CAPÍTULO 04

Un pedazo de papel hecho una bola golpeó el brazo del detective mayor. El hombre gruñó y levantó la mirada de los papeles que leía. El detective Frost lo miró seriamente antes de hacerle una señal hacia su compañera.

–Si no van a decirme nada dejen de mirarme –dijo después de unos minutos de sentir la mirada de sus compañeros sobre ella.

Frost aclaró su garganta e hizo como si volviera a trabajar en su computadora.

–Curioso, porque sí te hemos dicho algo –dijo Korsak en tono tranquilo, y Frost contuvo su sonrisa.

–No es cierto

–Hasta te hicimos una pregunta –añadió su compañero.

–¿Dónde tienes la cabeza?

–Donde no te importa

–Ya te dije donde la tenía Korsak.

Jane miró a Frost, confundida y curiosa.

–¿Y dónde sería eso, Frost? –preguntó, mordazmente.

–Maura –contestó al instante.

La detective abrió su boca para objetar pero no pudo hacer más que mirarles, boquiabierta.

–¡Te lo dije, paga!

La mujer se levantó de su silla y caminó hacia Korsak, arrebatando de sus manos el dinero que iba a pagarle a Frost.

–Deberían darle pena…apostar dinero sobre la vida personal de dos de sus compañeras de trabajo… –miró el dinero en sus manos e hizo una mueca–. ¿Veinticinco dólares? Ahora debería darles vergüenza. Par de rebajados.

–El rebajado es Frankie, yo quería poner cien –comentó Frost, hundiéndose en su silla.

–¿Frankie? ¿Frankie sabe…? –había olvidado hablar con su hermano. Bueno, no. No lo había olvidado. Pero como le había dicho a su madre, prefería aclarar su mente antes de que sus inseguridades fueran dichas en voz alta.

–Ninguno de nosotros sabe nada, sólo suponemos…Tú eres la única que nos puede confirmar si algo ha cambiado –dijo Korsak antes de beber un poco de su café.

–Siempre he sido sincera con ustedes dos. Pero aún no puedo decirles o confirmar nada porque…aún no hay nada– no pudo contenerse y sonrió–. Pero espero que poder confirmarle algo muy pronto.

–Ya era hora, Janie.

Jane se giró lentamente, buscando con su mirada al dueño de esa voz tan conocida para ella. Frankie había estado de pie al lado de la puerta, escuchando todo. Antes que Jane pudiera decir algo, sintió los brazos de su hermano a su alrededor, abrazándola. Por unos segundos no había procesado lo que estaba ocurriendo; pero una vez que lo hizo respondió al abrazo.

–¡Y no soy ningún rebajado! –objetó, mirando a los detectives.

–Claro.

–Bueno, yo tengo algunos pendientes –avisó Jane, mirando su reloj antes de ponerse su chaqueta.

–Así que por eso no dejabas de mirar el reloj –dijo Frost.

Jane simplemente sonrió y se dirigió al elevador, despidiéndose de sus compañeros y hermano con un saludo de su mano que sostenía los veinticinco dólares.

–Parece que te quedaste sin dinero –musitó Korsak, riéndose del detective.

–Jane ¡Qué sorpresa!

–Hola Casey

–Pasa, pasa. Ahora te busco una silla.

Jane entró al apartamento del hombre. Era la primera vez que ponía un pie en su apartamento. No había mucho; unas cuantas cajas en los rincones, una mesa y una silla. Parecía que se iba a mudar o acaba de mudarse.

–Perdón, no esperaba visitas.

El hombre fue a saludarla con un beso pero la morena hizo a un lado su rostro haciendo que la besara en la mejilla. En ese momento el hombre supo que algo no estaba bien.

–¿Ocurre algo? –preguntó, mirándola confundido.

–Necesitamos hablar…sobre nosotros.

Casey frunció sus cejas, mirándola atento.

–¿Se trata sobre nuestra cita?

–Sobre las demás

–No entiendo

–Esto que tenemos…no puede continuar…

–Pensé que íbamos por buen camino –el hombre se sentó, aturdido–. Estaré por un mes más, tenemos muchos planes…

–¿Planes? –preguntó sin disimular el sarcasmo–. ¿Qué vendría después? Tendrías que irte otra vez, ¿Y por cuánto tiempo sería?

