Heyyo. Creo que ya habéis aprendido en no confiar en mis plazos, pero eh, estoy actualizando al fin. Realmente, en este tiempo he estado de bajón. Muchas cosas han estado dando vueltas por aquí y era deprimente. Poniéndolo simple, no tenia ganas de nada y los exámenes se me echaban encima. Lo mejor es que normalmente no muevo ni un dedo en los estudios así que no lo podría poner como excusa, pero esta vez ha sido extremadamente estresante si lo sumábamos con mi nuevo humor. Hice un esfuerzo y entre tantos problemas y pasotismo he intentado escribiros este capitulo, un poquito mas largo que los otros, creo. Lo de siempre, espero que sea de vuestro agrado y Senyu obviously no me pertenece -muere-.


Y antes de que me diera cuenta, ya estaba corriendo escaleras arriba detrás de Ros. Era más que predecible que esto iba a concluir en una persecución. Después de todo, quienes se presentaron en la biblioteca eran December y su gente. Obviamente, la voz de antes le correspondía, pero no mostraba la misma actitud que otros días. Era como si le perteneciese a otra persona, como si hubiera cambiado de personalidad de la noche a la mañana. Quizás por eso es por lo que no la reconocí. De cualquier modo, no hubo mas remedio que largarnos de ahí y no preguntéis como logramos si quiera salir de la habitación con ellos delante, en el estado en el que me encontraba detalles así no se me hacían más que elementos triviales sin importancia. La entera situación me hizo evocar lo que ocurrió hace dos días, cuando Ros me agarró de la muñeca y huimos al igual que ahora. Aunque, al contrario que aquella vez, no había una mano sujeta a la mía, y de alguna forma eso me aliviaba. Quería pensar que era mejor así, que cuanto más alejado estuviera del pelinegro, menos daño me harían tanto él como las emociones que estaba experimentando en esos últimos días. Pero por supuesto que ahí no terminaba la cosa, tenía que ser mas complicado que todo lo anterior. Yo no podía sacudir el sentimiento de decepción que me invadía al reflexionar sobre ello, como cuando esperaba una respuesta diferente a la que me dio. Por chocante que a mi me pareciese, una parte de mi no estaba dispuesta a darse por vencido tan pronto, aferrándose a la idea de poder confiar en esta nueva faceta de Ros.

-¡Esta vez no vais a escapar! - aun con todo el rumor de voces que nuestros perseguidores producían, esa frase en particular se introdujo en mis pensamientos.

Es verdad, ¿por qué toda mi vida se resume en eso: escapar, huir? No es como si me estuviera acostumbrando a ello ni nada. Simplemente resulta...molesto. Y antes de que tuviera oportunidad para profundizar en esa nueva línea de pensamiento, tuve algo similar a un déjà vu. Al voltear mi cabeza en la dirección de donde provino esa voz, atisbé como unas figuras corrían incansables por las escaleras que con mis propios pies había subido apenas unos instantes. Noté una pequeña presión familiar en mi mano izquierda, la reconocí en seguida. Y cómo no, ser asido por Ros justo al terminar de deliberar que debía guardar las distancias con él fue precisamente lo que no quería que ocurriese y acabó pasando. A parte de eso, el azabache también vio buena idea arrojarme a la primera habitación que consideraba más conveniente.

Mareado y desorientado por la inesperada acción, froté débilmente mis ojos, tratando de ubicarme en aquella pequeña sala. Si, pequeña. Ahora que reparaba en ello, no era más grande que la cocina de mi casa. Aun con mi incesable dolor de cabeza, me esmeré por mirar todos lados. A la izquierda, un par de lavabos y a la derecha varias puertas cerradas a cal y canto, no hacía falta decir que había detrás de ellas. Y en el centro...todavía veía ligeramente borroso, pero no hubiera dudado en afirmar que en el centro se encontraban tres personas. Una le sacaba una cabeza y media a las otras dos, y todas compartían rasgos femeninos. Espera, ¿esas no son...Ahres, Hime-chan y Ruki? ¿Y por qué me están mirando así? En cuestión de segundos, la cara de la rubia pasó a ser del usual carne pálido a un escarlata brillante; casi como cuando la incordian con Foy-Foy, aunque eso casi siempre conllevaba una serie de enérgicos puñetazos y un K.O por parte de la persona que se metió con ella (que suele ser Ahres). Sus manos temblaban en un esfuerzo por contener su ira, pero terminaron por convertirse totalmente en firmes puños.

