Ya llegué nuevamente :3
Capítulo 3
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Naruto despertó antes de que la enfermera entrara para dejar la medicina que Boruto debería de tomar. Se incorporó en la silla que había estirado a su lado y la miró con los ojos llenos de sueño.
—Tranquilo. Sólo dejo aquí su medicación. En un rato vendremos a tomar su temperatura.
—Gracias —murmuró mirando hacia el niño.
Boruto dormía y a simple vista, parecería un niño normal, si no fuera por sus mejillas encendidas y su boca media abierta para poder respirar.
Frotándose los cabellos, salió hasta el pasillo.
Nunca le habían gustado los hospitales y aunque había estudiado cerca de esa rama, quizás el pasado había provocado que no lo viera con ojos buenos. Aunque de todo aquello no había salido todo mal.
Sakura y Sasuke eran dos de sus mejores amigos. Continuaba con Gaara a su lado. Conoció a Konohamaru. Tiempo después, llegó su hijo.
Nunca le había contado a nadie de dónde salió. Ni siquiera Gaara lo sabía, aunque sospechaba que Sakura creía que sí equivocadamente. Y tampoco nunca había buscado a sus padres. Era egoísta, lo sabía, pero también entendía lo que Gaara había estado exponiendo para hacerle entrar en razón.
—Buenos días.
Se volvió al escuchar la voz, seguida de un enorme bostezo. Sakura levantó una mano como saludo. Llevaba la bata y el cabello recogido en una coleta. Bajo sus ojos se marcaban dos profundas ojeras.
—He tenido una urgencia esta noche y por eso no he podido venir antes. He leído su historial. ¿Ya te lo han dicho?
Naruto asintió.
—Van a tener que operarle.
—Sí. Yo misma me he ofrecido para ello. ¿Te parece bien?
—Eso es genial —confirmó más aliviado. Confiaba en las manos de Sakura.
La mujer lo estudió con la mirada durante un momento.
—¿Qué ocurre?
Se rascó la mejilla, sorprendido, y esbozó una sonrisa nerviosa.
—Me preguntaba si tú podrías hacer algo por mí, Sakura-chan.
—Claro, dime —se ofreció.
Naruto la miró seriamente, luego a su hijo.
—No, no tiene importancia.
Sakura no volvió a preguntarle, cosa que agradeció.
El miedo había regresado para asentarse en su corazón.
—Bueno. Iré a dormir a casa y volveré para la operación de Boruto. ¿Vale?
—Sí, gracias, Sakura-chan. Debes estar cansada, pero no confío en otras manos ahora mismo.
—Lo sé.
Sakura le acarició la mejilla maternalmente y se alejó.
Volvió al interior de la habitación, con ganas de un café y un cambio de cuerpo, a ver si así dejaba de dolerle tanto la cabeza.
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Gaara se detuvo al verla y ella levantó la mano como saludo. Iba en vaqueros y jersey, cargando una bolsa de deporte semejante a la suya misma. Le sonrió al acercarse.
—¿Muda para Naruto?
—Sí —respondió mirando de reojo la maleta en su mano.
—Genial. Porque le hará falta. Esta tarde operaremos a Boruto —explicó—. Seré su cirujana, así que iba a casa a dormir un rato.
—Descansa —deseó inclinando la cabeza con ideas de pasar de largo. No era bueno en conversaciones con mujeres que siempre se alargaban hasta el punto de darle un tremendo dolor de cabeza.
Ella cabeceó una afirmación, pero no se movió. Gaara enarcó una ceja sin comprender. ¿Acaso había algo más?
—Gaara —nombró pausadamente—. No, no importa.
Negó sacudiendo la cabeza.
—Cuida bien de Naruto —suplicó antes de alejarse.
