Descargo de Responsabilidad: Ninguno de los personajes mencionados en este fic me pertenece, todos pertenecen a la gran compañía Nintendo y/o a sus respectivos creadores. Lo único que es TOTALMENTE mío…, es la trama. No hago esto con fines de lucro, solo el de entretener
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El comedor estaba repleto, aunque mucho más callado de lo usual. El fontanero de gorra verde apenas y había tocado su comida, y cierto mercenario comía muy lentamente. Se sentía culpable. ¿Por qué?; Bueno…, Porque él sabía que pudo hacer algo para detener todo lo que sucedió. La pelea, las mentiras, el engaño…
Ok, tal vez el engaño era "inevitable".
Pero… en vez de eso, ¿Qué hizo?
Nada.
Absolutamente nada.
Se sentía un estúpido, un cobarde, una escoria…
¿Por qué no hizo nada?, ni el mismo lo sabía. Recargo los codos en la mesa mientras apoyaba la frente en sus dos manos.
—Si tan solo le hubiera dicho a Zelda… muchas cosas se hubieran evitado…
Pero, como su padre solía decir: "El hubiera no existe"
Sus pensamientos fueron interrumpidos por Marth que hizo su aparición en el comedor, con su mismo traje de príncipe pero ahora este era de color negro. El mercenario solo le echó un vistazo para después seguir con sus pensamientos. Marth buscó a Ike con la mirada, encontrándolo en uno de los extremos de la gran y larga mesa.
—Perfecto—murmuró el príncipe. Retomó su paso hacía un pensativo Ike, que solo miraba su panqueques como si fuera la cosa más interesante de todo el mundo. —¿Está ocupado? —preguntó el príncipe señalando la silla que estaba a un lado del susodicho. Este negó con su cabeza sin mirarle. El príncipe tomo asiento.
—Soy un idiota… — murmuró el resignado mercenario mientras pasaba sus manos por su azulino cabello.
—Eso lo sabe cualquiera— se aventuró a decir el príncipe recibiendo una mirada de desprecio de parte de su compañero. Marth solo rió. — Y… ¿Qué hay para desayunar? — preguntó
—Fruta, cereal, jugo de naranja…, ahí ¡yo que se!— respondió con fastidio el mercenario— Allá esta la barra de buffet— señaló con su dedo pulgar. Marth volteó y, evidentemente, ahí estaba la larga barra de buffet con varios smashers sirviéndose en sus platos.
—Oh… Lo siento, no la vi— dijo apenado— Bueno, con permiso— dicho esto, el príncipe se levanto encaminándose a la barra de comida.
Tan ensimismado estaba el mercenario en sus pensamientos, que muy apenas pudo entender lo que dijo Luigi.
—¿Qué?
—Digo que estoy preocupado por Mario— repitió afligido
—Ahh… — fue lo todo lo que dijo el mercenario. ¿Qué más podía decir?, El no era bueno en estos casos, en esto de consolar a demás personas o dar palabras de aliento. Se le dificultaba mucho…, quizás su orgullo eran tan grande que se lo impedía.
El silencio los rodeo a los 2. Aunque no es como si estuvieran teniendo una conversación.
—Oye Ike…— habló el fontanero con la mirada baja—Gracias.
—¿Ehh? — Ike volteó a verlo confundido
—Gracias por salvar a mi hermano— forzó una sonrisa
—Técnicamente…, el que lo salvó fue Marth. A él es al que debes agradecer.
—¿Interrumpo algo? — intervino el príncipe volviendo a su lugar, con un tazón de fruta y un jugo de mango.
—De hecho, estábamos hablando de ti— comentó Ike dando un gran bocado a su desayuno.
— ¿En serio?
— Gracias por salvar a mi hermano— reiteró Luigi, pero ahora dirigiéndose a Marth, esforzándose por hacer una sonrisa. El príncipe lo notó, devolviéndole la misma.
—No tiene por que agradecer— dijo con su formalidad que tanto lo caracterizaba— Cualquiera en mi lugar lo hubiera hecho— tomó un pedazo de fruta con el tenedor y lo llevo a su boca, masticándolo gustoso.
—Aun así— continuó Luigi— Estoy muy agradecido contigo, Marth. Y claro, contigo también, Ike.
Ike rió nerviosamente. Los tres siguieron comiendo. Luigi ya había terminado su cereal y se levantó de su silla dispuesto a dejar su plato en el fregadero de la cocina. Marth respiró hondo. Había llegado la hora de decirle a Ike lo que planeaba hacer…, o mejor dicho, lo que planeaba hacer con ellos dos. Al regresar el fontanero, se detuvo en el espacio libre entre las sillas de Marth y Ike.
