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Capítulo III

Starrk analizó cada una de las respuestas posibles que se le habían ocurrido en los últimos segundos.

"Es un familiar lejano."

"Es un agente que contrate para ayudarme en ciertas cuestiones."

"Es miembro de otra agencia que quiere hacer un trato con nosotros."

¿Por qué ninguna se le hacía del todo convincente?

Las cosas serían mucho más sencillas si la muerte no lo siguiera a todos lados en cada minuto del día; en el desayuno, mientras caminaba por el pasillo, en el camino al trabajo (sí, porque él había querido acompañarlo al trabajo) y ahora también quería entrar en la junta privada de su compañía.

¿Acaso el ser más poderoso del mundo no sabía lo que significaba "privada"? Cuando volvió a verlo directo a los ojos sin encontrar ninguna inmutación, supuso que entendía el significado pero no quería aplicarlo.

- Te lo diré de nuevo: esta es una junta privada y no eres un miembro – repitió, con una vaga e inútil esperanza de que su acompañante se retirara a esperarlo a su despacho.

- Seguro que encuentras una manera de solucionarlo. Además, lo más posible es que ya pensaste en una serie de palabras a decir para justificar mi presencia.

Era punto y final, y lo dejó más recalcado cuando se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la sala de juntas. Starrk suspiró, pensar que había supuesto que ese día iba a ser mucho mejor que el anterior.

Debió de haber matado esas fantasías desde el momento mismo en que Ulquiorra le había preguntado, "que estaba en la agenda de hoy".


- Bueno, tengo que ir al trabajo y…

- Te acompañaré.

¿Qué había dicho?

¿Qué iba a estar con él en el trabajo?

Estuvo a punto de decir algo para darle a entender que era una mala idea, que no quería tenerlo cerca cuando estaba en su compañía y que todos sus socios iban a preguntar quién demonios era. Al final, sólo dio una sonrisa de burla hacia sí mismo.

Como si la muerte lo fuera a escuchar. Y si lo pensaba bien, mejor que estuviera cerca de él que de Orihime.

Sí, mucho mejor.

- ¿Quieres ir en coche o a pie? – preguntó, Ulquiorra pareció pensarlo durante unos instantes (o al menos la falta de una respuesta inmediata le dio a entender eso, no lograba saber que era lo que pasaba en la mente de ese enigmático ser. Y creía que nunca lo haría.)

- A pie.

Starrk arqueó una ceja, no esperó esa respuesta.

- Quiero ver el mundo con más detalle de lo que usualmente hago – dijo, como si hubiera leído la duda y sorpresa en la cara de Coyote.


Su ánimo tampoco mejoró cuando, con la misma estoica expresión que tenía desde que llegó, el espectro le había mencionado que su familia era bastante "interesante". Y donde quiera que lo mirara, que la muerte prestara atención a tus seres queridos no era un buen indicio ni algo reconfortante.

Tuvo que llegar a un "acuerdo" con él. Ulquiorra prometía que todo ese lío, tarea, asunto o como quisiera llamarlo sólo le concerniera a Starrk, y, a cambio nadie sabría quien era en realidad. Quiso llorar de felicidad cuando recibió un "Suena justo" como respuesta. Los ánimos se habían calmado después de eso, llegando inclusive a tener una pequeña platica de camino al edificio donde Starrk trabajaba.


- Sabes, he estado pensando - habló, un poco más alto de lo normal para hacerse oír entre el bullicio de los transeúntes de la calle y de los coches con sus motores ruidosos. Para notar que lo había escuchado, Ulquiorra desvió su mirada del edificio de 30 pisos que estaba viendo hacia su rostro - Ya que tú estás ocupado aquí, ¿cómo va el trabajo en, ya sabes, otros lugares?

No se le podía culpar por tener curiosidad sobre eso. Dado que la muerte estaba junto a él, caminando tranquilamente entre las calles fingiendo ser un humano cualquiera, ¿qué pasaba con la gente en el mundo? ¿Habían dejado de morir o algo por el estilo?

- Mientras te afeitabas esta mañana, no estabas haciendo sólo eso - dijo. Starrk lo miró interesado.

- ¿Qué quieres decir?