Gaara no le dio mucha importancia a su frase, pues él siempre estaba dispuesto a cuidar de Naruto. Que este no compartiera sus sentimientos, no quería decir que no fuera a estar ahí para él. Porque bien mirado, Naruto nunca había sido cruel con él. No se había aprovechado de sus sentimientos de un modo cínico o tóxico. Más bien, era él el que quería estar ahí, a su lado, soportando ver su espalda más que su corazón.
No comprendiendo a Sakura y no dándole más importancia, se dirigió a la cafetería antes de subir a la habitación. Nada más llegar, se encontró con la escena de un irritado Naruto intentando evitar que la enfermera le sacara el teléfono en busca de una cita. No es que Naruto fuera un ligón en especial, pero las había a las que les encantaba un chico rubio de ojos azules y tez morena natural y cuando eso pasaba, eran bastante peligrosas.
—¡Ah, Gaara! —saludó Naruto animadamente mientras con los ojos quería decir mil palabras de alivio por su presencia.
—Te traje café —respondió tomándole de la mano, demorándose el tiempo suficiente para que la enfermera captara la situación. —También ropa.
—¡Eres un sol! —exclamó Naruto dándole un sorbo a la bebida—. No aguantaría nada hoy de no ser por esto.
Gaara lo dudaba. Naruto parecía una fuente inagotable de energía muchas veces. El problema residía claramente en lo que rondaba por su cabeza. Y no era sólo la operación de Boruto.
La enfermera se había marchado finalmente, no sin antes gruñir la frase que más diversión le causaba: "Qué lástima que sea homosexual". Sólo que él la solía pensar justo al revés. Al menos, se conformaría con que fuera bisexual.
—Menos mal —suspiró Naruto apoyándose contra los pies de la cama—. Un poco más y creía que iba a quitarme los pantalones y violarme contra la pared.
—Si fuera un hombre… —sopesó.
—Oye, hay mujeres muy peligrosas en esos temas. Deberías de tenerlo en cuenta.
—No es a mí a quien las mujeres quieren comerse todo el tiempo —descartó. Y si era así, ni siquiera pensaba en ellas o se percataba.
Naruto rio infantilmente y se apartó para tomarse el café con más tranquilidad. Gaara se entretuvo en observar a Boruto.
—He visto a Sakura —recordó mirándole de reojo.
—Ah. Sí, vino a ver a Boruto antes de irse y decirme que será ella quien se encargue de operarlo esta tarde —explicó dejando a un lado el café para empezar a desnudarse—. Le dije que me sentía más cómodo con ella ahí.
Gaara asintió, comprenderlo.
—Gaara.
—Dime.
—¿Qué piensas si… dijera que sí?
Gaara enarcó una ceja.
—Explícate.
Porque con decir sí podría imaginarse muchas otras cosas que venían a su mente.
—Saber quiénes son los padres de Boruto.
Se volvió hacia él y estaba seguro de que tenía una cara de sorpresa, porque Naruto sonrió levemente, bajándose la camiseta sobre el abdomen.
—Sí, tal y como pensaba, esa es la cara que esperaba de ti. La conversación se cortó bastante rápido anoche y no pensamos demasiado en continuarla. Lo he estado pensando esta noche, dándole vueltas. Pero igualmente sigo teniendo miedo.
—No vas a perderlo. Boruto te quiere más de lo que crees.
—Lo sé, pero… ¿y si sus padres son mejores que yo? Soy un simple empleado, que no quiere acercarse a las mujeres y…
—No eres patético —interrumpió acercándose a él—. No todo el mundo se habría quedado con un niño como tú y que no fuera suyo. Y si sus padres fueran buenos. ¿Por qué hasta ahora no le han buscado?
—Quizás no han tenido conocimiento de cómo hacerlo —dudó Naruto—. Como sea. Quizás luego de la operación le pida a Sakura que lo haga.
—¿Quizás?
Naruto apretó los labios. Suspiró. Se bajó los pantalones.
—Vale. Se lo pediré.
Gaara entonces se permitió bajar la mirada.