—Iré a ver a Mario. Tengan por seguro que los mantendré al tanto de estado de Zelda
—Muchas gracias
—Iré contigo— y el mercenario se levanto de la silla.
—¡NOOO! —Marth gritó alarmado levándose igualmente de la silla, haciendo que TODAS las miradas se posaran sobre él. Las mejillas del príncipe se tornaron rojo carmesí para después murmurar "soy un idiota". Debió ser más cauteloso. Ike lo miraba muy confundido y Luigi arqueó una ceja de igual manera confundido, empezando a creer que entre ellos dos había "algo" más que amistad, cosa que descartó rápidamente.
Marth dirigió su mirada hacía sus demás compañeros totalmente apenado y riendo nerviosamente para después hacer una seña de "hola" con su mano.
—Ahm… N-No es nada, enserio — balbuceó el príncipe, sonriendo como un verdadero idiota. Y, sin darle mucha importancia al asunto, los demás siguieron desayunando y conversando de las actividades de hoy.
El príncipe se recargo en la mesa y dio un hondo suspiro de alivio.
—¿Y a ti que rayos te pasa? — preguntó desconcertado el mercenario
—Es que…, tenía algo que decirte.
—¿Más importante que ir a ver a Zelda? — volvió a preguntar.
—Ehm…, Sí — lo meditó unos segundos— Bueno No…, espera sí…, digo no.
—Decídete ¿Si o No? — Ike se impaciento cruzándose de brazos.
—El caso es— prosiguió Marth— que tengo que hablarte de algo… a solas.
Luigi captó el comentario, comenzando a dudar de nuevo si entre ellos había "algo". Si, en ocasiones Luigi podía ser muy malpensado.
—No se preocupen, de todos modos ya me iba— dijo amablemente el italiano— Hasta Luego— se despidió para salir de la habitación del comedor e ir a ver a su hermano a la enfermería.
Ya solos, o al menos sin que alguien los molestara, Marth tomó asiento nuevamente en su silla y Ike lo imitó sentándose en su silla
—Lo que sea que tengas que decirme— habló Ike dando un gran trago a su vaso con jugo de uva para volver a dejarlo donde estaba— hazlo rápido. Quiero ir a ver a Zelda.
El príncipe arqueó una ceja sonriendo maliciosamente mientras masticaba su desayuno.
—¿Desde cuándo estas tan interesado en ella? — preguntó burlonamente
El mayor no había meditado bien sus palabras por que, de ser así, sus mejillas no hubieran tomado un tono ligeramente rosa y no hubiera desviado la mirada.
—Ahm… me refería a…— comenzó a hacer movimientos con su mano— tu sabes…— se aclaró la garganta— Bueno ¿Qué acaso no me querías hablar de algo? — inquirió de manera agresiva, obviamente intentando cambiar de tema.
El monarca termino de masticar para tomar con delicadeza el vaso con jugo de tonalidad amarilla y darle un pequeño sorbo. Tomó una servilleta y limpio los restos de jugo del contorno de sus labios, mostrando así los perfectos modales que tenía a la hora de comer.
—En fin, como te iba diciendo— Marth encajó otro pedazo de fruta en su tenedor— Tengo un plan.
—¿Un plan? — cuestionó el mercenario con la boca medio llena.
—Sí, un plan… que…, me gustaría llevar a cabo— El príncipe solo sonrió de manera extraña llevándose el pedazo de fruta a su boca.
"¿Desde cuándo salen ustedes?"
"Hace 2 semanas"
"Escuchen, solo queremos que todo quede bien entre nosotros…"
"¡Ya me tienen arto!"
"¡Lo mismo digo!"
"¡Deténganse!"
"¿Te encuentras bien Zelda? ¿Acaso Link te hizo algo?"
"Estoy bien"
"A mí no me engañas. Tenemos que ir a la enfermería para que te revisen"
"¡Chicos! Tenemos que ir a la enfermería, Mario está perdiendo mucha sangre"
"¡A un lado! ¡Muévanse!"
"¡¿PERO QUE LE PASÓ A MARIO?"
Zelda se levantó de golpe muy asustada.
Todos sus recuerdos se habían hecho presentes.
Había sido un sueño…
… o una pesadilla.
