Una serie de historias cortas (oneshots) sin relación entre si, sobre las SwanQueen. Tengo ya bastantes ideas en mente y trataré de actualizar con regularidad, tanto esto como mis otros dos fics. Si alguien tiene ideas puede mandármelas por mensaje y así ir añadiendo historias =)!

Un gracias muy especial a esa persona que me dejo ese ultimo comentario tan maravilloso, literalmente me emocione al leerte, seas quien seas jajaja Muchas gracias por tus palabras, de verdad =)

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Contadme que os parece y espero que os guste :)!


SQT 4: Child care.

Ser madre soltera en Boston no era tan fácil. Seguramente ni en Boston ni en ninguna parte, más aún si no tenías dinero, pero ella estaba en Boston, así que era la única referencia al respecto que tenía. Por suerte Henry aún era pequeño y no necesitaba de mucho espacio, pero si atención, y esa atención que debería prestarle a su hijo se la robaba su trabajo. Se pasaba el día de arriba abajo persiguiendo criminales de tres al cuarto por apenas un puñado de dólares, ya recorría los bajos fondos casi como si fuera una segunda casa, casi siempre se escondían allí, Emma no entendía porque todos seguían el mismo patrón de conducta, ni porque todos huían cuando descubrían que iba a por ellos ¿de verdad pensaban que iban a mandar a alguien que no pudiese atraparlos por el simple hecho de echar a correr? Al menos su trabajo la mantenía en forma. En forma y agotada. Por suerte a su vecina, Mary Margaret no le importaba quedarse con Henry cuando ella no pudiese, así que el niño estaba todo el día subiendo y bajando de un piso a otro. Desventajas de no tener una madre que hiciese las veces de abuela de su hijo de tres años.

Llamó a la puerta de la maestra agitando sus hombros en un intento de quitarse algo de cansancio de encima y formó una sonrisa cuando la puerta se abrió y tres segundos después se escuchó un "¡mamá!" antes de que un torbellino de pelo moreno se lanzase contra sus piernas. Emma rió por el entusiasmo de su hijo, el niño siempre era un soplo de aire fresco, su cura para todo.

- Pasa, tengo café.

Invito Mary Margaret haciéndose a un lado, Emma la siguió hasta la pequeña cocina con Henry todavía colgado de su pierna.

- ¿Cómo se ha portado mi hombrecito?

Le preguntó a su amiga revolviéndole el pelo al niño.

- Como siempre, es un trasto. Igual que su madre.

Respondió la mujer morena riendo y sirviendo café en dos tazas.

- Yo también quiero mi café.

Dijo Henry separándose de las piernas de su madre para plantarse delante de la maestra con expresión muy seria.

- Por supuesto, no se me olvidaría.

Mary Margaret abrió la nevera y sacó una botella de coca cola sin cafeína, sirviéndola en una taza de café antes de pasársela al niño que la cogió con cuidado y fue andando lentamente hacia el salón muy concentrado en no verter nada.

- No tendrás algo más fuerte que leche para añadir al mío ¿verdad?

Pregunto Emma mirando divertida desde la puerta como su hijo se sentaba en el suelo frente a la mesa baja del salón y empezaba a beber muy contento. Mary Margaret la miró con cierto reproche, pero saco una botella medio llena de whisky de una de las alacenas y echo un chorro en la taza de Emma, sirviéndose otro en la suya. La rubia cogió la taza que iba a ser para la morena, que se había servido menos alcohol.

- No quieras emborracharme, tengo un hijo.

Rio al ver la cara de su amiga.

- ¿Cómo ha ido el día?

Pregunto Mary Margaret apoyándose también en el marco de la puerta para mirar al niño. Emma resopló con agotamiento y una mirada que lo decía todo.

.

.

.

Se levantaba pronto para prepararle el desayuno a su hijo antes de bajarle a casa de Mary Margaret, que era quien le llevaba a la guardería del colegio en que trabajaba. Despertó a Henry con cosquillas, le sentó delante de un tazón de cereales y le bajó al piso de la morena, aprovechando para salir a hacer unas compras después. El día anterior Graham le había dicho que la llamaría para encargarla alguna cosa. Graham era el jefe de la empresa de "cazarrecompensas" para la que trabajaba, pero incluso cuando no tenían a nadie a quien perseguir encontraba alguna tarea para Emma, ella misma así lo había pedido, todo trabajo extra era dinero extra, pero Graham empezaba a pasarse de la raya, encargándola cualquier trabajo de mierda que llegase a sus manos, desde sustituciones de camarera en cualquier antro hasta paseadora de perros. Una vez se pasó tres días enteros pegando carteles de propaganda para que al terminar la dijeran que esos ya no valían y se tirara otros tres días pegando otros nuevos encima. Por el sueldo más mínimo posible, claro. Cuanto más lo pensaba más deprimente le parecía su vida, así que dejo de pensarlo, todo lo hacía por Henry, necesitaba el dinero para cuidar de su hijo.

Cuando entró otra vez en su portal vio allí a una elegante mujer trajeada, la ropa era de buena calidad, igual que los zapatos y el maletín. Hasta el pelo parecía de la mejor calidad posible. En general la mujer no encajaba allí. Llamaba a un telefonillo que no respondía, Emma abrió el buzón incluso sabiendo que era demasiado pronto para tener correo solo para cotillear a quien estaría buscando, si alguien así de trajeado iba a aquel lugar no sería por nada bueno. Para su sorpresa estaba llamando a su piso, aunque a lo mejor había visto mal.

- Perdone ¿a quién busca? Quizá pueda ayudarla.

La morena la miró y sonrió un poquito, con profesionalidad.

