—¡Itadakimasu! –diálogo de los personajes
AU: Alternative Universe /Universo Alternativo
Espero que les guste. XD
Nota: La historia se ubica en el siglo XIV y XVI, Edad Media. No todo el contexto histórico de la edad media es tomada, solo en sí la época, por la falta de tecnología y otros datos relevantes para la historia.
Disclaimer: Yugioh! no me pertenece, (sino los hubiera hecho sufrir muaja.. jaja XD) sino que le pertenece a Kazuki Takahashi, yo solo utilizo los personajes para una linda historia.
"Yami: El espíritu del bosque"
Capítulo IV: "Conocimiento de una Existencia Creada"
—Eso fue extraño –habló Zaphyra mientras meditaba en lo que le habían narrado del suceso de la niña
Joey y Yami esperaban una respuesta coherente de lo que había pasado, tomando té. Habían llegado para solo contarle lo sucedido a Zaphyra, no entendían lo que pasaba y realmente necesitaban una explicación para no volverse locos. Al final, Zaphyra rompió en risas, desconcertando a los chicos.
—Lo que han visto ha sido un hada, tontos –habló más calmada –y es increíble que protejan a este pequeño niño
Los dos asintieron con sus palabras, viendo instintivamente al pequeño Yugi, quien dormía plácidamente en su cama. Las preguntas comenzaron a rondar la cabeza de Yami, quien no desaprovecharía para calmar sus ansias. No entendía como un hada tenía de protegido a un humano, encima ellas no se dejaban ver ni por los lobunos, para ellos era la primera vez que tenían un encuentro de ese tipo, todas las situaciones estaban encajándose hacia un solo punto: él no era humano.
—En todo caso, ¿Qué tan importante es él en el mundo de las hadas? –soltó Yami sorprendiendo a los dos –¿No será más bien que él no es un humano?
—Eso explicaría del porque la emperatriz se preocupa por él como si fuera un hermano –comentó Joey
—Hay cosas en las que no deben meterse, chicos –soltó de repente –Si no han querido revelarlos, es mejor que se aparten de su propia curiosidad
—Pero Zaphyra ¡No podemos dejar las cosas así! –exclamó Yami molesto
—¡Por Kami Sama! ¡Ya basta! –se levantó golpeando la mesa con sus manos
El aludido ni siquiera la miró, salió furioso de la cabaña. Joey suspiró mientras Zaphyra trataba de calmarse.
—Creo que tú sabes algo, verdad ¿Joseph? –comentó Zaphyra tras unos minutos de silencio
—La verdad no, pero quiero respetar el hecho de que la amistad de ellos dos sea secreta
—Me alegra que actúes por primera vez de esa manera –soltó de manera burlona
—¡Hey! Puedo ser un buen chico
Zaphyra siguió bromeando con Joey, mientras que Yugi se había volteado como dormido para poder abrir los ojos y sentirse preocupado por lo que acababa de escuchar. Sabía que tenía que irse y pronto, pero su cuerpo no era lo suficientemente rápido para cicatrizar heridas. Esperaba tener el tiempo para regresar o tendría que arriesgarse a irse sin que nadie lo notara. Con estos pensamientos, volvió a dormirse, necesitaba recuperarse por completo.
En otra parte, Yami caminaba pensativo por lo sucedido. No era del tipo de persona que se pelearía con una anciana con el fin de probar su teoría. Su obsesión era clara, pero odiaba los secretos, sentía que eso podría provocar un regreso al pasado que tanto detestaba recordar: La guerra de los demonios.
Unos días después, Yugi se despertó temprano. Ayudó a Zaphyra a limpiar aún cuando esta le había mandado a descansar. De alguna manera, buscaba ser útil, como se lo había enseñado su madre. Cuando comenzaba a pensar en ella, comenzaba a extrañarla aún más, la nostalgia comenzaba a inundarle.
Zaphyra se dio cuenta de su estado y le preguntó que le pasaba. Él solo le aclaró que no era nada, no deseaba compartir ese dolor que llevaba, ya que conllevaba a involucrarlos en un problema familiar. Él se aseguraría de librar todo solo, ya había perdido demasiado y no podría volverse a poner de pie con algo más. De repente, Zaphyra le preguntó su edad.
