Hi! Después de mucho pues me he decidido a subir un nuevo cap. Vayan por golosinas y disfrutenlo.

Los personajes son propiedad de SEGA.

Capitulo 4

Un evento para cuatro.

-Agh…- Ese maldito vestido me estaba matando. Es increíble que no me rompiera nada. Mis sirvientas me colocaron mi enorme vestido y me lo ajustaron tanto que sentía como mis pechos sobresalían como dos jamones. Quise acomodarlos pero mi dama de compañía me sugirió no hacerlo, después de todo ese día miles de hombres iban a luchar por ser mi caballero y debían tener una estimulación por parte de la princesa (esa maldita estimulación eran mis pechos…que inmoral).

Momentos después me encontré con el príncipe Silver y la princesa Blaze. Ambos se lanzaban miradas coquetas; Silver le susurraba cosas a la princesa y esta se estremecía con cada una de sus palabras. Por alguna razón ese ingenuo erizo negro regresó a mi mente; recordé como se sentía estrechar su cuerpo contra el mío, como hubiera deseado llegar a más. Baje de mis fantasías cuando me percate que mi presencia era una molestia para los dos príncipes.

-Es un gusto que hayan venido para la elección de mi caballero. Son mas que los mejores testigos para este evento tan significativo para mi.- Dije con amabilidad y estrechando la mano de ambos.

Ambos me analizaron de pies a cabeza; el príncipe Silver detuvo su mirada un momento fugaz en mis pechos y la apartó avergonzado. Al parecer Blaze también se percató de mi atuendo incitador, lo supe por la cara de desagrado que me puso.

-Creo que tienes problemas para ajustarte tu vestido, o simplemente eres una chica fácil.

Así era la princesa Blaze, siempre tan directa con lo que piensa y un muy agresiva con sus palabras. A pesar de ello yo, no le conteste grosera ni puse cara de disgusto.

-Lamento mucho mi atuendo, pero es una costumbre de mi consejera real darme este vestido, el mismo que uso mi madre al momento de escoger a su caballero real.- Justifique. Aún así Blaze me pulverizo con la mirada por un segundo. Momentos mas tarde los tres nos marchamos al gran coliseo para presenciar mi evento. En la parte mas alta del lugar estaba decorada con flores, llena de miles de banquetes, incluso tenía masajistas. Si, sin duda esa era la zona con mejor visión, pues a pesar de la altura podía divisar con claridad la arena. Así mismo había cuatro tronos bien arreglados; uno para Blaze, otro para Silver, uno para mí y el otro era para mi padre.

Las gradas de los alrededores ya estaban llenas de miles de personas, sin embargo había un orden estricto: Arriba los de clase alta, en medio los mobianos y los de clase media y hasta abajo los pobres. Pero mis ojos no se apartaban de los mobianos. Jamás había visto tantos mobianos y era increíble. No solo existían los príncipes del Sol y Esmerald, si no que había miles de mobianos de todo tipo, desde conejos hasta cocodrilos.

-Son increíbles…-Dije en voz alta sin darme cuenta.

-¿Quiénes son increíbles?- me cuestionó mi consejera real.- ¿Los arreglos? Por supuesto que lo son.

Termine dándole la razón, pues no quería ofenderla, además mi extraña obsesión con los Mobianos no sería muy aceptable, además creo que mis invitados se lo tomarían mal.

Pasados unos veinte minutos, se cerraron las puertas, sonaron un centenar de trompetas acompañadas de unos poderosos tambores y, llegado el momento, me puse de pie y escuché los aplausos de todo el mundo. Mi consejera real me dio un pergamino con mi discurso.