- Estabas teniendo ideas, haciendo planes, tomando decisiones, ¿verdad?

- Sí, supongo que sí.

- Entonces, entiendes el concepto. Mientras una parte de ti se ocupa de una cosa, otra se encarga de las demás. Puede que incluso se ocupe de tus problemas de trabajo, ¿correcto?

- Correcto.

- Por lo tanto comprendes la idea. Felicidades Starrk.

Tenía que admitir que era una buena y lógica (en lo que cavia teniendo en cuenta quien era) explicación. Él estaba aquí, disfrutando del mundo humano; y otra parte de su ser realizaba el trabajo. Como todas las funciones corporales que se hacen día a día sin ponerles mucha atención.

Sorprendente.

- Ahora multiplícalo hasta el infinito, llévalo a la eternidad, y no tendrás mas que un atisbo de lo que estoy hablando.

Bien, sorprendente se quedaba pequeño.

- ¿Ulquiorra? – dijo algo dudoso. No estaba seguro de si lo que iba a decir estaba bien o mal pero el querer saber eso en especial lo carcomía.

- ¿Si?

- ¿Qué hay sobre darle a alguien un respiro?

- Quieres decir, ¿hacer una excepción?

- Siempre hay una que pasa sobre la regla.

- En este caso, no.

Simple, monótono, exacto y a la vez cruel. No se esperaba menos de la muerte.


- Él es mi socio y… - maldita sea, ¿cómo era que él estaba quebrándose la cabeza para pensar en algo más que decir para que sonara aceptable que Ulquiorra estuviera ahí mientras éste mismo se encontraba sentado en la silla a su lado, estando de lo más lindo?

El día iba a ser largo. Jodidamente largo.

- Nos va a acompañar. Sé que es algo extraño, por lo que les pido disculpas.

Los demás en la sala (contando a Grimmjow y Nnoitra quienes ya habían conocido la noche anterior a tal peculiar invitado) lo miraron extrañados, pero parecieron acceder de buena gana.

Bueno, todos menos uno.

- ¿Es enserio? - Ichigo, que se encontraba en ese momento parado y con los brazos cruzados sobre su pecho, hizo una clara mueca de disgusto. Starrk no lo podía culpar, incluso a él que era representante de una de las empresas más influyentes no sólo del país sino del mundo no lo había dejado asistir a una junta como esa después de un tiempo; era claro que el joven se sintiera molesto por la clara "preferencia" que le daba a Ulquiorra - No lo esperaba, pero la buena compañía nunca cansa.

El sarcasmo con el que fueron dichas esas palabras era obvio para todos. Tanto que era incomodo.

- ¿Se supone que debo darte las gracias? - inquirió la muerte sin cambiar ni un ápice de su expresión y tono de voz.

Antes de que Ichigo pudiera protestar (cosa que de seguro haría debido al carácter que usualmente tenia) Starrk interrumpió.

- Suficiente. Que empiece la junta.

El ambiente pareció relajarse de un instante a otro. Ulquiorra admiró, hasta cierto punto, la influencia que tenia Coyote sobre los demás. Una palabra suya y todos volvieron a serenarse y concentrar su atención en los asuntos que eran de interés.

Los humanos eran creaturas de verdad singulares.

- Nuestro único punto hoy, es la oferta de alianza que se recibió de Aizen Sousuke - inició Ichigo, moviendo sus ojos alrededor de la sala y posándolos en cada uno de los socios importantes de la empresa - No soy del todo parte de ustedes, pero como representante oficial de Sereitei aquí, sugiero aceptar tal ofrecimiento. Creo que todos conocen la fama que Aizen se ha logrado ganar y las ganancias de la compañía se incrementarían con él como aliado.

- Pareces guiarte más por tu propia opinión que por los hechos.

Todos voltearon de forma inercial hacia la parte de donde había venido la voz. Incluso Starrk giró la cabeza entre sorprendido y confundido a su lado; por su parte, a Ulquiorra pareció darle igual que toda la atención cayera de golpe sobre él.

- ¿Disculpa? - inquirió el de cabellos naranja parpadeando confundido.

