Capítulo 2: Ryoga aparece.

Ryoga se enteró del regreso de Akane gracias a Kasumi, que tuvo la buena voluntad de llamarlo a su teléfono móvil, y a su buena suerte, que posibilitó que estuviera en un lugar con señal al momento de recibir la llamada. Estaba en casa de Akari.

-¡Akane ha vuelto! ¿Y está bien?

-Sí, está viva y bien, pero...

-¿Pero qué, Kasumi?

-Shampoo ha muerto.

Ryoga sintió como un golpe en el estómago. Shampoo nunca fue una amiga, pero la conocía y hasta había llegado a respetarla como luchadora. Y ahora, estaba muerta. Tan joven, tan bella...

Pero al menos no fue Akane, pensó, desechando con vergüenza esa idea.

-Tengo otra noticia, Ryoga. Me gustaría dártela en persona, pero creo que es mejor que te enteres lo más pronto posible.

-¿Akane está enferma? ¿Le pasó algo malo? ¿Tiene una maldición?

-No, es que... Ranma y ella se casaron esta mañana. Todo fue muy repentino, es que ellos deben viajar pronto de vuelta a China y era mejor que viajaran como esposos y no como prometidos.

Ryoga no respondió.

-¿Ryoga? ¿Estás bien, Ryoga?

-Es que... - Ryoga no sabía qué decir. Después de todo, el casamiento de una "ex" (aunque ella jamás llegó a ser algo suyo) era tremendamente impactante.

Pero cuando vio a Akari, que entrenaba en el patio con uno de sus cerdos, recuperó la razón.

-Me encantaría felicitar personalmente a los recién casados. ¿Crees que pueda ir?

-¡Por supuesto, Ryoga! - respondió Kasumi, aliviada – creo que ambos estarán felices de volver a verte. Pero debes apurarte, porque planean viajar rápido a China.

-No te preocupes, Kasumi, porque mi prometida me acompañará. Y ella tiene una excelente ubicación espacial.

Y es así como Ryoga acompañado de Akari y dos de sus cerdos luchadores viajaron al dojo Tendo para felicitar a los recién casados. Gracias a Akari, el viaje fue muy rápido, por lo menos comparado con los de Ryoga.

-Estaré muy feliz de ver a Akane nuevamente, ella es muy simpática – dijo Akari, sin una pizca de celos.

-Akane es una chica maravillosa. Siempre se puede contar con ella – murmuró Ryoga -. Aún recuerdo aquel tiempo en que me cuidaba, cuando era P-Chan, claro...

-¿No lo extrañarás, claro? - preguntó Akari, coqueta – Yo te cuido de la misma manera, pero no es necesario que te conviertas en cerdo para eso. Y hablando de convertirse, ¿piensas contarle que tú eres P-Chan?

-Sí, y resignarme a que me dé una paliza de aquellas... creo que no me perdonaría por no haber confiado en ella.

-Pues yo creo que si la haces reír, ella no se enojará tanto contigo.

-¿Qué tienes en mente?

Akari sonrió, y luego expuso su plan: llegaría ella junto con Ryoga convertido en P-Chan., llevando de regalo una torta de merengue. Akane los saludaría, entonces Akari diría que ella había aprendido magia y que podía convertir a P-Chan en humano.

-Y entonces – dijo Akari, apenas aguantando la risa – te echaré agua caliente, tú te transformarás y te caerás sobre la torta , y yo me lamentaré: "Oh, miren, no pude hacerlo, sigue siendo un cerdo".

Akari se largó a reír con ganas, complacida de su idea. Ryoga la miraba muy serio.

-Oh, vamos – dijo Akari – si la idea es genial.

-Claro, después dime cómo me saco el merengue del cuerpo.

-Yo podría ayudarte con eso – murmuró la chica, sonrojada.

Ryoga sufrió un colapso.

Cuando despertó, estaba transformado en P-Chan y Akari lo llevaba en una cesta, junto a una torta de merengue.

-Ryoga, te aseguro que es una excelente idea – afirmaba Akari – si haces reír a Akane, ella no se enojará contigo.

Llegaron al dojo, y de inmediato fueron invitados a cenar. Akane estaba con Ranma, abrazados mirando la televisión. Ranma los vio llegar, y sonrió alegremente, poniéndose de pie, pero sin soltar la mano de Akane.

-Estos dos son insoportables – murmuró Nabiki – Ranma no la deja ni a sol ni sombra.

-¡Akari, bienvenida! Veo que traes a un viejo conocido – dijo Ranma, feliz de verlos – Mira, Akane, ¿acaso ese no es P-Chan?

Akane miró algo cohibida al cerdito. De pronto, sintió que todos los ojos de la familia estaban fijos en ella.

¿Qué pasa?, pensó, ¿acaso estoy cometiendo otro error?

