uhhhHolaaaa! ¿Cómo están? Aquí regreso con este nuevo capítulo de Las Torres del Amor. Quería agradecerles a AmericaSD, a Zorro Junior y a Erika Peterson por sus comentarios. Quería responderle a Zorro Junior que será un poco difícil añadir más ZoRo puesto que el fic está narrado en primea persona por parte de Nami, pero intentare como pueda añadir para tu gusto
También quería avisarles que puesto que han terminado mis vacaciones de invierno, y tengo que volver a estudiar…. Quizás me tarde más en actualizar los capítulos de mis fics. Intentaré, de todos modos, que no pase mucho tiempo entre capitulo y capitulo.
Madrugada del jueves 6 de septiembre, 2001
El ruido de las calles de Nueva York me despertó. Estaba un tanto desorientada, aun no me acostumbraba a aquellos bocinazos, a los fuertes susurros de la gente la cual caminaba, paseaba o salía a disfrutar de las cálidas noches de verano. Lentamente abrí los ojos, estaba un poco cansada por la noche anterior, pero las ganas de ir al baño, no me estaban dejando en paz. Me puse de pie y me dirigí hacía la habitación continua, luego de terminar con mis necesidades y de subirme el short, nuevamente, me dirigí hacía mi cama, mi agradable cama. Volví a soltar un grito como la noche anterior, pero esta vez fue sumergido ante el gran y poderoso sueño. El morocho se había cruzado a mis sabanas en el momento en que yo había estado fuera de ellas. Me acerque lentamente pensando que podría llegar a estar dormido, pero cuando abrió un ojo rápidamente y lo cerró a la misma velocidad, supe que estaba intentando hacer una broma, o al menos eso creí.
¿Qué haces, Luffy? – Pregunté al tiempo que éste abría definitivamente los ojos
Huelo – Giró en su mismo eje, quedando boca abajo, y comenzó a moverse inquietamente
¿Huelo? – Le pregunte confundida, las ganas de dormir no ayudaban a razonar
Tu cama huele a ti – Me sonrió, logrando que mi corazón se detenga unos momentos – Huele a mandarina – Soltó una carcajada, era oficial mi corazón se derretía cuando él sonreía de esa manera
¿A si? – Le dije curiosa mientras me frotaba un ojo con mi puño – Oi ¿Fui yo la que te ha despertado? – Curiosamente me senté a su lado
No… Bueno si – Me confirmó al tiempo en que se sentaba con las rodillas cruzadas a mi lado – Pero no te preocupes – Sonrió
Lo siento – Preocupada me puse de pie, y contemplé el reloj - ¡Las 3 de la madrugada! ¿Y hay gente en la calle? ¡Diablos! Mañana tenemos que trabajar, Luffy, perdón por despertaste, pero ¿Podrías volver a tu cama? – Insinué mientras apuntaba… "su cama". Que miserable, pobre muchacho. Aunque… él se había ido a perder esa noche… Eso me hizo sentir mejor
No – Su cara quedó seria, jamás la había visto tan reservado y tieso, debo admitir que mi silencio se debió a la sorpresa
¿Qué? – Alcance a preguntar en cuanto volví en mi ¿Qué querría decir con ese no? ¿Acaso era un nene de mami que no podía aceptar otra cosa que no quisiera? Esa era mi cama, no la suya, y mientras me ponía de pie, mi rostro tomó una expresión severa - ¿Qué dijiste? –
Qué No – Elevó su voz ¿Qué estaba pasándole? Retrocedí un paso, asustada, su rostro, su mirada… Nunca lo había visto así, y no parecía ser de ese tipo de personas
¿Y por qué no? ¡Es mi cama! – Exclamé al tiempo en que sacudía mis manos, intentando recobrar la valentía, debía hacerle frente, esa era mi casa, mi hogar…
Porque no – Se acurrucó entre mis sabanas cosa que a pesar de resultarme tremendamente infantil, me causo una pequeña sensación de ternura
Pero – Estiré los brazos y los apunte a las sabanas del suelo – Esas son tus sabanas – Le indique mientras me arrimaba a MI cama, para tirarle de un pie
Comenzó a reír ¿Acaso era un juego? Bufe cuando se aferró al colchón y se me hizo imposible sacarlo de allí. A los diez minutos el sueño y el esfuerzo me dejaron agotada, decidí dejarlo en paz y me tomé las piernas para masajearlas. Bajé la mirada cansada al suelo, y cuando volví a levantarla hacía la cama, me lo encontré a dos centímetros de mi rostro, nuestros alientos empañaban la mirada el otro, y nuestros labios se rosaban entre ellos, logrando que la tención de nuestras miradas aumente. Me quedé helada en ese mismo momento ¿Qué le estaba pasando a ese tipo? ¿Acaso…?
