Capítulo 4

Ese día para Terry era muy diferente a los demás, sencillamente porque ese día estaba terminando de completar su sueño de ser actor, faltaban pocas horas para el estreno de la maravillosa puesta en escena de Romeo y Julieta, presentada por la compañía Strafford, y todas las emociones estaban a flor de piel, ese sería su primer protagónico y el inicio de una carrera prometedora, esperaba que fuera así, la verdad estaba bastante nervioso, pondría todo de sí para que fuera un éxito no tanto para sus compañeros si no para él mismo, y claro para que cierta rubia pecosa se sienta orgullosa.

Pero ahora que se encontraba en su camerino no pudo evitar recordar todo lo vivido en ese mismo recinto al lado de Candy.

Después de haber disfrutado el día de campo en la azotea del teatro se dirigieron hacia el camerino de Terry, cuando entraron Candy pudo apreciar que definitivamente la presencia de Terry estaba impregnada en cada detalle del lugar, desde su inconfundible olor a lavanda mezclado con vainilla, libretos abiertos acomodados en un pequeño escritorio, maquillaje en un pequeño mueble frente a un sencillo espejo, ropa y no solo para la obra también había casual, no había duda aquel lugar era una especie de refugio para Terry, solo estuvieron un breve momento ahí, después se dirigieron al escenario ya que él estaba seguro que ella quería pisarlo, cuando llegaron Candy quedo maravillada por toda la escenografía ya que esta de verdad te transportaba a otro mundo y la sensación era maravillosa, la escenografía estaba puesta para realizar la escena del balcón y a él se le ocurrió una idea, mientras Candy estaba como en medio de un trance Terry la tomo por la cintura y la condujo a la escaleras que daban al balcón implementado llegaron a la sima de las escaleras y todo se apreciaba mejor, mientras ella seguía observando él bajo y se puso de bajo del balcón y dice

- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mí a quien habla. Dos de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡OH! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡OH! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!

Terry no lo decía por ser el dialogo de la obra, en su corazón sentía que no había mejor forma de describir a Candy.

Desde que la dulce voz de Terry se escuchó Candy salió de su trance y apreció cada palabra dicha por él, sonrío para sí misma

- ¡Ay de mí!

Terry se sorprendió por la respuesta, ¿Acaso Candy conocía la obra?, definitivamente ella nunca dejaría de sorprenderlo, le dedico una tierna sonrisa y continúo

- Habla. ¡OH! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.

- ¡OH Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto.

- ¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora?

- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡OH, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!

- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!

Desde que comenzaron con los diálogos no se habían visto a los ojos, pero ahora que sus miradas se cruzaron un estremecimiento cruzo por sus cuerpos, era la alegría que los envolvía

- ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos?

- ¡No sé cómo expresarte con un nombre quien soy! Mi nombre, santa adorada, me es odioso, por ser para ti un enemigo. De tenerla escrita, rasgaría esa palabra.

- Todavía no he escuchado cien palabras de esa lengua, y conozco ya el acento. ¿No eres tú Romeo y Montesco?

- Ni uno ni otro, hermosa doncella, si los dos te desagradan.

- Y dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte, considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera.

- Con ligeras alas de amor franquee estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor; y lo que el amor puede hacer, aquello el amor se atreve a intentar. Por tanto, tus parientes no me importan.

Para Terry lo antes dicho no era más que su verdad, eso y más haría por Candy

- ¡Te asesinarán si te encuentran!

- ¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos! Mírame tan sólo con agrado, y quedo a prueba de su enemistad.

- ¡Por cuánto vale el mundo, no quisiera que te viesen aquí!

- El manto de la noche me oculta a sus miradas; pero, si no me quieres, déjalos que me hallen aquí. ¡Es mejor que termine mi vida víctima de su odio, que se retrase mi muerte falto de tu amor!

- ¿Quién fue tu guía para descubrir este sitio?

- Amor, que fue el primero que me incitó a indagar; él me prestó consejo y yo le presté mis ojos. No soy piloto; sin embargo, aunque te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña el más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante.

- Tú sabes que el velo de la noche cubre mi rostro; si así lo fuera, un rubor virginal verías teñir mis mejillas por lo que me oíste pronunciar esta noche. Gustosa quisiera guardar las formas, gustosa negar cuanto he hablado; pero, ¡adiós cumplimientos! ¿Me amas? Sé que dirás: sí, yo te creeré bajo tu palabra. Con todo, si lo jurases, podría resultar falso, y de los perjurios de los amantes dicen que se ríe Júpiter. ¡OH gentil Romeo! Si de veras me quieres, decláralo con sinceridad; o, si piensas que soy demasiado ligera, me pondré desdeñosa y esquiva, y tanto mayor será tu empeño en galantearme. En verdad, arrogante Montesco, soy demasiado apasionada, y por ello tal vez tildes de liviana mi conducta; pero, créeme, hidalgo, daré pruebas de ser más sincera que las que tienen más destreza en disimular. Yo hubiera sido más reservada, lo confieso, de no haber tú sorprendido, sin que yo me apercibiese, mi verdadera pasión amorosa. ¡Perdóname, por tanto, y no atribuyas a liviano amor esta flaqueza mía, que de tal modo ha descubierto la oscura noche!

Cada dialogo que decían en realidad salía desde el fondo de su corazón, este era la mejor forma de gritar a los cuatro vientos su amor.

