Llovía intensamente sobre un lúgubre pantano y el viento huracanado arrancaba ramas de árboles y calaba los huesos. Relámpagos iluminaban por momentos la noche y el fuerte sonido de los truenos se mezclaba con el monótono golpeteo de las gotas de lluvia sobre las negras aguas del pantano. Parecía que todos los elementos se combinaban para mantener a cualquier persona alejada de aquel lugar. Sin embargo, Rodolphus Lestrange, luchaba por avanzar en medio de aquel caos, resuelto a encontrar a la persona que había ido a buscar.
El primer indicio de que estaba en la dirección correcta, llegó cuando pasó al lado del astillado tronco de un viejo árbol que había sido alcanzado por un rayo. Una leve sonrisa iluminó su rostro mientras examinaba con una mano el carbonizado tronco.
—La magia siempre deja huellas —dijo, y como si hablara con un ser invisible agregó— Siempre fuiste tan predecible.
Del bolsillo de su túnica de viaje, sacó unas pequeñas piedrecillas del tamaño de una nuez y las arrojó con fuerza en todas direcciones hacia los árboles que tenía delante de él. Inmediatamente, una lluvia de relámpagos cayó exactamente en cada lugar en donde las piedrecillas habían chocado, causando una terrible destrucción.
—Veo que esta vez te superaste a ti mismo —le dijo a aquel ser invisible sarcásticamente, mientras avanzaba entre los árboles en llamas sorteando hoyos humeantes, productos del impacto de los rayos.
Él sabía de antemano que aquella búsqueda resultaría en una completa y total pérdida de tiempo, porque precisamente venia de hacer algo similar, pero no perdía nada con intentarlo una vez más.
En su anterior búsqueda, simplemente tuvo que atacar a un pequeño elfo doméstico para llegar a su objetivo.
Lo siento mucho pequeño amigo, pero créeme es mejor así Le había dicho al temeroso elfo al momento de lanzarle un hechizo congelante.
Habría podido evitar fácilmente al diminuto sirviente para ingresar a la imponente mansión Malfoy sin ser descubierto, pero entonces Lucius lo habría castigado duramente por haber sido burlado en su guardia y él no quería ser el culpable de que una pequeña criatura sufriese de esa manera.
No puedo hacer nada, tengo las manos atadas en estos momentos Rodolphus, los del ministerio me vigilan Fue la respuesta que obtuvo de Lucius, cuando le había pedido su ayuda para buscar al señor tenebroso Tengo esposa y un hijo pequeño y debo ver por ellos… no puedo arriesgarme a terminar en Azkaban ¿No harías tú lo mismo?
— ¡Cobarde! —Pensó Rodolphus, al recordar las palabras de Malfoy, pero en realidad no lo culpaba, porque de haber tenido él, un hijo pequeño, no lo habría abandonado por ir en busca de una piltrafa humana.
Finalmente se detuvo, porque al parecer había llegado al final de su camino. En ese lugar en medio de la fuerte tormenta, las gotas de lluvia no tocaban el suelo y parecían rebotar en una especie de bóveda transparente. Sacó su varita y apuntó al aire, al tiempo que murmuraba un efectivo conjuro. Unos segundos después y con un pequeño ¡Puff! apareció ante sus ojos una vieja cabaña de troncos.
En la puerta de la cabaña, se encontraba un hombre de aspecto fiero y muy desaliñado; tenía la barba muy crecida al igual que el sucio y enredado cabello; en una de sus manos sostenía una varita con la cual apuntaba directamente al pecho de Rodolphus.
— ¿Qué haces aquí Lestrange? —Pregunto amenazadoramente.
—Estaba por hacerte exactamente la misma pregunta Antonin —dijo Rodolphus con tranquilidad— ¿No me invitas a pasar?
Antonin Dolohov se hizo a un lado y con una seña le indico que pase. Rodolphus entró en la cabaña, se quitó la empapada capa de viaje y miró alrededor buscando un lugar donde colgarla, pero lo único que había allí era un pequeño sofá lleno de mantas, una destartalada mesa y muchos pedazos de carne seca colgando de las paredes. Al no encontrar lugar para su capa la dejo en el suelo y se sentó cómodamente en el sofá.