- ¡F-F-Fuera de aquí PERVERTIDO! - lanzó su grito de guerra y se abalanzó sobre mi con idéntica fiereza. Cerré los ojos no queriéndome enfrentar las consecuencias de lo que recién averigüé: el lugar en el que actualmente me disponía no era otro que el baño de chicas.


No sabría decir cuanto tiempo tardé en recobrar el conocimiento después de haber sido reducido a cenizas por Hime-chan y sus fulminantes golpes. Algo húmedo fue lo que me obligó a despertar en lo que yo supuse que era el suelo, desde luego, yo no sentía ninguna cama esponjosa y mullida debajo de mí. Despegué los párpados y simultáneamente me recosté sobre mis codos, descubriendo que las ropas que llevaba eran diferentes a las del uniforme escolar. Tenía puesto lo que solía usar en los días que no había colegio: una camiseta lisa negra y un pantalón verdoso conjuntado con una chaqueta roja anaranjada. Resultaba absurdo, ya que estaba al cien por cien seguro de que cuando perdí la consciencia estaba en la escuela con la indumentaria de la misma. También que era de día y que una especie de bosque no era precisamente un lugar de estudios. Sin embargo, todo lo que lograba alcanzar mi vista se limitaba a tétricos árboles y un cielo nocturno de negras nubes amenazando con tormenta, ningún edificio al que se pudiera llamar colegio entraba en mi campo de visión. No empleé casi tiempo en entender que el "algo húmedo" que me despertó resultó ser unas simples gotas de agua, las cuales empezaban a caer más agresivamente. ¿Qué es este lugar? ¿Por qué estoy aquí y a dónde han ido los demás? Me levanté vacilante, sin mucha idea de lo que hacer. Repentinamente, el arbusto más cercano se agitó sobremanera y, por instinto, tuve el impulso de gritar y salir corriendo a cualquier sitio que no fuera el actual. Por un momento creí seriamente que el paisaje se repetía una y otra vez, como si estuviera andando en círculos; y de forma irremediable, eso me aterrorizaba más aun de lo que ya estaba, si acaso era posible. Pero al avistar las ruinas de lo que hubiera sido una casa en sus años, no dudé en adentrarme en ellas a resguardarme de la violenta lluvia y de aquellos ruidos extraños. Era curioso, a pesar de que estuviera medio derruida, aun conservaba varias ventanas rotas y un techo decadente, por cuyas aberturas se colaban tenues haces de luz. En otras palabras, no me hallaba en total penumbra. Descargando mi peso contra una de sus paredes, sentí como si tuviera el corazón en la garganta, con cada latido que daba mayor se hacía la falta de oxígeno. Al apoyar completamente los brazos en el muro, hicieron contacto con un líquido que no demoré en calificar como conocido, ya que apenas unos días había estado rodando por mi mejilla. Incrédulo, conducí los dedos impregnados de aquella sustancia hasta mis ojos, confirmando lo sospechado. Tanto mis manos como gran parte de la pared estaban cubiertas por una cantidad desmesurada de sangre. Me separé de ella tan rápido como permitieron mis pies y descubrí a tan solo tres metros de mi como yacían en el suelo un par de cuerpos empapados del fluido rojizo que había tocado. Algo en mi interior sabía con plena certeza que ya no contaban con un pulso, que ya eran meros cadáveres sin vida. Eran un hombre pelinegro en bata de laboratorio y un chico de cabello castaño oscuro, verlos me produjeron arcadas. Volteé a los lados desesperadamente, temiendo encontrarme el motivo de aquel macabro escenario. Y en mitad de esta tragedia, al fondo de la habitación, divisé la silueta de la persona a la que inmediatamente proclamé causante de sus muertes. Dio dos pasos al frente, situándose lo bastante cerca como para que le iluminara el rostro uno de los rayos de luz que se introducían por las rendijas del tejado. Su enmarañada melena azabache, que ni alcanzaba a rozar sus hombros, estaba untada con esa exacta sangre y sus ojos relucían en la oscuridad con el color de la misma, un bermellón brillante. La fugaz e infeliz sonrisa que me brindó me heló en el sitio. Ahora, decir que se trataba de él no formaba parte de lo imposible. Seguía avanzando hacia mi paso tras paso, sin reducir ni aumentar la velocidad de sus sonoras pisadas. Por mi parte, llegué a creer momentáneamente que mi respiración había cesado y que en vez de dos, ya eramos tres cadáveres en la sala. Pero para cuando escapé de esa sensación de asfixia, mis piernas no fueron capaces de responder. De nuevo, el pánico me había paralizado.

