El chirrido de la cama lo sacó de su perplejidad. Dos pares de piernas se enredaban, una entre otra, como víboras en medio del apareamiento, rozándose, tocándose, tensándose pro el placer que se inculcaban. Era una noche como cualquiera otra, 'ella' estaba ahí, tirada, gimiendo como siempre, disfrutando con un hombre desconocido como todos los demás, antes que él.

Su pequeña mirada se fijaba en la escena presente, frente a sus ojos; reflejándose en las pupilas lilas que poseía. Veía la monotonía a la que estaba acostumbrado noche tras noche, hombre tras hombre, la misma mujer.

Estaba conciente de que eso no debería estar pasando. Entendía perfectamente que eso no era común y que, sin embargo, era lo que le había tocado vivir. Sus ojitos se abrieron impresionados, algo había cambiado esta vez. Ambos se levantaban del catre maltrecho, murmurando algo inentendible para él. Se vistieron tranquilamente, siguiendo con ese susurro atroz.

Corrió hasta su lecho, ocultándose con las cobijas, esperando a que su madre atravesara la puerta para expirar las últimas palabras que él recordaría de ella después. 'Adiós, Hidan'. La puerta se cerró tras su paso, ocultando su hermosa figura albina; cómo cada mañana después del sexo ella desapareció. Sin embrago, ese día, jamás volvió…

- I need your love,

I'm a broken rose –

Rose. Ana Tsuchiya.

- Burdel Akatsuki -

By SoTtOmARu

Capitulo 4.- Flor Estéril

El pequeño movimiento de su cuerpo, llamó poderosamente la atención de quién velaba su sueño.

-…

Posó su mirada marchita en la pared, un dolor sobrehumano se corría por su cuerpo, desde los hombros hasta sus piernas. Estaba aturdido. Todo estaba en silencio a su alrededor, no había nada que hiciera algo que no estuviese dentro del marco de lo común… hasta ahora.

Levantó su mano con pesadez, el dolor corrompió su hombro, llevando a sus dedos a rozarlo suavemente, reconociendo el área afectada. Un enrome moretón coloreaba esa parte de su cuerpo. Poco a poco las imágenes en su mente comenzaron a llegar, las acciones de la noche anterior le provocaron una calida humedad en los ojos. Abrió su boca reseca, tratando de incorporarse, pero esa sombra en la pared lo congeló.

Trató de conservar la calma, después de todo, lo que pasó ya estaba hecho y nadie lo iba a poder borrar. Juntando todas las fuerzas posibles que aún le quedaban, se incorporó en su cama, aguantando el terrible dolor que nacía en su espalda baja; quedó sentado al borde de ésta última dándole la espalda a Kakuzu. Un silencio espeluznante se abrió paso entonces.

Se sentía destrozado, adolorido, con la cara pegajosa en una parte a causa del semen de esa noche, y reseco en otra, por el mismo; un el cuerpo pesado y adolorido por la rudeza que habían ejercido contra él.

-…- un bufido escapó de los labios de hidan, mancillados aún con la sangre reseca de la noche anterior- te…- un hilo de voz salió de su boca quebrantando el silencio que reinaba- te… divertiste?- preguntó gélido, sin rastros de emoción alguna en sus palabras.

-…-Kakuzu se petrificó ante ello, no sabía que decir- Hidan… yo…

- me voy a bañar…. Tengo que irme de aquí…- dicho eso, se levantó de su cama y con paso lento y adolorido, caminó hasta el baño donde se encerró una hora.

Los minutos pasaron lentos y estremecedores. Kakuzu esperaba sentado en el borde de la cama de Hidan, pensando claramente todo lo que había pasado y tal vez, lo que aún faltaba por pasar. Sin querer miró las sabanas blancas manchadas de sangre, y pasó sus manos por su cara. No podía creer la forma en la que le había arrancado la virginidad a su compañero, del modo tan brusco y cruel en el que lo hizo, y todo porqué lo había hecho. Se sintió un imbécil por todo lo acontecido.