-"Atención mi pueblo e invitados del reino Sol y Esmeralds. Este día es para celebrar y festejar mi decimoctavo cumpleaños, por lo que os daré un banquete que satisfará al más pequeño. Sin embargo, los he reunido en esta arena para atestiguar la elección de mi caballero real; compañero leal, valiente, noble y dispuesto a dar su vida por el bien del pueblo. Un caballero que recibirá un nombramiento real, una espada sagrada y un lugar en el castillo. Debo agradecer la amable presencia de mis camaradas y honorables compañeros: la princesa del Esmeralds, Blaze- la felina se puso de pie y todo mundo comenzó a aplaudir efusivamente.-y del príncipe del Sol, Silver.-Miles de gritos de chicas alocadas sonaron en el coliseo. Blaze puso cara celosa y se sentó.- Pero sobre todo agradesco de la gran presencia de todos ustedes mis humildes amigos."- El coliseo retumbó en mas aplausos. María saludo a todos con leves movimientos de sus manos y tomó asiento.

Un hombre se puso de pie aún lado de mi y presentó el evento: se trataba de un duelo entre los caballeros contra el toro mas agresivo del reino, Minotauro; el que logrará detener al animal sin arma alguna primero, ganaría el puesto de caballero real.

-Espero que esto termine rápido-dijo la felina princesa entre bostezos.

Me relaje en mi asiento, pero odiaba ver que mataran animales indefensos, por lo que sentía mi espalda algo tensa. Cuando entraron los caballeros me pareció muy extraño que uno de ellos fuera muy pequeño. Eso me hizo recordar la pequeñez del joven erizo negro. Shadow… Mis ojos recorrieron a todos los Mobianos, no lo había visto por ningún lado, y al parecer no estaba entre los mobianos. Por un minuto creí verlo, pero no se trataba más que de un erizo azul.

"¿Qué tal si no sabía de este evento?" pensé. No creo, era algo difundido a todo el mundo. Puede que sea ingenuo y desconozca las cosas mas sencillas del mundo pero incluso los vagabundos están aquí (muy probablemente solo para esperar el banquete). Debe estar entre la multitud, si eso es. "¿Y si no quiso venir para no verme?" No quería verlo, necesitaba verlo. Ese erizo negro despertó algo en mi, algo especial y doloroso. Había salido antes con al menos veinte jóvenes de la clase alta, algunos muy atractivos, otros no mucho, pero todos llenos de dinero (muy conveniente para mi padre); sin embargo ninguno de ellos jamás me había agradado pues no me daban una sensación de estar enamorada realmente, mas bien me sentía su pase directo a la realeza o su adorno que presumir. Pero Shadow me conquistó sin hacer nada ni poseer nada; sueno como una niña estúpida al aceptar que el amor a primera vista existe pero así lo sentí con él. Pero hay un pequeño (más bien super mega extremadamente enorme) problema, no es el dinero ni su falta de educación lo que me detiene si no que…¡es un maldito animal!

-Princesa… ¿Quién es un maldito animal?-me preguntó Silver con cara de ofendido.

-Ah… Lo siento príncipe, pensé en voz alta…-intente disculparme pero Blaze me negó toda disculpa con sus ojos destructores. Como la odio.

-Supongo que serán algunos problemas personales, si no es así, prefiero no enterarme que a la princesa le disgustó.-Señaló Silver intentando sonar gracioso, pero yo lo escuché mas incomodo que nada.

Antes de que añadiera algo, que muy probablemente no me ayudaría, para salvar nuestra visita los trompetas dieron inicio al la feroz batalla.

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-Señor Sonic the Hedgehog, su lugar esta reservado en la parte media del coliseo. Disfrute del espectáculo.

Sonic siguió su camino dando unas gracias muy amables al señor que le señalo su lugar. Minutos antes estaba con Knuckles y Scourge. Knuckles se infiltró al castillo para obtener copias de las llaves reales, mientras que el erizo verde debería haber ido a preparar las dosis de drogas para las futuras mercancías.

En los alrededores del coliseo existía un hermoso lago que en la noche sería cuna de fuegos artificiales y espectáculos de juglares y gente de clase media. Sonic se había quedado en una de sus orillas mirando el lago, la brisa que levantaba el aire le hacia sentir agradable, y el olor a tierra mojada lo tranquilizaba. Tal vez eran de las cosas que lo hacían sentirse algo menos un monstruo asesino. Por que él estaba consiente de lo horrible que era para todos. Su interior le decía que se detuviera pero lo ignoraba.

