tuviera unos dos metros de diámetro.

—No esperarás que vaya a dormir contigo, Malfoy— pero, por mucha postura que pusiera, con sus manos en las caderas y con la frente ligeramente fruncida en gesto molesto, Draco la ignoró levantándose del suelo y dedicándole la misma sonrisa sugerente a la cama como a la propia Hermione—. ¿Verdad?

—Siempre exagerando, Granger. Ya somos adultos, por lo menos uno de nosotros— y el muy engreído ahora se atrevía a llamarla cría con una total muestra de descaro por su parte—. Y no sé de qué te estás quejando pues esta cama es lo suficientemente grande para que toda la prole Weasel pudiera dormir en ella. Si te sientes ofendida, o no quieres compartirla conmigo, no hay problema. El suelo no discrimina a nadie, Granger.

Hermione bajó la vista al frío, y duro, suelo para pasarlo luego a ¡¿Draco? Claro que no, su mirada solamente tuvo que pasar por delante de él para llegar hasta la cama. ¿Y por qué esas palabras sonaban tan contradictoriamente bien y mal al mismo tiempo? Sabía el motivo pero se negaba a pararse a pensar mucho en él, la de despertarse habiendo dormido sobre su pecho y descubriendo que no había sido una, para nada, desagradable experiencia que habría podido buscar repetir si no fuera porque ahora se encontraba consciente. Además de que la cama se veía tan mullida, suave, cálida y agradable que daban ganas de lanzarse sobre ella ahora mismo.

—¿Tan difícil elección resulta para ti, Granger?— le preguntó Draco al ver como Hermione repetía el movimiento paseando su vista ante sus dos, para ella tres, posibilidades en donde poder dormir. Aunque solamente podrías estar de esa manera si decides compartir la cama, se recordó que Draco no se quedaría con ella en el suelo si dejase que su testarudez le ganara la batalla en la elección.

—Estoy pensando, Malfoy. Aún tengo tiempo, tampoco es que ya sea hora de meterse en la cama para dormir.

Hermione se mordió el labio inferior al haberse referido ya a la cama como posibilidad futura en donde dormir. Y el que Draco sonriera de aquella manera tampoco le ayudaba en nada.

—Siempre podemos encontrar algo que hacer mientras tanto, Granger— la manera que enarcaba la ceja, tan sugestiva, lograba que Hermione sintiera escalofríos por todo su cuerpo. Y ya no podía echarle la culpa al suelo por culpa de aquellas botas que calzaba, como tampoco podía el seguir ocultando la reacción de su cuerpo porque no haría si no atraer, aún más la atención de Malfoy hacia sus pechos. Aunque eso parecía haber sucedido desde el principio y sin que nada pudiera hacer para evitarlo, por lo que no vio nada malo, o eso creía, en cruzarse de brazos.

Debes tener cuidado, Granger. Por mucho tiempo que pase sigue siendo un Slytherin, así que no te olvides de que tú eres una Gryffindor.

—Malfoy— el tono de Hermione era de clara advertencia pero, en su lugar, sólo logró que la sonrisa de Draco se hiciera, si cabe, más pronunciada.

—No sé tu, Granger, pero a mí me vendría muy bien una ducha.

Ahora Hermione mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho en una actitud, claramente, defensiva. Su mirada no se apartaba de Draco, para no perderse cualquier gesto por su parte, por si acaso. Ni siquiera le tembló, acostumbrada a cuando le copió sus propios pantalones, cuando hizo ademán de quitarse los suyos propios. Tardó bastante, un tiempo en que sus ojos dieron buena cuenta de aquella parte, hasta ahora, oculta por parte de Draco, hasta que Hermione reaccionó ante el hecho de que, en esta ocasión, Draco no había usado el Geminio y si se había quitado los pantalones. Al final apartó la mirada, dándole la espalda a Draco, otro error, por supuesto, y sintiendo como su rostro se le había encendido como hacía años que no lo hacía de esta manera, y por este tipo de situaciones.

