CAPÍTULO 4
La tercera semana transcurría sin novedad para Regina, no había vuelto a ver a su jefe ni de lejos aunque sabía que seguía muy de cerca sus avances porque de vez en cuando encontraba anotaciones en su libreta aclarando las dudas que ella escribía con la intención de buscar la respuesta por internet. Tenía la certeza que era él, porque ya había corroborado con Mati que la escritura le pertenecía, además que no podía ser de otra manera, solo él gozaba de la autoridad, preparación, inteligencia y sabiduría suficientes para corregir su trabajo.
Sus obligaciones le encantaban a Regina, pero su vida se había convertido en una pesada rutina. De ocho de la mañana a cuatro de la tarde trabajaba arduamente en la biblioteca, quince minutos de comida rápida y después a encerrarse en su habitación para conectarse en línea y tomar sus clases.
El moderno sistema de estudios era una novedad que tenía sus complicaciones aunque siempre tenía la opción de acudir al plantel central a disipar sus dudas con el personal asignado para ello.
Para el viernes por la tarde, Regina se sentía agotada física y mentalmente, la extenuante tarea de ordenar los ejemplares de la basta biblioteca era un incansable subir y bajar por las escaleras cargando armatostes de varias libras y las clases frente a la computadora portátil hasta buenas horas de la noche estaban minando su energía y su salud…
-Buenas tardes, habla Regina Mills, quiero confirmar mi cita de hoy con el Licenciado Marcelo Ríos a las diecinueve horas…. Espero, gracias…. Excelente, ahí estaré, gracias de nuevo.
-Tiranos… Tenía la esperanza de que me cancelaran la cita en mi escuela pero no ha sido así- La chica tomo al gato entre sus brazos para acariciarlo y admirar sus preciosos ojos que tanto le recordaban otro par igual que aparecían con frecuencia en sus sueños -Si, si, sé que últimamente no te he consentido lo suficiente pero alguien tiene que trabajar para traer comida a la mesa, así que no me reclames tanto… Yo también quiero que me acaricien, me mimen y me cuiden… ¡Estás loco Tiranos! No estoy hablando de él… La chica sonreía pensando que por fin le había encontrado un nombre adecuado a su gato que curiosamente tenía la misma personalidad tortuosa de su jefe.
Momentos después…
Regina tocaba a la puerta del cubículo justo a la hora acordada.
-Pase-.
-Buenas tardes- Adentro la chica se encontró a un hombre rubio y guapetón de unos veintiocho años esperándola -Soy Regina Mills- La joven extendió su mano para saludar mientras observaba el agradable rostro.
-Hola, yo soy Marcelo Ríos, tu mentor. Siéntate por favor y dime cuál es tu problema-.
-Resulta que no es uno si no varios. Traigo conmigo una lista de las dudas que se me han presentado en la última semana. Espero que no sea mucho pedir para esta tarde…-.
-No te preocupes por eso, si no lo cubrimos todo hoy terminamos mañana o el lunes, todo depende de ti-.
Dos horas y media después…
-¡Basta por hoy Regina…! Es obvio que no puedes más… Si gustas mañana terminamos- Marcelo consulto su agenda antes de continuar -Tengo disponible de las diez a la doce del mediodía-.
-Mañana trabajo y salgo hasta la una de la tarde…- Regina reprimió un bostezo al hablar.
-Entonces lo dejamos para el lunes ¿Te parece?-.
-De acuerdo- Regina tenía la molesta impresión de que olvidaba algo importante.
-¿Traes auto o van a venir por ti?-.
-No, pediré un taxi porque ya no alcanzo el autobús a San José… ¡Oh no! ¡Olvidaba que el lunes tengo mi primera evaluación en línea! ¿¡Cómo pude olvidar algo tan importante…!?- Regina se llevó las manos al rostro para ocultar su afligimiento.