- Juro, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de los árboles…

- No jures por la luna, que es su rápido movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su inconstancia.

- ¿Pues por quién juraré?

- No hagas ningún juramento. Si acaso, jura por ti mismo, por tu persona que es el dios que adoro y en quien he de creer.

- ¿Pues por quién juraré?

- No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. Son como el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando vuelvas haya llegado abrirse, animado por las brisas del estío, el capullo de esta flor. Adiós, ¡ojala caliente tu pecho en tan dulce clama como el mío!

- ¿Y no me das más consuelo que ése?

- ¿Y qué otro puedo darte esta noche?

- Tu fe por la mía.

Entonces Terry decidió cambiar un poco la escena y empezó a subir por el balcón como la obra lo marcaba, pero con la convicción no solo estar cerca de su Julieta.

- Antes te la di que tú acertaras a pedírmela. Lo que siento es no poder dártela otra vez.

- ¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela?

- Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que tengo ya. Pero mi afán de dártelo todo es tan profundo y tan sin límite como los abismos de la mar. ¡Cuando más te doy, más quisiera date!… Pero oigo ruido dentro. ¡Adiós no engañes mi esperanza… Ama, allá voy… Guárdame fidelidad, Montesco mío. Espera un instante, que vuelvo en seguida.

Candy se esconde ya que eso es lo que Julieta hace en la obra y Terry solo pudo sonreír, muchas veces se imaginó así con Candy

- ¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo esto de un delicioso sueño

- (Asomada otra vez en el balcón) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuando quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida he iré en pos de ti por el mundo.

Esperaron un momento simulando que era el tiempo en que alguien llamaba a Julieta

- Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, Te suplico que…

Nuevamente hacen una pausa, ya que otra vez Julieta es llamada por su nana

- Ya corro… Te suplico que desistas de tu empeño, y me dejes a solas con mi dolor. Mañana irá el mensajero…

- Por la gloria…

- Buenas noches.

Candy se esconde y con una esplendorosa sonrisa, desde Escocia deseo ser la Julieta para su Romeo

- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.

- (Otra vez en el balcón) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡OH, si yo tuviese la voz del cazador de cetrería, para llamar de lejos a los halcones ¡Si yo pudiera hablar a gritos, penetraría mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaría a ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo!

- ¡Cuán grado suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que la música en oído atento.

- ¡Romeo!

- ¡Alma mía!

- ¿A qué hora irá mi criado mañana?

- A las nueve.

- No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que llegue. No sé para qué te he llamado.

- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!

Terry cada vez se encontraba más cerca de llegar junto a Candy

- Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que pensaba, recordando tu dulce compañía.

- Para que siga tu olvido no he de irme.

Finalmente Terry llego al lado de su Julieta pecosa la atrajo hacia el dulcemente

- Ya es de día. Vete… Pero no quisiera que te alejaras más que el breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene sujeto de una cuerda de seda, y que a veces le suelta de la mano, y luego le coge ansiosa, y le vuelve a soltar…

- ¡Ojala fuera yo ese pajarillo! - El abrazo se hizo más estrecho

- ¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? Aunque recelo que mis caricias habían de matarte. ¡Adiós, adiós! Triste es la ausencia y tan dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.- Dijo Candy casi en un susurro por todas la emociones que la albergaban

- ¡Qué el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojala fuera yo el sueño, ojala fuera yo la paz en que se duerme tu belleza! – Terry se comenzó acercar su rostro al de Candy y ya como un susurro -De aquí voy a la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle ayuda y consejo en este trance. – Terminaron por unirse en un tierno, pero lleno del amor que gritan sus corazones, beso

La caricia se detuvo, se despegaron un poco para verse directamente, ambos esbozaron una sonrisa, estaban sumergidos en su mundo, nada ni nadie existía, hasta que él rompió el silencio pero sin romper el abrazo

- Princesa Julieta… - recordando el momento vivido en el Festival de Mayo – Pecosa… la verdad me sorprendiste - Ella sonrío dulcemente

- Esa era la idea – deposito un fugaz beso en los labios masculinos. Él estaba bastante desconcertado por todas las emociones vividas, y no soltaba el abraso ni un milímetro. Ella entendió la pregunta en sus ojos – Desde que la leíste en Escocia para mi quise leerla completa pero el tiempo no me lo permitió, luego de verte en Chicago quise hacerlo de nuevo pero no pude, ahora que estoy en la casa de tu madre aproveche el tiempo y quería que fuera una sorpresa para el estreno pero… - se acercó coquetamente a su rostro- que mejor momento que ahora

- ¡Te amo! – fue lo único que Terry atino a decir, su pecosa era una cajita de sorpresas pero le gustaba que Candy buscara cosas para agradarlo y solo ella conocía la mejor forma para lograrlo

- ¡Te amo! – respondió ella y de nuevo se unieron un beso

El día continúo y llego la hora del ensayo, Terry no dejo que Candy se fuera y pudo presentársela a Robert, este de inmediato supo reconocer que ella era especial y se complementaban de una forma única. Pero a la vez unos ojos celestes miraban todo eso con envidia y cierto resentimiento

Unos toquidos en su puerta sacaron a Terry de sus recuerdos, era la persona que debía maquillarlo, siguió pasando el tiempo.