—Trece años –comentó Yugi
—Sí que te ves pequeño –bromeó –Y cuidando de un terreno tu solo es demasiado
—es un trabajo que me gusta y lo aprecio –habló esbozando una sonrisa
—Buenos días –
Los dos se voltearon a ver de quien era esa voz. Era Tea quien atravesaba la puerta y saludaba con la cabeza en señal de respeto. Zaphyra le dio una canasta.
—Por favor, tráeme flor de lis y chi, tengo que hacer medicina –le mandó Zaphyra
—Por supuesto –Tea agarró la canasta y quiso partir, pero Yugi le detuvo
—¿Qué quieres humano?
—¿Puedo ir contigo? –preguntó
—Pequeño, en tu estado no es recomendable… —habló Zaphyra intentando persuadirlo
—No soy buena compañía, niño –habló fríamente
—No hablaré si es el caso, pero quiero ir contigo –insistió Yugi
Tea rodó los ojos, fastidiada. No entendía porque quería ir con ella, no le había dado motivos para agradarle, menos para que le hablara como si se tratara de una charla para conocerse mutuamente. Al final, no se negó, Zaphyra no confiaba en Tea, así que les recomendó que tuvieran cuidado. Yugi brincó feliz, se alistó y salió junto a ella hacia las orillas del lago de Esprent, donde crecían las flores que tanto necesitaba Zaphyra. En el camino, ninguno de los dos hablaron, pero ella se le quedaba viendo cada cierto tiempo, hasta que no soportó el silencio y le preguntó cuál era su nombre.
—Soy Yugi, es un gusto caminar a tu lado –contestó sinceramente
—Aún eres un niño –comentó mas para sí misma que para él
—Ni tanto, mi estatura no me ayuda –bromeó Yugi –tengo trece años
—Una buena edad –sonrió Tea –dime ¿Por qué quisiste acompañarme?
—Deseaba conocerte, aún cuando no me hablaras en todo el camino
—Insisto ¿Por qué?
—Porque me pareces conocida –respondió el pequeño viéndola –Y agradable
Tea enrojeció, volteó hacia el otro lado, le estaba complicando la existencia. No había de haber aceptado andar con ese niño, pero tendría que dejarle claro que no podía andar con él como buenos amigos ni nada parecido, evitaría a Zaphyra con tal de no encontrársele.
—No deberías de hablar conmigo, ¿Acaso ese par de idiotas no te comentaron sobre mi?
—Me hablaron de ti, pero quise saber más
—No es bueno para ti, pueden pensar mal de ti
—Importa más él porque de tu actitud hostil –le habló serio, parando a mitad del camino
—Si te digo, tú me contarás tu secreto, porque no me creo que seas humano –dijo sin tapujos
—¡Hecho! –Yugi estiró su mano emocionado, para sellar su trato
Tea se le quedó viendo impactada, ¿Acaso no le importaba el mantenerse en secreto? Pero si eso le liberaba del niño, pues así lo haría. Estrechó manos con el pequeño, quien solo rió emocionado.
—Sigamos caminando, te diré mi secreto –suspiró Tea
Los continuaron caminando, mientras Tea comenzaba a narrar su historia. En otro lado, Yami y Joey regresaban de haber inspeccionado los terrenos de los enanos, habían ido a pedir ayuda a su emperatriz para exterminar a las ratas gigantes de las tierras de los topos, quienes se habían comido sus alimentos. Joey iba emocionado, le encantaba patear a las ratas y mandarlas a volar, Yami lo miraba innecesario, pero era una manera poco efectiva de exterminarlas. Eran mas plaga que ayuda.
