De nuevo por aqui... espero no se me hayan desesperado, no la he olvidado, promesita...
Besos a mis hermanas...
Disclaimer: Nada es mio, todo es de la señora Rowling... excepto la historia...
Vivan los Sly!
Enjoy!
VERDADES QUE DUELEN
Pansy se miro al espejo de cuerpo entero mientras se untaba la poción humectante para hidratar su piel. Miraba casi sin ver el movimiento de sus manos, mientras pensaba en todo lo que había acontecido desde que había puesto un pie fuera de la cama. Sabia que ese dia no debía levantarse, pero hizo caso omiso a su presentimiento y lo había ignorado completamente, hasta que un par de horas después se había arrepentido totalmente.
Volver a ver a Blaise había sido un shock total para su sistema, el anhelo que había acometido a su cuerpo le había hecho casi lanzarse a sus brazos, ansiosa de sentirse nuevamente entre sus brazos, pero solamente su educación Slytherin la había detenido de hacerlo. Verlo nuevamente, observar las similitudes y diferencias que habían entre sus recuerdos y el real le habían afectado mas de lo que alguna vez había pensado.
Había creido que finalmente lo había superado, que el amor no correspondido que le había ahogado hasta casi matarla se había desvanecido con el tiempo. Pero fue solo verlo lo que la convencio de que no había disminuido ni un segundo la intensidad a pesar de los años. Lo sabia porque había sido verlo a diario durante esos diez años en el rostro de su hijo y nunca había sido capaz de sacarlo de sus pensamientos, anhelándolo con desesperación dia con dia.
Ni siquiera los besos y las caricias compartidas con Adrian le habían retirado del cuerpo el sabor y el tacto de Blaise. Había pensado que podría iniciar su vida nuevamente sin sentir nada por el mago de color, pero ahora, después de haberlo tenido tan cerca, sabia que nunca podría hacerlo. Suspiro, sintiendo su pecho extenderse dolorosamente. Que Blaise hubiera regresado no quería decir que lo hubiera hecho por ella. Seguramente ya sabia toda la verdad sobre Max, y ahora todas sus fuerzas se concentrarían en su hijo.
Además, aunque asi fuera, el tiempo y la distancia habían hecho un enorme bache entre ellos, y ya nada podría recuperarse. Se había comprometido con Adrian, le había dado su palabra, y aunque pareciera que ya no valia nada, para ella valia mas que su vida. La suerte estaba echada, la decisión tomada, ahora solamente quedaba seguir adelante.
La puerta se abrió a sus espaldas, la imagen en miniatura de Blaise atravesó el dintel, moviéndose con el mismo andar elegante y despreocupado que había heredado de su padre. Los ojos aguamarina la observaron expectantes, dientes pálidos como corales mordisqueando el sonrosado labio inferior.
-Dispara Max-
Suspiro quedamente, sonriéndole de medio lado, las mejillas de claro color chocolate sonrojándose, los ojos brillando cegadores. El corazón le dio un vuelco al observar el increíble magnetismo que emanaba, sabedora de la devastación que dejaría a su paso en la aturdida y vulnerable población femenina desde ese momento en adelante.
Compadecio a las incautas que, como ella, habían caído en el encanto Zabini.
-Ese señor era Blaise Zabini-
-Si-
Maximilien suspiró, clavando sus ojos claros en los suyos.
-Entonces el es mi padre-
Pansy trago saliva, los pulmones llenándose de oxigeno. Camino hacia la cama, dejándose caer antes de que las rodillas terminaran de fallarle. Golpeo a su lado para indicar al pequeño mago que se sentase, luego, comenzó a hablar.
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Max siempre había sido un niño tranquilo. Nunca hacia berrinches, obedecia en todo a su madre, hacia sus deberes y siempre era educado y amable. Amaba con toda su alma a su madre, sentía un enorme cariño por su Padrino Theo, y a pesar de todo, siempre había sentido una enorme debilidad por su Tío Draco. Su vida era buena, era un excelente alumno, estaba rodeado de sus seres mas amados y tenia a su mejor amigo Theo siempre a su lado.
