Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.

El primer despertar gris

BPOV

Deje mi libro a un lado impacientemente y salte del sillón, alisando mi falda y dejé el libro en la mesita de café. Sin poder quedarme quieta, me paseaba por la sala de estar, mirando por la ventana el característico clima, la lluvia golpeaba contra los cristales de las ventanas y rebotaba en el travesaño del sendero en el jardín.

Habían pasado más de dos meses desde la partida de Edward y sabía por su carta que ya se acercaba el final de su formación básica. En cualquier día el estaría combatiendo el enemigo y aunque pensaba que era terrible, una parte de mí, no podía dejar de desear estar ahí con él.

Era tan aburrido vivir aquí, metida en mis obligaciones como hija y joven mujer que no podía liberarme y descubrir si tenía potencial para ser alguien. Yo también deseaba una aventura y me sentía encerrada en esta pequeña ciudad, como un pájaro con las alas cortadas, al que se le impide saber lo que se siente volar a través del aire.

Atrapándome a mí misma por dejarme llevar, me detuve y sonreí tristemente; no era común en mi ser melodramática y eso solo comprobó mis sospechas sobre la necesidad de un cambio de escenario.

Deslizándome en mi abrigo y mi sombrero para defenderme contra el clima, llame a mi padre para avisarle que iba caminar. Salí a la ancha calle residencial, sin apenas darme cuenta de que mis pies caminaban por cuenta propia. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no vi la raíz del árbol frente a mí, y solo pude sorprenderme antes de caer al suelo.

Murmurando bajo para mí misma sobre mi torpeza y raíces apareciendo de la nada, comencé a pararme y volteé para ver una pequeña persona para de tras de mí. Su rostro lucia consternado mientras me escudriñaba a través de la fuerte lluvia y me tendía una mano para ayudarme, preguntando, -¿Estás bien, Bella?-

Dándome cuenta de que era Alice, la hermana de Edward, acepte su ayuda y sacudí mi abrigo cubierto de hojas mojadas que se habían caído del árbol antes de que la lluvia constante las convirtiera en una pasta húmeda.

-Estoy bien, Alice, pero gracias por tu preocupación,- respondí, sonriéndole tímidamente por debajo del ala de mi sombrero. Aunque conozco a Alice por varios años, nunca hemos sido muy cercanas, y el lapso de dos años entre nosotras no ayudaba.

Comenzamos a caminar juntas en silencio hasta que me pregunto, -¿Has sabido algo de Edward recientemente?-

Sacudí la cabeza, la última carta que había recibido de él fue hace quince días, cuando había escrito para desearme un feliz cumpleaños. Me había parecido un poco lejano y distante, pero no carente de sinceridad y me conmovió el hecho de que lo recordara, incluso a kilómetros de distancia. Todavía me llena con un cálido brillo pensar en la carta doblada escondida en mi armario, donde la había guardado, releyéndola a menudo provocando que los pliegues de la hoja se arrugaran y ensuciaran.

-Yo tampoco,- suspiro, evidentemente decepcionada, y yo hice una nota mental para recordarle a Edward que enviara una carta a Alice. –Me pregunto que estará haciendo ahora.-

-Probablemente marchando- conteste, -tienen un largo camino hasta la línea de frente.-

Los ojos de Alce se iluminaron, mientras consideraba las posibilidades.

-Creo que él está luchando,- declaro, y mi corazón dio un vuelco ante la idea. –Creo que está ganando la batalla en solitario para que la guerra acabe, y todos los soldados puedas volver a casa.-

Me sonrió con tristeza ante la idea y me mordí el labio, aunque nunca lo admitiría ante ella, había estado extrañando a Edward más de lo que quería admitir. Él siempre había sido una constante presencia en mi vida, desde que jugábamos juntos cuando éramos unos críos mientras nuestras madres nos observaban, y me sentía vacía con él tan lejos, en un lugar donde yo no podía seguirlo.

Alice se volvió hacia mí repentinamente, sus labios temblaban y sus ojos brillaban húmedos. –Quiero que vuelva a casa, Bella.-

-Yo también,- le asegure, abrazándome para ofrecerme el único confort que me podía dar. Me hubiera gustado decirle que lo veríamos, pero pronto me di cuenta de que podrían pasar meses antes de eso y no podía prometerle algo que no podía cumplir.

-Solo piensa en cuando la guerra termine, Alice,- le recordé, -va a ser un héroe.-

Ella suspiro, se seco las lágrimas con un pañuelo y me sonrió tristemente.