- Lo has olvidado, ¿verdad? - la voz de Ros difícilmente se podía considerar un susurro, no obstante, su bajo volumen no me impidió que lo escuchara – Es obvio que no lo recuerdas.

Sus palabras no hacían mas que desconcertarme, ni comprendía a que se refería ni imaginaba a que quería llegar con ellas. Dejé que acortara la distancia que quedaba entre los nosotros como buen espectador que era, pues todo mi cuerpo prácticamente se había convertido en piedra. Posó ambas manos alrededor de mi cuello de manera que estuvieran agarrándolo sin apretar. Escalofríos recorrieron mi cuerpo cuando continuó hablando en mi oído.

- ¿A dónde fueron esas memorias, señor héroe, dónde están? ¿De veras las desechaste como si fueran de usar y tirar? - su tono iba adquiriendo una entonación propia de un maníaco por cada sílaba pronunciada – Es tan evidente el que no me recuerdes.

Desde el instante en el que fui consciente de la presencia de Ros allí, no aparté la mirada de la suya. Ahora que la tenia a escasos centímetros, conseguí distinguir las diversas emociones que transmitía. Había un claro odio en ella, también un leve remordimiento y un toque de demencia. Pero sobretodo, una profunda y contagiosa melancolía.

¿Quizás es porque me haya olvidado de ese "algo"? Aunque estuviera el borde de las lagrimas, hice acopio de valor para darle una mísera respuesta.

- ¿D-De qué...me estas hablando?

Soltó una serie de carcajadas sarcásticas, sacudiéndose violentamente, queriendo exagerar el hecho de que le pareciera una broma que yo me hubiese atrevido a pronunciar aquello. Cuando por fin recuperó su compostura, sonrió ampliamente. Después, enterró sus uñas en mi garganta, arrancándome parte de la piel en el proceso. Ahogué un grito y forcé a mis parpados a seguir reteniendo lagrimas, aunque sabía que no iba a aguantar mucho mas.

- ¡Claro que no vas a saber de lo que hablo! Lo has olvidado, ¿recuerdas? ¿O de eso tampoco te acuerdas? - y entonces, una bombilla se iluminó en la cabeza al de enfrente – Se me ha ocurrido una cosa, ya que últimamente te veo muy indeciso respecto a tus sentimientos. Los sientes familiares, como si ya los hubieras vivido, pero no entiendes por que si recién me has introducido en tu vida – su sonrisa traviesa se ensanchaba en mi oreja – Veamos si esto te refresca la memoria.

Tan pronto como se calló, algo cálido entró en contacto con mis labios. Abrí los ojos de par en par, y finalmente, gotas empezaron a caer de ellos. Me estaba besando. Aun con esas, no cesó su agarre y lo único que saqué del acontecimiento aparte de sentirme extremadamente conmocionado, fue dolor. En mi cuello, en sus ojos, en todas partes. Se traspasaba de un lado a otro, de esta forma o aquella. Era el tipo de sufrimiento que alguien había llegado a desarrollar en un largo periodo de tiempo por la acumulación de múltiples sucesos, esto no me parecía resultado de una sola cosa. Se apartó de mi y por segunda vez, padecí la horrible sensación de ahogamiento. Su agarre iba ganando fuerza progresivamente, mi visión se nublaba.

- Se acaba el tiempo, y no va a esperar a que tu recuerdes – las fuerzas volvían a escapar de mi cuerpo a la par que este continuaba hablando – Yo tampoco.