Si, su vida era buena.
Pero a Max siempre le había faltado algo.
Su padre.
Cuando era pequeño su madre le había contado una que otra cosa sobre él, incluso le dijo su nombre un día, Blaise Zabini. Pero cuando le había preguntado porque no estaba con ellos, había cambiado de tema y le había sonreído levemente, mientras lo entretenia con preguntas que finalmente hicieron que se olvidara del tema. Pero ese dia finalmente había llegado la oportunidad de hablar de el, y tenian que hacerlo, si o si.
Max se había armado de valor y le había hecho la gran pregunta.
Su madre se había quedado de piedra. No pudo dejar de notar como sus ojos se habían empañado, y aunque se había volteado para que no la viera, el había intuido que ella había secado discretamente las lagrimas que furtivamente se habían deslizado de sus ojos, aunque después le haya mostrado una sonrisa tranquila.
Su madre le había comenzado a hablar de como había conocido a su padre cuando eran pequeños, como éste le había defendido del difunto Tío Vincent, quien se la pasaba molestándola. Como las visitas entre ellos habían aumentado, siempre incluyendo a sus otros tios, y como ella había creido estar enamorada de su Tío Draco, con quien había tenido una relación pero finalmente no habían llegado a nada. Tiempo después se había encontrado enamorada de su padre, Blaise, y aunque trato de demostrarle de mil maneras el amor que le profesaba, siempre supo que el nunca le había creido, pues nunca le demostró lo contrario.
Le conto como la guerra estallo de un dia para otro, como habían tratado de escapar al extranjero tal cual lo habían planeado, pero solo algunos pocos, entre ellos su padre, lo habían logrado. Le conto de las miles de cartas que fueron enviadas, una tras otra devueltas sin abrir. Del tiempo en que todo lo que la sostuvo fue el amor que sentía hacia él, y la fortaleza y apoyo de sus tíos Theo y Draco, quienes casi dieron su vida por ambos.
Le conto de la alegría en medio del caos y el horror, cuando finalmente y tras interminables horas de parto, lo trajo al mundo. La felicidad absoluta, el amor que le lleno el cuerpo centímetro a centímetro, y la esperanza de que podría tener una nueva vida. Las sonrisas entre lágrimas que habían derramado los dos tontos que le habían ayudado para que el naciera sano y salvo.
Le conto de la búsqueda, de la esperanza que tenia de encontrar a su padre, de la desesperación por no poder salir a buscarlo, y finalmente, del dolor de saber que su padre tal vez la había olvidado.
No le hablo de las batallas que siguieron, donde había tenido que trabajar durísimo para sobrevivir, para darle una vida digna. Donde habían tenido que mal comer los tres para que a el nunca le faltara nada, de como habían luchado hasta que con mucho esfuerzo y dedicación habían logrado levantar la cabeza y crear un imperio de la nada. No le hablo del desprecio de la gente, del odio, del rencor, de los insultos velados y los que no, de las muecas de asco y las miradas penetrantes, de escuchar a cada paso como preferirían verlos muertos, y como mas de una vez se habían salvado de ello. De las veces que lloro de noche, sintiéndose sola y perdida sin saber que hacer.
No le dijo nada de eso, pero el no lo necesitaba.
El tampoco le dijo a ella que lo había visto de primera mano a veces, otras escondido tras de la puerta, escuchando en silencio y mordiéndose los labios hasta casi sangrar de la rabia y la impotencia que sentía al ver a su madre siendo lastimada de esa manera. Jurándose una y otra vez que algún dia toda esa gente que le había hecho daño pagaría.
No le dijo que Adrian no le caia para nada, pero que hacia un esfuerzo enorme por llevarse bien con el hombre que la hacia reir de felicidad, que la trataba como una dama, con respeto y amabilidad, que le daba su lugar y la hacia respetar frente a cualquiera, y que dentro de poco menos de dos meses le daría su lugar como la dama que sociedad que siempre había sido.
