Después de un ratito sin publicar, aquí les vengo con un nuevo capítulo de esta fumada.
Disclaimer: Hetalia le pertenece a Hidekaz Himaruya y no a mí, que por algo está aquí en Fanfiction.
Lukas miraba con rostro inexpresivo la ventana que estaba en su habitación. Seguía nevando tan fuerte como el día anterior. Tal vez la chica tendría que quedarse un poco más ahí, que las ropas que vestía el día que se la encontró no eran muy adecuadas para andar en la nieve así que digamos.
Bostezó.
Tal vez tendría que hospedarla ahí unos cuantos días. Si era así tendría que salir de compras, que ya tenía poca comida. Tal vez no fue tan buena idea traer a la chica a su casa.
Después de arreglarse un poco calmadamente, se dirigió a preparar un improvisado desayuno con restos de la alacena y el refrigerador. Cuando terminó fue a la habitación en la que estaba Natalia. Tocó tres veces. Sin respuesta. Tocó otra vez, pero ahora un poco más fuerte. Seguramente estaba dormida. Abrió la puerta sin avisar y confirmó sus sospechas. Estaba dormida.
Se acercó a verla un poco más de cerca. Tenía los bordes de los ojos rojos, como sí hubiera llorado. Y a pesar de tener la piel clara, la condenada no tenía ningún rastro de haberse puesto colorada al llorar ni tenía los ojos hinchados. Hasta después de llorar era bonita. Lukas decidió ignorar ese hecho y mejor la despertó.
-¿Mh? – murmuró en adormilada todavía Natalia.
- Ya está el desayuno.
-¿Eh? Ah, ok… – balbuceó entre un bostezo.
Se estiró un poco para volver a revolverse en las sabanas lilas.
- Más te vale que te apures que si no se va a enfriar tu comida – dijo para dejarla de nuevo sola.
Buscó unos cubiertos en un cajón y mientras se sentaba oyó como la otra silla se arrastraba por el suelo.
- Buenos días – dijo la chica al tiempo que se frotaba los ojos con las manos.
-Buenos. ¿Qué tal dormiste?
Lukas sirvió los dos platos en la mesa.
-¿Por qué preguntas?
-Bueno, porque no te ves tan bien – contestó con una sonrisa socarrona.
Natalia solo abrió los ojos atónita. ¿Le había dicho que se veía fachosa?
-¿Perdón? – preguntó apenas pudo.
- No te ves descansada.
Natalia solo le dedicó una mirada mordaz para luego empezar a comer. Está bien, no había dormido demasiado. Lo aceptaba. Pero ella se había preocupado porque no se le notara. Se había lavado la cara muy bien y las ojeras apenas y se le veían. ¿Cómo había podido saberlo? Tal vez uno de sus amigos imaginarios le había dicho… Bueno, no iba a caer en tonterías en las que él creía. Solo alguien demasiado estúpido afirmaría esas criaturas extrañas. ¿Entonces cómo lo dedujo?
Lukas solo veía a Natalia con la mirada perdida en la mesa, comiendo a ciegas de su plato. ¿En qué podría estar pensando que la tenía tan abstraída? Suspiró. Esa chica si no era perturbadora, era rara. Bueno, eso era un pensamiento un tanto irónico si venía de él. Pero era verdad. Al final, no era tan terrorífica como la recordaba. Seguramente solo eran hormonas las que recordaba de su preparatoria. Soltó una risita. Aunque en ese momento ya podía preguntarle sobre su extraño comportamiento que tuvo hace unas horas por el tema de sus hermanos. Ahora solo esperaba que no estuviera de mal humor por no dormir bien.
-¿Por qué reaccionaste así cuando mencionaste a tu hermano anoche?
Natalia detuvo sus pensamientos y levantó la mirada confundida. De pronto lo recordó y sintió como su corazón se le encogía un poco. Su hermano. Ella esperaba que él no le hablara de nada relacionado con él, que lo último que quería era sentirse más triste. Cuando no se le mencionaba solo sentía una ligera molestia que podía ser fácilmente ignorada. Pero Lukas se atrevía a meter el dedo en la llaga, aunque supiera que no le hacía ningún bien a ella.
-¿Así cómo?
Su mirada se había ensombrecido, y Lukas revisó con cautela que no hubieran objetos punzocortantes cerca. Aunque viniendo de ella, podría hasta atacarlo con la misma cuchara de la mesa y matarle. Natalia había pasado de su fase extraña de nuevo a su fase perturbadora.
-Te veías un tanto inquieta…
Ese tipo de verdad era temerario al hablarle de algo tan delicado con una sonrisa tan fanfarrona. El día anterior Natalia no estaba de ánimos para matar gente, pero esa mañana era otra cosa… Decidió por no asustarlo tanto, ya que era él el que le estaba hospedando ahí y hasta ahora no le había pedido nada a cambio. ¿Pero de verdad se podía asustar a alguien que tuviera una cara tan inexpresiva?
