¡Hola! Gracias por pasar otra vez :)
ANUNCIO especialmente para aquellas SIN CUENTA en Fanfiction (RoseCaoba, Jenny, Maleja Twihard...) Recuerden que pueden buscarme en Facebook como "Alessa Fanfiction" (link en mi perfil) donde publico adelantos y aviso cada vez publico nuevos capítulos. También recuerden que aunque no tengan cuenta, igual pueden seguir dejando comentarios en el cuadrito blanco de abajo :D les agradezco.
2Do ANUNCIO: Quizás ya se dieron cuenta (si es así, que pena jaja), esta historia no esta siendo beteada. A mi me gusta trabajar con lectoras para que así no sea sólo un trabajo sino que disfruten. Si tienes dotes de beta, eres buena con ortografía y gramática, y quieres ayudarme, sería un gusto para mi trabajar contigo :D contáctame en un review.
Como obviamente saben, esta historia tampoco tiene una imagen propia. Si tienes dotes de diseñadora y tienes ideas para una imagen de "Amor O Algo Así" :D me encantaría recibir tu ayuda. Contáctame ;)
¡AHORA SI!
Esto es lo que yo llamo un Capítulo Raíz porque para entender el presente de una persona, también tenemos que conocer su pasado y el lugar de donde viene ;)
¡ENJOY!
El Amor... y Quienes Creí Conocer
EPOV
—¡Edward, hijo, ya está lista la torta!
—¡Ya voy mamá! —grité mientras corría emocionado desde el jardín hasta la cocina.
Apenas llegué, el olor a vainilla y la calidez del lugar invadió mis sentidos. Mi madre me esperaba con una gran sonrisa y el pastel en sus manos. Ese pastel con relleno de fresa y glaseado de crema era lo mejor que había conocido en mis nueve años de vida.
—Siéntate, voy a servirte un pedazo —ordenó dejando el postre en la esa y buscando platos.
Cuando terminó de servir mi rebanada y la suya, se sentó junto a mí y disfrutamos de mi plato favorito.
—A tu padre le encantará ver el pastel cuando llegue del trabajo —comentó alegremente.
Para ese punto ya había notado como mamá le gustaba abrazar y besar a papá todo el tiempo.
—Mamá, ¿por qué besas tanto a papá?
Ella soltó una carcajada que pronto cubrió con su mano.
—Porque yo amo a tu papá —respondió tranquila—. También te beso mucho a ti porque también te amo.
—¿Me amas más a mí? —pregunté nervioso por su respuesta.
—¡Claro que sí! Pero a tu papá lo amo distinto porque él no es mi hijo, es mi esposo.
Las palabras de mi mamá se repetían en mi cabeza y después de dar nuestros últimos bocados, hablé nuevamente:
—¿Yo tendré una esposa algún día?
Mi mamá abandonó su plato y su cuchara, se acuclilló ante mí, sostuvo mis mejillas entre sus manos y me miró fijamente a los ojos.
—Cuando seas grande, te vas a enamorar con todo el corazón.
Después de eso todo pareció volverse borroso, como si entrase en una bruma. Apenas podía ver el rostro de mi madre y distinguir sus labios moviéndose, pero lo único que escuchaba era una extraña melodía que se repetía una y otra vez.
Pestañeé con fuerza y en lugar de ver el rostro de mi madre y la casa donde crecí, vi el interior de mi habitación en el apartamento que compartía con Emmett. La molesta melodía continuaba sonando y me percaté de que era mi teléfono que descansaba en la mesa que estaba a mi lado.
—Aló —saludé aún más dormido que despierto.
—Edward, no me digas que acabas de despertarte.
—Mamá —suspiré y luego hice una mueca al recordar que mi mamá acostumbraba a llamarme los domingos a mediodía, lo que significaba que era bastante tarde (para ella).
—¡Ya te perdiste de la mitad del día! —exclamó ella— ¿Te sientes bien? ¿Cómo han estado tus cosas?
—Estoy bien, mamá, ¿y tú?
—Todo tranquilo, ya sabes que casi nada pasa en este pueblo.
Tuve que resistir la risa al escuchar eso porque no era nada raro en ella. Por sus palabras, cualquiera pensaría que vive en algún lugar recóndito y olvidado del planeta... cuando en realidad vivía en los suburbios a las afueras de la ciudad.
—Sabes que también puedes venir a la ciudad, ¿cierto?
—Tal vez te tome la palabra, escuché maravillas de un nuevo restaurante, "Mistro".
—¡Ah, sí! Bella y yo fuimos el viernes —comenté casualmente, aun estirándome un poco en mi cama para soltar la pereza.
—¿En serio? —cuestionó sonando realmente sorprendía.
Mi madre sabía sobre mi amistad con Bella, aunque nunca la había conocido. Ella sabía que solíamos salir de vez en cuando, así que no entendí el tono en su voz.
—Sí.
—Entonces... ¿Puedo suponer que ya estas mejor de todo lo que pasó con la insoportable de Irina?