Max le pregunto a su madre si sabia a qué había regresado el Señor Zabini, y cuando ella le respondio que era posible que quisiera conocerlo, Max, con toda la astucia e inteligencia que tenia por ser hijo de dos serpientes, pensó que Blaise Zabini tenia derecho a una oportunidad para explicarse.
Esperaba que tuviera una buena explicación y que fuera muy convincente, ya que en caso de que fuera imperdonable, el se encargaría de que el hombre que había dado parte de los genes para crearlo se fuera muy lejos y jamas volviera.
Ojalá no tuviera que hacer eso, porque si era asi, entonces tenia que ir trazando el plan B para despejarle el camino a su padre para que reconquistara a su madre y estuvieran los tres junto finalmente, o como a el le estaba gustando llamarlo: Cómo-desaparecer-a-Pucey-sin-ser-descubierto-en-el-intento.
Le sonrio angelicalmente a su madre mientras caminaba fuera de la habitación rumbo a la propia, con su agil mente ya maquinando sus planes, mientras Pansy se limpiaba una lagrima discretamente y se estremecia entera, espantada por el semblante diabólicamente inocente de su hijo.
A saber que estaría tramando el angelito…
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-¡Eres un imbécil! ¡Poco hombre!-gritaba la mujer mientras sus maletas levitaban hacia la chimenea, depositándose dentro de esta.
-Si… ajá Elisabetta…-
-¡Tú! ¡Tú también, desvergonzada! ¡Asesina!-
Elanor Zabini sonrió maliciosamente mientras movia su varita, lanzándole un vicioso hechizo a la bruja que comenzó a vociferar aun mas alto por el dolor.
-¡Me las pagarás! ¡Ambos me las pagarán! ¡Maldito poco hombre! ¡Tantos años a tu lado y ni siquiera fuiste para hacerme un hijo!-
-Vamos Elisabetta… no es que no pueda hacerte un hijo, que puedo… es simplemente que… no eres lo suficientemente buena para ello…-sonrio sarcásticamente.
-¡Claro! Como no soy tu puta inglesa la que te parió a tu bastardito… ¡Ahhh!-
Elisabetta salio disparada hacia la chimenea, golpeándose contra la pared, mientras Elanor lanzaba un puñado de polvos flú y gritaba una dirección de dudosa reputación.
-¡Al Ennué!*-rio con satisfacción mientras la bruja desaparecia entre una nube verde, su cara asustada fue lo ultimo que se vio.
-¡Madre! ¿¡De donde conoces esos lugares!?-
-Vamos hijo, como si nunca hubiera tenido que ir a buscar a Henry alguna que otra vez…-
-¿Y ese fue tu marido numero…?-
-Siete. Henry fue el numero siete… pobre, murió ahogado en alcohol…-sonrio la bella mujer mientras caminaba hasta sentarse elegantemente en uno de los sillones tapizados finamente.
Blaise se estremecio por dentro pero no lo demostró. Simplemente nunca había querido saber y asi quería quedarse.
-¿Y ahora?-
-¿Ahora que?-
-¿Qué vas a hacer para recuperar a tu mujer y a tu hijo?-
Blaise la miro durante algunos segundos, pensando en lo mucho que amaba a esa mujer a pesar de todo.
-Lo que sea madre… lo que sea-
Elanor Zabini asintió conforme, preparándose mentalmente para cualquier contingencia. No en vano ella también le había mentido al Lord a la cara diciendo no saber nada cuando le pregunto donde estaba su querido hijo, después de que este se había fugado, poniéndose a salvo en el extranjero…
Esto… esto era pan comido.
* El Ennué es un antro de mala muerte que se localiza en la Vía Roge (callejon Granuja), es el similar al Knocturn de Inglaterra.
Bueno... vamos a ver que hace el pequeño Slytherin para reconciliar a sus papis...
Gracias mil por leer...