- Si, gracias. Busco a Emma Swan.

Así que la rubia no había visto mal.

- ¿Puedo preguntar para que la busca?

- Bueno señorita, eso es algo que debería tratar con la señorita Swan.

Emma extendió la mano.

- La tiene delante.

La morena miro la mano desconfiada.

- Puedo enseñarte el carnet.

Agregó Emma en tono bromista. La morena trajeada volvió a sonreír cortésmente y le estrechó la mano.

- Soy Regina Mills. ¿Podemos hablar en su apartamento?

De entrada eso no sonaba nada bien.

.

.

.

- ¡¿De los servicios sociales?!

Gritó la rubia una vez llegaron a su piso, ni siquiera había cerrado la puerta. Esa mujer estaba allí por su hijo, y por regla general los servicios sociales no iban a ver a niños que ellos consideraban felices y bien atendidos.

- Hemos recibido una llamada sobre su hijo Henry y su…irregular situación.

Dijo la morena con toda la precaución que permitía un tema como ese.

- ¿Qué quiere decir con irregular?

- Bueno, tenemos entendido que el niño está falto de atención y su entorno no es el más adecuado para un chico de su edad.

Explicó Regina dando un rápido vistazo a su alrededor, desde luego no era un lugar muy hogareño.

- ¿A qué se dedica? Hemos encontrado algunas referencias, pero nada claro. Según la llamada que recibimos, usted se pasa el día "vagabundeando con ladrones y criminales." Pero no quiero pensar que ese sea su trabajo.

Emma estaba totalmente shockeada, no podía creer que eso estuviese pasando, ni siquiera se había sentado ni ofrecido asiento a la otra mujer.

- Yo…Yo…Me dedico a encontrar personas.

Regina arqueó una ceja por esa ambigua explicación.

- Gente que está violando su libertad condicional, criminales bajo fianza, algunos buscados por la policía… entre otras cosas.

Explicó la rubia con un hilo de voz, esa no era la mejor respuesta que podía darle a una mujer de los servicios sociales cuando te preguntaba por tu trabajo, pero más tarde o más temprano lo averiguarían y si había mentido sería peor. En aquel momento le gustaría haber podido decir que era maestra como Mary Margaret, por ejemplo.

- ¿Trabaja por libre?

- No, trabajo para Graham's Huntsmans.

- ¿Qué quiere decir con "entre otras cosas"?

Regina había sacado una libreta y estaba tomando nota incluso estando de pie.

- Realizo varios trabajos, todos los que puedo. Trabajos temporales.

Emma contestaba con expresión vencida.

- Señorita Swan, sé que esto no es fácil para usted, pero solo queremos lo mejor para Henry.

Dijo la morena intentando ser compresiva, una comprensión estudiada, profesional, eso enfadó a Emma.

- ¿Y qué sabrás tú sobre lo que es mejor para mi hijo? ¿Quién eres tú para presentarte aquí y cuestionarme como madre?

Escupió la rubia con rabia. Regina debía de estar acostumbrada a esta clase de trato porque no reaccionó.

- Solo intento hacer mi trabajo señorita Swan. ¿Puedo conocer al niño?

- Está en la guardería ¿o eso también está mal?

A Emma le habría encantado quitarle su estúpida libreta y tirársela a la cara.

- No, aun nadie ha dicho que nada este mal. ¿Le importa si le hago algunas preguntas más? Si no quiere puedo hacérselas esta tarde cuando vuelva a conocer a Henry.

Ni siquiera la estaba preguntando, esa tarde iba a volver le gustase o no a Emma. La puerta del piso de enfrente se abrió y salió una mujer morena con un apretado moño y una chaqueta azul oscuro que su dueña se envolvía sobre sí misma.

- ¿Es usted la mujer de los servicios sociales?

Pregunto sin más, Regina asintió, sin saber que decir a esa inesperada interrupción.

- Ya era hora de que llegaseis, tenéis que sacar a ese pobre niño de aquí.

Dijo la mujer mirando a Emma como si fuese el mayor pecado del mundo.

- ¿Usted los llamó?

Pregunto la rubia llegando hasta su puerta de dos zancadas para encarar a la mujer con el ceño fruncido.

- Claro que sí, es lo que habría hecho cualquier buena cristiana. Esta mujer se pasa el día fuera rodeada de maleantes, a veces vuelve a altas horas de la noche oliendo a alcohol y a quien sabe que más. Y el pobre niño se pasa el día solo o con la vecina de abajo.

Dijo la mujer mirando por encima del hombro de Emma directa a Regina.

- ¿Cómo sabe usted como huele al llegar a casa si está en su piso?

Pregunto la morena, por suerte sin tomar notas. La vecina no supo que responder.

- Bueno, cuando me la cruzo por las escaleras…

- Muchas gracias por su colaboración, señora…

- Madre, soy miembro del convento.

Corrigió la monja con orgullo, Regina alzó una ceja, aunque no dijo nada a eso.

- Bien, gracias por su colaboración, pero desde aquí ya me encargo yo.

Sonrió de manera bastante cortante a la mujer, no le gustaba que nadie le dijera como debía hacer su trabajo.

- Si hay que declarar o algo así puede contar conmigo.

Dijo la monja mirando por última vez a Emma antes de volver a su piso.

- Si, mejor lárguese. ¡Estoy segura de que el día del juicio su dios no tendrá palabras bonitas para usted!

Grito la rubia mientras se cerraba la puerta de enfrente.

- ¿Le está gritando a una monja, señorita Swan?

Emma se giró rápidamente con expresión de disculpa.

- Sí. No. Quiero decir, yo no suelo ser así, de verdad, es que esa mujer es un verdadero grano en el…Puede llegar a ser muy irritante.