Se le dificulto un poco acostumbrarse a la luz de aquella habitación. Sus ojos aun estaban algo adormilados. Era una luz muy brillante. Era de esperarse, se encontraba en una de las habitaciones de la enfermería. Intentó calmar su respiración agitada, debido al "placido" sueño. Todo estaba en perfecto estado, muy limpio, muy aseado, muy pulcro. A su izquierda estaba una mesita de noche con un termómetro y otros utensilios que usan los Doctores que ella desconocía. Al lado de esta, había una mesa café, que resaltaba demasiado debido al blanco de la habitación. En ella estaba… su… ¿vestido perfectamente doblado?
Zelda no se había percatado de que ya no traía puesto su vestido, ahora entendía por qué se sentía más ligera. Con una de sus manos se destapo, maldiciendo por el cambio de temperatura, dejando ver lo que traía puesto. Un short corto de color azul claro y una blusa de cuello en "V" del mismo color.
Todas sus pertenencias estaban en aquella mesa. Su vestido, sus hombreras de oro, sus guantes, sus medias (o mallas) e inclusive su corona. La princesa llevo una mano hacía su frente, como si estuviera comprobando si verdaderamente no la llevaba puesta. Se sonrojo fuertemente. Rezaba a las Diosas que, al menos, alguna enfermera hubiera cambiado sus ropas.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz afuera de la habitación.
—¿Se puede, princesa?
—Ehm… ¿Adelante? — respondió algo desconfiada volviendo a cubrirse con la sábana. La puerta de metal se abrió dando paso a Pauline, la enfermera de Dr. Mario, con una charola color plata con alimentos sobre esta y un pequeño florero.
—Muy buenos días, Zelda— dijo Pauline, adentrándose a la habitación y dejando la charola en la mesa.
—Ni tan buenos…
—¿Cómo te sientes? — preguntó amablemente la enfermera
—Ahm…, bien… supongo— sonrió de medio lado.
—Me alegro— sonrió — En fin, te he traído el desayuno. Me imagino que tienes hambre ¿Cierto?
—Sí, algo — sus mejillas se tornaron rosa pálido. La verdad, si tenía mucha hambre.
—En ese caso…— dijo Pauline mientras ponía una pequeña mesita delante de Zelda, de esas que normalmente usan los hospitales para que los pacientes coman en cama, y puso la bandeja en esta. Zelda se sorprendió al ver lo deliciosa que lucía la comida. — Aquí tienes, jugo de naranja, un tazón con fruta y un plato de deliciosos panqueques.
—¡Wow! — Exclamó la princesa— Todo se ve delicioso.
—Y como postre —Pauline metió su mano en uno de sus bolsillos
—¿Y todavía postre?
— Se que Dr. Mario es muy estricto en eso de servir "comida saludable" a nuestros pacientes pero…— sacó de su bolsillo un pequeño envase plástico de tapa blanca, del mismo material, con una cuchara. — Hoy haré una excepción.
Los ojos de la princesa se iluminaron de felicidad al ver lo que le había entregado la enfermera.
—Es…
—Pudín de chocolate — Pauline termino la frase— Se que es tu favorito, por eso te lo traje. Espero y lo disfrutes — le sonrió guiñándole un ojo.
—Muchas Gracias… Pauline— dijo Zelda mostrando una cálida sonrisa.
—No hay de que— dijo Pauline— Ahora come que se enfría.
—Oh, si… claro— respondió en tono bajo. La princesa dejo el pudin a su derecha y tomo el tenedor para encajarlo en un pedazo de fresa, llevándoselo hacía su boca, deleitándose con el dulce sabor de esta.
—Si necesitas algo, solo avísame— dijo sin quitar esa sonrisa del rostro, dándose la vuelta rumbo a la salida de la habitación. La puerta metálica se abrió y dejo salir a Pauline. Tan rápido como esta se abrió, se cerró nuevamente, dejando la habitación en silencio.
Zelda sonrió para sí. Tenía tiempo de conocer a Pauline, pero había pasado casi 1 mes de que no la veía, a pesar de que viven en la misma mansión. Se conocieron cuando Toon Link tuvo un accidente, siendo más específicos, cuando se cayó de cara y se lastimo la nariz. La princesa se alarmó, ya que estaba sangrando, y lo llevó rápidamente a la enfermería. Entonces Pauline lo atendió, diciéndole que tuviera más cuidado de ahora en adelante.