Dolohov cerró la puerta detrás de ellos y con un tono sarcástico se dirigió a Rodolphus diciendo:
—Perdona si mi humilde escondite no tiene las comodidades de la "Mansión Lestrange"… pero como ves, en este lugar es muy difícil encontrar un buen decorador.
—De hecho, en este momento tienes más muebles de los que hay en mi nueva residencia —dijo Rodolphus y utilizando el mismo tono sarcástico agregó—…Es el pago de nuestro leal servicio al señor Tenebroso.
Dolohov no supo si reír o enfadarse por aquel comentario pero al escuchar a Rodolphus hablar de esa manera de Lord Voldemort se puso nervioso, porque parecía confirmar las dudas que tenía desde hace algún tiempo, acerca de la lealtad del inesperado visitante.
—Se ve que has perdido el respeto por el señor oscuro —dijo finalmente mirándolo fijo a los ojos, como buscando algún indicio para confirmar sus sospechas— al parecer estás seguro de que realmente se ha ido.
—Todo lo contrario Antonin, estoy realmente convencido de que anda débil por ahí, esperando porque alguien vaya en su ayuda… es por eso que estoy aquí.
Rodolphus se puso de pie y se llevó una mano dentro de la túnica para sacar algo de su interior, pero Dolohov rápidamente apunto con su varita y grito:
— ¡Diffindo!
Con un veloz movimiento, Rodolphus desapareció y el hechizo de Dolohov chocó contra la mesa partiéndola por la mitad. Unos segundos después reapareció al lado de Dolohov y le arrebató la varita con un flojo movimiento.
—Tranquilo Antonin, estás muy nervioso —dijo Rodolphus a un sorprendido Dolohov que cayó derrotado sobre el sofá— Solo iba a invitarte un trago.
Con la varita de Dolohov en su poder, nuevamente metió las manos en los bolsillos de su túnica y saco una botella de hidromiel y dos copas, se acercó a la mesa y tocándola con la varita la volvió a unir, puso las copas sobre ella y sirvió la espumeante Bebida.
—Propongo un brindis por el regreso de Lord Voldemort… —dijo al tiempo que le pasaba una copa a Dolohov, que tembló al escuchar el nombre del señor oscuro—…y por los mortifagos que lo ayudaran a volver al poder.
Rodolphus levanto su copa y mirando a Dolohov dijo:
— ¡Por nosotros!
—Estás loco si piensas que los dos podremos hacer algo así —rehusó Dolohov echando el contenido de su copa en el piso— necesitaríamos un ejército de mortifagos para poder enfrentarnos al ministerio sin la ayuda del señor tenebroso.
—También contamos con la ayuda de Bellatrix y Rabastan.
—Ajajá… una mujer y un inútil —rió Dolohov pero al instante se calló al ver la mirada amenazadora de Rodolphus y su varita en las manos de éste— eh… debo admitir que Bellatrix es una excelente bruja y Rabastan es bastante bueno con la maldición cruciatus, ¿pero acaso no te enteraste de lo que le pasó a Rosier?
Rodolphus hizo una pequeña pausa antes de responder, durante la cual pensó en Evan Rosier, uno de los mejores partidarios de Lord Voldemort, cruel y sanguinario, que disfrutaba torturando y matando a muggles y magos por igual y que junto con Lucius Malfoy, Antonin Dolohov y él mismo, eran los más poderosos magos de entre los mortifagos.
—Escuché que sostuvo un… "explosivo" encuentro con los aurores —Respondió Rodolphus despreocupadamente mientras servía un poco más de hidromiel en su copa.
—Sí, Rosier voló en pedazos, ¿puedes creerlo? tuvo un duelo con Moody y éste solo terminó con una pequeña herida en la nariz.
—No es de extrañarse, Evan siempre fue un inútil.
— ¡No digas tonterías! —Replicó furiosamente Dolohov, al tiempo que se ponía de pie y amenazaba con su dedo a Rodolphus— Evan Rosier era el mejor de todos nosotros… si él fue derrotado por un solo auror, nosotros no tenemos ninguna posibilidad de ganar.
—Habla por ti mismo —dijo Rodolphus despectivamente— Yo he luchado con Ojoloco Moody y estuve a punto de acabarlo, no es más que un viejo tonto y débil.
