Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen bla, bla, bla, Rumiko es la dueña bla, bla, bla, Mioshi Taisho es la autora, bla, bla, bla... etto... Lo siento por no actualizar antes es que tuve algunos problemas técnico y pedí un poquito de ayuda así que si no le entienden o hay algún error hacérmelo saber por favor, aclaro yo no lo edite esta vez así que no me echen el muerto a mi. So, Ja ne!
Me puede llevar a casa esta noche? Kagome alzo la mirada del expediente que estaba estudiando que le sonreí a sango.
-Claro, pero pensé que tenias una cita con Miroku, ¿cambio de planes?- Sango se paso por la oficina y se sentó en el borde del escritorio de Kagome, dejando ver sus esbeltas piernas.
-Me acaba de llamar y discutimos, pero nada grave- algo en su tono alerto a Kagome.
-Has tenido problema con el.- La vida amorosa de sango era una serie de altibajo.
- No es la primera vez que cancelo con el por celos a última hora, pero no te preocupes- explico sango con una sonrisa fingida.
- ¿Esta muy ocupado con su trabajo?
-Lo dudo- respondió sango. Miroku era un fotógrafo local que al parecer le tenia un poco de afecto a su trabajo, sospecho que su vida privada es muy ocupada. Ella tomo la fotografía enmarcada de Joyo en el escritorio de Kagome y la observó como si no la había a visto nunca.
- ¿Alguna otra cosa es lo que te preocupa?- Dijo Kagome en forma tentativa, a la vez que cerraba la carpeta que tenia sobre su escritorio.
-No lo es Sango.- levanto los hombros, regreso la foto de Joyo a su lugar. No lo se, si fuera una ardiente pasión, pero fuera lo que fuera no cabe duda de que se puede enfriar.- hizo una mueca. ¿Que suerte? No estaba tan loca como el.
- ¿Si? que tal si lo estuvieras .-comenzó a decir Kagome, se interrumpió un segundo deseando no haber dicho esa frase. Sango le lanzo una mirada fría. - ¿No me podría cambiar por otra? ¿Es eso lo que quieres decir?- Bueno, quizás, quien sabe, se inclinó sobre el escritorio para examinar la carpeta - ¿Es el informe del congreso? Lo de ayer del incitante asunto, por la que los celebran es para que puedan disfrutar de algunos días por cuenta de la compañia, sin sentimiento de culpa. Miro a Kagome y sonrió , y por alguna razón se sonrojo , aunque era absurdo puesto que sango no había adivinado que algo había sucedido mientras Kagome estaba en Tokio. Sango la miro extrañada y fue hacia la puerta. bueno, regresemos a la tierra suspiro y se dispuso a salir.
-Paso por ti a las 6.- alcanzo a decirle a Kagome -Perfecto, nos vemos Sango cerro la puerta, y los ojos de Kagome se pasaron en la foto de joyo. Habría sido tomada antes del accidente, casi 3 años mas joven, sonriente, lleno de vida.
Le dolía el corazón de solo pensar como estaba ahora, mas aun lo que ella le había causado. Kyoto era una ciudad pequeña, donde cada uno de sus habitantes conoce a los demás de vista, puede que no de nombre, y Kagome tenia la ventaja de provenir de una familia que había vivido en el distrito durante generaciones. Su padre era rector de la escuela secundaria local, el sitio había sido el mas antiguo cirujano de la cuidad hasta su muerte prematura hace un año. La familia esta distante de ser rica. Kagome y su padre vivían en un templo en el campo en las afueras de la ciudad, alrededor de 1 Km de Shikon House, donde residían los Kamasaky.
Ella y joyo se conocen desde niños, habian jugado y crecido juntos.
Joyo había ido a un internado, pero durante las vacaciones de verano había tenido a George Jigurashi como profesora de Matemáticas y Latín. Joyo crecía de espíritu académico no al extremo de Kagome, su trabajo escolar le parecía aburrido y no había tenido mucha simpatía con el papa de Kagome.
