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Dulce Tentación.

Capítulo IV: Señales.

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Prácticamente ver a Sakata Gintoki llegar temprano era todo un evento, tan inusual como eclipse y a la vez una luna roja, siendo ese el tercer día corrido que se le veía puntual. Firmó su entrada 7:48 a.m. un hecho bastante inusual para cualquiera que lo conociera. Ignorando las burlas de sus colegas presentes, tomó el camino al salón con el que les correspondía la primera clase "3° Z".

Como era de esperar no se veía ni una sola alma en el aula, tomó asiento en su escritorio antes de sacar unas cuantas hojas del portafolio. Sonrió con malicia, viendo el examen sorpresa con solo seis preguntas, estaba molesto y se desquitaría con ellos, por su culpa tuvo una larga noche de insomnio.

A las 7:53 a.m. Desvió su mirada a la puerta, la abrieron con fuerza, acompañada de unas voces familiares.

—China ¿Qué intentabas, un beso de la muerte? —preguntó, con un deje de diversión.

—Cállate bastardo —contestó cansada, sus ojeras delataban que se había desvelado gran parte de la noche.

Sougo tenía otros planes, no la dejaría ir tan fácil está vez, y también satisfacía su lado sádico imaginando su reacción. Sujeto la muñeca de la pelirroja, iniciando un forcejeo y el juego de fondo. En una fracción de segundo, estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro…

—¡A SUS ASIENTOS! —gritó, un muy irritado permanentado.

Inconscientemente cada uno tomo distancia del otro, ninguno se había percatado de la presencia del profesor, ni los pocos metros que los separaban.

Kagura normalmente hubiera pateado las bolas al sádico por tal atrevimiento, pero si podía hacer enojar al tipo de permanente natural, lo dejaría pasar. Sougo por su parte se veía tranquilo aunque en su interior había una bestia sedienta de sangre, era la segunda vez que los interrumpía en menos de veinticuatro horas.

—Todavía no son las ocho —respondió el joven, con la única intención de molestar.

Hijikata y Yamazaki, entraron entre risas al salón hasta que sintieron la tensión en el ambiente. No era raro que Kagura y Sougo estuvieran peleados, algo muy distinto era ver a Sakata Gintoki con el ceño fruncido. Hasta ahora solo conocían dos facetas de su profesor: la despreocupada y la divertida. Los recién llegados tragaron pesado al recibir la mirada del mayor, en silencio fueron a sus lugares esperando que inicien las clases.

"Anoche no le toco" fue un susurro disimulado que logro escucharse con toda claridad desde el fondo de la sala. Los ojos de pez muerto estaban despiertos y desafiantes, el osado muchacho que se atrevió a pronunciar esas palabras tembló en su silla al ver a maestro ir directamente a su persona. Con un bolígrafo rojo marco "-2" en la prueba. Con una sonrisa satisfactoria, regreso a su escritorio, esperando que alguno más abriera la boca.

Kagura, tras leer las preguntas lo único que deseaba era asesinarlo. Apretó con fuerza su lápiz reprimiendo la ira, las respuestas que pedía eran demasiado específicas, la única forma de obtener el puntaje ideal, era copiándolo directamente de sus apuntes; cerró los ojos, dejando escapar un suspiro, necesitaba calmarse. Sus orbes azules examinaron a sus compañeros, lucían tan aproblemados como ella. Cometió el error fue cruzar e intercambiar una mirada con el veinteañero, quien sonreía con arrogancia, burlándose de todos sus alumnos.

Gintoki les dio veinte minutos para resolver el examen, pasado el límite de tiempo y cuando todas las hojas regresaran a sus manos. Las corrigió en conjunto con sus alumnos, ellos daban algunas respuestas, él las complementaba aclarando así sus dudas. Al final de la clase, comentó que sería una nota acumulativa ya que no quería perjudicarlos, en pocas palabras trataba de lavarse las manos para que los muchachos fuesen a quejarse con la directora.

La jornada escolar terminó, no espero nada, ni a nadie para firmar su salida y retirarse. Dejando de lado, el hecho que ese día de la semana hubiera atención de padres y alumnos.

Al llegar a su departamento, observo la ropa sucia que hacía un buen trabajo como alfombra, envoltorios vacíos de comida, muebles empolvados. Un maldito desastre que decidió ignorar. Se desplomó en el sofá, con el control remoto en la mano, no le dio mayor importancia a lo que estuviera sintonizando la televisión, de otra manera ni loco se quedaría viendo el canal de instrucciones de TV Cable. Lo único que necesitaba era ruido.

Con la mirada en el techo, buscaba alguna mancha de humedad o algún rastro de "lo-que-sea", que le ayudara a olvidar esos preciosos orbes azules. Realmente se sentía más estúpido de lo normal, no entendía muy bien porque le daba tantas vueltas al asunto. Ella era de una de sus alumnas, el su profesor y Okita un chico de la misma edad de Kagura. Resultaba bastante obvio ver quien sobraba en ese cuadro.

—No debería importarme… —se dijo, dándose una palmada en la frente. Recordando como el día anterior ella lo miro casi desafiándolo antes de besar al muchacho.

Dejó escapar un suspiro, se dirigió al refrigerador, tenía tres opciones para recargar su dosis diaria de azúcar. Un pastelillo de fresas, helado de chocolate y la infaltable leche de fresa.