De sus ropajes sacó un elegante reloj de bolsillo de plata algo maltratado pero hermoso. Lo abrió y miró su interior con tristeza y reprimió el impulso de llorar. Sin darse cuenta el lodo que estaba bajo sus pies se desmoronó por su peso y resbaló. Por instinto de abrir las palmas para amortiguar la caída, soltó el reloj y este cayó dentro del lago. La desesperación lo inundo y decidió intentar recuperarlo, para su muy mala suerte no sabía nadar. Tras pensarlo unos segundos comenzó a meterse poco a poco a lago. Según su plan en cuanto el agua estuviese en sus caderas dejaría de intentarlo y se iría. Pero cuando el agua alcanzó el lugar indicado no se detuvo, no estaba dispuesto a perder su reloj. El agua ya estaba llegando a su pecho, estaba muy fría y comenzaba a darse cuenta que estaba mas lejos de lo que pensó de la orilla, pero neciamente siguió y llegó un momento donde el piso desapareció y su cuerpo se sumergió inesperadamente. No cerró los ojos y le entró agua sucia a los ojos dejándolo con una visión limitada, su desesperación fue tanta que con sus brazadas desesperadas solo consiguió alejarse más. Gritó desesperadamente hasta que no pudo por el agua que se le metió la boca. Sus fuerzas se agotaron y su cuerpo cayó en el fondo del lago. Dejó salir de su boca las ultimas burbujas con oxigeno, las rocas le tocaban la espalda y el brillante sol daba la que podría ser la ultima luz que vería en su vida. Estaba dispuesto a rendirse, fin de cuentas nadie necesitaría de un secuestrador violador como él. Definitivamente ese era su lugar. Cuando sus ojos estaban cerca de cerrarse una sombra se interpuso entre el y la luz del sol. Unas manos lo tomaron de los brazo y lo elevaron, finalmente sus ojos se cerraron.

Abrió los ojos de golpe cuando escupió una gran cantidad de agua y después una figura se posó arriba de él, aún tenía la visión borrosa y los oídos los tenía tapados por el agua, pero podía sentir a alguien sobre de él. Le tomó los labios y los acercó a los suyos, no para besarlo si no para succionar las ultimas cantidades de agua. Sin poder moverse aún, aquella persona lo arrastro hasta dejarlo debajo de un árbol; la sombra le toco el rostro con suavidad y se despidió con un simple adiós. Quería decir algo pero él se fue rápidamente, de todas maneras estaba exhausto. Minutos después se levantó como pudo, se sintió mareado pero recordó a lo que había venido. Si el Dios que era testigo de lo miserable que era como persona le había dado una segunda oportunidad no la desperdiciaría. Se pasó a una tienda de ropa barata y compró la que mejor le quedará, parecía un pobre pero no le importaba. Llegó a su lugar y escuchó el discursó aburrido de la princesa. Cuando el príncipe Silver se presentó el sintió ira y ganas de dispararle una flecha en su cabeza de hierba. Blaze no le importaba. Tomó asiento y empezó a observar a las personas en busca de mercancía; pero en realidad estaba distraído, no buscaba a quien secuestrar más bien a la persona que lo había salvado. Esa misma persona que había posado unos labios en los suyos sin tener que forzarlo. Alguien que se había preocupado por él.

Las trompetas sonaron y entraron en fila los caballeros que lucharían por la princesa. "No es mas que una chica desesperada por que la monten" pensó en burla mientras miraba su atuendo tan escotado. Extrañamente por un minuto sintió como si lo estuviera viendo. Lo ignoró y dirigió su vista a los caballeros. Todos humanos (por su maldita discriminación por los mobianos), pero uno era muy pequeño. "Un crío calenturiento o un enano idiota" pensó con aire de superioridad. Las puertas se abrieron y el toro bestial salió eufórico listo para luchar por su vida.

