Octavia no podía dejar de reírse. Por cuarta vez ese mes, ella y Lexa llegaban a la comisaria unos minutos después de que la fiscal Griffin se hubiese marchado. Desde que Lexa había decidido que tenía que disculparse con ella, ambas habían dejado de coincidir. Parecía que los hados querían jugar con ella.
-Te dije que sería mucho mejor que la llamases por teléfono. Pero claro, como la niña no es cabezota, pues aquí seguimos sin que hayas podido hablar con ella- Lexa decidió ignorar a su compañera. Recogió sus cosas y caminó hacia el ascensor- LExa, joder—Octavia se ponía en pie e iba tras su compañera- Yo no tengo la culpa, así que no lo pagues conmigo.
Ya en el interior del ascensor Lexa se giró para mirar a su amiga- Vale, no tienes la culpa. Esa es toda mía, pero sí podrías dejar de descojonarte.
-Tienes razón, lo siento- Las puertas del ascensor se abrieron justo en el momento en el que Octavia abrazaba a su amiga.
-Vaya, ¿debo preocuparme? – Ambas se separaron y Octavia se lanzó a los brazos de Lincoln.
-¿Habíamos quedado aquí? – Lincoln negó.
-Vengo a terminar una investigación en robos. Debería haber venido Clarke pero su vuelo llega retrasado- Lexa se tensó al escuchar el nombre de la fiscal.
-¿No está en la ciudad?- Octavia sonrió pero no abrió la boca.
-No, ha tenido que ir a Chicago por asuntos personales – Contestó mirando a Lexa- ¿Sigue en pie lo de la cena de mañana? – Esta vez habló mirando a Octavia, la cual respondió de forma afirmativa- Se lo cuantas tú a LExa, llego tarde.
Mientras ambas caminaban hasta el parquin donde dejaban sus coches, O le iba contando a su amiga el plan. Lincoln quería estrenar su casa con una cena, en donde estuviesen sus amigos y los de Octavia.
-¿No se suponía que no eras novios? – Esta vez fue Lexa la que no desaprovechó la oportunidad de meterse con su amiga.
-Amigos de ambos – Lexa se paró en seco- Así que mañana podrás disculparte con la fiscal.
El día pasó con mucha lentitud. Lexa se subía por las paredes. El que no hubiese un solo caso nuevo no ayudaba a que las horas pasasen con rapidez.
De los nervios es como se encontraba la detective. Llevaba no menos de diez minutos intentando decidir que ropa se pondría para la cena. No hacía otra cosa que repetirse que era algo informal. Dejó caer la toalla que aún llevaba tras la ducha, abrió el cajón de la ropa interior, y tomó un pequeño tanga negro, se colocó, y tomó un sujetador a juego, negro con encaje. Por fin se decidió. Unos veinte minutos después, salía de su casa. Había decidido ir sin maquillaje. Caminaba enfundada en sus vaqueros pitillo negros, el top de tirantes negros se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, por encima de él llevaba su vieja cazadora de cuero. La melena suelta, taconazos fue lo que se puso ese día, unas botas por encima de la rodilla con tacón de 12 centímetros.
Octavia fue la que abrió la puerta –La madre que te parió, tú quieres que a la fiscal le de algo- Lexa rio, parecía que el efecto que buscaba estaba casi seguro. En la casa de Lincoln estaba ya casi todos- Aun no ha llegado- Le dijo a su amiga al ver como la buscaba con la mirada- Dame la cazadora que la deje en el armario.
El timbre de la puerta sonó, y Lexa se tensó de inmediato. Indra, Raven y Octavia la miraron y sonrieron. Esta vez fue Lincoln el que abrió la puerta- Si no tuviese novia – La risa de Clarke inundó toda la vivienda- Pasad- Lexa al escuchar el plural miró a Octavia que se encogió de hombros-Nyko ha llamado que no viene. Sigue en Los Ángeles.
Ante los ojos de Lexa aparece Clarke. La fiscal llevaba un recto vestido negro que se le pegaba al cuerpo, acompañado de un chal en color rojo y unos zapatos de tacón imposible.
-Buenas noches- Lexa continuaba mirando a la fiscal- Ella es Nylah, una amiga – Ante ellos aparecía una mujer rubia al igual que la fiscal, enfundada en unos ceñidísimos pantalones de cuero negro acompañados de una camisa también negra de escote pronunciado- Lexa miró a Octavia y ésta a Lincoln. Él no sabía dónde meterse.
Tras las presentaciones, tanto Indra como Raven intentaron llevarse a un lado a la amiguita de Clarke. Pero parecía del todo imposible. Lexa se preguntaba de dónde habría salido la tal Nylah, y sobre todo que grado de confianza tenían ambas mujeres para que la fiscal la llevase a una cena entre amigos.
La cena transcurrió entre risas, la verdad es que Lincoln era una persona muy especial. Con una sensibilidad que no aparentaba por su musculado cuerpo.
-Un día Clarke os tiene que enseñar sus cuadros- La aludida le lanzó su servilleta- Odia que le cuente a la gente que pinta, pero es que es buenísima.
-¿Pintas? – Lexa cerró los ojos y negó después de hacer la pregunta. Claro que pinta se dijo a sí misma, por eso lo de enseñar los cuadros.
-Sí, pero en contadas ocasiones- Se sorprendió cuando la fiscal le contestó- Antes lo hacía con más asiduidad, pero ahora sólo cuando quiero sacar todo lo que me voy guardando dentro.
-Cuando era pequeña siempre decía que de mayor sería una gran pintora- Todos, se preguntaron desde cuando se conocían ella y Lincoln.
-Pero al final, me decidí por el derecho- Por un segundo Lexa vio como se endurecía la mirada de la fiscal, pero cuando la volvió a mirar aquella dureza había desaparecido.
