Gale POV.
Como si de verdad fuera la primera cita me siento nervioso.
Me miro un montón de veces en el espejo antes de irme y arreglo mi cabello de todas las formas que conozco.
Conduzco lo más rápido que puedo hasta la casa de los Mellark y espero hasta que Peeta sale.
Lleva un pantalón color beige y una camisa color café, desabrochada hasta el pecho. Su cabello rubio brilla bajo el sol y lo lleva peinado de una manera que lo hace ver elegante, pero parece incomodo.
-Hola –lo saludo con una sonrisa y el sonríe tímidamente.
Abro la puerta del coche para que el pase.
-Tengo algo en mente, pero necesitamos ir a la ciudad –le advierto.
-Bueno, pero tengo que regresar antes de las diez de la mañana, mi hermana necesita…
-Oh Dios mío –murmuro horrorizado interrumpiéndolo.
-¿Qué? –pregunta espantado.
-Es la primera cita y ya te invitaste a pasar la noche en mi casa.
Abre la boca confundido y entrecierra los ojos.
-No me refería a eso –dice con las mejillas rosadas-. Pero…
-Tranquilo –le digo-. Te traeré esta noche.
Sonríe tímidamente y le sonrió en respuesta.
Subo al coche y comienzo a conducir.
-¿Y que tipo de música escuchas? –me pregunta.
-Puedes descúbrelo por ti solo –le digo mientras señalo el estéreo del coche.
El asiente con una sonrisa y la música envuelve el coche.
-¿Bon Jovi? –me pregunta.
-Yep.
-Me encanta –dice.
-Lo se, a mi también.
Because you can de Bon Jovi envuelve el coche y los vidrios retumban, Peeta no baja el volumen, eso es una buena señal.
Cuando se termina la canción comienza a cambiar rápidamente a todas.
-Pues tenemos los mismos gustos musicales –dice mientras deja sonando "Secret Valentine" de We the Kings.
-Me gusta mas la música que compongo yo mismo –le digo con orgullo.
-¿Compones? –pregunta.
-Si, quizá podría gustarte… carpeta quince.
Busca en el estéreo hasta que una canción mía comienza a sonar.
Escucha atento la canción. Veo sus hermosas sonrisas cuando algo le gusta.
Empieza otra canción y otra más.
-Valla, si que cantas –dice sorprendido.
-¿Te gusta? –le pregunto entusiasmado.
-Mucho, de verdad.
-Podríamos hacer un dueto.
-Mmm… no lo creo. Yo no canto.
´-Yo no diría eso… escucha.
Busco mi canción favorita.
-Dios mío, no… -dice el sorprendido.
Su voz inunda el coche, después entro yo. Después los dos juntos.
-¿De verdad soy yo? –me pregunta con la boca abierta.
-Después de escucharme cantar durante más de un año te animaste a hacer un dueto conmigo.
-Pero yo no canto…
-Las personas no nacen cantando, bueno, no todas. Tu garganta se educó, tu voz es hermosa.
Al mirarnos siento que estamos haciendo un lazo nuevo, que estamos siendo nosotros mismos.
-Este es el lugar en donde nos conocimos –le digo cuando estaciono el coche.
-Es… bonito –dice riéndose.
-Te invite a salir y aceptaste.
-¿El primer día?
-Si, te acababa de conocer.
-Valla…
-Fuimos a comer a un café de aquí cerca –enciendo el coche y conduzco hacia el café.
-La historia de cómo nos conocimos suena muy divertida. Es algo que yo no haría, de verdad me has de haber gustado…
-Bueno, mírame. ¿Quién se negaría a pasar el día conmigo?
-Oh, cállate –golpea mi brazo.
Sonrió con felicidad extraordinaria que hace mucho no sentía.
Llegamos al café, pienso en lo que haría en la primera cita.
No lo tomaría del brazo, ni tomaría su mano, ni pasaría mi brazo sobre su hombro, así que me limito a caminar a su lado.
-Que lindo –dice cuando entramos.
El café es abstracto, vegetariano y medio hippie.
-¿Lo de siempre? –nos pregunta Sasha, la mesera.
-Por favor –le digo con una sonrisa.
Peeta me mira a los ojos y sonríe.
Nos sentamos en una mesa para dos y realmente siento como si hubiéramos retrocedido en el tiempo. Peeta esta peinado casi de la misma forma que cuando lo conocí y usa el mismo tipo de ropa formal e incomoda.
-¿Qué? –pregunta entrecerrando los ojos.
-Nada –le digo con una sonrisa.
-Bien, Gale. Cuéntame más sobre ti.
-¿Qué quieres saber? –le pregunto mientras entrecierro los ojos.
Piensa durante unos segundos mientras mira el techo y después voltea a mirarme.
-No se, ¿Siempre supiste que eras… gay o se dio con el tiempo o como?
-Siempre lo supe. Desde que era un niño. –contesto.
-¿Si?
-Si, veras, recuerdo que vivía con un primo mayor que yo, recuerdo que me gustaba mirarlo…
-Pervertido –sonríe.
-Algo –me rio-. Yo tenía como doce años cuando comencé a mirarlo de esa forma. Dormía a un lado de mi habitación, se bañaba en el mismo baño que yo, lo veía sin camisa, a veces lo espiaba mientras se bañaba –me sonrojo-. No se, como cualquier niño con las hormonas desenfrenadas entrando a la pubertad…
-¿Entonces fue tu primo quien te despertó las hormonas? Eso es enfermo…
-En realidad no era mi primo de sangre –me rio-. Pero si. Fue el.
-¿Habías tenido novio… ya sabes… antes de mi?
-Si… bueno, no. Novio formal ninguno. Estuve antes con varios chicos, pero solo de uno me había… "enamorado".
-¿Si? ¿Estuviste, estuviste? ¿Te refieres a sexo?
Asiento con vergüenza.
Alza sus cejas.
-Cuéntame de ellos –me dice con una sonrisa en sus labios.
-Bueno… -siento la sangre en mis mejillas-. El primer chico con el que estuve era mayor que yo. Muy mayor que yo… -trato de descifrar sus reacciones pero me mira divertido-. Yo tenía dieciséis años y el veintinueve. –Alza sus cejas y aumenta su sonrisa-. Era mi profesor de matemáticas en la escuela…
Peeta abre sus labios, sorprendido.
-Sígueme contando –insiste con mucho ánimo.
El pasado de Gale
17 años.
Entro en mi clase de matemáticas y voy directo a mi lugar.
-¡Gale! ¡Saliendo hay entrenamiento! –Grita Eleazar desde el fondo.
Asiento con ánimos. Entrenamiento, genial. Tengo tres semanas sin entrenar debido a las vacaciones, siento mi cuerpo muy flojo ahora.