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"Esto está mal, muy pero muy mal. Si premiaran al idiota más grande del mundo ese trofeo sería sin duda para mí." Se regañó el equidna mientras recorría los pasillos gigantescos del castillo. Todo mundo estaba tan distraído y entretenido en el evento que ni se preocuparon de cerrar las ventanas. Knuckles no tuvo dificultad en entrar planeando por una de ellas. Tenía que encontrar las llaves de todas las habitaciones del castillo para su maldito jefe. Pero en el fondo en realidad estaba buscando algo para salvar a su príncipe y alejarse de Sonic. "De nuevo con eso…si claro…pienso salvar al príncipe cuando yo estoy dentro de un castillo como un ladrón. Vaya que soy listo. "Se regañó. Suspiró y se detuvo junto un enorme florero. Puso en sus manos un mapa hecho con las patas que le había entregado Scourge. Se suponía que estaba a quince pasos de la habitación de la princesa y a treinta de la del rey. Se encamino a la del rey.

-Pero mira todas estas bellezas.

Escuchó que susurró una voz femenina y de inmediato se escondió.

-Hermosuras ya no se preocupen yo les daré un uso adecuado.

Provenía del cuarto de la princesa. Se acercó a la puerta para observar. Una mobiana (una murciélago para ser más precisos) estaba hurgando todas las cosas de la princesa, se las probaba unos segundos y acto seguido las guardaba en una bolsa negra.

-Eso mi linda camarada se le llama espiar.

Knuckles abrió la puerta y entró. No tenía muy claro para qué, pero se acercó a ella.

-Eres una ladrona.-Dijo intentando sonar inteligente.

-No me digas… ¿y tú no?-dijo mientras se acercaba y le giñaba un ojo.

-Por supuesto que….no.-dijo y su rostro se ruborizó. Aquella mujer lo intimidaba de alguna extraña manera.

-Que gracioso eres lindura, pero ningún mobiano entra a este castillo a menos que sea por ser de la realeza o para robar. Y créeme, estoy más que segura que tú no eres ningún príncipe a pesar de tus encantadores ojos lila dentro de esa cabezota.

-¡¿Qué dijiste?! ¡No tengo una cabezota!-gritó enfadado y levanto un puño.

-No grites amor. ¿Quieres que nos descubran?

-Lo siento.- "¿Por qué me disculpo? Si ella es la que me….soy un idiota".

-Me llamo Rouge y si no te importa estaba en medio de una recolección de joyas hermosas.-Le dio la espalda y continuó con su tarea de robo.

-Pero son de la princesa y además yo no soy un ladrón.

Ella solo se rio de una manera muy coqueta. Él se enfadó, la examino unos segundos; figura esbelta y atractiva, llevaba un pantalón marrón y un blusa escotada de igual color, lo que hacía que sus pechos resaltaran…"¡No soy un maldito pervertido como los erizos idiotas!" se regañó.

-Te quedaste muy callado. No me digas que eres de los chicos que se la pasan fantaseando en vez de declararse. Si ya me parecías tímido ahora me resulta un pervertido.- Rouge se había volteado.

Knucles grito de nuevo miles de cosas sin sentido, la murciélago solo lo contradecía con cosas que lo sonrojaban. Finalmente el equidna decidió marcharse pero fue detenido por la mujer quien los forzó a retroceder.

-¡¿Ahora qué?!-le gritó enojado.

-Shh…-Rouge entrecerró la puerta y lo guío al armario de la princesa para esconderse.

Unos pasos acelerados invadieron el pasillo, eran unos guardias sin duda. Estaban alterados y gritaban; ente sus gritos Knuckles escuchó perfectamente que estaban buscando las llaves del castillo. Pero el aún no las había robado… ¿entonces quien las robo? La respuesta llegó con solo girar la cabeza y ver ala murciélago buscando la llave del armario entre todas las llaves del enorme castillo que había robado. Recordó su trabajo, pero también recordó a Tikal. Si entregaba a la mujer con las llaves, talvez quedaría como un héroe. Como el héroe que detuvo a una ladrona dentro del catillo real. Tenía que hacerlo era la mejor oportunidad de su miserable vida. Si lo hacía, ya no vería nunca más sufrir a esos pobres niños, ni tendría que dedicar su día a buscar críos que secuestrar. Sería libre. Pero… Rouge no le desagradaba del todo y era linda. "¡Vamos que la acabas de conocer! Talvez es tan miserable como Sonic y la cosa verde." Pensó para convencerse y tomar un ultimátum en su decisión.

