Capitulo Tres

La verdadera historia de una dama Francesa

- ¿Tienes las fotos Niel? – dijo Elisa ansiosa

- Si las tengo… pero… - las veía con desaliento

- ¿Que, porque no se las has mandado a Annie?

- Porque de nada nos servirían

- Dame acá –dijo Elisa tomando el sobre con las fotografías- pero ¿¿esto que es??

- Por lo visto esa Kat es amante de nuestro tío Albert

- ¡¡No puede ser, debe haber un error!!

- O eso o es amante de los dos…

- De seguro el tío fue a hablar con ella para que dejara a Archie

- ¿Tu crees? El tío es bien parecido y millonario ¿no crees que pueda tener amantes ocasionales como esas?

- Puede que si, pero tu me dijiste que Leticia te dijo que ella iba a verse con Archie

- Pues si, ella me comentó que el tío también entró en la oficina de Archie cuando el estaba con aquella mujer

- ¡¡Grrr…!! – gruñía Elisa- debe haber una manera, no creo en la inocencia de Archie, ya lo descubriré

- Ya arreglé tu problema y mejor que fui yo anoche porque si no hoy estuvieras envuelto en un escándalo – Albert le decía a Archie

- ¿Por qué lo dices tío?

- Archie, ayer cuando fui a visitar a Kat un fotógrafo me tomó varias fotos con ella, nos tomó desprevenidos

- ¿Quieres decir que estaban preparados para tomarme una foto con Kat?

- Al parecer…

- ¿Pero quien los habrá mandado?

- Sospecho de los hermanitos fantásticos

- Niel y Elisa

- Si

- ¡Maldición!

¿Y como te va con Annie?

- Anoche nos reconciliamos

- Me alegro, espero que sigas así

- Si lo haré –dijo con desgano

En New York Terry seguía siendo la primera noticia de la prensa y más ahora que se le veía acompañado de una hermosa dama, la futura condesa de Lestrange, una joven de 25 años, soltera y muy hermosa. Lo cierto era que entre aquella pareja no existía mas que una gran camaradería, se habían vuelto muy amigos y acostumbraban en su tiempos libres encontrarse para almorzar. Ambos se contaban sus tristezas o más bien Terry tomó la amistad de Jude como su paño de lagrimas, la joven siempre comprensiva y atenta lo escuchaba y lo aconsejaba, pero a pesar de que Terry era un hombre muy apuesto para Jude no pasaba de ser un amigo, le tenia aprecio y deseaba lo mejor para él, llevaban meses frecuentándose y cada día su amistad crecía, Jude era una de las pocas personas en las que el joven y guapo actor confiaba.

- Insisto debes romper para siempre ese compromiso con Susana, de seguir así nunca serás feliz

- ¿Y de que me vale si no se nada de Candy?

- No debes hacerlo solo por Candy, si no por ti, no es justo amarrarse a alguien por obligación, tuve una tía que la obligaron a casarse y fue todo un desastre, incluso fue excluida de la familia, pero mi padre la quería mucho y siempre a mi hermana y a mi nos dejaba frecuentarla, aunque tengo años de no verla desde que me vine a vivir aquí

- Tienes razón, pero debo pensar como hago las cosas han pasado 7 años y se que no podré esquivar otro años mas

- Eso es cierto

- Amiga, es que también Susana me parece tan pobrecita

- ¡Pobrecita las pelotas del marrano!

- ¡Mademesoille Lestrange! – gritó la doncella de la joven horrorizada - ¿¿que palabrotas son esas??

- Jejeje tranquila Shantal no ha pasado nada

- Esa compañía con ese chico Charlie no es nada buena

- Shantal no te agrada Charlie

- Pues no, nunca me ha agradado la gente vulgar

- Lastima a él si le agradas mucho

- No siga Madmesoille –dijo saliendo del salón

- Que mala eres

- Tu amigo Charles le interesa mi doncella porque ocultárselo

- Jejeje, pero sabes Shantal tiene razón ¿de donde sacas esos términos tan vulgares?

