¡Por fin, el fin!


Pobre inocente

IV Parte

Las manos de Makoto se aferraron con un poco más de fuerza al pequeño cuerpo que yacía sobre su pecho. Sólo que… de repente ese cuerpo no parecía tan pequeño. Aquella no era la cintura de un niño, mucho menos la… retaguardia de un niño. ¡Un momento!, ¿qué hacía él manoseando a un niño? Ah, qué mal sonaba eso. El castaño abrió los ojos de golpe cuando sintió nuevamente unos labios posarse sobre los suyos. Se había levantado tan súbitamente que un Haruka de diecisiete años, con muy poco cubriéndolo, se quejaba de un trasero dolorido.

Makoto retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared de la habitación. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Adónde había ido el pequeño Haru? ¿Y por qué el Haru mayor estaba casi desnudo enfrente de él como si no le importara? Ah, sí, eso debía ser un sueño, fue lo que pensó en ese momento. No se enorgullecía de tener un sueño "pervertido" con su amor no correspondido, pero era un joven hombre saludable así que de vez en cuando era inevitable, ¿no?

Un sueño, eso era todo. Y si se trataba de un sueño, seguramente no habría problema si se "aprovechaba" un poco de la situación. Se puso de pie y se colocó enfrente de un Haruka que de pronto tenía un – adorable – sonrojo en las mejillas. Claro que tenía que ser un sueño, porque, ¿de qué otra forma Haru se sonrojaría enfrente de él? Tomó el rostro del más bajo con ambas manos y se acomodó para poder besarlo. Se sorprendió al notar que el de cabello azabache no tardaba en corresponder y al mismo tiempo le rodeaba el cuello con los brazos.

Conforme el beso se iba intensificando, Makoto más se convencía de que aquel era el mejor sueño que había tenido en lo que llevaba de vida. Dio gracias internamente por la gran resistencia que tenían sus pulmones gracias a la natación, porque no tenía nada de ganas de separar sus labios de aquellos que había anhelado por tanto tiempo, aunque nada de aquello fuera real. Oh pero si algo era real era la sensación de dolor, porque el Haru del sueño acababa de morderle el labio, obligándolo a separarse. Tan realista era el sueño que podía sentir el sabor metálico de la sangre en la boca.

—No te emociones tanto —lo reprendió el de ojos azules, que nunca antes había lucido tan vulnerable y, si se le permitía pensarlo, deseable.

—Lo siento, Haru-chan —Haruka chasqueó la lengua, recordándole que no agregara el "chan" a su nombre —Es que no me podía creer mi suerte. Es la primera vez que tengo un sueño tan realista contigo —el más bajo parpadeó, confundido.

—¿De qué estás hablando? —preguntó —¿Sueño?

Al ver el rostro serio de Haruka, a Makoto se le ocurrió pensar, por primera vez desde que puso la cabeza sobre la almohada, que quizás aquello en verdad no era un sueño. Los colores se le subieron al rostro y, cayendo en la cuenta de lo que acababa de pasar – lo que acababa de hacer más bien – sólo atinó a lanzarse a la cama y cubrirse con la cobija; rogaba porque se abriera un agujero enorme y la tierra se lo tragara. Sintió entonces cómo la cama se hundía ligeramente bajo el peso de la persona que acababa de sentarse a su lado.

—Lo siento —dijo, con la voz amortiguada por la "barrera" que lo "protegía".

—¿Por qué estás disculpándote? —preguntó Haruka, luchando por despojarlo de su barrera protectora —Todo es culpa de Nagisa, pero supongo que debo darle las gracias.

Makoto, que no comprendía en absoluto las palabras de su mejor amigo, se descubrió el rostro y miró a Haruka con rostro desconcertado. Las orejas le ardían de lo rojas que estaban y no estaba seguro de poner continuar sosteniendo la penetrante mirada azul de su amigo.

—Lo dijiste antes de dormir —hizo una breve pausa —Que me amabas —Makoto intentó volver a cubrirse, pero Haruka reaccionó a tiempo para poner la cobija fuera de su alcance.

Llegados a ese punto, Makoto se dio cuenta de que no había forma de escapar. Tenía que sincerarse de una vez por todas, aunque eso trajera consigo la posibilidad de que su relación con Haru se echara a perder. Resignado, el castaño se sentó en la cama y, lanzando un suspiro, dijo:

—Lo que dije —no pudo evitar agachar la cabeza —es la verdad. Tal vez te parezca raro que te lo diga porque hemos sido amigos durante mucho tiempo. Pero me has gustado desde hace tiempo, sólo que estaba contento con la… relación que teníamos. Si podía permanecer a tu lado como tu amigo, eso estaba bien para mí. Al verte tan vulnerable, no sé, algo… algo despertó en mí. Y yo… —juntó el valor y volvió a mirarlo a los ojos —yo ya no puedo verte sólo como mi amigo. Lo siento.

Haruka no dijo nada. Sus ojos se posaron en la cortina de la habitación, que se mecía con el viento. Makoto se mordió el labio, quizás había hablado demasiado. El castaño siempre se había enorgullecido de poder leer el – para muchos – inexpresivo rostro de su mejor amigo, pero en ese momento no podía distinguir la emoción que se dibujaba en ese rostro que tanto le gustaba. Pero luego de lo que a Makoto le pareció una eternidad, Haruka volvió a posar sus ojos azules en los orbes verdes del más alto. El castaño se sobresaltó cuando Haruka volvió a acercar el rostro y dijo:

—El hecho de que lograra regresar a la normalidad es la prueba de cuáles son mis verdaderos sentimientos.

Claramente Makoto estaba más confundido que antes, por lo que Haruka le contó lo que había sucedido con la bendita pócima que Nagisa le había obsequiado. Makoto volvió a sonrojarse, tanto que parecía que pronto comenzaría a echar humo por las orejas. Cuando Haru terminó su historia, el castaño entendió la razón oculta tras la misteriosa llamada de Nagisa. ¡Por todos los cielos, qué vergonzoso!

En cuanto el castaño terminó de procesar las palabras de Haruka, se cubrió el rostro con las manos y, en voz bajísima, preguntó:

—E-Entonces… e-eso significa q-que… t-tú… a mí… digo… —quitando las manos del rostros de Makoto, Haruka contestó.

—Makoto, te amo.

Makoto sintió el rostro hervir y mientras intentaba a duras penas balbucear una respuesta, Haruka se colocó encima de él, a horcadas, y obligándolo a recostarse nuevamente sobre la cama, lo besó. No se necesitaban más palabras entre ellos, después de todo, siempre se había entendido bien sin tener que decir demasiado. Agradecimiento mentalmente a Nagisa por sus ocurrencias, Makoto correspondió el beso, rodando para ser él quien quedara encima de Haruka.

En algún lugar de Iwatobi, Hazuki Nagisa estornudó, arropándose bien entre las cobijas para seguir durmiendo.


Otra historia viejísima que por fin me digno a terminar. Bueno, bien dicen que es mejor tarde que nunca, aunque yo le dé una nueva definición a ese dicho jaja.

La verdad es que el final me parece algo pobre, pero ya no te tengo tanto cariño a esta pareja como cuando comencé a ver Free! (lo siento, MakoHaru), así que no podía pensar en mucho más que poner aquí.