-Y ese cambio a qué se debió- Esta vez fue Nylah la que preguntó.
-La vida- fue la única respuesta que Clarke dio. Pero por el tono Lexa juraría que era algo de lo que no le gustaba hablar.
El teléfono de la acompañante de Clarke sonó, haciendo que se alejase un poco de la zona donde estaban todos para poder atender bien la llamada. Pocos minutos después regreso.
-Clarke, debo irme- La fiscal se puso en pie- Pero tú quédate, no quiero que te pierdas el estar con tu gente- Clarke intentó convencerla de que lo correcto sería que la acompañase- De verdad, quédate. Al final la fiscal cedió. Nylah se despidió de todos y fue acompañada hasta la puerta por Clarke- Mañana te llamo- Le dijo a la fiscal antes de besar su boca. Justo en ese instante Lexa clavó su mirada en ambas mujeres y sintió como algo se rompía por dentro.
El grupo de amigos continuó con su velada. En un momento dado Clarke vio como Lexa salía a la terraza de la vivienda y decidió ir tras ella.
-Hace una noche fantástica- La detective asintió abrazándose a sí misma- ¿Quieres mi chal?- Preguntó Clarke acercándose a ella, pero ésta negó- ¿Todo bien? Has estado muy callada toda la noche.
-Sí todo bien- Clarke sonrió levemente- ¿Qué? – Preguntó la morena al ver la sonrisa de la fiscal.
-Mientes muy mal. Tus ojos te delatan – Lexa la miró alzando una ceja- algo pasa porque están triste o apagados, como prefieras.
Durante algunos segundos el silencio se instauró entre ambas. Clarke miraba a la detective esperando que ésta se decidiese a hablar. Mientras Lexa intentaba ordenar sus ideas, para no liarla cuando hablase.
-Nada está saliendo como esperaba- Al fin decidió ir al grano y con ello sorprendió a Clarke que ante ese inicio de conversación no sabía a qué se refería la detective- Cuando supe de la cena, pensé que sería el momento perfecto para disculparme – Lexa se giró para quedar frente a frente con Clarke- Mi comportamiento, fue cuando menos absurdo. Lo siento.
-No tienes que disculparte por nada- Contestó Clarke quitando importancia a los desencuentros que habían sucedido entre ambas.
-Sí debo, me comporté como una idiota. Ambas mentimos aquella mañana- EN el interior de la casa, Octavia sujeto del brazo a su chico cuándo éste fue a salir a la terraza. Evitando así que alguien interrumpiese aquella conversación.
-Así es, ninguna pensó que nos volveríamos a ver y mucho menos que lo hiciésemos en el trabajo.
-Pero has venido acompañada- Su tono de voz sonó un poco más duro de lo que ella hubiese querido, ganándose con ello una mirada dura por parte de la fiscal- Que no me importa, claro.
-Claro porque soy libre de salir con quien quiera- Afirmó Clarke siendo ella ahora la que se ganó una mirada heladora por parte de Lexa.
-Al menos espero que podamos tener un trato cordial – Clarke asintió.
-¿Ya está? – La pregunta dejó un poco perdida a Lexa- ¿Eso es todo? Te disculpas por el comportamiento infantil, me reprochas que esté con alguien y terminas con que esperas que nos llevemos cordialmente- Lexa seguía perdida- Y para esto ¿has tardado un mes?- Lexa bufó y decidió que antes de contestar entraría en la casa- ¡Lexa! – escuchó como la fiscal la llamaba desde la terraza, pero decidió ignorarla.
-Si de verdad quieres arreglarlo será mejor que no te vayas ahora- El consejo vino de Lincoln- No te dará muchas más oportunidades – Lexa llenó dos copas de vino y regresó con ellas a la terraza.
-¿Por qué dejaste de pintar con asiduidad? – Clarke aceptó la copa que Lexa le ofrecía.
-Supongo que la vida hace que cambiemos. Hay momentos en los que te encuentras en un cruce de caminos y tienes que escoger.
-Y el camino te llevó por el mundo de las leyes- Lexa sonrió- Si hubieses sido pintora, no nos habríamos encontrado en el trabajo.
-A no ser que hubieses venido a detenerme o a interrogarme – Fue la contestación que la fiscal dio- Pero tienes razón, lo normal es que no nos hubiésemos encontrado después de aquella noche. ¿Hubieras preferido que sucediese así?
-Si me lo hubieses preguntado a la mañana siguiente la respuesta hubiese sido afirmativa- Contestó mirando directamente a los ojos de la fiscal. Y decidiendo ser del todo sincera- Pero luego, creo que la respuesta ya no habría sido tan clara. ¿Y tú?
-La mañana que nos reencontramos en la comisaria, le estaba diciendo a Lincoln que le pidiese tu teléfono a Octavia. No podía sacarte de mi cabeza, y debía averiguar la razón. Pero luego todo cambio- Ambas desviaron la mirada.
-¿Y si empezamos de cero? – Lexa se regañó por la tontería que había propuesto. Clarke la miró sonriendo.
-Nos olvidamos del sexo ¿también? – La pregunta llegó al mismo tiempo que Lexa daba un trago de su copa de vino, haciendo que se atragantase- Lo siento, lo siento – Decía Clarke acariciando la espalda de la detective- Lo decía porque es difícil que me olvide de ello.
-¿Nylah? –Preguntó Lexa cuando se recuperó.
-Es una amiga- La detective alzó una ceja- Vale, nos hemos acostado un par de veces, pero te aseguro que no ha sido nada serio.
-¿Qué tal si empezamos por un café? – Como respuesta Clarke le dejó un corto beso sobre sus labios.