Candy se encontraba nerviosa, más nerviosa que el mismo Terry, parecía que ella fuera la que actuaría, mientras se arreglaba con ayuda de unas de las muchachas que Eleonor le mando, no podía evitar mostrarlo abiertamente, su pensamiento la llevaron a la causa de estos, todo era porque esa noche todo New York la conocería como novia de Terry, ya que él le había dicho que como actor principal de la obra tenia privilegios y uno de esos era retirarse del teatro del brazo de su novia o esposa, ¿esposa? Se preguntaba Candy ya que esa palabra él la había pronunciado de una forma…, la verdad no sabía cómo describirla.

Esa noche ella portaría un hermoso vestido negro de seda con pequeños cambios en color verde, que en realidad no eran perceptibles al ojo, solo le daban un toque hermoso con el juego de las luces, el vestido le llegaba hasta un poco debajo de la curva de su cuello dejando descubiertos los hombros, la parte superior era el estilo de corsé, se adecuaba divinamente a su cuerpo dejando ver su pequeña cintura y esbelto cuerpo, para luego empezar la falda pegadas sus caderas pero mientras descendía se iba despegando de su pierna en línea A, pero sin ser demasiado ancho, el vestido era completado por una hermosas zapatillas altas del mismo color del vestido, unos guantes de seda a tono y una chalina para cubrirse del frío.

Candy en realidad no sabía cómo había aceptado este vestido cuando Eleonor le dijo que se miraría hermosa en él, ya que el vestido era demasiado revelador, pero ahora la imagen que le regresaba el espejo le agrado, el complemento del atuendo era una hermosa y sencilla gargantilla de plata unos retes de plata pero con incrustaciones de esmeralda, también había sido regalo de Eleonor, al principio Candy no quería que ella gastara tanto, pero no pudo negarse cuando Eleonor le dijo que quería consentir a su nueva hija, que argumento podría tener contra eso, su cabello lo llevaría suelto, eso le hizo recordar la tarde vivida en el teatro

Luego de haber compartido la escena del balcón, se quedaron platicando sentados a la orilla del escenario.

- ¡No puedo creer que en una semana sea el estreno! – decía Terry muy emocionado viendo hacia las butacas

- Pues créelo, y ¡disfrútalo!

- Pero sabes, Hay algo mejor que todo esto- dijo señalando todo el teatro para luego verla fijamente

- Algo mejor ¿Enserio? – en realidad Candy no creía que para Terry hubiera algo mejor que el teatro

- Sí, hay algo mejor… - dijo tomando sus manos para luego depositar un tierno beso en ellas – y eso eres tú, y que estés a mi lado- le regalo una cautivadora sonrisa que derretía a Candy – ¡Gracias por estar aquí mi amor! – deposito un tierno beso en su mejilla. Candy no pudo decir nada porque quería decirle tantas cosas

- ¡Y tú gracias por ser parte de mi vida! – fue lo único que pudo decir y le regalo una sonrisa que podía hacer cálida la más fría noche. Terry no estaba preparado para esa confesión, solo pudo decir lo que está en su corazón

- ¡Te amo Pecosa! - Candy le devolvió el beso en la mejilla como respuesta

- ¡Yo también te amo amor!

Se perdieron en sus miradas no había mejor lugar que ese, donde con la mirada se decían todo lo que su corazón guardaba, entre ellos el silencio no era incomodo, al contrario era la prueba de ese lazo que había entre ellos, lamentablemente ese momento fue interrumpido

- ¡Buenas tardes! – dijo una vos que Terry conocía y que lamentablemente odiaba, muy a su pesar se separaron y levantaron, tiernamente pero posesivo Terry tomo la mano de Candy

- Buenas tardes – dijo Candy primero y de inmediato reconoció de quien se trataba

- Buenas tardes Susana – dijo Terry secamente, por una parte agradecía su presencia así dejaría claro todo – Susana te presento a la señorita Candice White, mi novia – lo último lo dijo acentuándolo, luego se dirigió a la pecosa – Candy te presento a Susana Marlow

- Mucho gusto Susana, aunque talvez no recuerde pero ya nos conocíamos – Terry no podía creerlo, ya que Candy nunca le menciono nada, pero no entendía como

- Mucho gusto, claro que recuerdo ¿en Chicago verdad? – dejaría ver que ella es una que no se rinde fácilmente, y el noviazgo no quería decir nada definitivo

- ¿Chicago? – Pregunto un Terry desconcertado

- Veo que no se lo platicaste –menciona maliciosamente Susana

- Lo siento Terry pero no pensé que fuera relevante algo tan sin importancia – si Susana quería guerra la tendría

- Pero ¿cómo? – Terry seguía sin entender

- Bueno…- se adelantó Candy- veo que tú tampoco le diste el mensaje – se dirigió a la ojiazul- cuando actuaste en Chicago, luego que termino la función pensé en darte una sorpresa y visite tu hotel pero la señorita me dijo que estabas indispuesto y le pedí favor que te digiera, pero por lo que veo no lo hizo - Terry no lo podía creer Susana lo negó, y lo peor era que él había estado en ese momento esperándola en el hospital, se acercó a Candy y la tomo por la cintura

- Entiendo, pero eso ya no importa ya que después de todo si pudimos vernos amor – dijo Terry

- Si tienes razón- concordó Candy, Susana no lo podía creer que se habían visto pero ¿cómo?