- ¿Es porque tu propia empresa está asociada con él? - continuó. Ichigo notó que ninguno de sus rasgos había cambiado en lo absoluto desde que lo conoció, misma expresión, misma seriedad y sequedad; pero por algún motivo, esta vez en lugar de saltar a discutir con él como normalmente lo haría con otra persona, se quedó callado esperando las palabras que el contrario tenía que decir.

Tal vez fue ese raciocinio y pensamiento lógico que pareció reflejar la mirada esmeralda.

- En este momento no es tu mente la que habla, si no tu fe ciega en tu lugar acomodado. ¿O me equivoco y tus palabras se basan en hechos concretos donde se puede demostrar la utilidad de tal asociación además del reciente trato hecho por Sereitei con aquella persona?

Ichigo sintió como si le dieran un puñetazo en la cara. Cierto era que él no sabía nada de ese tal Aizen y sólo porque sus demás compañeros lo habían aceptado él lo hizo. No tenía idea de quién era a fondo y si lo pensaba detalladamente, el propio viejo Urahara, quien a su punto de vista era uno de los mas perceptivos conocidos que poseía, había fruncido el ceño cuando le mencionó que Sereitei pacto una alianza con Sousuke.

Muy en su interior y con una extraña fascinación por el otro, Ichigo admitió que Ulquiorra llevaba razón e inconscientemente sonrió de lado.

El sujeto era bueno. Bastante.

- Supongo que tienes razón.

Starrk estuvo a punto de caerse de su silla, y supuso que no era el único. Que Ichigo aceptara poner a duda sus propias palabras era algo inaudito, el muchacho era terco como ninguno.

- Ya veo - fue lo único que respondió Ulquiorra.

La habitación pareció llenarse de un ambiente pesado. Y muy incomodo sobraba decir. Starrk suspiró por enésima vez esa mañana antes de continuar con el tema y tratar de aligerar un poco la atmosfera.

- He tenido una conversación con Aizen - comenzó - Y fue sorprendente, tengo que decir. Pero me hizo pensar en algo, y es que yo no cree esto para hacerme millonario. Creo que todos los saben y si no, déjenme decirles - en la última frase, volteo parcialmente su mirada hacia la muerte sentada a su lado; no tan sorprendido como cavia esperar al notar que el espectro lo observaba con atención - Esto fue creado para ayudar a los demás. Para tratar que el mayor número de personas posibles tuviera un lugar para llamar "hogar" y esa horrible soledad desapareciera de sus vidas. Y a Aizen, no le interesa nada de eso.

Starrk cerró los ojos un instante, recordando sus propias experiencias pasadas. Odiaba la soledad, odiaba sentir que era la única persona en un mundo que parecía estar repleto de ellas, odiaba esa tristeza al no sentir un simple pero importante contacto con alguien. Por eso mismo fundó "Arrancar", para tratar de evitar lo mas que pudiera que gente conociera ese desesperante sentimiento.

- Aizen tiene una mirada demasiado aguda para mi gusto. Es como si quisiera comerse al mundo, y no dudo que tenga la capacidad de hacerlo. Se hace cada vez más grande y en un futuro puede que incluso para hacer cualquier transacción tengas que pedirle permiso a él. Y debo decir, esa visión no es de mi agrado. Por eso, me niego a esta asociación; aunque por supuesto, todo depende de lo que digan ustedes.

Pasó un momento de silencio antes de que alguien se atreviera hablar.

- No pareces dejar mucha opción con tus palabras – comentó Baraggan Louisenbairn con tono desdeñoso - Por supuesto, es tu privilegio. Pero dadas las circunstancias, unirnos con Aizen Sousuke será tan inevitable como la muerte o los impuestos, ¿por qué no hacerlo de una vez entonces?

- Tan inevitable como la muerte, ¿dices?

Al escuchar la voz de Ulquiorra volver a resonar en la sala, Grimmjow y Nnoitra que se sentaban uno al lado de otro no pudieron evitar mirarse mutuamente con una sonrisa de expectación. El sujeto sabía como hacer callar a las personas, y ver al viejo molesto de Baraggan siendo derrotado en una batalla verbal era digno de ver. Incluso Ichigo presto más atención a todo lo que pasaba, esperando con cierta ilusión la respuesta que iba a ser proporcionada.