- A veces me voy al puerto a llevar víveres a los necesitados y bueno…jejejeje se me pegan algunas cosillas

- ¿Que clase de condesa serás? No me lo imagino

- Tu no hables mucho que eres el primogénito de un duque ingles y tu vocabulario no es mejor que el mío

- Jejejejeje, que vergüenza para la realeza francesa e inglesa no lo crees

- Si, ji ji ji

- Por cierto disculpa por lo que te dijo Susana la otra noche en la ceremonia de Madame Carter

- ¡Ah me resbala! pregúntame si me importa

- Es que Susana cree que tengo una relación contigo

- ¡Es que dos personas no pueden ser amigas por todos los cielos! –dijo la joven mientras se servía un vaso de whisky - inclusos los medios lo insinúan a cada rato

- ¿No convidas amiga?

- NO

- Pero

- ¡Tu no debes beber ni fumar ni nada!

- Que cruel eres

- Je je, toma solo un vaso de whisky

- Que amable eres –dijo irónico

- Por nada

- La verdad la prensa me tiene harto, pero si quieren decir que tengo un romance contigo que piensen lo que sea

- Lo mas triste del caso es que tu y yo no tenemos química para nada –dijo la joven a la vez que recordaba aquella vez en el teatro, aquella obra de Mcbeth, el éxito había sido arrollador, y allí estaba ella Jude con un gran ramo de rosas para felicitar a su amigo, lo esperaba en su camerino. El llegó lleno de entusiasmo y la abrazó, no sabia que le había ocurrido pero la había besado. El beso fue lindo y dulce pero… no había tenido el efecto que se hubiese esperado

- Creo que no tenemos química –dijo Jude

- Definitivamente, lo siento, creo que me confundí

- Tranquilo, entiendo lo que te pasa, yo admito que eres super atractivo, tal vez más guapo que aquel hombre que me robó el corazón, pero siento que te veo como un hermano

- Igual yo, pese a que te veo muy bella, pero ella aun está aquí –dijo el joven señalándose el corazón

- Entonces ¿quedamos así?

- Amigos

- Amigos, no ha pasado nada

- Gracias

- A ti, espero algún día conocer aquella chica que te tiene enamorado

- Y yo al hombre que te robó el corazón

- Jude ¿estás ahí? te quedaste pensativa – pregunto Terry

- No pasa nada amigo, vamos –dijo tomando el brazo del joven mientras se apoyaba en su bastón- sabes me preguntaba si has sabido algo de Candy

- No, lo último que me dijo Albert era que estaba en Europa, pero no sé en que parte de Europa

- ¿Y no le preguntaste?

- No

- ¿Como quieres volver a verla? si serás tonto

- Tu no hables mucho que no eres mas valiente que yo

- Mira mejor no hablemos mas de ese tema porque terminaremos peleando

- Sabes mi amigo Albert dice que va a venir a New York, quiero que lo conozcas

- Me encantaría conocerlo me has hablado tanto de el que ya siento curiosidad

- Ya veras te caerá muy bien

- ¿Que te parece este vestido? – Madame Delibe le mostraba un vestido en un tono verdoso a Candy

- Muy lindo, pero no sé porque insiste en comprarme ropa…

- Para el baile de esta noche, Lady Raymond me invitó personalmente y luego me llegó su invitación es mi oportunidad de verte brillar

- Creo que esto es demasiado – dijo mientras miraba los paquetes que ya tenían apilados a un lado

- No señor, es lo apropiado

Mientras ambas damas recorrían la boutique unas damas encopetadas observaban a la Madame, eran sumamente estiradas y conocían en parte la historia de Madame

- ¡Que vergüenza que la gente olvide la clase de mujer de dudosa reputación que fue usted y se pueda codear con gente decente!

- Y lo peor tener el favor de los reyes –dijo la otra dama

- Pero ese viene de siglos y siglos… - contestó tranquila Madame Delibe

- Lastimosamente, pero aunque sea un mal, jamás serán totalmente aceptadas – dijo la que había hablado primero

- Es una lastima que estén tan amargadas –dijo Madame Delibe - es verdad que no tuve una vida virtuosa pero créanme damas me divertí mucho mas de lo que alguna vez se han divertido en su vida

- ¡Es usted una…!

- Calma, además mírese Lady Bowles, al final las dos quedamos igual, solo que usted es una mujer amargada en infeliz y yo vivo en paz y acompañada de muchas personas que me quieren.

- ¡Insolente!