- Susana… - Terry tomo la palabra - por favor no vuelvas a decidir sobre mis acciones de eso modo

- Pero… - no sabía cómo salir de eso, ella había querido poner en mal a Candy – como tú nunca recibes a la admiradores pensé que eso era lo correcto

- Ya veo … - dijo él acercándose más a Candy – tienes razón ya que no conocías a mi novia, la equivocación es normal, lo bueno es que ahora ya sabes que Candy no solo es una admiradora – le dijo dirigiéndole una mirada asesina

- Si tienes razón – dijo Susana nerviosamente, nunca Terry le había dirigido esa mirada, y no podía creer que ellos fueran novios de hace tanto

- Buenas Tardes – una cuarta persona se unía a ellos

- Hola Robert- dijo Terry cambiando totalmente el tono de voz que hace un momento tenia

- ¿No piensas presentarme Terry? – era imposible no fijarse en la bella dama que acompañaba a Terry, a parte en la forma que la tenía abrazada era obvio de quien se trataba

- Lo siento Robert, ella es Candice White, mi novia, Candy él es Robert Hataway el dueño de la compañía y director de la obra

- Mucho gusto señor Hataway - dijo Candy extendiendo su mano

- El gusto es mío señorita – dejo Robert tomando la mano de Candy y depositando un beso en ella – al fin la conozco, Terry me ha hablado tanto de usted – ese comentario hizo que un sonrojo apareciera en el rostro de Candy

Mientras comenzaba la plática entre ellos Susana aprovecho para retirarse, molesta y humillada. La tarde prosiguió normal

Unos toquidos hicieron que Candy saliera de sus pensamientos era Eleonor que le decía que ya debían salir hacia el teatro.

Mientras se dirigían al teatro Candy no podía evitar recordar la mirada de Susana, donde le decía descaradamente en cada escena mientras se desarrollaba el ensayo, su interés por Terry, y que lucharía fuera lo que fuera, pero a la vez ella con una mirada le decía a Susana que tampoco se rendiría sin luchar por lo que era suyo.


Ahora al verse maquillado y vestido como Romeo y pocos minutos faltaban para que la función empezara, hacía que Terry dibujara una enorme sonrisa en su atractivo rostro, esto lo hizo recordar otro acontecimiento en la semana pasada… su padre

Recordó que una noche que venía de regreso de visitar a su pecosa en la casa de su madre, cuando estaba a punto de entrar a su departamento escucho una voz en el pasillo del edificio, una que en algún momento nunca pensó que no volvería a escuchar

- Buenas noches Terruce – saludo el duque

- Duque que agradable sorpresa – haciendo uso de su sarcasmo

- ¿Terruce podemos hablar?

- ¿Perdón? Creo que entre usted y yo no hay nada que hablar – tuvo miedo, miedo que el duque se lo llevara y lo alejara de todo, y ahora que todo estaba más que mejor en su vida

- Por favor… - con miedo pero se atrevió a decir – por favor hijo

- ¡Ja! Ahora después de tanto tiempo resulta que soy su hijo – Terry demostró su resentimiento

- Siempre lo has sido Terruce… - sabía que su hijo actuaría así, pero lograría hablar con el

- ¿Enserio? Eso a mí nunca me lo pareció, siempre me hizo creer todo lo contrario – siempre le dolió su rechazo

- Eso es de lo que tenemos que hablar, por favor escúchame y después decides – Terry no podía creer había ruego en la voz del duche

- Está bien – procedió a abrir la puerta de su departamento – pase duque a mi humilde morada. Ambos hombre entraron al departamento, el duque no dejo de sentirse orgulloso por su hijo. Se dirigieron al pequeño comedor y tomaron asiento

- Bien habla – dijo secamente Terry

- Terruce yo sé que mi presencia te incomoda, y no vengo a lo que tú puedes estar pensando, todo lo contrario - no hubo respuesta por parte de Terry, entonces el duque continuo - Veras Terruce, primero quiero aclararte porque te aleje de tu madre – dirigió su mirada a la nada y comenzó su relato - Cuando más o menos tenia tu edad, yo era libre no tenía preocupaciones de nada, era piloto y había decidido viajar a América, ya que todos decían que era un magnifico lugar, pero nunca pensé que encontraría mi felicidad y al verdadero amor en ese viaje – su mirada se suavizo – a mí siempre me gustó el teatro y no dude en visitarlo, en una de las funciones, bueno no recuerdo el nombre de la obra, ya que una bella jovencita llamo mi atención sobre manera y decidí que no descansaría hasta conocerla…. - Terry no podía creer lo que escuchaba y miraba, la historia donde dos jovencitos se conocieron y se enamoraron

Paso un corto tiempo y Richard de Grandchester le pidió matrimonio a la joven actriz Eleonor Backer, ella no dudo en aceptar, viajaron a Escocia, se casaron y vivían felices, pero su padre tenía otra cosa pensada para Richard, tenían 3 meses de vivir en Escocia, su padre mando a llamarlo con urgencia, Richard no dudo en atender su llamado, dejo a su nueva esposa en Escocia y se dirigió a Inglaterra, pero nunca contó con lo que le esperaba, su padre tenía un arreglo matrimonial con un duque de saber dónde, que para los intereses de su padre era perfecto, se enfrentó a su padre, diciendo que él ya tenía esposa y que comenzaba a formar su familia, ya que Eleonor le contó que estaba embarazada, pero a su padre no le importo y lo amenazó con hacer desaparecer su hijo y esposa si no hacia lo que le correspondía como su hijo, Richard no tuvo miedo y regreso a Escocia a su felicidad, pero de nuevo su padre ataco, después de un mes su padre fue a buscarlo a Escocia diciéndole que estaba muy enfermo y que debía entregarle el ducado a su primogénito y ese era Richard, y que no había nadie mejor para ese puesto que él, pero que por lo mismo debía casarse con alguien de posición, Richard no podía creer lo que escuchaba, pero vio sinceridad en su padre, entonces le propuso un trato a su padre, diciendo que el matrimonio con Eleonor no se anularía y que su fututo hijo seria tratado como debía ser, su padre acepto y firmaron un papel.