La princesa se había terminado su fruta y dispuso a seguir con sus panqueques. Tenía que admitirlo, la comida estaba deliciosa. El jugo de naranja tenía un sabor agrió pero a la vez dulce, dándole el sabor perfecto. La fruta simplemente estuvo exquisita, era como si hubiera estado recién cosechada. Llevó un pedazo de panqueque hacía su boca y lo mastico. El panqueque estaba delicioso, la miel y la mantequilla hacían una combinación magnífica y el pan estaba sumamente suave, nada difícil de masticar.
Se sentía en el cielo.
Definitivamente ese desayuno había mejorado su estado de ánimo.
Tan extasiada estaba comiendo, que no se percató de que volvían a tocar la puerta.
—Adelante— dijo la princesa ya más segura de lo que decía. La puerta se abrió y Dr. Mario ingresó con su tabla de escribir en mano.
—Buenos días— dijo la versión Doctor de Mario.
—Buenos días Doctor
—¿Te sientes mejor? — preguntó
—Si— Afirmó con su cabeza—… Al menos eso creo— respondió algo cohibida.
—Que bien— dijo el médico sin mucho interés observando unos apuntes en su tabla— Lo tuyo no fue tan grave— dijo el doctor aun mirando su tabla para después levantar la mirada— Por lo que me dijeron tus amigos, tuviste mareos, nauseas y muestras notorias de síncope (1)¿O me equivoco?
—…No, está en lo correcto— dijo la hylian, no muy sorprendida, para dar otro bocado a sus panqueques. Sabía que Dr. Mario era uno de los mejores médicos, así que era de esperarse esa predicción tan acertada.
—Hay muchas causas para este tipo de casos— continuó— pero, en tu caso, se debió al estrés, emociones fuertes, falta de sueño y, posiblemente, impresiones bruscas.
Esta vez, la princesa si se sorprendió, pareciera como si Dr. Mario se hubiera enterado de lo que había pasado el día de ayer y esta mañana.
—Te recomiendo que, cuando sea necesario, tomes un descanso. Te recetaré unas pastillas, para las nauseas. — El Dr. sacó un bolígrafo del bolsillo de su bata, cambio de hoja y comenzó a escribir en su tabla— Las tomarás por 3 días cada 12 hrs. ¿Queda claro?
—Aja— atinó a decir la hylian. Ya había terminado sus panqueques, así que solo veía como escribía.
—Por cierto, princesa—Dr. Mario captó su atención— Quisiera saber que fue lo que le paso en la muñeca izquierda.
—Mi…, ¿Mi muñeca? —preguntó incrédula y nerviosa, al mismo tiempo en que sacaba su brazo izquierdo de las sábanas. Sus ojos se sobresaltaron y soltó un ligero grito, casi inaudible para el doctor. Su muñeca estaba de color morado con ligeros tonos rojos. Inclusive, si mirabas detenidamente, se veía la marca de la mano de alguien. En este caso, la mano de Link. Zelda volvió a esconder su muñeca debajo de las sábanas, desviando su mirada.
—No es necesario que me lo digas— Al oír eso, Zelda soltó un suspiro de alivio— Pero necesito saber si ese moretón apareció solo, u algo o alguien te lo causó. Es solo para estar al pendiente, por si es algún otro síntoma y/o padecimiento.
Zelda no tenía salida. O lo decía, o lo decía.
—Me lo causó… alguien— dijo secamente sin voltear a ver al doctor.
—Entiendo—dijo el Doctor, volviendo a escribir en su tabla— En fin, solo quiero decirte que cualquier efecto secundario de las pastillas, es totalmente normal— aclaró el médico.
—¿Efecto… secundario? —pensó la princesa.
Zelda se espantó de golpe, de nuevo. Acababa de recordar algo.
—¡Doctor! Dígame, ¿Cómo esta Mario? — preguntó muy preocupada la hylian. El Dr. que anteriormente estaba escribiendo, dejo de hacerlo, para mirar fijamente a la dueña de esa pregunta.
—Mario sufrió un corte limpio y algo profundo en su costado izquierdo causado por Link, si mal lo recuerdo; Haciendo que perdiera mucha sangre en ese lapso de tiempo, sin contar que tenía unos órganos dañados— expresó el médico— Lo sometí a una pequeña operación. Reparé los órganos dañados y suture la… "pequeña" abertura que le ocasiono Link.
Ok, tal vez Zelda no lo había pensado bien pero…, no fue muy buena idea de su parte preguntar eso…, justo cuando había acabado de comer.
