Llevaban tres días de viaje y el castillo en el horizonte parecía tan lejano como al principio. El desanimo sumado al cansancio empezó a mellar en los jóvenes quienes a pesar de marchar con energías renovadas por la esperanza de encontrar a Kvothe, tenían los nervios a flor de piel por el miedo a ser descubiertos por aquel centinela tan siniestro. El no verle en los bordes de la frontera había sido en parte un golpe de suerte y en parte una desgracia, dado que ahora era imposible saber dónde se encontraba este. La teoría más aceptada fue la que se le ocurrió a Simmon: el centinela solo salvaguardaba la frontera y en caso de estar solo debía tener varios kilómetros que cubrir, simplemente tuvieron suerte. Era la teoría más aceptada en parte porque era lo que todos querían creer, cabe decir.

A medio día, con una temperatura superior a cuarenta grados, pararon a la sombra de unas enormes rocas a comer. Su situación les subió algo el animo, ya que llevaban los tres días soportando la dureza del peor de los desiertos, el desierto de piedra, comiendo a merced del sol.

Quizá pueda parecer que el peor desierto es el que a todos nos viene a la cabeza; el de arena dorada, sol abrasador y oasis encantados. Un lugar dónde dar un paso puede significar acabar metido hasta la cintura en algún pilón de arena nuevo, ser arrastrado por una de las tormentas de arena que los azotan incansablemente al amanecer para luego pasar a una noche tan helada, que el suelo cercano a los tan anhelados oasis se escarcha... pero no, el peor de los desiertos es el de piedra caliente y extensión inalterablemente llana. Una tierra inhóspita dónde quizá los pies no se hunden en el suelo, pero este es tan duro y su calor tan intenso que fácilmente nacen ampollas y los zapatos sobran, molestan y además duelen. Quizá tampoco hayan tormentas de arena que cortan sus cansados rostros, pero ni la más leve brisa les da un ligero respiro a lo largo del día... En un desierto de arena puedes resguardarte en las sombras de los cambios de rasante de las hermosas dunas doradas y deleitarte con su paisaje... en un desierto desprovisto de montañas y de vegetación, unas rocas grises y altas eran casi un milagro.

-¿A cuánto creéis que esta esa mierda de castillo? Hemos caminado por tres largos y tediosos días y no parece que hayamos avanzado nada...-preguntó Mola tumbándose en el suelo y sacándose el pañuelo que le cubría el rostro para protegerla del sol.

-A saber... a veces tengo la percepción que cuanto más nos acercamos más lejos está...-decía Denna manosease los pies con la voz cansada.

-Yo solo se que avanzamos porque la colina que da luego a la playa cada vez está más alejada...-Willem se tumbó en el suelo con Mola y secándose el sudor que resbalaba por su frente.

-Quizá Kvothe también este en el desierto aún... si nosotros llevamos tres días caminando y aún no hemos hecho ningún progreso él debe estar solo algo más cerca del castillo que nosotros...-meditó en voz alta Fela abrazada a su novio quién asintió.

-Quién sabe... ¿descansamos solo por hoy? A saber cuando volveremos a encontrar sombra... tendríamos que reponer fuerzas-propuso el rubio.

Todos asintieron egoistamente y aprovecharon para instalarse en una pequeña cueva que atravesaba las rocas y que les cubriría cuando el sol cambiará de sentido. Hicieron consenso y decidieron que todos durmieran aquella tarde para descansar totalmente, sin embargo, cuando todos ya restaban dormidos Denna era incapaz de cerrar los ojos, imaginando el tormento que podría estar pasando el pelirrojo sin las provisiones que ellos tenían... ¿realmente Kvothe podría soportar aquello tantos días seguidos? Sabía que había hecho algún que otro milagro, pero hasta él era humano...