Seguimos caminando, luchando contras las gotas de agua unos minutos hasta que ella se excuso diciendo que debía volver a casa y nos separamos. Recorrí lentamente el camino hasta mi casa, apenas notando el torrente de lluvia que caía a mí alrededor, rebotando en mi sombrero y mi abrigo ahora empapado.

Dejándome llevar, me cambie de ropa y me senté en mi escritorio con una hoja en blanco frente a mí, y una pluma en mi mano. Mordí el borde del lápiz nerviosamente, y luego comencé a escribir, llenando rápidamente la pagina con mi irregular caligrafía.

EPOV

Mi cabeza estaba inclinada contra el ataque constante de la llovizna que parecía no poner fin a la cascada de de nubes ondeando encima de las trincheras. Hubo un momento, después de un intenso periodo de bombardeo, cuando el cielo se oscureció completamente con columnas de humo espeso y asfixiante, llenando nuestros pulmones del hedor acre.

Cuando trago, casi puedo saborear la capa de ceniza que tenía en mi boca desde el último bombardeo en nuestras trincheras, justo antes de que los alemanes atacaran. Ellos nos habían acusado, una ola gris salpico de barro los uniformes que hizo parecer a cada hombre igual, pero inevitablemente, separándolos de nosotros. El ruido ensordecedor de las ametralladoras rompió el silencio de la madrugada y cada uno de nosotros tomo su lugar, nuestras bayonetas fijadas en los cañones de los fusiles. Rezaba para que nadie se acercara lo suficiente para que tener que usarla.

Hubo un sonido ensordecedor mientras la cabeza de un hombre volaba de su cuerpo y trague, con nauseas incluso por el recuerdo, me obligue a bajar las olas de pánico que amenazaban con tomar control en mi cuerpo si quedaba demasiado tiempo en el recuerdo. Más grupos de alemanes siguieron llegando, y nosotros seguíamos disparando, cada uno cayendo donde sus camaradas ya habían caído antes, hermanos en la muerte así como en los brazos.

Ahora, sentado en el borde de la zanja de tierra que no pertenece a nadie, estaba vigilando en un turno de guardia que duraría toda la noche. En su mayor parte, hemos jugado un juego de espera. En cualquier momento podríamos ser asediados por proyectiles o invadidos por los Hunos y ninguno de nosotros sabía cuando seria. Se han llevado a algunos hombres locos, al no saber qué hacer, pero he descubierto que la única manera de mantenerse estable es vivir en un estado de adormecimiento.

Para evitar pensar en el horror y la destrucción que mi mente revelo, recuerdo mi otra vida, la que vivía antes de venir aquí. Me pasaba las noches pensando en mi familia, la dulce amabilidad de mi madre, el fuerte apretón de manos con mi padre antes de que el tren partiera, el temperamento alegre y la sonrisa de Alice.

Mis pensamientos se dirigían a Bella con frecuencia, más de que lo estaba dispuesto a admitir. Ella siempre había sido la que le daba sentido a las cosas por mí, y ahora yo necesitaba su sentido práctico y su comprensión más que nunca. Solo, pensaba demasiado, y en las trincheras no había que hacer salvo pensar. Necesitaba que ella me sacara de mi introspección y me hiciera sentir yo mismo.

Pensar en Bella me recordó el premio que guardaba en mi bolsillo, las cartas que había recibido de casa ese mismo día. Las había escondido para leerlas en la noche, sabiendo que podría disfrutar de un poco de paz, y cuidadosamente abrí el sobre, saboreando la sensación del papel en mis dedos y la suave fragancia hogareña que trajo.

La primera carta era de mi madre, parloteando sobre un almuerzo que había organizado con sus amigos, y que incluía una breve nota de Alice donde hablaba acerca de la escuela y una fiesta que se celebraría la semana siguiente. Estaba un poco decepcionado ya que no había ninguna palabra de mi padre, pero eso se alivio al instante en el que identifique la caligrafía de la siguiente carta, era de Bella.

Sus cartas, sin falta, me distraían de una manera que nadie había hecho antes. Quizás era por el hecho de que yo sabía que, si yo regreso a casa, encajaría perfectamente en lo que ella hacía y me conto. Ella me daba las esperanzas para creer que seguía siendo el mismo Edward que conoció, o al menos que podía ser.

Cuando desplegué el papel, su olor floto suavemente y deje de sentirme muerto, para instantáneamente ser transportado a nuestro prado, o el jardín o cualquier lugar en el que hayamos pasado tiempo juntos. Para mí, esa fragancia significaba casa, y me di cuenta de que no podría encontrar mi hogar sin él. Respirando profundamente y saboreando cada respiración, me puse a leer lo que había escrito.