- joder…

La puerta del baño se abrió, dejando ver a su paso la menuda figura de Hidan sin un sentimiento en el rostro. Era tan frustrante verle de esa manera. Su blanca cara denotaba una seriedad inquebrantable, sus ojos… sus ojos decían todo lo que su boca no hubiese podido gritar en ese momento. Le miró fijamente, y avanzó autista hasta su cama.

- por que sigues aquí?- preguntó serio, una vez sentado en su cama.

- Tengo que decirte algo…

- No creo tener nada que escuchar….- se levantó con esfuerzos nuevamente, y se desnudó ante la mirada atónita del otro- qué?- le miró directamente a los ojos- te sorprende?... creí que ayer me habías reconocido perfectamente…

- No es eso…

Y realmente no lo era. Era que no podía evitar asombrarse ante al perfección de su cuerpo, emocionarse al verlo completamente desnudo, sentir la excitación que eso le provocaba. Era, que no podía evitar sentirse orgulloso y feliz, hasta cierto punto, por haber sido él el primero en su vida, a pesar de haberlo violado.

Le miró vestirse sin decir más. Dejando todas las palabras al silencio, esperando pacientemente al joven para poder entablar una conversación lo suficientemente clara para ambos y explicarse todo lo que se necesitara. Una vez listo, el albino caminó hasta su armario y comenzó a sacar todas sus cosas. Kakuzu miró sin comprender, no pretendía…?

- qué haces?- preguntó inquieto.

- Irme, no lo dije ya?-respondió fastidiado- no pienso volver a Akatsuki más-Kakuzu se alarmó.

- Hidan!- se levantó de la cama y caminó hasta donde le otro para guardar todo lo que ya había sacado.

- Quítate!!-exigió-déjame en paz de una maldita vez!-sus ojos se humedecieron- ya tuviste de mi lo que querías…

- Hidan…- lo atrajo contra su pecho, abrazándolo fuertemente- no cometas una estupidez…

- suéltame!!- trató de forcejear pero, con su cuerpo todo adolorido, no pudo hacer mucho- suéltame… Kakuzu, suéltame…

- no hasta que escuches!- Hidan calló

- quieres que te escuche…después de que tú me…me…violaste?- hubo un instante de silencio por parte de ambos- tan solo soy un desliz… suéltame… no quiero ser eso…

- no eres eso!!- inquirió fastidiado el otro- no eres un desliz…- el corazón de Hidan latió aprisa- eres…

- qué…? Que soy entonces? Un juguete? Un pasatiempo… una simple noche de sexo?- Kakuzu se separó de él, mirándolo fijamente a los ojos.

- …-bajó el velo que cubría su rostro, sorprendiendo a Hidan al dejarle ver su cara por primera vez desde que se conocieron- eres…- tomó su rostro con ambas manos, limpiando las lagrimillas con sus pulgares, sonrojándolo visiblemente y acercando sus labios a los contrarios-n…

- Kakuzu…

Sus delgadas manos aferraron la ropa del mayor, sintiendo los labios de éste moverse sobre los suyos. Sabía que se sentía bien estar así con él a pesar de todo lo ocurrido anoche, a pesar de lo que tal vez ocurriría después. Sentía claramente que era mucho más que un desliz, que no tenía por que preocuparse y que el error que había cometido lo estaba mortificando más que a él. Sentía le miedo de ser perdido, el deseo de volver a ser poseído. Eran esas cosas que no se decían, pero que se entendían perfectamente a través del sentimiento.

Ambas caras se quedaron mirando fijamente, recuperando el aliento y esperando a que aquella frase se terminase. Los ojos lilas brillaban con miedo y deseo, quería escuchar las palabras y borrar todo lo que hasta ese momento pensaba.

- eres un idiota que no entiende nada…- musitó grave a su oído, abrazándose a él con más fuerza.

- Tu eres un imbécil que no me explica nada con palabras… así no puedo entender…- una sonrisa se curvó en los labios de Kakuzu. Hidan se echó a su cuello, besándolo nuevamente y empujándolo contra su cama.

- Te amo…Hidan- Una lagrima de le escapó al menor.