-Dicen que tendremos nuevo profesor –me dice Casandra mientras se gira para verme desde el asiento enfrente de mi.
-Escuche eso.
-Espero sea bueno… -Se pone de pie y se sienta a mi lado-. ¿Me extrañaste? –pregunta.
-Mucho –respondo mientras la abrazo.
Muchos piensan que entre Casandra, Cassi, y yo hay algo, pero ella y yo sabemos que no es así. Soy "su mejor amigo gay" aunque le rogué que no lo dijera jamás.
-Estaba revisando el horario y esta clase nos toca todos los días –se queja.
-Espero, de verdad espero que el profesor sea bueno, aunque con el simple hecho de la clase que da ya me cae mal.
-Y que bueno esta… -murmura Cassi y busco el punto en donde su mirada esta puesta.
Hay un hombre grande y con un cuerpo musculoso frente a nosotros, de espaldas, escribiendo en el pizarrón.
La camisa morada que lleva puesta se adhiere a su cuerpo, a su espalda y sus enormes brazos. Dios mío.
-Chris Hemsworth –dice poniéndose frente a nosotros y de nuevo pierdo el hilo de mis pensamientos.
Santo ángel de la lujuria, este hombre es perfecto. Su rostro es delicado y fuerte a la vez, sus ojos azules centellan detrás de sus hermosas pestañas, sus labios están rosas, su cabello rubio es largo, tan largo que podría hacer una coleta.
Sonríe y mi corazón se detiene. No lo puedo creer. ¿Qué clase de broma es esta? ¿Saldrá una cámara en donde nos dirán que están grabando para una película en Hollywood?
-Ese es mi nombre muchachos. Nos vamos a ver muy seguido, así que espero que se lo aprendan rápido-. Su voz es fuerte y ronca, sus cejas se juntan en una mueca de enojo-. Soy su profesor y exijo respeto. Yo los voy a respetar, pero no voy a estar soportando sus actitudes inmaduras. La mayoría ya tiene dieciséis años o mas, así que ya tienen que entender lo que esta bien y lo que esta mal. En primer lugar, tú –señala al fondo del salón-. Estas suspendido hasta que tus padres vengan a hablar conmigo.
Todos nos giramos a ver. Brandon, bien, no me sorprende. Lo que me sorprende es que el profesor sea tan... ¿Estricto?
-Si, tu. Te vi cuando lanzaste esa bola de papel, no pongas cara de "no se de lo que habla." Salte del salón.
Se me abre la boca al instante y me tiembla el estomago. Por Dios, Nadia nunca jamás había hecho esto.
-¿Quieres que valla hasta tu lugar y te saque yo mismo? –dice.
Nos quedamos todos en silencio sin poder creerlo. Brandon se sale y la puerta se cierra con dureza.
-Miren muchachos, puedo ser muy bueno y también puedo ser muy malo. No soporto las actitudes como la de su compañero, no soporto que coman dentro del aula, no soporto que hablen mientras yo este hablando, no soporto que se levanten de su asiento sin permiso, no soporto que lleguen tarde ni que se quieran ir antes. Tampoco los quiero mantener como soldados, pueden hacer comentarios entre ustedes, pueden reírse, siéntanse libres. Pero cuando yo hable nadie habla. ¿Entendido?
Nadie responde.
-¿Entendido? –Responde una octava de voz más alta.
-Si –respondemos todos disparejos.
-Si profesor Hemsworth –corrige.
-Si profesor Hemsworth –repetimos todos al unisonó.
-Muy bien, no los conozco así que comiencen a presentarse. Me dicen su nombre y que es lo que mas les gusta, comenzamos contigo –señala a Rebecca.
-Me llamo Rebecca –responde con su actitud engreída de siempre, con la frente en alto y mirando directamente al profesor-. Me encanta ser capitana de porristas y presidenta del año.
El profesor Hemsworth eleva sus cejas.
-Felicidades, señorita –le dice y le hace una señal al siguiente.
Y todos se presentan, algunos demuestran demasiado el miedo que sienten ante la imponente imagen de nuestro nuevo profesor. Algunos otros tratan de mostrar una actitud despreocupada, de algo estoy seguro, a todos nos incomoda el profesor, a unos de diferente manera, pero a todos nos incomoda.
-Me llamo Casandra –dice Cassi-. Y me fascinan sus ojos, profesor.
Mi quijada queda suspendida en el aire. Todos se quedan en silencio e incluso se escucha cuando algunos detienen en seco su respiración.
-Gracias, señorita. Sus ojos también son muy lindos –le contesta mientras le sonríe. Todos nos relajamos. La brillante y traslucida piel blanca de Cassi adquiere un tono rosado.
-Joven –el profesor llama mi atención. Mierda.
-¿Si? –respondo como estúpido.
-Su nombre…
-A si… -me quedo pensando demasiado tiempo.
-¿No recuerda su nombre? –me pregunta con seriedad.
-Si –giro los ojos tratando de parecer despreocupado-. Me llamo Gale Hawthorne.
-¿Su afición? –pregunta.
-El café -¿El café? Estúpido.
-Es buen antioxidante –comenta-. El siguiente. –ordena.
Dios mío. Espero nadie se haya dado cuenta del efecto que causó en mi.
-Me puse nervioso –comento por lo bajo a Casi.
-No se notó –responde. Trato de encontrar sarcasmo en su mirada.
-¿No? –pregunto.
-No, solo parecías distraído. Lo cual es común en ti.
Me relajo. Genial.
Termina la "presentación" y no eh puesto atención en nada mas que la hermosa sonrisa del profesor Hemsworth.
-Bien chicos, levanten la mano si se quieren ir a almorzar.
Después de unos segundos y con dudas todos levantamos la mano.
-Pues adelante, nos vemos la próxima clase.
Comienza el murmullo entre todos hasta subir de volumen y todos comienzan a salirse. Una gran mayoría pasa a despedirse del profesor y darle las gracias.
-Nos vemos mañana –le digo cuando paso a su lado.
-Hasta mañana –dice mientras palmea mi hombro.
Me tocó. Hay, me tocó. Dios, Gale. Contrólate. No seas estúpido.
-¡Lo amo! –grita Cassi a mi lado cuando salimos del aula.
-¡Nos dio libre mas de una hora! –le dice Mercy.
Todos los sonidos y conversaciones del pasillo se mesclan y solo puedo concentrarme en mi y mi estúpida mente alterada hormonalmente.
Esa noche no pude dormir en lo absoluto, seguía impresionado por el nuevo profesor, pero me estaba comportando como una señorita.
El día siguiente comenzó de la mejor forma, las primeras dos clases eran matemáticas, y aunque sentía un nudo en el estomago, solo quería llegar a la clase.