–Puedo renunciar

Jane quedó boquiabierta y con ojos abiertos como platos.

–Puedo dejarlo todo

–No, no puedes hacer eso –dijo con firmeza–. Hay alguien más.

–¿Alguien más?

–¡Sí! –contestó, sobresaltada–. Estoy enamorada de otra persona, me tomó un largo tiempo aceptarlo…

–Es Maura, ¿cierto? –apartó la mirada de su rostro–. Siempre que la miras…Es diferente a cuando me miras a mí. Al principio pensé que era cosas de amigas, como son muy cercanas…pero con el tiempo me di cuenta que había algo más. Aunque tú parecías no percatarte de ello.

Jane se mantuvo muda, incapaz de hablar.

–Haré unas llamadas y saldré de Boston lo más pronto posible.

–No tienes que hacer eso –quería dejarle las cosas claras, no hacer que se fuera a otro estado.

–No te preocupes, es lo mejor. No había hecho la llamada porque quería pasar el mes contigo…pero dadas las circunstancias es mejor que la haga.

–Lo siento Casey…

–Si Maura te hace feliz…Yo estaré feliz por ti.

Jane lo miró sorprendida. Era consciente que sus palabras eran honestas pero su mirada reflejaba algo más. Algo que el hombre no sería capaz ni necesario decir.

La noche estaba helada y las ráfagas de vientos impasibles no tenían piedad de ella. Un vistazo a su reloj le dejó saber que llegaba tarde. El tramo del carro a la entrada era corto pero se sentía agonizantemente corto; tanto que corrió cuando quedaban unos metros para llegar a la puerta. Por suerte, el interior era mucho más cálido. Encontrarla con su mirada fue fácil. Allí estaba, en el mismo rincón de siempre, esperándola con una copa de vino rojo. Maura alzó su mirada y sus miradas se encontraron. La sonrisa que se dibujó en el rostro de la rubia provocó que esbozara una gran sonrisa antes de caminar hacia ella.

–¿Frost…Korsak? –preguntó al notar la presencia de los dos hombres sentados enfrente de la forense.

–Vimos que la Doc. estaba sola y decidimos hacerle compañía, podemos retirarnos si necesitan hablar a solas.

–No –dijeron las dos a la vez y se miraron.

–No es necesario –dijo Maura.

En ese instante el móvil del detective Frost comenzó a vibrar; lo miró e hizo una mueca.

–Voy afuera a contestar –dijo antes de levantarse.

El ambiente no estaba muy escandaloso pero tampoco estaba tan tranquilo como para tener una conversación telefónica. Korsak lo siguió con la mirada, estaba al tanto de las llamadas constantes del padre de su compañero; llamadas que seguían siendo ignoradas, hasta ahora.

La detective Rizzoli se sentó al lado de la forense.

–Creo que por el día que he tenido me merezco una buena cerveza –se dijo más a sí misma que para sus compañeros.

Korsak miró su vaso casi vacío –Iré por otra y te pido lo de siempre.

–Gracias Korsak

La morena comenzó a quitarse su chaqueta; no le gustaba usar cosas muy pesadas en el invierno. Era consciente de la calidez del cuerpo a su lado; la rodilla de Maura tocaba la suya y sus brazos rozaron cuando Jane logró deshacerse de su chaqueta.

–¡Estás muy fría! –exclamó, girándose para mirarla con una expresión compleja; algo entre sorprendida y regañona.

Jane sonrió. Las expresiones de Maura la fascinaban.

–Gracias. Dr. Obvia, no hace nada de frío afuera.

Maura en vez de reírse, ahora ladeó la cabeza un poco.

–¿Qué haces? –preguntó en voz baja, observando con una mirada aterrada como la mujer sostenía sus manos entre las suyas.

–¿Qué crees que hago, detective obvia –susurró, frotando con sus manos las de la morena.

La mirada de Jane se suavizó, y se olvidó del lugar donde estaban o de las miradas curiosas.

