¡Muy buenas, criaturitas del seyor!
(si, estuve viendo demasiados videos de ElrubiusOMG)

Vengo con un nuevo capitulo :D disculpen la tardanza y las molestias ocasionadas por estos dos meses. Pero todo tiene un motivo...el mío fue la patética, traicionera, maldita, recalcada, escuela. Si, se nota cuánto la odio. Pero bueno, estuve estudiando y sacando materias hasta hace un par de días. ¡Cuánto me alegré de haber terminado este período de Diciembre! Pude volver a dibujar y escribir (casi) tranquila :'D

AVISO que puede ser un poco confuso esto por las fechas y demás, y tal vez aburrido...pero la parte emocionante llegará en los capítulos que le siguen a este, lo prometo. Si tienen alguna duda, pueden dejarme un review y con gusto contestaré a las incógnitas.

En fin...disfruten la lectura n.n


Horas predeterminadas

Viernes 10/01
18:16 PM.

– ¡Insisto, creo que podríamos habernos quedado un poco más! –repitió Giggles– Bueno, a pesar de todo... –musitó, sintiendo una gran vergüenza al recordar lo sucedido hace menos de una hora.

– Entendemos tu punto de vista, Giggles –musitó Lammy– Es más, se puede decir que al menos casi todas estamos de acuerdo. –a la chica no se le escapó la palabra.

– ¿Casi? –frunció el ceño.

– Si, no te olvides de "La Señorita Scarlet" –se rió la peli lila.

– ¡Oh si! Monja por naturaleza. –se burló la rosita.

– ¡E-ey! Que sea virgen a mis casi 20 años no significa que sea así por siempre… –se exasperó la chica con las mejillas levemente rojas.

– No es malo que seas virgen Flaky –intervino Petunia, quién no estaba muy concentrada en la charla hasta ese momento– no muchas mujeres que rondan los 20 son tan…cómo decirlo, "puras", cómo tú. Es más, se puede decir que [teniendo en cuenta la época en la que estamos] es algo así como un récord. –sonrió.

– En cierta forma es así. –asintió Lammy. Flaky la miró con curiosidad– No te preocupes, sabes que nos reímos contigo, no de ti. –sonrió– Además…así como consideramos a Giggles una infantil –la conductora largó una carcajada– y a Petunia una loca obsesiva –la risa de la mujer se cortó de repente, reemplazada por la de su copiloto–, a ti te consideramos una especie de erizo con respecto al sexo: no dejas que nadie del otro sexo se te acerque con esas intenciones.

– Eso era hasta que decidí poner las cartas sobre la mesa en tu lugar. –intervino Giggles antes de que Flaky pudiera decir algo– Por algo fuimos a comprarte ropa linda, ¿no? –pestañeó, fingiendo inocencia.

– ¿Es por eso que…me obligaste a c-comprar esa…ropa interior? –frunció el ceño mirándola. ¡Qué descaro de su parte!

– ¿Ropa interior? ¡A eso se le llama lencería francesa! Y de la mejor, mhp~ –hizo un mohín.

– ¡Giggles! –exclamó, indignada.

– Bueno bueno, agradécemelo más tarde…

– Escucha, no sé que tienes planeado, p-pero no voy a ponerme esas cosas... –

– Flaky, escucha lo que te digo… –por primera vez se puso seria– puedes dejar a un lado esa timidez en algún momento. Tal vez te estoy pidiendo mucho, pero solo es un consejo para que puedas disfrutar de tener a alguien a tu lado cuando…las cosas pasen, sabes de qué te hablo. Estoy segura de que hagas la elección que hagas va a ser perfecta para ti, y vas a disfrutarla siendo feliz. –sonrió un poco al decir esto– Simplemente es una ayuda de tus amigas. Por primera vez nos dejaste comprarte ropa…me hace feliz en cierta forma. –finalizó, tratando de no ponerse tan sentimental.

Durante unos momentos el silencio inundó el auto hasta que se hizo algo incómodo. Lentamente, Giggles giró la cabeza para encontrarse a tres pares de ojos asombrados que la miraban fijamente. ¿Desde cuándo hablaba tan…así?

– ¿Quién eres y qué hiciste con Giggles? –soltó Petunia de repente, volviendo la vista a la ruta.

Automáticamente todas empezaron a reír con fuerza ante lo dicho. Cuando por fin pararon, habló Flaky, ya más calmada y relajada.