-Buenos días –saludé al profesor que estaba sentado en su escritorio con una laptop enfrente.
-Buenos días –responde sonriendo y fijando sus ojos en la pantalla nuevamente.
Lleva hoy una camisa blanca y una corbata, un pantalón gris y unos zapatos brillantes. Sus músculos son tan anchos que se marcan atreves de la ropa, hoy su cabello esta peinado con gel hacia atrás.
La clase comienza justo a la hora del timbre, el profesor se para enfrente de todos.
-¿Cómo están? –Nos pregunta.
-Bien profesor Hemsworth –contestamos todos al unisonó y el sonríe.
-Muy bien chicos, todos sabemos que esta clase es aburrida de por si –sonrió-. Voy a tratar de hacerla dinámica y entretenida; para todas las actividades que vamos a realizar es necesario que exista un representante del grupo, alguien en que pueda confiar y a quien ustedes acudan para cuando yo deje trabajos. Sobre todo alguien que se lleve bien con todos, para que no haya problemas. ¿A quien eligen?
Hay un momento de silencio en el aula.
-Tú –señala a una chica del fondo. Ella abre los ojos, espantada-. Dime el nombre de quien propongas para representante.
Lo piensa durante demasiado tiempo.
-Casandra –dice.
Cassi da un respingo a mi lado.
-¿Quién es Casandra? –pregunta el profesor.
-Yo –responde Cassi mientras levanta su mano.
-Haber tú –señala al chico de enfrente.
-Cadsi esta bien –dice el.
El profesor pregunta a tres personas más y las tres deciden que Casandra es buena para el papel, Cassi acepta y la clase comienza.
Extrañamente se pasa rápido, escribí cinco hojas completas de teoría, además tengo un montón de tarea de su clase, y estúpidamente estoy feliz.
Lo único que deseo es que ya sea la clase de mañana.
Y a eso se basan mis días. Despertar, ir a la escuela, esperar por su clase, salir, no hacer nada durante el día y regresar a la escuela al día siguiente.
No tengo entrenamientos, no eh ido al gimnasio, no eh hecho nada productivo en las últimas dos semanas. Me siento un asco de persona.
-Chicos, les voy a dar un día mas para que terminen el proyecto, se lo entregan a su compañera Casandra para que me lo entregue el fin de semana. ¿Esta bien Casandra?
-Por supuesto, cuando quiera –responde ella.
-Muy bien, que no pase del sábado, por favor. Mientras tanto, tu… -Señala en mi dirección.
Se me cae el alma.
-¿Si? –Responde Esteban a mis espaldas.
-Te sales de mi clase –suspiro relajado sabiendo que no es para mí.
-¿Por qué? –rejunta incrédulo.
-Estabas usando tu teléfono celular.
-No…
-Si. –Su voz es firme-. Te vi. Tienes tu mochila sobre la mesa y tenias la vista fija en ella. ¿Quieres que valles a tu lugar y revise tu mochila y te suspenda dos semanas o prefieres irte hoy y regresar mañana?
No responde.
Se levanta, toma sus cosas y se va.
Jamás había tenido un profesor como el. Y apuesto a que a todos nos cae bien a pesar de todo.
-Jóvenes, yo también estuve en sus lugares. Yo acabo de salir de eso, se me todos sus trucos, se cuando están copiando, cuando no están poniendo atención, se todo. Por favor, evítenme la pena de sacarlos del aula.
Nos quedamos callados mirando fijamente hacia la nada.
-Ya tienen cara de hambre, voy a terminar la clase, espero que todos se esfuercen mucho en su proyecto. Nos vemos la próxima semana. –Cierra su laptop y comienza a guardar sus cosas.
Para cuando el termina, el aula ya esta vacía.
Cassi y yo nos quedamos hasta el final.
-¿El sábado entonces? –pregunta acercándose al escritorio del profesor.
-Así es –dice el con una sonrisa en sus labios hermosos. Hoy su barba esta visible sobre su piel suave a la vista.
-¿Puedo saber a donde se los llevo?
-Oh claro –sonríe-. Llévalos a mi casa –comienza a escribir en un papel-. Ahí estaré todo el sábado, si no llego a estar puedes dejarlos en recepción.
-Esta bien, ¿Sería todo?
-Si… -piensa unos segundos-. ¿Qué van a hacer ahora?
-Perder el tiempo en algún lado –respondo al instante.
-¿No quieren perder el tiempo aquí? –Pregunta sonriendo en mi dirección.- ¿Podrían ayudarme con unos documentos por favor?
-Por supuesto que si –responde Cassi.
Yo asiento sonriendo.
-¿Qué necesita? –le pregunto.
-Miren –toma un par de documentos-. Ayúdenme a ordenarlos todos, los que tengan este numero morado van juntos, los del numero rojo van juntos y los del numero verde van juntos. Yo ordeno los verdes.
-Yo los morados –dice Casandra.
Yo tomo la hoja que tiene el número rojo.
Comenzamos a ordenar todo sobre el escritorio.
Aprovecho la oportunidad para ver el cuerpo del profesor de cerca. A esta distancia es aun más impresionante.
Sus manos son grandes y lisas, dan la impresión de ser de seda. Sus uñas están perfectamente cortadas y lleva un anillo en el dedo anular. Es casado…
-¿Y ustedes son novios? –Nos pregunta con su vista fija en los papeles, no demuestra interés, solo pretende hacer platica.
-No.
-Oh no –dice Casandra sonriendo-. Solo amigos.
-Amigos –reafirmo y sonrió.
-Valla, como siempre están juntos pensé que eran pareja.
-No, no. Ya sabe, estamos juntos desde niños, Gale es como mi hermano –explica Cassi.
-Esta bien, lo entiendo, tengo una amiga como tu.
-¿Es usted casado? –le pregunta mientras señala el anillo dorado.
El profesor sonríe ampliamente.
-No, nada de eso –contesta. Mi corazón da un brinco.
-Lleva un anillo…
-Cass… -la reprimo y ella hace una mueca de desagrado.
-No, no hay problema –dice el profesor por mi acción-. Hace mucho tiempo me encontré con una niña que me robo el corazón, tenia seis años y padecía de leucemia. Sus padres no tenían mucho dinero así que yo los ayude con todo para ella. Dijo que se quería casar conmigo cuando fuera grande, le dije que así sería. Una semana antes de que falleciera nos pusimos estas argollas. Le prometí que después de su operación la llevaría de viaje… No lo logro. Desde entonces llevo esta argolla, no es oro en realidad, pero representa mucho para mí.
Woow. Es todo lo que puedo pensar.
Es una historia hermosa, es inimaginable que este hombre tan duro tenga tan buen corazón.
Extrañamente me siento mas cercano a el ahora que nos ah contado esta historia.
-Es hermoso –susurra Cassi a mi lado.