—Dedo reconocer que… — continuó el Médico— se ve hizo un tanto… extraño "operarme a mí mismo" — dijo sarcásticamente soltando una diminuta carcajada. La princesa solo sonrío de medio lado. — En términos médicos, Mario está bien, solo se quedara unas horas más en reposo. En términos emocionales…, lo dudo.
La princesa se quedo confundida ante ese comentario, pero luego dio un profundo suspiro. Ahora entendía la predicción tan acertada que el Dr. le dijo.
—Se enteró de lo que pasó ¿No? — inquirió Zelda un tanto acongojada.
—De hecho, Mario me lo dijo por su cuenta— aclaró suavizando su tono de voz— Me quede pasmado por las cosas que me contó. De verdad que fue algo inesperado.
—Bienvenido al club— dijo Zelda con tono algo sarcástico, dándole a entender al doctor que ella tampoco se lo esperaba.
El silencio se hizo presente en la habitación. Sin embargo, alguien ya estaba tocando la puerta, de nuevo. Dr. Mario aclaró su garganta para poder hablar.
—Adelante
La puerta metálica se abrió dejando ver de nuevo a Pauline.
—Disculpe la interrupción Doctor, pero Mario ya despertó y necesito de su presencia en su habitación. Además, hay una visita esperando en la entrada.
—¿Una visita?
—Iré enseguida— dijo calmadamente— Mientras, lleva la bandeja de Zelda fuera de la habitación…; Con su permiso, princesa— El médico hizo una reverencia ante la mencionada y salió de la habitación. La soberana de Hyrule se sonrojó, le incomodaba mucho las formalidades cuando de ella se trataba.
—¿Cómo estuvo tu desayuno Zelda? — Pauline camino hacia la susodicha y quito la bandeja.
—Estuvo exquisito— respondió gustosa la princesa.
—Qué bueno que te gusto— sonrió con amabilidad mientras quitaba la pequeña mesita y la ponía debajo de la cama. Tomó la bandeja que dejó en la mesa para retirarse de la habitación, no sin antes despedirse de la princesa.
—Con su permiso, princesa— dijo Pauline y, al igual que el doctor, hizo una reverencia. La puerta se abrió y la enfermera salió.
La sonrojada princesa rió negando con su cabeza. Al parecer, nunca entenderían que ella prefería que la llamaran por su nombre, no por su status.
La soberana de Hyrule por poco y se le olvidaba algo…
… su postre.
Zelda tomó el preciado envase entre sus manos y lo destapó cuidadosamente. Al momento de quitarle la tapa, pudo detectar de inmediato el dulce olor a chocolate. Se le hacía agua la boca. Tomó su cuchara y con esta tomó un pedazo del pudín, finalmente, llevándolo a su boca. Lo saboreó lentamente, sintiendo su consistencia cremosa y ese sabor que tanto la volvía loca.
El chocolate.
La hora del desayuno había acabado hace ya más de media hora, quedándoles otra hora libre, ya que hoy tendrían combate al medio día. La mayoría de los luchadores, dígase los más fuertes, se encontraban entrenando en estos momentos. Otros fueron a descansar un rato más en los brazos de Morfeo. Otros…, simplemente veían en que entretenerse.
Sin embargo, dos espadachines iban caminando por el pasillo en dirección a la enfermería. Un mercenario de Crimea y El Príncipe de Altea, específicamente. El príncipe lucía muy tranquilo, a comparación del mercenario que lucía bastante apenado y nervioso.
¿La razón?
Bueno, la razón fue… cierta plática que tuvo el príncipe con el mercenario…
—Es muy necesario…— Ike comenzó a hablar— que le lleve… ¿Esto? — preguntó sonrojado mientras señalaba el objeto que llevaba en una de sus manos.
—Claro— respondió Marth— El llevarle flores a una mujer es signo de aprecio hacia ella. Además, a Zelda le encantan los Lirios.
Aunque no lo crean, el mercenario traía un perfecto ramo de Lirios en una de sus manos. El príncipe lo había "obligado", según Ike, a ir al patio trasero de la mansión para recoger flores. Lirios blancos, específicamente. A pesar de estar en diciembre, ese tipo de flores era muy resistente al frio (2). Por alguna razón, Ike se sentía un idiota por haber hecho eso pero… a la vez algo… ¿feliz?
—Tranquilo, a Zelda le encantaran— dijo Marth.
—Eso espero…
La princesa había terminado su postre.
A pesar de todas las cosas que le sucedieron a Zelda, el chocolate sí que lograba reanimarla… Bueno ¿Y a quién no?