Eleonor trato de convencerlo de no hacer lo que su padre pedía, que tenía un mal presentimiento pero Richard no la escucho, a los años se dio cuenta que era verdad lo que su amada le decía, y ahora pagaba caro sus errores

- ¿Me imagino que piensas que siempre te quise lejos de mí? – pregunto el duque nuevamente viendo a Terry después de su doloroso relato, Terry no dijo nada – Eso no es cierto hijo, tú eres mi más grande orgullo, pero lamentablemente no lo supe demostrar ya que cuando trataba era tachado por "mi esposa" – lo dijo con un deje de odio – yo siempre te defendí, pero luego llegue a entender si más te defendía ella más te atacaría entonces opte por dejar de hacerlo para que ella cesara, pero no fue así, y cuando hubo la opción de enviarte a un internado no lo hice para no verte, al contrario para protegerte del "hogar" – lo dijo melancólicamente – te había obligado a vivir un infierno y era la mejor opción para que no aguantaras a la duquesa

Terry no sabía que decir, todo eso era nuevo para él y se sentía el peor de los humanos por haber juzgado tan mal a su padre

- Comprenderás que por lo mismo Eleonor se alejó de mí, ella lo tomo como traición a nuestro amor, ya que ella decía si yo conocía lo que era capaz mi padre porque confiar, tenía razón y por eso perdí a mi más preciado tesoro, me dolió que también se alejara de ti, pero me convencí que juntos saldríamos adelante, pero tuve miedo de fallarte, por eso me porto así

- Padre…. – el nudo en la garganta no le dejaba hablar

- Por eso cuando me entere que se habían reconciliado me alegre enormemente, ya que siempre debió ser así, ahora solo me queda decir una cosa… - se acercó a Terry y lo miro como solo un padre puede ver a un hijo- ¡PERDONAME HIJO… PERDONAME POR TODO! - ¿Que? ¿Había escuchado bien? Era lo único que su mente se repetía

- No tengo nada que perdonarte papá, los dos fuimos víctimas del destino caprichoso – y abrazo a su padre como siempre deseo

- Gracias hijo – soltó una lágrimas. El abrazo duro largo tiempo, con eso querían borrar heridas, tristezas y malos momentos, pensar que ahora tenían un futuro por delante, pero luego unas palabras dichas por su padre vinieron a su mente, se separó de él para hablarle

- ¿Papá como sabes que me reconcilie con mi madre?

- Bueno Terruce, ella me mandó una carta diciendo que quería arreglar las cosas, que cuando viniste a América, ella no estaba preparada para eso, la entendí y le dije que estabas en nuestra villa, que ese era tu refugio, luego tu amiga rubia me lo confirmo - ¿Amiga rubia? ¿De qué estaba hablando su padre? El duque noto su desconcierto y aclaro sus dudas – veo que no te ha contado – sonrío viendo la sorpresa de Terry – me refiero a la rubia que te defendió de una manera soberbia y que ahora está aquí en New York - ¡Que! ¿Su padre conocía a Candy? Ni una palabra salía de su boca - Creo que su nombre es Candy – sonrío más abiertamente ante el rostro de su hijo – veras ¿recuerdas cuando fuiste a pedirme ayuda para una amiga antes dejar Inglaterra? – Terry asintió – bueno después me llego el aviso que habías dejado el colegio, me molesté sobre manera y lo primero que hice fue ir al colegio, la hermana Grey me contó la situación y pedí hablar con ella, ella llego y de inmediato supe porque querías ayudarla, pero mi molestia no dejaba reconocerlo, le pregunte si sabía a donde habías ido y me dijo que no, salí más molesto de la oficina de la hermana Grey, diciéndole que le quitaría mi ayuda, pero no conté que tan peculiar jovencita sería más terca que yo, me alcanzo de una manera peligrosa y me convenció para que hablara con ella, me mostró tu nota y supe que lo que les unía era amor, y también confirme que tú y tu madre estaría juntos como debía ser, me dolió he de serte sincero, porque en el proceso yo te perdía, pero me alegraba, además con lo que Candy me dijo no podía pelear

- ¿Qué te dijo ella? – se aventuró a decir pero torpemente. El duque sonrío

- Que si te quería, dejándote ir a cumplir tu sueño era la mejor forma de mostrarlo - su mirada se perdió recordando eso momento- tuve que aceptar que tenía razón, por eso no vine atrás de ti, pero no deje de estar pendiente de ti, también por eso estoy aquí, quise sentirme más orgulloso de ti, al ver como alcanzas tu sueño -Terry no podía creer todo lo que escuchaba, su pecosa siempre era su ángel, y ahora lo unía a su padre y fue la que hizo posible de ver su sueño hecho realidad, como no amarla - Me imagino que tienes varios planes con ella ¿verdad? – esto lo saco de sus pensamientos

- Bueno si…. - Siguieron platicando toda la noche, como muchas veces ambos habían deseado, esa unión única entre padre e hijo

Unos toquidos lo sacaron nuevamente de sus recuerdos, era Robert que llegaba a desearle éxito, y cuando se dio cuanta solo faltaban 5 minutos para su presentación.