- Lo seré pero muy feliz…

- Lastima que esa bella dama que la acompaña se pierda como usted parece una chica decente

- Lo es, de eso no tengan duda

- ¡Madame Delibe! –dijo la dueña de la tienda- es un gusto tenerla aquí

- Personas como ustedes son los culpables que estas mujeres sean aceptadas en sociedad –dijo una de las mujeres saliendo

- ¡Ah que se larguen! – dijo la dueña - además medio Londres la ama Madame Delibe y eso que no saben lo del…

- ¡Shhh! que si no estas fanáticas te escucharan y se formarán peores las cosas

- Si…

Candy se quedó asombrada, Madame Delibe era una mujer culta, le gustaba leer y escribir, claro que sus escritos aunque buenos eran muy… fuertes. Su porte era aristocrático y su elegancia digna de envidiar hasta por la reina, pero ¿porque tanto odio por parte de esas dos mujeres? no lo entendía.

Al llegar a la casa Madame le dijo que quería que fuera a su habitación después de cambiarse, necesitaba hablar con ella.

- Sé que el incidente de hoy te dejo extrañada… - comenzó a decirle cuando Candy regresó

- La verdad si Madame

- No debes preocuparte, son pocas las personas que me tratan así, esas dos mujeres son una puritanas aburridas que me conocieron hace años y sobre todo Lady Bowles no me perdona que su hermano se hubiese vuelto loco por mi hasta dar su vida

- Pero no entiendo…

- Mira, siéntate aquí a mi lado –dijo haciéndole un espacio en la cama - te contaré mi historia ya que tu me contaste la tuya, pero prométeme que cuando te la cuente no me juzgarás

- Lo prometo Madame…

- Bien comenzare:

"Hace muchos años todo empezó cuando tenia 17 años, era una joven muy hermosa de cabellos rubios y ojos verdes aceituna. Llamaba la atención por donde fuera debido a mi belleza, pero yo era una chica inocente, no me daba cuenta de que a esa edad yo ya tenia excelentes formas de mujer. Mi familia era millonaria ya que pertenecíamos a la nobleza, mi padre el Conde André Aramis Lestrange era un hombre imponente dueño de muchas tierras. Fue cuando lo conocí a él, Joaquín Depardiu un apuesto joven de unos 18 años, de familia cómoda y muy apuesto, alto de cabellos negros y ojos muy azules, todo un galán, nos conocimos y nos enamoramos, soñaba con el día en que fuera suya, pero para mi desgracia Joaquín se enlistó en el ejercito ya que era de una familia con antecedentes militares, su padre un alto coronel del ejercito francés lo obligó a enlistarse, de manera que él tuvo que irse, pero me prometió que volvería. Esa noche antes de que se marchara hicimos valer nuestro amor.

- ¿Quiere decir que si pudo…? - preguntó Candy interrumpiendo el relato

- Si querida y luego de que él se marchó esperé su regreso pero… - En esos momentos ala dama se le llenaron sus ojos de lágrimas

"…Él nunca regresó, me mandaron un mensaje diciéndome que había muerto en el frente… Mi familia ya tenia planes para mi… casarme con el conde Gabriel Antón Delibe un señor mayor de unos 53 años. Necesitaba a una esposa, joven, fuerte y bella para formar una familia y pese a mis objeciones me casaron con él.

Una vez casados me llevo a vivir a la Mansión Delibe, como yo me casé obligada, la vida con ese conde me iba a parecer un infierno y así fue… la primera noche intenté evitarlo, es mas me negué a cumplir con mis deberes de esposa… pero me forzó:

- ¿¿Con qué te quieres hacer la rebelde?? – dijo el conde Delibe- ¡¡pues yo no hice un trato a medias con tu familia, era todo o nada!!

- ¡¡Suélteme!!

- ¡¡No pequeña, tu me perteneces!!

- ¡¡No…¡¡Auxilio ayúdenme!! – grité y grité pero nadie me ayudó, fue la noche mas horrible de mi vida y sentí que odiaba al conde.