– Realmente agradezco eso Giggles…supongo que en cierta forma te había malinterpretado. Las había malinterpretado –se corrigió, bajando la ventanilla del auto.

– Sí bueno, sabes cómo somos nosotras. Pero yo sé que nos quieres –agregó maliciosamente, alzando una ceja levemente mientras sonreía.

– Sí, claro… –murmuró, mirando hacia afuera a través del vidrio bajado.

– ¡Miren! –exclamó Lammy abruptamente– ¿Vieron ese cartel?

– ¿Qué cartel? –preguntó Giggles, que no había visto nada.

– Ese verde que pasamos, ¡estamos a menos de 12 horas! –dijo rápidamente con emoción.

– ¿En serio? –dijo Petunia– Se me hizo algo corto este viaje –sonrió con energía.

– ¿A qué hora dices que llegamos a Gesell? –preguntó Flaky asomándose por encima del asiento, tan emocionada como ellas.

– Diría que a las…no sé, tal vez mañana a las 20:30 estaremos ahí –contestó distraídamente con una sonrisa, viendo fijamente las nubes de colores rosados y amarillos que indicaban el atardecer–. Guarden las cosas sueltas, ahora. Voy a acelerar –casi ordenó, moviendo la palanca de cambios a un quinto lugar.


Después de auxiliar a las mujeres, nadie de los chicos se dio cuenta de que no sabían ni con certeza las edades de aquellas personas. Y, como consecuencia, las chicas tampoco sabían siquiera de dónde venían ellos.

Es que después de que ambos grupos se presentaran como se debía (sacando de lado la seriedad de Handy, quien no estaba muy dispuesto a conversar con nadie; así como la timidez de Flaky, que le impedía conocer nueva gente), y después de revisar y arreglar algún pequeñísimo detalle erróneo de la maquinaria roja de la pelirroja, no se había hablado mucho.

Las mujeres -inconscientemente- querían salir de esa incómoda situación lo más rápido posible, y por eso mismo no dieron mucha charla con los entes masculinos sobre ellas y relacionados. Petunia agarró el volante nuevamente y no pararon hasta encontrar un pueblito bastante acogedor para descansar un poco, a unos 240 kilómetros del encuentro sorpresivo. Por supuesto, no sin antes de agradecerles una y mil veces a Flippy, Cuddles, Splendid y Handy por la ayuda prestada. Después de parar en aquél lugar del que no tenían ni idea de cómo se llamaba (no había cartel en la entrada del pueblo), empezaron a reflexionar un poco sobre lo vivido.

Los hombres no habían querido perderse la oportunidad de conocerlas un poco más a fondo. Pero por alguna razón (fuera por caballeros, vergüenza o por cualquier motivo sinónimo) no les habían pedido datos reveladores. Como por ejemplo, ni siquiera sabían las edades aunque suponían que rondaban los 20 o 25 como ellos...más o menos (bueno, sólo Splendid en realidad, quien había "adivinado" la edad de Lammy. Por lo que él supuso que todas rondaban esa edad).
No se habían movido de la zona del 'accidente' como ellas porque Flippy había sugerido un descanso para comer algo después de que las chicas se alejaran de ahí.

Por lo que, a pesar de que el sofocante sol que estaba bajando lentamente por el horizonte sin dejarles mucha sombra para ocultarse, se habían quedado sentados adentro de la camioneta tranquilos mientras cavilaban sobre lo sucedido.


Viernes 10/01
19:58 PM.

Por el momento, los chicos no estaban en muy buenas condiciones para continuar el recorrido (algo tortuoso). Incluso al estar bajo la sombra densa de un gran árbol al costado de la ruta sentían cómo el sudor les bajaba lentamente por la nuca y la frente. Pero ya estaban acostumbrados a ello, no solamente por ser hombres. Y, a pesar de la hora, en verano el sol no bajaba completamente hasta que eran las 21:30...más o menos.

Los cuatro estaban sentados en la parte de atrás. Habían puesto una tela fresca pero aislante para no quemarse el trasero con el caliente metal del vehículo, caliente por el sol de la tarde. Y después de esparcir por ahí varios cubitos de hielo de una bolsa que habían comprado para refrescarse, comenzaron a hablar.

– ¿Saben? –se escuchó la voz de Cuddles– Creo que tenías razón –le dijo a Splendid de repente, rompiendo el breve silencio que se había formado luego de comer los sándwiches que habían comprado previamente en un restaurante barato.

– ¿A qué te refieres? –preguntó éste con la boca llena. Bueno, todos excepto él ya habían terminado de comer.