- Sí, ¿algún problema con eso? - enfurruñó el mayor de mala gana.

-Es una interesante elección de términos. Cierto que no hay escape de la muerte, pero compararlo con asuntos tan insignificantes como esos impuestos o la conciliación con una persona es estúpido. Sólo demuestra lo mucho que desea congeniar con aquel individuo, ¿le ofreció alguna propuesta que despertó a su codicia?

¡Bam! Golpe directo.

Baraggan tuvo ganas de ir y ahorcar a ese indeseado invitado. Especialmente después de escuchar risas de todos los demás a su alrededor.

Starrk se llevó la mano a su boca para tratar de cubrir la sonrisa que le surgió en su cara. Tal vez, no era tan malo dejar que Ulquiorra lo acompañara en su trabajo.


- ¿Ulquiorra Cifer? - Tatsuki dejÓ de golpear el saco de box que tenía enfrente y girÓ la cabeza para ver directo a su amiga, intrigada – Nunca había escuchado un nombre como ese.

- Yo tampoco, pero tiene elegancia ¿no lo crees? - dijo Orihime con emoción. Tatsuki sintió una gota de sudor resbalar por su cabeza al creer ver una especie de brillo en los ojos y alrededor de la chica.

- Bueno, por lo que me cuentas parece tener cierto estilo.

Esa mañana, notando que su mejor amiga parecía perdida en sus pensamientos cuando se supone que iba a ayudarla a entrenar para su torneo, no pudo evitar el preguntarle si algo había pasado. Y a una velocidad exacta de casi 0.67 segundos, Orihime le empezó a contar de forma atropellada todo lo que le había sucedido desde la última vez que se vieron. Dando un gran énfasis en aquella persona que acababa de aparecer hace no más de un día.

Ulquiorra Cifer. Un amigo cercano de Coyote Starrk que curiosamente había conocido a su peli naranja amiga en un restaurant/café antes de ser presentado a toda la familia esa misma noche. Al escuchar todo, Tatsuki se preguntó interiormente si el chico era bipolar, un cambio de actitud tan fuerte como el de ese tipo no era cosa común. Aunque, el trauma del accidente que dijo haber tenido pudo ser muy fuerte.

Bah, no era su asunto preguntarse esas cosas. Al menos no del todo.

- Vale, creo que entiendo que estés preocupada por lo que le pasÓ y quieras ayudar de alguna forma. Pero, ¿cómo piensas hacerlo si ni siquiera sabes qué tipo de accidente sufrió? - inquirió, a lo que Orihime hizo un pequeño puchero - No puedes llegar a tu hospital diciendo: "Denme toda la información que tengan sobre accidentes de auto y extrañas cicatrices".

Bueno, Tatsuki tenía un punto. Orihime había pensado que podría aprovecharse un poco de su trabajo como enfermera en un hospital y de que era amiga cercana del dueño de éste para ayudar a Ulquiorra. Se le había hecho una idea tan magnífica que no llegó a darse cuenta de que no tenía idea de cómo había ocurrido el accidente.

Quería evitar a toda costa que el joven Cifer volviera a revivir tales recuerdos, así que preguntarle directamente lo sucedido estaba fuera de planes. ¿Debería de pedirle a su padre los detalles? ¿Buscar testigos que hubieran presenciado el choque?

Bufó. Resultó ser más complicado de lo que esperaba.

Notando la decepción reflejada en los rasgos faciales de su amiga, Tatsuki trató de animarla con alguna otra idea.

- Bueno, podrías describir esas cicatrices que dices tiene y preguntar sobre ellas. No creo que sean lo que se diga comunes - sugirió.

Los ojos de Orihime destellaron antes de que se le abalanzara a su amiga con un muy fuerte abrazo.

- ¡Eres grandiosa Tatsuki-chan!

Tatsuki no creía eso, pero no tuvo ganas de decirlo en voz alta.


- Tus intervenciones fueron bastante… - ¿Cuál era la mejor palabra a usar? ¿Directas? ¿Útiles? - …asertivas – finalizó. Ulquiorra lo miró con lo que le pareció un deje de curiosidad - Supongo que ver las cosas sin ningún sentimentalismo de por medio es conveniente y provechoso en ciertas circunstancias.