Claro, debí imaginarme que eso vendría. Después de que Irina rompiera conmigo, pasé mucho tiempo alejado de todos y apenas iba a trabajar. Definitivamente lo último que quería era hablar o pensar en ella.
—No le digas así, mamá, sólo... olvídalo.
—Está bien —accedió—¬ ¿Puedes venir a cenar esta noche? Tu hermano dijo que tiene algo que hacer, así que le dije que te prestara su carro.
—Allí estaré, mamá —sonreí. Emmett detestaba prestarme su carro pero estas eran órdenes de arriba y pretendía disfrutarlo—. Emmett es tan suertudo al tener un auto, a veces quisiera pedirle que me lo preste, sólo para descansar de tanto autobús.
—¡Ay, hijo! No te preocupes, le recordaré que comparta contigo. Después de todo, ya están compartiendo gastos de apartamento.
¡Sí! ¡Punto para Cullen!
La tarde de domingo fue larga, calurosa y sin muchas eventualidades. Había quedado con mi mamá de estar allá a las 7. Eran sólo treinta minutos de viaje pero tenía que aprovechar mí tiempo así que a las 5:30 ya estaba listo. Le pedí las llaves a Emmett y prácticamente tuve que abrir los dedos de su mano con fuerza para poder lograr que las soltara.
Me tomé mi tiempo recorriendo la carretera y me atreví a rebasar un poco el límite de velocidad para bajar las ventanas y sentir el viento recorriendo mi cuerpo. No era un carro deportivo ni último modelo, era sólo un corsa de hace varios años, pero Emmett se había encargado de mantenerle un buen motor y andar en ese auto era excelente.
El tiempo se me hizo corto y llegué a casa de mis padres justo a tiempo. Estacioné y entré, como siempre, usando mis llaves.
—¡Mamá! ¡Papá! —grité caminando por la sala.
Escuché un ruido en el piso de arriba así que me encaminé hasta allá. Llamé nuevamente a mi mamá pero nadie respondía así que terminé cometiendo uno de los peores errores de mi vida... abrí la puerta de su habitación sin tocar antes. Allí, frente a mí, estaba mi madre en toda su desnudez, tal y como llegó al mundo.
—¡Edward! —Gritó.
Apenas vi que usaba sus brazos para ocultar su cuerpo porque cerré mis ojos de inmediato. Salí corriendo en dirección contraria, bajé las escaleras tan rápido que casi me caigo y sentí mis orejas (en realidad toda mi cara) caliente de vergüenza.
Me quedé en la sala haciendo lo posible por eliminar, borrar, incinerar esa imagen de mi cabeza. Finalmente escuché a mi madre aproximarse y, para mi sorpresa, estaba riendo a carcajadas.
—¡Oh, hijo! ¿Qué estabas haciendo allí?
—¡Estaba buscándote! Te llamé varias veces pero no respondías —expliqué exasperado por su reacción ante mi horror.
—¡Me estaba bañando! No te escuché llegar —continuó riendo.
—Oh, por Dios. Necesito echarle cloro a mi cerebro.
—¡Edward! Soy tu madre y soy una mujer, no es para tanto —rodó los ojos.
Claro. "No es para tanto".
—¿Dónde está papá? —pregunté una vez que me indicó que pasáramos a la cocina.
—Salió. No comerá con nosotros hoy.
—Oh.
Una vez que nos sentamos a la mesa para comer, hablamos de algunos detalles de su vida y la mía (además de darle la escasa información que tenía sobre la vida privada de mi hermano. Él no acostumbraba a compartir mucho conmigo).
—Entonces... ¿Todo está mejor en tu vida? —interrogó mi madre y noté que se esforzaba por sonar casual.
—Estoy bien, mamá —sonreí honestamente. Mi mente divagó ligeramente hacia la noche del viernes en la que al fin había hablado con Angela... y cuando Bella me mostró sus dotes de bartender.
—Bien, me alegra.
Después de comer, mi madre sacó una bandeja con mi plato favorito: su torta de vainilla.
—No me dijiste que harías pastel —comenté con entusiasmo mientras ella servía una rebanada para cada uno.
—Sé cuánto te gusta —dijo cálidamente—. Edward, hay algo que quiero decirte.
—Dime —repliqué de forma apenas entendible debido a que mi boca se encontraba llena en ese momento.
—Tu papá y yo... hemos tenido problemas. Estamos separados.
Tragué en seco, apenas logrando que la torta terminara de pasar por mi garganta.
—¿Qué? No puede ser, no entiendo...
—Son cosas que suceden, Edward...
—¡Pero ustedes son felices! —exclamé exasperado— Ustedes son la pareja perfecta.
Mi madre me dio una sonrisa triste antes de hablar:
—Llevamos más de veinte años juntos, sí. Pero estamos muy lejos de ser perfectos —explicó—. Voy a ahorrarte los detalles, sólo quiero que sepas que no se trata de infidelidad ni nada de eso. Simplemente... el amor cambia.
—¿Cambia? Pero si se aman entonces...
—Tu padre y yo llevamos seis meses durmiendo por separado y acordamos que él se mudará pronto a la ciudad.