Y esas palabras fueron lo último que le oí pronunciar antes de que mi consciencia me abandonara por completo.


...Qué fue todo aquello, era la maravillosa pregunta que pasados los cinco minutos de despertarme aun seguía rondándome por la cabeza. Pero a eso si que guardaba una respuesta: la pesadilla de anoche. Durante esos cinco minutos también me percaté de varias cosas. Una, por ejemplo, mi estancia en la enfermería del colegio. Estaba tumbado encima de una de las camas y daba la impresión de no haber nadie ahí, conclusión errónea ya que al momento oí suaves ronquidos a mi izquierda. Volteé lo suficiente como para reconocer al que dormía sentado a mi lado, quien para bien o para mal, siempre andaba en mi mente. Cuando originalmente se había acomodado de brazos cruzados, ahora uno de ellos colgaba de su hombro como si de un muerto se tratase. Solo su tranquila y ligera respiración me indicaba lo contrario. Rozaba con la mano las blancas sabanas sobre las que yo había estado descansando y me pregunté si desprendían el mismo calor que un día llegaron a transmitirme. No como en aquel sueño, donde lo único que transmitieron fue el duro sentimiento del dolor. Donde con ellas robó la vida de dos, que aunque desconocidas, personas. Tuve la tentación de alargar la mi propia mano y tocarla aunque fuera por unos segundos. Nadie se daría cuenta y Ros estaba dormido, ¿qué se podía perder? Quería comprobar que el Ros del sueño era eso, un sueño, una ilusión creada por mi infame y detestable cerebro.

Pero aquello que me dijo, ¿también es cosa suya o realmente tendrá un significado...? Curioso, y a la vez indeciso, comencé a estirar el brazo intentando alcanzar su palma inmóvil.

- ¿Qué se supone que estas haciendo? - sus ojos se abrieron bruscamente y me observaba interrogante, lo mas posible que esperando una aclaración.

Me revolví rápidamente, casi cayéndome de la cama al hacerlo, mientras mis esfuerzos se volcaban en vocalizar una explicación.

- ¡Ah, nada, solo que me acabo de despertar y...! - y pretendía saber si de verdad eras un asesino según si tu mano tuviera calor o no. Busqué una alternativa -...y me preguntaba la razón por la que estoy aquí. Creí que tu deberías saberlo, así que pretendía levantarte.

- Al parecer, resultó que era verdad que te encontrabas mal – según la cara que adoptó, mi respuesta no fue una mentira muy creíble – y que no fue una buena idea meterte al baño de chicas tal y como estabas.

- ¡Ni aun estando bien lo hubiera sido! ¿¡Qué pretendías con ello!?

- El librarnos del problema. Tan solo bastó con dejarte ahí y amenazar a December y compañía con terminar igual que tu – continuó hablando como si no fuera gran cosa – .Ya sabes, aquí Hime-chan tiene fama de haber tumbado incluso a August.

-¿El repetidor de la otra clase? ¿Aquel gigantón que parece sacado de la Grecia Antigua?

- Ese mismo – asintió.

Un sudor frió recorrió mi nuca al fijarme en la cantidad de moratones nuevos que presentaba mi cuerpo en general.

- Arg, no me extraña...

- Desde luego, era preferible esto a que acabaras con una docena de esas y puede que sin algún dedo – señalo el corte de mi mejilla mientras aprovechaba para desperezarse.

- S-Supongo...

Ya nombrados los principales motivos por los que estaba sentado en aquel colchón, sentido no le faltaba el que estuviera yo allí. La jaqueca sumamente molesta de antes se transformó en un leve mareo fastidioso pero por suerte no iba mas allá.

- Y tu que haces aquí -inquirí extrañado - ¿no deberías estar en clase?

- Estaba esperando a que te recuperaras, que por cierto, te ha costado lo suyo porque ya es casi hora de irse.

- ¿Esperándome? - repetí, formándose un tenue rubor en mi cara, dejando que mis esperanzas -¿Esperanzas? ¿De qué?...- se elevaran mas de la cuenta. Aunque si lo pienso detenidamente, Ros podría haberse marchado una vez habiéndome traído aquí...- ¿Estabas esperándome porque estabas preocupado por mi?