Con el tiempo fui aprendiendo muchas cosas y mi odio por el conde aumentaba, era un ser déspota, arrogante y horrible y cada vez que quería me forzaba a cumplir mis deberes de esposa. Un día conocí a uno de sus socios, Monseiur Couriac un hacendado que tenia negocios con mi esposo. Era apuesto, joven y varonil y para mi sorpresa el se sintió atraído por mí. Mí esposo no tenia ni la más mínima sospecha así que lo volví mi amante en venganza por lo que hacia mi esposo. Sé que se puede escuchar esta confesión horrible pero es mejor que lo sepas ahora. La relación con mi esposo seguía siendo la misma, odio total, pero él ya no me forzaba, cada día estaba mas viejo y cansado y ya no podía con una chica joven como yo, así que decidí que era el momento de mi venganza. Y aunque lo odiara cada noche le exigía que me hiciera el amor. Sé que suena extraño e irónico pero era parte de mi plan. Al principio se manifestó entusiasmado pero después lo empecé a cansar y a extenuar, cada vez más… y más, hasta que no pudo más y un día le dio un fuerte ataque al corazón. Le dictaminaron muerte natural pero yo sabia que el había muerto debido a la pasión y como no tenia las fuerzas al fin tuvo que desfallecer.

Pero eso no fue todo no. Sentía rabia con el mundo, sentía que la vida había sido injusta conmigo, en el pueblo en que vivía las damas de sociedad me rechazaban ya que todas alegaba que yo había matado a mi esposo quien sabe de que manera y no había sido descubierta; mujeres hipócritas que decían llamarse damas cuando eran las peores comadrejas, así que me marché de la Villa Delibe y me trasladé a Francia, fue allí que conocí grandes cortesanas, mujeres inteligentes que habían sido y eran amantes de los reyes, de los condes y de altos miembros del gobierno, mujeres que con solo pedir algo de sus amantes se les concedía, muchas de la misma alcurnia que yo, a las cuales se les hacia llamar Maistre in titre. En la corte francesa era muy común tenerles respeto a las amantes de los reyes, se les consideraba más importantes incluso que la reina y fue así que aprendí de ellas, me hice amante de un Barón y mi fortuna acrecentó. Nunca más me casé y lastimosamente nunca pude concebir hijos, pero tuve muchos amantes que me hicieron feliz, hombres cultos e inteligentes. Pensadores, poetas, artistas y duques e inclusos altos ministros de estados, esos fueron mis amantes y créeme, me hicieron muy feliz.

Llegué a la corte inglesa debido a un favor especial al rey de Inglaterra, al parecer querían realizar un atentado en su contra, del cual me enteré y con la ayuda de mis influencias logré advertirle y así fue salvado. En agradecimiento me invitó a vivir en Inglaterra. Para mí fue difícil dejar mi país, pero lo hice solo que aún tengo posesiones en Francia, pero mi vida está hecha en Inglaterra. Ocasionalmente viajo a París pero siempre regreso aunque tengo pensado irme un tiempo a Norteamérica, nunca he visitado ese hermoso país pero algo me dice que debo hacerlo…"

- Y esa es mi historia, no sé si te parecerá escandalosa, pero créeme si tuviera que volver el tiempo atrás volvería a vivir lo mismo. Porque créeme, mi vida en la corte fue maravillosa e intensa y no me arrepiento. Por eso quiero que tu mi niña seas feliz y vivas pero no como yo lo hice, si no mejor, con un esposo que te ame y que te demuestre lo lindo que es el amor

- Vaya Madame –dijo Candy - la verdad me ha dejado anonadada con su historia, jamás pensé…

- ¿Piensas que soy de lo peor?

- No, solo que estoy algo asombrada

Ten – dijo dándole un libro de tapa verde oscuro - este libro te ayudará, léelo

"Amantes de los reyes de Francia"

- Si, es para que tengas una idea de cómo era la vida en la corte y sobre todo con las damas, allí descubrirás la historia de Gabrielle D'estrees, Madame De Montespan hasta la Pomapdour y más allá, espero que te guste –dijo la dama mientras guiaba a Candy rumbo a la puerta de su habitación - no me digas nada esta noche, solo lee y mañana hablaremos

Candy salió de la habitación de Madame Delibe con aquel pesado libro en sus manos, llego a su habitación, se cambio de ropas por las de dormir y se recostó en su cama con la intención de leer.