- Yo diría que en todas.

Starrk admitía que se había divertido viendo como Ulquiorra destrozaba todos los argumentos de aquellos que tuvieran dudas con respecto a la decisión de evitar aliarse con Aizen Sousuke. La muerte le buscaba una razón lógica a todo y si no la encontraba, le era relativamente fácil desdeñar los sentimientos y la percepción hasta ningunearlos.

Algo que le resultó ventajoso.

- Si no supiera quién eres, diría que me estabas ayudando - comentó jovial.

Antes de que Ulquiorra pudiera responder, la secretaria de Starrk hizo su aparición con una disculpa por interrumpir y una pequeña reverencia.

- Los documentos a firmar, señor - indicó, dejando un montón de hojas encima del escritorio de su jefe quien miró a los papales con disgusto evidente - Recuerde que tiene que terminarlos hoy.

Pereza. Eso fue lo que sintió Coyote de sólo ver la pila blanca. Siempre odió hacer eso y siempre lo haría. Lilynette se quejaba seguido de que lo tenían que perseguir continuamente para lograr que acabara con la documentación de la empresa.

¿Se le podía culpar? Había cosas más interesantes en la vida que sentarse a firmar hojas durante horas.

- Veo que tienes trabajo.

- Algo así.

- Entonces termínalo.

- ¿Qué? - Starrk miró a Ulquiorra con horror. La muerte lo observó sin expresión alguna.

- Termínalo. No hay razón para no cumplir con los deberes - bueno por supuesto, Coyote supuso que si Ulquiorra en especial no cumplía con su trabajo el mundo se pondría de cabeza. Morir era una cosa natural y necesaria.

- Acabarlo tomara horas. Te aburrirás - se excusó.

- Simplemente te dejare aquí y me iré a recorrer la ciudad.

"Cabrón sin sentimientos" pensó de mala gana Starrk.


El auto pasó demasiado cerca para su gusto, a una velocidad que seguramente superaba los límites establecidos de seguridad. Tatsuki tuvo ganas de ir corriendo detrás del coche, obligar al conductor a bajar y darle una buena paliza por ser tan estúpido y conducir de esa forma.

No le sorprendía que fuera en esa avenida donde ese tal Ulquiorra sufrió el accidente.

Después de terminar su entrenamiento de todos los días y de unos minutos más de charla amena con Orihime, ambas se habían despedido e ido a caminar por sus propios rumbos. Muy a su pesar, Tatsuki tuvo curiosidad sobre el supuesto atropellamiento del nuevo conocido de su amiga y empezó a preguntar a caminantes que pasaban si sabían algo de lo que ocurrió. Algunos la miraron extrañados, otros la ignoraron completamente y unos más incluso la tiraron de loca; hasta que al final un vendedor ambulante de donas le respondió. Le contó con evidente preocupación y asombro que mientras el joven cruzaba, un coche salió "de la nada" y chocó contra él tan fuerte que lo mandó a estrecharse directo en el suelo con el claro sonido de huesos rompiéndose y su cabeza rebotó un par de veces en el duro filo de la acera.

Tatsuki tragó saliva cuando lo escuchó. Eso no sonaba nada bien.

- ¿Y qué paso luego? - había preguntado interesada.

- Fue… - el hombre dudo en como describir lo que vio - Algo asombroso. Las personas que estaban ahí llamaron rápidamente a una ambulancia, pero cuando veías el gran charco de sangre que salía de la cabeza del chico y la repentina blancura que apareció en su piel, sabias que no iba a sobrevivir. El golpe fue muy fuerte, incluso con sus parpados cerrados la sangre se le escurría de los ojos; parecían lagrimas.

Al final, la ambulancia había llegado y el hombre le comentó que oyó claramente como los paramédicos mencionaban que la temperatura corporal del paciente bajaba rápidamente a niveles alarmanticos. Se moría y temían no poder hacer nada para evitarlo.

Tatsuki sintió admiración al saber que ese chico había sobrevivido a eso. Apostaba que se había aferrado como loco a la vida y por eso aún estaba en este mundo.