- Idiota…

Ambas lenguas se entrelazaron, las manos viajaron libres por el cuerpo contrario, palpando y grabando cada parte de éste. Una voltereta bastó para intercambiar posiciones, sin dejarse de besar el cuello del otro, sintiéndose más cerca de lo que querían. La desesperación comenzó a ganar terreno, la pasión le acompañó. Sin saber cuándo ni cómo, Hidan sintió el frío al golpear su piel desnuda. Otra nueva vuelta, y Hidan quedó sentado sobre Kakuzu, mirándole divertido y con una sonrisa en su cara.

- nadie te pone tanto como yo, m?- rió. Kakuzu frunció el ceño y le metió un zape en la cabeza.- ay!!

- Cállate… haz algo interesante para variar..

- M?- Hidan recordó algo de unos días atrás, y sonrió- jaja… ya veremos si no es verdad.

- M?-Kakuzu alzó una ceja.

El albino descendió reptante hasta el suelo, hincándose frente a Kakuzu y tomando el filo de su pantalón, comenzando a desabrocharlo y sintiendo como el administrador se tensaba por sus toques. Hurgó entre las ropas hasta que pro fin encontró lo que buscaba, el enorme miembro de Kakuzu comenzaba a endurecerse por el trato.

Sus ojos reobservaron curiosos y asombrados, no entendió cómo algo de ese tamaño pudiese entrar tan fácilmente en su cuerpo la noche anterior. Tocó con la yema de su dedo la punta, escuchando un gruñido pro parte del mayor. Miró expectante y, al notar el ceño fruncido de Kakuzu, lo tomó entre su mano con fuerza, sacando otro gruñido, y acercándolo lentamente a su boca.

-kh…

Jugueteó con su lengua y la sensible piel, pellizcándola suavemente y arrancándole un gruñido más fuerte y más placentero al administrador. Sus manos jugaron traviesas con los testículos, subiendo al miembro y bajando graciosamente la piel, descubriendo la punta y lamiendo con al punta de la lengua. Ambas manos de Kakuzu se posaron en su cabello, desaliñándolo nuevamente y jalándolo de vez en cuando.

Subía y bajaba a un compás desesperante, mordisqueando y lamiendo todo lo que podía. Las manos le marcaron un ritmo más rápido, acoplándose a lo que el tesorero quería; hundiendo su pene hasta tocar la garganta, haciendo quejarse al otro por la rudeza con la que lo maniobraba.

- bas…mph!

En una última estocada, hundió su hombría hasta el fondo, de tal manera que tocase más allá de la garganta, y se vino dentro de ésta. Uno finos hilos escurrieron por las comisuras, corriendo hasta su pecho y manchando su abdomen. Casi se ahoga con el tibio líquido que trago casi al instante, asimilando su sabor y la osadía del acto. Frunció su ceño y antes que pudiese reclamar, Kakuzu le atrajo hacia si mismo para besarlo otra vez.

- eres un bastardo…- musitó ofendido al peliplata

- idiota…

- eres…AHH!

Pasó ambas manos sobre sus nalgas, estrujándolas con fuerza y abriendo y cerrándolas una y otra vez, interponiendo entre ambas su activo miembro, masturbándolo con éstas. Un par de suaves gemidos murieron en la boca de Kakuzu. Se sentía estúpido por una parte, era obvio que no cualquiera se atrevería a acceder a la situación en la que ambos s encontraban después de que una de las partes fuese violada. No era coherente y sin embargo, lo disfrutaba. Un quejido lo sacó de sus pensamientos por un instante.

-qué?_ levantó la cabeza para observar la molestia causada.

- me dolió!- se quejó al sentir como la punta rozaba su entrada.

- aguántate..- sonrió. Oprimió con más fuerza ambos glúteos, rozando y hundiendo aún más la punta en la entrada.

- ah!-Kakuzu intercambió posiciones, quedando Hidan abajo otra vez- maldito infeliz…no vas a…?

-rétame..- abrió a todos lo que podía las piernas albinas, colocándose en posición.

- No Kakuzu! Espera! No..AHHHH!- abrió los ojos de golpe por le dolor, abrazándose como podía ala fuerte espalda del administrador- ah!...- un par de lagrimillas brotaron de sus ojos.

- MMM….- Nuevamente esa paredes estrechas le oprimían el miembro como la noche anterior, apresándolo lujuriosamente y proporcionándole un ambiente agradable e inigualable- que…estrecho…ah…

- AH!...- Lo tomó firmemente por la cadera y comenzó a embestirlo con fuerza.