—Vamos por el pequeño, quiero contarle sobre nuestra aventura –comentó Joey acelerando el paso
—Calma, ya llegaremos –Yami solo rodó los ojos, fastidiado
Desde la visita de la emperatriz no había vuelto aparecer en la casa de Zaphyra, evitaba al pequeño con tal de investigar un poco más, pero no lograba descifrar el enigma que le rodeaba. Y estaba cansado de ello, no soportaría una semana más en esa negativa. Joey se percató de la mirada de su amigo, ya no le extrañaba su comportamiento, sabía sobre su obsesión, pero no trataría de persuadirlo, era imposible. Era tan terco como una mula.
Llegaron a la casa de Zaphyra, quien limpiaba una olla con un cepillo. Joey preguntó por el pequeño, cosa que ella le contestó. Los dos se pusieron pálidos al recibir la información, Yami solo salió sin despedirse, no entendía del porque Zaphyra había sido tan descuidada, estaba furioso, no le confiaría a Tea ni su alma, ella era peligrosa, y ahora sí temía por la vida del pequeño. Si no dejó que muriera en el ataque de esos hombres, no dejaría que estuviera en peligro por irresponsabilidad de la anciana.
Joey solo suspiró, despidiéndose de Zaphyra e intentando seguirle el paso a Yami. Ella solo se sentó, no entendía porque le tenían manía contra la chica. Era demasiado seria, pocas veces expresaba sus emociones, pero no era mala persona. Para ella claro. Para los demás, era sádica, una bruja en todo el sentido de la palabra. Suspiró mientras terminaba sus oficios, esos chicos le sacarían canas verdes.
Tea había terminado de contarle su historia a Yugi, quien le vio con ojos llorosos. Pasó de un estado triste a uno eufórico, ya habían llegado al lago. De la nada, le abrazó, provocando que los dos cayeran al suelo. Tea se le quedó viendo, sorprendida. No entendía que rayos pasaba con él.
—Pensé que estabas muerta, ¡me dijeron que ya no existías! –exclamó Yugi aún abrazándola
—No te entiendo, ¡¿Por qué me buscarías?! ¡Tú no me conoces! –estalló Tea asustada
—¿Acaso no me recuerdas? –Le vio a los ojos, llorando —¿No recuerdas quién soy?
Tea le vio detenidamente, para luego ver una chispa azul que se encendía tenuemente en los ojos de Yugi, luego regresaron a su tono natural. Sobresaltada, se apartó de él bruscamente. Yugi se sentó, secándose las lágrimas rápidamente. De la nada, cayó arrodillada, esbozando una sonrisa torcida, no lograba contener el cúmulo de emociones que se avecinaba en su interior.
—¡¿Master?! ¡Master! –gritó confundida
Yugi asintió levemente, tenía una corazonada con la lobuna, por ello había decidido hablarle, estaba consternado con su historia, no sabía que le había causado tantos problemas.
—¡Lo siento! –Yugi agachó la cabeza, angustiado –No sabía que te causaría problemas por haberte dado ese poder
—Espere Master, no es su culpa, sólo fueron las circunstancias –Tea intentó calmarle, se aproximó a él, abrazándolo con cariño –Me ha sorprendido con su presencia humana, es como un pequeño regalo a esta insignificante vida
—No digas insignificante vida, todos son valiosas para mi, en especial tú, fuiste la primera en nacer de mis manos –rió Yugi recordándole
Tea le agradeció en silencio, en eso vio como una gran bola de fuego se aproximaba hacia ellos desde el cielo. Apenas tuvo tiempo para tomar a Yugi en sus brazos y saltar hacia atrás, pero la explosión los lanzó hacia el fondo del bosque que tenían atrás, todo comenzó a arder en llamas, alrededor del lago comenzaba a consumirse lentamente. Tea dejó a Yugi en el suelo, de un salto se elevó entre los árboles, tratando de ver el causante de semejante destrucción.
Yami y Joey habían visto como caía el ataque en esa zona, corrieron veloces hacia el lugar. Al apenas llegar, Yami comenzó a convocar agua en sus manos desde el lago, provocando una gran ola que fue desecha de un solo golpe con otra llamarada. Vieron hacia arriba, un chico de unos dieciocho años, de cabellos rojizos, ojos azules y ropas azules de mago, llevaba una guadaña enorme, estaba entrelazada con ramificaciones con forma de hueso en la parte de la cuchilla, esta emanaba un aura oscura. Bajó riéndose, pisando las flamas sin que le quemaran, dejándoles sorprendidos.