De pronto, recordó: ese cerdito P-Chan era la luz de los ojos de Akane. Y se suponía que ella no sabía nada de la verdadera identidad de su mascota.

Pues bien, vamos a tomar y saludar a este cerdo, pensó la chica, cansada.

-¡P-Chan, tanto tiempo sin verte! - exclamó ella, abrazando al cerdo de la forma en que siempre lo hacía Akane.

Tanto Akari como Ranma sintieron una punzada de celos, sobre todo al ver que el cerdito abría muy grandes los ojos a contacto con el cuerpo de Akane.

-Creo que ya basta – musitó Akari – porque es el momento de mostrar mi gran truco de magia...

Pero P-Chan ya había saltado de los brazos de Akane y estaba temblando en un rincón del salón. Todos miraban extrañados la reacción del tierno cerdito.

-¿Y a éste qué le pasa? - gruñó Ranma, molesto.

-Pues creo que quiere que hagamos el truco... - dijo Akari, tratando de echarle agua caliente. Pero el cerdito no se dejó.

-Tal vez está asustado por algo – dijo Akane.

-No lo sé – replicó Akari, nerviosa, e intentó volver a echarle agua caliente al cerdito, que se acercó a Ranma y lo mordió fuertemente en un dedo del pie.

-¡Cerdo asqueroso! - gritó Ranma, persiguiendo al cerdito, que corrió velozmente escapando del joven.

Ranma y el cerdito corrieron uno detrás del otro, hasta llegar al restaurante de Shampoo y la bisabuela, donde Mousse permanecía encerrado, llorando la muerte de su amada.

A pesar del ruido que hicieron Ranma y el cerdo, Mousse ni se asomó por la cocina. Ranma estaba a punto de golpear a P-Chan, cuando algo le llamó la atención.

El cerdito tenía expresión de súplica, y miraba con ansias una tetera.

Ranma gruñó, molesto.

-No sé por qué hago esto – dijo, poniendo a hervir agua – sobre todo cuando por tu culpa me alejé de Akane. No me gusta alejarme de ella, cuando no estoy tocándola o abrazándola tengo la sensación de que ella está... - un escalofrío le impidió continuar.

Por fin hirvió el agua y Ranma mojó al cerdito, que rápidamente tomó su forma normal. Ryoga se cubrió con un trapo, respirando fuertemente.

-¿Y a ti qué te dio? - preguntó Ranma – Tienes una bella novia, y aún así sigues celoso de Akane. ¿Es eso? Ryoga, nunca aprenderás...

-No es eso, no es eso, Ranma. Debes escucharme, debes creerme.

-¿Qué pasa? - algo en el tono de Ryoga lo alarmó profundamente.

-Ranma, cuando me convierto en cerdo pierdo algo de mi agudeza visual, es verdad; pero en cambio, gano mucho en el sentido del olfato. Puedo reconocer a una persona sin mirarla, sólo con olerla, así de poderoso es el olfato de P-Chan.

-No sé a dónde quieres llegar – dijo Ranma.

-Akane tiene un olor único. Bueno, todos lo tienen. Pero es un olor que no se puede distinguir con el simple olfato humano. Tú hueles como a café y avellanas. Ella huele a, no sé, algo así como flores y chocolate.

-Así que te gusta el olor de mi esposa. Bien, pero eso debe quedar en el pasado,Ryoga. Eres mi amigo, pero no puedo permitir que te obsesiones con su aroma, aunque seas P-Chan.

-¡No es eso! Ranma, el olor de Akane no está en tu esposa.

Ranma lo miró sin entender.

-Esa mujer que está en tu casa no tiene el olor de Akane. Esa mujer no es Akane. Esa mujer es...

La caída de una pared evitó que Ryoga siguiera hablando.

-¿Ranma, estás bien? - preguntó su esposa, apareciendo con un mazo en las manos, con el cual había roto la pared.

-Sí, sí... gracias, pero no era necesario eso...

-Me preocupé cuando vi que no salían. Pensé que Ryoga te estaba dañando.

La chica lo abrazó, contenta de estar junto a él. Mousse, que al fin había escuchado los ruidos, interrumpió por unos momentos su llanto inconsolable y se asomó a ver qué pasaba.

-Ustedes, ¿qué hacen aquí?

-Nada, sólo estábamos conversando. Adiós, Mousse – dijo la chica, apresurándose para salir.

Mousse la tomó de un brazo, se acercó a ella un instante y luego la soltó, con un gemido de dolor.

-Pensé que era ella, pero... - alcanzaron a oír que murmuraba.

-Oye, pero tenemos que llevarnos a Ryoga – le dijo Ranma a su esposa.

-No creo que sea necesario, querido – repuso Akane – es mejor que le avisemos a su prometida que se lo lleve.

-Es que ella no podrá llevárselo, Ryoga pesa más que un cerdo.

-Ella se las arreglará. Vámonos, que tengo ganas de estar contigo – murmuró en su oído.