LAS FAVORITAS
REINAS SIN CORONA

Los amoríos de los reyes eran públicos y conseguirles amantes resultaba muy buen negocio para sus cortesanos. El caso más extremo fue el de Francia, donde ellas eran toda una institución.

No es para sorprenderse: generalmente casados por cuestiones de Estado, a sus altezas reales se les perdonaban -cuando no se les fomentaban- sus escapadas amorosas.

Más aún: conseguir favoritas era un negocio formidable para los miembros de la Corte. Maridos, padres, tíos, la mayoría hacía la vista gorda si el rey depositaba sus ojos en alguna mujer cercana a ellos, y hasta se daba el caso de que ellos mismos empujaran a la mujer hacia la alcoba real. Ser pariente o benefactor de una de estas amantes significaba obtener tierras, títulos y dinero... y había que apurarse a conseguir todo eso antes de que apareciera una sucesora.

Estas mujeres eran mucho más importantes que las propias reinas, cuya razón de ser era únicamente la de aportar herederos a la corona. En Francia, incluso, se creó un título para ellas: maîtresse en titre. Ellas -si eran lo suficientemente inteligentes- o sus promotores ejercían más influencia sobre el rey que sus ministros, y a su alrededor se tejían infinidad de conspiraciones, ya fuera para mantenerlas en el lugar que ocupaban o para desbancarlas. Hubo casos extremos: Inés de Castro, amante del infante Pedro de Portugal (con quien llegó a casarse en secreto), fue asesinada por un grupo de nobles con la anuencia de su suegro, el rey Alfonso. La leyenda cuenta que cuando, años después, éste murió y Pedro subió al trono, hizo ejecutar a los asesinos y exhumar el cadáver de Inés. Luego ordenó vestirla de gala, coronarla y sentarla en el trono, y obligó a todos los nobles a rendir pleitesía a la muerta.

Simple lujuria o amor genuino: hubo de todo a lo largo de la Historia. Algunas de estas amantes llegaron a contraer matrimonio con sus reyes. Generalmente eran bodas morganáticas, que no conferían a las esposas categoría de reinas.

¿Y las reinas? La mayoría toleraba la situación, pues no les quedaba remedio. Algunas, a lo sumo, si tenían algún ascendiente sobre sus hijos se desquitaban del desprecio a la muerte de sus maridos, pero casi todas debían soportar la cercanía de las amantes, e incluso admitirlas como parte de su séquito personal. Más de una las aceptaba de buen grado. Catalina de Braganza solía jugar a las cartas con su marido, Carlos II de Inglaterra, y dos de las amantes de éste, Nell Gwyn y Luisa Portsmouth. Con Nell se llevaba bastante bien, pero la Portsmouth la hizo llorar más de una vez a causa de sus desplantes.

De los reyes ingleses, Carlos II fue muy prolífico en materia de amoríos. Antes de casarse ya era padre de cinco hijos e incluso había obligado a su hermano (el futuro Jacobo II) a casarse con una mujer a quien él mismo había dejado embarazada.

Nell Gwyn era de origen plebeyo y fue muy querida por el pueblo. Cuando murió, todo Londres asistió a su funeral y su oración fúnebre fue pronunciada por un vicario que después llegó a ser arzobispo de Canterbury. Cabe aclarar que tal muestra de afecto fue desinteresada, pues Carlos II había muerto dos años antes.

Pero Nell fue una excepción: generalmente las amantes reales eran odiadas. En ese sentido, las favoritas cumplieron un servicio extra a sus majestades. Como se consideraba que el poder de los reyes provenía directamente de Dios, era muy arriesgado, llegado el caso, despotricar contra ellos. La existencia de estas mujeres permitía desplazar los odios sin temor al castigo divino, de manera que cuanto más impopular era el rey, más injuriada resultaba su amante de turno. Para la fantasía popular, ellas eran responsables de cuanta plaga, cuanta guerra o cuanta hambruna hubiera.

El país del amor

En Francia, las favoritas brillaron como en ninguna otra parte y dotaron a la nobleza de gran cantidad de nuevos miembros: algunas competían con las reinas en materia de fecundidad (Madame de Montespan, por ejemplo, tuvo siete hijos de Luis XIV), y no era raro que muchos reyes prefirieran a sus hijos ilegítimos por sobre los legítimos. Generalmente los medio hermanos se criaban y educaban juntos y hubo algunos casos de afecto verdadero entre ellos.