Suspiró algo cansada. Si quería cooperar con Orihime en su idea de ayudar de alguna forma a Ulquiorra Cifer tendría que ir al hospital donde ella trabajaba para darle la información que acababa de recolectar. Y mejor ahora que luego, no quería que sus oídos sufrieran con los chillidos y quejas de la peli naranja por no decirle inmediatamente de algo como eso; al fin y al cabo, parecía que tenia cierto gusto (y una peculiar atracción, claro está) por el de "hermosos ojos esmeralda" (citando las propias palabras que había utilizado para describírselo).

El semáforo cambió de verde a amarrillo para los autos, señalando que era mejor que le fueran bajando a la velocidad ya que el alto se avecinaba. La gente se empezó a aglomerar aún más en la orilla de la banqueta, esperando impaciente poder cruzar; tanto así que, al cambio de color, la empujaron y la hicieron chocar con la persona de al lado.

- Lo siento - se disculpó, haciendo una rápida reverencia para luego voltear a ver directo a los ojos a la persona.

Sintió que el mundo le estaba dando una especie de señal.

- Ten más cuidado a la próxima - fue lo único dicho antes de que volviera a caminar hacia adelante. Tatsuki parpadeo repetidas veces confundida y asombrada, sin moverse de su lugar y ganándose miradas molestas de las personas a quienes estorbaba.

No cabía duda. Era igual a la descripción que le habían dado. Pelo negro intenso ni tan corto ni tan largo, piel blanca como la nieve, voz calmada, grave y profunda; ojos verdes esmeralda y esas características lágrimas del mismo tono que los orbes.

¡Ajaja! Se había ganando el premio grande.

Corrió rápidamente y sin pensarlo, tomo la muñeca del otro jalándole y quitándole temporalmente el equilibrio, lo que ocasionó que se tambaleara un poco antes de voltear a verla.

- Ulquiorra Cifer, ¿cierto?

El joven no mostró ningún rastro de sorpresa, sólo la miro fijamente y Tatsuki sintió como si su alma estuviera siendo leída como un libro abierto. Bien, chico atractivo y serio que sin palabras es capaz de hacerte sentir de alguna forma desnuda, no culpaba a Orihime por haberse interesado en él.

- ¿Tú eres?

- Tatsuki Arisawa. Me gustaría que me acompañaras a un lugar.


- Entonces, ¿no hay ningún registro? - preguntó con cierta decepción.

- No, lo siento. Parece que en este hospital no fue tratado - contestó Uryuu Ishida meneando la cabeza - Pero, si estas tan preocupada puedo tratar de averiguar en cual fue atendido. No creo que sea tan difícil de localizar, y mucho menos con las características tan singulares que mencionas.

- ¡¿En serio?! - gritó alegre para llevarse las manos a la boca casi al instante. Estaba en un hospital, debía de estar en silencio; ante aquel gesto Ishida se dio la libertad de soltar una pequeña risa.

- En serio. Apenas tenga algún indicio te lo haré saber.

- ¡Gracias, Ishida-kun!

Después de esa sonrisa tan brillante, Ishida supo con certeza que no iba a parar hasta encontrar el hospital que se había encargado de ese accidente. Era casi imposible negarse a hacer algo cuando se trataba de esa infantil pero dulce chica, ya sea ese hecho algo bueno o malo.

- Entonces perdona por molestarte, regresare inmediatamente a mis deberes - dicho esto, Orihime se paró y se fue a toda prisa a su lugar de trabajo.


- No había escuchado de un caso parecido nunca. Lo que sucedió debe ser algo único, y para poder ayudarte necesitaría verlo personalmente.

Sí vaya, como lo había supuesto. Sin información ni uno de los mejores médicos del hospital podría hacer algo. Notando al instante la baja de humor con lo que dijo, Unohana colocó su mano en el hombro de la chica en señal de apoyo.

- No te preocupes, no creo que tu padre lo dejara moverse tan libremente si aún tuviera algo grave.

Era cierto, Orihime lo sabía bien. Starrk nunca dejaría a alguien desamparado y sin ayuda, menos a alguien que la necesitara urgentemente. A pesar de eso, no podía quitarse ese extraño sentimiento de que había algo más en todo ese asunto que era serio y no podía ver.

