Vacaciones de 15


Bella POV:

Al finalizar la escuela, hace cuatro años (entonces Alice, Edward y yo cumplimos quince años) nuestros padres nos obsequiaron un viaje con todo incluido a una hermosa villa propiedad de la familia de Carlisle, en Destin, Florida. Claro, éramos muy chicos para ir solos y nuestros padres no podían librarse de sus compromisos profesionales por lo que el grandulón de Emmett, que ya contaba con dieciocho años fue con nosotros, en calidad de adulto responsable. Además la villa estaba a cargo de unos viejos amigos de Carlisle que al fin y al cabo estarían pendientes de nosotros.

Evidentemente Emmett continuaba siendo nuestro guardaespaldas personal, y ahora era mucho más impresionante. Nuestro hermano mayor era fuerte, tan musculoso que parecía un verdadero levantador de pesas, de cabello oscuro y rizado, con ojos grises y vivaces. A pesar de esto, también era muy tierno con nosotras, un genial hermano mayor para Edward, y un eterno niño grande.

A pesar de no poder acompañarnos, nuestros padres no habían reparado en gastos: en el avión íbamos Alice y yo, en un asiento de la fastuosa primera clase, y frente a nosotras, con una mesita de café en medio, estaban Edward y Emmett, este último bromeando, qué novedad, sólo que su víctima no era yo como de costumbre, sino Edward.

Por otro lado en los últimos años Alice se había vuelto una compradora compulsiva, secundada, por supuesto, por las tarjetas de crédito que le ofrecieron sus padres. Y yo solía ser el maniquí de sus experimentos, poco importaba que me negara, pues esa pequeña manipuladora siempre sabía cómo convencerme. En esta ocasión, Alice no había permitido que llevara nada de equipaje, lo cual acepté secretamente agradecida pues no tenía ningún atuendo playero. En Forks no se necesitaba.

Cuando teníamos casi 45 minutos de vuelo, el capitán anunció que arribaríamos en breve. Al desembarcar, los chicos fueron por su equipaje y nosotras nos encontramos con el conductor, quien nos dio la bienvenida con una radiante sonrisa, su nombre era Ryan, un hombre de mediana edad, tez morena, ojos y cabellos negros, de un gran sentido del humor y notable simpatía, él y su mujer Vivian nos atenderían durante nuestra estadía.

—Espero que hayan tenido un buen viaje, señorita Cullen — Su aspecto era de deportista complementado con una radiante sonrisa y lucía un saludable bronceado, debía tener alrededor de 35 años.

—Todo nos fue bien, Ryan. Los chicos fueron por el equipaje, si quieres podemos adelantarnos al auto. Ellos nos alcanzarán. Por cierto, te presento a Bella Swan.

—Un placer, señorita Swan. Mi nombre es Ryan, seré su anfitrión durante su estadía en Villa Meraviglia.

—Gracias, Ryan. Me gustaría mucho que me llamaras por mi nombre de pila: Bella.

—Genial, será un placer. Aquí vienen los chicos. Vamos al coche.

Llegamos a la villa en cuestión de media hora, la misma contaba con las comodidades propias de un hotel, Ryan y Vivian vivían allí y se encargaban de administrar y cuidar la propiedad, también habían contratado a una cocinera: Maggie, que nos deleitaría con deliciosos platos locales.

La casa era preciosa, de color rosa y con forma de "L", con diversos arcos, terrazas, una espectacular piscina, y abundante vegetación por doquier que le proporcionaban frescor y sombra. Había cuatro dormitorios, cada uno con su propio cuarto de baño, además de una estancia que era salón y comedor, dividida por un arco.

—Cierra la boca, enana —terció Emmett al ver mi asombro ante tanta belleza.

—Déjala tranquila. Bella, siéntete como en casa —me indicó Edward con una radiante sonrisa.

—No hay tiempo para eso, Bella. Debemos salir de compras, ¡ya mismo!

—¡Alice, por favor! ¡No exageres!

—¿Cómo vamos a disfrutar de la casa sin la ropa apropiada? Te recuerdo que tampoco yo traje equipaje.

Extrañamente los chicos Cullen desaparecieron, y quede a merced de mi querida, pero alocada amiga. Ryan, quien había contemplado la escena con curiosidad y su perenne sonrisa, se alió con Alice y de inmediato se ofreció a llevarnos de compras.

Pasamos toda la tarde en un centro comercial comprando trajes de baños, shorts, vestidos, playeras, bermudas, sandalias, y demás, tanto para nosotras como para Edward y Emmett, incluso le llevamos obsequios a Maggie y a Vivian, a Ryan le compramos un reloj resistente al agua que podría usar cuando fuera a bucear y él se ofreció a enseñarnos.

Casi a las seis y media Alice decidió que aún no teníamos suficiente para las tres semanas que pasaríamos en Destin, pero que el viaje la había cansado, así que únicamente fuimos por protector solar y algunos productos para el cuidado del cabello.

El pobre Ryan, que nos había seguido por todos lados, ya no lucía su habitual sonrisa, estaba cansado, quizás más que yo, fue el primero en demostrar su alegría y alivio al conocer que la tarde de compras se había terminado. Yo particularmente dudaba que la próxima vez se mostrara tan entusiasmado con una tarde de compras con Alice Cullen.

Llegamos a la casa, los muchachos se encontraban en la piscina, y Maggie había preparado unos deliciosos Camarones a la creole, es decir, camarones preparados en una salsa de ají picante, cebolla, celery, pimienta, tomate, harina, vinagre y guisantes. Además de otras delicias del mar, así que en cuanto nos hubimos cambiado de ropa, pasamos al elegante comedor y disfrutamos de la cena, por último el postre era un mouse de parchita, igualmente delicioso.

Estábamos en el paraíso y las vacaciones apenas habían empezado.