Candy y Eleonor se encontraban en el palco que les correspondía como el actor principal había solicitado, pero también alguien se le unió

- Señoritas, que hermosa visión para nuestras pupilas – saludo el duque galantemente, desde que arreglo también las cosas con Eleonor no dejaba pasar oportunidad para mostrarle su interés

- Bunas noches Richard – saludo Eleonor con una sonrisa de quinceañera

- Buenas noches duque

- Hija ya te he dicho que no me digas duque, dime Richard - Candy ya no pudo contestar ya que las luces se apagaron, dando aviso que la función empezaría.

Se sentaron y después de eso todo fue como un sueño, para los tres ver a Terry en el escenario fue extraordinario, maravilloso, sublime, no había duda, la actuación la traía en la sangre, y tendría un éxito rotundo, sería el Romeo de la historia.

Candy estaba hechizada con la actuación de Terry, ya no digamos cuando él dirigía una mirada furtiva hacia su palco, era obvio que le estaba dedicando la actuación, todo fue perfecto.

No se dieron cuenta, pero el tiempo había pasado demasiado rápido, los estrendurosos aplausos les confirmaron que la obra acaba de terminar, y el éxito de esta y de Terry era definitivo, los tres estaban muy felices por Terry.

Después de un rato alguien entro en el palco y le dijo a Candy que la acompañara, así lo hizo ella, pronto fue conducida por unos pasillos que hace poco había conocido, en menos de lo que pensó se encontraba frente a la puerta del camerino de Terry, toco y es escucho el pase, suspiro, ya era presa del nerviosismo, abrió la puerta y entro a la habitación luego cerró la puerta tras de sí.

Frente a ella se encontraba ese hombre que con una sonrisa o una mirada podía hacer de ella lo que quisiera, estaba frente al espejo quitándose el maquillaje, cuando la vio, dejo eso por un lado y se dirigió a su encuentro, ella como respuesta lo recibió gustosa

- Estuviste espectacular amor

- Gracias, la única opinión que mi importa es la tuya amor - Candy se sonrojo por ese comentario – ya verás que no soy la única que opina eso – dijo esto deshaciendo el abrazo, para verlo a los ojos, eso permitió a Terry verla. No podía creer lo que tenía enfrente a él, definitivamente era la visión de Afrodita encarnada, tanto era su asombro que no podía hablar

- ¿Pasa algo? ¿Tengo algo malo? – Candy decía esto mientras se revisaba el cabello, vestido todo pero no encontraba nada malo entonces pensó lo peor y su rostro lo mostró. Terry entendió la tristeza en eso rostro que adoraba y se dijo tonto a sí mismo, hizo un esfuerzo sobre humano y hablo

- Amor… - se acercó nuevamente a ella y la abrazo amorosamente – lo que pasa es que me dejaste sin palabras, ¡te ves hermosa! – dijo esto muy cerca del oído femenino, sintió como Candy se estremeció – ¡espectacular diría yo! – quería decir muchas cosas pero todavía le costaba ser espontáneo, pero sabía que con una sola sonrisa o mirada Candy entendía lo que él quería decirle

- Gracias – logro decir Candy torpemente, sin dejar de aparecer un rubor en su rostro. Terry se alejó de ella para verla nuevamente, no entendía que había hecho para merecerse al ángel que tenía frente a él, pero de lo que estaba seguro era que la haría feliz aunque se llevara la vida en eso.

Terry se dirigió nuevamente hacia el espejo y continuo con la tarea de quitarse el maquillaje, pero no pudo porque sintió como una suave y delicada mano le quitaba el algodón para hacer ella la tarea, a pesar que no era una caricia sentía toda la dulzura y delicadeza de Candy, para su molestia esa tarea termino, pronto tuvo que entrar atrás de un biombo para cambiarse y salir, claro saldrían hacia la noche más especial de sus vidas.

Dentro del automóvil de Terry se sentía la alegría y amor en la atmosfera, pronto Candy empezó a reconocer el camino se dirigían a la casa de Eleonor

- ¿Terry pensé que iríamos a celebrar tu éxito?

- Y así lo haremos pecosita

- ¿Pero no tendríamos que ir a la fiesta de la compañía? En lugar de eso te diriges a la casa de tu madre

- ¡Lo sé! – dijo volteándola a ver tiernamente – y tu bien sabes que a mí no me gustan esos eventos, y yo sé que a ti tampoco, entonces que mejor que solo nosotros dos celebrar, además no hay nadie más en este mundo con quien quisiera celebra que no fuera contigo – tomo sus manos y deposito un amoroso beso en ellas - Candy no pudo decir nada solo asintió y se sonrojo

Terry le encantaba ver a Candy sonrojada pero lo que más le gustaba, es que con esos sonrojos fueran provocados por él, y solo por él, Candy pensó que soltaría sus manos pero no fue del todo cierto ya que si soltó una mano pero la otra se la llevo a su pecho, para ella era hermoso sentir el palpitar de Terry, así continuaron el trayecto hacia su destino

No paso mucho tiempo y la majestuosa pero sencilla mansión de Eleonor Backer se presentó ante sus ojos, otra vez ocurría, que a pesar de ser invierno la noche era cálida, ¿o acaso su mutua compañía era que hacia cálida la noche?, la verdad no estaban seguros, lo que si es que esa noche de luna llena era cálida como la caricia que desbordaba sus corazones.