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Horas más tarde, Sakura estaba lista para operar a Boruto. Antes de entrar en la sala de limpieza, se encontró con Konohamaru, quien la saludó levantando una mano.
—¿Estás bien para esto?
—Sí. He dormido —garantizó—. Y sabes que soy la mejor.
Konohamaru asintió, pero continuó con el cejo fruncido.
—Es el hijo de un hombre al que admiro, así que, por favor, no…
—Konohamaru —interrumpió—. Naruto es uno de mis mejores amigos. No necesito que termines esa frase. Y no es una operación a corazón abierto.
—Lo sé, pero —dudó el joven director.
Sakura le dio una palmada.
—Anda, vete. Iré a limpiarme y prepararme.
Konohamaru se volvió, algo más animado para dirigirse al exterior. Sakura era una de las mejores cirujanas que conocía y había sido recomendada incluso por la mismísima Tsunade Senju. Pero había algo que le tenía preocupado, especialmente, siendo el hijo de alguien a quien había admirado mucho tiempo.
Sin darle mucha más importancia, salió y tras saludar a otros compañeros, se dirigió hasta su despacho. Allí, un mensaje de su prometida le esperaba. Como un bobo, su sonrisa se extendió.
Ella era perfecta. Para él.
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—No tienes que preocuparte de más, la operación ha salido bien. Sí. Descansa y deja que el tiempo cure, es lo mejor. Sí. Mañana por la mañana iré a veros. No, tranquilo. Buenas noches, Naruto.
Sasuke esperó a que colgara el teléfono para darle el café que, tras dar un gran sorbo, Sakura dejó a un lado del ordenador. Llevaba todo el tiempo trabajando en informes médicos y cada vez que su móvil vibraba, saltaba hacia él como una loca. Si fuera de otro modo, habría sido capaz de pensar en un posible amante, pero esa mujer estaba demasiado loca por él como para pensar que fuera posible esa posibilidad.
—¿Qué escondes? —preguntó al final con sus ojos oscuros clavados en ella y asegurándose de que entendiera que no iba a aceptar una evasión por respuesta—. Sakura.
Ella dudó. Se mordió el labio inferior. Buscó a su alrededor en busca de algo que le distrajera y, finalmente, al no ver salida, suspiró.
—Sé que vas a enfadarte —comenzó—. Pero lo he hecho por una buena causa. Estoy segura de ello.
Sasuke entrecerró los ojos.
Antes de que abriera los labios para preguntar, el móvil de Sakura volvió a sonar y tras ver el mensaje, le dio la espalda para ir directamente a su correo electrónico. Sasuke estaba a punto de zarandearla, hasta que vio qué era.
Le puso una mano en el hombro.
—Sakura. ¿Qué has hecho?
Sakura le miró aterrada.
—Te juro que sentí que Naruto iba a pedírmelo esta mañana. Lo juro.
—Borra eso, ni siquiera abras los resul…
Tarde. Su esposa podía ser muy rápida cuando quería.
—Lo siento —se disculpó.
Ambos clavaron la mirada en la pantalla.
—¡No puede ser! —exclamó poniéndose en pie.
Sasuke sólo veía cifras y demás cosas que no captaba. La médica era ella, él sabía poner una tirita y ya se estaba arriesgando.
—¿Qué ocurre?
—Espera. Necesito llamar a Gaara.
—¿Gaara? —cuestionó sin comprender—. Lo suyo sería llamar a Naruto. ¿No es así?
—Podría, sí, pero es el único que…
Su voz quedó apagada por el timbre. Sasuke bufó, abriendo.
—Buenas noches, Uchiha —saludó el hombre—. ¿Está Sakura?
La mujer se asomó, maldiciendo entre dientes.
—¿Ya te has enterado tan pronto, Konohamaru?