Miro con atención el pastelillo, era como el que recibió de Kagura hace unos días, reprochándose así mismo por recordar ese detalle, decidió tomar el helado y echarse nuevamente en el sofá para ver algo de televisión.

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Transcurrieron dos semanas desde que vio a sus dos problemáticos alumnos besarse, no es que le diera demasiada importancia, de hecho comenzaba a ignorar todo lo relacionado con ellos. Su consejo "Vayan a sacarse las ganas al baño o detrás de un callejón y terminen con sus tonterías de adolescentes tsundere" Dio resultado, de alguna retorcida manera el Sádico y la China pudieron entenderse o eso creía; rara vez lo llamaban porque los chicos tuvieran algún tipo de encontrón. Gracias a ello podía irse directamente a casa.

La paz le caía como anillo al dedo, siendo el flojo hecho y derecho que era, agradecía no tener que hacer trabajo extra.

El último bloque de la mañana termino, dando inicio al receso para el almuerzo. Al levantarse mucho más tarde de lo habitual, no tuvo tiempo de guardar las sobras de la noche anterior. En la cafetería, compró dos panecillos dulces y una gaseosa enlatada. Guardo su comida en los bolsillos de su bata, comería a solas ya que también se le antojaba un cigarrillo.

Se dirigió hasta la azotea con suma precaución para que nadie lo viera, estaba demás decir que fumar en el edificio estaba prohibido, tanto como para alumnos, educadores, y personal administrativo interno.

Gintoki cerró la puerta a sus espaldas, dejó escapar un suspiro. Llego sin problemas, pero la paz desapareció enseguida al mirar hacia su costado derecho, encontrándose con uno de sus estudiantes con las manos en la masa o dicho de otra forma —con el cigarillo entre los labios—, el joven miro a todos lados buscando una excusa pero finalmente se rindió. Hijikata estaba de cuclillas con la espalda apegada a la pared, sujetando el tabaco entre sus dedos. El permanentado alzó una ceja esperando alguna clase de respuesta a lo que el muchacho se encogió de hombros.

—Sigo esperando por un: ¡No es lo que parece! —cortó el silencio, masajeando su hombro izquierdo.

—No tiene sentido si me viste ¿cuál va ser el castigo?

—No tiene sentido si lo pides —acuclillándose a su lado, extendió la mano pidiéndole un cigarro—. ¿Qué te paso en el ojo? —preguntó, al no poder ignorar el leve derrame ocular ni mucho menos el llamativo moretón en su pómulo derecho.

—Terminó la clase de deportes, me tomaba un refresco y Sougo bateó —exhaló el humo— da igual, no me sorprende.

—¿Qué le hiciste para ser el blanco de su sadismo? o ¿psicopatía? o ¿ambas?

—Salgo con su hermana —contestó con sencillez.

—Hijikata, si te acuestas con su hermana, no puedes esperar menos de un sádico —soltó con tono burlón y mirada inquisidora— ¿En qué grado está?

—¡No dije eso! —alzó la voz ruborizado— en primer año de humanidades.

—No sabía que Okita tuviera complejo de hermana. Ni me imaginaba que te gustaban las mujeres mayores ¿Las madres también? —preguntó, con falsa sorpresa.

—¿¡Por qué clase de enfermo me tomas!? —irritado, le dio una calada a su cigarrillo, no quería ser imprudente con las palabras— eres un profesor, pórtate como uno.

—¿Quieres otro examen sorpresa? —el morocho movió la cabeza en clara negación— por cierto, si alguien se entera que te encontré fumando, y que además de dejarlo pasar te acompañe, me van a colgar. Así que guarda el secreto.

—No soy estúpido, si tú caes yo también.

—Mayora ¿Quieres por favor no hacerlo sonar a romance? Da miedo.

El muchacho de cabello oscuro chasqueó la lengua con desagrado por la idiotez del mayor. Toushirou tras terminar su cigarrillo se marchó de inmediato.

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Antes que la campana anunciara el inicio de las clases de la tarde. Gintoki, fue a la sala de profesores a recoger los exámenes que les haría a los chicos de 3° G. Mientras caminaba por el pasillo leyendo las preguntas, no se percató que delante de él venía una pelirroja con la mirada en la pantalla de su móvil. Inevitablemente ambos chocaron, sujeto por los hombros a la chica evitando que se lastimara, pero dejó caer la carpeta con las pruebas.

Quedo embobado con el deslumbrante azul de sus ojos que se contrastaba a la perfección con su nívea piel.

Se miraron fijamente por unos segundos, el permanentado al notar que aun la sujetaba, tomó distancia recobrando la compostura.

—Lo siento —pudo decir finalmente, agachándose a recoger las hojas.

—Da igual —dijo desinteresada.

Kagura se dio media vuelta, con las mejillas sonrosadas al punto que parecían luces navideñas, por unos momentos llegó a imaginar la suavidad de esos rizos naturales, y finalmente esos "ojos de pez muerto" la pusieron nerviosa como nadie lo había hecho antes.


Hola! Muchas gracias por sus reviews y se me olvidó mencionar algo medio importante (creo) en los capítulos anteriores. El fic está inspirado en la canción: Cómplice eterno, Glup. Deberían escucharla si es que les llama la atención, es muy ñlkjgfsdfghkl y le queda perfecta a este par :)

Espero que el capítulo haya sido de su agrado y fue corto porque no puedo estar mucho rato frente al note. Mis 21 años de mala postura al fin dieron sus horribles frutos :'(

No se olviden de comentar…