Fue un segundo, pero fue tan… se empujó con los brazos hacía mí, y nuestros labios terminaron de juntarse en un corto y delicado beso que acabo con mi corazón acelerado. Cuando nos separamos, desvié la mirada. Eso había sido lo más hermosamente vergonzoso de aquella situación ¡Dios! ¿Cómo era que un hombre podía volverte loca de esa forma? Jamás me había pasado que un simple beso, despertara instintos en mí de esa manera, y supuse que seguir en aquella posición con su rostro sonriente a centímetros mío, terminaría fatal.
Aunque sabía que estaba toda roja, me hice a un lado, orgullosa, me puse de pie y decidí fingir que todo estaba bien, que no había sentido nada al respecto y que lo regañaría por haber hecho eso. Me encontraba atrapada, atrapada en su mirada, atrapada en esos labios, atrapada en… Me choque contra la pared y me deje caer en ese mismo lugar. Me miró un tanto confundido.
Oi ¿Estas bien? – Preguntó enseguida
Yo… S… Si… ¡Sí! – Me forcé a no perder la dignidad de esa manera – Eso solo que… - Piensa Nami, piensa – Fue repentino… ¿Qué fue eso? – Me aparte los cabellos de la cara y lo contemple por unos instantes con mi mirada clavada en la suya
No lo sé… - Desvió su mirada hacía la ventana, podría haber dicho que estaba rojo, pero estaría mintiendo – Solo me entraron ganas – Me dedicó una sonrisa
Así que era ese tipo de hombre. Que decepción, pensé que quizás… No sabía qué hacía eso con cada mujer con la que le entrara ganas, me puse de pie intentando no demostrar mis verdaderos sentimientos, celos y tristeza. ¿Acaso los hombres eran todos iguales? No debía haber uno decente en el mundo.
Quería saber que se sentía – Murmuró mientras se sentaba en la cama
¡Ahora ya lo sabes! – Exclame ferozmente, enojada – Un momento… - ¿A qué se refería que quería saber que se sentía? Lo mire intrigada - ¿Qué quieres decir? –
¿Qué quiero decir con qué? – Pregunto de tal forma que quede confundida
¿Qué quieres decir con que querías saber que se sentía? – Lo interrogue logrando que mi propia pregunta me confundiese aún más
Quiero decir que quería saber que se sentía – Me respondió ingenuamente, el morocho se acercó a la ventana y apoyó sus manos en el vidrio mientras intentaba mirar hacia abajo
¿Qué se sentía qué? – Dije casi en un grito, ya me estaba poniendo un poco nerviosa y sinceramente, no tenía ganas de discutir con aquel hombre
Que se sentía besar a alguien – Me quede helada ¿Qué se sentía besar a alguien? ¿Qué clase de idea era esa? Lo mire pasmada, intentando deducir a que se refería con eso. Desvié la mirada a varios lugares, confundida, antes de poder contemplarlo
Que… ¿Qué se sentía besar a alguien? – Repetí un tanto desorientada mientras éste volteaba a verme
Si - Me sonrió y eso me dejo sin aliento automáticamente, me volví a sorprender, no entendía como ese hombre podría tener ese efecto sobre mí
No… No entiendo… - Murmuré al cabo de unos segundos
Quería saber que se siente – Me miró extrañado - ¿Tan raro es? – Hizo una señal con la mano, restándole importancia
Bueno, no, digo si, digo no – Tartamudeé mientras me avergonzaba por el hecho, estaba actuando como una completa idiota – Es que… pensé que quizás tú ya… habías besando a… - Mis nervios no me dejaron terminar la frase