Esa mañana no se encontró con Ulquiorra debido a que se había ido con su padre temprano al edificio de la compañía. De hecho, ninguna de sus hermanas había podido verlo y vaya que tenían curiosidad sobre él, especialmente luego de que Orihime les contara (más obligada por tanta insistencia que por su propia voluntad) como era que lo conocía y lo que pasó la noche pasada en el ático de la torre de la casa.

"¡Un accidente!" había gritando horrorizada Nelliel.

"Bueno, eso explica porque no parecía muy comunicativo en la cena. ¿Quién quisiera hablar cuando algo como eso le sucedió apenas hace unas horas?" dijo Lilynette frunciendo el ceño.

Eso hizo que de alguna forma se angustiara. Y bastante.

- ¿Orihime-chan? - Unohana la miró preocupada. La mencionada dio un pequeño brinco por ser liberada tan de pronto de sus ensoñaciones y soltó una risa nerviosa.- ¿Quieres que vaya a tu casa y lo vea? Parece que en verdad te intranquiliza…

- ¡Oh no, no es necesario Unohana-san! - se disculpó de inmediato, moviendo sus manos en señal de negación - Es necedad mía, no tiene que tomarse esas molestias.

Unohana no pareció quedar satisfecha con esa respuesta, pero aún así asintió en consentimiento.

- Podrías preguntarle a Ishida si hay algún registro de él aquí. No creo que te niegue la ayuda.


Orihime suspiró pesadamente al recordar la pequeña plática con Retsu Unohana. Lo que decía la medico era cierto, y era mejor no preocuparse demasiado; sin mencionar que Ishida quedó que iba a hacer lo posible por encontrar el hospital donde fue tratado Ulquiorra.

Se dio unas pequeñas palmadas en la cara para volver a centrarse. No sabía lo que le pasaba hoy, pero mejor era concentrarse en el trabajo y ya. Cuando fuera hora de la cena se podría volver a poner nerviosa.

- Chizuru-chan - saludó a la recepcionista principal del hospital con una sonrisa en su rostro.

- ¡Mi querida Orihime-chan! - gritó la joven peli rosa mientras, sin importarle la mirada de las personas a su alrededor, dejaba su puesto y se iba a corriendo al lado de la de cabellos naranjas y le daba un asfixiante abrazo - ¡Pequeña, ¿estás mejor ya?!

- Bueno, se podría decir que s-

- ¡Orihime!

Un grito estruendoso resonó en la sala. Orihime supuso que si Ishida viera (o escuchara más bien) eso, no le gustaría en absoluto. Era un hospital, los gritos como esos estaban prohibidos a menos que fuera una emergencia.

Y como era Tatsuki de la que se trataba, era mejor no fuera ninguna emergencia.

- Tatsuki-chan, ¿qué pasa? - preguntó asustada viendo como respiraba con dificultad. ¿Le había pasado algo? ¿Necesitaba que llamara a un medico especial o algo así?

- Te traje a tu querido paciente - respondió con una sonrisa triunfal Tatsuki mientras recuperaba el aliento.

Antes de que Orihime pudiera preguntar a que se refería, la persona que menos esperó ver en esos momentos apareció detrás de su amiga.

- Así que esto tiene que ver contigo, mujer. Debí esperarlo.

- ¡¿Ulquiorra-kun?!

Oh sí, era un día lleno de sorpresas para Starrk y su hija.


¡Hola a todos!

Antes que nada, les debo una disculpa por haberme tardado tanto en actualizar. Pero la escuela empezó un ataque a sangre fría y bueno, necesitaba defenderme si no quería salir mal. De hecho, debería de estar haciendo tarea de italiano en lugar de estar aquí metida. Creo que eso se me puede perdonar.

En este episodio presente a más personajes y un poco de la situación de los ya conocidos.

¿Qué faltaron momentos UlquiHime? Ya en el próximo capítulo se los pagare, no se preocupen.

Esta vez, no tengo mucho que decir. Solo agradecer el apoyo dado. Gracias y hasta la próxima.

Atte: ElenaMisaScarlet