–No te abrigas apropiadamente y después te quejas del frío.

Jane miró sus manos, sintiendo la calidez de de la rubia.

–Menos mal que te tengo a ti

Las palabras murieron en su garganta y tragó en seco.

–Jane…

El resto de la noche transcurrió con tranquilidad, con Korsak y Frost haciéndoles compañía.

–Gracias por otra noche agradable –dijo Maura cuando estacionó su auto enfrente del apartamento de la morena.

Jane sonrió levemente.

–Gracias a ti Maur. ¿No entraras?

–Es muy tarde y mañana trabajamos…deberías descansar.

–Pero Jo te extraña, hace días que no te ve –susurró con un ligero tono de niña traviesa.

Maura no pudo contener su risa, embozando una gran sonrisa.

–Maur… –susurró la morena, hipnotizada por la risa de la mujer; era deslumbrante, como si una maravilla estuviera ocurriendo. Lo mejor era que cada instante que una sonrisa se dibujaba en el rostro de su amiga…sentía su mundo girar y ella era su centro.

Jane se quitó el cinturón de seguridad y se giró hacia Maura. La forense registró los movimientos de su amiga como si estuvieran ocurriendo en cámara lenta. Su cerebro la traicionaba en los momentos más cruciales pero su corazón latía con tanta fuerza; como nunca lo había hecho. Jane sostuvo su mano, la misma que había sostenido entrelazada con la suya durante casi toda la noche. Maura la miró a los ojos sintiendo como sus mejillas se enrojecían, observando como Jane colocaba la palma de su mano sobre su mejilla.

–Eres tan cálida –susurró, cerrando sus ojos, sintiendo la suavidad de su piel.

La única respuesta que obtuvo de la rubia fue un suspiro. Sus labios se entreabrieron y su corazón quiso salir de su pecho al sentir los labios de la morena sobre sus nudillos. Y en ese instante la miró, con sus labios aun presionados sobre su piel. Sus ojos oscurecieron, provocando que la forense se estremeciera de pies a cabeza. Nunca antes había visto esa mirada en los ojos de Jane. Y luego sintió su cuerpo acercarse al de la morena como si una fuerza invisible estuviera tirando de ella. Jane dejó caer la mano que sostenía la de Maura, sin desviar su mirada de los ojos de su amiga.

–Jane…–el nombre se ahogó en su garganta. Sus dedos trazaron con delicadeza las mejillas de la morena hasta llegar a sus labios, apenas rozándolos.

–Mau… –su nombre fue callado por cálidos labios. Fue un beso corto, un encuentro de labios deseosos; pero no era suficiente para ninguna de las dos.

Sus frentes permanecieron unidas y podían sentir el aliento de la otra sobre sus labios húmedos. Maura sintió su cabeza girar ¿cómo podía tener ese efecto sobre ella con un simple roce? Necesitaba más. Esta vez se armó de valor y tomó el labio inferior de la morena entre los suyos antes de mordisquearlo suavemente. No pudo evitar sonreír sobre sus labios al escuchar la mujer ahogar un gemido.

La morena sintió diestros dedos deslizarse alrededor de su cuello, profundizando el beso; provocando que su garganta emitiera un pequeño gemido, causando que sus labios se separaran, ofreciendo una invitación a la lengua curiosa de la forense; la cual aceptó feliz.

–Jane… –susurró sobre sus labios al separarse.

Jane iba a hablar pero la expresión de Maura hizo que arqueara sus ojos y girara su cuerpo para mirar en la dirección donde la rubia tenía su mirada enfocada.

"Oh no…" pensó, observando a su madre salir de su apartamento, haciéndose a un lado para que Jo saliera a hacer sus necesidades.

–¿Qué hace aquí? –se preguntó en voz alta.

–Creo que está saludando –comentó la forense, alzando su mano para saludar a la mujer que las miraba embozando una gran sonrisa.

–¿Por qué me hace esto –masculló la morena, hundiéndose en el asiento.

Maura la miró con una sonrisa. Estaba casi segura que Ángela no las había visto besándose. Con un su dedo presionó un botón y la ventana del lado de Jane comenzó a bajar.