No – Se acercó sonriente a mí mientras lo único que podía hacer era auto encerrarme contra la pared y pensar en que aquel joven no paraba de sorprenderme – Aunque – Nuevamente se encontraba a dos centímetros de mí. Sentí como la sangre que mi corazón bombeaba, se concentraba en mis mejillas, dándome el tono rojizo que tanto odiaba. Su rostro se acercó al mío poniéndome sumamente sumisa, dejando todo mi cuerpo a su disposición – Me gusta – Me tomó entre sus brazos y luego de estrujarme contra su cuerpo, hundió sus labios en los míos
¿Qué haces? – Pregunté en un suspiro luego de separarnos
Quería probar de nuevo, se siente rico – Sus palabras me dejaron aún más desconcertada que sus acciones ¿A qué se refería con rico? ¡Dios! Esta situación iba a matarme de la vergüenza
Pero… pero ¡No puedes ir así por la vida besando gente por que sí! – Grité mientras me separaba de su cuerpo y corría hacía mi cocina
¿Por qué no? – Me siguió y eso me incomodo aún más
¡Por que no! Uno besa a una persona cuando siente algo por ella, cuando uno siente amor – Le explique desesperadamente mientras sacaba un plato de la estantería y me ponía a cocinar algo, necesitaba hacer algo para distraerme y no mirarlo a los ojos – No por que tengas ganas –
¿Y cómo sé cuándo es amor? – Sus preguntas me ponían nerviosa, eso era suficiente, si no paraba con eso, lo echaría de mi departamento. Sentí como ingresaba a la misma habitación, situándose detrás de mí y rodeándome la cintura con sus manos
Yo… Yo… - Voltee rápidamente, otra vez, a centímetros de él. Era una sensación rara, ese hombre… era lo que toda mujer… ¡No! Me dije que no podía, no… Él solo era un compañero de edificio, ni siquiera era… Sus labios se zambulleron en los míos, dejándome presa de ellos, logrando que mis ojos se abrieran como platos, sin entender que era lo que le estaba pasando a ese tipo - ¿Qué haces? – ésta vez lo empuje lejos de mí
Oi ¿Qué sucede? Yo solo… - Comenzó pero enseguida lo interrumpí
¡No hagas más eso! ¡Ya te dije! Solo puedes hacerlo cuando sientes algo por otra persona, no porque se te antoja – Casi sin paciencia le explique, su rostro se tiño de comprensión, o al menos eso creí
Entiendo – Finalmente confirme mis sospechas y en un segundo, se alejó de mi
Se dirigió a su cama, y se acostó como si nada hubiese pasado. ¿Qué le pasaba a ese hombre? Era un poco… extraño. Debía admitir que era atractivo, pero su personalidad inmadura e impulsiva, me dejaba en duda si valía la pena arriesgarse por el o no. Cuando termine de preparar lo que estaba haciendo (No podía dejarlo así) Me dirigí a mi cama, y cuando lo vi roncando tan naturalmente, solté una sonrisa. Me acosté con la mirada fija en mi huésped y así me deje llevar por el tren de los sueños.
Cuando abrí los ojos, un pequeño rayo de sol entraba por la ventana de mi departamento. Me estiré en mi lugar, y me quede blanca cual fantasma cuando sentí el pie de otra persona cerca de mi rodilla. Voltee al tiempo que soltaba un grito sordo y quede aún más perpleja cuando divisé al morocho en MI cama. Me senté en mi lugar intentando reprimir mi ira y me froté los ojos con resentimiento. Ese tipo estaba completamente loco. ¿Acaso no le importaba lo que le dijese? Era mi cama, era mi casa, era mi propiedad, era mi espacio personal.