—Soy el director del hospital. No hay absolutamente nada que no conozca de lo que se cuece en él —gruñó él cruzándose de brazos—. Ahora, dame una buena razón para que no te cree un historial y te expulse de mi centro. ¿En qué demonios pensabas? ¡Has robado la sangre de un paciente! Y encima, un menor. Has efectuado pruebas sin consentimiento de su progenitor y encima… este mismo es mi senpai y un hombre al que admiro muchísimo.
—Lo sé, lo sé —afirmó Sakura acercándose a él—. Naruto iba a pedírmelo, estoy segura. Además, Konohamaru, no sabes la mitad de todo lo que ocurre.
—No, quizás no —confirmó—. Lo que sí sé es que fuiste recomendada por la mujer que suplió a mi abuelo tras su muerte y por la que estaba dispuesto a dar la cara ante cualquiera que osara decirme que no eras buena en tu trabajo. Ahora qué he de decir: Ey, es buena en su trabajo, pero cuidado que le gusta robar sangre para mandarla a analizar en contra de cualquier autoridad que haya de por medio. Será fantástico —sentenció irónicamente.
Sasuke gruñó. Más porque sabía que Sakura se había metido sola en todo aquel jaleo, pero Konohamaru reaccionó retrocediendo un poco, alerta.
—Santo Dios. Hasta tu marido podría denunciarte si quisiera. ¡Es abogado!
—¡Por favor, Konohamaru, cálmate! —estalló Sakura—. Necesito aclarar esto. Te juro que no es como tú crees y que tendré los papeles de Naruto firmados y no tendrás que denunciarme ni nada de eso, complicándote tanto. Sólo dame algo de tiempo.
Konohamaru apretó los dientes.
—Tienes todo el día de mañana. Si a las doce Naruto no ha firmado o explicado el asunto, no podré defenderte, lo siento.
—Me parece justo —aceptó Sakura cerrando la puerta. Estaba tan emocionada con lo que sucedía que ni siquiera fue capaz de captar la mirada que había clavado en ella y volvía a marcar el teléfono con dedos rápidos.
—Sakura.
—Espera un momento, Sasuke —suplicó dándole la espalda—. Gaara. Hola. ¿Estás con Naruto? Perfecto. Necesito que le preguntes algo y es muy urgente.
Gaara pareció dudar un instante, porque Sakura empezó a dar golpecitos con el pie.
—Pregúntale que te cuente de dónde salió Boruto hace once años atrás. Es importante.
—¿Por qué? —preguntó.
Sakura le miró y pareciera que Gaara hubiera hecho la misma pregunta, porque los ojos le brillaron de emoción.
—Porque estoy completamente segura de que Boruto… es hijo suyo.
Sasuke frunció el ceño, apoyándose contra la pared, de brazos cruzados. Sakura intercambió alguna información más con Gaara y él se perdió en sus pensamientos.
Cuando volvió en sí, Sakura volvía a estar delante del ordenador. Posó su mano en el teclado, para retenerla.
—Sasuke, por favor.
—No —negó—. No vas a averiguar más. Ya has sacado algo en claro. Es suficiente.
—Quiero… no. Puedo averiguar quién es la madre. Tengo acceso a ello y…
—Sakura —advirtió—. Mi capacidad para desviar la mirada está llegando a su límite. Yo no voy a darte un día de tiempo.
Sakura le estudió con la mirada un instante. Después, cerró y borró todo. Cualquier prueba que la llevara a descubrir más allá.
—Está bien, no seguiré.
Sasuke suspiró aliviado y se retiró hacia atrás.
—¿Cómo crees que Naruto se lo tomará?
Sasuke miró por la ventana, hacia la oscuridad.
—No lo sé.
Sakura se llevó un dedo hasta la barbilla.
—Pero no lo entiendo. Naruto no ha vuelto a estar con una mujer desde que pasó aquel suceso con Ino en nuestras prácticas médicas. Más bien, siempre ha estado con Gaara.
Sasuke volvió su atención hacia ella.
—¿Qué recuerdas de aquel día?
Sakura hizo memoria.