Con la mirada, buscaba algún recipiente o bote de basura para poder tirar el envase y la cuchara de plástico. Si no lo hacía, Dr. Mario podría entrar en cualquier momento y la descubriría comiendo dulces, y culparía a Pauline. Cosa que no quería.
La princesa encontró el bote de basura.
El problema era que estaba demasiado lejos, se encontraba en una esquina al otro lado de la habitación.
Zelda se destapo de nuevo, girando su cuerpo hacía la derecha para poder bajar de la cama. Para suerte de la princesa, había unas pantuflas justo frente de ella. Se bajó lentamente de la cama y se las puso.
—Nayru, sí que hace frio— dijo Zelda al aire mientras se frotaba los brazos para darse algo de calor.
Tomo el envase plástico y camino cuidadosamente hacía el pequeño contenedor de basura. El bote era de esos que, al pisar una pequeña palanca con tu pie, la tapa inmediatamente se abría. Así que, Zelda pisó la palanquita y tiró el recipiente junto la cuchara plástica.
La princesa iba a regresar a la cama, pero enseguida se detuvo al escuchar, de nuevo, que tocaban la puerta.
—Princesa— era la voz de la enfermera— Tiene visita
—¿Visita? — Murmuró algo confundida
—¿Podemos pasar?
— Ehm… un minuto— Zelda caminó rápidamente hacía la cama, se sentó sobre esta desasiéndose de las pantuflas y subió los pies para taparse en cuestión de segundos. —Adelante
La puerta metálica se abrió dejando ver a Pauline, de nuevo, pero esta vez con dos figuras detrás de ella.
—Tienes visita— dijo Pauline entrando a la habitación haciéndose a un lado para que la princesa pudiera apreciar mejor a los individuos.
—¡Marth!, ¡Ike! — exclamó felizmente la princesa.
—Buenos días, Zelda— dijo cortésmente Marth mientras se aproximaba a esta.
Ike también entro a la habitación, aunque tomando su distancia. Traía una mano atrás de la espalda, para así poder esconder las flores.
—¿Cómo te encuentras? — preguntó el príncipe a un costado de la cama de la princesa para, así, poder darle un abrazo.
—Muy bien— contestó alegremente— Ahora que ustedes están aquí
Ike, sin querer, frunció el seño ante esa acción.
¿Acaso estaba…?
¿Celoso?
Ike sacudió su cabeza, tal vez solo estaba algo cansado.
La soberana de Hyrule y el Príncipe de Altea se separaron del afectuoso saludo.
—Princesa, disculpe la interrupción pero…— habló la enfermera que aun se encontraba ahí— Dr. Mario me pidió que le entregara esto— La enfermera caminó hacia la mencionada y le extendió una pequeña hoja. Zelda la tomo entre sus manos— Son las indicaciones de su medicamento.
—Muchas Gracias Pauline.
—Bueno, con su permiso— hizo una reverencia y se fue de la habitación.
Mientras Zelda leía el papel, Marth le hizo una seña con la mano a Ike para que se acercara y le diera las flores. Ike se colocó de otro lado de la cama, aun con la mano en la espalda. Dio un hondo suspiro.
—Ehm… Zelda— le llamó el mercenario, captando toda la atención de esta.
—Dime, Ike— dijo Zelda sonriéndole de manera muy tierna. Las mejillas de Ike se tornaron rojo intenso
—Ahm… este…—se sobo la cabeza con la mano que no sostenía las flores. La mirada apacible de Zelda estaba poniendo muy nervioso al mercenario. Marth solo le hacía señas y movimientos, sin que Zelda lo viera, para que si quiera hiciera algo y no se quedara como un idiota. Ike suspiró y tomó una gran bocanada de aire, preparado para hablar. No obstante, de su boca no salió nada, solo sacó la mano detrás de su espalda dejando ver las flores.
—¿Son para mí? — preguntó emocionada la princesa mientras tomaba las flores entre sus manos.
—Ehm… Si— contestó el sonrojado mercenario sonriendo de manera tonta. Zelda aspiro el dulce olor que despedían las flores. Eran sumamente hermosas.
—Aww, Ike. No tenías porque hacerlo— la princesa dejo las flores a su lado y se acerco al mercenario para darle un abrazo. El mercenario hizo lo mismo, quedándose así en el afectuoso acto que compartían en esos momentos. Ike estaba sonrojado a más no poder y Zelda solo sonreía. El príncipe veía enternecido la escena.