Estaba segura de que Regina estaba tomando nota mental de todo eso y no creía que esas notas fuesen a ser muy buenas.

- Por esta vez lo pasaremos por alto, ya que había razones de peso para su reacción.

Respondió la mujer trajeada girando un poco los ojos. La rubia rio un poquito, nerviosamente, cuando la morena dijo eso.

- Y no es verdad que vuelva a casa oliendo a alcohol. Bueno, alguna vez sí, pero solo porque alguno de mis encargos no tiene otra cosa a mano que su botella de alcohol. Y Henry nunca se queda solo. Nunca. Intento pasar todo el tiempo que puedo con él, y si no, se queda con Mary Margaret, mi vecina de abajo. Ella es maestra, de infantil y primaria. Es una gran influencia para el chico.

Soltó Emma de un tirón, dejando a Regina sin palabras por un momento después de ese discurso.

- La influencia para el chico que me preocupa es la suya, usted es su madre, no esa tal Mary Margaret.

- Lo sé. Intento darle solo lo mejor, intento ser lo mejor para él. Por favor, por favor, no pueden quitármelo, es todo lo que tengo.

Suplicaba la rubia mirando a Regina a los ojos, buscando algo de compasión en ellos.

- Aun nadie ha hablado de quitarle al niño. Primero deberíamos hablar.

Emma finalmente cerró la puerta y le ofreció asiento con resignación.

.

.

.

Le hizo toda clase de preguntas, algunas sobre las que realmente no quería hablar. Por supuesto salió el tema del padre de Henry, quien la había dejado tirada en la cárcel con un reloj y un coche robados. Cárcel en la que por cierto dio a luz a su hijo. Eso no podía sumarle puntos para madre del año, seguro. También la preguntaron por sus padres, a quienes no había conocido porque la abandonaron en una cuneta cerca de un pequeño pueblo, desde entonces no había conseguido permanecer mucho tiempo con una familia, ni en ninguna parte en realidad, hasta después de la cárcel, cuando tuvo a Henry en brazos y decidió establecerse en algún sitio. Regina tomaba notas de todo esto en silencio y se despidió de ella concertando otra cita para esa misma tarde.

Cuando la morena se fue Emma se sentía como su hubiese envejecido veinte años de golpe, no se vio capaz de hacer absolutamente nada hasta que no llamaron a la puerta. Miró el reloj. No se podía creer que ya hubiese pasado toda la mañana. Abrió a Henry y Mary Margaret, su hijo entro como un ciclón, quitándose zapatos y tirando la pequeña mochila sobre el sofá, corriendo hacia su habitación para cambiarse de ropa, pero la morena notó que pasaba algo, no había más que mirarle la cara a Emma. Se lo contó todo mientras preparaban algo de comer para los tres.

- Maldita monja.

Dijo la morena con un gruñido, haciendo reír un poquito a la rubia. Mary Margaret no solía maldecir, y menos a una monja.

- ¿Van a llevarse a Henry?

Añadió la maestra en voz baja mirando al niño que estaba sentado mirando la televisión. Emma también miró a su hijo, con cierta tristeza.

- No lo sé.

.

.

.

Esa misma tarde, Regina Mills volvió a presentarse en el edificio, otra vez impecablemente trajeada y con su maletín a cuestas. Henry se escondió cuando la vio entrar en la casa, espiando desde la puerta del baño, pero la morena le regalo la más brillante y amigable de las sonrisas, hablándole con un cariño que casi sorprendió a Emma, esa mañana esa mujer no le había parecido tan cálida y cariñosa. Pero claro, cualquier persona que amenazase con quitarle a su hijo para ella era un monstruo sin corazón. Finalmente Henry salió y se pasó buena parte de la tarde hablando con Regina, que había traído algunos juguetes con ella para jugar con el niño. Emma los miraba preocupada, tensa, tratando de adivinar lo que estaba pensando la morena sin conseguirlo. Tan solo parecía una mujer jugando con un niño.

Cuando por fin dejó a Henry jugando solo Emma casi contuvo la respiración esperando un veredicto.

- Tiene un hijo encantador.

Dijo Regina todavía con una sombra de sonrisa en la cara, la rubia no pudo decir nada, tenía la garganta seca.

- Bien, he terminado por hoy.

Añadió la morena volviendo a su pequeña sonrisa estudiada y profesional caminando hacia la puerta, antes de que Emma pudiese decir nada, Henry se acercó a ella para devolverle los juguetes que había llevado.

- Puedes quedártelos.

Sonrió Regina poniéndole una mano en la cabeza para despedirse, la rubia la siguió hasta el pasillo de fuera de su piso.

- Espere, no puede irse así, sin decirme nada.

Pidió casi con desesperación, la morena se aclaró la garganta levemente.

- No me corresponde a mí decidir, señorita Swan. El caso será estudiado por mis superiores a partir de mis notas y en unos días nos pondremos en contacto con usted.

Emma estaba segura de que tenía esa respuesta aprendida de memoria palabra por palabra.

- Por favor, necesito saber…

Sus ojos verdes la miraban desesperados, tristes y Regina se esforzaba en mantenerse profesional. Esta era siempre la peor parte de su trabajo.

- Mire señorita Swan, la cosa no pinta bien. El niño parece feliz, y sano, pero no sé si eso será suficiente para la gente que tiene que estudiar el caso. Su situación económica, los antecedentes, la zona donde vive…

Encogió ligeramente los hombros con una diminuta negación de cabeza, no quería darle falsas esperanzas.

- Pero…pero esa gente no me conoce, no ha conocido a Henry. Tu si, podrías…convencerles.