-¿Quieres hablar sobre eso?
Lukas no sabía mucho sobre mujeres, pero si algo había aprendido de pasar tanto tiempo con Mathias, es que a las mujeres les gusta hablar sobre lo que sienten. Tal vez al final ese idiota no sea tan inútil como creía. Tal vez eso lograría tranquilizarla un poco.
-No.
Bueeeno. Ella no era como las mujeres de las que siempre le hablaba Mathias. Definitivamente era diferente. Tendría que usar otras técnicas.
-Yo sé que quieres.
Eso había sonado un tanto insólito. Se aclaró la garganta y siguió.
-Sé que quieres, aunque lo niegues. Sé que si me lo cuentas podrás desahogarte y te sentirás un poco menos mal.
Oír eso de su boca se veía un poco cursi, pero tenía razón. Cerrarse tanto no puede ser bueno, que al final todos los sentimientos martirizantes se la han ido acumulando y no podían salir. Puede que hasta le ayude a olvidarlo un poco. Tal vez metiendo el dedo en la llaga, esta podría limpiarse y sanar más fácilmente. No le quita que vaya a ser doloroso.
Suspiró. Se rendía.
-¿Qué debería contarte?
Le dolía pensar en él, pero no podía mantener más que la misma mirada fría y el tono impasible frente a ese hombre. No podía ponérsele a llorar como una Magdalena ahí en la mesa de su casa. Tenía que ser fuerte.
-¿Por qué te cuesta hablar de tus hermanos? De tu hermano en específico – preguntó calmadamente.
Natalia cerró los ojos tratando de mantener las lágrimas dentro. No sabía si eran de furia o de tristeza. Apretó los puños bajo la mesa y tomó aire para empezar a hablar.
-Porque lo amo – soltó de prisa.
Lukas solo sonrió lenitivo.
-Es tu hermano. Claro que lo amas.
-Creo que no me entendiste. Yo lo amo – dijo poniendo más énfasis en sus palabras y endureciendo la mirada.
Su amor no era el de una niñita que ama a su hermano mayor. Era mucho más fuerte que eso.
- ¿El tipo de amor de alguien a su pareja?
Lukas por supuesto ya sabía a qué se refería desde el primer momento. El darle vueltas a lo mismo solo era una forma de que ella se familiarizara con el hecho de hablar de ello. Se sentía todo un psicólogo.
- Mucho más fuerte que eso – escupió amargamente.
-¿Qué tiene eso de malo como para afectarte así?
Él iba a ignorar solo por unos momentos de que ella amaba a su propio hermano. Solo iba a ignorar que ella quería a su hermano incestuosamente.
-Que hermano mayor está con alguien más – dijo sin evitar que un tono infantil se le saliera.
Así que eso era. Solo le habían roto el corazón. De pronto, sintió pena por ella. Porque aún siendo ella una persona fuerte, eso era obvio, sentía el dolor de una decepción.
-¿No deberías estar feliz por él?
Natalia le miró extrañada. ¿Por qué iba a hacer eso?
-¿Ah?
-Sí, deberías estar feliz por él.
-Eso no tiene sentido – replicó ella, que todavía no entendía.
- Claro que lo tiene. Porque si tu lo amaras buscarías su felicidad, aún si no fuera contigo… Pero tú estas confundiendo una obsesión con amor – dijo tranquilamente.
¿Pero cómo se atrevía…? Moriría en ese momento. Entre sus manos. Oh, sí. Ya podía sentir su cuello colapsando entre sus dedos. ¡Y todavía el maldito sonreía! Había tenido esa maldita mueca toda la mañana desde que despertó. Se reía de ella. Se creía mejor que ella. Ese infeliz…
-¡Lo mío no es una obsesión, maldito! – dijo furiosa.
Saltó sobre la mesa tirando los platos del desayuno ya fríos. Dirigió sus manos directamente al cuello del noruego y apretó con fuerza. ¡Pero el muy cínico seguía sonriendo! ¿Que no le temía? ¿Estaba a punto de asesinarlo y solo sonreía?
-¿Por qué sonríes? – le gritó Natalia.
¿Ese tipo estaba loco o qué? Oh, claro que lo estaba. Maldito raro.
-Porque sé que no me ahorcarás.
No había ningún tono de dolor en su voz, ni si quiera de miedo. Natalia aflojó su agarre. ¿A qué se refería?
-¿Por qué? – preguntó ella, aún sin dejarlo escaparse de debajo suyo.
-Porque te puedo ayudar. Pero antes de que te explique, por favor siéntate.