Joyo era 5 a os mayor, ya había entrado en su mayor a de edad cuando Kagome todavía a usaba trenzas durante algunos a os no se volvieron a ver, pero poco después ella entro a trabajar en la compañia Shikon, cuya sede quedaba en Kyoto, volvió a encontrarse con joyo y este le pidió que fuese su pareja en la fiesta anual de la compañia. Habían estado saliendo juntos durante 1 a o antes de que joyo decidiera proponerle matrimonio y a Kagome le había preocupado la reacción de la madre de el.
Después de todo ella no tenia dinero, ni posición, mientras que joyo seria algún día el principal accionista de una compañia que se estaba expandiendo a un ritmo acelerado.
Para su sorpresa la señora Kamasaky había acogido el noviazgo tal ves por que había tenido 1 a o para acostumbrarse a la idea de que su hijo se iba a casar con una empleada suya.
El compromiso fue anunciado poco después de que Kagome cumplió 21 años y Hoyo ten a 26. Desde el accidente había desmejorado.
Kagome no podía decir con exactitud cuando se cambiaron sus sentimientos hacia hoyo; había sucedido con lentitud a lo largo. Ella lo amaba y siempre lo amara, pero hacia mucho que su pulso no se alteraba cuando lo ve a el, ni siente la peligrosa excitación que había experimentado en brazos de Inuyasha. No había notado la diferencia hasta que bailo con Inuyasha aquella noche.
El torneo apasionado que la había embargado mientras bailaba con Inuyasha, la intensa conciencia de su mirada que la hizo confesar que estaba comprometida, su profunda voz, el contacto con su mano nunca había formado parte de lo que sentía con Hoyo; pero no lo supo hasta que descubrió el perturbador efecto que producía Inuyasha en ella.
Hundió el rostro entre sus manos y lloro . Se despreciaba por todo lo ocurrido. Habia traicionado a Hoyo, tambien a Inuyasha y se sentia enferma solo de pensar en lo que pasar a si Hoyo averiguara lo que habia hecho, especificamente con Inuyasha, otro hombre.
Hoyo la necesitaba. Su medico le había dicho que algún día el podría volver a caminar, le hará falta una fuerte motivación, y Kagome había sido su principal motivo desde el principio.
No había dejado de motivarlo a que hiciera con dedicacion sus ejercicios, para fortalecer los músculos de las piernas y la espina dorsal, condición impensable para recuperar el movimiento y ella se daba cuenta de que si Hoyo seguía adelante cuando estaba cansado, deprimido, en su estado irremediable, era porque se aferraba a caminar hasta al altar el día de su boda. No necesitaba pensar dos veces que estaba cerca de lo que ser a si ella la abandonaba, si alguna vez sentía que ella no le importaba que caminara o no, porque hacia algunas noches atrás, Hoyo le había dicho oprimiendo su mano con mucha fuerza: Si no fuera por ti lo dejaría todo ahora, me rendiría. Tengo esas pastillas para dormir en el cajón, a veces las miro y pienso , bueno, esa es una salida.
-No lo hagas Hoyo!- había gritado de miedo y dolor, y el le había besado la mano, dejándola humedecida de lágrimas.
Tengo mas agalla, mi amor, pienso en ti y entonces sigo esperando. dijo el.
-Tu eres la razón de mi vivir. Kagome, sigo adelante solo porque imagino el día en que caminaremos juntos hacia el altar.-
Ella le había tomado la mano, mordiéndose el labio inferior, se había sentido feliz en aquel momento, pero ahora el peso de la culpa la abrumada cada vez que ve a a Hoyo. Habían pasado 3 semanas desde el congreso, pero no había logrado olvidar a Inuyasha.
Ha vivido día tras día con la enfermedad de Hoyo, absorto en la lucha por volver a caminar y se había enfrascado en su trabajo cuando no estaba con el; hasta que conoció a Inuyasha no se había dado cuenta de lo mucho que anhelaba estar en brazos de un hombre, de cuanto extrañaba las intimidades de un despreocupado coqueto, la penetrante tensión de una caricia, de un beso.
Continuara...