Francisco I, en el siglo dieciséis, instaló la tradición del adulterio real, aunque ya había habido un antecedente en el siglo anterior (Carlos VII y Agnes Sorel). Francisco llegó al trono por su casamiento con Claudia de Francia. "Nada me seduce en su persona -escribió. ¡Pero qué importa! Quiero a esta niña. Cuestión de Estado. Para el amor hay otros prados donde, sin inclinarme siquiera, podré cortar a mi antojo las más apetitosas corolas."

Su primera amante oficial fue Francisca de Foix, condesa de Châteaubriant, dama de honor de la reina Claudia. A ella le sucedió Ana de Pisseleu, elegida por la propia madre de Francisco y promovida como gobernanta de las princesas. Desde entonces, y mientras duró la monarquía, cientos de mujeres pasaron por las alcobas reales. A Enrique IV se le conocieron cincuenta y seis amantes, sin contar las que no pudieron ser inventariadas.

Ana de Pisseleu recibió títulos y señoríos -entre ellos dos ducados-; consiguió altos cargos para sus familiares, amigos y amantes, y hasta se daba el lujo de impartir órdenes a los generales. Pero encontró la horma de su zapato en otra mujer: Diana de Poitiers, amante del delfín, el futuro Enrique II. Durante años la corte se divirtió con la guerra entre las favoritas, hasta que Francisco I murió y Ana pasó al olvido.

Diana de Poitiers fue un caso muy especial. Veinte años mayor que Enrique, basó su relación más en lo intelectual que en lo sensual. La pareja creó una mística que se correspondía perfectamente con el Renacimiento: ella era la Diana olímpica y él Apolo (muchos cuadros retrataron a la Poitiers personificando a la diosa). Organizaban cacerías y fiestas en las que se recreaba la atmósfera medieval de los trovadores y el amor galante.

En cuanto a lo político, la injerencia de Diana fue total, pero sabía manejarse con mucho tacto y sus consejos eran moderados.

La mayoría careció de la grandeza de la Poitiers. Para conseguir los favores de Luis XIV, Madame de Montespan -una de las más famosas cortesanas reales- fingió hacerse amiga de la favorita de turno, mademoiselle de La Vallière, y se lo birló. No contenta con esto, consultó a magos y brujas, realizó misas negras, compró filtros mágicos y, por las dudas, se acercó a una famosa envenenadora, la Voisin. Su situación se afianzó cuando nació su primer hijo y La Vallière se recluyó en un convento. Montespan fue amante del rey durante varios años, hasta que sus prácticas de brujería salieron a la luz y estalló un escándalo que llevó a varios a la horca. Su alteza consiguió mantenerla aparte del proceso, pero comenzó a retacearle sus favores.

La sucesora de Montespan, Madame de Maintenon, consiguió lo que ninguna había logrado en Francia hasta entonces: casarse con el rey. Era un matrimonio morganático y secreto, pero Luis XIV le confirió un gran honor: la admitió oficialmente en las reuniones de ministros y la consultaba para los asuntos de Estado.

Una que hizo época

¿Nunca se escandalizaron los cortesanos ante tanto amorío? Generalmente era cuestión de partidismo: si la favorita les era propicia, todo estaba bien, pero si afectaba los intereses de alguien, para éste se convertía automáticamente en una prostituta a la que había que reemplazar.

Sin embargo hubo una mujer que -al menos al principio- concitó el odio unánime: Madame de Pompadour, amante de Luis XV. Hasta entonces, las elegidas habían pertenecido a la Corte (e incluso, a veces, a una misma familia: el propio Luis XV había amado a tres hermanas), con lo que los beneficios que recibían sus adeptos se limitaban a ese círculo íntimo. Pero los tiempos -y las sociedades- cambian: una nueva clase, la burguesía, se había hecho muy fuerte en el siglo dieciocho, y la elección de Madame de Pompadour, hija de un hombre de negocios, no reflejó otra cosa que ese ascenso.

Sin embargo Juana Antonieta Poisson (ése era su nombre de nacimiento) no sólo era una casquivana que frecuentaba los salones parisienses: tenía una sólida formación intelectual y una inteligencia notable.