-Conozco una salida solo hay que esperar a que se vayan y….-comenzó a decir pero Knuckles la tomó de los brazos con fuerza y salieron del armario.-¡Detente idiota!

No respondió. La arrastró hasta el pasillo y la tiró con suavidad pero sin dejar que se le escapara.

-¡He atrapado a la ladrona!-gritó al principió en voz baja pero después muy alto. Los guardias no tardaron en aparecer.

-¿Cariño que estas haciendo? No piensas entregarme.-exclamó muy enfadad la mujer sin dejar de tratar de liberarse de los duros brazos del rojo.

Los guardias llegaron hasta ellos y sacaron sus espadas.

-La atrapé robando las joyas de la princesa.-aseguró.-Las tiene en una bolsa que carga con ella.

-Bien hecho Mobiano.-Le felicitó un guardia mientras daba señas de que la amarraran.

-Todo por la seguridad de mi príncipe y su princesa María.- dijo con incomodidad y fingidamente. Le sudaban las manos y ver el rostro de Rouge con lava en los ojos capaces de hacerlo arder en el mismo infierno, decidió mirar al guardián humano que tenía frente a él.

-¿Con quién tengo el placer de dialogar?-pregunto el guardia.

-Con Knuckles el equidna.

-Conque Nuggets el idiota…-susurró Rouge en alguna parte.-No se quedará así asqueroso patán.

-Silencio ladrona.-le gritó un guardia y le tiró una patada, Knuckles se asustó, pero ella lo esquivo grácilmente.

Los guardias se la llevaron lejos para entregarla a uno de los dos príncipes mobianos para juzgarla y explicar porque su especie quería robarles a los humanos. Mientras tanto, el guardia interrogó a Knuckles para saber cómo había entrado el también al castillo, como la encontró y como supo que las llaves estaban extraviadas. Reprimiendo hasta la más mínima gota de sudor que pudiera delatar sus mentiras, armó toda una historia: según había visto a la chica muy sospechosa desde que llegaron al hermoso reino, por lo que decidió seguirla, descubrió que entró volando por una ventana y él a siguió, vio como robo las llaves y como comenzó a hurtar las cosas de la princesa. Más tarde un guardia real Mobiano se le acercó y le aseguró que el príncipe Silver deseaba hablar con él en cuanto terminara la discusión sobre la elección de la princesa sobre su caballero. Al parecer las cosas no habían salido como lo planeado y algo extraño estaba sucediendo en el coliseo. Ignoró todo eso y se esforzó en planear como se presentaría a Silver para convencerlo de un trabajo digno. Aun así, muy en el fondo se sentía un mierda por lo que le había hecho a la joven murciélago. No quiso más culpa y pensó en Tikal.

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Entrar al coliseo ha resultado más difícil de lo que pensé. Llevaba dando vueltas por todos lados, incluso me resbalé con la basura que tiraron los humanos. Se suponía que debería sentirme alegrado por haber salido por primera vez de los corrales, pero nada parecido. Los humanos son muy sucios y todos me miraban y me gritaban gatito, perrito, animalito incluso me dijeron equidna (¿Qué demonios es una equidna?). Como sea, me sentía asustado, creía que jamás encontraría a mi Minotauro antes de que lo lastimaran. Lo peor es que no fui cuidadoso y no analice bien por donde llegue. No me quedó mas que de confiar en mis instintos para regresar a los corrales. Sin darme cuenta como, encontré una gran puerta en la que entran miles de humanos y criaturas muy raras, eran parecidas a mi. Talvez eran los mobianos de los que me habló la hermosa princesa. No me acerque para nada a ellos. No estoy acostumbrado a estar rodeado de tanta gente, tantos años de encierro con los animales me han dejado mas que claro que no necesito a nadie mas que a mi para estar bien. Los demás han de ser un fastidio como los humanos que me llamaban animal dentro de los corrales y trataban de ponerme un bozal. Pero no niego que me sorprendió mucho ver personas como yo. Decidí ir por otro lado, además si me ven, mi amo el rey Talus se enfadará mucho con migo por haber salido. Él siempre me ha privado de todo, pero creo que lo hace para protegerme; lo que me parece muy extraño ya que no valgo nada por ser de sangre sucia, de vagabundos y pobres. Continúe caminando hasta llegar a un enorme lago. Era bonito, un buen lugar para poner a prueba mis técnicas de nado que me enseño mi amo para evitar ahogarme. No era el momento, pero continué echándole un vistazo más.