A Regina no le pasó por alto que ya la estaba tuteando, y que en cierto modo daba por hecho que ella apoyaría su caso, o así quería la rubia que fuese.

- Yo no hago las normas.

Otra respuesta estudiada. Emma la detuvo antes de que se marchara, sujetándola levemente del brazo.

- Por favor, es mi hijo, es todo lo que tengo, no puedo estar días sin saber si van a quitármelo.

Suplico con tal cara de tristeza que antes de darse cuanta Regina estaba cediendo.

- Si se algo la llamaré mañana por la…La llamare mañana por la mañana y le diré lo que sepa.

En teoría ella no debería hacer eso, las normas eran las normas y desearía haberse mordido la lengua antes que prometer una cosa así, ella no debía involucrarse, solo hacer su trabajo. Emma sonrió un poquito en agradecimiento, caso con una nueva chispa de esperanza que la morena desearía no haber visto.

.

.

.

Emma miraba su móvil mordiéndose las uñas con saña, como queriendo hacer sonar el aparato por pura fuerza de voluntad. Regina Mills tenía su teléfono, eso seguro, estaría en su expediente, y había dicho que la llamaría, una persona así de trajeada no rompería su promesa. Cuando por fin sonó apenas dejó que se acabara el primer tono y ya había descolgado.

- ¿Regina?

Preguntó sin más, al otro lado de la línea escuchó un pequeño carraspeo. A lo mejor debería haberla llamado "señorita Mills" estaba a punto de corregirse cuando la morena habló.

- Señorita Swan, presenté su caso anoche ante la junta.

- ¿Y?

Seguramente se la escuchaba mortalmente ansiosa, seguramente porque lo estaba.

- Aún es pronto para sacar conclusiones, pero…

Emma dejo de respirar, esperando a que la otra mujer continuase. Regina suspiró.

- No quiero darle falsas esperanzas, no parecían muy positivos.

La rubia se dejó caer en el sofá, derrotada, sintiendo de repente la soledad de la casa. Henry volvía a estar en la guardería, pero puede que llegase el día en que no volviese a casa, y ese pensamiento la colapsaba por completo.

- Tienes que ayudarme, por favor.

Pidió a la morena, aunque con pocas esperanzas, ¿por qué iba a ayudarla esa mujer que no la conocía de nada y que había ido allí precisamente para evaluar la situación de su hijo? A lo mejor incluso había sido ella misma quien había sugerido quitarle al niño.

- No puedo involucrarme en los casos, señorita Swan.

- Por favor, tú sabes cómo va esto, tienes que decirme lo que tengo que hacer para conservar a mi hijo. Por favor. Por favor, haría cualquier cosa por Henry.

Esperó en tensión y con pocas esperanzas a recibir respuesta desde el otro lado de la línea.

- Quizá aún haya algo que se pueda hacer.

Dijo finalmente la morena como si en realidad no quisiera decir eso, Regina se habría golpeado a si misma con el teléfono, ella no debería estar haciendo eso, debería estar evaluando otros casos mientras esperaba el veredicto sobre este. La esperanza aleteó otra vez en la cara de Emma y eso se le notó en la voz.

- Gracias. Gracias. Mil gracias, no sé cómo empezar a agradecértelo, yo…

- No estoy diciendo que se pueda, señorita Swan, aún no hemos hecho nada.

Advirtió Regina, no quería que esa mujer, esa madre, se emocionase para luego perder a su hijo igual.

- Lo sé, aun así gracias, de verdad. ¿Podemos vernos en algún sitio para hablar de esto?

La morena no debería acceder a esa locura, la última vez que se involucró el padre acabó perdiendo a su hijo igual y el niño odiándola a ella.

Y aun así quedó con Emma Swan en un pequeño café donde podrían tratar el caso tranquilamente. Cuando llegó, la rubia ya estaba allí, y eso que Regina llegaba diez minutos antes. Se sentó frente a ella, dejando su inseparable maletín apoyado en el suelo, pidieron un café y abordaron el tema enseguida.

- No podemos hacer nada con los antecedentes, están ahí y no van a desaparecer. Quizá usted podría aportar alguna muestra de comportamiento modélico desde entonces, o incluso mientras estaba en la cárcel. No es ninguna garantía, pero podría ayudar.

Empezó Regina sacando algunos papeles de su maletín que Emma supuso que era su caso al ver allí su ficha policial y demás información sobre ella y su hijo.

- Su trabajo también juega en su contra, no parece precisamente seguro, y los horarios aleatorios y el sueldo indefinido tampoco ayudan. Estar todo el día persiguiendo criminales no da la mejor imagen para una madre.

Emma abrió la boca para decir algo.

- Sé que usted no es una criminal, incluso admiro a la gente como usted que se encarga de atrapar a los verdaderos criminales, pero no es mi opinión la que cuenta. Lo que cuenta es conseguir mostrarla como una madre convencional. A veces la imagen lo es todo.

Añadió rápidamente Regina antes de que la otra mujer pudiese decir algo.

- Iba a decir que puedo buscarme otro trabajo, pero no sé cuánto voy a tardar ni lo que podre encontrar. No es que tenga precisamente las mejores referencias, y lo de la cárcel cierra muchas puertas.

Dijo Emma sin poder evitar reírse un poco. La morena rebuscó entre sus papeles y le tendió una tarjeta.

- Vaya a esta dirección, no es gran cosa, es una lavandería, pero tiene horarios fijos que le permitirán dedicarle más tiempo a su hijo y el sueldo es fijo también. No es gran cosa, pero valdrá para empezar. Le dará el tipo de estabilidad que la gente que está estudiando su caso piensa que una madre necesita en su vida. Pregunte por Ashley.