–¿Qué haces? –preguntó apresuradamente.

–Saludar –respondió– Buenas noches, Ángela.

–Buenas noches, Maura

–Por favor súbela –susurró entre dientes, mirando a su madre, forzando una sonrisa.

–No tienes que preocuparte por nada Jane; con la oscuridad y mis ventanas subidas es imposible que haya visto algo…Si te arrepientes entind…

–No, no. No me arrepiento de nada Maura. Es sólo que mi madre hace las cosas sin avisar…

–Me he dado cuenta –dijo con una sonrisa que fue remplazada por una expresión de sorpresa al sentir una mano alrededor de su cuello, acercándola a la morena hasta sentir sus labios sobre los suyos.

–No me arrepentiría de eso –repitió en un susurro sobre los labios de la forense. –Es mejor que vayas a descansar ahora…Tengo que lidiar con mi madre.

–Buenas noches Jane. Dile a Jo que le comprare sus galletas preferidas.

Jane le sonrió saliendo del auto sin poder despegar su mirada de la mujer. Aun no se explicaba cómo su sonrisa podía contagiarla tan fácilmente. ¿Acaso siempre fue de ese modo y ella estaba demasiado ciega para verlo, para sentirlo? Era lo más probable. Si después de tantos años de amistad con la forense no había visto lo que tenía enfrente de sus ojos…no le extrañaría nada que aun estuviera percibiendo cosas nuevas. Cosas que nunca había considerado o pasado por su cabeza ni remotamente.

–Ma, ¿qué haces aquí a estas horas? –preguntó, entrando en su apartamento, quitándose los zapatos y el abrigo.

–Pero si me dijiste que viniera para sacar a Jo a caminar –se defendió, mirando como su hija se tiraba en el sofá.

Jane la miró incrédula.

–¿No te acuerdas?

–Sí…Es sólo que lo había olvidado. Perdona

–No sé dónde tienes la cabeza últimamente. Cuéntame, cuéntame. –se sentó al lado de su hija, mirándola con emoción.

–¿Qué quieres que te cuente, Ma? –preguntó en un tono monótono.

–¿Pues qué más? ¿Cómo te fue con Maura?

–Espera. Te había dicho que vinieras hace unas horas ¿Por qué te has quedado tan tarde?

–¿Me estás cambiando el tema?

–¡Claro!

–Me quedé para que me dijeras cómo te había ido –la mujer observó a su hija y abrió los ojos como platos –Acaso iban a…y no pudieron porque yo estab…

–¡Ma! Sí, me fue muy bien y no…no pensaba en…Dios ¿Qué estoy diciendo?

–Soy tu madre, no debería apenarte hablar sobre…

–Por favor no –la interrumpió una vez más, levantándose del sofá, caminando hacia la cocina para buscar una cerveza fría–. ¿Y cómo sabes que estaba con Maura?

–Tu hermano –respondió en un instante.

–Ese chismoso…–permaneció mirando la botella de cerveza en su mano antes de girar la botella en el fregadero hasta quedar vacía.

–¡No hables así de tu hermano! Además, con quién más estarías

Jane levantó una de sus cejas, ladeando su cabeza.

–No me mires así, si no estás en el trabajo estás aquí o en su casa.

Jane suspiró evitando la mirada de su madre. Tenía razón, los momentos libres que tenía del trabajo los pasaba con su amiga…o cualquier cosa que sean ahora…

–¿Por qué acabas de tirar esa cerveza?

–No me apetecía, he tomado en el Dirty Robber, supongo que la he abierto por costumbre –dijo, apresurándose hacia su cuarto, siendo seguida por su madre.

–¿Pudiste hablar con Casey?

–Sí. Todo está aclarado.

–¿Hay algo más que quieras decirme? –preguntó cautelosamente. Nunca había visto a su hija desperdiciar una buena cerveza.

–No.

Jane buscaba su ropa de dormir en sus gavetas, sintiendo la mirada de su madre sobre ella.

–Cierra la puerta cuando salgas, Ma. ¡Y gracias por cuidarme a Jo! –dijo antes de cerrar la puerta del baño detrás de ella, dejando a su madre boquiabierta.