Mis orejas se pararon de repente al escuchar un chapotear en el agua acompañado de una especie de gritos. Busqué al dueño de los gritos. A lo lejos una figura azul se retorcía y luchaba por no ahogarse, pero no tardó mucho en desvanecerse. Sabía que tenía que salvarlo y me arroje al agua; sentí el golpe de frío en mi piel y continúe nadando hasta acércame los mejor que pude a lugar donde se sumergió el desconocido. Tomé aire y bucee lo más profundo. Moví mis manos en busca de la persona, primero tome algo metálico y no lo solté por si era algo que me pudiese ayudar. Enseguida abrí mis ojos lo suficiente para que no me entrara tierra y poder distinguir donde se encontraba. Y ahí estaba, rendido y dejando escapar sus últimas burbujas de aire. Lo tomé entre mis brazos y lo saqué. Cuando lo deje en tierra, utilice algunas de las técnicas de supervivencia que me enseño el doctor que me revisaba. Como no concluí mis enseñanzas solo conocía la técnica de respiración boca a boca. Miré a la víctima; un erizo azul, probablemente de mi estatura, es muy joven (quizá algo mayor que yo), su ropa esta empapada pero luce de mayor clase que la que uso yo. Terminé rápidamente mi análisis para acercar mi boca a la suya y comenzar a succionar el agua. Me avergonzó notar que me estremecí cuando mis labios hicieron contacto con los suyos, pero no perdí la concentración en el rescate. Finalmente el agua salió y él entreabrió los ojos. Eran tan verdes como los pastos mas hermosos que he cuidado. Lo arrastre al árbol mas cercano que vi. Noté que aún sostenia el objeto metalico, era redondo y brillante; por alguna razón me gustó y me lo guarde. Le toque el rostro con cariño y me marche. Fue agradable ayudarlo, pero recordé a Minotauro y me marché a rescatarlo.

Entré al coliseo por medio de una puerta angosta de madera. Una vez adentro, vi muchas piezas de metal muy afiladas, pero mi mirada se detuvo en una especie de ropa metalica. Como tenía frío por el agua y no quería volver a enfermarme me la puse; me quedó enorme, pero como buen granjero que era la recorté y la deje para mi tamaño. La ropa incluía un sombrero extraño, de metal y enorme; decidí ponérmelo para pasar desapercibido. Iba a seguir mi camino cuando miles de hombres entraron apresurados, se montaron ropa parecida a la mía. Una de ellos me empujo y me dio una de esas cosas de metal afiladas. No se cómo paso, pero me arrastraron hasta una enorme explanada.

Escuchaba gritos y voces por todos lados, todos aplaudían. Inevitablemente entré en shock, todos me miraban, tanto humanos como Mobianos. Escuchaba trompetas y tambores. Era todo una pesadilla en mi cabeza. Tanto ruido me molestaba. Deseaba salir corriendo de ahí hasta llegar a mi pajar, pero al mismo tiempo sentía adrenalina. De repente una puerta se levantó y de ella salió Minotauro. No diré que me alegre porque salió echo una furia. Los hombres que venían conmigo se lanzón sobre él. Luchaban con furia, pero para el toro no fue problema lanzarlos como muñecas de trapo. Uno le clavó un palo metálico en la espalda y lo hizo caer. El caballero aprovechó y le perforó una oreja. La bestia no mugía de dolor, simplemente se levantó y con sus cuernos derribó al humano y lo aplastó con sus pesuñas. "¿Por qué no haces nada Shadow? ¿No dijiste que sería realmente fácil?" Saliendo de mi shock, corrí por la arena y busqué la manera adecuada de acercarme sin lastimarlo. Todos los caballeros caían uno por uno ante aquel toro. Yo solo corrí más. Llegó un momento en el que ningún caballero ya estaba en pie y el público me gritaba cobarde, aun así no dejaba de correr. Finalmente me detuve para buscar al toro. Pero este estaba detrás de mí y al detenerme me derribó con sus miles de kilos. Atrapado entre sus musculosas patas, me aplastaba bestialmente. Como yo era más pequeño, logré salir y me paré exhausto. Tenía sangre en mi ropa pero no era mía si no del animal. Las heridas en su cuerpo eran graves y estaba seguro que unos golpes mas lo detendrían o moriría por pérdida de sangre antes. Miré las armas metálicas que me habían dado y saqué una larga y afilada. La levanté frente a mi con temor. El toro se me acerco.