Durante las dos décadas que vivió junto al rey supo afianzar su posición y se convirtió en su mano derecha. No fue tanto compañera de placeres (por el contrario, ella misma elegía doncellas para Luis) como confidente y consejera. Con los años consiguió extender su influencia al gabinete de ministros y a la Corte. No siempre propició medidas acertadas, pero -sin desmerecer la autoridad real, pues Luis XV no era hombre de dejarse manejar- las veces que intervino en asuntos políticos lo hizo en favor de la tolerancia.

Su mayor mérito fue lograr que la cultura y el arte fueran cuestión de Estado. Consiguió mejores presupuestos, organizó concursos, protegió a filósofos, escritores, plásticos y poetas. "¿Habéis lamentado la muerte de Madame de Pompadour? -escribió Voltaire en 1764-. Sí, sin duda, pues en el fondo de su corazón era de los nuestros; ella protegía las letras tanto como podía¡ha terminado un bello sueño!" No se equivocaba: si el dieciocho fue en Francia el siglo de las luces, mucho de su esplendor se lo debió a ella.

Las profesionales

El vacío que dejó la muerte de la Pompadour fue tal que el rey tardó cinco años en tomar otra favorita. Y cuando se decidió, optó directamente por una profesional: Juana Bécu, conocida en los burdeles como la señorita Beauvernier y por la Historia como Madame Du Barry.

Cosa curiosa: mientras el origen de la Pompadour resultó escandaloso para la corte, ésta no tuvo inconvenientes en aceptar a una prostituta. Por el contrario: la Bécu fue presentada al rey por los enemigos de la favorita muerta, quienes además la casaron con el conde Du Barry (hermano de su rufián).

La única actuación política de la condesa fue para provocar la caída de los ministros a quienes había hecho nombrar la Pompadour y asegurar la posición de sus propios promotores. Después se dedicó a lo único que sabía: dar placer y gastar dinero, tanto que arruinó el Tesoro con su avidez de vestuario y objetos suntuosos.

Lo lamentable fue la actitud de la corte: salvo la familia real, que la despreciaba -en especial la entonces delfina, María Antonieta-, todos comenzaron a disputar su atención y tratar de obtener su simpatía.

No ocurrió lo mismo con el pueblo: la opinión pública esperaba la muerte del viejo rey para liberarse de la más despreciada cortesana. Cuando Luis XVI subió al trono, en 1774, la Du Barry debió ir al exilio durante un tiempo. Años después pudo volver a su hogar, pero no sobrevivió a la Revolución Francesa.

Cuando no hay amante a quien odiar

Tan repudiada como poco comprendida, en el destino final de María Antonieta jugó un papel importante la fidelidad de su marido. Hasta Luis XV, las destinatarias del odio popular habían sido las favoritas.

Hacía rato que la institución real había comenzado a ser cuestionada en los círculos intelectuales y políticos, aunque a nivel popular la devoción al rey se mantenía a salvo. Pero el encumbramiento de la Du Barry salpicó incluso la figura del rey. Para colmo, durante el reinado de Luis XVI no hubo amante a quien echar las culpas del mal gobierno: fue inevitable que el descontento alcanzara a la propia monarquía; el odio se trasladó a la reina, primero, y después al propio rey.

Paradójicamente, quienes sembraron el odio hacia la reina fueron precisamente los nobles, comenzando por sus propios cuñados (deseosos de ceñir la corona ellos mismos) y sus tías políticas. Cuando fue coronada, María Antonieta ya tenía su reputación por el piso, y cuando nació su hijo le endilgaron varios supuestos padres.

La Revolución Francesa no fue, desde luego, una cuestión de alcoba. Pero llama la atención que durante el período del Terror (1791-1794), cuando la guillotina estuvo más activa que nunca, tratando de borrar los restos del antiguo régimen, la cabeza de María Antonieta, la última reina, cayera con pocas semanas de diferencia que la de Madame Du Barry, la última favorita. El Terror no duró mucho más.1

- ¡Vaya esto ha sido muy interesante! - dijo Candy al terminar de leer la introducción de aquel libro – si que es increíble como la belleza y el poder de la pasión y la seducción pueden hacer un mundo diferente - decía la rubia - si y fuera una favorita a lo mejor fuera amante de… - una imagen de cierto hombre inglés de cabellos castaños apareció en su mente - ¡¡Oh no¿¿Que estoy pensando?? creo que todo esto me esta afectando… será mejor que me duerma, mañana leeré todas y cada una de las historias de estas grandes mujeres.