– Estuve pensando en que sí, somos unos imbéciles. Pero más ustedes dos –señaló a Flippy y Splendid.

– ¿Y yo por qué? –el peliverde alzó una ceja con escepticismo.

– Creo que la respuesta la tienen las chicas que, bueno, tú y Handy auxiliaron. Ahora que me doy cuenta, podríamos haber tenido una buena relación con ellas…de no ser porque ahora no tenemos ni idea de adónde iban, ni en donde están. –musitó, rascándose el flequillo claro que tenía en su melena rubia.

– ¿Tanto te quedaron gustando enano? –Flippy alzó una ceja nuevamente, esta vez sonriendo con burla.

– Bueno, si tengo que añadir algo –comentó Handy–, tengo que decir que estoy a favor de Cuddles. Más o menos.

– No sé ustedes, –habló Splendid– pero le podría haber pedido el teléfono a esa…¿cómo se llama? Pet... –se frenó– No, esa no era. La chica de las prominentes curvas. –sonrió con picardía.

– ¿De qué color era el pelo? –preguntó Handy, tratándose de acordar el nombre mientras se pasaba la palma por la frente, sacándose un poco del sudor acumulado. La mención del físico le había llamado un poco la atención.

– Lila. ¿Violeta? Algo así, un poco largo y ondulado –contestó.

– Petunia era la mujer alta, de pelo azul. –recordó Flippy.

– Y con semejantes…

– Estaba Giggles, la rosadita –interrumpió Cuddles haciendo caso omiso del babeo de Splendid, acordándose de las ropas femeninas y el pelo corto y rosa pastel de la chica.

– Giggles…Kaname. Rachelle Petunia –Handy contaba–, ehm… ¿Scarlet? La pelirroja.

– Si, la chica plana –se rió Splendid.

– Se llama Flaky. –espetó Flippy, molesto por los comentarios del peliazul. Aunque ya estaba acostumbrado a esa faceta pervertida y característica de él, de todas formas le irritaba un poco que sea así.

– Flaky, esa...sí. De todas formas era linda –contestó pensativo, indiferente al malhumor.

– Vaya vaya, ¿a alguien le gustan las planas? –se burló, tratando de devolverle la jugada maliciosamente.

– En realidad me gustan muchas chicas, y ellas no eran la excepción: esas cuatro estaban para el crimen perfecto –guiñó un ojo–. Oye Flip, si hubieses tenido que pedir un número de teléfono, ¿a quién de esas cuatro muchachitas se lo habrías pedido? O a quién le habrías dado el tuyo, como quieras. –el nombrado rodó los ojos.

– Si hubiese dado mi número habría sido lo mismo que dárselo a todas. Creo que las mujeres consiguen lo que quieren a toda costa cuando se trata de...hombres que realmente les gustan. No sé –dijo, evadiendo la pregunta a propósito.

– No contestaste a mi pregunta –entrecerró los ojos, sin dejarse engañar.

– ¡Lammy Michaela! –gritó Cuddles, quien se había quedado pensando en la mujer.

– Esa, Lammy Michaela –repitió Splendid, olvidándose de inmediato de lo que hablaba con Flippy. (N/A: que imbécil este chico...)

– Lammy Michaela, la de pelo lila. Petunia Rachelle, la del pelo azul. Giggles Kaname, la rosadita. Flaky Scarlet, la pelirroja. ¿Me equivoco?

– No, creo que eran exactamente así. ¿Se dieron cuenta? Parece que no eran de aquí…Flaky parecía rusa.

– ¿Rusa? Puede ser…Giggles parecía asiática, lo dice su apellido.

– Si, Kaname es bastante japonés o algo así. De todas formas no parecía…quiero decir, la cara no era muy parecida a la de una japonesa. Aunque creo que era tan femenina como una…

– ¿A quién le importa? –resopló Handy– Nunca las vamos a volver a ver. Saquen conclusiones rápido porque tengo ganas de seguir conduciendo.

– Calma colega –dijo Flippy tranquilamente, imitando el acento español–, dentro de un rato seguimos. Todavía no descansamos lo suficiente.

– Tiene razón –aprobó Cuddles, mordisqueando una manzana–, sigamos un poco más. ¿Qué opinan de…Petunia? –preguntó con picardía.

– Rachelle se me hacía francesa. Quiero decir, tenía un muy leve acento, además de que tenía ciertas costumbres 'finas' –comentó Splendid.