-Gracias –dice el.
Hemos terminado de ordenar los papeles y realmente quiero pasar mas tiempo con el.
-Muchas gracias muchachos, nos vemos mañana. –dice mientras acomoda todo en carpetas.
-Hasta mañana –decimos los dos.
Salimos del aula y caminamos por el pasillo con rumbo a nuestra siguiente clase.
-Siento que por dentro es como un niño –dice Casandra y no se a que se refiere-. El profesor –me explica-. Por fuera es una mascara de dureza, pero por dentro creo que es una persona maravillosa.
-Yo también creo eso –le digo.
-¿Vamos el domingo al cine? –me pregunta entusiasmada.
-Tengo entrenamiento…
-No importa, te espero hasta que salgas y nos vamos –De todas formas es imposible discutir y ganar contra Cassi, así que termino aceptando.
La siguiente clase se pasa igual de rápido, es deportes, dos horas. Las dos horas más divertidas de la escuela (después de matemáticas desde ahora).
Cuando las clases terminan lo único que quiero es llegar a mi casa y dormir mucho.
En mi casa están mis padres, acaban de llegar de un viaje de trabajo y apuesto a que tardaran mas en desempacar que en lo que tengan que irse de nuevo.
-Mama, papa. –los saludo.
-La comida esta en el microondas –me dice mi madre sin despegar la vista de su teléfono.
-Ya comí, gracias.
Me voy a mi habitación y antes de tirarme en la cama me puse a tocar una melodía con la guitarra. Poco a poco fue tomando forma y termine cantando una nueva canción.
No me di cuenta de las horas que habían pasado mientras anotaba las notas y la letra en mi cuaderno, para cuando termine de tocarla por tercera vez con todo y letra ya era de noche.
La caída de la noche me abrió el apetito.
Bajo las escaleras para cenar y después de treinta minutos ya estoy tomando una ducha.
Me preparo para dormir y me tiro en la cama con un montón de cobijas encima.
El día siguiente amanece de una manera maravillosa, el cielo esta despejado y el sol brilla detrás de la cortina.
Me levanto de la cama y me estiro hasta que mi espalda truena.
Voy al baño y lavo mi rostro y mi boca antes de bajar, solo para darme cuenta que no hay nadie en casa.
Justo cuando tomo las llaves del coche para ir a almorzar a algún lugar, sin quitarme el pijama, mi teléfono suena.
-¿Hola? –contesto.
-¡Gale! –Grita Cassi desde el otro lado del teléfono-. Dios, ¡Te necesito! ¡Por favor! ¡Por favor!
-¿Qué pasa? –pregunto riéndome de su comportamiento eufórico.
-Tengo ensayo todo el día de gimnasia, ¡Necesito que lleves los trabajos al profesor Hemsworth! ¡Por favor! ¡Por favor!
-¡Pero ni siquiera se en donde vive!
-¡Ven por los papeles y te doy la dirección! ¡Por favor!
Lo pienso un momento.
-Este bien, este bien. Tranquilízate.
-¡Gracias! ¡Te amo! –y cuelga.
Me quedo sonriendo con el teléfono en la mano.
Bien, entonces hago mi corto itinerario: Pasar por los papeles a casa de Cassi, entregarlos e ir a almorzar.
Llego a casa de Cass y ni siquiera es ella quien sale a entregármelos.
-Se esta cambiando, ya sabes como son las mujeres –me dice distraídamente su hermano mientras deja los papeles en el asiento del copiloto.
-Ya, gracias –le digo antes de irme.
Conduzco hasta la dirección que dice la primera hoja junto con un corazón rosa.
Es un edificio de departamentos.
Tomo los papeles entre mis manos y me adentro en el edificio.
Mi teléfono suena en mi bolsillo y me hago bolas para contestarlo.
-¿Si? –pregunto.
-Gale, se me olvido decirte que te vas a quedar a ayudarle al profesor a revisarlos. Bueno yo iba a quedarme, pero te toca.
Me quedo callado sin decir nada.
-¡Por favor! –grita.
-¡Casandra! –Le digo lo suficientemente fuerte-. ¡Tenia planeado dejarlos en recepción! ¡Ando en pijama!
-¡Por favor! ¡Por favor!
-Dios mío. Ya, bueno, esta bien. Me debes una bien grande, Casandra.
-Si, si. Te amo –me manda un beso y cuelga.
Entonces lo de almorzar lo dejo para después. Me resigno.
Voy hasta la puerta numero 368 y dudo durante unos minutos entre si tocar o salir corriendo.
Doy tres golpes en la puerta y espero con todas mis ganas que no haya nadie dentro.
Unos minutos después la puerta se abre.
-¿Puedo ayudarte en algo? –me pregunta el profesor Hemsworth.
Tardo unos segundos en hacer que mi cerebro reaccione después de la maravillosa imagen que tengo enfrente.
El profesor justo como nunca podrías imaginar verlo.
Lleva un short color gris que le cae seductoramente desde la cintura y una playera blanca sin mangas. Su cabello esta despeinado y cae sobre su frente en largos mechones rubios.
Los músculos enormes de sus brazos están al descubierto y bajo esa tela casi transparente puedo deleitarme con la vista de su pecho ancho.
Sus piernas son igual de musculosas y anchas, marcadas y adornadas con un ligero vello dorado.
-Yo traigo los trabajos de la clase de matemáticas –balbuceo.
Me mira entornando los ojos y me reconoce.
-Gale Hawthorne ¿Correcto? Valla, esperaba a la señorita Casandra hasta dentro de tres horas…
-Si, bueno, le surgió un compromiso y me pidió que le entregara los trabajos yo.
-Bueno, gracias. Lamento las fachas –dice mientras toma los papeles de mi mano.
-No importa, igual vengo en pijama –le digo con naturalidad, el sonríe-. Casandra me dijo algo sobre quedarme a ayudarle con algo…
-Oh, claro. Me iba a ayudar a revisarlos, pero si no puedes no hay problema, puedo hacerlo solo…
-No, no. No importa, de todas formas no tengo nada que hacer.
-Bueno, entonces pasa.
Abre la puerta por completo y me deja entrar.
-Acabo de llegar del gimnasio –me explica-. Voy a tomar una ducha y cambiarme, siéntete como en tu casa –me dice mientras deja los papeles sobre una mesita de centro.
-Si, gracias profesor –le digo.
El asiente y se marcha de la habitación.
Es una habitación elegante pero pequeña, esta llena de libros y papeles, justo como me imaginaria la sala de mi profesor.
Termino sentándome en el sofá y unos minutos después el profesor Hemsworth entra en la habitación con el mismo short gris deportivo, pero con una playera sin mangas color verde, además su cabello esta recogido en una pequeña coleta, con un par de mechones rebeldes sobre su frente.