Ranma era humano, así que se apresuró para que se cumpliera rápidamente la placentera promesa de su esposa. Le dijeron a Akari dónde podría encontrar a Ryoga. La pobre chica, muy avergonzada del comportamiento de su novio, pidió mil perdones a la familia por los inconvenientes.

-Mañana volveremos. ¿Puede ser? - preguntó la chica.

-Serán bienvenidos – dijo Soun – cada vez que deseen visitarnos.

Akari hizo una reverencia, y a continuación se dirigió a Akane:

-Mañana P-Chan y yo te tendremos una linda sorpresa. Espero que te complazca.

-Gracias – dijo la esposa de Ranma, haciendo una reverencia a la vez.

-Oye – murmuró Ranma al oído de Akari, mientras la acompañaba a la salida – dile a tu novio que no vuelva a morderme, y que no ande hablando locuras, o asustará a Akane.

-Sí, lo sé y lo siento de nuevo, Ranma. Es que teníamos un plan tan bonito para que ella supiera que Ryoga es P-Chan...

Akari despareció en la noche, en busca de Ryoga. Ranma suspiró, y se dirigió al comedor, para buscar a Akane y desearles las buenas noches a su familia. Estaba ansioso por subir a su habitación y cobrarle la promesa a Akane. Tenía nuevamente la necesidad imperiosa de tocarla, de hacerla suya, de mirarla a los ojos mientras pronunciaba su nombre. Y es que cada vez que se alejaba del lado de su esposa, tenía la terrible sensación de que la había perdido, de que ella estaba muerta, de que jamás volvería a verla.

Su esposa lo esperaba dispuesta a pasar otra hermosa noche de amor. Subieron a la habitación de Akane – que ahora era la habitación de la pareja – y Ranma, apenas cerró la puerta, comenzó a besarla, ansioso. Ella le respondía de la misma manera. Rápidamente las ropas volaron y Ranma tendió a su esposa en la cama, sonriendo alegremente.

-¿De qué te ríes? - preguntó su esposa.

-De ti, cuando llegaste al restaurante chino y tumbaste esa pared, sólo para salvarme... – dijo él.

-No te rías de mí... - murmuró la chica, juguetona, mordisqueándole luego una oreja – estaba preocupada., Ryoga es muy fuerte y pensé que te podía pasar algo.

Ranma quiso besarla también, pero de pronto una idea lo dejó paralizado:

Él había entrado al restaurante chino junto con P-Chan.

Pero Akane sabía que ahí dentro estaba Ryoga, y por eso había tumbado la pared, para aplastar al chico.

Y Akane no sabía que su mascota y Ryoga eran la misma persona.

Temblando un poco y sin querer creer en lo que había pensado, Ranma se alejó un poco de su esposa y la miró atentamente, presionando con fuerza su rostro. La chica se quejó.

-¿Pasa algo, querido?

Ranma se estremeció; abrazó desesperadamente a la chica y la olió con fuerza, sin estar seguro de lo que pensaba encontrar.

-Ranma... debes estar nervioso por el viaje de la próxima semana – murmuró la chica, acariciando el cabello de su esposo.

Ranma se alejó un poco de ella y la contempló con una dolorosa atención.

-Sí, me siento algo nervioso. Creo que necesito ir a caminar.

-Lo que quieras, querido – dijo la chica.

Ranma se vistió rápidamente. Antes de salir, le dijo a su esposa.

-¿Recuerdas la primera vez que me viste desnudo?

Claro que lo recuerdo, pensó su esposa, tú estabas en la tina y yo me arrojé en mi forma de gato sobre ti. Quién diría que algún día llegaría a extrañar esa transformación. Claro, pero no podía decirle eso. Afortunadamente sabía la respuesta:

-Pero si la primera vez que te vi desnudo fue cuando te conocí, ese día, tú lo sabes, querido... Entré al baño pensando que eras una chica, y entonces tú... Por favor, no me hagas seguir, que me avergüenzo. No supe cómo reaccionar...

Ranma sonrió, algo avergonzado. Luego sintió una gran ira que lo invadía. Ryoga tenía la culpa . Él lo había hecho dudar de su mujer. Tenía que hablar con él y hacerlo comprender que no debía meterse en lo que no le importaba.

Temblando de ira, Ranma abrió el pomo de la puerta y salió, dando vagas excusas a su esposa.

La chica se acostó a tratar de dormir; se sentía algo intranquila. Tenía la sensación de que Ryoga podía ser una molestia, pero no estaba segura de por qué.

Al final, las emociones de día la rindieron y se quedó dormida casi sin darse cuenta.

Mientras, Ranma se dirigía al lugar donde se estaban quedando Ryoga y Akari. Encontró a Akari curándole a Ryoga las heridas de la cabeza.

Ranma entró, cabizbajo. Akari, que ya sabía de qué iban a hablar, se fue a otra habitación.

Continuará...