El automóvil sin mucha prisa atravesó los lindos jardines, cubiertos con una leve capa de nieve, el paisaje los acompaño hasta que se vieron frente a la puerta de entrada, Terry detuvo el automóvil y descendió de este para ayudar a su compañera a hacer lo mismo.

Tomados de la mano se dispusieron a ingresar, antes que terminaran de subir las tres gradas el mayordomo les abrió la puerta, cuando pasaron junto a él, le informo algo a Terry que Candy no logro escuchar, así pues después de haberse despojado de sus correspondientes abrigos y demás, tomados de la mano se dirigieron hacia el estudio, lugar donde desde que Candy llego compartían muchas horas de su hermosa compañía.

Mientras caminaban Candy pudo apreciar lo bien que se miraba Terry en su impecable smoking negro, a pesar que llevaba su bello pelo suelto no dejaba de mostrar su gallarda presencia, en cada movimiento había una delicadeza y elegancia innatas, era increíble que un hombre como él se haya fijado en ella, pero se sentía la mujer más afortunada del mundo por solo este hecho.

Llegaron frente a la puerta del estudio, Terry le pido a Candy que se cerrara los ojos ella no muy quería, pero solo el haber mencionado la palabra sorpresa por parte de Terry la convenció, así con los ojos cerrados de ella, Terry procedió abrir la puerta para luego colocarse atrás de ella y entrar a la habitación, cuando llegaron al centro de esta él en el oído le dijo

- ¡Ya puedes abrir los ojos pecosita!

- Terry… - Candy quedo maravillada con lo que vio, el estudio estaba lleno de rosas rojas y blancas pero dejaban ver un camino que llevaba a una mesa con el servicio para dos solo adornada por una rosa blanca y una roja, claro una vela al centro no podía faltar, la iluminación la regalaba la joya más antigua de la tierra, la luna, que se mostraba esplendorosa desde la terraza donde estaba colocada la mesa, también había otro camino que dirigía hacia la chimenea que se encontraba prendida y daba un toque acogedor al ambiente, también había una pequeña manta frente a ella, todo era espectacular, ¿ y Terry lo había hecho para ella? – es hermoso – apenas pudo decir

- Me alegro que te guste amor – ya que en ningún momento la había soltado, pudo apreciar como el rostro de ella se iluminaba por la emoción, y ahora abrazados la guio hacia la mesa

Cuando ya estaban en la terraza, sentaron y la mesa fue servida, ella no podía dejar de ver todos los detalles en la habitación, de verdad era una obra maestra, desde cómo pudo haber conseguido tantas rosas, hasta la posición de la mesa, ya que estaba ubicada no muy afuera para no sentir el frío del ambiente pero no muy adentro para poder apreciar la bella vista de la luna, pero si ambos era sinceros el frío no tendría cabida en ese lugar ya que la sola presencia del otro hacia que una cálida sensación recorriera sus corazones y no dejara sentir más que su amor.

Durante el tiempo que les sirvieron la cena estaban callados ya que ella observaba la vista y Terry observa la vista que le regala su pecosa, podía estar la vida entera solo observándola. Cuando el mayordomo se marchó, ella devolvió su mirada hacia él y le regalo una hermosa sonrisa

- ¿Por qué haces todo esto amor?

- Pues… - él también le regalo una galante sonrisa y una mirada penetrante – ya te dije que era para celebrar esta noche tan especial

- Pero no tenías que hacer ¡todo esto!

- ¡Si, si tenía! ¿Acaso no puedo pasar un agradable momento con mi novia y a la vez consentirla? Yo creo que si ¿verdad? - Contra eso no pudo decir nada, solo se limitó a mirarlo con el amor que le tenia

Después procedieron a cenar, pero a la vez se envolvieron en una plática amena y llena de risas sobre el éxito de la obra, pero con forme el tiempo pasaba y terminaban de cenar se dejó escuchar una melodía que ambos conocían muy bien, una violín emitía las notas de ese vals que los unía, su vals, el vals de las rosas, definitivamente Terry había pensado en todo. Él se levantó de su asiento y se puso enfrente de Candy

- ¿Princesa Julieta me concede esta pieza? – dijo esto mientras hacia una caravana y extendía su brazo

- Claro que si mi querido príncipe Romeo - Así se dejaron envolver por todas la emociones que les provoca estar escuchando ese vals que un día fue testigo de los sentimientos donde ambos jóvenes empezaban a conocer el amor.

Ambos se miraban enamorados, felices y extasiados sabían que el lugar a donde pertenecían era ese, en los brazos del otro, donde nada ni nadie los lastimaría y su amor los hacia fuerte para pelear, era extraordinario sentirse así, a la vez una paz alberga sus corazones y este sabía que no deseaba estar de otra forma que no fuera esa, protegido por el amor.