-No hay agua –se queja-. Estos departamentos no son nada buenos –me explica-. El agua se va por lo menos dos veces al día, además que los vecinos se la pasan con la música a todo volumen y la luz siempre esta en un nivel bajo. Estoy planeando una mudanza rápida.
-También son muy pequeños –le digo.
Me sonríe y asiente.
-Bien, comencemos para que puedas desocuparte pronto.
-Este bien.
Comenzamos a revisar todos los trabajos, el primer trabajo que revisa es el mío, queda encantado con mi proyecto que me da total confianza para yo solo y sin su intervención, revise mi parte de los proyectos de mis compañeros.
-Hemos terminado –Dice el profesor mientras se estira en el asiento.
-Me duelen los ojos –me quejo mientras los froto con la palma de mi mano.
-Gracias, de verdad señor Hawthorne.
-No es nada, no tenia nada que hacer, y dígame Gale, por favor.
-Muy bien Gale, pues bueno, gracias por ayudarme, añádete un punto extra a tu calificación final –me sonríe.
-No es necesario, pero lo aceptare –sonrió-. Creo que necesitare ese punto –después de todo no eh puesto atención a su clase por ver sus labios y supongo que el examen me aparecerá como escrito en griego.
Me estiro en el sofá para que mi espalda truene y mis tripas hacen un ruido extraño, por impulso coloco mis manos sobre mi vientre.
-Que falta de respeto de mi parte –dice el profesor Hemsworth sin que yo comprenda el porque-. No te ofrecí nada de comer… Acepta que te invite a comer algo –se pone de pie y toma las llaves de su bolsa del short.
-Oh, no. No. –le digo poniéndome de pie también-. No es necesario, de verdad.
-Una hamburguesa, algo rápido –insiste.
-De verdad, estoy bien –sonrío-. Son las tres de la tarde y aun tengo puesta el pijama, no creo conveniente salir así.
Lo piensa unos segundos.
-Bueno, deja que prepare algo y así comemos los dos.
-No quiero dar molestias...
-No, no. No es molestia, siéntate, ahí esta el televisor, cocinare algo.
El profesor se va y me quedo sentado, mas bien desparramado, en el sofá mientras una película se reproduce en la televisión.
Unos minutos después lo escucho llamarme.
-¿Si? –le pregunto mientras entro en la cocina elegante.
-Ya llego el agua, ¿Qué te parece si me doy una ducha y me cambio y nos vamos a comer a algún lado?
Lo pienso unos segundos.
-Bueno, iré a mi casa y me cambiare entonces –le digo.
-No me vallas a dejar plantado –me advierte.
-Por supuesto que no –sonrío.
-Para asegurarme yo pasare por ti a tu casa, ¿Te importa?
-No, no. Ahí lo espero.
Le escribo la dirección en una hoja de cuaderno y me despido de el.
-Nos vemos en una hora máximo.
-Si, nos vemos, profesor.
-Ya sabes en donde esta la puerta –me indica y se da la media vuelta y antes de entrar en su habitación se quita la camisa quedando semidesnudo de espaldas frente a mis ojos.
Cada trazo de su espalda se marca con una sombra obscura y su piel cálida y suave a la vista queda reluciendo en un rayo de sol.
Mi corazón comienza a latir con fuerza antes de salir del departamento.
Cuando me subo al coche comprendo lo que acaba de pasar.
Eh quedado para comer con mi profesor de matemáticas, eso es raro. ¿Es raro, no?
Llego a mi casa y no hay nadie, ¿Me pregunto en donde están mis padres en todo el día?
Me cambio y me visto en tiempo record, termino sentando en el sofá pensando si Chris no me dejara plantado a mi.
Pasan 45 minutos desde que Salí de su casa cuando escucho el claxon de un coche. Me asomo por la ventana para no salir corriendo como idiota y si, es el, en un flamante Mustango negro.
Camino lentamente tratando de no parecer desesperado.
Justo antes de abrir la puerta me pregunto si iré bien vestido. Llevo mis pantalones de mezclilla rotos estéticamente y una camisa casual de botones.
-Hola –me saluda y me indica que entre.
-Hola, profesor –lo saludo-. Si que necesitaba un baño.
-Bien, Gale. Veámoslo así: dentro somos alumno/maestro, fuera podemos ser amigos. ¿Te parece?
Asiento.
-Pues entonces puedes llamarme Chris.
-¿No afectara eso en tu trabajo?
-No, no tiene por que, fuera soy libre de hacer mi vida como me plazca.
-Ya -asiento y sonrío.
-Bien, ¿Qué se te antoja comer?
-Sorpréndeme. -¡¿Sorpréndeme?! ¡¿No hay otra cosa más estúpida que podría decir?!
El sonríe y asiente después de murmurar algo inaudible.
Que-metida-de-pata.
El resto de la tarde pasa rápido, pero no deja de ser incomodo.
Me siento bien platicando y disfrutando de la presencia de el, pero sigo viéndolo como mi profesor de matemáticas, eso no lo puedo quitar de mi estereotipo.
Para cuando va a dejarme a mi casa ya esta obscuro, las luces del interior están encendidas y el coche de mis padres esta en el garaje.
-Muchas gracias por todo, profesor Hemsworth –le digo, ni con medio día entero logre decirle Chris y sentirme a gusto. El sonríe.
-Gracias a tu por ayudarme con el trabajo, me hubiera quedado todo el día en mi departamento si no fuera por ti.
-Ya, pero la próxima vez yo pago –le advierto.
-¿La próxima? –dice sorprendido. Se me abren los ojos de miedo. ¿Fue demasiado? Hay.- Todas las próximas veces pagare yo.
Lo miro a los ojos. Maldita sea. Me pregunto si todos esos comentarios lo hace a propósito para ponerme nervioso o solo es su forma de ser.
-Nos vemos el lunes –me dice sonriendo con felicidad y palmeando mi muslo con su gran mano.
-Hasta el lunes –le digo.
Lo miro a los ojos y me pierdo en ellos un instante. Su azul es apagado, pero a la vez brilla. Es extraño, es un azul que parece gris, como sin color.
De pronto mi cuerpo me impulsa a hacer algo que yo jamás habría hecho, o que habría echo si fueran otras las situaciones.
En menos de dos segundos tengo sus finos labios rosas junto a los míos.
Me retiro al instante y lo miro a los ojos, horrorizado.
Balbuceo antes de bajarme del coche y entrar corriendo a la casa.
-¿Estas bien? –me pregunta mi madre cuando me ve entrando.
-Si, si, todo bien. Solo… necesito ir al baño –le digo y subo las escaleras.
Entro en el baño y mojo mi rostro.
¡¿Qué hiciste, Gale?! ¡Acabas de arruinar todo!