Emma cogió la tarjeta agradecida.

- También debería pensar en buscarse otro apartamento. No tiene que ser uno grande o lujoso, solo mejor situado. Algo cerca del colegio de su hijo le daría algunos puntos.

La rubia no podía creerse lo que esa mujer estaba haciendo, la estaba ayudando de verdad, no había sido una promesa hueca como tantas otras veces le había pasado. En toda su vida la única persona que había parecido preocuparse por ella y echarle una mano había sido Mary Margaret después de que se hicieran amigas. Y esa completa desconocida estaba dispuesta a ayudarla con lo más importante de su vida: su hijo.

- ¿Por qué estás haciendo esto por mí?

Preguntó sin poder evitarlo, con curiosidad.

- No me metí en este trabajo para apartar hijos de sus padres, si no para que se quedaran juntos.

Respondió Regina distraídamente, revisando sus papeles para seguir revisando el caso con Emma.

.

.

.

Esa misma tarde Emma fue a la dirección que le había dado Regina y pregunto por Ashley. Una sonriente rubia se acercó a ella, era muy joven.

- ¿Eres Ashley?

La otra rubia asintió.

- Veras, me han dicho que quizá aquí haya algún trabajo para mí. Vengo de parte de Regina Mills.

Ashley rio un poquito.

- Lo sé, me ha llamado esta mañana. He hablado con mi jefa y dice que no tiene inconveniente en contratarte, aunque primero quiere conocerte.

Emma asintió, eso era lo normal.

- Regina también me ayudó a mí ¿sabes? estuvieron a punto de quitarme a mi hijo. El padre de mi novio quería que lo diésemos en adopción para librar a su hijo de él, pero Regina nos ayudó a los dos y ahora nuestro hijo va a cumplir dos años.

Explico la chica con una brillante sonrisa. Emma también sonrió un poquito, resultaba que esa trajeada mujer no era el monstruo sin corazón que le había parecido el primer día.

.

.

.

Seguía quedando con Regina de vez en cuanto para seguir buscando alternativas y soluciones a su caso, y Emma cada vez se daba más cuenta de lo equivocada que había sido su primera impresión de la mujer.

Una tarde llamó a Regina, algo nerviosa.

- Perdona que te moleste, de verdad, pero no sabía a quién más llamar. Tengo que ir a hablar con Graham de una vez para dejar el trabajo y sé que no le va a gustar, la conversación puede alargarse más de la cuenta y Mary Margaret no está.

Soltó del tirón después de los saludos de rigor.

- ¿Quiere que cuide de Henry?

Pregunto una morena al otro lado del teléfono, algo sorprendida.

- Cuando estuviste aquí le caíste bien, y al parecer se te dan bien los niños. No tienes por qué hacerlo de todos modos, puedo llamar a Graham y decirle que va a tener que esperar hasta que vuelva Mary Margaret.

Retrocedió de inmediato Emma, arrepintiéndose de la llamada. Seguramente estaba abusando de la buena fe de Regina.

- No, no pasa nada. Cuanto antes deje ese trabajo y empiece el otro será mejor para nuestro caso. En diez minutos estoy allí.

La rubia no pudo evitar sonreír cuando Regina usó el plural.

.

.

.

Estuvo en su casa en nueve minutos casi exactos, seguía llevando ropa elegante, pero mucho menos formal que la que usaba para trabajar. El vestido azul la hacía parecer menos distante, menos empleada del sistema.

- No sabes cómo te lo agradezco Regina. No sabía con quién dejar a Henry y despedirme puede llevar un tiempo, Graham…digamos que sabe cosas que no están en los expedientes de la policía, así que preferiría dejar el trabajo en términos amigables, por si acaso.

Regina asintió, sin hacer ningún comentario sobre esas cosas que la policía no sabía. Henry estaba tirado en el sofá con una bolsa de gusanitos y mirando los dibujos, sonrió al ver entrar a Regina y fue corriendo a buscar sus juguetes.

- No tardaré.

Prometió Emma con una liguera risita por el entusiasmo de su hijo, la morena volvió a asentir distraídamente, puesta su atención en el pequeño ser humano que volvía cargado de juguetes.

.

.

.

La conversación con su jefe se alargó más de lo que ella misma esperaba. A Graham no le hacía especial ilusión perder a esa empleada en concreto, hacia bien su trabajo y siempre estaba disponible para los trabajos extras que llegaban a sus manos, pero al final acabó cediendo, sabía que si era su hijo lo que estaba en juego no conseguiría convencerla. Le pagó lo que la correspondía y se despidió de ella. Al salir de la oficina de su ex jefe la rubia tomo aire con una pequeña sonrisa, muchas veces había intentado despedirse de allí sin éxito, y por fin lo había logrado gracias a que Regina le había conseguido otro trabajo. Si al principio le parecía enviada del mismísimo infierno para torturarla estaba empezando a verla más como una enviada del cielo para ayudarla.

Al volver a casa se encontró a un agotado Henry dormido sobre el regazo de Regina en el sofá, con los juguetes desperdigados por el pequeño salón y la televisión puesta con el volumen bajo. Emma sonrió al ver esa imagen.

- Hola. Siento llegar tan tarde, al principio se enfadó bastante y tuve que esperar a que se le pasara para poder razonar con él.

Dijo como disculpa, Regina quitó importancia con un gesto de la mano.

- No se preocupe, he pasado una gran tarde con este pequeño terremoto.

Contesto la morena mirando al niño con cariño.

- Dame un segundo para meterle en la cama.

Emma cogió a su hijo del regazo de la mujer y Henry se agarró a su madre de manera automática. Cuando la rubia volvió Regina ya estaba de pie, dispuesta para irse.