—¿Qué es lo que pretendes, Malfoy?— le preguntó Hermione y, por el tono alterado de su voz, se la podía saber nerviosa.

—¿Y tú eres la bruja de mayor talento de nuestra generación, Granger? Ya te lo dije: Voy a tomar una ducha— al tenerlo a su espalda Hermione no pudo ver como, ahora si, Draco usó Geminio para copiar su pantalón y, mientras lanzaba el original sobre la cama, transfiguró la copia en el habitáculo de una ducha—. Hay sitio para dos si te apetece, Granger— le dijo manteniendo las puertas correderas aún abiertas.

Con cuidado, para comprobar que no había ningún peligro a la vista, Hermione se volvió al encontrarse con que Draco ya estaba en la ducha. Y, si, tal y como dijo, esta tenía el tamaño suficiente para que dos personas pudieran ducharse al mismo tiempo. ¿No me digas que te lo estás planteando en serio, Granger? Cierto era que sería de ayuda el hacerlo pues, para ducharse, Draco debería echar mano del hechizo Aguamenti y tampoco estaba para tener que gastar energía en dos duchas cuando estaba claro que podían compartir una entre los dos. No obstante ambos somos adultos, ¿verdad? Y, en verdad necesitaba una ducha para poder lavar mucho más que su propio cuerpo, que a pesar del hechizo usado antes por Draco, aún sentía sucio y húmedo. Además de que sería una experiencia de lo más relajante, o lo sería si no fuera porque la tendría que compartir con Draco y, de esta manera, no sabría como poder definirla.

Sois adultos y puedes hacerlo, Granger. Si en vez de Malfoy fuera Harry o Ron tú ni siquiera… vale, si, ni en broma te atreverías a ducharte con cualquiera de ellos dos pero, aquí, estamos hablando de Malfoy, no de uno de tus mejores amigos. ¿No dicen que hay que mantener mucho más cerca a tus enemigos que cerca de tus amigos? Aunque estoy segura de que no se referían a una cercanía existente al ducharte con tu enemigo, por muy antiguo enemigo que fuera.

—Mantén tus manos para ti, Malfoy, y no tendremos ningún problema.

—¿Entonces no quieres que te lave la espalda, Granger?— no necesitó verla para sentir como se estrechaba su mirada, endureciéndose, al tiempo que lanzaba un bufido de molestia—. Muy bien, muy bien, mis manos para mí solo. Entendido.

Hermione aún se estaba replanteando si no necesitaría el pasarse por el ala de cuidados mentales de San Mungo para ver si algo la había afectado gravemente a su raciocinio para aceptar tomar una ducha con Draco Malfoy. Lo peor era que ya se encontraba llevando, únicamente, sus bragas puestas, ni idea de cómo había sido capaz de quitarse incluso sus recién estrenadas botas sin darse cuenta de ello y, la inevitabilidad de lo que estaba a punto de hacer, le llegó con fuerza que logró formarle un nudo en la garganta.

—¿Necesitas una mano ahí, Granger?

El ¡NO! de Hermione fue exageradamente claro para cualquiera y le decía a ella misma que lo que pretendía hacer era una locura, que debía de haber perdido la cabeza, por culpa de verse en este lugar, para pensar siquiera en compartir una ducha con Draco. Y el que ahora las bragas estuvieran en su mano y no puestas tampoco le ayudaba en nada más que en tener que admitir que una parte de ella, una que no debía pensar mucho de manera racional, no podía esperar más para meterse en aquella ducha.

—Cierra los ojos— le pidió Hermione antes de que pudiera morderse la lengua. Para su sorpresa no hubo risas por parte de Draco si no un silencio que hablaba en voz mucho más alta—. Pues date la vuelta, Malfoy.

Hermione se reprendió por su lastimero tono de voz cuando tenía que haber sonado fuerte y seguro de si misma. Ya no era la chiquilla de Hogwarts si no toda una mujer aunque, claro está, esto no la habilitaba para poder ducharse con Draco sin sentirse azorada como nunca antes lo estuvo. Por mucho que sea la bruja de mayor talento de esta época, eso no la preparó para compartir una ducha con Draco Malfoy.

—Adelante, Granger— con cierta suspicacia Hermione se asomó a la ducha para encontrarse, para su sorpresa inicial, con que Draco, en verdad, se encontraba de espaldas a ella. Claro que esto le ofrecía una nueva vista por su parte. Una tersa, dura y compacta vista de la anatomía de Draco—. ¿Disfrutando de algo que te guste, Granger?

El rubor solamente era para ella, dado que Draco, estando de espaldas, no podría ser testigo de cómo se le incendiaron las mejillas cuando los ojos de Hermione habían examinado, hasta el más mínimo detalle, aquel cuerpo que se le presentaba para su única visión. Le costó más de lo que nunca pudiera haber imaginado pero, al final, logró levantar la vista. Claro que aquella espalda tampoco le resultaba indiferente.

—Me parece que no ha sido tan buena idea, Malfoy— pero cerró las puertas de la ducha tras ella una vez entró en la ducha—. Aquí no vamos a tener espacio para nosotros dos… y tu ego.

—Pues, entonces ya sabes lo que debes hacer, arrímate, Granger.

—Ni se te ocurra, Malfoy. O perderás más de lo que te puedas imaginar— le advirtió en un tono amenazador que, a pesar de resultarlo realmente, también logró hacerle sonreír a Draco.

—Mira que eres cría, Granger. Como si dos adultos como nosotros no pudieran compartir una inocente ducha sin terminar por querer saltarle al cuello del otro para abrírselo.

No la conversación que uno supondría para tener en la ducha. Y tampoco era que lo que le pasaba por la cabeza, acerca de saltarle al cuello, fuera el abrírselo, precisamente.

—Uno, no soy ninguna cría, si no que soy realista, Malfoy. Dos, ¿tú, adulto?— no pudo evitar, ni lo pretendió, una carcajada de su parte—. Para eso es necesario algo más que cumplir años, Malfoy. Tres, puedo asegurarte que nunca hay nada inocente cuando estás involucrado, Malfoy. Y, por último, cuatro, no saltaría a tu cuello ni para eso. Para qué cuando es más sencillo usar la varita… por mucho que ahora no la tenga.

La sonrisa de Draco dio paso a unas carcajadas por su parte.

—Muy bien, Granger. Mantendré mis manos para mi mismo. Por lo menos alguien disfrutará de ellas— Draco pudo sentir la tensión en el ambiente y se felicitó por ello. Colocó una mano sobre una representación de agua que había en la pared—. Aguamenti.

Ni un segundo pasó, el tiempo que tardó el agua en caer sobre ellos, para que un alarido surgiera de labios de Hermione Granger.


Continuará


Disclaimer: Todos los personajes relacionados con las novelas de Harry Potter, así como lugares, objetos, y demás, pertenecen a J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es el argumento de la historia, y eso es algo que se nota dada su sencillez.

No puedo decir nada más que: Muchísimas gracias por los REVIEWS recibidos por parte de…

Luna-maga.
Velvet9uchiha.
Elodieh.
Gabe Logan.
Betzacosta.
Ginegine.

y por añadir esta historia a los Favoritos de:

Zzamantha.
LithiumGahan.
Giambonne.
Elodieh.
Ginegine.
Pao2093.

Como también a los que han puesto la Alerta de Historia como:

Velvet9uchiha.
NemesisAg.
LithiumGahan.
Elodieh.
Ginegine.
Pao2093.
Emily Malfoy Evans.
Princesaartemisa.

Por supuesto que siempre esperando por más de vuestras palabras… tanto para quienes dejan REVIEWS como por quienes se han fijado, de alguna manera, en este fic.

REVIEWS.
REVIEWS.

Nos leemos.^^