¡Arruinaste tu vida!
¡Arruinaste tus clases!
¡Arruinaste tu esperanza de relación amistosa con el profesor Hemsworth!
No quiero saber nada. No quiero saber nada de nada.
Quiero dormirme y no despertar. Me muero de vergüenza.
Jamás tendré el valor de verlo a la cara.
No tendré el valor de ir a su clase, ni siquiera de ir al mismo instituto. Jamás.
Para mi estúpida mala suerte el domingo se pasa demasiado rápido y ya estoy rumbo al instituto cuando me doy cuenta que tengo que arreglarlo.
Quizá hablar con el, pedirle perdón, explicarle que fueron las estúpidas hormonas adolescentes. No lo se. No podre ocultarme para siempre.
Como siempre, mientras peor son las cosas, mas rápido pasa el tiempo.
Mas tardo en vestirme cuando ya es hora de la clase de matemáticas.
Me debato entre entrar o no entrar, pero al finalizar mi clase de español Casandra me intercepta en el pasillo y me obliga a entrar a clases.
La clase pasa de lo mas normal posible.
El profesor Hemsworth no me presta tanta atención, justo como antes, me mira a los ojos, me hace participar, pero es igual que en las clases anteriores. Es como si nada hubiera pasado, como si el sábado por la noche hubiera sido normal.
Me siento mas tranquilo y relajado, podemos hacer que no paso nada, si. Eso haremos y todo seguirá como antes.
El timbre suena y soy el primero en tratar de salir del aula.
-Señor Hawthorne. –Me llama-. Necesito hablar con usted, ¿Puede ir a mi despacho a la hora que termine las clases?
-Por supuesto –le digo sin mirarlo a los ojos.
Nadie dice nada, ni siquiera notaron que me habló.
Ni siquiera Casandra pregunta algo, se la pasa hablando de su exhibición del sábado.
Pasan tres clases como un rayo.
De pronto estoy frente a la puerta de la oficina del profesor Hemsworth.
-Adelante –me dice cuando toco la puerta.
Entro y su mirada se ilumina.
Siento como si me sonrojara.
-Gale… -dice cuando se pone de pie y sale de detrás de su escritorio-. ¿Sabias que es de mala educación besar a alguien y después salir corriendo? –no respondo y bajo la mirada-. Y más si has dejado con ganas de más…
Sus palabras hacen que mi corazón se altere y levanto mi vista para mirarlo.
-¿Por qué me besaste, Gale? –me pregunta mientras se acerca a mi y toma mi mano.
Su tacto es cálido y suave.
-Perdón –le digo sin poder hablar y bajo la mirada.
-Estuvo mal –murmura y agacho aun más la mirada. Con su mano libre levanta mi barbilla y me obliga a mirarlo-. ¿Qué me hiciste? –Susurra y no comprendo a que se refiere-. Estuve a punto de llamarte, a punto de ir a tu casa, me contuve un montón de veces para no hacerlo, por que esto no esta bien…
-No entiendo… -logro decir.
-Me gustas –dice con firmeza-. Me gustas demasiado y eso no es correcto.
No digo nada. Dentro de mí hay una parte, grande, que salta de emoción por lo que acaba de decir, pero por fuera estoy frio como el hielo.
-¿Te gusto? –me pregunta, y después de ver su hermosa mirada y sus rasgos masculinos y hermosos se que es imposible que alguien responda negativamente a esa pregunta.
Asiento ligeramente.
-Si…
-Esto esta mal –se aleja-. No puedo ofrecerte nada, Gale. Eres mi alumno, soy tu profesor. Eres menor de edad. Puedo meterte en problemas…
-No me importa. –digo con mas firmeza de la que me esperaba.
Resopla y sonríe.
-¿Qué tanto te gusto?
Me acerco al, lo suficiente para poder sentir su calor.
-Lo suficiente –respondo y levanto un poco mi cabeza para poder juntar nuestros labios.
Al inicio es solo un rose, nuestro tejido sensible se rosa ligeramente mientras sentimos nuestro aliento. Después lentamente mi labio se acopla al suyo y la sensación es exquisita.
-No vas a ser completamente feliz conmigo –murmura entre mis labios-. No podemos estar libremente. No puedo ofrecerte una relación normal. Deberías buscar a alguien más…
-No quiero a alguien mas, profesor. Lo quiero a usted –al hablar mis labios rosan los suyos y al instante el esta besándome. Besándome de verdad. Lentamente y con seguridad.
Sus manos fuertes sujetan mi cintura y me acercan a el y jadeo.
-¿Qué me hiciste, muchacho? –me pregunta con una sonrisa.
No se que responder.
Sonrió y un segundo después estoy entre sus brazos. ME sujeta con fuerza entre su cuerpo, presionando su pecho contra el mío.
Me aparta y sujeta mi rostro entre sus manos.
Une nuestros labios en un instante que hace que mis piernas tiemblen y después se aparta para recargar su frente en la mía.
-Es muy peligroso esto. ¿Estas dispuesto? No te voy a obligar a nada. Tienes derecho a ser feliz con alguien que te de lo que yo no podre darte...
-No quiero nada más. Por favor, no lo pienses.
-Bien –me besa nuevamente y se escuchan dos golpes en la puerta.
Ambos nos exaltamos y nos separamos casi de un brinco.
-Adelante –grita Chris con total naturalidad.
-Profesor Hemsworth… -dice una maestra desde la puerta-. Oh, no sabia que estaba ocupado…
-No, no. Adelante, el joven ya se va a retirar.
Asiento y me despido.
-Te encargo el trabajo –dice Chris antes de que yo salga y solo me atrevo a asentir.
Cuando camino por los pasillos estoy ausente. No se que va a pasar, no se como logro pasar esto. Solo se que es todo lo que yo me hubiera imaginado, incluso mas.
Los días comienzan a pasar sin nada interesante, excepto por las tardes.
Todos los días, a las seis y media me veo con Chris en su departamento. Es solo una hora, por que a las siete y media tengo que estar en mi casa.
Puede ser frustrante, tal y como el lo decía siempre que yo me iba. Pero era hermoso.
Acostados en su sofá, tomados de la mano, comiendo juntos, mirando la televisión, conociéndonos.
Eh aprendido tanto de el. El sabe tanto de mí ahora.
Es magnifico. Tenerlo para mí es maravilloso. Sus grandes brazos, sus piernas torneadas, su pecho inflado. Su rostro hermoso. Todo es mío.
Besarlo es un placer, sabe como hacer que yo caiga entre sus brazos con tanta facilidad. Nunca ah pasado nada más que nuestros besos, aunque últimamente todo se estaba subiendo de tono y ninguno de los dos podía evitarlo.
