El despacho del director estaba más lleno que nunca. Minerva presidía la estancia sentada en la silla de detrás del escritorio y el resto se arremolinaban a su alrededor.
Severus ocupó una silla ante ella. Se sintió igual que cuando lo juzgaron por sus crímenes como mortífago. Tan sólo faltaban las cadenas y los dementores.
Harry y sus amigos ocuparon una esquina del despacho, aún conservando la diadema destruida con ellos.
El ambiente era tenso y nadie se atrevía ni a respirar.
Los señores Weasley estaban pendientes de Minerva y Arthur envolvía con un brazo a su esposa. Por su parte Lupin se mantenía cruzado de brazos y con semblante preocupado. Hacía rato que no podía localizar a Tonks entre tanto caos.
Kingsley Shakebolt se mantenía cerca de la profesora a modo de guardaespaldas por si el desalmado de Snape intentaba algo contra ella.
- Y bien, Severus, ¿qué debes contarnos?- rompió el hielo Minerva.
El interpelado se acomodó en la silla y miró hacia arriba, más allá de la cabeza de McGonagall. El rostro sonriente de Albus Dumbledore habñia aparecido oportunamente en su cuadro y sonreía abiertamente.
- Buenas noches a todos, chicos- saludó sin poder esconder su buen humor- Gracias por traerme a Severus de una pieza.
Snape reprimió la primera carcajada verdadera en años al ver el rostro de los demás, boquiabiertos y mirando al cuadro. Dumbledore tenía fama de loco y nadie de su alrededor lo creyó nunca, quizá ahora daban crédito a los rumores.
- Disculpe, Albus, pero por si no se ha dado cuenta…- le interpeló Minerva con el mismo tono que empleaba para regañar a sus alumnos.
- Minerva, claro que me he dado cuenta y estoy aquí para esclarecerlo todo. Esto no es más que un error. Yo ordené a Severus que me asesinara.
- ¡¿QUÉ?!- exclamaron los presentes al unísono.
Potter y sus amigos se mantenían al margen, ellos ya habían oído la historia y sólo querían que Dumbledore la confirmara. Snape, por su parte, gozaba extrañamente de la situación.
- Lamento no haber comunicado mis planes a la Orden pero si quería que todo funcionara según lo planeado, Severus debía regresar junto a Lord Voldemort como un auténtico mortífago.
Albus relató la historia esta vez. Esquivó algunos detalles relativos a Snape y su intimidad y se centró en el plan desarrollado que culminaba con su muerte. Los demás dudaban y Dumbledore, de forma paciente, respondía a todas las preguntas que les surgían, apoyado de vez en cuando por alguna respuesta concreta y concisa de Severus.
- Como veis, Severus más que verdugo ha sido víctima- Albus bajó la cabeza, algo avergonzado- Espero que puedas perdonarme, Severus.
- Sí, sí- respondió el aludido a todas luces incómodo.
Siguieron hablando, aclarando dudas y preguntas hasta que uno de los alumnos que se había quedado a luchar apareció en el despacho anunciando que El-que-no-debe-ser-nombrado había enviado a un ejército de muertos vivientes.
Todos a un tiempo se pusieron en pie y desfilaron por la puerta, pero en el último momento, Albus llamó a Severus.
- Porfavor, debo hablar contigo en privado y Harry sería conveniente que tú también te quedaras.
Ron y Hermione miraron interrogativamente a Harry, éste se encogió de hombros y se despidieron.
- Estaremos abajo, Harry. Búscanos- Hermione le dio un último abrazo y salió del despacho de la mano de Ron.
Harry se sentó en la otra silla libre, junto a Snape.
- Porfavor, Severus, abre el cajón secreto de mi escritorio.
Todo el buen humor que había presentado Dumbledore hasta el momento se esfumó, ahora su rostro se mostraba serio y su voz era monocorde.
Snape hizo lo que le ordenaron. El escritorio del director era una mesa tallada en una sola pieza de madera con ricos labrados. A los laterales, adosados, poseía varios cajones que contenían infinitos objetos. Allí todos los directores habían dejado un testimonio de su paso en forma de plumas, pergaminos y demás enseres.
Pero el cajón secreto al que se refería Albus, era uno del que tan sólo unos pocos directores tenían conocimiento. Primero debía buscarse en el lugar exacto donde se encontraba y después pronunciar el hechizo que lo abriría. Dumbledore siempre dijo que lo encontró por pura casualidad hace muchos años, y él fue el encargado de revelarle a Snape su existencia.