Tea había visto al chico, sorprendida. Bajó al suelo, viendo que Yugi había entrado en pánico. Le tomó entre sus brazos, comenzando a caminar, lejos del lugar. Sabía el porqué de su miedo, y la verdad, prefería apartarle.
—Ya me encontró, ya me encontró –repitió varias veces en susurros casi imperceptibles
—No se preocupe Master, veré como sacarlo de aquí –le contestó para tranquilizarlo
—Pero debemos salvar a las hadas, ellas están en peligro –dijo Yugi dejando de lado su pánico
—En todo caso, yo iré por ellas, puedo llamarlas, pero debo alejarlo de aquí tanto como pueda
—Déjame aquí, ve por ellas rápido, por favor, yo no me moveré de aquí –suplicó Yugi
Tea aceptó a regañadientes, le dejó entre dos árboles que tenían una frondosidad lo suficiente para cubrirle, luego partió hacia las llamas, esperaba encontrarlas con vida.
El joven se mofó de los lobunos, haciendo enojar a Yami. Joey le preguntó porque rayos estaba destruyendo el bosque.
—Yo destruyo mis dominios como lo desee, además, pronto todo será consumido –rió con sorna
—¿Tus dominios? Te crees el dueño del mundo, humano, cuando no eres nada –se burló Yami
El joven rió con malicia, para pasar a golpearlos de una sola estocada. Los dos se apartaron al instante en el que podían ser rebanados con su impresionante oz, Yami alzó sus manos y convocó una ventisca en forma de remolino, haciendo que cayera al suelo el joven de la oz. Joey de un momento a otro desapareció, para ponerse atrás de él y propinarle una serie de patadas rápidas, apareció de nuevo frente a él y lo lanzó al suelo agarrándolo del pelo y enterrándole la cara.
—¡No me subestimen! ¡Asquerosas criaturas! –el joven se levantó convocando fuego en esferas gigantes que lanzaba con fuerza
Yami apenas las lograba evitar, Joey fue golpeado con una, lanzándolo contra un árbol. Yami gritó su nombre, pero no pudo distraerse demasiado, este aprovechó la oportunidad y lo golpeó, Yami sujetó la oz y lo golpeó con fuerza en el estómago, al tenerse así, concentró energía en su mano, sujetándole.
—¡Meteoran! –exclamó Yami
Una fuerza de impacto golpeó al joven directamente, Yami lo soltó. Este cayó al suelo, gravemente herido. Yami le colocó el pie en la cabeza, furioso. Cuando vio, varios lobunos llegaban como apoyo, la emperatriz ya había de haberse enterado.
El joven se levantó, sorprendiendo a Yami con la guardia baja, retrocediendo. El joven sangraba, pero logró elevar en un salto, flotando en el aire.
—Me vengaré lobuno, lo juro, ¡Desearás no haber nacido! –exclamó
De un momento a otro, desapareció. Corrió a socorrer a Joey, estaba inconsciente, pero sus heridas no eran de gravedad. Paso seguido, se los encargó a dos lobunos para luego ir en busca de Yugi y de Tea. Los demás lobunos se ocuparon de apagar las llamas que aún consumían ferozmente el bosque.
En el transcurso de la pelea, Tea había logrado encontrar a todas las hadas, estaban ocultas en el agujero de un conejo, les habló para que no le tuvieran miedo y todas se metieron en sus ropas, revisó el lugar rápidamente y corrió hacia donde se había quedado el pequeño. Lo encontró, las hadas volaron hacia él, Yugi las rodeó con sus brazos, ellas le narraban lo ocurrido. Tea tomó a Yugi en sus brazos, corrió hacia la casa de Zaphyra, tan rápido iba que nos se dio cuenta que iba a chocar con Yami, cosa que impactaron los tres, pero las haditas de la nada convocaron nubes que evitaron la caída de Tea y de Yugi, no la de Yami.