—Teníamos un importante examen y subía nota si conseguíamos estudiar a la perfección el tema de los espermatozoides. Muchas de las chicas por aquel entonces pensaban que era asqueroso o no tenían de quién conseguir las pruebas. Como mis notas eran buenas y tenía una carta de referencia, no tuve que hacerla, pero Ino sí. Sedujo a Naruto. Naruto le entregó el bote, o eso creo. Cuando llegué, Ino estaba con el bote. En realidad, no había nadie, así que sólo especulamos un poco.
Asintió, poniéndose en situación. Podía imaginárselas discutiendo por cualquier tontería.
—El caso es que repentinamente, fue un caos. Las muestras se cayeron y cogimos el bote que correspondía a Naruto. Ino al final no utilizó la muestra de Naruto por respeto o culpabilidad.
—¿Estás segura de eso?
—Eran las únicas muestras sin etiqueta, sí.
—¿Qué pasó con el bote de esperma?
Sakura se dio golpecitos en la barbilla mientras trataba de recordar.
—Sinceramente, no lo recuerdo o más bien, no lo sé. Ambas nos fuimos y no sé qué hizo Ino tampoco. Si no lo usó, seguramente lo descartó.
Sasuke le extendió el teléfono.
—Llámala y pregúntaselo.
Sakura dudó un instante antes de hacerlo y poner malos libros.
—Ey, Ino-cerda —saludó como costumbre —. ¿Estás libre? Necesito preguntarte algo importante.
—Claro, habla, tengo manos libres. Mientras me paro, puedo escucharte.
Se escuchaba el sonido del motor de fondo.
—¿Recuerdas aquel día en que querías utilizar aquello de Naruto?
Ino blasfemó. Escuchó el motor detenerse y el sonido del resto de coches pasar cerca. Ino trasteó con el móvil, seguramente llevándoselo al oído.
—Sí, lo recuerdo —respondió—. Y como le dije al querido novio de Naruto y tú lo sabes también, no los utilicé al final. Por eso cateé y la nota no me dio para tanto y mira, me quedé de enfermera. Que no está tan mal.
—Lo sé, pero…
—¿Qué hiciste con la prueba? —interrumpió él.
—Mierda. ¿Es Sasuke? —cuestionó Ino exclamando con una voz demasiado chillona—. Sí, mierda. Es él. Oye, te juro que no la usé y todo aquello ya quedó hablado y demás. No me fastidies que ahora Naruto ha decidido denunciarme y Sasuke es su abogado.
—No —negó—. Pero si me ocultas pruebas, lo pensaré.
Sakura levantó la mirada hacia él, con la boca abierta de sorpresa. Sasuke hizo una mueca simplemente.
—Creo recordar que lo tiré en una de las papeleras, sí. Estaba llena de cosas y papeles, así que… oh, dios.
—¿Qué? —mascullaron ambos a la vez.
—¿Y si la prueba se cayó del montón y al pasar el carrito, las chicas pensaron que eran de ellas y lo volvieron a poner para utilizarlo? Por aquel entonces, recuerdo que había mucha gente haciendo pruebas para fertilidad y muchas mujeres se ofrecían a cambio de una buena suma de dinero. Y también estaban aquel grupito de raras que… Puaj de sólo recordarlo se me revuelve el estómago.
Sakura tragó pesadamente.
—¿De qué habla?
—Había unas chicas —explicó Sakura con una mueca de asco—. Que disfrutaban robando las pruebas y lamiéndolas o probándolas. Decían que era su forma de probar a los hombres o yo que sé… me parecía repugnante.
—Descartaremos esa parte —dedujo.
—No del todo —puntuó Ino—. Tenemos la idea de que un carrito la tomara. También las de esas chicas, que eran repugnantes, pero alguna que otra tenía ciertos ideales. Quizás sea feo decirlo delante de un abogado, pero todos sabemos que la medicina no es barata y no siempre nuestros padres están forrados o, no lo digo a malas, Sakura, tenemos una carta de representación de alguien importante.