A la mañana siguiente Candy encontró a Madame Delibe tomando su petite dejeuner (desayuno) en la terraza de la lujosa mansión junto al jardín.

- Buenos días Madame Delibe –dijo la joven sonriente

- Buenos días madmesoille Candy ¿como amaneció?

- Muy bien, aunque toda la noche me la pasé leyendo ese libro tan interesante

- Me alegro que te haya gustado

- Sabe, me gustó mucho la historia de amor de Diana de Poitiers

- Una de mis favoritas

- Y le tomé gran admiración a la inteligencia de Madame de Pompadour

- Una gran mujer

- Y detesté a Madame de Montespan

- Esa bruja era de lo peor que ha habido en la corte francesa

- Sabe Madame, no me importa si usted fue igual que ellas, porque la verdad siento que usted es una gran mujer

- Me alegro que pienses así. ¿Estás dispuesta a que ahora yo logre un gran cambio en ti?

- Si…

- Serás toda una dama y lograremos que ese hombre que amas se vuelva loco por ti

- Pero Madame, eso es imposible, el debe estar casado con aquella mujer que le salvó la vida, no seria justo

- No es justo que ella sabiendo que tu lo amabas y él a ti, usara su accidente para arrebatártelo

- Pero Madame…

- No se hable mas, además tengo un plan muy interesante, siéntate aquí que no demora mi invitado

- Madame Delibe – dijo una de las criadas - acaba de llegar un invitado suyo

- Dile que pase –dijo y casi enseguida apareció un apuesto joven rubio de cabellos largos y ensortijados, de ojos grises y porte elegante a parte de que era irresistiblemente guapo. Llego con un gran ramo de rosas y con una brillante sonrisa se apresuró a abrazar a la dama Francesa

- Mon ami chery –dijo el joven con un sensual acento francés - ¡tanto tiempo sin verla Madame!

- Igual a ti Phillipe siéntate a mi lado

- Sigue igual de bella

- ¡Uy, tu de galante! ven te presento a una gran amiga, Candy el es Jean Phillipe Delioncourt

- Mucho gusto

- El gusto es mío preciosa dama –dijo el joven besando la mano de la rubia- no me había dicho que tenia una amiga tan hermosa

- Si la mas hermosa de todas, lleva pocos meses en casa, pero es una gran compañía

- Y usted también es una gran compañía Madame –dijo Candy

- Supe que piensa marcharse a Norteamérica – comentó Phillipe

- Si, quiero abrir un club solo para mujeres en New York

- ¿Quiere revolucionar Norteamérica?

- Jejejeje, algo así

- Suena interesante, hace meses estuve por allá presentando mi obra

- ¿y como te fue?

- Bien salvo porque el público americano no dejó de compararme con su actor consentido

- No creo que sea mejor que tu

- Pues créalo, lo es, pero no me preocupa, lo mío es la música no tanto la actuación, y acepto que Granchester es mejor en eso que yo

Candy al escuchar el nombre de Terry dejo caer la taza de té que se llevaba a sus labios en esos momentos

- Perdón, que torpeza la mía

- Meg –llamó a la criada la Madame- limpia esto por favor y trae una taza a Candy

- Si Madame

- ¿Candy estas bien?

- Si, es que no sé que me pasó

- Cambiando de tema –dijo el joven- listas para el cierre de temporada de esta noche

- Si querido, esta noche será la ultima fiesta de la temporada en a ciudad de Londres, luego todos se irán a sus casa de campo a pasar el caluroso verano

- Bien las pasaré a buscar a las 7 de la noche

- Te esperaremos chery

- Hasta mas tarde mis bellas damas –dijo besando las manos de ambas mujeres, luego se marchó

- Que hombre tan guapo¿no lo crees así Candy?

- Si mucho

Notas de la autora: espero que les este gustando esta mini historia, mas adelante habrán muchas mas sorpresas y mas revelaciones.

1. El texto escrito en negrita cursiva que se dedica a Las Favoritas fue escrito por Amanda Paltrinieri.

Besos

JMaruquel