-Minotauro….-susurré inseguro de lo que diría.-Soy Shadow, he venido a salvarte, no quiero lastimarte.

El animal se detuvo unos instantes, pero en un parpadear corrió hacia mi. Estaba listo para lastimarlo, pero no lo hice. Solté el arma y cerré los ojos, para esperar la ola de golpes de mi viejo amigo. Los gritos del público eran intensos y escuchaba las pesadas pesuñas del animal estrepitarse contra el suelo. Segundos después todo quedó en silencio, y una pesada brisa de aire chocaba en mi cara. Abrí los ojos. Frente a mi, el toro me miraba piadoso, el público estaba estupefacto. Pose mi mano sobre su frente y lo acaricie. Con sus oscuros ojos entendí como me agradecía por lo que había hecho por él, y con esos mismo ojos me dijo adiós antes de desplomarse en el piso y dar sus últimos suspiros.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Las trompetas sonaron y una voz resonó en la arena.

-Tenemos a nuestro caballero real.-Todo mundo comenzó a aplaudir.

No me importó nada de lo que dijo. Me dejé caer. Me sentía cansado, pero más triste y decepcionado de no haberlo podido salvar.

Unos humanos me levantaron.

-Su alteza real, la princesa María dirá unas palabras a nuestro ganador.

Shadow levantó el rostro aun dolido, pero deseaba buscar ayuda en la princesa.

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María se sentía como si una ballena la hubiera aplastado. Le dolía todo y sentía un cansancio descomunal. Extraño para ella pues no había movido ni un poco su trasero de la cómoda silla todo el tiempo. Agobiada, se levantó. Miró como levantaban a su futuro caballero. Estaba sorprendida que el pequeño humano de allí lo hubiera logrado; pero ella sabía que había ganado de una manera muy peculiar: el caballero hizo una conexión con aquel salvaje animal, logrando así, no derrotarlo, si no dejarlo ir en paz. Era obvio que los demás espectadores no vieron así, para ellos no era más que una masacre divertida.

-Debo felicitar a mi nuevo caballero real que demostró valentía en la arena.- comenzó a decir María no con emoción, si no con curiosidad.-Su fortaleza y honor a servirme se verá recompensado con la entrega de la espada real, un título real y un lugar para vivir dentro del castillo, a lado mío, su princesa.-Todo mundo se puso de pie y aplaudió eufórico. Con ademan María marcó silencio y continuó.-Debo pedirle a mi caballero que os quitéis el casco y mostrarme el rostro de los audaces, pero así mismo le pido su humilde nombre.

Mientras María hablaba, Blaze miraba extrañada a Silver. Ambos se lanzaban miradas como si se pudieran leer la mente.

-Nunca había visto a un humano tan pequeño ser tan ágil-Susurró a lo bajo el príncipe.

-Pues mira mi amado, parece que los subestimamos.-le respondió con impresión. La princesa gatuna debía aceptar que ese pequeño humano era super ágil.- Pero… ¿Te diste cuenta que ni siquiera levantó musculo alguno para atacar al toro?

El príncipe solo pensó: era raro, todos los humanos eran sanguinarios para matar animales (y mobianos), pero este enano no.

Desde el público, Sonic miraba inapetente el triunfo. Había ganado el enano… ¿Y? Nada le beneficiaba a él.