Bajé la mirada y me dediqué a detallar el color de la madera y el diseño de mi plato ya vacío.
—Ok —murmuré quedamente.
—Lamento decirte esto, Edward —señaló ella—, pero era necesario. Carlisle y yo aún nos queremos pero decidimos hacer esto. Pase lo que pase con nosotros, tu hermano y tú siempre serán lo mejor que pudimos haber hecho juntos.
Me levanté de mi silla con pesadez, le indiqué a mi madre que hiciera lo mismo y la envolví en mis brazos dándole un fuerte y apretado abrazo.
—Gracias, mamá. Si... si necesitas algo...
—Gracias hijo —masculló ella, apretándome aún más fuerte. Como sólo una madre podría.
Al día siguiente en el trabajo, mis pensamientos estaban bastante dispersos. Ya no era solamente Angela quien ocupaba mi mente sino toda la situación entre mis padres; ellos eran la pareja que siempre admiré y crecí pensando en algún día tener una vida como la de ellos junto a la persona indicada, ¿acaso me había equivocado?
Es por ello que decidí escapar de mi estupor, salir de mi cubículo y cruzar los pocos pasos que me llevaban hasta el de Bella para aprovechar de saludarla. Claro, ella sabía que en los años que llevaba conociéndola yo nunca me acercaba "solamente a saludar" y después de un par de minutos se percató de ello
—¡A ver! Háblame de Angela —ordenó, apartando su vista y sus manos de su computador.
Al tener la oportunidad de hablar sobre ella, mi corazón dio un vuelco y sonreí automáticamente.
—Es maravillosa. Es inteligente, hermosa, tiene un lunar en la mejilla que...
—No, Edward, no te estoy pidiendo que me listes sus excelentes cualidades que puedes ver a la distancia. Te estoy diciendo que me hables de ella, de su vida.
—Ok —respondí perplejo—. Trabaja en el departamento de contabilidad de Webicom, es eficiente, tiene...
—...un diploma en administración de proyectos —Me interrumpió nuevamente—. Esas cosas las sabe cualquiera que tiene oídos y pasa por la cafetería. Dime otra cosa.
Repentinamente recordé las veces en que la observé durante la hora del almuerzo y comencé a hablar de inmediato:
—Le gusta el sándwich de atún, y...
Tomé aire para continuar hablando pero, desafortunadamente, me sobraba aire y me faltaban palabras. Me quedé pensando un rato.
—Y... —agregó Bella, alargando su tono para indicarme que continuara.
—Y... —repetí como un autómata. No sabía qué decir.
—¡Vamos, Edward! —exclamó sonando un tanto exasperada—. Se supone que tuviste una *conversación* con esa mujer y ni siquiera puedes decirme qué le gusta, qué más hace aparte de su trabajo acá...
—Si —repliqué quedamente bajando la mirada para fijarla en su escritorio. Sentí que mis orejas se calentaban de a poco.
—Discúlpame, Edward —susurró, Bella.
Vi que sus pies se acercaron a mí con un poco de indecisión y lo siguiente que sentí fue sus brazos rodeándome. Bella y yo no éramos la clase de amigos que se abrazaban o se tocaban demasiado. Sí bromeábamos de vez en cuando y ella me tomaba del brazo o yo de su hombro... pero no tanto como un abrazo. Fue diferente, pero no incómodo.
—Está bien —afirmé. Me sentía avergonzado y un poco molesto pero sabía que ella no me había dicho todo eso con mala intención así que no tenía por qué hacerla sentir mal.
—No está bien —objetó apartándose de mi pero mantiene su mano en mi hombro—. Mi punto es que cuando te digo que la conozcas, me refiero a realmente saber más de ella de su propia boca. Escucharla, tal vez.
Asentí con la cabeza y le di una débil sonrisa. La verdad es que sí había comprendido su punto, pero eso no significaba que era fácil digerirlo. Después de todo, es prácticamente saber que mi manera de ser estaba mal, tal vez mis amigos tenían razón y era un tonto con todo lo referente al amor.
Correspondí brevemente el abrazo de Bella y ella me sonrió pareciendo un tanto apenada (algo que no era muy común en ella). Nos despedimos para continuar trabajando y volví a mi cubículo con mi cabeza más enredada de lo que estaba al principio.
Desde hace un tiempo parecía que todas las personas a mí alrededor se habían propuesto hacer algo para que me cuestionase a mí mismo, para que cuestionase mi forma de relacionarme, mis ideales, mis metas personales...
Centré mi mirada en la pantalla de mi computador y vi que tenía siete mensajes de correo electrónico urgentes, todos sobre alguna modificación o pedido de diseños importantes.
En ese momento agradecí profundamente a Dios el tener un trabajo tan exigente.
¿Qué te pareció el momento de Esme con el pequeño Edward? Ella mismo dijo que se enamorara con todo el corazón.
¿Y la situación de Esme y Carlisle?
¿Viste que Bella también tiene su pretendiente? Jajaj
Tengo muchas ganas de leer tu opinión que es mi mejor recompensa. Ya se avecinan más progresos :D
Abrazos
Alessa.