—¡¿Qué carajos?! –soltó Yami molesto
—¡no preguntes! –dijo Tea retomando su camino
—¡Espera!
—¡No molestes Arlentio!
—Yo me lo llevaré
—Está bajo mi responsabilidad –no se había detenido a hablarle, Yami le seguía
—¿Desde cuando te preocupas por un humano?
—¡Déjame en paz, cucharacha rastrera! –gritó Tea enojada, estaba preocupada por mantener al pequeño a salvo, y él no se la estaba haciendo fácil
Yugi le tocó la mejilla, preocupado. No quería decirle nada, ni quería ir con Yami. Solo quería estar con ella, le traía un poco de paz su persona. Yami se le quedó viendo, algo no estaba bien. Ella siempre se apartaba de todo, pero ahora protegía a un pequeño. ¿Qué rayos pasaba?
Discutieron en todo el camino hasta llegar a la casa de Zaphyra, le dejó en la cama, las haditas estaban escondidas en la ropa de Yugi, haciendo que luciera gordo. Tea lanzó a Yami afuera de la casa de Zaphyra, fastidiada, frustrada. Las emociones comenzaban a desbordarse de la peor manera. Yami era la gota que derramó el vaso.
Yugi dejó a las haditas en su cama, ellas se escondieron bajo las sábanas, riendo entre ellas. Zaphyra salió junto a él, viendo la pelea que ya había comenzado, los dos se lanzaban ataques feroces de puñetazos y patadas, deteniéndolas con fuerza. Los puños de Tea estaban encendidos en fuego, estaba harta de ese lobuno.
—¡Basta! –gritó Yugi desesperado, los dos le vieron incrédulos
—Deja de meterte en las vidas ajenas, Arlentio –habló Tea con un odio incontenible
—No te metas en lo que hago, bruja
Se iban a atacar de nuevo, pero unas raíces sujetaron a ambos, rodeando ambos cuerpos, exceptuando el cuello y la cabeza. Los dos se le quedaron viendo choqueados. Yugi había alzado su mano hacia el frente, respirando rápidamente.
—¡Dejen de pelear! –exclamó Yugi cayendo hincado –Por favor
Las raíces desaparecieron, ambos corriendo a estar al lado del pequeño. Yugi vio seriamente a Yami, el guardar el secreto estaba haciendo que peleara con todos, desuniéndolos y eso no quería. Si eso seguía así, podría hacer que todo se perdiera, los recuerdos comenzaron a torturarlo.
—Si tanto quieres saber, te lo diré –soltó Yugi viéndole fríamente –Porque ya estoy harto de provocar problemas
—Master, no –soltó Tea
—Yo soy el hijo de la madre naturaleza, la guardiana y señora de este mundo –Soltó Yugi viéndole con una mezcla de sentimientos que lo inundaron en ese momento
Yami contuvo la respiración ante tal declaración.
..X.X.X.X.X.X.X.X..X.X..X.X.X.X.X.X.X.X.X.X..X.X
Hola a todos!
Yugi estaba ya harto de tanta intriga, Yami hostigando a cada minuto, el ataque del sujeto y el encuentro con una vieja amiga. Todo se vuelve un caos en este momento, ¿qué pasará ahora que se ha revelado el secreto? Todo esto y mucho más en el siguiente capítulo.
Disculpen la demora, pero he estado con varias cosas, entre ellas dos mangas que estoy publicando mensualmente y es difícil coordinarme para acabar con todo lo que tengo que hacer, pero aquí traigo la continuación de esta extraña historia, que les dejará sorprendidos. Apenas acaba de comenzar.
Muchas gracias por sus comentarios, me han levantado el ánimo hasta los cielos, con ello pude terminar de escribir este capitulo y publicarlo. Espero que les guste y nos vemos pronto en el siguiente, esperando que no se le complique mucho la vida a nuestro querido Yugi, aunque Yami tiene mas secretos que revelar que el pequeño. Muaja XDDD
Hasta entonces, que la musa les acompañe siempre. Ya ne!
