Capítulo 4

Ya con los primeros rayos del sol estaba clavada en la estación, esperando. Pasaron horas hasta que sentí la suave vibración de las vías y luego logré divisar el tren en el horizonte. En un segundo se abrieron las puertas del tren y logré ver a mi padre, que para mi horror llevaba a Gaetan herido y ensangrentado en sus brazos. Sin siquiera mirarme, pasó a mi lado y lo subió a un auto que supuse iría al hospital. Sin entender nada los seguí en mi propio auto. Supuse que sería algo bastante delicado como para que mi padre no me dirigiera la palabra de esa manera.

Al llegar allí no pude encontrar a mi padre y nadie podía decirme dónde estaba aquel paciente. Lloré de impotencia en una sala de espera cualquiera hasta que Orson, el médico amigo de mi padre que había estado con él en la resistencia, vino a hablarme. Me guió hacia una habitación mientras me contaba que Gaetan había sido atacado cuando, tratando de aprovechar la oportunidad, intentó a asesinar a Apolo. Ese nombre me trajo escalofríos y malos recuerdos, de aquel hombre que con sus compañeros habían comprado mi cuerpo y me habían poseído a la fuerza.

Lo vi tendido en la cama de hospital, cubierto en cortes y moretones, con vendas manchadas de sangre y algunos huesos rotos. Pero vivo, mirándome con sus ojos azules, opacados por el dolor y con cierta confusión. Orson nos dejó solos y me acerqué a él.

-Hola preciosa –sonrió y yo le correspondí, mientras tomaba su mano.

-Bienvenido de nuevo Gat. ¿Cómo ha estado el viaje? –reflexionó un momento, mientras su expresión se tornaba seria y oscura.

-No lo sé, no puedo recordarlo. ¿Ese es mi nombre verdad? ¿Y tu como te llamas preciosa? –Supongo que logró ver el pánico en mis ojos porque apretó mi mano y puso esa mirada consoladora.

-Eres Gaetan, Gat sólo lo digo yo. –Esbocé una pequeña sonrisa tratando de disimular mi pesar.

-¿Estabas llorando? Estoy seguro que eres más preciosa aun con una sonrisa. –Quizá intentaba animarme, pero sin el menor éxito.

-Disculpa, iré a hablar con Orson.

-¿Volveré a verte? Aun no me has dicho tu nombre.

-Claro, siempre estaré aquí. Por cierto, soy Sophie. –Le regalé una sonrisa falsa, pero la mejor que pude lograr y salí disparada a hablar con el médico. Era lo que temía, habían intentado un secuestro utilizando un poderoso veneno de restrevíspulas. Sin embargo no llegaron al punto de reemplazar sus recuerdos viejos por los falsos, y ahora quedaba en blanco. Me explicó que lo mejor era decirle lo menos posible de su pasado, para que esperanzadamente lo recordara solo, cuando pasadas algunas semanas el veneno saliera de su sistema. No podía creer que no me conociera, ni a los niños ni a nuestros amigos, pero por otro lado, podía ser una ventaja olvidar el horrible paso por los juegos. Tal vez no, porque fue tanto la felicidad como el sufrimiento lo que nos hizo ser lo que somos.

Volví a la habitación de Gaetan y lo encontré dormitando, pero enseguida abrió los ojos y sonrió al verme.

-¿Y qué te dijo?

-Hay que esperar algunas semanas, debemos tratar de decirte lo menos posible de tu pasado para que lo recuerdes solo. –Se encogió de hombros.

-Bueno, está bien para mí.

-Gat, ¿confías en mí? Quiero decir, ¿por qué me crees con tanta tranquilidad?

-¿Y a quién habría de creerle? Sabes, es raro, no te conozco, pero siento algo distinto, eres especial para mí de alguna manera. –Me mordí el labio intentando no decirle nada, quizá esto era la pequeña punta del ovillo para volver a recordar. Noté que su mejilla estaba sangrando y lo curé con la energía de la medicina que él me había enseñado muchos años atrás; terminando con una pequeña caricia en su pómulo. Aunque se sorprendió por la hazaña sobrenatural no se alteró, sino que me agradeció.

-Podría curarte el resto de tu cuerpo si quieres. Sólo si confías en mí, y si no te incomoda que te vea. –Se sonrojó.

-Confío en ti, y eso de curarse al instante suena bien. Gracias.