Me limité a suspirar, con palabras no iba a poder hacerle entender. A penas había comprendido el hecho de que uno solo besa a sus amores, no a cualquiera, y eso me había costado tres besos… ¿Habían sido tres? Lentamente sentí como mi rostro comenzaba a ponerse todo rojo ¿Tantos? No podía ser… Uno en la cama, otro en la pared y otro en la cocina ¡Qué vergüenza! Aunque estaba segura que a Robin le encantarían las noticias, yo no estaba segura de sí valía la pena contarlas. Después de todo, habían sido tres besos… Bueno, en realidad solo unimos labios, no había habido nada de lengua o eso… ¡Pero que estaba pensando! Sentí como el corazón comenzaba a bombear sangre más rápido a medida que imágenes en mi cabeza aparecían. ¡Por suerte solo había sido es! Me repetí para no convencerme de lo contrario. Ese joven era tan atrayente… Me lo quede contemplando, y vi cómo se movía dormido, sí que era inquieto, me extraño que no me haya dado cuenta de su presencia antes de tiempo.
Comida… -
¿Estaba despierto? Me acerque cuidadosamente. ¡No! Estaba dormido, estaba soñando con algo de comer, me resulto tan tierno que no pude evitar sonreír. Rápidamente me situé junto a la heladera y comencé a prepararnos el desayuno, saque unos pequeños pastelitos de mandarina de un estante y luego preparé dos tazas de café.
Cuando todo estuvo listo me acerqué a mis aposentos y luego de sentarme a su lado, comencé a acomodarle los cabellos, tenía lindo cabello, oscuro y suave. Sonreí cuando abrió los ojos, lentamente, y los poso en mí.
Buen día – Dije entusiasmada cual madre de cinco niños
Hola… - Se sentó con la mirada aun somnolienta y miro hacía todas las direcciones - ¿Dónde estoy? –
¿Qué no recuerdas? Te perdiste anoche y te deje quedarte – Acaso no ibas a parar de sorprender ¿Verdad, Luffy? Se puso de pie y fue en ese momento cuando su estomagó gruño cual manada de lobos, tenía hambre – Tengo unos pastelitos de mandarina, ve a sentarte – Al pronunciar esas palabras, su mirada se tornó alegre y emocionada, me dio risa de como una persona podía activar sus energías así de rápido
Nos sentamos juntos, desayunamos, y hablamos de cualquier tema relacionado con la comida, le gustaba comer, me dio la impresión de ser esas personas que no paran nunca de comer. Me resulto gracioso que un hombre no paré de comer hasta que todo se acabe, pero quien está aquí para juzgarlo, de hecho ese pequeño detalle de su personalidad me atraía más. Evite el tema de los besos lo más que pude, igualmente, no hizo falta, el morocho no habló de eso, parecía como si hubiese sido otro Luffy el de aquella madrugada. Me extrañó.
Todo fue normal, salimos juntos, y nos dirigimos al World Trade Center para un día más de rutina. Yo debía preparar todos los papeles para viajar la próxima semana a San Francisco, y él debía comenzar su radio matutina junto a su compañero peliverde. Caminamos hasta las torres, no quedaban tan lejos y luego de ingresar, nos dirigimos a los ascensores que nos dejarían a cada cual en su planta. Subimos hablando de lo todo lo que compañeros de trabajo hablan y mientras los pisos pasaban nos recordamos lo divertida que estuvo la fiesta de su amigo Sanji.
Piso 76, leí para mí. Era hora de bajarme, me despedí de él mientras me acomodaba cerca de la puerta para poder salir rápida y eficazmente. Pero cuando estaba por bajar, sentí como alguien me tiraba de la mano y volteaba hacía él. Tuve, nuevamente, al morocho a cinco centímetros de mi cara. Él sonreía, yo más sorprendida que confundida, espere lo peor.
Anoche fue muy divertido, deberíamos volver a hacerlo –
Me soltó y corrí fuera del ascensor. ¡Casi subo un piso de más! Pero llegue. Llegue con el corazón en la boca, definitivamente, Robin estaría feliz de escuchar las noticias.
Hasta aquí he llegado esta vez. Bueno, espero que me disculpen por tardar, pero en sima he tenido un problemita a nivel familiar, y quizás tarde en actualizar todos mis fics. Espero que sepan disculpar y ansió sus comentarios y sus opiniones acerca del capítulo. Nos leemos pronto.