Severus apuntó su varita hacia la zona central del escritorio, una vez se sentó en el sillón y susurró el hechizo de apertura. Un suave crujido anunció que el cajón había hecho su aparición.
- Ahora, abre y cierra el cajón siete veces.
Y Severus lo hizo, sintiéndose algo ridículo pero lo hizo. Cuando volvió a abrir el cajón por última vez allí tan sólo había un pequeño rollo de pergamino atado con una cinta de terciopelo granate. Snape tomó el rollo y alzó la vista hacia Albus, mostrando lo que había cogido.
Albus asintió:
- Sí, es eso- suspiró y prosiguió- Sabed que este pergamino me fue entregado por la persona que lo escribió sin la esperanza de que fuera revelado, pero esa persona creyó justo el plasmar la verdad sobre el papel. Y creo que ahora es buen momento para que esa verdad sea revelada. Porfavor, Severus, léelo.
Snape desenrolló el pergamino con cuidado. Miró un momento a Potter antes de centrarse en el escrito y sus ojos le revelaron lo mismo, eso le había pillado sin saber qué pensar.
Severus se aclaró la voz y leyó:
"Querido Severus;
Si estás leyendo esto es porque todo ha salido mal. Es probable que yo ya no esté en este mundo y seguramente, Albus tampoco. Sé que jamás te hubiera dado esto si no fuera como una última voluntad.
Siempre fuiste uno de mis amigos más queridos y a pesar de todo lo que dijera la pesada de Tuney, eras mejor de lo que parecías, sólo que a veces eras algo siniestro. ¿Recuerdas cuando trajiste esas cabezas reducidas para que Petunia las viera? ¡Un poco más y la matas del susto!
Nos llevábamos bien hasta que una vez perdimos la inocencia. Tú (y no te culpo) tomaste un camino totalmente opuesto al mío. Lamenté siempre las últimas palabras que nos dijimos pero no lo sé, quizá fuera mi orgullo o la presión de ser una gryffindor pero no podía perdonarte.
Sé que me comprenderás. Siempre lo has hecho.
Años más tarde nos volvimos a encontrar. Seguro que también lo recuerdas, tienes una gran memoria. Tú ya eras un mortífago declarado y yo luchaba en contra de tu señor y por ende, contra ti.
No supe que eras tú. Te localicé y te apunté con mi varita. Ibas cubierto con una capa negra y la máscara te velaba el rostro. Entonces, levantaste tu varita contra mi y me hablaste: " Lily, no lo hagas". Dios mío, eras tú e ibas a matarme.
Bajé la varita sabiendo a lo que me exponía, pero algo en mi interior me decía que no moriría en tus manos. Te sorprendiste y te retiraste la máscara.
"Pero, ¿qué haces? ¡Podría matarte!". Pero también tú bajaste la varita y te acercaste a mi. Nos miramos a los ojos y no supimos qué decir. El abismo que se había abierto entre nosotros era demasiado grande y profundo como para saltarlo.
Aun así, nos arriesgamos y lo saltamos quedándonos en algún punto central donde ni el bien ni el mal nos alcanzaban. Y fue la primera y única vez que le fui infiel a James, mi marido.
Después de aquello, nos dijimos adiós y nunca más volvimos a vernos ni a hablar.
Por eso he escrito esto y se lo he entregado a Albus. Para que sepas que fue lo que ocurrió después de nuestro encuentro.
Regresé a casa enferma y le relaté a James el encuentro que había tenido con un mortífago. Nunca revelé tu nombre. Él me abrazó y me consoló. Me cuidó durante el día y la noche, me mimaba y me protegía. No tuve el coraje suficiente para decirle que el encuentro fue consensuado, que eras tú el mortífago y que yo le fui infiel a propósito.
Más tarde supe que estaba embarazada. James se mostró preocupado por mí, me espiaba y sabía que me veía perdida, ausente. Creyó que me sentía morir al saber que llevaba al hijo de un mortífago en mi vientre, pero la verdad era que me asqueaba mi propia cobardía.
Una noche, acostados, me abrazó y me dijo que ese niño jamás sabría sus orígenes. Llevaría su apellido y sería un gran gryffindor como sus padres.
Le abracé y acallé a mi conciencia.
Espero que sepas perdonarme, Severus, por haberte escondido tu paternidad y espero que si Harry (creo que le llamaremos así) algún día se entera de esto, sepa hacerlo.
Te quiere;
Lily Evans."