- Muchas gracias por todo lo que estás haciendo por mí.

Le dijo la mujer a la morena de todo corazón, Regina sonrió amablemente.

- Es tarde, puedo darte algo de cenar si quieres. O llamarte un taxi. Puedo pagarte un taxi. O lo que quieras.

Se apresuró a añadir Emma llevándose las manos a los bolsillos para sacar la cartera, la morena rio un poco y puso su mano en la cartera de la rubia para volver a bajarla.

- No hará falta señorita Swan, tengo el coche abajo. Debería ayudarte a recoger este desastre.

Dijo Regina señalando los juguetes repartidos por allí. Emma volvió a guardar la cartera con una risita y un gesto de la mano.

- No hace falta, estoy acostumbrada. Pero ¿señorita Mills? puede empezar a llamarme Emma cuando guste.

Dijo con una sonrisa, imitando la forma de hablar de Regina. La morena rio también y asintió con la cabeza.

- Está bien, Emma.

La sonrisa de la rubia se hizo más amplia.

- Te mantendré informada si me entero de algo más.

Añadió Regina antes de marcharse por fin.

.

.

.

Dos días después la morena se presentó de nuevo en casa de Emma sin ningún tipo de aviso previo. Para su sorpresa no fue ninguna rubia de ojos verdes quien abrió la puerta, sino una morena de pelo corto. Regina miro el número de la puerta y el de la puerta de enfrente a esa para asegurarse de que no se había equivocado, al ver asomar la cara de Henry de detrás de las piernas de la otra morena supo que estaba donde quería ir.

- Buenas tardes ¿no está Emma?

Pregunto con una impecable educación.

- Ha salido, pero puedo dejarla algún recado si me dice quién es.

Respondió la otra mujer también educadamente.

- Oh. Ammm…en realidad venía a ver a Henry. Me llamo Regina Mills.

Por la cara de comprensión que puso la morena del pelo más corto estuvo segura de que sabía exactamente quién era. La mujer la miró de arriba abajo como examinándola.

- ¿Y usted es?

Pregunto Regina molesta por esa descarada inspección.

- Su vecina de abajo, Mary Margaret. Estoy cuidando de Henry.

La asistente social asintió con comprensión también, pero ahorrándose la descarada inspección.

- Solo venía a traerle esto a Henry. El otro día estuve leyéndole cuentos y me dijo que él también quería ser un príncipe valiente.

Explico Regina sacando de una bolsa una espada de juguete y un pequeño escudo de plástico con un dragón rojo pintado. Henry dio un gritito de alegría y casi se lo arrebató de las manos olvidándose hasta de dar las gracias si Mary Margaret no se lo hubiese recordado. Las dos morenas observaron divertidas al niño por un momento.

- Hay un bar a dos manzanas de aquí, seguramente Emma este allí. Quizá debería ir a verla.

Dijo Mary Margaret sin dejar de mirar al niño, Regina alzó una ceja.

- Hoy le ha llegado una carta de los servicios sociales.

Explicó con una mirada que lo decía todo.

.

.

.

Así que Regina fue a ese bar a buscar a Emma, donde la encontró casi totalmente inclinada sobre un vaso de algo que seguramente no sería agua. Apartó a un molesto hombre vestido de cuero negro que estaba al lado de la rubia intentando ligar con ella si ni siquiera conseguir su atención y se sentó en el taburete a su lado, pidiendo una copa de vino blanco.

- Emma.

Saludo de manera bastante formal. La rubia miro a su lado y frunció el ceño un poquito, sorprendida de verla allí.

- Supongo que ahora añadirás al informe que bebo en exceso.

Dijo la rubia amargamente, levantando su vaso como queriendo brindar con ella y dio un largo trago. Regina no le tuvo en cuenta ese ataque verbal.

- Me ha llegado una carta de tu trabajo. Van a quitarme a Henry, al parecer no soy apta para mi propio hijo.

Siguió hablando Emma sin abandonar ese tono amargado y venenoso, sorbió por la nariz evitando un sollozo. Regina puso una mano sobre su hombro, pero la rubia se libró de ella, mirándola con rabia.

- Dijiste que me mantendrías informada ¿Por qué no me habías dicho nada?

Acusó con fuego en la mirada.

- No sabía nada.

Esa era la verdad. Lo que ahora que lo pensaba era muy raro, ya que era su caso.

- ¿De verdad?

Pregunto Emma con los ojos entrecerrados.

- ¿Después de todo lo que hemos hecho, piensas que ahora dejaría que te quitaran Henry sin más? Créeme, quiero que ese niño este contigo casi tanto como tú.

Respondió Regina con una sinceridad que desarmó a la otra mujer, la ira desapareció de sus ojos barrida por las lágrimas.

- Van a venir a llevárselo, van a quitarme a mi niño. Tiene que haber algo que podamos hacer. No puedo dejar que me lo quiten.

Sollozaba esa mujer tan fuerte contra el hombro de la morena, quien le frotó suavemente la espalda en un gesto de consuelo.

- Podemos apelar. Mañana me enterare de todo.

Llevo a la rubia a su casa, que estaba vacía. Mary Margaret se había llevado a Henry a dormir a su casa.

- ¿Regina? Siento lo que te he dicho antes, acusarte así…

- Lo entiendo, estabas enfadada. Es comprensible.

- Aun así lo siento.

Se disculpó la rubia aun con los ojos un poco rojos por su ataque de llanto. Dio un paso hacia delante y dejó un beso en la mejilla de Regina.

- Buenas noches.