– Esto parece una charla de chicas adolescentes con síndrome de ninfómanas –soltó el de pelo naranja, frotándose las vendas distraídamente.

Todos largaron una carcajada ante lo dicho. Tal vez era cierto lo que decía.

– Puede que es verdad, pero apuesto la cabeza a que tienes una opinión sobre ella. –dijo Splendid. Más de uno pudo notar que Handy vacilaba antes de contestar, tomándose su tiempo.

– Tiene buenas piernas. –contestó, tratando de ponerse una máscara de expresión indiferente.

¡Para qué!

De inmediato los muchachos comenzaron a aullar y a reír ante lo dicho por Handy. Cada vez que tenían la oportunidad de escuchar del chico vendado algo con respecto al sexo opuesto hacían lo mismo: lo molestaban y se reían. Claro que él sabía que lo hacían en broma, y algunas veces incluso reía con ellos. Esta vez, rodó los ojos y sonrió.

Durante unos segundos recordó aquella vez en la que realmente se había enfurecido por una de esas 'bromitas'.

Como Splendid y Cuddles nunca lo habían visto distraerse o siquiera estar al lado de alguna chica, por un tiempo habían imaginado que tal vez Handy no quería admitir que tenía que salir del armario.
Por supuesto que no podían estar más equivocados: lo supieron en cuanto se lo preguntaron, porque de inmediato las patadas listas para impactar en sus caras y estómagos no se hicieron esperar, producto del ataque de furia del chico ante tal estupidez dicha. Flippy estaba ahí, pero como espectador ante tal arrebato de rabia, ya que literalmente se estaba ahogando de la risa.

Es que también los muy imbéciles no tuvieron ninguna delicadeza al formular la pregunta del millón: "Oye Handy, ¿Por qué simplemente no admites que eres gay?"
Cuánto los golpeó por eso. Nadie nunca debía dudar de su sexualidad.

Volvió a fijar su vista en los chicos, ya calmados.

– Eso. ¿Qué dices tu? –le preguntó a nadie en particular con un amague de sonrisita.

– Yo digo que simplemente no es mi tipo –comentó el más joven– Tal vez porque...parece, un poco seria.

– Pues parece agradable –murmuró Flippy, mirando unas aves que volaban en sentido contrario de adonde se dirigían.

– Estoy de acuerdo: tiene buenas piernas y...parece agradable. Si –aportó Splend.

– Ajáh. ¿Y qué me dicen de Giggles?

– Parecía bastante infantil. –frunció el ceño Handy, aunque siempre lo hacía.

– Era...¿hiperactiva? Supongo que es la palabra que más se le acerca a su energía –Handy y Splendid estuvieron de acuerdo con lo dicho por Flippy.

– Puede ser...aunque a mí me agradó –Cuddles dejó las palabras perderse y se distrajo con lo que estaba pensando.

Se acordó nuevamente de ella: la fina figura que vestía un short blanco y una blusa suelta a rayas... « Su moño adornando su pelo corto y rosa...su cara de niña alegre y encantadora...su... »

Splendid, sin decir absolutamente nada, dejó su sandwich a medio comer a un lado y golpeó suavemente en el brazo a su compañero con un codazo, señalando al rubio. Flippy rió entre dientes suavemente sin sonido, Handy miró con curiosidad la escena, y Splendid terminó por chasquear los dedos en la oreja de Cuddles.

– ¿Quét? –se sobresaltó, moviendo la cabeza rápidamente, y notando que los demás lo miraban fijamente.

– ¿Qué te pasó? –se burló Handy– No me digas que te enamoraste de la rosadita.

Ninguno lo dijo en el momento, pero observaron cómo las mejillas del chico se teñían de un leve tono rosáceo.


Sábado 11/01
01:54 AM.

A pesar de que -como habían mencionado anteriormente- era un viaje de 24 horas aproximadamente, Petunia se había tomado sus precauciones al descansar debidamente y pasarle el volante a Flaky por petición de las chicas, durante unas cuantas horas. Aunque la pelirroja en realidad no manejaba tan rápido (no pasaba de los 90 km/h), habían hecho un gran tramo mientras la principal conductora dormía en el asiento de atrás junto con Lammy.

Lo que en realidad le preocupaba, por supuesto, era el que estuviera manejando en medio de una ruta desierta...de noche.