Mintió Rodolphus. Él era consciente de que no era así. Alastor Moody era un gran mago y en la ocasión en que se enfrentaron tuvo que hacer uso de toda su habilidad para no ser asesinado por el magnífico auror.
—Sí, recuerdo que te enfrentaste a él, junto con dos mortifagos más y fuiste el único que escapó con vida, ¿no se te hace eso, un poco sospechoso?
—No trates de culparme por la torpeza de Wilkes y Callahan, —dijo Rodolphus sonriendo— además, si el señor tenebroso no nos hubiera convocado en ese preciso momento, Moody sería un problema menos y Evan Rosier estaría vivo.
—Y si él estuviera vivo al menos habría una pequeña chance de tener éxito en tu búsqueda del señor tenebroso.
— ¿Eso quiere decir que no te unirás a nosotros para buscar a tu Señor?
— ¡No te atrevas a cuestionar mi lealtad, Lestrange! ¡Tú menos que nadie!
—Me parece que deberías bajar el tono de tu voz —dijo tranquilamente Rodolphus enseñándole las dos varitas que sostenía en su mano— Haces que pierda mi valioso tiempo… ¡decídete! ¿Vienes o no?
—Ciertamente no te seguiría, Lestrange, porque nunca confíe en ti, podrías estar tratando de engañarme para llevarme a una trampa.
—Si quisiera llevarte a una trampa no te invitaría a seguirme —dijo Rodolphus poniéndose su capa y dirigiéndose hacia la puerta— simplemente, te echaría en ella por la fuerza.
—Lo que quiero decir, es que no seguiré a un mago que odia al Señor Tenebroso.
Al escuchar esas palabras, Rodolphus se detuvo en la puerta y se quedó inmóvil apretando los puños.
— ¿Crees que no me di cuenta de que la loca de tu mujer, está enamorada del señor tenebroso? —Continuó diciendo Dolohov en medio de una risa burlona— No soy ningún tonto ¿sabes?
Rodolphus no era una persona sanguinaria y a pesar de ser un mago muy hábil con la varita o sin ella, siempre evitó lastimar a aquellos que no lo eran, tal vez por eso no había llegado a ser uno de los favoritos de Voldemort, como lo eran Rosier, Malfoy y Dolohov. Sin embargo en esa ocasión estaba por matar a un mago desarmado e indefenso.
Él podía soportar cualquier ofensa que le hicieran, no era una persona violenta, pero tenía una debilidad: su amada Bellatrix, y si alguien tan solo mencionara su nombre en una manera deshonrosa lo pagaría con la vida. Sin embargo si sus planes fallaban, podría necesitar a Dolohov para ayudar a su hermosa esposa a encontrar a Voldemort, de manera que, no le servía de nada un Dolohov despedazado y regado por todas partes junto a las carnes secas que colgaban de las paredes.
—Lo único que te estoy pidiendo, es que me ayudes a enfrentar a un par de aurores para restaurar en el poder al señor oscuro. —Dijo Rodolphus apretando los dientes y conteniéndose para no acabar con la vida de Dolohov.
—Tampoco soy tan estúpido como para enfrentar a los aurores del ministerio a tu lado, Lestrange.
Rodolphus sacó la varita de Dolohov de su bolsillo y éste retrocedió asustado.
—Olvidé, que los únicos aurores con los que prefieres enfrentarte, son aquellos que te dan la espalda o aquellos que no tienen varita y están distraídos protegiendo a sus hermanos ¿no es así Antonin? —Dijo Rodolphus despectivamente y le devolvió la varita, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta, donde se detuvo y agregó— Por cierto, "la loca" de mi esposa acaba de salvar tu vida esta noche.
Al salir de la cabaña, avanzó algunos metros bajo la lluvia, escucho otro leve ¡puff! y supuso que la cabaña había vuelto a desaparecer pero no se volvió a mirar. Era hora de ir al único lugar que había estado evitando ir, ya que sabía que el mago que encontraría, estaría más que contento por ayudarlos a buscar a Lord Voldemort. Al llegar junto a un árbol que se consumía en medio del fuego… desapareció, con la imagen de otra lujosa mansión en su mente, justo segundos antes de que un rayo cayera exactamente en el mismo lugar en donde había estado parado.