—Espera… —masculló Sakura—. Quieres decir que…
—Sí. Creo que esa sería otra posibilidad —afirmó Ino—. No deberían de descartarla. Pero claro, todo esto es suposiciones. ¿verdad? ¿Por qué tanto interés?
Sakura apretó los labios.
—Boruto es hijo natural de Naruto.
—¿Qué? —masculló Yamanaka e hizo algún movimiento que provocó que el claxon de su coche sonara — ¡Mierda! Espera… ¿Estás diciendo que esa muestra fue utilizada o que la metió en…? No. La fecha concuerda. ¡La usaron, Sakura!
—Lo sé, Ino —murmuró Sakura entre dientes—. Y de ella nació Boruto. A menos que, cuando Naruto diga de dónde salió Boruto, aclare las cosas.
—Joder… joder…
—Ino…
—No me digas que no tuve la culpa. Todo eso fue culpa mía desde el comienzo. Si tan sólo nunca le hubiera pedido eso a cambio de… de nada. Porque jugué con su corazón, le hice irse a la otra acera y encima… encima por mi culpa… cargó con un hijo sin saberlo…
—Dudo mucho que la parte que le toca de Boruto le moleste, Ino —tranquilizó.
—Pero, demonios, Sakura. Ambas somos madres y tenemos hijos con los hombres que hemos amado. Esa sensación no la cambiarías por tener un hijo como le ha sucedido a Naruto, sea como sea.
Sakura tuvo que confirmar eso.
—Y para Sasuke, aunque no lo diga, seguro que también lo fue. Yo le quité eso a Naruto por mi egoísmo. Lo siento… lo siento tanto…
A través del teléfono pudieron escuchar el llanto y estaba seguro de que cuando se cortó, Yamanaka continuaba llorando. Sakura le envió un mensaje a su marido para pedirle que fuera a buscarla.
—No tenemos más que dudas y más dudas, Sasuke —reflexionó Sakura.
—Sí —confirmó—. Ahora sólo queda esperar un poco más.
—¿Te arrepientes de no haberme dejado saber quién es la madre? Eso podría haber hecho esto mucho más fácil.
Sasuke negó.
—Iría en contra de mis principios.
—Tan terco —murmuró ella abrazándole —. Pero así es como te amo.
Suspiró, enredando sus dedos en sus rosados cabellos.
—Ey, que sigo despierta.
Miraron hacia la puerta, dando un respingo. Sarada iba en pijama, descalza y con un baso de agua en la mano en dirección a su dormitorio.
El matrimonio se separó.
Sasuke miró hacia la noche nuevamente. Recordaba la cara de miedo de Naruto y la tormenta de aquella noche.
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Gaara estaba de pie, junto a la puerta. Naruto apartó la mirada de la revista que leía para clavarla en él. Había sonado su teléfono poco después de que la anestesia volviera a vencer a Boruto, quien finalmente había ganado contra la fiebre.
—Si aplastas más tu teléfono, lo romperás —alertó al notar que los dedos empezaban a blanquecer.
Gaara clavó la mirada en él.
—Naruto. ¿Puedes salir?
El tono de su voz lo alertó.
Dejó la revista a un lado.
—Claro —aceptó.
Dio un último vistazo a Boruto y salió, encajando la puerta tras él. Gaara estaba más pálido que costumbre, cambiaba de postura incómodo y la boca le temblaba.
—¿Te han dado malas noticas? ¿Tus hermanos?
—No —negó lamiéndose los labios después—. He descubierto algo. Hay algo que necesito preguntarte. Y, por una vez, por favor, dime la verdad.
Naruto se tensó mientras sus labios se movían para gestionar la pregunta. Sintió que todo el mundo giraba a su alrededor, mientras su cuerpo se recostaba contra la pared más cercana. Gaara le llamó.
Pero él no escuchaba su nombre. Sólo escuchaba el llanto de un bebé.
Continuará…