- mmm kh!

Los gemidos se confundían con los quejidos, con cada embestida que se le daba. Las piernas de Hidan se aferraron entonces a la cadera del mayor, apresándolo más contra su propio cuerpo; echó sus brazos al cuello contrario y hundió su cabeza entre las ropas. Era casi como un sueño, tan perfecto dentro de lo extraño que parecía, perdiéndose por completo de la lúgubre realidad y ensimismándose en las sensaciones que su nuevo amante le producía.

- ah… KAKUZU~!!!

Sintió como éste le tomaba con fuerza y le levantaba hasta quedar sentado sobre sus piernas, dándole la espalda, y quedando frente a la puerta con las piernas abiertas a más no poder y siendo masturbado a su vez pro la fuerte mano del ojiverde. UN hilillo de saliva corría desde su boca hasta su cuello, gritando y gimiendo pro todo le placer recibido. Un fuerte rubor cubría su rostro, perlado por el sudor de todo el acto realizado.

- ah…!

No podía reprimirse. La sensación, la posición, el momento. Todo estaba en su contra, llevándolo a un momento de éxtasis total en el que la cordura ya no existía. Era excitante, fascinante, erótico. Jamás en su vida imaginó que tantas cosas se pudiesen mezclar en un solo instante, llegando a ese momento en el que Kakuzu tocó un punto donde la vista se nublaba y las sensaciones llegaban a su máximo nivel.

- me… vengo…- susurró entre gemidos- ah~!

- Mmm!

- AH!!!

El mayor dio la última embestida, chocando ambos cuerpos de una manera casi estremecedora. Ambos alaridos de placer no se hicieron esperar más. El tibio semen de Kakuzu bañó por completo las paredes que le oprimían con deliciosa lujuria, exprimiéndolo por completo y dejando a ambos dueños exhaustos. Uno cayó sobre el otro, exhaustos y calientes por la actividad que acababan de realizar. Había sido una experiencia demasiado satisfactoria como para dar queja alguna sobre el otro.

Poco a poco el mayor salió con cuidado del cuerpo más joven, dejando a su paso un fino hilo blanco. Hidan respiraba agitado, tratando de recuperar el ritmo lentamente, tirado entre las sabanas. Kakuzu lo abrazó por la espalda. Pegando más su cuerpo sudado con el suyo propio.

- Ah….- sonrió exhausto el menor.- dime algo… soy realmente un desliz?

- Jo…

- O…. que soy?- el sueño comenzaba a ganarle al peliplata.

- Eres mío…- sentenció con voz grave, ensanchando la débil sonrisa de Hidan.

- Idiota… eso…pensé…- musitó antes de caer por completo dormido, en sus brazos.

-

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Deidara observaba entretenido desde la banca en la cual se sentaba habitualmente para esperara a que, aquella mujer, saliese a dar su paseo habitual. El sonido de los barrotes al abrirse le alertó para que viese a la mujer, que como siempre, era seguida pro la doncella y su perro. Se pudo de `pie y comenzó a andar tras ellos, repitiendo el gesto con la mano para que el perro se escapase a donde él y le diese una buna oportunidad para entablar la conversación con su dueña.

'NO abras el sobre hasta después de hablar con ella… sabrás algo de lo que quieres saber'. Fueron las palabras de Madara antes de irse, después de que éste le diese el sobre que ahora llevaba entre las ropas. El perrito llego hasta sus pies, moviendo la cola y ladrándole felizmente.

- M?- la mujer llegó corriendo tras el perro. Una linda sonrisa se formó en su rostro para saludar a Deidara- hola!

- Hola!....-saludó atento el ojiazul- parece que se vuelve una costumbre esto, no? Uhn….

- Eso parece…- respondió cortésmente.

- Toma…- le extendió el perro para que lo tomase, recibiéndola gustosa en su pecho.

- Gracias… parece que le agradas- rió.

- Crees?...-el rubio sonrió, acariciándole la cabecita al animal graciosamente- es lindo…

- Si!- respondió con una sonrisita fugaz.