- No, solo quería saltarme clase - me ofreció esa respuesta con una estúpida y despreocupada sonrisa digna de dibujo animado.

- ¡Ah, mira que bien! Iba a echaros de aquí justo ahora, el horario escolar ya finalizó – una voz femenina se oyó desde la entrada. La mujer que se alzaba en la puerta lucía una cabellera rosada semejante a la de Ruki, solo que esta la superaba en longitud. Me era familiar de haberla visto algunos días vagando por los pasillos, pero igualmente ignoraba su identidad.

- Si os quedáis mas tiempo aquí, vuestras madres van a preocuparse – ante la palabra madre, Ros palideció. Eso me desconcertó y lo tomé como una mala señal, así que me centré en cambiar de tema.

- Perdona, pero...¿quién eres?

- ¿Yo? Trabajo aquí como secretaria y enfermera del colegio, aunque también soy-

- ¡Mamá, Lym ha vuelto! - unas dos figuras nuevas se introdujeron en la habitación, una era la propia Ruki y la otra era un tanto mas alta, con melena de un color rubio opaco y ojos azules intensos. Se acercaron con notable felicidad al lado de la enfermera-secretaria, quien entusiasmada empezó a conversar con ellas.

- Ufufu, ¿como fue la excursión, entonces?

- Podría haber estado mejor, pero no me voy a quejar. El grupo se separó y la mayoría se perdieron en el camino de vuelta, resultó ser un verdadero desastre – suspiró la supuesta llamada Lym.

- ¿Eh? ¿Alba-san se ha quedado aquí toda la mañana? No es justo, ¡yo también quiero perder clase!

- Pero antes tendrás que vértelas con Hime-chan, hermana, ¿seguro que quieres asumir los riesgos?

- Aaah...

- Espera, ¿sois hermanas? - dije sorprendido – Nunca había visto a...Lym en el colegio.

- Eso es porque voy a otro, el Harupanda, ¿lo conoces?

- Ah, si, me suena... - Claro que lo conocía. Era mi anterior colegio, pero ese detalle tampoco les concernía para nada.

La conversación se siguió extendiendo y extendiendo, y no daba indicios de querer concluir pronto. Averigüe cosas como que la mujer similar a Ruki era madre de las dos hermanas, o que el colegio entero de Harupanda se había ido de excursión a una especie de cueva, por algo no me encontré con la gente esa de mi portal. Ros permaneció inusualmente callado durante la mayoría de la charla, pensé que debería hablar con él más tarde pero ese "más tarde" no terminaba por llegar. Al rato, nos despedimos de ellas y marchamos por nuestros caminos correspondientes. Al menos en teoría, ya que me pilló por sorpresa que el pelinegro se ofreciera como acompañante.

- Hubo algo que me llamó la atención cuando estabas dormido – declaró sin dejar de andar -. Te agitabas de una lado a otro sin parar y sudabas a chorros, parecía que tuvieras una pesadilla.

¿Qué era exactamente lo que soñabas?

Me mantuve en silencio y di con la respuesta adecuada.

- No me acuerdo.

Esa misma noche, no cesaba de darle vueltas al tema de esos cadáveres. ¿Desconocidos? Me da a mi que no. ¡Tiene que haber algo, se que que he tenido que verlos en algún sitio...! Pero no fue hasta mañana que tropecé literalmente con la solución, una caja. Mi caja de los recuerdos.


Y ahí lo tienen, espero que no se lea tan mal como lo veo yo. Cualquier fav, follow y review es bien recibido, es casi lo único que me impulsa a seguir escribiendo este coso, meh. Y ademas, he de agradecer a aquellos quienes ya lo hicieron. Y no se preocupen de la tardanza de los capítulos, aunque me demore medio año, voy a acabar esta historia, yup. Aunque espero arreglar el tiempo que tomo para ello también, me apena no ser capaz de ser constante ya que dejo influir lo de mi alrededor. Ahhh...eso era todo...creo. Ah, wait. Nombres pateticos de colegios que combinan a Nisepanda y el creador de Senyu, esta vez te luciste, Perla.

Perla se despide, cambio y corto.