Zelda y Ike se separaron, el segundo evitando cualquier contacto visual con la princesa. Al volver Zelda a su lugar, Marth se alarmó tomando rápidamente el antebrazo izquierdo de esta.
—¿Qué fue lo que te paso en la muñeca? — preguntó alarmado viendo detenidamente la lesión. Zelda se sorprendió
—¡N-No es nada! — la princesa le arrebato su brazo y lo escondió bajo las sábanas. El mercenario arqueó una ceja, también noto la extraña lesión amoratada. —Es…—continuó Zelda. Din, ¿Qué se suponía que tenía que decir? "No es nada, es solo un gran moretón que me hizo Link" Por supuesto que no, si les decía eso, se podría armar la tercera guerra mundial— Es…— repitió— ¡Un efecto secundario de las pastillas! — Bingo.
—Un… ¿qué? — preguntó Ike.
—Un efecto secundario de mi medicina— reiteró— Las pastillas que me receto el Dr. Mario tienen efectos secundarios— La princesa no mentía, las píldoras realmente tenían efectos, pero ese moretón no lo había causado unas pastillas— Si no me creen…— Zelda buscó el papelito que le había dado Dr. Mario, lo encontró y se lo dio a Marth— Ahí claramente lo dice.
Ike dio la vuelta a la cama para quedar del mismo lado que Marth y así poder leer la nota:
"Paciente: Zelda Hyrule Harkinian
Fecha: Viernes 17 de diciembre
Guardar reposo cuando sea necesario
Para las nauseas, tomar las pastillas Ordorek (3) por 3 días cada 12 hrs.
P.D. Cualquier efecto secundario que tengan las píldoras, es totalmente normal.
Dr. Mario"
—¿Lo moretones son efectos secundarios? —preguntó el príncipe de Altea devolviéndole el papel a la princesa.
—Ehm… sí— mintió— Aparecen en cualquier lado— continuó. La princesa sabía que esa no era la mejor excusa, pero fue lo primero que se le ocurrió.
—¿Tu segundo apellido es Harkinian? —preguntó Ike.
—Sí— respondió resignada— Se "suponía" que nadie lo sabía— anuncio la princesa.
—No le diremos a nadie— aseguró el príncipe. —Sin embargo, hay algo de lo que debemos hablarte.
Los músculos del mercenario se tensaron al oír eso último.
—¿Ah sí?—preguntó la inocente princesa— y ¿De qué se trata?
—Es de…
—Espera— advirtió Zelda— ¿Hoy no tenemos combate libre?
—Si con "nosotros" te refieres a mí y a Ike, entonces sí— expresó Marth
—Pero yo…
— Tu estas discapacitada para pelear Zelda—dijo Marth— temporalmente— corrigió
—Pero es que…
—Sin "peros" Zelda— el príncipe regaño paternalmente a Zelda
—Aunque sea ¿Puedo ir a verlos?— insistió tiernamente la princesa.
—No creo que se una bue-
—¿Qué dices Ike? —Inquirió la princesa interrumpiendo a Marth, ya que sabía que este era muy sobreprotector con ella. El mercenario solo volteó a verla sorprendido, no esperaba que le preguntara a él.
Ike se sonrojo al ver que Zelda no paraba de mirarle. Este desvió la mirada y se cruzo de brazos.
—No veo… porque… no deba ir—dijo el mercenario tratando de sonar firme.
—¡Gracias Ike!— Zelda respondió animadamente. El príncipe solo suspiró resignado. Era más que lógico que el mercenario no se iba a negar a ninguna petición de la princesa. La antes mencionada se bajó de la cama para poder calzarse las pantuflas. —Solo necesito tomarme un baño y estaré lista.
Al instante en que la monarca se bajo de la cama, Ike se había puesto de todos colores. Nunca en su vida había visto a Zelda, ni si quiera a una mujer, con un short que dejaba muy poco a la imaginación, dejando a la vista aquellas delicadas pero fuertes piernas, con una blusa azul cielo un poco holgada y un toque despeinado en el cabello, dándole un aire de dulzura e inocencia. Este no dejaba de verla, aunque la princesa no estaba muy al tanto de eso. Esta solo tomó sus cosas la mesa y se dirigió al baño rápidamente.
—¡No se vayan a ir sin mí!— amenazó la princesa antes de que la puerta se cerrara tras de sí.