- Uh? –notó algo- hoy estás muy feliz…. Es un día festejable?

- Oh!- se sorprendió pro ser notada tan fácilmente- no, no es eso…mmm- se ruborizó- tanto s eme nota?

- Si, uhn…

- Es que…- el sonrojo creció- mi prometido regresa hoy…

- Oh!- esta vez fue Deidara quine se sorprendió. Comprendió entonces la charla que había tenido son Madara sobre las 'visitas' que le habían llegado a ella- ya veo…

- Si….

- Estás muy enamorada entonces- sonrió.

- Demasiado…

- Jejeje…- la sirvienta corrió hasta donde ambos y casi sin aliento, informó.

- Señorita, ya han llegado…-el rostro se le iluminó a Yukari al escuchar aquellas palabras.

- Lo siento- se disculpó apresurada- debo de irme….

- No te preocupes- sonrió- será en otra ocasión.

- Si! Nos veremos!- Deidara levantó su mano en señal de despedida, la castaña echó a correr hasta llegar a su casa.

Caminó solemne hasta la banca en la que había estado tiempo atrás, hurgando entre sus ropas para buscar el sobre y abrirlo con toda la calma posible. Botó los papeles que tenía junto a la fotografía de aquélla pareja abrazada y se sorprendió bastante. Comenzó a leer los papeles lo más rápido posible para encontrarle una razón coherente a la foto.

- Ah…- sus ojos se estremecieron al encontrar lo más relevante del caso- esto…

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Hidan dormía plácidamente en su cama. Unos cuantos mechones se pegaban en su rostro, debido al sudor que lo llenaba, un suave sonrojo coloreaba delicadamente su cara y unos cuantos ronquidos escapaban de su boca. Llenando el aire con su fino aliento y susurrando cas extrañas a la nada.

Una nota yacía junto a su cama, esperando volverse a encontrar lo más pronto posible y pidiendo paciencia a su regreso del trabajo. Ya establecerían cuentas pendientes claras para todo lo que tenían en mente ambos. Dio un bote más en su cama, y suspiró.

- Kakuzu…

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" Souho Yukari. 33 años. Hioja única del actual gobernador del estado. Soltera, próxima a casarse pro compromiso… De nilña perdiño la facultad de concebir…"

- Es estéril….-susurró sorprendido.

"Debido a su falta facultad para procrear, nadie le ha querido como esposa…. Su padre arregló un compromiso con un hombre importante de negocios, acaudalado a más no poder…

-….

"Ella desconoce totalmente sobre el tarto…"

- Esto…- observó la fotografía, sus manos le temblaron y sin pensarlo, soltó las hojas hasta caer al suelo y develar la fotografía a plena luz del día.

"Está próxima a casarse con un hombre de dinero…."

"…Por dinero…"

- No es posible…

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La enorme puerta de ébano se abrió de par en par, emitiendo un sonido sordo al golpear contra la pared y detenerse. Dos figuras se delinearon a causa de la luz callejera que se filtraba tras estos, una frágil sonrisa se dibujó en el rostro de Yukari al ver a ambos llegar. El rubor afloró en sus claras mejillas, y avanzó unos pasos hasta quedar frente a ambos y hacer una leve reverencia en señal de saludo y respeto.

- Padre…

- Yukari- sonrió el hombre.

La mirada iluminada de la chica se volcó sobre el hombre que yacía al lado de su padre. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que se miraron a la cara, desde que se estrecharon entre sus brazos y desde que se intercambiaron palabras. El sonrojó y la vergüenza le hizo bajar la cara. Oprimió con fuerza su delgada manos contra su pecho, sintiendo claramente como su corazón se aceleraba.

- Cuánto tiempo….Yukari-san- la profunda voz de su prometido la hizo estremecerse de emoción.

- Si… es verdad- alzó la vista cohibida, enfocando a los ojos verdes que la escrutaban. Fue bastante tiempo desde la última vez que nos vimos… Kakuzu-san….

"Está próxima a casarse con un hombre de dinero…."

"…Por dinero…"

"No puede tener hijos…. Por ello nadie la quiso…"

" Se casara con un hombre…"

"Llamado Kakuzu"

- Hidan….