Septiembre 28 de 1917

Querido Edward,

Te escribo para agradecerte sinceramente por los buenos deseos para mi cumpleaños enviados en la última carta. Me conmovió el hecho de que tus pensamientos se dirigieron a mí, incluso cuando estás tan lejos y es que existe un gran brecha entre nosotros.

Me di cuenta de que jamás seré capaz de comprender tus experiencias y aventuras, pero espero que me enseñes lo que puedas sobre tu participación en esta guerra y tratare de entender, de alguna manera lo hare.

Si alguna vez dudaste no puedes hacerlo ahora, todos estamos muy orgullosos de ti y tu madre alardea sobre su hijo, el soldado, a todos los que conoce. Alice también te extraña mucho. Hemos pasado tiempo juntas y está claro que está llena de admiración por su valiente hermano mayor. ¿Quién no puede admirar lo que estás haciendo?

Por mi parte, mis días se han vuelto mucho más solitarios ahora que no estás en ellos. Sé que todos lo hacemos, pero crecimos juntos y el hecho de que nos hayan separado de todas las maneras posibles no me permite fingir que echo de menos tenerte aquí.

Sigo con mis estudios, trabajando arduamente en mi francés e historia, me di por vencida con las matemáticas hace semanas. Se me hizo imposible dominarla sin tu ayuda, y recibí muy poco estimulo de mi padre para seguir. Él no considera que una mujer joven deba tener dominio sobre la educación, trato de decirles que el mundo está cambiando, pero él no cambiara de idea.

No me avergüenzo de decirte, Edward, que estoy preocupada por él. Se hace cada vez más viejo con cada día que pasa, y aunque tiene apenas cincuenta años, estoy preocupada por él. No sé cómo cuidar de él, luce tan frágil y me temo que no soy capaz de crear un hogar agradable para él. Yo se que él siente la perdida de mi madre más fuerte que yo, aunque ella no ha estado por los últimos seis años, y parece que su estado de salud y bienestar está decayendo, como si no pudiera luchas mas contra los años de dolor sin tregua. Ruego que no tenga previsto reunirse con ella pronto o voy a estar totalmente sola, y la idea me aterra.

Aunque siento que mi pluma podría llenar hojas, debo terminar y te recuerdo que nuestros pensamientos y oraciones estarán contigo, como siempre.

Atentamente,

Bella.

Cerré la carta y la guarde de nuevo en mi bolsillo antes de esconder mi rostro en mis manos. Concentrándome en respirar hondo, calmando mi arranque de emoción, que consistía en soledad y para mi sorpresa, disgusto y enojo. ¿En que estaba pensando, pidiendo que compartiera mis "aventuras" con ella? ¿No se daba cuento de la agonía que experimente en siquiera imaginar que ella sepa lo que sucede en estos canales llenos de ratas?

Ella nunca podía saber, me prometí, y solo Dios sabía que nunca podría contarle. No podía hacerle daño de esa forma, no podía reclamar la inocencia que brillo en esa carta y me toco, incluso cuando pensé que estaba perdiendo la cordura. Solo leer sus sentimientos me hace extrañarle con un terrible dolor y desearía poder estas ahí para tranquilizar todas sus preocupaciones.

Yo sabía, aunque ella nunca hablaba de ello, que la pérdida de su madre cuando ella tan solo tenía 13 años le afecto profundamente y que nunca se había recuperado por completo, siempre llevando pena con ella. Era difícil sabes que tu mejor amigo era de algún modo incompleto, pero casi parecía que yo la completaba, esa pieza que faltaba para formar juntos una persona completa. Supuse que hacía era como venia, cuando dos personas crecen juntas convirtiéndose en una extensión del otro, una extensión con la que no puedes siquiera imaginas como vivir si ella. Por ese motivo, al parecer, estaba tiendo un tiempo difícil al adaptarme a vivir sin ella conmigo.

La soledad se irguió de nuevo, golpeándome por la espalda, desgarrando mis pensamientos sobre la persona que me provoca dolor en mi corazón y, sin embargo, me hace sentir completo. Mire la extensión de tierra, observando el horizonte en busca de cualquier señal de un ataque inminente, pero no había ninguno. Tal vez esta noche no era la noche, pero pronto ocurriría y cuando sucediera, tendríamos que estar listos.

Quizás no tendríamos que tomar prisioneros.

Acepto reviews como regalos de navidad atrasados :)