En su baile dejaban ver que estaban hechos el uno para el otro, no había duda que se acoplaban y complementaban, ese era su destino, y ahora la luna era su fiel testigo de esa verdad absoluta.

Lamentablemente las notas terminaron, pero ambos sabían que eso no importaba ya que era el comienzo de muchos sueños para compartir.

A pesar que la música termino ninguno de los dos se separó del otro, aunque no decían palabras no hacía falta ya que eran sus corazones los que se comunicaban y eso era perfecto, la certeza de eso fue el beso tierno, amoroso, pero que en este se entregaban su alma y vida, se unieron, sabían que si estaban juntos todo saldría bien, se separaron pero solo para confirmar lo que sus corazones ya habían dicho

- ¡Te amo! – dijeron al mismo tiempo y de nuevo se volvieron a unir en un beso

Luego de un rato el beso termino, y sin decir nada Terry condujo a Candy frente la chimenea, para después él tomar la manta, ambos sentarse en el suelo así cobijarse con la manta para al final abrasarse, estuvieron un gran rato así, solo acompañados por la bella melodía que era tocada por sus almas y que era escrita por el gran amor que se tenían, no sabían cuánto tiempo estuvieron así, pero Terry se atrevió a romper el silencio

- Sabes tuve esta idea y no pude dejar de hacerlo – de su traje saco una pequeña caja de color vino tinto y la puso frente a Candy – cuando me confirmaste que vendrías se me ocurrió comparte algo espero te guste – y le entrego la cajita a Candy - Ella no cabía de felicidad Terry había pensado en un detalle para ella, no dijo nada solo toda emocionada procedió a abrir la cajita pero lo que encontró la desconcertó – ¿Una llave? Era lo que su mente se repetía, ¿que era esto? – Terry noto su desconcierto y sonrío para sí mismo, logro su objetivo

Cuando ella se dispuso a preguntarle qué significaba esa llave, la puerta del estudio se abrió dándole pase al mayordomo que llevaba el postre, Candy tuvo que guardar su pregunta, este les entrego las charolas, luego disculpo y salió, frente a la chimenea se dispusieron a disfrutarlo, con el olor del postre Candy se olvidó de su pregunta, pastel de chocolate, mmmm! Era lo que su mente le avisaba que había debajo de la tapadera de plata

Terry río más, pero sin dejar que ella lo notara, sabía que su punto débil era el chocolate, Candy dejo a un lado la cajita con la llave y se propuso destapar el pastel y disfrutarlo pero se llevó una gran sorpresa cuando lo hizo, en lugar de haber un delicioso pedazo de pastel había un enorme corazón de chocolate pero en el centro algo brilloso sobresalía, y cuando pudo ver bien de que se trataba se olvidó de respirar, no lo podía creer, solo atino voltear a ver a su acompañante que hasta el momento no había dicho nada, pero cuando lo vio su sorpresa fue mayor, Terry se encontraba arrodillado frente a ella

- Candy, amor – le tomo dulcemente sus manos entre las de él – hace poco dije que esta noche era especial, pero no lo es por la obra, sino porque estamos juntos – Candy estaba más confundida que nunca, no podía pensar nada, él le dedico una sonrisa cautivadora y continuo – ¡Amor te amo!, desde el día que te vi en medio de la bruma no pude borrar de mi mente tus hermosas esmeradas y tu sublime sonrisa, en ese momento no supe entender porque, pero cuando te encontré nuevamente en el colegio, la verdad por miedo no quise aceptar lo que mi corazón gritaba, pero luego de nuestras vacaciones en Escocia, descubrí que sin una mirada tuya o una sonrisa no era capaz de vivir, me sentía vacío y triste si no estabas cerca, ya cuando lo estabas me sentía completo y feliz, de inmediato supe que era así como quería sentirme el resto de la vida, lamentablemente el destino nos jugó una broma, pero ahora nos vuelve a juntar y no estoy dispuesto a perderte nuevamente – el corazón de Candy saltaba de emoción por las recién pronunciadas palabras de su amado, sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas y un nudo en la garganta se había producido, Terry al igual que ella estaba feliz porque al fin decía lo que su corazón celosamente guardaba y no podía sentirse mejor, además la mirada llena de amor de Candy lo animaba, con una mano seguía sosteniendo las manos de ella, con la otra procedió a sacar el solitario que se encontraba en el plato para luego – Amor, Candy el día de hoy me presento como un hombre completamente enamorado de un ángel, que como mortal se atreve a pedirle que le dé la oportunidad de llenar de amor y alegría todos los días de su vida, ¿Candy quieres ser mi esposa? - ¿Esposa…? ¿Esposa de Terry? – Era lo que su corazón gritaba – claro que lo quería.

- Terry yo…

Continuara…


Cometarios Febrero 2, 2018

Vaya que este capítulo es largo, pero me gustó mucho y pues seguimos con la redición, gracias por sus comentarios.


Cometarios originales

Disculpen que este cap. es algo largo pero necesitaba que fuera así para después el preceder de la historia tuviera bases, espero les guste y no les aburra, ojala no las defraude y que sigan acompañándome hasta el final

Como siempre gracias a todas por su ánimo y amistad, ¡gracias por leer!

Nos vemos pronto, ya le quiero dar una sorpresa

¡Saludos!

Nota:

La escena en la que participan Terry y Candy, pertenece a la obra Romeo y Julieta, de William Shakespeare, esta se encuentra en el acto 2 escena 2