Entonces de repente una bocanada de aire entro a la cueva con fuerza desconcertando la ¿De dónde salia aquel súbito viento? Volteó a ver a los muchachos quienes dormían felizmente con la llegada de ese aire que bajo notablemente la temperatura, y por alguna razón, como si este le llamara, se puso de pie y siguió en dirección contraria su eco... Y entonces al salir de la cueva creyó tener una alucinación. Corrió al interior de la cueva y volvió a salir, pero ahí seguía,... aquello no podía ser cierto, el calor le estaba jugando una mala pasada... atravesó la pequeña cueva y al salir por el otro lado se encontró con el mismo paisaje que la había sorprendido pero con una sola diferencia abismal y demoledora... Totalmente aterrada gritó y empezó a despertar a sus nuevos amigos, quiénes confundidos la miraron extrañados, ella presa de los nervios tartamudeo levemente, así que se vio forzada a mandarles fuera a base de empujones para que ellos mismos comprobaran el porque de su estado.

Willem creyendo que el centinela los había encontrado agarró el palo que usaba de bastón y salió el primero, quedando sin aliento y totalmente descolocado. Así uno a uno, la confusión se extendió entre ellos como la pólvora.

-¡¿Cómo coño es esto posible?! ¡Hay había un desierto hace un rato! ¡Un desierto!-gritaba Mola intentando apelar a su lado racional.

-Puede que sea una alucinación colectiva o un sueño...-decía Sim totalmente absorto en el verde paisaje que tenía delante.

Así fue, el paisaje cambio radicalmente en cuestión de un par de horas... el desierto, sus calores y el sol habían sido borrados por una hermosa y jugosa jungla verde. Los arboles crecían hasta limites insospechados para ellos. Miles de flores y algunos animales rondaron la zona, que huyeron aterrados al oír los gritos en el interior de la cueva.

-Esto tiene que ser una broma...-Fela acarició un conejo gris que pasó por allí en un intento de salir de su sopor, este simplemente se se dejaba manosear mansamente por la castaña.

-Pues aún no habéis visto lo peor...-dijo Denna con expresión nerviosa, mientras les guiaba a través de la cueva hasta atravesar la.

Allí, orgulloso y elegante, se erigía un hermoso castillo de piedra cobre y adornado con miles de banderines de distintos colores. El castillo que habían divisado apenas unas horas atrás en el horizonte, ahora se hallaba ante ellos, al final de un frondoso bosque y un rió caudaloso. Se miraron entre si totalmente anonadados.

-¿Creéis que hemos muerto?-se atrevió a casi bromear Simmon.

Nadie río, pero les dio en que pensar ciertamente.

-Del total gusto de Kvothe dijo alguien ¿verdad?-dijo Devi con cierta sorna.- Aquí tenéis uno de sus queridos cuentos de hadas...

Ya no tan lejos de allí, el joven músico salia del baño dónde acaba de darse una larga y productiva ducha con Felurian, quién se peinaba el ahora mojado pelo en el tocador. La miro y algo en él le decía que algo no estaba del todo bien. Llevaba cerca de un año sin ver a la fata, sin embargo esta no había tenido remilgos en volver a su vida cotidiana de por aquel entonces.

Desde que despertó, su rutina era clara, placentera y circular. Despertaba al medio día, comía con Felurian, tenían algún que otro encuentro, ella se iba corriendo y desaparecía a veces durante horas sin decir ni dónde ni que hacía al volver, tiempo en el cual él intentaba averiguar dónde se encontraba y el porque de que la fata se mostrara tan recelosa a revelarse lo, al no lograr mayor hallazgo que saber que en la puerta había varios soldados, se sentaba en la cama y empezaba a tocar el laúd, cantar, o componer, para así matar el aburrimiento. Luego, cerca de media noche, Felurian siempre volvía con su sonrisa más traviesa y con algún juguete nuevo con el cual siempre estaba dispuesto a jugar. Retozaban durante lo largo de la noche como antaño, y dormían para así volver a empezar.