Murmuro contra su mejilla. Prácticamente notó el escalofrío que recorrió a la morena, el mismo que había subido por su espalda. Las dos mujeres se miraron por un segundo, con los labios de Emma aun rozando la mejilla de Regina, y como de mutuo acuerdo las dos se besaron. El beso sabía mucho a tequila, pero era pasional, era intenso, era casi salvaje. Emma se libró del abrigo de la morena y luego de su propia chaqueta, agarrándose a la espalda de Regina como si tuviese garras, hundiendo las manos en su pelo, acariciando su nuca, simplemente no podía dejar las manos quietas en esa mujer. Regina bajó sus manos por los costados de Emma hasta quedar en sus caderas, colando los dedos por la cintura del pantalón para atraer a la rubia hacia sí, dejándose guiar por Emma a través de la casa.

.

.

.

La mañana las sorprendió a las dos entre las sabanas de Emma. La rubia tenía algo de resaca, pero se acordaba perfectamente de la noche anterior. Levantó la cabeza de la almohada y sonrió al ver el enmarañado pelo moreno aun apoyado en esa misma almohada. O al menos sonrió hasta que su mirada se posó en la carta abierta que había en su mesilla y la realidad de su situación volvió a caerle encima como una piedra en el estómago. Ni siquiera le dio tiempo a angustiarse por ello porque alguien llamó al timbre. Se puso lo primero que encontró y dejo una enorme camiseta de esas que te regalan de propaganda junto a Regina para que tuviese algo que ponerse si se despertaba.

Al abrir la puerta había allí un hombre muy alto, mayor, con apenas algo de pelo blanco en la cabeza y una expresión brutalmente seria. Y trajeado.

- ¿Es usted la señorita Swan?

Pregunto con fría cortesía mirándola desde los pies hasta el despeinado pelo rubio con desaprobación. Emma se había quedado sin palabras. No podían venir a llevarse a Henry, no tan pronto. Regina había dicho que podían apelar, y el caso era de la morena, no podían hacerlo sin avisarla.

- Me envían los servicios sociales para recoger a Henry Swan. Se ha decidido que se mantendrá fuera de esta casa hasta llegar a un veredicto definitivo.

Informó el hombre, que tampoco parecía esperar una respuesta.

- No podéis…no podéis llevaros a mi hijo. El…El no… Es el caso de Regina, ella debería informarme.

Trató de argumentar la rubia, aunque por la cara que tenía ese hombre no iba a dejarse convencer.

- La señorita Mills esta fuera del caso.

Fue la única explicación que dio, muy secamente.

- ¿Spencer? ¿Qué estás haciendo aquí?

Dijo justo la mujer mencionada desde detrás de Emma con el ceño fruncido. Salía de la habitación también medio despeinada y con la camiseta naranja que le había dejado la rubia y que la llegaba por encima de la rodilla.

- Eso debería preguntarlo yo, aunque creo que la respuesta es más que obvia.

Respondió el hombre alzando una despectiva ceja y mirando el salón, donde estaba desperdigada la ropa del día anterior.

- No puedes venir a por el niño. El caso es mío.

Dijo Regina furiosa cruzado el piso de tres zancadas y plantándose delante de su compañero de trabajo. Incluso despeinada y con la camiseta de publicidad su presencia seguía teniendo algo intimidante.

- Ya no. Has vuelto a involucrarte, Regina. Esta vez demasiado, diría yo.

Spencer la miró aun con más disgusto que a Emma.

- Al menos el otro no consiguió meterte en su cama.

Regina le abofeteó tan fuerte que le giró la cara.

- ¿Por qué crees que lo ha hecho? Solo intenta quedarse con su hijo y tú no eres más que un medio para ello.

La morena volvió a abofetearlo, girando su cara hacia el otro lado. Spencer se llevó una mano a la cara y se la frotó un poco, frunciendo el ceño.

- Bueno ya basta, ¿dónde está el niño?

- No está aquí. Ha ido a casa de unos amigos a pasar el fin de semana.

Improvisó rápidamente Emma. Spencer la taladró con la mirada y la rubia supo que no la creía.

- Yo no soy Regina, señorita Swan. No conseguirá conquistarme con esos bonitos ojos. Volveré esta tarde a por el niño, así que mejor vaya a buscarlo de casa de esos amigos si no quiere que emprendamos acciones legales. Buenos días.

Se despidió con una inclinación de cabeza, pero antes de poder marcharse se abrió la puerta de enfrente.

- ¿Tampoco usted va a llevarse al niño?

Pregunto la vecina molesta, mirando al hombre con el ceño fruncido.

- Usted los ha llamado.

Adivino Regina, no era una pregunta.

- Claro que sí, usted vino y en vez de hacer su trabajo se dejó seducir por esta mujerzuela. Alguien tiene que proteger a ese niño.

La morena extendió una mano frente a Emma para impedir que se lanzase contra la monja.

- ¿Ve lo que le digo? Esa mujer es peligrosa.

Gruño la mujer del moño.

- Vuelva a su casa, esto no es asunto suyo.

Dijo Spencer mirándola fríamente antes de marcharse por fin. La vecina volvió a su casa, seguramente temiendo por su seguridad personal al ver como la miraban las otras dos mujeres.

- Alguien acabara mandando a esa mujer a ver a su jefe antes de tiempo.

Gruño Regina entre dientes cerrando la puerta del piso y pensando de manera acelerada.

- ¿Qué vamos a hacer?

Pregunto Emma con un hilo de voz, dejándose caer sobre la pared hasta el suelo. La morena empezó a recoger su ropa como un tornado, vistiéndose en el proceso sin detenerse.

- Voy ahora mismo a ver qué pasa, lo arreglaré.