Giggles se había mantenido algo silenciosa antes de que las de atrás despertaran, cosa bastante inusual en ella. Hablaba un poco con la conductora suplente a veces, porque sabía que eso la tranquilizaba. Giggles no le tenía miedo a la noche, y Flaky ciertamente un poco. Claro que la pelirosa sabía la diferencia entre "manejar de noche" y "ser la acompañante de quien maneja de noche".
Pero durante el tiempo en que estuvo pensando en los hombres con los que se "habían encontrado" le disgustaba -ahora que se daba cuenta- el hecho de que no les habían preguntado ni a donde iban, ni de dónde venían tampoco. ¡Ni un número de teléfono se había acordado de pedirles! Solamente se acordaba de sus nombres y apellidos, algo raros: Flippy Fliqceth, el hombre de aspecto de recién haber salido de la guerra; Splendid Kent, aquél que tenía unos anteojos de sol rojos con cabello celeste; Cuddles Rabbit, ese rubio alegre que parecía como de su edad; y el último…¿cómo era? El malhumorado con los brazos vendados…

– ¿Te refieres a Handy Lee? –escuchó la voz de la pelirroja.

– ¿Cómo? –abrió los ojos, bastante sorprendida. Sí, era ese el nombre. ¿Cómo sabía Flaky que se trataba de acordar de él?

– Lo siento –dijo, con una risita– Es que…estuviste murmurando algunas cosas en voz alta, aunque no te entendí nada, así que supuse que estabas pensando en algo en el que te habías concentrado bastante. –hizo una pausa– A lo último dijiste…mhh, algo así como "el chico de brazos vendados", y te preguntabas una y otra vez el nombre. Y, bueno…amh, deduje que tratabas de acordarte de él, Handy Lee. –le sonrió. Luego volvió la vista a la ruta.

– Ah…si, si, tienes razón –se rascó el cuello, sonriendo nerviosamente. Hizo una nota mental de que debía controlar sus pensamientos– Gracias.

– De nada –respondió. Por un momento pensó que la charla había terminado, pero Lammy (quien se había mantenido bastante callada ahí atrás) habló, sobresaltándolas un poco.

– Handy Lee, ¿el de brazos vendados? No parecía tan malo en realidad –comentó.

– Bueno, no sé, realmente no le presté mucha atención –murmuró Giggles, un poco perdida en sus pensamientos–. Me gustó bastante Cuddles, el rubiecito –soltó una risita, tal y como ella lo hacía cuando algo le agradaba.

– ¿Cuddles, eh? No estaba mal, parecía tan tonto como tú –rió Lammy.

– ¡Ey!

– Pareciera como que complementaban bien. Quiero decir, tenía tu misma energía –observó Flaky.

– Es cierto –asintió la pelilila–, que lástima... –murmuró penosa, volviendo a su asiento normalmente.

– ¿Por qué?

– Porque no le pediste el número o algo así, lela –le dijo. No con intenciones de molestarla, sino de decirle la verdad absoluta.

– Tal vez nos cruzaremos en algún lado, yo qué sé –fingió desinterés. Pero en realidad se sentía un poco mal por aquello dicho por la pelila: realmente le había gustado ese chico...Cuddles, Rabbit, como para dejarlo pasar. A pesar de solamente haber charlado una par de horas, comprendió que tal vez nunca más iba a verlo. Le provocaba cierto pesar.

– Tienes razón. –volvió a hablar Lammy, después de un silencio– Tal vez...puede ser, que...nos volvamos a ver en algún futuro cercano –musitó seria, aunque con una pequeña sonrisa.

Petunia, al estar dormida, por supuesto que no dijo nada. Pero Flaky, que en ese entonces aún tenía la vista fija en la carretera, sintió una leve sensación de gelidez al escuchar aquello.

No sabía por qué, pero...lo había sentido con fuerza.


Sábado 11/01
05:25 AM.

« Ver los primeros signos del amanecer es asombroso » Pensó Flippy.

De los 4, era el único que se había despertado a esa hora por razones militares. Se había acostumbrado (tal vez demasiado) a levantarse temprano para aprovechar el día durante esos años en los que estuvo en la armada. En realidad casi siempre se levantaba poco después de las seis, pero aquella vez no tuvo problemas para despertarse cuando las nubes y el cielo empezaban a aclararse, dándole buena visibilidad a la zona en donde estaban.

Observó con lentitud la vegetación abundante, el cielo con nubes algodonosas, la ruta al costado.