En la arena, Shadow no escuchó casí nada de lo que dijo la rubia. De repente unas manos le arrancaron el casco; le arrancaron su protector de identidad. Cuando el casco quedó fuera y el público vió su rostro todos gritaron de asombro. Quien había sacado el casco lo dejo caer sin cuidado.

Sonic abrió los ojos lo más que pudo. "Esto debe ser una maldita broma…."

De imnediato el público humano se puso a protestar gritando que no estaba bien, que ese animal no podía estar con la princesa, que era una trampa de los Mobianos; así mismo los Mobianos comenzaron a defender su especie y a protestar a favor del erizo negro.

María no podía cerrar la boca de asombro. Blaze y Silver ya estaban de pie junto a ella.

Abajo, los que antes ayudaron a Shadow a ponerse de pie, lo estaban acorralando en un circulo para capturarlo.

Blaze comenzó a gritar órdenes de defensa a sus guardias; no estaba dispuesta a ver que atacaran a recién desenmascarado mobiano.

Silver estaba inquieto. El albino sabía que no estaba bien lastimar a un Mobiano, pero ¿Qué hacía compitiendo contra los humanos para ser un caballero? ¿Por qué no compitió por ser el caballero de Blaze o el suyo?

-Lamento decirles que su alteza real ha cometido un error y esa cosa de ahí no puede ser su caballero.- Alegó la mensajera real, pero lo arruino todo con solo decirle cosa al Mobiano. Miles de animales antropomórficos se estaba levantando con ira hacía los humanos.

Sonic sentía los empujones de los demas, era buen momento para que Scourge secuestrara mientras nadie lo veía. Aun así devolvió su mirada a la arena, hacia aquel erizo negro con betas rojas. Era hermoso, una escultura. Él lo deseaba. Rápidamente lo examinó de pies a cabeza. Sin dudas, ese hombre seria su nuevo juguete estrella. Con agilidad se escapó de los empujones y se situó en una mejor vista.

Silver pedía a gritos a sus Mobianos que se calmaran, pero al parecer su voz no era lo suficiente para detenerlos.

Shadow retrocedía lo mas que podía de aquellos humanos amenazantes con sus lanzas y espadas. Levantó el rostro suplicante hacía María. Ella pudo sentir esta poderosa mirada y salió del shock.

-¡Todos mis queridos invitados!-gritó ella lo mas que pudo. El público dejó de pelear de poco a poco para ver a la princesa.-¡No ha habido ningún error!

-No se atreva…- quiso interrumpir la consejera real.

-No tiene permiso para hablar.-Le dijo la rubia con furia.

Blaze miró inquieta a la princesa, y Silver se sintió aliviado que por fin se estaba poniendo orden.

-¡Shadow!-Gritó y extendió sus brazo hacía Shadow. El público se calló por completo. Poco a poco los guardias se le alejaron para dejarle libre ante la princesa.-¡Shadow el erizo! ¡Usted será mi leal caballero sin importar nada! ¡No hay barrera alguna que me detenga a elegirlo! ¡Mi vida está en sus manos como la suya en mis brazos!

María bajo de su recinto a la arena con algo envuelto en sus manos. Se puso frente el erizo y extendió el bulto que cargaba.

-¡Shdow! ¡Yo te entrego la espada Arondight!- Shadow dudo un poco en tomarla, pero veía algo especial en los ojos de la princesa y la tomo con fuerza.-

-¡A todos mis invitados! ¡Les presento a mi caballero real Sir. Lancelot!

Los aplausos se alzaron en el aire por parte de los Mobianos. Los humanos aún estaban impactados pero aplaudieron a pesar de ello (talvez solo por su princesa pero no por el animal negro). Silver y Blaze estaba satisfechos por la extraña decisión de la princesa.

-Este puede ser una gran oportunidad para llegar a la paz, ¿no lo crees, princesa?- le sugirió el plateado a la felina, esta le respondió con una sonrisa cálida.

...

Gracias por leer. Y me disculpo por mi lentitud. La escuela me quita mucho tiempo.

=)