Prometió, aunque sabía que no debería prometer una cosa así, después de todo la decisión final no era suya. Emma la llamó mientras se ponía un zapato prácticamente a la pata coja y paró para mirarla.

- Lo que ha dicho ese hombre…y esa horrible mujer, sobre que te he seducido para utilizarte a mi favor…No es verdad. Quería que lo supieras.

Regina se inclinó, levantando la cara de Emma con el pulgar para besarla con una tranquilizadora sonrisa.

- Lo sé. Baja a casa de Mary Margaret y quédate con Henry. Te llamaré.

Salió por la puerta a toda prisa, dejando allí a una angustiada Emma.

.

.

.

Mary Margaret se había resignado a tener un surco en el suelo de su piso después de pedirle varias veces a Emma que se sentase sin conseguirlo. La rubia no dejaba de dar vueltas frente al sofá en que estaba sentada su amiga, mirando al teléfono en su mano como si el tuviese la culpa de no haber recibido ninguna llamada aun.

- No es un tema fácil. Seguramente la llevara un tiempo.

La rubia no le contesto, aunque por supuesto sabía que tenía razón.

- Al menos lo está intentando, esa mujer está luchando por Henry y por ti, Emma.

- Lo sé.

Respondió de manera automática. Era perfectamente consciente de eso, ella estaba allí sin poder hacer nada y Regina estaría enfrentándose a ese enorme imbécil que había ido a su casa esa mañana.

- ¿Así que te has acostado con ella?

Esa pregunta consiguió por fin que Emma dejase de caminar de aquí allá robóticamente por un momento. Las dos mujeres miraron disimuladamente a Henry, pero el niño estaba ocupado rescatando a un osito de peluche de lo alto de una estantería con su nuevo equipamiento de príncipe como para prestarles atención.

- ¿Qué más dará eso ahora?

Gruño Emma retomando su paseo delante de Mary Margaret.

- Porque una de las dos tiene que mantener la cabeza fría, y yo no sé cómo se hace, siempre eres tú. Solo intento distraerte para que no estés tan preocupada.

Respondió la morena con un triste encogimiento de hombros, su amiga finalmente se dejó caer en el sofá, con el teléfono pegado a la mano.

- Lo sé, y no sabes cómo lo aprecio.

Dijo apoyando la cabeza en el hombro de su amiga.

.

.

.

Varias horas después Regina finalmente llamó, su voz parecía bastante cansada.

- Spencer estaba empeñado a llevarse a Henry, es uno de los miembros más antiguos, su opinión siempre es muy bien considerada.

Empezó la morena. Emma escuchaba el sonido de sus tacones de fondo.

- ¿Regina? Regina si…si tienen que quitármelo, si se lo…Quiero que se vaya contigo. No dejaran que se quede con Mary Margaret, bien que lo sé, pero a lo mejor contigo sí. Y así yo sabría que Henry…que mi hijo está bien…quizá podría verlo…de vez en cuando…

Dijo la rubia con la voz totalmente rota, tapándose la boca con la mano para que su hijo no la escuchase llorar desde el piso de Mary Margaret, ella había salido a hablar al pasillo.

- ¿Qué? No, no. No quería decir eso. No. Perdóname, no es eso para nada. No…Estoy en el coche, voy para tu casa. Te veo en dos minutos, no te preocupes de nada.

Colgó antes de que Emma pudiese decir nada más. Pero no mucho rato después llegaba al edificio, donde la rubia la estaba esperando en el portal, ansiosa.

- No quería decir eso por teléfono, a veces me explico fatal.

Dijo nada más la vio, cogiéndola una mano. Emma la miro metiéndola prisa para que le contara de una vez.

- Spencer tiene mucha influencia, pero yo también. Más que él, por más que se empeñe en negarlo. Además el no conocía la situación, ni al niño, ni a ti. Después de discutirlo mucho conseguí que volviesen a evaluar tu caso aportando nuevos datos, el trabajo, que pasas más tiempo con tu hijo, que una de sus mayores influencias es una maestra…

Emma no quería tener esperanzas, no quería hacerse ilusiones para que luego se quedasen en nada, pero escuchaba a la otra mujer conteniendo la respiración.

- No van a quitarte a Henry.

La rubia sintió tal alivio que casi le fallaron las piernas, Regina la sostuvo con una risita.

- Al menos no por el momento. Han dicho que seguirán estudiando el caso muy de cerca, mantendrán un ojo puesto en ti y en el niño para ver si la situación mejora. Si es así te quedaras con Henry. Oficialmente yo estoy fuera del caso por haber "establecido lazos emocionales"

Incluso hizo las comillas con los dedos mientras giraba los ojos.

- Pero precisamente por eso también tendrán en cuenta mi opinión al ser la que puede ver el progreso más de cerca.

- ¿Así que teóricamente estoy en periodo de prueba?

Pregunto Emma, Regina hizo una mueca casi de disculpa.

- Es lo mejor que he podido conseguir. Pero tienes tu nuevo trabajo, quizá encuentres un nuevo piso. Y yo me asegurare de que nadie te quite a tu hijo.

Prometió la morena apoyando un momento la frente en la mejilla de Emma, antes de volver a mirarla. La rubia cogió su cara para besarla con entusiasmo, con la sonrisa más enorme que Regina le había visto hasta ahora.

- Tengo que decírselo a Mary Margaret.

La morena finalmente la soltó, pero Emma volvió a cogerle la mano.

- Tú vienes conmigo.

- ¿Así que te sigo siendo útil?

Pregunto con una sonrisa traviesa.

- Siempre.

Rio la rubia dándola un rápido beso en la mejilla entes de volar escaleras arriba con la mujer firmemente sujeta en su mano.