Aquella situación en sí no le molestaba, lo malo a su parecer era el no entender el porque se encontraba allí, dónde se hallaba, porque estaba siendo escoltado y como había llegado Felurian hasta él... Desde luego, lo que más molestaba al joven arcano era el desconocer algo, y aquello había dejado de ser un misterio para pasar a ser una molesta costumbre que la fata no parecía querer romper. Luego pensaba en sus amigos, ¿le estarían buscando? ¿Estarían preocupados por él? ¿Lo estaría Denna...?

Removió la cabeza intentando alejar esos pensamientos cuando uno de los soldados entro a la sala con una gran bandeja de comida. Kvothe ni siquiera se molestó en vestirse, total, una vez aquél mismo soldado había entrado cuando se encontraba en uno de los "juegos" con Felurian, su nombre era Erial, y la verdad es que era bastante agradable, alto, castaño y de ojos oscuros, se habían hecho amigos en cierta forma ya que el soldado era verdaderamente inteligente y se podía sostener una conversación con él. Alguna tarde, había entrado solo para oírlo tocar y hablar un poco, cosa que agradecía enormemente al encontrarse tan solo.

Kvothe en su perspicacia se había dado cuenta que el uniforme de Erial era exacto al del soldado que les había atacado días atrás a él y los demás, por lo que suponía que se no encontraba muy lejos de ellos. Evidentemente había intentado sacarle la información al soldado, pero este se mantenía fiel a su papel y lo único de lo que le informo fue de que no podía salir de la habitación hasta que "él" así lo decidiera. Por más que el pelirrojo intento indagar sobre ese nuevo hallazgo le fue imposible, así que había tomado la decisión de tomarlo con calma, tarde o temprano saldría de allí y sino, él mismo se encargaría de escapar.

-¿Está tentándome joven maestro?-dijo Erial con una sonrisa picara mientras le guiñaba un ojo a la fata que río complacida.

-Ya quisieras tu llegar siquiera a tocarme, pervertido.-su tono fingía mostrarse enfadado pero la sonrisa burlona que se le escapaba le quitaba toda credibilidad.-¿Hoy no comes aquí?-preguntó al ver que solo había una ración de cada plato.

Felurian se levanto con una sonrisa dulce, se le colgó del cuello pasando ambos brazos por este y le dijo mientras le daba pequeños besos.

-No, hoy tengo una compromiso importante, si sale bien, responderé a todo lo que tu quieras está noche...-su sonrisa se volvió picara al ver como los ojos verdes del arcano brillaban con intensidad. Le dio un último beso, y se dispuso a salir de la estancia.

Erial los miraba con picardía, entonces carraspeo deteniendo a la fata y esta se volvió a mirarle ya en el lindar de la puerta.

-Mi señora, debe ponerse la bata... le recuerdo que a él no le gusta verla desnuda por los pasillos.-advirtió con una sonrisa.

Felurian rodó los ojos fastidiada dio un par de zancadas y agarró la bata poniéndosela solo por encima de los hombros.

-Ese idiota... con lo incomodo que es...

Y así, murmurando maldiciones y dejando atrás la divertida mirada de Kvothe y el soldado, quienes reprimieron la risa hasta que está salio de la estancia y las puertas fueron cerradas.

-Es divertido verla molesta, en todo el tiempo que la conozco, la he visto pocas veces tan fastidiada.-decía Kvothe ahora si poniéndose los pantalones pero dejando su torso al descubierto mientras se sentaba en la mesa que se encontraba en la sala para disponerse a comer.

El soldado le sonrió alegre.

-Eso es porque mi señora siempre hace lo que le apetece, y aquí él no la deja...

-él, él, él,... siempre repitiendo eso, ni siquiera puedo tener claro que sea un superior tuyo usando un tono tan informal... aunque por el caso que le haces he de suponer que sí lo es... ah..-soltó un suspiro cansado- ¿porque me castigas así, Erial?

Él simplemente sonrió de forma enigmática y se dispuso a abandonar la estancia también, luego se volvió y le dijo con un tono formal:

-¿Me permite preguntarle cual va a ser la selección de música que tocara esta tarde? Mis compañeros y algunas personas se impacientan y me han pedido que le pregunte, joven maestro.- Kvothe sonrió orgulloso y devolviendo le la sonrisa enigmática que el soldado le había regalado antes dijo:

-Nunca lo se... son mis dedos los que lo deciden en cuando toco el laúd, aunque si tenéis alguna petición podría pensarlo.-dijo altivo ganándose una mirada divertida por parte del castaño.