Se pasó una mano por el cabello echándolo hacia atrás, despeinándose un poco, y bostezó levemente. Algunas horas antes habían cambiado de lugar para ir a dormir antes de salir de nuevo, y él eligió ir al volante con Handy como su acompañante. Se fijó en el aspecto deplorable del gruñón y rió para sus adentros: de la boca abierta no salía baba como uno espera, pero sí tenía un pequeñísimo pedazo de queso en el diente, producto de lo que había comido antes de dormir.

Bajó de la camioneta sigilosamente. Al pisar la tierra fresca y el hierbajo que crecía por ahí, se sintió mucho mejor. Su lugar no era la ciudad, su verdadero lugar era el bosque. Amaba la naturaleza, cada árbol, cada animal, cada brisa que corría en el bosque, lo disfrutaba plenamente.
El Lago de Gesell iba a ser genial.

– Mph... –se estiró y lanzó un leve gruñido de satisfacción. Permaneció un rato ahí observando cómo el sol subía lentamente, hasta que diez minutos después dio media vuelta y subió al vehículo nuevamente. Decidió dormir un poco más, después de todo, no tenían ningún apuro.


Sábado 11/01
19:44 PM.

Flaky Scarlet, durante el tiempo en el que estuvo al volante, había manejado lo suficiente como para encontrarse con un cartel que indicaba que estaban a pocas horas de Gesell.

Petunia Rachelle, al saber aquello, pidió volver a tomar el control del vehículo. Al parecer no había calculado lo suficientemente bien el hecho de que el recorrido duraba 24 horas...si lo hacían directamente. Parar en varios lugares para cargar gasolina, comprar comida y/o bebida, ir al baño e incluso para recorrer los lugares les había costado sus buenas horas. En total, se habían tardado 36 horas aproximadamente en llegar a destino.

Giggles Kaname, a pesar de que nunca había tenido muchos problemas cuando le tocaba subirse a los autos, no se sentía muy bien físicamente. Más de una vez había pedido que pararan para respirar un poco.
Tampoco se sentía bien conscientemente. Todavía no podía dejar de pensar en Cuddles.

Lammy Michaela se había enfadado un poco con las chicas porque quería llegar lo antes posible. Pero el sentimiento se opacó considerablemente cuando entre todas compraron una porción de torta 'para celebrar' el hecho de que estaban de vacaciones. Y nada debía arruinar esos 60 días que les habían dado para disfrutarlas.

Ése sábado 11 de Enero, a las 36 horas de haber salido de la ciudad, habían llegado por fin al Lago Gesell.


Domingo 12/01
08:13 AM.

Tal como pensaron, los chicos no tenían ningún motivo para apurarse...aunque llegaron mucho más tarde de lo previsto.

Flippy Fliqceth había intercambiado los lugares varias veces con su compañero de la cabina. Estaba un poco ansioso por poder llegar para descansar un poco en el lugar 'soñado', por decirlo así. Pero era bastante paciente, por lo que siempre se mostraba tranquilo...o casi.

Handy Lee no se mostraba tan paciente como el chico de cabello verde. A veces lo sacaba de quicio el que le molestaran esas estúpidas vendas que tenía que llevar puestas. No le dolían las heridas (si hubiese sido así no habría podido agarrar cosas), pero aún no sanaban lo suficiente.

Cuddles Rabbit no había mostrado inconveniente alguno en todo el trayecto. Ni siquiera se quejó de que estaban tardando demasiado, demasiado, en llegar. En vez de eso, pensaba en que quizás nunca más iba a ver a la joven Giggles. Realmente le había gustado.

Splendid Kent la pasaba un poco mejor que ellos. No era ningún aguafiestas, por lo que veía (al menos la mayor parte de las veces) el lado bueno de las cosas. Aunque con el atracón anterior de los sandwiches que había comido anteriormente le había dado un gran dolor de estómago, seguía haciendo estupideces que hacían reír a cualquiera.

Ése Domingo 12 de Enero, a las 48 horas de haber salido de la ciudad, habían llegado a Gesell.

~Fin del capítulo~


Si si si, lo sé...lo sé. Tírenme melones y sandías (en lo posible, bien jugosas)
Bueno, no xD Pero, díganme...¿qué les pareció? Me esforcé bastante por continuarlo porque había perdido el hilo de muchas cosas por concentrarme en los estudios. Fui a rendir al menos 6 materias, ya se imaginarán lo que me costó hacer eso. No hablo del esfuerzo por estudiar, sino de que perdí parte de lo que tenía pensado escribir T-T

Feyris Nyan, sufriendo del masivo calor argentino. Detesto el calor.
¡Nos leemos en la próxima!

-¡Miau!-