—Por Dios…— El sonrojado mercenario camino y se dejó caer en un sillón de aquella habitación. Sentía sus mejillas arder. Recostó su cabeza y cerró sus ojos cubriéndolos con el antebrazo. Tal vez así aminoraría el calor que sentía en esos momentos. El soberano de Altea solo estaba atento a cada uno de sus movimientos, le daba gracia ver todas las nuevas reacciones en su compañero. Sonrió para sí caminando a donde Ike se encontraba, sentándose a su lado.
—¿Todo bien? — inquirió con un tono algo preocupado
—Sí— respondió rápidamente—Es solo que…— dudó en terminar su frase. A pesar de estar tapando la mayoría de su cara, Marth notó como el mercenario se sonrojaba— Zelda se veía…— El príncipe sabía exactamente a lo que se refería. Sabía de antemano que ver a Zelda en esa vestimenta había dejado al mercenario con la baba en la boca. Sin embargo, espero a que respondiera.
—Se ¿Veía…?
—… diferente— finalizó.
—Ah…— musitó.
Bueno, era un comienzo.
El príncipe contempló la habitación más detenidamente, percatándose que frente a él había una mesa con un libro sobre esta. Con algo de entusiasmo, se dirigió hacía el libro y lo tomo entre sus manos. "Volar sobre el pantano". Ese era el nombre del libro, era de un autor que él desconocía por completo. Sin embargo, eso no le quito las ganas de leerlo.
Se volvió a sentar, poniéndose un poco más cómodo y lentamente abrió el libro, leyendo nuevamente el título en otra hoja.
—Zelda va a tardar— expresó Marth sin quitar la mirada del libro— Deberías relajarte un poco.
Ike, aun semi-recostado, lo miró por el rabillo del ojo y solo se limito a sentarse bien, recargando su codo en la orilla del sillón apoyando su cabeza. Podía oír desde su lugar el sonido del agua proveniente de la regadera, dando a entender que Zelda ya estaba en la ducha. El mercenario se sonrojo desviando la mirada de la puerta del baño, evitando que cualquier pensamiento morboso acerca de la princesa se hiciera presente.
Suspiró resignado.
Daba por seguro que sería un largo día.
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(1)Sinónimo o, si mal lo recuerdo, término médico de desmayo
(2)Los lirios son unas de las pocas flores que resisten al invierno
(3)La palabra Ordorek se me ocurrió cuando estaba viendo algunas cosas de Ocarina of Time, ya que existe un enemigo con nombre Ordorok. Lose, AMO mi gran imaginación y originalidad.
El libro que mencione que estaba leyendo Marth, es de uno de los autores que creo que ya he mencionado por aquí: Carlos Cuauhtémos Sánchez.
Si gente…, me tarde
Tal vez mi ausencia no fue muy notoria pero…, hago lo que puedo para mis lectores.
Agradezco de todo corazón a:
Valerie Joan
Lolita
sugar5star
Ai-con
YukihimeAsu
NintenNessLucas
kira kurosaki
XOXMiyuki-chanXOX
Ustedes chicos, son la motivación para seguir mi fic. Muchas Gracias por tomar su valioso tiempo para leer mi basura llama "fic"
También agradezco a las personas que me leen pero que no dejan review, ya sea por olvido, pereza, o por la razón que ustedes quieran.
En fin, la escuela me está comiendo viva, no saben… no tienen IDEA de la cantidad de tarea que me encargan, por eso he estado muy ausente por aquí.
Si estás leyendo esto Ai-con, no desesperes por favor, hago lo que puedo con el poco tiempo que tengo. Si te cause algún enojo, mis más grandes disculpas. Voy a la mitad, ya casi termino.
Me despido chicos. Aquel que guste dejar review y hacerme feliz, siéntase libre de dejarlo o no, ya que todas mis insistencias por que me dejen review son en vano.
Respecto al fic, ya vieron que ya hay algo más de IkeZelda ¡Estoy tan emocionada que no sé lo que sigue! Jajaja. Tengo planeado divertirme algo con Ike y Zelda con respecto a la medicina de la princesa. Si señores, yo tuve los famosos "Efectos secundarios" con un medicamento que tome, y dije: ¡Que rayos! ¿Y por que no lo pongo en el fic?
Oh sí, ya que estamos en el mes de Octubre (y dudo que actualice pronto) Les deseo un Feliz Halloween, Un Feliz día de muertos y, en dado caso, un Feliz Cumpleaños.
Que tengan un lindo día, tarde o noche.
Zeldi-chan de hyuuga