-Entonces preguntare y volveré con una canción, joven maestro.

Kvothe sonrió ante la respuesta y se volvió hacía su comida tras despedirse del soldado que abría la puerta, entonces la sonrisa de Kvothe se volvió más traviesa y antes de que este saliera le preguntó en voz lo suficientemente alta como para que los demás soldados le oyeran:

-esa espada que cargas... ¿De que material esta hecho? ¿no es de hierro ni de acero verdad?

Sus palabras fueron pronunciadas mientras clavaba su mirada en la funda de esta, con la misma sonrisa traviesa, que colgaba de la cintura de Erial. Este, sin volverse ni contestar, sonrió amplia-mente y salió de la estancia, dejando atrás a un victorioso Kvothe, que empezó a comer con la mirada llena brillo. Acababa de responder una de sus preguntas.

Fuera los soldados sonreían entre sí recuperando sus posiciones al lo largo del amplio pasillo que se alzaba tras la imponente puerta de oro y mármol que guardaba al joven arcano, dejando le totalmente aislado del mundo, sin oír ni ver nada más allá de aquella puerta que dibujaba miles de flores en un intenso color dorado.

-Realmente es un joven muy perspicaz... ¿no creéis?-dijo Erial con tranquilidad en un idioma desconocido por los hombres, haciendo sonreír a aquellos que le oyeron.

-Eso esta por verse, no te emociones por que haya hecho una suposición...-Contestó un soldado de mirada gélida que acababa de volver de su guardia exterior.

-Alguien está picado porque la señora ya ha encontrado un nuevo juguete...- río un joven rubio de rostro angular y voz astillada.

-¡Silencio Haile!

El resto de los soldados rieron animad-amente hasta que una figura alta se poso al final del pasillo haciéndoles volver a su estado habitual, ser como estatuas resguardando, manteniéndose siempre alerta. La figura enderezó el cuello y siguió por su camino de forma elegante y autoritaria dejando resonar con fuerza el eco de sus pasos...

De vuelta con el grupo de amigos, estos empezaban a recuperarse del shock inicial y empezaron a aceptar la situación como lo que era, la vida de Kvothe el arcano: todo una aventura fuera de los limites de la razón. La primera reacción fue comprobar que no alucinaban metiéndose todos en el río a bañarse y refrescarse un poco, cuando vieron que este no se convertía en arena ni morían ahogados en arenas movedizas, empezaron a disfrutar de lo lindo, olvidándose de todo lo que les había traído allí. Comieron confiados de encontrar más comida en aquel frondoso bosque y se echaron la merecida siesta que ahora sí, todos tomaron.

A las horas, Devi empezó a notar que el suelo en el que dormía era increíblemente mullido casi como una cama y se acurrucó con la elegancia de un gato. Entonces de repente un movimiento brusco la despertó, a ella y a todos los demás, y al abrir los ojos se dieron cuenta que estaban dentro de lo que parecía un carromato de lujo, perplejos, se miraron entre sí. Denna intento mirar por las ventanas más las cortinas estaban por fuera y le fue imposible averiguar nada, otro giro brusco los tiro al suelo a todos y se dieron cuenta de que el carromato iba a mucha velocidad, seguramente porque alguien o algo tiraba de el.

-¡esto es de locos! Cada vez que despertamos estamos en un sitio diferente ¡¿seguro que no alucinamos en masa o algo así?!- gritó exasperada Mola al no poder comprender que estaba pasando, aquel día había sido demasiado agotador emocionalmente como para tener más sorpresas.

Todos se miraron entre sí y asintieron totalmente en silencio. El resto del viaje ninguno hablo, simplemente se limitaron a descansar aprovechando la ocasión, ya que no sabían que les depararía el futuro...