El ultimo día que lo vi incluso pude tocar un poco de su espalda desnuda. Pero el se resistía, decía que yo era muy joven para eso. Que no podía hacerme caer en eso.
Pero sabía que lo excitaba, que lo debilitaba. Chris siempre se mantenía al margen, no me dejaba avanzar mucho, pero podía sentir su temblor en sus dedos, incluso esta última vez pude sentir su erección bajo sus pantalones.
Eso solo me hacia querer mas. Deseaba poder tenerlo todo por completo.
-Por favor, no –murmura mientras beso su cuello.
-¿Por qué no? –me quejo mientras me apoyo en la pared.
-En primer lugar, me estas calentando demasiado –sonríe-. Segundo lugar, estamos en un baño publico y temo que no pueda parar y alguien entre. Y en tercer lugar, esto es privado.
Sujeta mi mano que esta a un lado de su pierna y la lleva directo a su erección. Es mucho más de lo que nunca me había dejado tocar.
-Vamos, salgamos, joven pervertido. –Me da un beso en los labios y salimos de los baños del restaurant.
Esperamos nuestra comida y después comemos, todo se siente tan fuera de lugar después de lo que pasó hace un momento.
-¿Por qué no te quedas a dormir en mi casa? –me dice después de que le cuente sobre el viaje largo de mis padres esta semana.
-No lo se, no me lo habías pedido.
-Quédate –me pide mientras se acerca un poco mas a la mesa.
Estamos en público, y somos muy cuidadosos con eso, siempre.
-Solo necesito ir por cosas a mi casa…
-Te presto ropa, mañana no hay clases, vámonos ahorita, veamos unas películas… me gustaría dormir contigo.
Mi respiración se corta.
-No de esa forma –sonríe y baja la mirada mientras niega con la cabeza-. Tenerte entre mis brazos y dormir. Dormir de verdad, te eh dicho que aun eres muy joven…
-Tengo diecisiete –me quejo.
-La edad suficiente para hacer cosas estúpidas y después arrepentirme.
-Prefiero arrepentirme de haberlo hecho que arrepentirme de no haberlo hecho cuando tuve la oportunidad.
Me mira fijamente y sonríe.
-Anda, vámonos y cállate.
Nos levantamos de la mesa y salimos del restaurant.
Conduce a toda velocidad hasta su casa y cuando llegamos nos tiramos los dos en el sofá.
-Es una película hermosa –me dice cuando aun están los créditos iníciales.
Su sofá es cómodo, pero es aun más cómodo su pecho.
-No me cuentes nada, deja que yo lo descubra.
Es una película del cine independiente, una historia muy bonita de una pareja adolecente y como enfrentan sus problemas.
Para cuando termina la película tengo los estúpidos ojos llorosos.
-¿Te gustó? –me pregunta mientras me estrecha ligeramente hacia el.
-Si –contesto-. Sobre todo por la compañía.
Recargo la cabeza en su pecho.
-Deberíamos cenar algo –dice mientras se mueve para ponerse de pie.
Me levanto para que pueda levantarse y pierdo el equilibrio ligeramente.
-¿Qué quieres de cenar?
-No tengo hambre –le murmuro mientras lo veo levantarse, su camisa esta desabrochada y arrugada, su cabello esta despeinado y su rostro rojizo-. No de ese tipo de hambre.
Sonríe y se acerca a mí, juntando sus labios a los míos.
Siento su cuerpo duro y suave contra el mío, sus manos firmes en mi espalda, mientras las mías tiemblan en su cintura.
-Por favor, no ahora –murmura entre mis labios.
-Dime que no quieres hacerlo.
Se queda callado.
-Por favor…
-Por favor –ruego yo-. Por favor.
Se aparta de mí un poco y me mira a los ojos.
-A la mierda –murmura con coraje y toma mi rostro entre sus manos y comienza a besarme, a besarme de verdad. Sus brazos agiles me elevan en el aire y me tira en el sofá.
No logro sentir nada más que su cuerpo pesado sobre el mío.
Comienza a acariciar mis muslos y siento que estoy perdiendo todo de mí.
Bajo mis palmas esta una franja de piel desnuda entre su pantalón y su camisa.
Lentamente comienzo a introducir mis manos bajo su camisa. Su piel es suave y cálida.
Gira lentamente hasta que caemos al suelo, su cuerpo bajo el mío.
Me siento sobre su pubis y sonrió al sentir su erección bajo mis glúteos.
Quito mi camisa y el toca mi abdomen antes de atraer mi rostro al suyo.
Sus labios se mueven rápido entre los míos mientras comienzo a desabrochar su camisa exageradamente apretada sobre sus músculos.
Con un rápido movimiento su torso queda desnudo bajo el mío y quiero tocarlo todo, quiero sentir su piel por completo bajo la mía. Su sudor humedeciendo mi piel.
Acaricio su pecho y aprieto sus pectorales con mi mano derecha.
Bajo lentamente hasta lograr acariciar su miembro erecto con mi mano. Es enorme, apenas puedo sujetarlo.
Gime entre mis besos y gira su cuerpo hasta colocarlo sobre el mío.
Sin poder resistirse más sus manos sujetan el elástico de mi short y lo retiran por completo, junto con mi ropa interior.
Gimo cuando mi miembro queda sobre su abdomen y cuando sus manos acarician mis muslos desnudos.
-¿Estas completamente seguro de esto? –me pregunta y no le respondo.
No puedo responderle, no puedo hablar, no ahora.
Comienzo a desabrochar su pantalón y trato de quitárselo pero no soy tan ágil como el.
Bajo lentamente, besando su pecho y su abdomen, sujeto su pantalón junto con su ropa interior y bajo lentamente deleitándome la mirada.
Su abdomen es marcado y los músculos se extienden hasta el tallo de su erección.
Cuando queda al descubierto siento una gran excitación.
Es enorme, realmente enorme. Gruesa y larga, adornada con venas azules y verdes y un glande rosado y perfecto.
Quiero tenerlo, quiero tenerlo dentro de mí.
Sin pensarlo dos veces tomo su erección entre mis manos y lo acerco a mis labios, saboreando la gran masa cálida y suave.
Comienza a salir un fluido salado de dentro de el y succiono lentamente.
Me toma de los hombros y me obliga a regresar a sus labios.
Su erección queda justo bajo la mía.
-¿Estas seguro? –vuelve a preguntarme
Y vuelvo a quedarme mudo.
Solo quiero ser de el, es lo único que me importa.
Así que cuando comienza a entrar en mi trato de soportarlo todo. El dolor es impresionante, pero se que después vendrá el placer, y así es. Es placer, placer no solo por el deseo carnal, si no por lo que siento con este hombre.