-Entiendo- Marcelo tomo las manos de la chica para descubrir su cara y brindarle una gran sonrisa -Tengo la solución a tus dos problemas-.
-¿Mis dos problemas?-.
-Sí, las dudas pendientes para tu examen y tu transporte a casa. Yo te llevare- Marcelo levanto una mano como petición de tiempo para hablar -Justo ahora voy para aquel rumbo a ver a mi madre y de camino terminamos con la lista… ¿Aceptas?-.
-¡Acepto! ¡Gracias Marcelo!-
A petición del tutor Regina le empezó a hablar de tu y por su nombre de pila... ¡Qué bien se sentía de vez en cuando permitir que la ayudaran a hacer su vida más fácil…! Tal vez Marcelo pudiera ayudarla con otras dudas que tenía como ¿Por qué no se podía quitar de la mente el recuerdo de Robin besándola y acariciándola apasionadamente…? De pronto una sonrisa apareció en su cansado rostro.
-Cuenta el chiste…- El tutor se percató del cambio en el estado de ánimo de la chica.
-No es tan gracioso…- Regina entró al auto después que el amable hombre le abriera la puerta.
En el viaje de regreso a la mansión la chica no solo concluyo con su gran lista de preguntas y respuestas sino que también se relajó y disfruto de la compañía… ¡Que fácil era hablar y bromear con su tutor…! Ojalá todo el mundo fuera así, sencillo, tranquilo, amable y divertido.
-¡Por favor detente aquí! Aún no pido permiso para que mis amigos me acompañen hasta la puerta de la casa-.
-Claro que no lo haré, vienes rendida y si no me equivoco hay una distancia como de trescientos metros a la entrada- Marcelo arrebato de manos de la joven la tarjeta para activar la puerta de acceso y acelero la marcha hacia el estacionamiento frente a la mansión -Si tienes algún problema házmelo saber para aclararlo con tu jefe… Permíteme un momento, yo te abro- El galante hombre rodeo el auto para abrir la portezuela del lado de la chica ayudándola a bajar.
-Gracias Marcelo ¡Eres un gran tipo!-.
-¡Vaya! ¡Cuánta formalidad…!- Marcelo ignoró la mano de Regina y le plató un beso en ambas mejillas de la apenada chica -Tienes mi teléfono, cualquier cosa que necesites llámame. Suerte con el examen.
Regina miró el auto de Marcelo hasta que desapareció en la curva, después camino a la puerta de servicio y entro arrastrando los pies. Tenía hambre pero estaba tan cansada que se iría a la cama sin cenar.
-Sí que tu vida privada es activa… Bibliotecaria-.
-¡Santo Dios! ¡Qué susto me has dado!- Regina busco en la oscura habitación al dueño de la grave voz.
-¿Tu amigo sabe que lo engañas con el tipo que te acaba de dejar?- Robin salió de las penumbras y miró a la chica con algo más que reproche.
-No tiene por qué enterarse ¿O se lo piensas decir tú?- La chica tarde se dio cuenta que tuteaba a su patrón, pero ya no tenía remedio. Con paso firme se dirigió al interruptor de la luz fingiendo una calma que no sentía.
-¡Tttttttt…! Si no le bajas a tu ritmo vas a tronar…- Robin tomó de la barbilla a la chica para observar detenidamente su rostro.
-¡Lo dices por experiencia propia, seguro…!- Regina se soltó con brusquedad y caminó dos pasos hacia atrás. Solo quería un vaso de agua… ¿Por qué tenía que aparecer el tirano justo ahora que no podía ni con su alma? Tratando de ignorar la fuerte presencia abrió el enfriador para sacar la jarra de agua de frutas.
-¿Qué me das a cambio de mi silencio?- Robin decidió ignorar el sarcasmo de la chica.
El cuerpo de la joven se estremeció visiblemente al sentir el tibio aliento del hombre en su nuca… Como sucediera la vez anterior, y la anterior…
-Por lo visto ya se está convirtiendo en una costumbre… Tú y yo en la cocina…- La sonrisa femenina tenía un toque de perversidad…
Indudablemente Regina estaba dando inicio al tercer episodio de la refriega. El solo ver su arrogancia, su porte de divo, su salvaje presencia, le reafirmaban la convicción de que era un deber ciudadano bajarle los humos al cabrón.
-¿Si quieres podemos cambiar de escenario…?- La mirada azul recorría a la chica de arriba abajo, manteniendo en su rostro una sonrisa de suficiencia.
Regina analizaba los modos de Robin con interés. No había tácticas de seducción, él iba por lo que quería convencido de su derecho y confiado en el poder de su presencia y hombría para conseguirlo. Y vaya que había de dónde sacar… una rápida mirada por su atractivo rostro y bien estructurado cuerpo lo avalaban. Ahora mismo vestía una camisa de seda negra y un entallado pantalón de lino del mismo color que lo hacía verse como un precioso felino salvaje a la caza de su víctima, esperando el momento justo para saltarle encima y clavar sus colmillos directo en la yugular.
-¿Y cuál sería este…?- Regina se recargó en la barra mientras bebía con lentitud su fresca agua lamiéndose los labios en el proceso.
-Mi alcoba…- Robin no perdía detalle de la traviesa lengua moviéndose sensual sobre los húmedos labios.
¿Excitación…? ¡Esa era palabra de niños…! ¡Lujuria cruda y pura era lo que se respiraba en la habitación!... Regina advertía con preocupación cómo esa lujuria se iba apoderando de su cuerpo y de su mente, acelerándole el pulso y la respiración, amenazándola con hacerla olvidar el propósito del coqueteo con su peligroso y apetitoso jefe.
-Estoy realmente interesada Robin, pero me temo que este no es un buen momento. Como tú mismo has dicho, vengo de… ¡Tú sabes…! Y ahora me siento algo cansada… Me parece que tendremos que dejarlo para otro día…- El rostro de la joven tenía una expresión de inocencia casi infantil y agregando las intensas sombras bajo sus ojos podía convencer al ser más desconfiado.
-De acuerdo Regina. Sólo te dejaré este recordatorio para que no olvides que tenemos una cita pendiente tú y yo…- Robin presionó su cadera en el suave vientre de la chica mientras sujetaba con ambas manos su rostro para plantarle un beso mitad promesa mitad amenaza…
Segundos después, tal como llegara, desapareció entre las sombras de la noche.
Con el cuerpo temblando como gelatina y su corazón a punto de estallar Regina vio partir al sujeto más atractivo y tenebroso sobre el planeta… ¿Cómo combatir al individuo y lo que le provocaba?... Solo era cuestión de no olvidar que era un hombre más de los muchos que lidió en su doloroso proceso de crecimiento mientras su cuerpo de niña se convertía en el cuerpo de una mujer… Solo era otro más…
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-¿Marcelo…?-.
-Sí, diga-.
-Hola, soy Regina, espero no ser inoportuna. Sólo quiero decirte que me saque diez en el examen…-.
-¡Esto hay que celebrarlo! ¿Quieres salir conmigo el sábado por la noche?-.
-¿Este sábado?- Regina revisó mentalmente su agenda con David -¡Claro! ¿Dónde quieres que nos veamos?-.
-Nada de eso… Pide autorización a quien tengas que hacerlo para que me permitan pasar por ti a las ocho de la noche. Te llevare a bailar al Galo's-.
-¿El Galo's? ¡Guauuu, cuanta elegancia!-.
- No se merece menos la futura Licenciada en Letras…-.
-¡Dios! Para eso falta una eternidad…- Regina reía divertida.
-Que yo te ayudaré a que sea más leve. Ahora debo dejarte porque empieza mi clase. No se te olvide ponerte muy guapa para mí…-.
La chica se quedó mirando su celular sorprendida. Había llamado a su tutor para darle las gracias y término comprometida con él para una noche de juerga elegante. Ahora tendría que gastarse el pago de toda su semana en comprar un bello vestido y calzado para la ocasión. Regina nunca había ido a un sitio así antes y temía no seleccionar el atuendo apropiado para la ocasión. Le pediría a David que la acompañara de compras, él era la oveja negra de una familia de ricos comerciantes y sabía mucho de dinero y glamur.
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-Hola bibliotecaria-.
Regina casi se cae del andador al descubrir quién le hablaba abajo ¿Desde cuándo estaba ahí?
-Buenas tardes Señor Locksley- ¡Dios bendito…! Debería existir una ley que encerrara a todos los hombres que fueran una amenaza para la libido femenina…
-¿Señor Locksley? ¿Ya no soy Robin?- El hombre se encontraba cómodamente sentado admirando la vista de las largas piernas desnudas y algo más.
-En horas de trabajo es mi jefe- De repente Regina recordó que ese día había tenido la brillante idea de ponerse una minifalda color caqui y una camiseta negra pegada al cuerpo que acentuaba la curva de sus senos. A fin de cuentas nadie la visitaba en la biblioteca…
La chica decidió dejar la pila de libros seleccionados en un peldaño de la escalera, no correría riesgos de dar un espectáculo al bajar por tener las manos ocupadas.
-¿Quieres que te ayude con eso?-.
-¡No! Gracias- Regina aún no terminaba de hablar cuando sintió como las grandes manos la tomaban de la cintura para bajarla en vilo los últimos cuatro escalones -Gracias- En cuanto pisó firme, se alejó de la poderosa presencia -¿Le puedo servir en algo?- Al ver la sonrisa burlesca de inmediato se arrepintió de la selección de sus palabras.
-¡En mucho! Por eso estoy aquí Regina…- Robin gozaba ver a la chica nerviosa por su causa -Presumo que ya estás más descansada porque te veo mejor semblante…-.
-Si Señor- Los ojos cafés se atrevieron a mirar al hombre que se encontraba a escasos dos metros de distancia, con su atractivo rostro de caleidoscopio y su fino traje obscuro hecho a la medida, acompañado de camisa de seda blanca y corbata estampada de varios colores… Parecía un modelo de ropa para caballero recién salido de un desfile de modas.
-¡Excelente noticia bonita…!-.
El indolente hombre se movió lentamente hacia la chica con la mano en el cuello deshaciendo el nudo de su corbata. Regina veía hipnotizada como se iba acercando con esa mirada de depredador que ya conocía de sobra en sus azules y felinos ojos.
-No me ha dicho que se le ofrece…- La chica cedió a la presión del momento y se colocó del otro lado del escritorio escudada en la pila de libros y papeles.
-Sabes de sobra porque estoy aquí, pero si prefieres que te lo deletree… ¡VENGO A HACERTE CUMPLIR TU PALABRA…! ¡YA ESPERE LO SUFICIENTE…!- Robin se arrancó la corbata del cuello y la tiro en un sillón antes de tomar a la chica por la cintura y pegarla a su cuerpo con fuerza.
La chica miraba el atractivo rostro con los ojos abiertos de par en par, fascinada con la fuerte presencia, con la firmeza del pecho, estómago y muslos que la presionaban contra el mueble…
Había llegado la hora… ¡Pues entonces manos a la obra…! Literalmente hablando Regina puso sus manos sobre los músculos del tórax masculino recorriéndolo milímetro a milímetro de camino a los anchos hombros para despojarlos de la tela de la chaqueta, al tiempo que miraba con provocación los carnosos labios entreabiertos.
Algo más que la sed de justicia, impulsaba a la chica a los brazos de Robin, lo sabía, lo entendía y lo aceptaba. Por lo que tenía que reforzar su firme propósito de darle una lección que nunca olvidará el arrogante hombre.
Regina sentía como el poder del deseo la inspiraba a seducir a su jefe con una actitud ajena a ella, pero que estaba disfrutando como el niño que saborea por vez primera un cono de nieve.
-¡Me embriaga el aroma de tu piel Robin de Locksley! ¡Mmmmm!- Totalmente despojada de vergüenza y prudencia la chica paseaba con lentitud su rostro por el cuello masculino aspirando su aroma con un suave ronroneo mientras sus dedos pulgares se colgaban de las presillas traseras del pantalón, sirviéndole de apoyo en su empeño de bloquear los movimientos de los fuertes brazos con su propia ropa a medio quitar -¡Dios! ¡Cómo me gustas jefe…!- La cadera de la chica se contoneaba sensual sobre la entrepierna endurecida del hombre y sus labios tentadores iban dejando un reguero de besos alrededor de la boca masculina sin tocarla…
Robin movía su rostro tratando de capturar los labios fugitivos sin éxito. La chica lo tenía a mil con solo promesas y fajones que lo estaban llevando al límite de su resistencia.
Sin mucho esfuerzo el caliente hombre se zafo del amarre de la chica y cargándola en brazos la llevo al sillón más próximo para recostarla con suavidad.
-¡Bésame Regina!- La voz de Robin se escuchó ronca y su mirada se encontraba turbia por el deseo.
Regina traviesa echó un vistazo a su reloj de pulsera y declaró con cantarina voz:
-Cuatro menos quince…- La chica saboreaba ver la confusión del poderoso hombre -¡Como usted ordene jefe!- Levantando la cabeza sofoco la queja con un beso ruidoso y fugaz en cumplimiento de la orden del patrón en horas laborales, pero al sentir la deliciosa textura se regresó para besarlo con timidez, sintiendo como se iba intensificando el deseo de experimentar de nuevo las turbulentas emociones al gozar la maestría en los brazos de un hombre de la talla y mundo de Robin de Locksley.
-¡Yo no soy un niño como con los que sales Regina…! - El impaciente hombre aplasto el cuerpo de la chica al tiempo que profundizaba el beso con una ansiedad poco común en él. Al penetrar con su lengua el interior de la boca de la chica se desataron lo anhelos contenidos por días, desapareciendo de su mente toda cosa que no fuera la necesidad imperiosa de poseer el delicioso cuerpo hasta convertirlo en barro entre sus dedos.
Regina se sentía dentro de una espiral que la iba despojando de cada nota de conciencia que le quedaba, entregándose en cuerpo y mente a disfrutar el erótico momento.
-¡Cielos…! ¡Cómo te deseo bonita…!- Robin hablaba y jadeaba dentro de la boca de la chica. Sus manos recorrían las curvas desde los senos hasta las caderas apartando con impaciencia la tela a su paso -¡Mmm! ¡Tu piel se siente como la seda…!-.
Regina también quería sentir la piel del increíble hombre… Con manos torpes saco la camisa de la cinturilla del pantalón y metió sus manos bajo la tela para sentir la suavidad, la tibieza y el poder de los músculos de la espalda.
-¡Mmmmmm! ¡Aha! ¡Aha! ¡Ahaaaa!-.
La chica estaba tan excitada por las sensaciones que no supo distinguir si los jadeos salían de su garganta o de la garganta de Robin.
-¡Oh Dios!- Esta vez Regina supo que era ella quien gemía al sentir como los labios masculinos succionaban sus pechos con una deliciosa destreza -¡Por favor! ¡Sigue tocándome así…!- La chica no sabía que la enloquecía más, si la boca masculina horadando sus pezones o la rígida hombría tallando su femineidad. La chica saboreaba a manos llenas lo que pasaba en su cuerpo, era algo que crecía a pasos agigantados en su interior amenazándola con hacerla perder la cordura por su grandeza -Robin… Siento como si mi pecho y mis entrañas fueran a estallar… ¡Ooooh que deleite….! ¡Si estoy agonizando con gusto moriré por seguir sintiendo esta locura…!
Robin estaba embrujado por las maneras de la chica. Ella era como las flores de los campos, toda belleza natural, frescura y pureza… Aunque lo último era absurdo no podía ir una cosa sin la otra... El hombre como nunca antes se sentía alterado, impaciente y atormentado por concluir el trámite que no lo dejaba concentrarse en su trabajo, ni dormir...
Con movimientos precisos, Robin metió la mano bajo la falda para deslizar la braguita rosa que había visto minutos antes y sin perder más tiempo llevo sus dedos a la entrepierna de la chica jugando con el platillo principal.
-¡Oh mi Dios!- En cuanto sintió la invasión a su sexo Regina enloqueció, sin poder contener sus acciones movió su cuerpo buscando mayor contacto -¡Ahhhhhhh! ¡Mmmmm!- Los jadeos de la chica iban en aumento al igual que el cadencioso vaivén de sus caderas.
-¿Te gusta esto, Regina?- La apasionada reacción de la chica tenía atrapado a Robin en una experiencia única, disfrutando con enajenante demencia el episodio como si su hombría ya la estuviera poseyendo.
-¡Oh sí! ¡Oh sí! ¡Oh sí!...-.
El timbre incesante de un teléfono cercano se mezcló con los gemidos y jadeos de la embrollada pareja que esperaba un milagro que desapareciera el inoportuno sonido de la candente escena.
-¡Maldita sea!- El milagro no sucedió y Robin salió del poderoso interludio para resolver el dilema… El sonido venía del teléfono portátil que traía dentro de un bolsillo de su pantalón, mismo que aventó al sillón contiguo sin consultar.
-¡Robin!- Con temor de que desapareciera la magia del momento Regina sujetó en el sitio la mano diestra para obligarla a seguir con su tarea. La chica se encontraba suspendida por un hilo en un sublime viaje a la incoherencia sensual.
El hombre volvió sus ojos al rostro afligido de la chica tratando de continuar con su deliciosa encomienda, luchando por ignorar al maldito aparato inteligente que conecto el servicio de buzón dejando entrar un mensaje a todo volumen distrayendo su atención…
¿Dónde te metes papito? Te estoy esperando en nuestro nidito para hacer el amor con locura… Tal como me lo pediste, desnuda entre pétalos de rosas… ¡Nuestro vino favorito se está enfriando pero yo te aguardo caliente…! ¡Te deseo Robin… Ya no me hagas esperar!
-¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios!... ¡Aha!.. ¡Aha!... ¡Aaaaaah!...- Justo en el mismo momento Regina experimentó un increíble, maravilloso y sublime orgasmo entre los dedos de Robin de Locksley…
El aturdido hombre miraba como la chica convulsionaba y gemía de placer del más puro erotismo sexual, mientras él se encontraba fuera de lugar en una situación casi cómica.
Robin no siguió mucho en el dilema.
Con lágrimas, enfriando su rostro y tratando de recuperar la cordura, Regina quitó el pesado cuerpo de encima para levantarse de prisa, recuperar su ropa íntima y salir corriendo de ahí con lo poco que le quedaba de dignidad, pidiéndole a Dios que se la tragara la tierra mientras tanto.
-¡Regina, espera!- El hombre le hablaba a la chica tratando de detenerla. No podía dejarla marchar así… -¡Reginaaa!... ¡Guau! ¡Qué intenso!-
Robin se dejó caer en el sillón desistiendo de su propósito. Ya tendría oportunidad más tarde de componer el desastre. Porque seguro era que no dejaría ir a la dinamita que tenía en su casa sin prenderla de nuevo, solo que en la próxima ocasión se cercioraría de que explotara con el dentro de ella.
-¡Definitivamente será toda una experiencia…!- Con una gran sonrisa de anticipación se llevó las manos al revuelto cabello y luego a la entrepierna para apaciguar sus ansias insatisfechas.