Lukas sabía cómo lidiar con ello. Y su voz tan plana era de gran ayuda en situaciones como esas, en las que hay que estar calmado. Y aunque la fuerza de Natalia no era la suficiente como para matarlo, si le estaba dejando un poco sin aire. Recuperó su postura original y esperó a que Natalia hiciera lo mismo. Ella por un momento dudó y lo miro con recelo, pero luego cedió y le obedeció. Genial. Lukas fue capaz de calmar a una magnifica bestia. Aclámenle.
Natalia solo le miro expectante a lo que le fuera a proponer.
-Puedo ayudarte a que lo olvides, – dijo ofreciéndole su mano – pero tienes que poner tu parte.
Eso era imposible. Le iba a resultar quitar a Ivan de su corazón. Pero al ver la mano extendida, esperando a aceptar el trato, por alguna razón extraña, la misma razón que le hizo caminar al lago y tomar el glögg el día anterior, acepto. Estrechó la mano y quiso preguntar algo. Retiró su mano y se removió en su silla.
-Entonces… -dijo por fin algo – Si tanto me quieres ayudar, Lukas, te tengo que preguntar algo.
Natalia miraba hacia otro lado, como si lo que fuera a preguntar fuera algo vergonzoso, y se frotaba las manos bajo la mesa pero mantenía su estoica mirada de hielo. Lukas asintió, esperando a que ella hablara.
-No puedo regresar a mi casa con mis hermanos. Que si me quieres ayudar no puedo hacer eso, porque allí lo vería todos los días con su estúpido noviecito.
-¿Qué es lo que me quieres preguntar? – preguntó Lukas con una impaciencia que poco demostraba.
-¿Me puedo quedar a vivir contigo?
Lukas sonrió por enésima vez en esa mañana. Admírenlo, que no volverá a ver un día igual.
-¿Te gusta dibujar?
-¿Cómo? – preguntó Natalia algo desconcertada por el cambio de tema.
-Sí. Que si te gusta dibujar. Que si sí es así, puedes volverte mi alumna. Ayudarme con unos trabajos y así financiar tu estadía aquí.
No sonaba mal la idea, a decir verdad. Pero a Natalia no se le daba el dibujo, así que no era una opción.
-Seré sincera, no me gusta y no se me da. ¿No hay alguna otra manera de quedarme aquí?
Lukas recargó su cabeza sobre sus manos. Eso cambiaba la cosa. Pues en realidad no se le ocurría nada más, y no necesitaba ningún servicio de ella para su casa, como limpiar o algo así. Pero como no se le ocurría nada más…
-Pues lo único que puedes hacer aquí es ayudarme con la limpieza. Mientras se nos ocurre algo más.
Natalia suspiró pero aceptó.
-Está bien.
Se levantó y empezó a recoger los trastes del suelo, para después dejarlos en el fregadero.
-¿Suficiente?
Lukas sonrió, de nuevo. Y Natalia se fue al sillón a ver si a esa hora sí pasaban algo interesante en la televisión. Lukas también se levantó para ir a buscar el trapeador para limpiar lo que quedaba.
Ni él sabía por qué había estado sonriendo tanto esa mañana. Tal vez había sonreído más veces que en los últimos tres meses, sin exagerar. Tampoco estaba muy seguro de por qué quería ayudar a la chica. Pero sea cuál sea la razón, la chica le provocaba tal lástima que lo incitaba a apoyarle. No lo decía malintencionadamente, pero se le podía ver la desolación en los ojos. Incluso cuando le atacó, pudo sentirlo y el simple hecho de sus acciones, demostraba lo necesitada que estaba. Si no la dejó morir en el agua fría, mucho menos la dejaría morir por amor. Él no era tan cruel.
Y se acordó de algo que seguro le levantaría el ánimo a Natalia.
-Entonces al rato nos vamos de compras – dijo desde el otro lado de la sala, recibiendo como respuesta algo parecido a un "Ajá".
Genial, de nuevo a ver gente. Cómo le llenaba de alegría a él.
Qué porquería. Al principio no estaba muy a gusto con este capítulo, pero creo que fue mejorando un poco al llegar al final. Solo un poco. ¿Por qué me sale Belarus tan tsundere? T.T Se me está haciendo algo OoC. Bueno, les presento a mi propia Belarus. Le llamaré tsunyandere. Y aunque la personalidad de Belarus está algo rara, me gustó la de Noruega. Por fin puedo mostrar un poco de Boss Norway *se coloca unos lentes oscuros*. Perdonen mis estupideces, por favor, pero es que es algo tarde y comí donitas glaseadas. No es mi culpa, si no la del azúcar. Dejando de lado mis idioteces, todo lo que quieran criticar, preguntar o simplemente comentar, háganmelo saber con un review.