Su rostro sudoroso y rojo es realmente encantador, en varias ocasiones sus labios se aprietan, o los muerde o simplemente los deja entreabiertos mientras da ligeras embestidas dentro de mí. Las venas de su cuello están saltadas y sus brazos fuertes y musculosos están tensos apoyándose en el suelo. Mis quedaras están a la altura de su pubis.
Es tan intenso lo que siento que al momento en que llego al orgasmo incluso siento que me voy de mi cuerpo, que me despego e incluso me desmayo. No me daba cuenta de los sonidos que salían de mi garganta y eso éxito a Chris, que término unos segundos después de mí, enrojeciendo aun más y elevando su mirada al techo.
Sale de dentro de mi para besarme y acomodarme sobre el.
Ahí nos quedamos unos minutos disfrutando el uno del otro.
Después tomamos una ducha y nos tiramos en su cama, desnudos, disfrutando de nuestro calor corporal.
Al día siguiente no quiero hacer nada mas que estar con el, en la cama, en el baño, en la cocina. Es increíble la capacidad que tiene para complacerme, para complacernos el uno al otro.
Los días pasan rápido cuando el tiempo es malo, pero también pasan rápido cuando todo es demasiado bueno.
Estoy en una etapa en mi vida que nunca me había imaginado, que jamás pensé que fuera posible.
El hombre que esta a mi lado es maravilloso, es hermoso y su forma de ser es perfecta.
Jamás me canso de el, jamás me canso de Chris. Siempre quiero más. Siempre queremos más.
Después de varias semanas las cosas comienzan a tensarse, Chris ya no es el mismo, algo esta pasando y no quiero que se me salga de las manos.
-Tenemos que hablar –me dice un día cuando llego a su departamento.
-¿Qué pasa? –le pregunto con preocupación.
-Gale, esto no esta funcionando –no logro comprenderlo-. Estoy comenzando a sentir cosas que no debería sentir. Gale… quiero que terminemos lo nuestro.
El aire salió de mi cuerpo y no volvió a entrar. Mi corazón dio un par de latidos y después dejo de funcionar.
-¿Qué dices? –le pregunto atónico.
-Es maravilloso el tiempo que hemos pasado juntos –sus ojos demuestran algo diferente, algo diferente a su semblante-. Pero ya no podemos hacerlo más.
-Ya lo hemos hablado, por favor. No me hagas esto.
-Gale, por favor. Entiéndelo –sujeta mis hombros-. Quiero terminar esto. Quiero que me dejes en paz. –sus palabras me duelen, me destrozan por completo y comienzan a abrir un agujero en mi pecho.
-¿No me quieres? –le pregunto.
Desvía la mirada.
-¡Dímelo! –Grito-. ¡Dímelo, maldita sea! ¡Mírame a los ojos y dime que no me quieres!
-Gale, por favor –dice y su labio inferior tiembla. Es entonces cuando me doy cuenta que yo estoy llorando-. No puedo darte lo que necesitas
-¡Lo único que necesito es estar contigo!
-¡¿Cómo?! –Grita-. ¡¿Aquí?! ¡¿En mi departamento?! ¡Esto ya no puede seguir así, Gale! ¡No te lo mereces! ¡No podemos salir juntos como una pareja! ¡¿Cómo me quieres?! ¡¿En mi departamento?! ¡¿En algún baño publico?! ¡Esto no es vida!
-¡No me importa! –le grito también-. ¡No me importa nada! ¡Solo quiero estar contigo!
-No Gale. Por favor. Vete.
-¡Chris! –no puedo creer que esto este pasando de verdad. No después de todo.
-¡Gale vete! –Me mira a los ojos, esta furioso-. No te quiero. ¿Eso querías? No te quiero. Es la verdad –su mirada sigue fija en mi-. Eres demasiado joven, el tiempo curara esto. Me olvidaras. Estoy buscando algo mas serio…
-No me importa nada sin ti. Puedo dejar la escuela, seré tuyo para siempre, puedo formalizar esto…
-No. ¿No me entiendes? –Desvía la mirada y después vuelve a mí-. Vete por favor.
Con un coraje interno y una desesperación intensa salgo prácticamente corriendo de su departamento y azoto la puerta.
Parece increíble todo lo que puede cambiar tu vida en cuestión de segundos.
Es como un mal sueño, así que cuando llego a mi cama solo deseo despertar y que todo siga como antes.
El día siguiente pinta para ser mejor. Siento que todo tiene solución, ya no siento la pesadez del día anterior. Se ahora, que todo problema puede solucionarse.
Llego con ánimos a la escuela, ánimos por que se que tengo una oportunidad para arreglarlo todo.
Entonces todo se me viene abajo.
-¿Y el profesor Hemsworth? –Le pregunto a la señorita que esta detrás del escritorio de mi clase de matemáticas.
-Renuncio –me explica-. No dijo nada más. Yo seré la suplente…
No logro escuchar nada más.
Salgo del aula y conduzco con desesperación hacia su departamento.
Corro por los escalones incapaces de esperar el elevador.
Toco la puerta dos veces y unos segundos después alguien toca mi cintura.
-¿Eres Gale? –me pregunta un niño.
Asiento y vuelvo a golpear la puerta.
-Chris dijo que te entregara esto.
Extiende un papel blanco.
-¿Dijo algo mas? –le pregunto.
Niega y sale corriendo.
Giro la manilla de la puerta y me doy cuenta que esta abierta.
No hay nadie, esta vacía.
Vacía completamente.
Vacía como mi cuerpo en este momento.
Abro la carta y comienzo a leer.
Gale, cuando te dije que no te quería, era verdad. A estas alturas yo ya no te quiero, logre amarte. Logre sentir amor. Me enamore de ti y eso es peligroso. Gale, no te merecías el futuro que yo te iba a dar. No te merecías nada de eso, no te mereces a alguien como yo. Eres una persona maravillosa, prométeme que serás feliz. Prométeme que no me olvidaras nunca.
Te extrañare, ya eras una parte de mi. Te amo.
Y la carta termina.
Es lo ultimo que sabré de el. Lo se. Lo siento. Lo siente mi corazón. Lo siente mi cuerpo.
No puedo contra esto, es demasiado.
Recargo mi espalda contra la pared y termino sentado en el suelo con el rostro entre las rodillas.
Chris, yo también te amo.
Hola chicos! como estan? les gusto el capitulo? En este capitulo me base mas en explicar un poco de lo que fue la vida de Gale antes de Peeta, se supone que el capitulo no terminaria aqui, pero aun me falta mucho por escribir y queria que tubieran algo que leer mientras termino la otra parte que me falta, espero les guste y espero leer su opinion.
Muchas gracias a los que me han escrito, de verdad, no saben el animo que me dan para continuar! Gracias por leerme, actualizare pronto:3
Dejenme un sexy review :3 por favor c:
